Los aviones presidenciales: ¿cómo eran y cuáles puso AMLO a la venta?
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Los aviones presidenciales: ¿cómo eran y cuáles puso AMLO a la venta?

El Estado Mayor Presidencial operaba una flota que aeronaves que incluían modelos ejecutivos (más pequeños), helicópteros y el avión presidencial. Todos estaban al servicio del mandatario.
Cuartoscuro
27 de abril, 2019
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Un Boeing 787 de más de 125 millones de dólares, cinco aviones ejecutivos que suman 114 millones de dólares y cuatro helicópteros con un costo de 8 millones de dólares cada uno, son las aeronaves que tenía a su disposición el presidente Enrique Peña Nieto y que ahora serán vendidos y fueron reasignados a otras tareas.

En total, la Presidencia tenía a su servicio 10 aeronaves que estaban a cargo del Estado Mayor Presidencial.

A través de una solicitud de información, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) detalló que estas aeronaves fueron fabricadas entre 2010 y 2015.

Nueve de ellas son de aeronaves de alta gama “pioneros en la aviación ejecutiva” y, de acuerdo con sitios especializados y de los fabricantes, han sido utilizados por jefes de Estado de todo el mundo para trasladarse.

En el listado hay cuatro aviones marca Gulfstream, que fueron reasignados a escuadrones de la Fuerza Aérea Mexicana y son utilizados para operaciones aéreas, de acuerdo con la información de la Sedena. Sin embargo, está prevista su venta.

El modelo Gulfstream 550 es uno de los más equipados, y con una capacidad para cuatro tripulantes y hasta 18 pasajeros. Su sistema de cabina de vuelo es de los más modernos, pues cuenta como una cámara infrarroja para facilitar la visión del terreno y la iluminación de la pista en condiciones de baja visibilidad, de acuerdo al sitio de su fabricante. Es capaz de hacer viajes de ultralargo alcance.

La aeronave fue fabricada en 2015 y cuenta con 513 horas de vuelo. El gobierno mexicano pagó 54 millones 439 mil dólares.

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Modelo G550. Foto: Gulfstream Company

El Gulfstream 450 tiene una capacidad para 12 a 16 pasajeros y cuenta con el mismo sistema de cabina de vuelo que el modelo 550. Fue fabricado en 2015 y cuenta con 293 horas de vuelo. Tuvo un costo de adquisición de 37 millones 750 mil dólares.

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Modelo G450. Foto: Gulfstream Company

El gobierno mexicano adquirió dos Gulfstream 150, que fueron fabricados en 2014 y 2015 y registran 991 y 1,102 horas de vuelo, respectivamente. Y tiene una capacidad de seis a ocho pasajeros. Cada aeronave tuvo un costo de 15 millones 100 mil dólares.

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Modelo G150. Foto: Gulfstream Company

En la lista aparece también un el avión turbohélice King Air 350i, “una de las aeronaves comerciales más populares del mundo”, según la página de su fabricante. La nave tiene 1,212 horas de vuelo y tuvo un costo para el gobierno de 8 millones 86 mil 75 dólares.

También fue reasignada a la Fuerza Aérea para operaciones pero está prevista su venta.

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Foto: Beechcraft

La Presidencia tenía a su servicio cuatro helicópteros modelo AgustaWestland (AW109SP) fabricados en 2013. Cada uno tuvo un costo de 8 millones 210 mil dólares y tienen entre 300 y 700 horas de vuelo. Estas naves también fueron asignadas a la Fuerza Aérea para uso operativo, pero no se tiene contemplada su venta.

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Foto: DC Aviation

El lujoso avión presidencial también está dentro de la lista de aeronaves a cargo del Estado Mayor. El Boeing 787 fabricado en 2010 y adquirido por el gobierno de Felipe Calderón, tuvo un costo de 125 millones 45,800 dólares.

El Boeing 787-8 “José María Morelos y Pavón” cuenta con una capacidad máxima de 80 pasajeros, fue utilizado por dos años 6 meses para realizar 214 operaciones durante la administración de Enrique Peña Nieto, y recorrió una distancia superior a los 600 mil kilómetros.

La aeronave partió el 3 de diciembre hacia el aeropuerto de Victorville, en California, Estados Unidos, para su mantenimiento y preservación.

El titular del Banco Nacional de Obras y Servicios (Banobras), Jorge Mendoza Sánchez, dijo  el pasado 24 de abril que actualmente se tienen 14 intenciones de compra para el avión presidencial, provenientes de ocho países.

El 1 de diciembre, durante su segundo discurso como presidente, López Obrador reiteró su promesa de vender la aeronave.

“Se van a vender todos los aviones y los helicópteros que utilizaran los políticos corruptos”, dijo un día después, de visita en Veracruz.

