En 10 años se cuadruplicaron asesinatos de mujeres en el espacio público, alerta estudio
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En 10 años se cuadruplicaron asesinatos de mujeres en el espacio público, alerta estudio

El homicidio de mujeres ha pasado de la vivienda al espacio público de manera desproporcional y a la par del incremento en la violencia armada y la militarización de la seguridad pública, indica un informe de Data Cívica y el Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del CIDE.
Cuartoscuro
29 de mayo, 2019
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El incremento de la violencia armada y la militarización de la seguridad pública ha afectado desproporcionadamente a las mujeres jóvenes, quienes ahora son asesinadas mayoritariamente en el espacio público y con armas de fuego, reporta el informe Claves para entender y prevenir los asesinatos de mujeres en México, de Data Cívica y el Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del Programa de Derecho a la Salud del CIDE.

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Con base en los registros de mortalidad del Inegi, el informe indica que de 2007 a 2017 el homicidio de mujeres se cuadruplicó en el espacio público, al pasar de 0.7 por cada 100 mil habitantes a 2.5, mientras que casi se duplicó en la vivienda, al pasar de 0.8 en 2007 a 1.5 en 2017. Esto significa que el asesinato de mujeres pasó de su punto más bajo en 2007, asesinadas principalmente en la vivienda, a su punto más alto en 2017, asesinadas principalmente en el espacio público. En ese periodo (2007-2017) se registró un total de 25 mil 800 mujeres asesinadas.

De acuerdo con el estudio, el incremento en los asesinatos de mujeres está asociado a la violencia en la via pública. “Donde ha habido un repunte en la violencia, no solo se han disparado los asesinatos que ocurren en la vía pública, sino también los que ocurren en la vivienda. Sin embargo, los homicidios en la vivienda son distintos desde que la tasa de homicidios aumentó: se cometen en mayor proporción con arma de fuego. Esto es muy importante porque sugiere que el aumento en la tasa de asesinatos en la vivienda también está asociado a la violencia pública”.

“Desde nuestra perspectiva, esto nos revela que tenemos prácticamente tres fenómenos que atender –si bien dos de ellos están íntimamente relacionados–. El primero es la violencia armada en público, que es la que más ha aumentado, afectando desproporcionadamente a las mujeres jóvenes. El segundo es la violencia en casa, con arma de fuego, que se ha disparado ahí donde también incrementaron los homicidios en público. Y el tercero es la violencia en casa que ha permanecido casi inalterada en este periodo, afectando desproporcionadamente a niñas y a adultas mayores y siendo insistentemente cruel”.

Aunque la abrumadora mayoría de las víctimas asesinadas en el país son hombres (213 mil 608 en 2017), el estudio se centra en los homicidios de mujeres ante la evidencia de que las matan de manera sistemáticamente distinta y por ello ambos fenómenos requieren un tratamiento diferenciado y soluciones específicas. Es decir, lo que puede funcionar para reducir los homicidios de hombres no necesariamente va a funcionar para reducir los homicidios de mujeres y viceversa.

En ese sentido, el informe enfatiza en la necesidad de atender dos fenómenos distintos si se quiere prevenir los asesinatos de mujeres en México. Por un lado, entender lo que ha cambiado (la violencia armada en público y el contexto más amplio de inseguridad y militarización), y lo que ha permanecido igual (la violencia en casa).

Por ello entre las propuestas para reducir los homicidios de mujeres en el país, el estudio plantea un control efectivo de armas y la desmilitarización de la seguridad pública, además de enfrentar adecuadamente la violencia en casa y remediar la falta de datos.

El estudio aclara que no se utilizó el término “feminicidio” para referirse a los homicidios de mujeres ante las variaciones que hay sobre las definiciones del término entre la academia, los espacios de activismo y el ordenamiento jurídico mexicano.

“Con los datos disponibles sobre cómo y dónde matan a las mujeres, cuáles son considerados feminicidios dependerá, por lo tanto, de la definición de feminicidio que se adopte. Por esta variabilidad, tanto legal como conceptual, es que hemos optado por usar ‘asesinato’ u ‘homicidio’ en su lugar. La pregunta que queremos responder es dónde y cómo matan a más mujeres y cómo es que este fenómeno cambia en el tiempo. La intención que tenemos es arrojar luz a cuáles serían las políticas que, según los datos, podrían ser más fructíferas para reducir los asesinatos de mujeres, encajen o no en las definiciones penales de feminicidio”.

