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Cuartoscuro

Cuatro empresas acaparan las rutas de autobuses en México; tienen tarifas más altas que Europa y EU

La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) advirtió en un informe que cuatro grupos de empresas acaparan el 95 % de las rutas de autobús en el país, lo cual genera precios más altos para el consumidor.
Cuartoscuro
11 de abril, 2019
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Ya casi es Semana Santa. Y millones de mexicanos tomarán durante los próximos días el autobús para transportarse a múltiples puntos de la República en la temporada de vacaciones. Probablemente, debido a la falta de competencia en el sector, lo hará en alguna de las grandes empresas de transporte terrestre que acaparan la mayoría de rutas en México, y pagando precios más elevados que, incluso, en algunas de las principales rutas de Europa, Estados Unidos y América Latina.

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Así lo documenta la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) en el informe “Estudio de competencia en el autotransporte federal de pasajeros”, el cual advierte que, de 29 grupos empresariales de autobuses, tan solo cuatro -sin mencionar cuáles- acapara el 95 % de las 5 mil 877 rutas que existen en el país, provocando una falta de competencia que, a su vez, repercute en que los usuarios de autobús paguen boletos más caros.

Para probar lo anterior, la Cofece realizó una comparativa de rutas en su informe.

Por ejemplo, de Mexicali a Tijuana, el precio que paga un usuario de autobús es de 2.03 pesos por kilómetro; 11 centavos más que la ruta Washington DC-Boston; 29 centavos más que la ruta Boston-Toronto; 43 centavos más que la ruta Madrid-Barcelona; 57 centavos más que la Miami-Atlanta; 1 pesos 15 centavos más que la Amsterdam-Paris; y hasta 1 peso 33 centavos más que la Roma-Venecia.

“En comparación con otros países, los precios por kilómetro son relativamente altos, como consecuencia de la concentración del mercado y la poca competencia en rutas”, recalca el informe de la Cofece, que añade que “la falta de competencia ha generado precios altos para los usuarios, que tienen como efecto una pérdida de bienestar en las familias”.

Sobre este punto, el organismo antimonopolios planteó que, si se permitiera la entrada de más empresas a competir por las rutas de autobuses, el precio por kilómetro podría bajar hasta un 40 %.

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Las causas de la falta de competencia

Una de las principales causas que originan la falta de competencia en el sector, apunta la Cofece, es que la regulación existente obliga a las empresas de autobuses a tener una terminal propia para poder operar.

Por ejemplo, en la actualidad existen 899 terminales de autobuses en el país, pero la mayoría son privadas y controladas por una sola empresa -el informe no precisa cuál-, lo cual impide que éstas sean utilizadas por otras líneas de autobuses. Solo en 310 terminales, el 34 %, pueden operar distintas compañías de autobuses, como el caso de la centrales del Norte o la Tapo, en la Ciudad de México.

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Otro punto es que, según la regulación actual, quienes operan las terminales de autobuses no están obligados a tener reglas de acceso a la terminal, ni a hacerlas públicas, en caso de que existan.

Por eso, las nuevas empresas que quieran acceder a una ruta, y que necesitan contar con una terminal para poder operar, están obligados a buscar un acuerdo con la concesionaria de la terminal, o con las empresas que la controlan, “mismas que tienen incentivos para negarles el acceso o darlo en condiciones de desventaja”.

Ante este contexto, la Cofece pidió a la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) que analice modificar la Ley de Caminos y Autotrnasporte Federal, para que se suprima la obligación de disponer de terminales para poder operar.

Además, pidió a la SCT que haga pública la lista de cuáles son las centrales camioneras que operan bajo concesión, y que, una vez que terminen esas concesiones a empresas privadas, como es el caso de la Central del Norte, cuya concesión termina este 2019, nuevamente adjudice la terminal, pero a través de una licitación pública. Sobre este punto, la Cofece pidió a la SCT que, en las nuevas adjudicaciones, se garantice el “acceso abierto y no discriminatorio” a las compañías competidoras.

Mientras que a las centrales que sí reciben a varias líneas de autobuses, la Cofece les pidió que hagan públicas las reglas para poder acceder a la terminal.

Aquí puedes leer o descargar el informe completo.

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Islas Marshall, donde los niveles de radiación son más altos que en Chernóbil y Fukushima

Estados Unidos condujo en el país insular más de 60 detonaciones de armas nucleares, una de ellas 1.000 veces más potente que la de bomba de Hiroshima.
20 de julio, 2019
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“El cielo se volvió rojo como la sangre”. Tony de Brum tenía 9 años en 1954 cuando pescaba con su abuelo en las Islas Marshall, un archipiélago de más de mil islas en el Pacífico, a medio camino entre Hawái y Australia.

A unos 200km de donde estaba su bote, Estados Unidos hizo explotar una bomba de hidrógeno 1.000 veces más potente que la de Hiroshima.

“Varias islas se vaporizaron. Muchas personas murieron, sufrieron defectos de nacimiento y batallan el cáncer como resultado de la contaminación”, afirmó De Brum en un testimonio en 2016.