Para la venta de las aeronaves, el gobierno organizó la Feria Aeroespacial de México, en la base aérea de Santa Lucía, en donde se expusieron 33 de las 72 aeronaves federales que también están a la venta.

Con estas acciones el gobierno espera obtener 10 mil millones de pesos.

Estos aviones están en exhibición para su venta en la Feria Aeroespacial que culmina este 27 de abril. Se trata de un evento de negocios en el que participan 630 empresas de 39 países y se desarrolla en la principal Base Aérea Militar del país ubicada en Santa Lucía, Estado de México.

Sin información por receso

Para conocer el estado de las naves se le preguntó a la Presidencia —a través de una solicitud de transparencia— sobre la cantidad de aeronaves con las que contaba el Estado Mayor, las funciones que realizaban, y las condiciones generales; así como dónde se encuentran resguardadas y qué tareas realizan.

La dependencia respondió que de acuerdo al Reglamento del Estado Mayor Presidencial, éste debía contar con los datos sobre las aeronaves, pues en el artículo 19 de dicha norma señala que está a su cargo “Proporcionar el servicio de transporte aéreo al Presidente de la República, así como a los servidores públicos y demás personas que determine el propio titular del Ejecutivo Federal”.

Sin embargo, señaló en su respuesta que desde el 1 de diciembre de 2018 el Estado Mayor Presidencial “quedó en receso”, igual que los organismos que lo integran.

“…por ello es innegable la imposibilidad formal y material por parte de la Oficina de la Presidencia de la República, a través de la Unidad de Transparencia de turnar la solicitud al Estado Mayor Presidencial, para que realice una búsqueda exhaustiva en los sus archivos físicos y electrónicos de la información solicitada, en razón de que dicho Órgano Técnico Militar, se encuentra en RECESO”, señala la respuesta.

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Dominio público

El papa que decretó un confinamiento y salvó a Roma de la peste en el siglo XVII

Hace 400 años Alejandro VII ordenó unas medidas sanitarias que, según los investigadores, hizo que una epidemia de peste tuviera una baja letalidad en la que es hoy la capital de Italia.
Dominio público
18 de abril, 2021
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Era un intelectual, un aficionado al arte y la arquitectura, doctor en filosofía, teología y derecho. Cuando el italiano Fabio Chigi (1599-1667) se convirtió en el papa Alejandro VII, ni en sus peores presagios imaginó que tendría que enfrentarse a una epidemia de peste.

Su reacción, sin embargo, fue contundente.

Aunque la ciencia descubrió la bacteria causante de la peste en 1894 —gracias al bacteriólogo Alexandre Yersin—, el sumo pontífice decretó medidas sanitarias que, según investigadores, contribuyeron a que la letalidad en Roma fuera mucho menor que en otros lugares afectados por la misma epidemia.

Según un estudio del historiador italiano Luca Topi, profesor de la Universidad de Roma La Sapienza, entre 1656 y 1657 la peste mató al 55% de la población de Cerdeña, la mitad de los habitantes de Nápoles y al 60% de los residentes de Génova.

En Roma, en cambio, murieron 9.500 personas de un total de 120.000, menos del 8%. Estos datos fueron publicados en una revista científica italiana en 2017.

Se calcula que distintas olas de la peste arrasaron con cerca de la mitad de la población europea.

Cuando llegaron los primeros reportes de muertes por la epidemia en el entonces reino de Nápoles, Alejandro VII llevaba un año como pontífice.

Representación pictórica de la peste en Italia.
Getty Images

Diversas olas de la peste mataron a casi la mitad de la población europea.

El papa no era sólo el líder del catolicismo. Si hoy es el soberano del diminuto estado del Vaticano, en aquella época mandaba sobre los llamados Estados Pontificios, que comprendían Roma y buena parte de los alrededores; prácticamente todo el centro de la Italia actual.

Esta fascinante historia cuenta cómo muchas de las restricciones que se aplican hoy contra la pandemia de coronavirus dieron resultado en Roma contra la peste hace 400 años.

¿Cuáles fueron las medidas del papa?

Dentro de los dominios papales, el brote ocurrió entre mayo de 1656 y agosto de 1957.

Tan pronto como llegaron las primeras noticias de la peste a Roma, Alejandro VII puso en alerta al Congreso de la Salud, que había sido creado en un brote anterior.

Las medidas de contención se implementaron gradualmente, según la situación se volvía más peligrosa.

El 20 de mayo se promulgó un decreto que suspendía todo comercio con el reino de Nápoles, que ya se encontraba muy afectado.

Cuadro del siglo XVII de la Plaza de San Pedro en El Vaticano.