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De la casa a la calle

De acuerdo con el informe, el primer hecho que impacta en el homicidio de las mujeres es el incremento de la violencia a nivel nacional tras la militarización de la seguridad pública en el sexenio de Felipe Calderón.

“Con base en los Registros de Mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), es posible concluir que, a nivel nacional, los asesinatos de mujeres, como los de los hombres, han aumentado en años recientes en México. Ambos tuvieron las tasas más bajas de las últimas cuatro décadas en el 2007, solo para dispararse desde entonces hasta alcanzar, en el 2017, las tasas más altas de las últimas cuatro décadas en el país. En total, solo en este periodo, estamos hablando de poco más de 213,000 hombres y de 25,800 mujeres que fueron privadas de sus vidas.

“La crisis de seguridad en México es, en otras palabras, innegable. Lo que los datos revelan, sin embargo, es que este aumento de los asesinatos no ha sido homogéneo. No ha impactado a todas las mujeres –ni hombres– por igual. Hay variaciones importantes, particularmente cuando la edad y localidad de las víctimas se toman en cuenta. Más aún: ha habido un cambio dramático en el tipo de asesinatos que más afecta a las mujeres, en cuanto al lugar y al modo de ocurrencia se refiere”.

El estudio refiere que los picos de violencia se deben al aumento desproporcionado de asesinatos cometidos con arma de fuego en el espacio público en contra de jóvenes. “Asesinatos que –todo indica– están asociados no solo a la ‘delincuencia’, sino también a la militarización de la seguridad pública en el país, misma que se ha intensificado desde que a finales de 2006 se lanzó la llamada ‘Guerra contra las drogas’ por el entonces presidente Felipe Calderón”.

Si bien mucho del aumento en los asesinatos en México está asociado a este fenómeno concreto, este tampoco agota todo lo que está ocurriendo.

“La realidad es que, al mismo tiempo que la violencia pública y armada ha ido en aumento, los asesinatos en la vivienda, mismos que siguen desproporcionadamente afectando a mujeres, tampoco se han reducido. A pesar de las políticas que, desde hace décadas, se han implementado para combatir la violencia en casa, los asesinatos que ahí ocurren persisten”.

De acuerdo con los datos del Inegi, cuando se desagregan los asesinatos con base en si ocurrieron en la vivienda o en la calle, lo primero que sobresale es que el porcentaje de homicidios de mujeres que ocurrieron en la vía pública aumentaron en los últimos años, al punto en el que sobrepasaron a los que ocurrieron en la vivienda. “Este es el primer cambio notable que encontramos: antes del 2009, la mayoría de las mujeres eran asesinadas en casa; a partir de entonces, sin embargo, la mayoría fueron privadas de sus vidas en la vía pública”.

Al analizar los datos usando tasas por 100 mil mujeres, las autoras del estudio encontraron que si bien los asesinatos en la vivienda también aumentaron, los que ocurrieron en la vía pública crecieron aún más, y que estos coinciden con el aumento generalizado de los asesinatos. “En dos de los tres años más violentos a nivel nacional, la proporción de los asesinatos en la vía pública alcanzaron sus puntos más altos, tanto para hombres –64.8%, en el 2011 y 64.7 %, en el 2017–, como para mujeres –49.2 % y 47.7 %, respectivamente–. Si 2017 fue el año más violento en décadas, solo seguido de 2011, se debe principalmente al aumento de los asesinatos de mujeres y de hombres en el espacio público”, explica el documento.

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El disparo de la violencia armada

Otro de los hallazgos del estudio es que gran parte del incremento en el número de asesinatos tanto en hombres como en mujeres se explica por la violencia armada.

“En hombres, la tasa de asesinato por arma de fuego pasó de ser de 8.9 por cada 100,000 en el 2007 a 32.7 en el 2017. En mujeres, la tasa pasó de ser de 0.7 por cada 100,000 en el 2007 a 2.7 en el 2017. Para los primeros, la tasa aumentó, en este periodo, en un 267.4 %. Para las segundas, el aumento fue del 285.7 %. En los mismos once años, la tasa de asesinatos por asfixia o de aquellos perpetrados con un arma blanca sí aumentaron –tanto para hombres, como para mujeres–, pero el aumento de ninguna forma es similar en magnitud al de las armas de fuego.

