Depuración fallida: 1 de cada 5 policías en activo están reprobados o sin evaluar en México
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Depuración fallida: 1 de cada 5 policías en activo están reprobados o sin evaluar en México

A una década de que se volvió una obligación legal, la depuración sigue sin cumplirse. Los focos rojos por el alto número de agentes irregulares son los reclusorios federales, así como las corporaciones en Sinaloa y Baja California Sur.
Cuartoscuro
16 de abril, 2019
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La depuración de las corporaciones policiales en México ya superó los 10 años sin concretarse. Pese a que desde 2009 entró en vigor la ley que obliga a las instituciones de policía federales y locales a contar exclusivamente con elementos certificados en control de confianza, actualmente 1 de cada 5 elementos en activo no cumple con este requisito.

La proporción de policías en condiciones irregulares es prácticamente la misma que se reportó hace más de un año. Y hay focos rojos como el caso de los penales federales, en donde menos del 40 % de los guardias de seguridad tienen sus evaluaciones vigentes, o el estado de Sinaloa, donde la mitad de los policías locales tendrían que estar despedidos tras reprobar los exámenes.

Fue en 2008 cuando el entonces gobierno federal y los gobiernos de todos los estados acordaron una serie de reformas orientadas a depurar y profesionalizar a las corporaciones policiales del país. Estos cambios dieron paso a la creación de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que entró en vigor en enero de 2009, y en la que se estableció que todo policía del país, sin importar el nivel, debería someterse por lo menos cada tres años a un proceso de certificación de control de confianza.

En caso de no contar con dicha certificación el elemento no puede desempeñarse en ninguna institución policial.

Eso es lo que dice la ley, pero la realidad es distintaDe acuerdo con el reporte actualizado sobre el avance en las evaluaciones de control de confianza publicado por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en el país hay 400 mil 274 elementos de policía en activos de los tres niveles de gobierno, incluidos preventivos, ministeriales y responsables de reclusorios.

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De ese total hay 323  mil 447 que ya fueron evaluados, aprobaron los exámenes y cuyo certificado se encuentra vigente.  Se trata de casi el 80 %.

En cambio, hay 76 mil 827 agentes que por diversas razones no cuenta con el certificado de confianza vigente, la quinta parte de todo el estado de fuerza del país. Según los parámetros que marca la referida ley, ni uno solo de estos elementos cumple con los requisitos legales para ser policía.

Del total de los agentes en condiciones irregulares la situación más grave es la de 28 mil 590 agentes (27 mil 604 locales y 986 federales) quienes ya fueron evaluados y reprobaron los exámenes de confianza.

Hay otros 43 mil 929 elementos que sí aprobaron los exámenes, pero cuyo certificado ya caducó pues su última prueba fue hace más de tres años. Ello equivale a no contar con la certificación y por lo tanto no reúnen los requisitos legales para ocupar el cargo, a menos que sean examinados nuevamente y obtengan un resultado aprobatorio.

Finalmente está el caso de 4 mil 318 elementos que no han sido evaluados todavía pese a ya encontrarse en activo.

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Los focos rojos

En las 32 entidades federativas del país hay agentes de policía reprobados que siguen en activo, sin embargo, hay estados donde el retraso es mucho más significativo que en otros, especialmente en cuanto a policías reprobados que no han sido despedidos.

El caso más notorio es en Sinaloa donde el 47 % del estado de fuerza total (incluidos policías estatales, municipales, ministeriales y de reclusorios) no aprobó el control de confianza, prácticamente 1 de cada 2 elementos.

Le sigue Baja California Sur con un 32 % de sus agentes no aprobados; Nayarit con un 29 % (casi 1 de cada 3 de los agentes en activo en dichas entidades), y Guerrero con un 24 % de policías reprobados.

El quinto estado con la mayor proporción es Hidalgo, con un 20 %; seguido por Sonora, con 18 %, y San Luis Potosí con 15 %.

En el caso de Ciudad de México, que es la entidad con el mayor número de policías locales –más de 51 mil 500 efectivos en activo–, se reporta solo un 2 % de agentes reprobados que siguen en funciones.

A nivel federal, de los casi 70 mil efectivos solo hay 986 que están en activo reprobados. Sin embargo, en donde se registra un problema significativo es en el proceso de reevaluación de los agentes, pues son más de 6 mil 200 los que cuentan con pruebas que ya caducaron y por ende no están certificados.

