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Andrea Vega

Tener un negocio y por fin un empleo, las aspiraciones de los becarios del gobierno

Muchos becarios no tienen claro qué harán cuando se termine el año del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, pero algunos piensan ahorrar e invertir en su propio negocio.
Andrea Vega
23 de mayo, 2019
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Daniel Álvarez, de la colonia Cabestrada, en Zanatepec Oaxaca, está como becario del programa Jóvenes Construyendo el Futuro en una cenaduría, que en realidad es más un puesto grande de antojitos, donde la especialidad son las tlayudas.

Daniel se enteró del programa porque su mamá era agente municipal, una especie de jefe de manzana o de comité vecinal, y en su momento lo enroló como Servidor de la Nación, los voluntarios que hicieron el censo para los programas de Bienestar del nuevo gobierno federal.

Lee: Jóvenes Construyendo el Futuro barren calles, lavan y matan pollos en Zanatepec, Oaxaca

“Yo anduve en eso y pues ya sabía del programa. Cuando me enteré que me podía registrar, fui a comprar una ficha de internet y me inscribí desde mi celular”.

Cuenta que le aparecieron dos opciones. Capacitarse en una planta purificadora de agua o en la cenaduría.

“Escogí la cenaduría de Doña Childa porque a mí me gusta lo de la comida”, dice el joven.

Lee: El joven de 27 años de edad está contento con lo que aprende todos los días en la Cenaduría de Doña Childa.

“Yo me fui cinco años a Colima a buscar empleo allá, estuve trabajando con un señor que tenía una empresa avícola y un restaurante. Su especialidad eran los platillos con pollo. Yo le ayudaba y ahí aprendí y me gustó”.

jovenes

Cuando regresó a su pueblo para casarse con su novia de la adolescencia, Daniel quiso montar un negocio de comida.

“Mi patrón me regaló varias recetas, me dijo, guárdalas y no se las enseñes a nadie porque esto es dinero. Yo monté mi negocito en Tapanatepec, el municipio de al lado, porque es más grande y hay más gente. Era un puestito, pero me estaba yendo bien. Vendía birria de pollo, pollos asados, chuletas, pellizcadas, enchiladas. De ahí salió dinero hasta para mi boda”.

Pero entonces llegó el crimen organizado. “Llegaron a pedirme piso, querían que les diera una cantidad. A la tercera vez se portaron muy agresivos. Ya no volví al negocio. Solo mandé a mi cuñado y a un amigo a recoger lo que se pudo”.

Daniel volvió a trabajar en el campo. En la huertita de mango de su papá, en el cultivo del maíz y en el ajonjolí. “Pero no me gustaba ese trabajo”.

Por eso cuando supo que podía inscribirse en Jóvenes Construyendo el Futuro, aprovechó y buscó la mejor opción.

“Cuando empecé en la cenaduría solo nos ponían a picar cebolla, después a mí ya me empezaron a enseñar el punto exacto de la cocción de la carne para las tlayudas. Yo de cocina ya sé muchas cosas, no es que esté aprendiendo mucho, pero voy a ahorrar, para comprar sillas y mesas”.

Daniel confiesa que él sí le va a hacer competencia a su tutora, Doña Childa, cuando finalice su año de capacitación.

“Sí, yo sí voy a poner mi negocio de comida, aquí en el patio. A ver cómo me va. La gente sí compra antojitos aquí, sobre todo en tiempo de cosecha de mango, la gente tiene su dinerito para gastar. A mí ya me piden pollos asados o en birria, y se los hago. Así que voy a comprar mis mesas, mis sillas con lo que ahorre de la beca y a ver cómo me va, al fin acá, en Zanatepec, todavía no se ve eso de la extorsión”.

Daniel dice que no todos los becarios que están en la cenaduría, siete en total, piensan como él.

“Hay siete muchachos en el puesto, 4 hombres y 3 mujeres. Los demás no están pensando qué hacer cuando se acabe el año de beca, ellos están por el dinero y ya”.

Lee: ‘No estoy en mi área, pero es experiencia’: Las fallas del programa Jóvenes Construyendo el Futuro

Reciclando PET

Cristian Torres Trujillo eligió un negocio de reciclaje para capacitarse. Se enteró del programa porque la presidenta municipal de Zanatepec lo anduvo promocionado.