“Si se desagregan los datos según el lugar de ocurrencia del asesinato, puede verse que el aumento en la tasa total de homicidios, de nuevo, se debe principalmente a la violencia armada en el espacio público, tanto para hombres, como para mujeres, si bien el cambio ha sido mayor en ellas. Mientras que entre el 2007 y el 2017 la tasa de asesinatos de hombres en el espacio público con arma de fuego se volvió 4.6 veces más grande, en mujeres la cifra se quintuplicó. Desde nuestra perspectiva, esta discrepancia solo remarca, una vez más, lo novedoso que resulta este fenómeno particularmente para las mujeres: cómo cambió radicalmente la manera en la que más han sido asesinadas”.

El informe enfatiza que entre las principales víctimas por el incremento de esta violencia se encuentran mujeres entre los 20 y 35 años, al pasar de

2.5 mujeres de 20 a 27 años por cada 100 mil y 2.7 mujeres de 28 a 35 años en 2007 a 8.9 y 8.2 por cada 100 mil respectivamente en 2017. Las tasas de estos dos grupos de edad para mujeres se triplicaron en tan solo 11 años.

La violencia que persiste

Entre los datos que destaca el estudio se encuentra la persistencia en la forma en que son asesinadas las mujeres en comparación con los hombres, de acuerdo el Inegi.

Entre el 2000 y el 2017, el 32.6 % de las mujeres fueron asesinadas en la vivienda, en comparación con el 12.3 % de los hombres. Sigue siendo más común para las mujeres que para los hombres ser asesinadas en casa, mientras que los homicidios en casa afectan desproporcionadamente a niñas, adolescentes y mujeres adultas.

En ese mismo periodo también fue más común para las mujeres que para los hombres ser asesinadas por asfixia (17.4 % vs 6.2 %), con un arma blanca o contundente (18.3 % vs. 15 %), como resultado de una “agresión con fuerza corporal” (1.0 % vs. 0.8 %) y de un envenenamiento (0.8 % vs. 0.2 %). De los “poquísimos” casos registrados de muertes que fueron el resultado “de una agresión sexual con fuerza corporal”, la mayoría de las víctimas fueron mujeres (el 86 %). Este tipo de violencia es más intensa en la vivienda.

En cuanto a violencia familiar, del total de asesinatos ocurridos entre 2003 y 2017, en el 5.1 % de asesinatos de mujeres se registró por esta modalidad, en contraste con el 0.8 % de los hombres, mientras que del 2012 al 2017 el 3.6 % de los homicidios de mujeres registró un parentesco con el presunto agresor, en contraste con el 0.6 % de los hombres. En pocos casos, para las mujeres la pareja aparece en el 48.95 % de los registros, mientras que en los hombres la pareja ni figura.

¿Qué hacer para prevenir los asesinatos de mujeres?

Para las autoras del estudio, la lección más importante que se deriva de los datos es que además de exigir políticas para atender, castigar y prevenir la violencia en la pareja o para erradicar la discriminación por género que persiste en distintos espacios, también se tienen que exigir políticas que hagan frente a la crisis de seguridad más amplia.

Entre ellas, políticas que garanticen un control efectivo de armas; que impulsen la desmilitarización de la seguridad pública, y que fortalezcan a las instituciones civiles “para que realmente sean capaces de responder a la violencia de manera inteligente, focalizada, transparente y justa, desde lo local y de la mano de la comunidad”.

“La realidad cambió y se complejizó y nuestras estrategias tienen que dar cuenta de ello si queremos que ni una mujer más sea privada de su vida”, concluyen.

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Coronavirus: el miedo y la incertidumbre de las familias con enfermedades que no son COVID-19

Hay un complicado dilema en España o Italia: ¿cómo cuidar a familiares de grupos de riesgo sin poder acercarte a ellos, sin poder llevarles a un hospital?
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26 de marzo, 2020
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¿Qué harías si tu médico te dijera ‘ni se te ocurra venir a un hospital’, aunque padecieras una enfermedad tan grave como la leucemia y tuvieras síntomas que requieren atención sanitaria urgente?

Es el caso del padre de la periodista Mónica, que roza los 90 años, pero también el de otras numerosas familias de España o Italia con miembros que sufren enfermedades no relacionadas con el nuevo coronavirus y que hoy están en una situación límite.

