Abusaron de Mónica y la torturaron para inculparla; lleva seis años presa pero espera una resolución a su favor
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Cuartoscuro Archivo

Abusaron de Mónica y la torturaron para inculparla; lleva seis años presa pero espera una resolución a su favor

El caso de Mónica Esparza será expuesto esta semana ante el Comité contra la tortura de Naciones Unidas, que sesionará en Ginebra.
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23 de abril, 2019
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Mónica Esparza tiene 33 años y lleva seis en la cárcel. En 2013, mientras se dirigía a comprar material para hacer arreglos a su negocio de ropa con su pareja y su hermano, policías municipales de Torreón los detuvieron. Eran las 10 de la mañana. Según les dijeron, sólo sería una revisión de rutina.

Pero fueron llevados a una bodega de la Dirección de Seguridad Pública de Torreón. Ahí Alfredo, pareja de Mónica, y Edgar, su hermano, fueron desnudados y golpeados con tablas en el pecho y en la espalda. Al primero le desollaron el muslo izquierdo con una navaja, y con un látigo de espuelas le arrancaron pedazos de piel de la espalda.

A ella también la golpearon en el estómago e intentaron ahogarla en un tambo con agua, mientras le preguntaban cosas que ella desconocía; intentaron asfixiarla con una bolsa de plástico, fue golpeada con espuelas, navajas y martillos. Después, fue abusada sexualmente de mantera tumultuaria. Según refiere, en el lugar había hombres vestidos como militares y como policías municipales.

Los tres fueron sacados de la bodega y pasaron un rato en los baños de las oficinas de la Dirección de Seguridad Pública. Hasta ahí llegó un actuario del Poder Judicial de la Federación, quien les informó que la madre de Mónica, quien había sido alertada de la detención por un vecino que fue testigo, interpuso una demanda de amparo sobre la desaparición de los tres.

Posteriormente, fueron trasladados a oficinas de la Procuraduría General de la República en Torreón y en el camino, Alfredo, la pareja de Mónica, murió frente a ella a causa de la tortura, aunque los policías declararon después que él ya estaba golpeado cuando lo detuvieron. El cuerpo fue incinerado antes de determinar las causas de la muerte.

Sin decirle los cargos de los que eran acusados, Mónica y su hermano fueron trasladados en avión a la Ciudad de México. En las oficinas de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), un agente del Ministerio Público de la Federación los amenazó con matar a su madre y sus hijas si no firmaba una hoja que le pusieron en frente. Tiempo después supo que era la confesión de delitos.

El caso llegará a la ONU

En un comunicado oficial donde la policía informa de un operativo conjunto entre policías municipales de Torreón y el Ejército, se señaló que los tres detenidos eran secuestradores integrantes de Los Zetas, que habían sido detenidos en flagrancia con armas de uso exclusivo del Ejército.

Por eso ella fue arraigada durante tres meses, y el 17 de mayo de 2013 fue trasladada al penal de Máxima seguridad de Nayarit, aunque en 2016 la reubicaron en el Centro Femenil de Readaptación Social de Coatlán del Río (CEFERESO 16), Morelos.

Mónica es de madre de cuatro niños, a quienes no ha podido ver crecer en estos años. Ha estado recluida seis años sin siquiera tener una sentencia, pese a las contradicciones, falta de pruebas y tortura acreditada a la que fue sometida.

Su caso será expuesto esta semana ante el Comité contra la tortura de Naciones Unidas, que sesionará en Ginebra. México estará a revisión en la materia. La representación del país presentará los avances y la situación respecto al combate a la tortura.

En tanto organizaciones civiles presentarán su propio análisis en lo que se conoce como “informe sombra”, que incluirá el proceso de Mónica como un caso paradigmático de la existencia de tortura en el sistema judicial en México.

De hecho es uno de los 29 casos documentados en los que mujeres fueron torturadas sexualmente durante su detención, que forman parte del informe “Mujeres con la frente en alto”, realizado por el Centro Pro Juárez, con lo que intentaron identificar “cómo el Poder Judicial estaba incumpliendo sus obligaciones ante un alegato de tortura sexual”, explica la abogada de la organización civil, Melisa Zamora, en entrevista con Animal Político.

El Centro Pro asumió la defensa legal de Mónica en marzo pasado, por lo que al analizar el expediente de 14 tomos de manera profunda y detallada, encontraron elementos que acreditan las irregularidades y la tortura ejercida contra la joven.

El equipo legal del Centro insiste en que no hay pruebas de los hechos por los que se les acusa. El peritaje balístico salió negativo, es decir, la supuesta flagrancia con armas no se comprueba; no existe una parte acusadora porque los supuestos denunciantes del secuestro sólo se presentaron en una ocasión, pero en todo este tiempo no han podido ser localizados.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) sumó 16 constancias médicas que dan fe de las lesiones que sufrió Mónica, mientras que el protocolo de Estambul al que fue sometida indica que persisten lesiones psicológicas que corresponden a tortura.

También existen contradicciones respecto a la detención, en cuanto a las horas en que ocurrieron los hechos, y los involucrados.

En el peritaje en informática se demuestra que ella había publicado imágenes en Facebook, que acreditan que estaba en otro lugar durante el supuesto secuestro.

El único elemento de prueba son las declaraciones obtenidas bajo tortura y amenaza, por lo que la Fiscalía no debería considerarlas, sostiene la abogada Melisa Zamora.

El proceso judicial se encuentra en el “cierre de instrucción”, notificado el 14 de marzo, esto significa que concluyó la etapa en que las partes, tanto el MP como la defensa, presentaron pruebas sobre el caso.

El paso siguiente es que la Fiscalía General de la República presente sus conclusiones y “esperamos que sean no acusatorias. Estamos convencidos de la inocencia de Mónica y Edgar”.

La Fiscalía podría insistir en su acusación o retractarse, por ello, insiste Zamora, “la Fiscalía debería aprovechar la oportunidad legal que tiene y aunque generalmente reitera sus acusaciones, en este caso al haber tantas violaciones graves a derechos humanos, y una recomendación de la CNDH, podría emitir conclusiones no acusatorias”.

Este caso, además, es una muestra del uso excesivo de prisión preventiva debido a la deficiencia del Poder judicial de desahogar las pruebas, y la ineficiencia de la defensa para solicitar las diligencias pendientes.

Se espera que la Fiscalía presente conclusiones en los próximos 30 días, y después de ello el juez emitirá su sentencia. La defensa de Mónica espera que éste pueda excluir las pruebas derivadas de tortura, como lo establecen las reglas del Derecho Internacional.

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

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