Desde ciberacoso, hasta feminicidios: CIDH alerta aumento de violencia contra mujeres periodistas
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Desde ciberacoso, hasta feminicidios: CIDH alerta aumento de violencia contra mujeres periodistas

La investigación reveló que 44 % de las mujeres periodistas ha sufrido ciberacoso por su trabajo. La CIDH advierte que es claro que los hombres no están igual de expuestos a este tipo de hostigamiento, en el que hay un notorio incremento.
Cuartoscuro
9 de marzo, 2019
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Entre 2012 y 2016, el 7 % del total de periodistas asesinados por su oficio en el mundo fueron mujeres; en 2017, esa cifra se elevó a más del doble, 19 %. Esta es solo una forma de violencia, la más extrema, pero hay un aumento generalizado de agresiones contra mujeres periodistas, advierte un informe de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

#HazQueSeVean, la valentía de las mujeres periodistas

El reporte recuerda que en México se documentaron cinco homicidios relacionados con su trabajo en medios de comunicación en los últimos seis años: la reportera Regina Martínez en Veracruz, el 28 de abril de 2012; Irasema Becerra, administrativa de un periódico también de Veracruz, junto con tres fotógrafos, el 3 de mayo de 2012; la tuitera María del Rosario Fuentes Rubio, @Miut3, en octubre de 2014; Miroslava Breach, en Chihuahua, el 3 de marzo de 2017; y Leslie Ann Pamela Montenegro del Real, en Acapulco, el 5 de febrero de 2018.

Pero el asesinato, señala la CIDH, es solo la punta del iceberg. En una encuesta hecha en 2017 por la Federación Internacional de Periodistas (FIP) entre casi 400 periodistas de 50 países, 48 % de mujeres dijeron haber sufrido alguna forma de violencia de género en su trabajo.

Entre lo más común, reconocido por 63 % de comunicadoras, está el maltrato verbal, seguido de maltrato psicológico en 41 % de los casos, explotación económica en 21 % y violencia física en 11 %. Estas formas de violencia son ejercidas tanto por personas fuera del lugar de trabajo, como fuentes de información, políticos, o público de los medios, como por los jefes o superiores en las redacciones.

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Otra de las mayores violencias que sufren las periodistas es el acoso y violencia sexuales, “que van de los comentarios o gestos no deseados, las bromas y el contacto físico breve, hasta la agresión sexual”, subraya la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión.

Un estudio global de la organización International Women’s Media Foundation, realizado entre 2017 y 2018 con 597 mujeres, reveló que el 63 % ha sido amenazada o acosada en línea, el 58 % en persona y en 26 % de casos llegó más allá y la periodista sufrió ataques físicos.

Algunas investigaciones locales en países latinoamericanos comprueban esta realidad. En El Salvador, una encuesta descubrió que 96 % ha vivido acoso sexual dentro de sus medios y 100 % al estar en calle, principalmente de parte de cuerpos de seguridad como Policía y Fuerza Armada, o incluso de diputados y funcionarios. En Brasil, 75 % reconoce que se ha sentido incómoda por recibir comentarios sobre su ropa o cuerpo durante su trabajo.

Mientras que en países como México y Paraguay ha habido reclamos públicos por el acoso a mujeres que cubren encuentros deportivos.

Ciberacoso, una forma de violencia en expansión

La investigación global que hizo la Federación Internacional de Periodistas también reveló que 44 % de las mujeres periodistas ha sufrido ciberacoso por su trabajo y su sexo. La CIDH advierte que es claro que los hombres no están igual de expuestos a este tipo de hostigamiento, en el que hay un notorio incremento.

“Los ataques en línea que tienen como objetivo a las mujeres periodistas adquieren características específicas relacionadas con el género, y son generalmente de naturaleza misógina y de contenido sexualizado. Este tipo de violencia conduce a la autocensura y es un ataque directo contra la visibilidad de las mujeres y su plena participación en la vida pública”, denuncia.

