Ciencia ficción y los mundos femeninos, pilares de la obra de la escritora Rosa Montero
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Ciencia ficción y los mundos femeninos, pilares de la obra de la escritora Rosa Montero

Como periodista y escritora, Rosa Montero siempre se ha interesado por explorar y visibilizar los mundos -interior y exterior- femeninos.
28 de abril, 2019
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Rosa Montero es una mujer que puede navegar en las aguas del periodismo, la novela y el ensayo sin perder el rumbo ni confundir los propósitos de cada uno de estos géneros.

“Es como hablar varios idiomas. Paso de uno a otro sabiendo muy bien cuáles son los límites”, dice la escritora y periodista española que puede -y sabe- hacer ciencia ficción y, al mismo tiempo, columnas periodísticas de una claridad que se agradece.

En el terreno de la literatura, esta escritora española ha dedicado buena parte de su obra a explorar temas tan fundamentales como el amor, la muerte, la memoria y el olvido, y una de sus herramientas preferidas para hacerlo ha sido la ciencia ficción, género al que es asidua desde pequeña.

Le fascina porque, dice, “la ciencia ficción es poderosísima para hablar de la condición humana”.

Más allá de avances tecnológicos, planetas hipotéticos o temas esotéricos que parecen de otro mundo, “la ciencia ficción es una herramienta maravillosa para hacer leyendas, metáforas, símbolos que explican nuestra vida y quiénes somos”, dice la creadora de uno de los personajes sci-fi más humanos de la literatura española: la detective tecnohumana Bruna Husky.

Aunque no tiene una pizca de biográfico, Bruna es el personaje más cercano y querido de Rosa Montero. Quizá por ello ha dedicado tres libros a explorar sus mundos: Lágrimas en la lluvia, El peso del corazón y, el más reciente, Los tiempos del odio, editado por Seix Barral (2019).

Con toda la invención que permite este género, Rosa Montero está convencida de que la realidad siempre, siempre, supera a la ficción.

La mamá de Bruna Husky recuerda cuando, en uno de sus libros, creó dos sociedades hiperreligiosas, fanáticas y esclavizantes que orbitaban la Tierra.

“Cuando escribí eso, hace 10 años, intenté crear la sociedad más horrible que se me pudiera ocurrir. Tres años después apareció el ISIS (el Estado Islámico) y es mucho peor de lo que yo pude imaginar”, explica convencida.

Más allá de la ciencia ficción: los mundos femeninos

Como periodista y escritora, Rosa Montero siempre se ha interesado por explorar y visibilizar los mundos -interior y exterior- femeninos.

En 1995, cuando la discusión feminista solo existía en círculos pequeños y no a nivel masivo como en la actualidad, escribió Historias de mujeres, un libro con 15 perfiles de personajes muy diferentes entre sí, desde Agatha Christie y Simone de Beauvoir, hasta Irene de Constantinopla -“la madre que cegó a su hijo para que no le arrebatara el trono”- y la antropóloga Margaret Mead.

Veinticuatro años después, Montero completó esta publicación con 90 pequeños perfiles con el objetivo de “atisbar la compleja riqueza de la aportación femenina a la vida común”.

A pesar de escribir sobre mundos femeninos, Rosa Montero nunca había escrito sobre sí misma sino hasta 2013, cuando publicó La ridícula idea de no volver a verte, un libro que enlaza la historia de Marie Curie con la propia a través de una experiencia trágica y dolorosa: la muerte de sus parejas, Pierre y Pablo.

Feminismo y la participación de hombres y mujeres 

Con el auge de la discusión actual sobre feminismo y el movimiento #MeToo a nivel mundial, Rosa Montero está convencida de que la participación de los hombres en la conversación es fundamental.

“Lo que yo pido es que los hombres no den un paso atrás, que no se callen. Lo que pido es que hablen, analicen; que hagan ese autoanálisis que estamos haciendo las mujeres desde hace un montón de décadas sobre lo que queremos”.

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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