El caso más grave es el Órgano Administrativo de Prevención y Readaptación Social (OADPRS) responsable de los centros penitenciarios federales. De los 3 mil 336 agente federales desplegados en los mismos, apenas el 39 % cuenta con el proceso de control de confianza vigente. 

En el Instituto Nacional de Migración (INM), dependencia federal en donde los agentes también tienen que estar certificados de acuerdo con la Ley General del SNSP, el 77 % de sus efectivos cuenta con evaluaciones vigentes de control de confianza.

En el caso de la Fiscalía General de la República (FGR), el 80 % de su estado de fuerza está al corriente en el proceso de evaluación, mientras que en la Policía Federal, el 84 % de los elementos cuentan con exámenes vigentes.

Se privilegiará Guardia Nacional

De acuerdo con autoridades federales, en los próximos meses se privilegiará la aplicación de exámenes de control de confianza para los elementos civiles que serán transferidos a la Guardia Nacional así como para los nuevos reclutas.

Cabe recordar el control de confianza consiste en una batería de cinco pruebas distintas que se aplican a los elementos, y entre las que se encuentran exámenes de polígrafo (detector de mentiras), toxicológicos, de estado físico, conocimiento y entorno socioeconómico.

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La aplicación de estos exámenes solo puede llevarse a cabo en centros autorizados y certificados. De acuerdo con el reporte actualizado del SESNSP, existen 39 centros certificados de los cuales 35 son estatales, además de cuatro federales.

En entrevista con Animal Político, el secretario de Seguridad Ciudadana, Alfonso Durazo, señaló que la prioridad actual es verificar los procesos de control de confianza de los elementos de Policía Federal que serán transferidos a la Guardia Nacional. En ese contexto señaló que se ha pedido apoyo a centros estatales para que auxilien en la evaluación de los elementos que necesiten actualizar sus certificados.

Un exfuncionario con conocimiento de este proceso dijo que los centros actuales de las entidades son incapaces de operar al 100 % la demanda de sus elementos locales, por lo que asignarles la tarea de evaluar además a agentes federales puede originar un mayor rezago en los próximos meses, y que se continúe alargando el cumplimiento de la depuración al 100 %.

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6 formas en las que la pérdida de olfato por COVID-19 te puede afectar a largo plazo

Después de COVID-19, muchas personas se han quedado con impedimentos a largo plazo en su sentido del olfato.
Por Johan N. Lundström / BBC News Mundo
12 de junio, 2022
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Al principio de la pandemia, múltiples estudios mostraron que aproximadamente la mitad de las personas con COVID-19 perdieron el sentido del olfato (un trastorno llamado anosmia) en algún momento durante el curso de la infección.

Aproximadamente, entre un 20% y un 35% adicional experimentó una reducción clínica en su capacidad para oler (hiposmia).

Aunque la evidencia más reciente sugiere que Ómicron podría no conducir a la pérdida del olfato tanto como las variantes anteriores, dado que más de 500 millones de personas han tenido al menos una de las variantes hasta la fecha, todavía son muchos millones de personas que probablemente han experimentado esta condición en algún grado.

Para la mayoría, esto es solo una pérdida temporal de la función. Pero una parte considerable experimentará problemas a más largo plazo.

Estudios recientes muestran que entre 12 y 18 meses después del diagnóstico inicial de COVID-19, entre el 34% y el 46% de las personas aún experimentan una reducción clínica en su sentido del olfato.

Sin embargo, la mayoría de estas personas no son conscientes de ello.

Un problema relacionado es la parosmia, en la que la percepción de los olores de una persona cambia y, a menudo, descubre que se vuelven más desagradables.

La investigación sugiere que hasta el 47% de las personas que han tenido COVID-19 podrían verse afectadas.

Al igual que con la pérdida del olfato, la mayoría de las personas con parosmia probablemente sanarán con el tiempo. Sin embargo, algunas podrían tener problemas más duraderos.

COVID-19 no es la única enfermedad que puede conducir a la pérdida del olfato. También puede ser causada por otros virus o infecciones, o traumatismo craneoencefálico o una variedad de enfermedades neurodegenerativas.

Efectos a largo plazo

Si bien la evidencia sobre la pérdida del olfato posterior a COVID-19 aún está surgiendo, los datos de otros tipos de disfunción olfativa nos dan una idea de algunos de los efectos que la pérdida del olfato a largo plazo puede tener en la vida cotidiana.