Asegura que le está yendo bien en su capacitación y que hay buenas perspectivas con su tutor.

“Es un pequeño centro de reciclaje. Somos cuatro becarios y nos toca separar las botellas por colores: verde, azul, blanca y contaminada (las que tienen cloro, downy o pino). Las separamos y las metemos así a la máquina de donde salen las pacas que se envían a la Ciudad de México”.

Antes de convertirse en becaria de este programa estrella de la administración federal, Cristian, de 28 años y con la preparatoria terminada, estaba ocupada en las labores de la casa.

Está casada desde hace cinco años, pero no tiene hijos. Su marido se dedica al corte del mango cuando es temporada o haciendo lo que se puede el resto del año.

“Aunque estudié hasta la prepa, acá no hay trabajo. Ahorita el señor, el tutor, pues no tiene más empleados, solo nosotros los becarios, que somos cuatro y van a llegar dos más, porque si no hay este programa pues no dan trabajo, porque no hay para la paga. Ahorita el señor nos dice que va a tratar de conseguir un apoyo del gobierno para crecer el negocio, para con el plástico reciclado hacer bolsas y palanganas, y que si lo logra nos puede dar empleo a todos, yo espero que sí, estaría bueno”.

Leer: Con 27 mil vacantes, arranca este jueves en Tlalnepantla el programa Jóvenes Construyendo el Futuro

Ese es el plan de Cristian para cuando termine su año de capacitación: quedarse a trabajar en la recicladora, pero eso depende de que le otorguen el apoyo gubernamental a su actual tutor.

“Acá hay muchos muchachos que quieren trabajar bien, que quieren aprender cosas, son listos, son movidos, pero pues muchos apenas llegaron a primaria a secundaria y no hay trabajo, pero ojalá que se les pudiera ayudar más, traer proyectos productivos”, dice Nilma, la agente municipal del Ejido 20 de Noviembre, de Tapanatepec.

Nilma cuenta que ella quiso registrarse como tutora del programa y tener becarios para que le ayudaran a reforestar o cultivar a la orilla de las vías por donde pasa la Bestia, pero no tuvo buena suerte.

“A la mejor podemos lograr que les impartan talleres para que aprendan a cultivar con técnicas de agroecología, porque acá en la zona se sembraba mucha sandía, solo que ya la tierra se agotó de tanto químico que le echan, pero la podríamos recuperar, sembrar otras cosas con el apoyo de los muchachos, nada más que no me han aceptado como tutora, quién sabe por qué”.

Investigarán cualquier tipo de abuso

Diana Núñez, coordinadora de programas de Bienestar en Zanatepec, afirma que en todos los casos están analizando qué tipo de capacitación están recibiendo los jóvenes inscritos en este municipio con poco más de 14 mil habitantes, de los cuales 67.2 % viven en situación de pobreza y 14.6% en pobreza extrema, de acuerdo con cifras del Coneval.

Entrevistada por Animal Político reconoce que ya dieron de baja a dos tutores que pusieron a barrer y lavar trastes a sus becarios, en tanto hay otros dos casos en los que detectaron “abusos” en la forma de actuar de los tutores con los jóvenes. Específicamente  en un negocio relacionado con motocicletas y una miscelánea que ya fueron dadas de baja.

Leer: Los jóvenes que integran el bono demográfico de México tienen un futuro poco alentador, advierte ONG

De acuerdo con Núñez, para evitar este tipo de abusos organizará frecuentemente rondas de verificación con los tutores y becarios, para corroborar que se estén capacitando correctamente los muchachos.

“Si les sirve lo que aprenden y cómo los tratan”.

En relación a la selección de los perfiles de negocios y tutores que han solicitado los servicios de becarios, como es el caso de la Cenaduría Doña Chila y los casos que han sido dados de baja, la coordinadora del programa asegura que no está entre sus responsabilidades seleccionarlos, pues eso es decisión de la Secretaría del Trabajo a nivel federal.

Sin embargo, sostiene que en el caso de la cenaduría revisarán que no exista ningún tipo de abusos o mal trato para los becarios.

“Vamos a revisar si es adecuado que tengan tantos jóvenes como becarios y qué están aprendiendo“.