La ONU ha documentado como las formas más comunes de este acoso el monitoreo y acecho en línea de las comunicadoras, publicación de sus datos personales, troleo, descalificación y odio viral. Incluso algunas organizaciones civiles han denunciado espionaje electrónico contra periodistas o defensoras de derechos humanos orientado a controlar o extorsionar a mujeres que desafían el statu quo.

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El acoso digital también aumenta dependiendo de si la mujer cubre temas que tradicionalmente se asociaban a periodistas hombres, señala la Relatoría, como política, judiciales o deportes, y si son temas vinculados con derechos de género o de la comunidad LGBTTI.

“La violencia en línea tiene un efecto inhibitorio en el ejercicio de la libertad de expresión. En particular, si bien hay innumerables mujeres periodistas que deciden continuar publicando información frente a la violencia, amenazas o acoso, otras recurren a la autocensura, cierran sus cuentas digitales, o abandonan la profesión. A juicio del Secretario General de Naciones Unidas, los ataques también pueden tener un efecto disuasorio sobre otras mujeres periodistas. El efecto es la falta de perspectivas y voces femeninas en los medios de comunicación en relación con una amplia gama de cuestiones, lo que tiene consecuencias graves para la libertad y la pluralidad en los medios de comunicación. Esta exclusión afianza la discriminación y la desigualdad”, denuncia el informe.

Pero uno de los problemas, advierte, es que los intermediarios en internet, es decir, quienes proveen los servicios de blogs, redes o búsqueda, no han hecho nada por resolver el acoso digital contra las mujeres porque no ofrecen mecanismos de denuncia confiables, fáciles de usar ni transparentes, ya que no está claro quién toma la decisión o cómo están configurados los algoritmos para determinar que algo viola las normas de ese sistema.

Discriminación y falta de representatividad

Además de la violencia directa, la CIDH hace énfasis en que las mujeres siguen sufriendo discriminación en el periodismo, como trabajadoras y como protagonistas de noticias. Reconoce que aún hay muchos contextos en los que persiste la percepción de que el periodismo no es una profesión apropiada para las mujeres, y eso crea una presión social para que no entren a ella o la abandonen.

En un análisis hecho en 2015, se detectó que en América Latina, el 43 % de quienes presentaban o reportaban noticias eran mujeres. Pero no es una presencia promedio, sino que depende del tipo de noticias.

“Las mujeres están sobrerrepresentadas entre quienes reportan noticias que abarcan temas tradicionalmente asociados al ámbito de lo ‘femenino’ y subrepresentadas en la cobertura de temáticas consideradas destacadas, como aquellas vinculadas a política y gobierno o economía. (…) Este patrón puede contribuir a que el trabajo de las mujeres periodistas sea menos visible y menos valorado, lo que puede traducirse en una brecha salarial con respecto a sus colegas varones y el acceso a menores protecciones contractuales”, señala.

Y si de directivas se trata, no llega ni al 25 % la presencia femenina en los puestos más altos de los medios de información.

También se ve una discriminación contra las mujeres en su aparición en las informaciones, agrega la relatoría. Peor si se trata de afrodescendientes o indígenas, ya que son objeto de “folklorización” y “exotización” que perpetúan estereotipos, o son presentadas como víctimas, en lugar de reconocer sus luchas y logros.

“Las mujeres constituyen únicamente el 29 % de las personas sobre las cuales se lee, se ve o se escucha en las noticias tanto de los medios tradicionales (prensa escrita, televisión y radio) como de los medios en línea en América Latina”, apunta el estudio.

Paradójicamente, en 2015, cuando Latinoamérica era la región del mundo con más líderes femeninas en puestos políticos de alto nivel, las mujeres fueron solo el 25 % de las personas que aparecían en noticias sobre temas políticos y económicos.