1. Seguridad alimentaria

Las personas con esta discapacidad son más propensas a ingerir alimentos en mal estado porque es el olor, ante todo, lo que nos advierte cuando algo se echó a perder.

Esto puede aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por los alimentos.

olfato

Getty Images

2. Gusto

Aparte de las sensaciones gustativas centrales (dulce, salado, amargo, ácido y umami), casi todo lo que experimentamos como sabor es producido por los olores que llegan a los receptores olfatorios en la nariz a través del pasaje oral-nasal en la parte posterior de la garganta.

Desafortunadamente, sin el sentido del olfato, la mayor parte de lo que comes tendrá poco o ningún sabor.

Si se elimina la capacidad de detectar olores, una manzana sabrá como una papa si cierras los ojos.

3. Apetito

Más allá de darnos placer al comer, los olores de la comida también nos estimulan el apetito.

Esto significa que cuando no podemos oler los aromas de la cena que se cocina en el horno, es menos probable que tengamos hambre.

4. Fluctuaciones de peso

La pérdida combinada de apetito y placer de comer hace que la mayoría de las personas con un trastorno del olfato recién adquirido pierdan peso inicialmente.

Sin embargo, nuestros cuerpos están diseñados para mantenernos con vida. Las personas con pérdida del olfato rápidamente comienzan a buscar el placer de otros estímulos sensoriales al comer, como la textura, por ejemplo, en el crujido de los alimentos fritos.

Y en lugar de esperar a tener hambre, muchos simplemente comerán con más frecuencia.

Estos cambios no conscientes en el comportamiento alimentario a menudo dan como resultado un aumento de peso, lo que puede provocar problemas cardiacos a largo plazo y otros problemas de salud relacionados.

5. Relaciones

Hay algunas consecuencias de la pérdida del olfato en las que quizá no pienses de inmediato.

Tomemos, por ejemplo, el hecho de que una persona que no puede oler no podrá controlar su propio olor corporal. Esto puede ser una fuente de timidez e inseguridad en situaciones sociales.

olfato y gusto

Getty Images
Cuando no podemos oler los aromas de la comida es menos probable que tengamos hambre.

Varios estudios han demostrado que un sentido del olfato deficiente está relacionado con una reducción en las interacciones sociales, el número de amigos y el disfrute sexual reportados.

Esto último también podría estar relacionado con la pérdida de la capacidad de sentir el olor de una pareja.

6. Salud mental

Un tercio de las personas que buscan tratamiento para sus problemas de olfato informan haber experimentado una reducción en su calidad de vida y bienestar general, en comparación con su vida antes de tener estos problemas.

Es probable que esto se deba a una combinación de los factores descritos anteriormente.

Las personas con disfunción del olfato a menudo reportan síntomas de depresión, y no es raro que los relacionen con sus problemas de olfato.

Opciones de tratamiento

Lamentablemente, existen pocos tratamientos para las personas que experimentan disfunción del olfato.

Para los problemas de olfato inducidos por virus, el único tratamiento que tiene algún efecto demostrable es el entrenamiento del olfato.

Esto es un poco como la fisioterapia para la nariz y consiste en una terapia de exposición, en la que se le pide al paciente que huela una variedad de olores durante unos 20 minutos, cada mañana y tarde, durante un periodo de dos a tres meses.

Aunque los pacientes rara vez se recuperarán por completo, los estudios han demostrado que el entrenamiento del olfato mejora las funciones olfativas con el tiempo.

Dicho esto, la pandemia de COVID-19 ha dado impulso a la investigación olfatoria, y varios tratamientos nuevos e interesantes se encuentran actualmente en ensayos preclínicos.

Dentro de unos años, es posible que veamos una variedad de tratamientos novedosos para la disfunción del olfato.

Mientras tanto, ¿qué debes hacer si crees que tu sentido del olfato no es como debería ser?

Puedes comenzar a entrenarte con el olfato usando olores domésticos comunes. Si no ves una mejora notable después de seis semanas de entrenamiento, comunícate con tu médico para una evaluación.

*Johan N. Lundström es profesor asociado del Departamento de Neurociencia Clínica del Instituto Karolinska. Este artículo apareció en The Conversation. Puedes leer la versión en inglés aquí.


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