Animal Político buscó una entrevista con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) para conocer sobre los criterios utilizados para la selección de los tutores en este municipio, pero hasta el cierre de esta edición no se pudo tener una respuesta.

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Olimpia intentó suicidarse cuando se hizo público un video sexual, ahora una ley lleva su nombre

Cuando un video sexual en el que aparecía se hizo público, Olimpia Coral Melo pensó quitarse la vida. Pero, después se dio cuenta que vivir su sexualidad no era el problema. El problema era que lo hubieran compartido sin su permiso. Con este principio promovió una ley que ha sido aprobada en 11 estados de México.
26 de septiembre, 2019
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Olimpia Coral Melo Cruz tenía 18 años cuando un video sexual acabó con su reputación de “niña promesa”.

Todos en su pequeña ciudad, Huauchinango, en Puebla, en el centro de México, hablaban del video en el que ella salía desnuda.

La conocían como “la gordibuena de Huauchinango”, una forma despectiva de definir al cuerpo de una mujer con curvas.

Su novio, con quien llevaba 6 años y con quien había hecho el video, pero que no se identificaba en el mismo, negó que fuera él quien lo divulgó.

Olimpia se encerró en su casa por 8 meses e intentó suicidarse en tres ocasiones.

Pero, después de un largo proceso, entendió que ella era la víctima de un tipo de violencia, aunque tardó en identificarla.

Estudió sobre el tema y escribió una iniciativa de ley.

Ahora, respaldada por mujeres de todo México, ha logrado que la ley de delitos contra la intimidad sexual, conocida como “Ley Olimpia”, se aprobara en 11 de los 31 estados de México.

Y está siendo discutida en la capital del país.

Esta es su historia contada en primera persona.


Olimpia en un Congreso estatal.

Olimpia Coral Melo
Ahora su nombre es relacionado con la “Ley Olimpia” que regula los delitos contra la intimidad sexual en el código penal.

Cuando tenía 18 años grabé un video sexual con un novio con el que llevaba 6 años.

No sé cómo ese video, en el que se veía mi cuerpo desnudo pero no se identificaba a mi novio, empezó a pasarse por WhatsApp.

La gente hablaba de mí. Y mi novio me dejó sola. Negó que era él porque le daba vergüenza.

Así la gente empezó a especular con quien me acostaba.

Un periódico local se vendió como pan caliente con una portada en la que decían que yo, una chica que tenía futuro, “estaba quemada en las redes sociales”. Lucraron con mi cuerpo.

Cada día me llegaban a mis redes sociales solicitudes de hombres que me pedían sexo.

Me empezaron a llamar “la gordibuena de Huauchinango”. Y después, cuando el escándalo se hizo más grande, “la gordibuena de Puebla”.

Women in Puebla protesting against the murder of women. The sign reads "No more violence against women ." (17/09/2017)

Reuters
Según estudios, el 63% de las mujeres mexicanas mayores de 15 años ha sufrido algún tipo de violencia.

Sentí que mi vida había terminado. Me encerré en mi casa durante 8 meses y no me atrevía a salir.

Era muy joven y no sabía a quien acudir, cómo denunciar.

Y para colmo, todo había pasado en el ámbito digital, así que parecía que nada había pasado.

¿Cómo me iba a defender si yo misma había grabado el video?

Quise suicidarme en tres ocasiones. En una de ellas estuve a punto de tirarme de un puente cuando por suerte pasó un amigo y se bajó del coche en el que iba a preguntarme cómo estaba.

No sé si él se dio cuenta, pero me salvó la vida.

Mi madre, que no usaba internet, no sabía del video y yo pensé que iba a tardar en descubrirlo. Le dije que existía un rumor sobre un video, pero que no era yo.

Mujer

Getty Images
Olimpia dice que su “segundo viacrucis” comenzó cuando intentó acceder a la justicia. No había una ley que penara compartir contenido íntimo sin autorización.

“Sólo disfrutaste tu sexualidad”

Pero un domingo en el que estaba reunida toda mi familia en la casa, mi hermano, de 14 años, llegó de la calle y aventó su teléfono en medio de todos.

“Ese video de mi hermana sí existe y sí es Olimpia”, dijo.

Mi mamá se puso a llorar.