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Falta de denuncias y medidas de justicia

El informe lamenta que a pesar de las distintas agresiones que sufren las mujeres en los medios, incluso Naciones Unidas ha advertido que la mayoría no denuncia ni hacen pública la violencia que vive. Muchas veces porque suelen recibir maltrato en su camino por visibilizar el problema, o porque no confían en las instancias judiciales, además de que no hay medidas efectivas de protección, no se le da la gravedad debida a las agresiones, y lo que prevalece es la impunidad.

“En el caso de las mujeres periodistas y las trabajadoras de medios de comunicación, la decisión de no denunciar estos actos también está influida por el temor a las consecuencias que la denuncia puede acarrear para el ejercicio de su profesión (i.e. estigmatización, pérdida del trabajo, aislamiento, etc.) y el temor a acciones de represalia por parte del agresor”, advierte.

Por eso, el documento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hace una serie de recomendaciones a los países, para que analicen medidas legales para prevenir la violencia contra mujeres periodistas, castigarla y protegerlas.

A los propios medios de comunicación les pide condenar públicamente la violencia y discriminación contra ellas, así como concienciar contra los estereotipos de género. Internamente, recomienda tomar medidas para evitar el acoso, adoptar códigos de conducta profesionales que incluyan perspectiva de género, y propiciar la igualdad dentro de las redacciones.

Y a las plataformas en línea les sugiere crear mecanismos transparentes y eficaces para denunciar el hostigamiento y contribuir en la prevención de la violencia en línea contra las mujeres periodistas.

El informe completo se puede consultar en este enlace.

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"Mi hijo recién nacido murió y le dio la vida a otro bebé"

Valentina Daprile perdió a su hijo cuando este solo tenía ocho días de vida. Ella y su esposo donaron sus órganos para que otro niño pudiera vivir, un gesto que transformó muchas más vidas.
1 de marzo, 2020
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Valentina Daprile y su bebé Angelo Ray

Valentina Daprile
Valentina Daprile y su bebé Angelo Ray.

Nada podría preparar a Valentina Daprile para perder a su hijo, Angelo Ray, cuando apenas tenía ocho días. Pero ella y su esposo Luigi estaban decididos a donar sus órganos para que otro bebé pudiera vivir. Era algo que el hospital nunca antes había considerado.

Valentina siempre recordará la amabilidad en la voz del médico y la forma cuidadosa en que le dio la peor noticia que un padre puede escuchar.

“Lo siento mucho, pero no hay nada que podamos hacer por tu bebé”.

El personal de la unidad de cuidados intensivos para recién nacidos del Hospital King’s College de Londres había hecho todo lo posible, pero el bebé Angelo Ray nunca podría sobrevivir sin soporte vital y la resonancia magnética no mostraba actividad cerebral.

Pensando en ese día en julio de 2016, Valentina dice que sintió cómo todo su mundo se derrumbaba.

Su bebé estaba al final del pasillo descansando en su incubadora. Su madre se preguntaba cómo seguiría sin él. Ni siquiera había podido abrazarlo aún.

“Me amargaba imaginar a mi bebé pensando: ‘Hemos estado juntos durante nueve meses, ¿dónde está mi mamá? ¿Por qué me dejó?'”, cuenta.


“No había nada que se pudiera hacer”

Una semana antes de que Valentina tuviera que dar a luz, sufrió un colapso y dejó de respirar.

Su esposo Luigi llamó al 999 y siguió las instrucciones sobre cómo resucitarla. Era el primer día de las vacaciones de verano en la escuela y todo esto fue presenciado por su hijo de 6 años, Leone.

Hasta ese día, el embarazo de Valentina no había tenido complicaciones y había planeado un parto en el agua en casa.

Sin embargo, Angelo Ray nació en el Hospital Queen Elizabeth en Woolwich, al sur de Londres, mediante una cesárea de emergencia y Valentina fue trasladada de inmediato para recibir transfusiones de sangre.

Pasarían otras 24 horas hasta que Valentina pudo ver a su bebé, porque ella estaba muy mal y al recién nacido lo trasladaron al Hospital King’s College para recibir atención especializada. Luigi pasaría los días yendo entre los dos hospitales hasta que su esposa se recuperara lo suficiente como para ser trasladada también.