La explosión a que se refería De Brum tuvo lugar en el atolón Bikini y es conocida como Castle Bravo. Fue la mayor de las 67 explosiones realizadas por Estados Unidos en las Islas Marshall entre 1946 y 1958 para medir el poder de las armas nucleares.

Explosión nuclear en las Islas Marshall

Getty Images
La detonación de Castle Bravo, el 1 de marzo de 1954, fue 1.000 veces más potente que la de la bomba de Hiroshima.

Seis décadas después de las detonaciones, su legado tóxico sigue presente en el archipiélago de cerca de 70.000 habitantes.

Tres nuevos estudios de la Universidad de Columbia en Estados Unidos constataron que los niveles de radiación en algunos puntos de las Islas Marshall siguen siendo más altos que en Chernóbil y Fukushima.

La radiación en algunos sitios de las Islas Marshall es tan alta, que de acuerdo a la Universidad de Columbia, que será imposible durante mucho tiempo el regreso de los pobladores locales a sus hogares ancestrales.

Suelo radioactivo

Las Islas Marshall fueron ocupadas por Japón durante la Segunda Guerra Mundial, y pasaron en 1944 a estar bajo control administrativo de Estados Unidos durante más de 40 años. El archipiélago es actualmente una nación independiente con la categoría de estado asociado de Estados Unidos.

De todos los test nucleares realizados en las islas Marshall, 23 fueron realizados en el atolón Bikini y 44 cerca del atolón Enewetak, pero partículas radiactivas se esparcieron en todo el archipiélago.

Atolón Bikini

Getty Images
Los niveles de radiación en los sitios analizados en el atolón Bikini superan ampliamente los límites que habían sido acordados entre los gobiernos de Estados Unidos y de las Islas Marshall, de acuerdo al estudio.
Explosión nuclear en las Islas Marshall en 1954

Getty Images
Un testigo de la explosión de Castle Bravo señaló que “el cielo se volvió rojo como la sangre”.

Los tres nuevos estudios fueron realizados por un equipo liderado por Emlyn Hughes, Malvin Ruderman e Ivana Nikolic, del Centro de Estudios Nucleares de la Universidad de Columbia.

El primer estudio midió la radiación gama en muestras de suelo tomadas de cuatro atolones entre 2017 and 2018: Bikini, Enewetak, Rongelap, y Utirik.

Los niveles superan ampliamente los límites que habían sido acordados entre los gobiernos de Estados Unidos y de las Islas Marshall, según el estudio.

En Bikini, los niveles llegaban a 648 millirems por año y en Naen a 460 millirems por año. El acuerdo entre ambos gobiernos estipula un nivel seguro de exposición de 100 millirems por año, de acuerdo a los investigadores.

Traslado de la población del atolón Bikini

Getty Images
La población del atolón Bikini fue trasladadas a otros sitios en las Islas Marshall antes de las detonaciones.

Estos niveles son “significativamente más altos que los hallados en áreas afectadas por los accidentes nucleares en Chernóbil y Fukushima”. (El reactor nuclear de Chernóbil, en Ucrania, explotó en 1986, y la central de Fukushima fue destruida tras el terremoto y tsunami que devastó esa zona de Japón en 2011).

Antes de las pruebas nucleares se trasladó forzadamente a los habitantes de Bikini a otras islas en el archipiélago.

El estudio señala que “los niveles de radiación en el atolón de Bikini, que era la principal sede para los pobladores antes de las pruebas, son demasiado altos para que pueda volver a ser habitado“.

Sedimentos oceánicos y frutas

El segundo estudio de la Universidad de Columbia analizó la radiación en el cráter de Castle Bravo, donde la explosión de 15 megatones fue tan potente que vaporizó el suelo y formó un cráter de 15 km de ancho y 75 metros de profundidad.

Trazas de partículas radioactivas fueron detectadas en India, Europa y Estados Unidos.

El material radioactivo producto de Castle Bravo se depositó en los sedimentos oceánicos, donde seis décadas después los niveles de radiación son “varios órdenes de magnitud” por encima de lo normal.

Domo de cemento de un cráter con restos radiactivos

Getty Images
Soldados estadounidenses colocaron restos radiactivos en un cráter que fue sellado con cemento en 1980.

Las pruebas de armas nucleares causaron un cambio dramático en la composición de los sedimentos. “Pruebas adicionales para determinar el impacto en la vida en las lagunas del cráter, especialmente a mayores profundidades, serían muy valiosas”, de acuerdo a los investigadores.

El tercer estudio analizó frutos, especialmente cocos y una fruta local llamada pandano.

En 11 islas las frutas tienen niveles de radiación que exceden tanto los niveles en Chernobil y Fukushima como los límites establecidos por organizaciones internacionales como Médicos Internacionales por la Prevención de una Guerra Nulear, IPPNW por sus siglas en inglés.

Cáncer y defectos de nacimiento

Entre 1977 y 1980 Estados Unidos llevó soldados a las Islas Marshall para limpiar sitios contaminados. Los soldados colocaron suelo contaminado y materiales en un cráter dejado por una de las explosiones, que fue sellado con cemento.