Fue el día más triste de mi vida. Yo me abalancé a los pies de mi mamá y le pedí perdón de rodillas a ella y a toda mi familia. Me sentía culpable.

Les dije que quería morirme, que me ayudaran a morirme.

Pero mi mamá, una mujer de una comunidad indígena que no había terminado ni la educación secundaria, que no sabe ni escribir, me sorprendió.

Me levantó la cabeza y me dijo viéndome a los ojos: “Todas cogemos. Tu prima coge, tu hermana coge y yo también. La diferencia es que a tí te ven coger. Eso no te hace una mala persona o una delincuente”.

Informe APC 2014

Informe APC
Cómo afecta la violencia “virtual”.

Yo quedé en shock.

Mi mamá continuó. “Tú sólo disfrutaste tu vida sexual -como lo hace cualquier persona- y hay una prueba de eso. Vergüenza sería que hubieras robado o matado. Incluso maltratado a un perro”.

Ahí conocí la sororidad, que las mujeres somos muy poderosas.

Aunque, soy consciente de que no todas las jóvenes tienen la ventaja de tener una madre como la mía, que me apoyó en esos momentos tan duros. La mayoría son rechazadas por sus familias, en sus centros de estudio o trabajo por el simple hecho de tener una vida sexual.

Mi madre desconectó el teléfono y el internet de la casa. Me protegió del mundo exterior. Me hizo saber que ahí dentro estaba segura.

Pero la gente fuera hablaba de mí. Venían a tocar la puerta de mi casa y a decir que se habían enterado del video.

Yo sólo me escondía.

Queremos estar seguras también en internet.

Olimpia Coral Melo
La joven dice que no es solo una reforma, sino una causa. “Queremos que se sensibilice, se prevenga y se erradique esta violencia”, asegura.

La gente no tiene idea de lo que causa ese tipo de violencia. Limitan tu libertad, tu intimidad, tu movilidad, tu vida. Y tú lo aceptas porque crees que eres culpable.

Por eso acceder a la justicia es casi imposible.

Cada “like” a esas publicaciones es una agresión, cada “me gusta” es un golpe. Cada vez que alguien comparte contenido íntimo de una persona que no lo permitió es como una violación.

A mí no me penetraron, pero me estaban violando, porque utilizaban mi cuerpo. Digitalizado, sí, pero mi cuerpo al fin.

Yo pensaba que nunca más iba a volver a salir de mi casa. Solo veía el mundo por una ventana.

Pero dos cosas me hicieron salir de ahí.

Una, que un amigo me llamó y me pidió que viera las páginas donde se burlaban de otras mujeres.

“Para que veas que no eres la única, que se burlan de otras solo porque sí. Tú sabes oratoria y tienes una voz. Tienes que hacer algo con eso”, me insistió mucho.

niña usando computadora y cubriéndose la cara.

Getty Images
Muchos videos íntimos son compartidos en internet sin el consentimiento de las mujeres.

En esas páginas me di cuenta que se burlaban de mujeres por tener cejas grandes, por ser rubias, por flacas, por todo.

“No puede ser”

Pero, lo que me indignó más fue que había una fotografía de una chica con síndrome de Down. Alguien comentó en esa foto que no importaba su cara, que podría ser utilizada sexualmente.

Ahí fue cuando dije “no puede ser”.

El otro evento que me hizo cambiar fue que en el mismo periódico que se habían burlado de mí, publicaron el caso de una mujer que se había robado 40 pares de zapatos.

Y cuando estaba asomada a la ventana, vi a esa mujer pasar.

Iba con un vestido amarillo despampanante que brillaba bajo el sol radiante. Todo mundo la criticaba. La mujer de la florería guardo sus flores, como si se le fueran a marchitar.

Primero pensé que no iba a salir para que no me hicieran lo mismo a mí.

Lo virtual es real, dice una pancarta en un congreso estatal de México.

Frente Nacional para la Sororidad
Olimpia Coral asegura que aunque la violencia suceda en internet, afecta en la vida real a sus víctimas.

Pero luego me pregunté “si ella que sí robó sale a la calle, ¿por qué yo no?”

Lo que hice fue contra mí misma, no dañé a nadie más.