Angelo Ray

BBC

Para entonces, los médicos ya sabían cuán gravemente se había visto afectado el cerebro del bebé por la falta de oxígeno en las horas previas a su nacimiento.

“Cuando el médico nos habló, lo más difícil de aceptar fue que no había absolutamente nada que se pudiera hacer para salvar a mi bebé. Literalmente, nada”, dice Valentina.

Era una madre ante una situación de alta presión: siempre se había sentido segura de su capacidad para resolver todo tipo de problemas y arreglar lo que estaba roto. Pero no esto.

“Solo tiene seis días y nadie lo conocerá”, pensó.

Luego, en su espesa niebla de dolor, surgió una idea, un pequeño fragmento de consuelo.

“Pensamos que lo único que tendría un poco de sentido y animaría un poco nuestros corazones era donar los órganos de Angelo”, dice Valentina.

“Esto era algo que realmente podíamos hacer y no podíamos desaprovecharlo, de esta forma esta horrible tragedia podría tener algún propósito”.

Valentina

BBC

La enfermera Amy Overend estaba con Valentina y Luigi cuando sugirieron la donación de órganos. Nunca en sus cinco años en el hospital tuvo una conversación como esa.

“Los adultos en cuidados intensivos podrían anticipar una conversación sobre donación de órganos porque hay mucha publicidad al respecto, pero es algo realmente difícil de abordar con los padres de un bebé recién nacido”, explica Overend.

Pero aquí estaban estos padres, iniciando la conversación ellos mismos. Tenían una fuerza que la enfermera no puede describir.

La unidad de cuidados intensivos del hospital comenzó a hablar con el equipo de donación de órganos. Ni siquiera estaban seguros de si era posible, cuenta la enfermera. No era algo que hubieran hecho antes.

La donación de órganos de un bebé neonato (un bebé menor de 28 días) es extremadamente rara. Extraer órganos de un bebé tan pequeño y trasplantarlos plantea desafíos adicionales.

Pero ayudan a salvar la vida de pacientes de todas las edades, desde otros bebés hasta niños y adultos. Si bien algunos órganos solo son adecuados para otros bebés, hay otros, como los riñones, que se pueden usar para un adulto porque pueden crecer.

Al bebé le hicieron algunos análisis de sangre para comprobar que sería un donante viable y qué órganos podrían usarse.

Todo se implementó con éxito para cumplir los deseos de la familia.

“Se podía ver cuánto significaba para la familia de Angelo, significaba que su hijo podría vivir, de alguna manera“, dice Overend.

Short presentational grey line

BBC

Todavía quedaba la cuestión de cómo decirle a Leone, de 6 años, que el hermano por el que estaba tan emocionado no volvería a casa con ellos.

La enfermera Amy Overend se sintió muy privilegiada cuando Valentina y Luigi le pidieron que le explicara la situación a su hijo.

En un rincón tranquilo, los dos se sentaron con un pastel de chocolate y ella le habló a Leone sobre lo grave que estaba su hermano pequeño.

Le explicó que el bebé no iría a casa con ellos, sino que se iría al cielo. Leone escuchaba atentamente. Estaba tratando de mantenerse fuerte para sus padres y solo tenía una pregunta: “¿Está bien si estoy triste?”

Valentina Daprile, su marido Luigi, y su hijo Leone, junto a Angelo Ray en la incubadora.

Valentina Daprile
Leone pudo decirle adiós a su hermano.

Valentina, Luigi y Leone eligieron el nombre de Angelo Ray juntos. La palabra italiana para Ángel porque pensaban que parecía un perfecto querubín y Ray porque Leone quería darle a su hermano un nombre que comenzara con R.

Antes de que le retiraran el soporte vital al bebé, Leone se sentó y le leyó a su hermano pequeño una historia sobre un elefante llamado Humpety Trumpety, ignorando todos los cables y tubos que los rodeaban.