La creciente amenaza de la COVID-19 ha puesto a prueba los sistemas sanitarios europeos y provocado un desgarro social no visto en época de paz que, en el caso de los grupos más vulnerables, supone un riesgo añadido.

“Mi padre está acojonado”, dice nerviosa Mónica* al otro lado del teléfono desde Alicante, ciudad costera de España donde la enfermedad aún no ha golpeado con tanta fuerza como sí lo ha hecho en la capital del país, Madrid, o Cataluña.

Sus padres cuasi nonagenarios se encerraron en su vivienda cuando se decretó la alarma, en una localidad cerca a Madrid y a 350 kilómetros de donde vive ella.

Su hermana va a atenderles cuando puede, a pesar de que ella también forma parte de un grupo de riesgo: trabaja en una residencia de mayores.

“Yo, claro, le digo ‘no vayas’, pero ella me dice: ‘¿Qué quieres, que se mueran del virus o que se mueran de pena, de desasistencia?'”

Mónica y su madre.

BBC
Mónica** y su madre.

La vida de su padre, entre vómitos y diarrea desde que el coronavirus llegó a España, depende de que “no pille el bicho”, mientras piensan cómo encarar su enfermedad, para la que necesitan una analítica cada tres meses que les diga cómo ajustar su tratamiento.

“Es una angustia. Una angustia a no pillarlo y a no tratarle el tema ”.

Servicios afectados

Tras el surgimiento de la nueva enfermedad en China, el epicentro de la epidemia se ha desplazado hacia Occidente, con Italia y España como los principales focos, con más de 10,900 muertes y de 105,000 diagnosticados con COVID-19 en total hasta el miércoles.

La situación también empeora en Estados Unidos, donde esta semana el número de infectados escaló hasta superar los 65,000, si bien el número de fallecimientos, unos 900, seguía siendo muy inferior a los registrados en el viejo continente.

Médicos en Madrid.

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España e Italia se han convertido en los países en el centro de la epidemia en Europa y el mundo.

El súbito aumento de los casos en Europa, la escalada de la curva que el gobierno español e italiano tratan de “aplanar”, ha llevado a priorizar la batalla contra la desconocida COVID-19 y derivar o aplazar intervenciones o atenciones en ambos países para no saturar los hospitales o poner en riesgo a pacientes vulnerables.

“Las unidades de cuidados intensivos de pequeños hospitales se están convirtiendo en unidades de cuidados intensivos de COVID-19 para que los grandes centros puedan respirar”, explica a BBC Mundo el enfermero italiano Daniele Mohoric, que trabaja en el hospital de Udine, ciudad al noreste del país.

Mohoric asegura que en su centro la situación aún es manejable, y que han recibido pacientes de la región de Lombardía -la más golpeada- porque allí “no tienen más plazas y tienen que decidir a quién intubar“.

La familia de Adriana, estudiante española, ha sufrido en primera persona el revés de esta crisis: la cancelación de una operación que era su “última esperanza” para atajar el grave problema de corazón de su madre, de 56 años.

“Mi madre tiene mil teclas, una de ellas es que sufre arritmias, se toma medicación pero dejó de funcionar. El año pasado le dio un amago de infarto y hace como dos meses tuvo que volver a ingresar. El fallo lo tiene entre dos venas de muy difícil acceso”, explica con voz calmada y cierta impotencia.

Adriana junto a su madre y su hermana.

BBC
“Admiro a mi madre”, dice Adriana, sobre la actitud que ha tomado su progenitora ante este último desafío.

En cuestión de un año, su madre pasó por tres intentos quirúrgicos que resultaron fallidos y el próximo 23 de marzo iba a someterse a una “técnica nueva” en Valencia, pero llamaron para cancelarla.

“Le dijeron que en su caso mejor no salir de casa, no querían que sufriera ningún riesgo, que cerraban quirófanos y que solo si era muy, muy urgente… Que preferían que se quedase en casa mejor, y que si tenía algún problema, fuera a urgencias”.

Tras superar un cáncer, vivir con diabetes y con cansancio crónico, su familia ahora “reza” por que el coronavirus no se sume a esa lista, aunque su madre, dice, se muestra valiente y con ganas:

“Ella dice que si no la mató el cáncer, ni las 20 pastillas que se toma, ni nada, que esto no va a poder con ella”.

