En consulta, casi 95% quiere fin de la huelga de la UAM aunque hubo baja participación estudiantil
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En consulta, casi 95% quiere fin de la huelga de la UAM aunque hubo baja participación estudiantil

En la consulta hecha del 19 al 26 de abril participaron más de 8 mil personas; los resultados serán entregados al Congreso capitalino, al SITUAM, y a la Rectoría de la UAM, cuando la huelga lo permita.
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Los maestros de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) realizaron una consulta entre la comunidad universitaria para conocer la opinión de la mayoría respecto a la huelga que mantiene el sindicato, desde el 1 de febrero pasado. Este lunes presentaron los resultados: casi 95% de los consultados pide el fin de la huelga, un 3.8% votó por continuarla y el 1.5% se abstuvo.

De las ocho mil 81 personas consultadas 74% son estudiantes, 20% son académicos y 6% personal administrativo. Sin embargo, la participación estudiantil es muy baja respecto al total de alumnos de la universidad: de 58 mil estudiantes sólo votaron cinco mil 952, apenas el 10%.

En el caso de los profesores, más de la mitad participó: de tres mil 72 académicos que hay en los cinco planteles, mil 657 votó; 91.2% a favor de que se levante la huelga. En cuanto a los administrativos, únicamente votaron 489 de los casi cinco mil trabajadores (96% pidió el fin de la huelga).

Los profesores distinguidos atribuyen la baja participación estudiantil a la incomunicación con los estudiantes, debido al cierre de los planteles y de las aulas virtuales con que cuenta la universidad, donde se compartían mensajes con los alumnos hasta el 1 de febrero pasado, cuando el Sindicato Independiente de Trabajadores de la universidad (SITUAM) conjuró la huelga en demanda de 20% de aumento al salario y otro 20% de retabulación.

“No hay forma de comunicarse con ellos, normalmente cuando está funcionando la institución se hace a través del coordinador de carrera, pero ahora se ha perdido ese contacto. Tenemos las aulas virtuales, el programa tiene una opción para mandar mensajes a los alumnos pero no hay acceso. Ahí tenemos material que necesitamos para nuestro trabajo cotidiano y no podemos entrar”, puntualizó el profesor Óscar González, exrector de esa casa de estudios.

Por su parte, Jesús Álvarez Calderón -uno de los convocantes a la marcha y la consulta- explicó que los maestros no deben interferir en la vida estudiantil, “somos los grandes y no los debemos inducir”, comentó a Animal Político.

Agregó que a través de redes sociales se les invitó a integrarse a la convocatoria de los profesores distinguidos, pero resulta normal que no todos quieran seguir a los maestros y que no todos estén de acuerdo con sus posturas.

David García, uno de los representantes de la Organización Independiente Estudiantil (OIEUAM), subrayó que los estudiantes decidieron asistir a la marcha del pasado viernes para apoyar a su universidad, pero no así a la consulta, que consideran polarizada y con información insuficiente. “La encuesta realizada en el mitin fue polarizada, solo había dos opciones: levantamiento de huelga sí, levantamiento de huelga no. Nunca se dio otra opción como la resolución”, dijo el estudiante a este medio.

Al respecto, los profesores admitieron que pudo haber fallas en este ejercicio, pues ellos no son estrategas ni expertos en consultas; y coincidieron con los alumnos en que lo ideal es que la huelga termine con la resolución del conflicto, pero en tanto eso ocurre, seguirán realizando acciones directas para exigir el regreso a las aulas.

“Tienen razón en la declaración, yo la suscribo. La hemos suscrito desde que empezamos, y nosotros salimos a la calle a hacer una acción más directa. No es para mí decir a la gente cómo le haga, lo que todos queremos es la universidad abierta y que cada quién coopere y empuje desde su particular trinchera”, puntualizó Jesús Álvarez.

“Resolver el conflicto es un buen deseo al que nadie puede decir que no, pero lo que se trataba de hacer en la consulta era saber si querían que se levantara la huelga”, agregó el exrector González Cuevas.

La profesora Gabriela Dutrénit informó que el resultado de la consulta -levantada del 19 al 26 de abril- no es vinculante porque el único que puede levantar la huelga es el SITUAM, sin embargo, se los entregarán al Congreso de la Ciudad de México y al propio sindicato. “Esto fue una expresión de que en una universidad tiene que haber un voto universal y secreto sobre temas que nos afectan a todos”, expresó la excoordinadora del Foro Consultivo y Científico.

La participación en la consulta por campus fue mayoritariamente de Azcapotzalco, Iztapalapa y Xochimilco, y en mucho menor cantidad de Cuajimalpa y Lerma.

Huelga “irrealista”

En la conferencia estuvieron presentes los profesores Carlos Contreras, Juan Reyes, Pablo Becerra, Jesús Alvarez Calderón, Gabriela Dutrénit, Fernando del Río, Oscar González y Michelle Chauvet, para presentar los resultados y hacer un llamado “moral” a la reflexión de que la huelga debe parar.

“El conflicto ya rebasó lo laboral, es totalmente irrealista”, expresó Fernando del Río, expresidente de la Academia Mexicana de Ciencias.

“La única lectura que queda después de tanto tiempo, y en la atmósfera nada civilizada en que algunos integrantes del SITUAM se han presentado a más negociaciones, da a pensar que algunos están interesados en que el conflicto se prolongue independiente del riesgo en que se pone a la universidad. Ya se ha sufrido mucho, los que formamos la universidad estamos juntos y dispuestos a defenderla”, sentenció.

El profesor del departamento de Ingeniería Eléctrica del plantel Iztapalapa, Ricardo Marcelín Jiménez, recordó que el destino de la universidad fue decidido por 127 personas (el Comité de Huelga), que no son ni el 1% del total de los trabajadores.

Los maestros indicaron que los recursos para realizar la consulta, la marcha y sus reuniones semanales para definir acciones, provienen de “cooperachas” entre ellos, con insumos que ya tenían en sus casas y con dinero reunido para este fin. Al final de la conferencia, los maestros hicieron una colecta entre todos para pagar el espacio en el que la realizaron.

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Cuánta gente se necesita que salga a protestar para derrocar a un gobierno (según la ciencia)

¿Cuán grande tiene que ser una protesta para forzar la salida de un líder político? Un equipo de expertos de la Universidad de Harvard analizó lo ocurrido desde 1900 hasta el presente para hallar una respuesta.
20 de septiembre, 2020
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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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