Hizo algunos dibujos y los pegó en el interior de la incubadora. El niño de seis años pudo alcanzar la incubadora para tomar la mano de su hermano y conversar con él. Todo esto era su manera de decir adiós.

La despedida

Llegó el momento de retirar el soporte vital del bebé. Valentina y Luigi acompañaron a su hijo a una habitación privada, para estar con él cuando su corazón dejara de latir.

Pasó una hora y el pequeño Angelo Ray seguía respirando, por lo que los médicos decidieron regresar a la familia a la sala de cuidados intensivos para estar juntos mientras la naturaleza seguía su curso.

Allí, en la sala, Valentina sostuvo a su hijo por primera y última vez.

“Nunca olvidaré su olor, la suavidad de terciopelo de su piel”, cuenta.

“Hubo un momento en que estaba sobre mi pecho y sentí que nuestros corazones vibraban juntos, no puedo explicarlo. Me gusta pensar que él sabía que finalmente había vuelto con su mami”.

Poco después, el bebé cerró los ojos.

“Tomó su último aliento sobre mí, en el calor de mis brazos. Sé que muchas mamás no tienen ese privilegio y fue un regalo increíble que atesoraré para siempre”.

Decoración con cuatro corazones

BBC

Angelo Ray falleció el 30 de julio de 2016. Solo tenía ocho días.

Cuando murió, sus padres se sintieron en paz. Se les dio la oportunidad de bañarlo y bautizarlo.

“Quería purificarlo después de tantos días en el hospital”, dice Valentina.

Lo vistieron con una prenda blanca decorada con cuatro corazones, unidos por un hilo dorado.


Las válvulas cardíacas se pueden almacenar hasta por 10 años y tienen el potencial de ayudar a varias personas. Se pueden trasplantar para salvar la vida de niños nacidos con defectos cardíacos y de adultos con válvulas cardíacas dañadas.

A la familia se le informó recientemente que una de las válvulas cardíacas de su bebé fue trasplantada con éxito a un bebé recién nacido con una enfermedad cardíaca congénita.

Valentina se sintió abrumada por la emoción cuando se enteró. “Ahora sabemos que una parte de nuestro bebé definitivamente está viviendo y es un legado increíble”.

El bebé Angelo Ray y su familia tuvieron un profundo impacto en Amy Overend y la cambiaron como enfermera, cuenta ella.

Ahora, si un bebé cumple con los criterios, el personal del King’s College Hospital siempre hablará con los padres sobre la posibilidad de la donación de órganos.

“Angelo Ray fue el catalizador de un cambio proactivo real en nuestro proceso de pensamiento”, dice Overend.

La enfermera Amy Overend con Valentina.

BBC
La enfermera Amy Overend con Valentina.

En las semanas que siguieron a la muerte de su hijo, Valentina dice que se sintió como una extraterrestre.

“El mundo y todos a mi alrededor se veían diferentes. Si veía gente en la calle sonriendo, pensaba: ‘He perdido un bebé, no hay nada de qué reírse'”.

“Me aseguré de tomarme el tiempo para llorar. Lloré, me quedé en la cama, me enojé”.

Poco a poco, con Luigi y Leone a su lado, Valentina comenzó a sentirse más fuerte y más capaz de enfrentar el mundo nuevamente. El doctor le dijo que sería seguro tener otro bebé, si eso era lo que quería.

“Habría sido muy fácil en ese momento dejar que el miedo dirigiese mi vida y pensar: ‘No estaba destinado a ser, no más niños, mi vida ha terminado’. Pero mi vida no ha terminado”, dice.

En agosto de 2018 nació Mattia, dos años después de Angelo Ray. Nació en perfecto estado de salud y ahora tiene 17 meses.

Mattia crecerá sabiendo que él es el tercero de tres hermanos.

“Quiero que Mattia sepa que su hermano era un bebé especial, no destinado a esta Tierra”, dice Valentina.

“Vino y regaló vida a otras personas”.


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