Getty Images
En el siglo XVII, el papa era la máxima autoridad en los Estados Pontificios, que comprendía la región de Roma y alrededores, prácticamente todo el centro de la actual Italia.

La semana siguiente, el bloqueo se extendió y se prohibió la entrada a Roma de cualquier viajero que viniese de allí.

El 29 de mayo, en la ciudad de Civitavecchia, ubicada en los Estados Pontificios, se registró la llegada de la peste e inmediatamente se impuso la cuarentena.

“En los días y meses siguientes, se aislaron muchas otras localidades de ese territorio”, detalla el historiador Topi en su artículo.

En Roma, la decisión fue radical: se cerraron casi todos los portones de acceso a la ciudad. Solo ocho permanecieron abiertos, pero eran protegidos las 24 horas del día por soldados supervisados por “un noble y un cardenal”.

A partir de entonces, cualquier entrada debía ser justificada y registrada.

El 15 de junio Roma tuvo su primer caso: un soldado napolitano que murió en un hospital. Las normas se endurecieron aún más.

El 20 de junio se implantó una ley que obligaba a los ciudadanos a informar a las autoridades en caso de conocer algún paciente.

Posteriormente, un nuevo dispositivo papal comenzó a obligar a cada párroco y sus asistentes a visitar, cada tres días, todas las casas de sus distritos electorales para identificar y registrar a los enfermos.

Luego corrió la noticia de otra muerte, esta vez un pescador de la región del Trastévere.

“Los familiares de la víctima también se infectaron y muchos murieron”, cuenta Raylson Araujo, estudiante de teología de la Universidad Católica Pontificia de Sao Paulo, Brasil, quien también investigó el asunto.

La primera idea fue intentar aislar la región.

Ilustración de Alejandro VII.

Dominio Público
Alejandro VII impuso medidas graduales hasta llegar al confinamiento total.

“El papa también era la autoridad civil. Conforme la epidemia comenzó a extenderse, implementó medidas de aislamiento. Tras prohibir el comercio con Nápoles, decretó otras reglas de distanciamiento social: prohibió reuniones, procesiones y todas las devociones populares”, dice Araujo.

El endurecimiento de las medidas fue gradual hasta llegar al confinamiento total.

“Conforme pasó el tiempo, el papa adoptó nuevas prohibiciones. Las congregaciones en la iglesia fueron suspendidas, las visitas diplomáticas también, al igual que encuentros religiosos y reuniones públicas, se vigilaron los caminos”, enumera Araujo. “Se suspendieron todas las aglomeraciones civiles”.

“Se prohibieron diversas actividades económicas y sociales. Se cancelaron las fiestas y ceremonias públicas, civiles y religiosas”, dice el seminarista Gustavo Catania, filósofo del Monasterio de São Bento de Sao Paulo.

Plaza de San Pedro vacía por las restricciones en Roma.

Getty Images
Al igual que con la pandemia de coronavirus, en el siglo XVII se prohibió asistir a celebraciones religiosas en Roma.

“Se suspendieron los mercados y se echó a algunas personas que vivían en la calle porque podían ser causa de contagio. Se prohibió el cruce nocturno del río Tíber”.

El papa también determinó que nadie debía ayunar, con el objetivo de que la población se alimentanse y mantuviese así más saludable por si se contagiaba.

A todos aquellos que tuvieran al menos una persona infectada en la familia se les prohibió salir de casa. Para garantizar la asistencia, Alejandro VII separó a los sacerdotes y médicos en dos grupos: los que tendrían contacto con los enfermos y los que no, quienes atenderían al resto de la población.

“Preocupaba que los sacerdotes se convirtieran en vectores de la enfermedad”, dice Araujo.

Los médicos tenían prohibido huir de Roma“, dice Catania, señalando que muchos temían infectarse.

Como los pacientes estaban aislados, se creó una red de apoyo a la población.

“Había una previsión de ayuda económica para las familias que no podían salir de casa y algunas personas recibían comida por la ventana“, dice el seminarista.

En los meses de octubre y noviembre, cuando la incidencia de la enfermedad era mayor, incluso se preveía la pena de muerte para quienes infringieran las normas.

Negacionistas y noticias falsas

Sin embargo, no todos admitían la gravedad de la situación.

Hubo quienes la desdeñaron y hasta difundieron bulos.

“Se acusó al papa de inventar la enfermar para su propio beneficio y para ganar popularidad”, comenta Mirticeli Medeiros, investigadora de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

Protestas negacionistas en Roma por la pandemia de coronavirus.

Getty Images
Como también ha sucedido en esta pandemia, hubo negacionistas en aquella época que no admitían la existencia de la enfermedad.

“Muchos no querían que el pontífice adoptara estas medidas para no alarmar a la población”, complementa.