Caso a caso

La situación, no obstante, no es igual en todas partes: hay procedimientos que se siguen realizando con éxito y en la fecha acordada tanto en España como en Italia, según pudo saber BBC Mundo.

Los médicos evalúan caso por caso, teniendo en cuenta los riesgos para el paciente y las circunstancias del centro en cuestión. En algunos, ahora mismo, la prioridad es conseguir material de primera necesidad para prevenir contagios entre pacientes o entre los propios sanitarios.

Los profesionales médicos, a quienes la sociedad aplaude a diario, siguen sumando bajas por coronavirus y en el caso de España la tasa de infección en este grupo es la más alta de todos los países afectados por la pandemia, según la Agencia Efe.

Una médica atendiendo a un hombre.

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Los médicos evalúan caso a caso.

“La situación es muy, muy grave”, subraya Carmine Borraccino, un médico de familia de la ciudad italiana de Turín, en la vapuleada región norteña de Lombardía.

“Los médicos no tienen material, no tienen mascarillas, no tienen nada. Estamos trabajando prácticamente con las cosas que podemos encontrar”.

Borraccino, que viajó a España recientemente para estar con su familia, cuenta que varios profesionales se organizaron para ir a una planta que estaba fabricando mascarillas y comprarlas allí mismo.

Cuarentena en Italia

Reuters
Lombardía impuso nuevas medidas para frenar los contagios.

Desde la comunidad médica, cada vez se escuchan más voces de alarma y preocupación, ante una crisis que les desborda.

“Estoy viviendo la situación más difícil de mi vida”, asegura por su parte Isabel*, una enfermera de Madrid, la zona más azotada por el patógeno en España.

Al otro lado del teléfono, Isabel comienza a hablar con una voz quebrada, confusa, que solo se despeja cuando confiesa: “Me acaban de decir que estoy infectada“.

Isabel ha pasado las últimas dos semanas en primera línea, en una planta dedicada a pacientes con covid-19, entre los miedos, los llantos, la rabia o la angustia de numerosas personas. También los suyos.

“Cuando empezó el boom en China, se veía muy lejano; cuando empezó el foco en Torreón (Madrid), nosotros el personal pedíamos información. No había”, se lamenta la joven.

"Entramos todos los días en habitaciones con pacientes totalmente solos. La sensación es de abandono".", Source: Isabel, Source description: Enfermera en Madrid, Image: Un grupo de enfermeras

La enfermera explica la complicada situación a la que se enfrentan a diario entre las dudas sobre el virus y la falta de equipos, y los riesgos al tratar a pacientes con covid-19 y otros que no lo tienen, pero podrían contagiarse.

Preguntada por estos últimos, recuerda el caso de una mujer “oncológica e inmunodeprimida” a la que atendió con un “miedo terrible“.

La desolación es total cuando ven a los enfermos de covid-19 y otras personas en situaciones graves -como pacientes oncólogos críticos-, en total soledad, aislados forzosamente de todo y todos.

Alerta

La fuerte red sanitaria en ambos países y el gran esfuerzo de los equipos médicos, sin embargo, hace que se sigan manteniendo servicios clave durante la pandemia.

En el caso de pacientes oncológicos, la presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer, Begoña Barragán, asegura que la situación “está controlada”.

“A mí no me consta que se haya parado ningún tratamiento necesario, con todas las medidas de seguridad. No se han interrumpido las radioterapias ni quimioterapias”, afirma a BBC Mundo.

Las consultas “probablemente” se han ralentizado, precisa, pero ahora mismo el problema mayor de estos pacientes es “el miedo y la incertidumbre“.

Familia saliendo a aplaudir

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El miedo y la incertidumbre pesan sobre muchas familias.

Diversas fuentes consultadas por BBC Mundo en España e Italia aseguran que en ambos países siguen en marcha servicios a domicilio para pacientes de cáncer y otras enfermedades o dolencias que requieren seguimiento.

Mi madre pone su vida en riesgo cada día“, cuenta Ambra Albertazzi, de la ciudad de Turín. “Va a casa de la gente, a tratar a pacientes, pero no sabe lo que puede encontrarse”.

A la rutina de la médico ahora se suman las llamadas de temor que cada día recibe y que muestran el nerviosismo de la población ante la desconocida enfermedad.

“La gente está con mucho miedo. Mucha gente lo está pasando muy mal”, destaca su hija.

