Arder, una reflexión furiosa sobre los estereotipos y la violencia contra la mujer
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Arder, una reflexión furiosa sobre los estereotipos y la violencia contra la mujer

La puesta 'Arder. Seis intervenciones radicales a la memoria', invita a reflexionar sobre cómo, culturalmente, hemos normalizado la violencia hacia la mujer.
Por UNAM Global
27 de abril, 2019
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En la última escena de la película Enamorada, filmada en 1946 por el Indio Fernández, se ve a una María Félix veinteañera decir adiós a su familia y renunciar a una vida propia para correr tras un Pedro Armendáriz que va montado a caballo y que no se detiene, pese a verla caminando pegada casi a la grupa de su animal. Pocos metros atrás, centenas de revolucionarios espolean a sus corceles al tiempo que otras tantas adelitas batallan para seguir a sus hombres a pie. Éste es uno de tantos cortes icónicos de la llamada Época de Oro del Cine Mexicano seleccionados para integrar la puesta Arder. Seis intervenciones radicales a la memoria, que invita a reflexionar sobre cómo, culturalmente, hemos normalizado la violencia hacia la mujer.

“En cada una de las seis funciones a realizarse en el Museo del Chopo se nombrará a 100 desaparecidas —desde niñas y jóvenes hasta adultas y ancianas— mientras que, en cada ocasión, artistas de disciplinas y formaciones muy distintas exploran qué significa para ellos evocar a personas ausentes y la tragedia que tales faltas implican”, explica Hayde Lachino, autora y directora de esta pieza.

A decir de la también gestora cultural y filósofa, no cabe duda de que los filmes de la Época de Oro son cruciales en la educación emocional de los mexicanos, pues todos crecimos con las funciones sabatinas de Televicine Presenta en canal 2, alquilamos alguna cinta de Pedro Infante cuando había videoclubes o seguimos viendo algún largometraje de TinTán o de Cantinflas, aunque ahora por streaming.

Arder es parte de un proyecto de investigación más amplio llamado Archivos y, para darle forma, pasé alrededor de cuatro horas diarias, durante más de medio año, en la Filmoteca de la UNAM. Ahí vi casi 200 películas de los años 40 y 50 y percibí una constante: las mujeres en estas producciones nunca son protagonistas, carecen de vida propia, son cosificadas y su existencia gira en torno a los hombres”.

Para concretar su propuesta Lachino invitó a Yoatzin Balbuena, artista visual quien curó los fragmentos cinematográficos proyectados en la puesta; la rapera feminista Amenic Mc Poetika, autora de la música de acompañamiento, y la coreógrafa Rocío Gutiérrez. “Entre todas cruzamos saberes y los hicimos coincidir a fin de buscar respuesta a una pregunta inquietante: qué significa pensar, al día de hoy, en el cine mexicano en un contexto de violencia”.

Cien nombres para crear una nueva memoria

“Brenda Isabel Rodríguez Sosa: 14 años”, se alcanza a leer en una hoja en blanco sostenida por una de las artistas a mitad del foro, mientras en el fondo de la sala se proyectan imágenes de María Félix siguiendo a pie a un Pedro Armendáriz montado a caballo. Para Hayde Lachino esta escena retrata —de manera involuntaria, pero certera— a miles de mujeres que dejaron todo para seguir ciegamente a hombres implicados en la trata de blancas o en redes de prostitución. Muchas no volvieron a ser vistas y todo por estar, como avisa la cinta del Indio Fernández desde el título: enamoradas.

Para la directora de Arder, nombrar a un centenar de mujeres desaparecidas en cada sesión no es sólo una manera de enunciar lo ausente, sino de reestructurar nuestra memoria, pues recuperar el pasado y observarlo con los ojos críticos del presente es una forma de aprender y, lo más importante, de evolucionar como sociedad.

Ejemplo de ello es la lectura que podemos hacer, ya desde el siglo XXI, de la película Los tres huastecos(de 1948), donde un Pedro Infante con sotana y voz meliflua alecciona a Blanca Estela Pavón diciéndole: “Es lo natural en la mujer querer ser madre, por eso Dios las ha hecho abnegadas, sufridas y por eso ha hecho el corazón de ustedes, las mujeres, de un barro muy distinto al de los hombres”.

Fragmentos como éste hacen a Hayde Lachino asegurar que “en el cine mexicano priva la idea de que la mujer debe renunciar a todo por amor y que sólo puede representar los papeles de mamá sacrificada, de novia inmaculada y digna de ser amada en tanto no tenga tacha alguna y, de no ceñirse a estos patrones, sólo le queda ser puta o cabaretera. Fuera de tales estereotipos no puede ser protagonista o relevante en ninguna historia. Ésa es la construcción que hace el cine mexicano y ésas son las cosas que debemos ir modificando”.

Seis experiencias únicas en un mismo foro

Hayde Lachino sostiene, junto con Gramsci, que toda violencia estructural, como la ejercida contra las mujeres, se sostiene en un andamiaje cultural ideado para apuntalar y servir de megáfono al discurso de la clase dominante, y en esta lógica el arte es uno de los mejores difusores de los mensajes de la hegemonía. Eso pasó en México con el cine de la Época de Oro y por ello la directora propone usar al arte, pero ahora para visibilizar y desmontar tales estructuras.

Así, en Arder. Seis intervenciones radicales a la memoria, creadores de distintas disciplinas aportan su muy particular manera de decodificar el mundo, como la pianista Deborah Silberer, acostumbrada a musicalizar cintas silentes; la bailarina Nayeli Benhumea, quien hará un performance, o la colombiana Sandra Milena Gómez, quien apelará a los estados alterados de su anatomía para denunciar la violencia contra las mujeres y sus desapariciones.

También estará el escenógrafo Alain Kerriou, quien experimentará con la tecnología mientras se proyectan las imágenes de celuloide; la poeta Jimena González, que propondrá un trabajo de escritura con los nombres de 100 mujeres evocadas, e Indira Pensado, quien echará mano de todas las posibilidades sonoras del cuerpo humano.

“Que esta pieza se llame Arder no es casual, pues ante esta naturalización de la violencia que cada vez indigna menos la apuesta aquí es generar experiencias y espacios para compartir la furia, a sabiendas de que el arte, por el hecho de convocar a la rabia, está cumpliendo su función, si es que alguna función social tiene el arte”.

Arder. Seis intervenciones radicales a la memoria se presentará en el Museo Universitario del Chopo el jueves 25 de abril y los viernes 26 y 3 de mayo a las 20 horas; los sábados 27 de abril y 4 de mayo a las siete de la noche, y el domingo 28 de abril a las seis de la tarde. El costo de la entrada es de 100 pesos, con 50 por ciento de descuento para profesores, estudiantes, personas de la tercera edad y toda la comunidad UNAM.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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