Hasta sus colaboradores más cercanos le aconsejaron que no lo hiciera. Temían que, desde el momento en que se hizo pública la gravedad de la situación, a través de decretos y divulgaciones, la economía comenzara a sentir los efectos de este tipo de postura. Pero el papa fue firme y cumplió con su política de salud”.

Araujo compara esos hechos del siglo XVII con el “movimiento de hoy y la resistencia popular” para aceptar la gravedad de la pandemia de coronavirus.

“Comerciantes aconsejaron al papa que no adoptara las medidas, porque el cierre perjudicaba el comercio y la cosecha“, comenta el investigador.

“Hubo grupos que acudieron a él para pedirle que no promulgara más medidas de aislamiento. Querían maquillar y tapar la situación para que no se extiendera el pánico y cerraran los comercios”, continúa Araujo.

Hay informes de que un médico divulgó bulos sobre las verdaderas motivaciones del encierro.

“Hizo correr la voz de que tras las decisiones de este papa había intereses políticos”, dice el historiador Victor Missiato, profesor del Colegio Presbiteriano Mackenzie de Brasília.

“Fue acusado de difamación y terminó condenado a trabajar en un hospital, dedicado a curar la peste”.

Victoria contra la enfermedad

Cuando se resolvió el brote en 1657, la celebración estuvo a la altura.

Alejandro VII demostró el renacimiento de la Iglesia con monumentos que hasta hoy marcan El Vaticano, como el conjunto de columnas de la plaza de San Pedro, del escultor y arquitecto barroco Gian Lorenzo Bernini.

Columnas de Bernini en la Plaza San Pedro.

Edison Veiga
Las obras del papa Alejandro VII marcaron el aspecto de El Vaticano hasta hoy.

“En ese periodo era muy común que los papas visibilizaran su soberanía y poder. Los grandes monumentos de Roma de esa época fueron construidos con esa motivación”, contextualiza Medeiros.

“Como el caso de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Piazza Navona, la Fontana di Trevi y otros”.

“Alejandro VII era un apasionado del arte y amigo de Bernini. Su comienzo como papa estuvo marcado por la peste”, explica.

“La forma que encontró de apagar aquel periodo sombrío fue invirtiendo en obras colosales. Las columnas de San Pedro representan los brazos abiertos de la Iglesia. La basílica de San Pedro fue restaurada como símbolo de poder temporal, no solo espiritual”.

Otros casos

Este no fue el único momento histórico en el que la Iglesia, en el pasado, cerró sus puertas por brotes y epidemias.

“Hubo otros casos en algunas diócesis de Italia, especialmente en el siglo XIX durante la epidemia de cólera”, recuerda Medeiros. “Entonces se tomaron medidas restrictivas similares”.

Grabado de un mercado durante la epidemia de cólera en Italia.

Getty Images
Durante la epidemia de cólera en el siglo XIX la iglesia tomó restricciones similares en Italia.

Por otro lado, la experta recuerda que en el brote de peste del siglo XIV ocurrió “todo lo contrario”.

“El papa Clemente VI, aislado en el palacio pontificio de Aviñón, en Francia, no parecía muy preocupado por lo que sucedía fuera de los muros de su casa”, apunta la investigadora.

“En esa época la enfermedad era un castigo divino y se producían procesiones y otras aglomeraciones para intentar, según la mentalidad religiosa, de superar el mal”.

En el siglo anterior, la región de Milán se vio muy afectada por la plaga. El cardenal arzobispo Carlo Borromeo también estableció estrictas medidas sanitarias en su circunscripción.

“Propuso una cuarentena general y se decretó a la gente a quedarse en casa hasta resolver la situación. Solo podían irse los que asistían espiritual y materialmente a la población.

El investigador dice que incluso las misas se celebraban “a distancia”.

“Un cura iba a la esquina y celebraba en la calle. Los fieles miraban desde sus ventanas”, explica.

Fe en la ciencia

Al analizar estos episodios del pasado, a menudo similares a los de hoy, hay que tener en cuenta que entonces la ciencia no se valoraba tanto como hoy y que la religión y la política estaban muy entrelazadas.

“En el siglo XVII, el absolutismo era muy fuerte en Europa y estaba ligado al poder de la Iglesia. El poder político y el poder religioso estaban muy mezclados“, explica Missiato.

“En ese momento, la revolución científica aún no se había extendido a las diferentes sociedades del mundo europeo. La creencia en lo divino como entidad definitoria de la paz y el caos todavía se veía como el camino hacia la salvación”.

Por eso el encierro impuesto por Alejandro VII es tan relevante.

“Lo que pasó muestra un alineamiento entre fe y ciencia, una fe con los pies en la tierra“, dice Araujo.


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