En España, esta asistencia se concreta a través de la Unidad de Hospitalización a Domicilio (UHD), para la que trabaja Beatriz* en la costa este de España.

Su equipo pasó varias semanas haciendo las pruebas de coronavirus, pero cuando los casos empezaron a aumentar a nivel nacional, “no se daba abasto” y se limitaron las pruebas a los centros.

cartel en España anunciando que no hay mascarillas.

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El desabastecimiento de mascarillas y de otros equipos de protección se ha vuelto un problema en España, Italia y otros países afectados.

Estos profesionales siguen yendo a atender a pacientes que requieren seguimiento, aunque la falta de material también les está afectando.

“Los pacientes que tenemos suelen ser muy delicados, con otras patologías, muchos con problemas respiratorios (…) El otro día visité un paciente con cáncer y cuando yo llegué, se notaba que tenían miedo a que me acercara… No tenía mascarilla“.

Hay profesionales que también han impulsado iniciativas de motu proprio para atender a personas que lo necesiten, como es el caso del oftalmólogo español Javier García Montesinos, que se muestra dispuesto a recibir consultas.

La actividad de algunos profesionales de la medicina se ha visto paralizada inevitablemente, ante el cierre de clínicas y las recomendaciones a no salir de casa si no es estrictamente necesario.

“Solo trabajamos para casos de emergencia, con todas las precauciones. Nuestra actividad diaria se ha suspendido”, cuenta a BBC Mundo Maria Chiara, dentista en un hospital de Milán.

Maria Chiara Francia

BBC
Maria atiende en un hospital de Milán.

Chiara explica que se están esforzando en gestionar las consultas por teléfono para evitar que los pacientes acudan en persona al centro.

La médica hace un doble trabajo, pues se encarga también de atender a personas que viven con VIH, que están en tratamiento antirretroviral y tienen que hacerse una evaluación periódica.

Están asustados“, incide Chiara.

Pese a que la mayoría de pacientes tienen una carga viral “indetectable”, precisa, siguen “teniendo una patología crónica y emocionalmente esto puede influenciar sus miedos”.

Caídas de los transplantes

Otra consecuencia colateral de la actual crisis son los transplantes.

De momento, se siguen produciendo en Italia -según reportan los medios de ese país- y en España, donde hasta el 12 de marzo la actividad se mantenía en niveles más elevados a los del año pasado (con 7,1 donantes y 16 trasplantes diarios), pero se prevéuna caída.

“Desde que se declarara el estado nacional de alarma el día 13 de marzo, la actividad de donación y trasplante se ha reducido, si bien todavía es pronto para evaluar el impacto de la epidemia”, apunta Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes de España.

“Lo previsible es que se resienta de forma importante en las próximas semanas, particularmente en las áreas más afectadas donde las unidades de cuidados intensivos de los hospitales están saturadas por el número de pacientes críticos afectados por COVID-19 que tienen que asistir”, señala a preguntas de BBC Mundo.

Un terrible adiós

En estas circunstancias, una pregunta se repite en todas las conversaciones: ¿cuándo acabará todo esto? Y, sobre todo, ¿cuándo podré volver a abrazar a mis familiares?

“Hasta ahora, la gente está respondiendo de una manera muy importante. La actitud italiana -y creo que también la española- es muy abierta, muy de contacto social, y lo que propicia esta situación es totalmente lo contrario: la peligrosidad del contacto”, reflexiona Angelo*, un psicoanalista de Milán.

Un anciano cruza la calle en silla de ruedas.

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La crisis sanitaria provocó una crisis social insólita en tiempos de paz.

Una de las cosas más traumáticas de este periodo que les ha tocado vivir, destaca a BBC Mundo, es el hecho de que los vínculos familiares se hayan puesto en una situación extrema.

Y es que los españoles e italianos se enfrentan a un gran dilema a diario: cómo ayudar a sus familiares en la lejanía, arriesgándose a no volver a verles nunca más. Incluso a no poder darles el último adiós.

“En Bérgamo, no ha sido posible despedirse de los padres muertos…”, lamenta el psicoanalista italiano. Esto es terrible”.


*Nombres ficticios para preservar la privacidad de los entrevistados.

**Cuando este reportaje estaba ya elaborado, el padre de Mónica presentó síntomas de covid-19 y su situación se agravó, por lo que Mónica acudió a estar con ellos a pesar del aislamiento.

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