El sitio de este domo es conocido localmente como “La Tumba”.

Doctor examinando un bebé mientras la madre observa

Getty Images
El gobierno estadounidense envió médicos a realizar exámenes en la población local expueta a la radiación. (Foto gentileza del Departamento de Energía de Estados Unidos).

La Comisión Nuclear Nacional de las Islas Marshall, un comité creado con un mandato oficial para obtener justicia para las víctimas de las explosiones, asegura que Washington debe hacer mucho más por los habitantes locales.

Un estudio de la Sociedad Estadounidense del Cáncer de 1998 estableció que los niveles de cáncer en las Islas Marshall eran alarmantes, y atribuyó a la radiación particularmente los casos de leucemia, cáncer de tiroides y de mama”, afirmó la comisión en un comunicado a BBC Mundo.

“Las Islas Marshall tienen el mayor índice en el mundo de cáncer cervical, aunque se reconoce que son necesarios más estudios para determinar las causas y el papel de la radiación en este tipo de cáncer”.

Además de casos de cáncer, “hay enfermedades relacionadas con la radiación que son probablemente intergeneracionales, y la investigación sobre esto continúa”.

Ivana Nikolic, directora del Centro de Estudios Nucleares de la Universidad de Columbia, señaló a BBC Mundo que luego de las detonaciones “hubo índices elevados de cáncer en personas expuestas a la radiación durante las pruebas, especialmente de tiroides y otros tipos. También hubo un alto índice de abortos espontáneos, y de defectos de nacimiento”.

Falta de fondos

El gobierno de Estados Unidos estableció fondos para reubicar a los habitantes de los atolones de Bikini, Rongelap y Enewetak, aunque Bikini y Rongelap permanecen deshabitados por los altos niveles de contaminación.

Un acuerdo entre Estados Unidos y las Islas Marshall estableció un tribunal de arbitraje, el Tribunal Nuclear de Reclamos (Marshall Islands Nuclear Claims Tribunal), para decidir las demandas de indemnización en relación a las detonaciones.

Explosión nuclear en las Islas Marshall

Getty Images
Las Islas Marshall pidieron al Congreso de Estados Unidos fondos adicionales para compensar a la víctimas y para operaciones de limpieza.
La presidenta de las Islas Marshall, Hilda Heine, junto a miembros del Comisión Nuclear Nacional

Gentileza Comisión Nuclear Nacional
La presidenta de las Islas Marshall, Hilda Heine (sentada), junto a miembros del Comisión Nuclear Nacional, revisa la lista de reclamos de víctimas que aún no recibieron pagos.

Si bien el tribunal adjudicó compensaciones, muchas no han sido pagadas porque se agotaron sus fondos aportados por Estados Unidos.

Las Islas Marshall pidieron al Congreso de Estados Unidos fondos adicionales sobre la base de “cambios de circunstancias”, pero el gobierno respondió a la petición de 2005 rechazando la existencia de circunstancias nuevas que ameriten financiación adicional.

Las Islas Marshall siguen exigiendo fondos para compensaciones y nuevas operaciones de limpieza.

“El gobierno de Estados Unidos debe aceptar que no ha cumplido sus obligaciones de restaurar la salud de los habitantes de las Islas Marshall y de nuestro medio ambiente. Los pagos permitirían que la gente pueda tratar enfermedades causadas por la radiación”, afirmó a BBC Mundo la Comisión Nuclear Nacional.

“Raspar el suelo”

Las Islas Marshall no solo lidia con las consecuencias de las explosiones nucleares de Estados Unidos.

“También enfrentamos la amenaza del cambio climático y el aumento en el nivel del mar que tiene consecuencias drásticas para las comunidades de atolones bajos, que también batallan la erosión costera y sequías extremas por el calentamiento global”, afirmó la Comisión Nuclear Nacional.

Niños en las Islas Marshall

Getty Images
Los pobladores de las Islas Marshall enfrentan el doble desafío del legado de las explosiones nucleares y del cambio climático.

La Universidad de Columbia señaló en sus estudios: “Basados en nuestros resultados, concluimos que para permitir la reubicación segura en los atolones de Bikini y Rongelap parece necesario realizar acciones para remediar la situación ambiental, para evitar la potencial exposición dañina a la radiación”.

“Esas acciones para remediar pueden tener muchas formas”, explicó Nikolic a BBC Mundo.

Se puede por ejemplo raspar la capa superior del suelo para retirar isótopos radioactivos y aplicar fertilizantes con potasio para evitar que las plantas absorban cesio137“, señaló la investigadora de la Universidad de Columbia.

“Personalmente, yo tengo esperanza de que será posible limpiar las islas afectadas en los atolones de Bikini y Rongelap. Japón ha hecho un trabajo extraordinario limpiando áreas contaminadas en torno a Fukushima”.


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10157613595709665


https://www.youtube.com/watch?v=WHVHsbI4oYs&t=

https://www.youtube.com/watch?v=d4L-tZXPhxY

https://www.youtube.com/watch?v=GFJ_N84JzUI&t=


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