No tenía ninguna teoría feminista, pero empecé a entender que yo no tenía la culpa.

Ese mismo día pedí que me llevaran al Ministerio Público a poner una denuncia.

Segundo viacrucis

Pero, ahí, intentando acceder a la justicia empezó mi segundo viacrucis.

El oficial encargado de atenderme me pidió ver el video. Y empezó a reírse.

Por primera vez alguien lo veía en mi cara y yo veía como me sabroseaba.

“No estabas ni borracha, ni drogada, ni te violaron. De acuerdo al código penal no hay delito”, me dijo.

Salí muy enojada de ahí.

mujer usando computadora

Getty Images
“Queremos que existan las condiciones para que las mujeres dominemos las tecnologías y así prevenir la violencia digital”, dice Olimpia.

Me dormí pensando y me desperté pensando “¿cómo que no hay delito?”.

Empecé a contactar a otras chicas que habían sido exhibidas en internet.

Les expliqué que no tenía ni idea de cómo se llamaba ese delito, que no tenía ni idea de qué íbamos a hacer, pero que teníamos que hacer algo.

Pero poco a poco fuimos poniendo las cosas en claro. Hicimos un proyecto de reforma para Puebla.

Muchos me aconsejaban que mejor no lo hiciera. Que significaba que tendría que aceptar mi video.

Pero ya todos me conocían y conocían mi cuerpo desnudo.

Yo sabía que para mí eso no iba a traer justicia, porque la justicia no es retroactiva.

Pero, pensé en todas las chicas a las que les estaba pasando eso, en todas las que como yo estarían pensando suicidarse.

El primer nombre que le pusimos fue Reforma para reconocer la violencia sexual cibernética y lo presentamos en un foro de propuesta ciudadana.

11 estados de México han aprobado la Ley Olimpia.

Olimpia Coral Melo
Estados de México donde se ha aprobado la Ley Olimpia.

Cuando entré al Palacio Municipal de Puebla todo mundo comenzó a cuchichear.

Era marzo del 2014. Yo apenas tenía 19 años.

Les dije que yo era Olimpia “la gordibuena de Huauchinango”, que era mi video sexual y que había más víctimas de este tipo de violencia.

Demostré con capturas de pantalla que algunos que estaban allí habían compartido y dado “like” a mi video en redes sociales. “Ustedes son los delincuentes, no yo”, les dije.

A mí ya no me da vergüenza tener dos senos. A mi ya no me avergüenza vivir mi sexualidad.

Ese momento me empoderó mucho.

La página de Facebook que había compartido mi video cerró “por culpa de una loca”.

Pero el camino todavía era largo. Un diputado dijo que no podía apoyar mi ley porque sería “avalar la putería”. Fue hasta 2018 que se aprobó la reforma de delitos contra la intimidad sexual en el código penal.

Frente Nacional para la Sororidad.

Frente Nacional para la Sororidad
El Frente Nacional para la Sororidad apoya a mujeres que han sido víctimas de violencia en internet.

La ley integral son tres reformas. Implica que se reconozcan los delitos contra la intimidad, o sea la difusión de contenido íntimo sin consentimiento; el ciber acoso, que es violencia sexual en internet y por último, la ley de acceso.

Esta última es para que las instituciones se concienticen sobre cuales son los derechos sexuales y qué es la violencia y que lo hagan saber a los ciudadanos.

Por ejemplo, muchos creen que sexting es la violencia. Pero están equivocados: el sexting es un derecho sexual. El delito es compartirlo sin consentimiento.

Independientemente que lo acepten moralmente o no, las instituciones deben decirle a los jóvenes cómo tener una vida online sexual segura.

Así que después de años de intentos, la ley se aprobó en Puebla, que era mi meta.

Pero después se fue aprobando en otros estados de México. Hoy, los distintos puntos de la reforma han sido aprobados ya en 11 estados.

Dos mujeres inmigrantes en Estados Unidos sosteniendo unas velas

Getty Images
Las denuncias por abuso o acoso sexual son comunes en México.

Pero, no es solo una reforma, sino una causa. Queremos que se sensibilice, se prevenga y se erradique esta violencia.

Queremos estar seguras en internet. Que quede claro que lo virtual es real.

Con un grupo de mujeres creamos el Frente Nacional para la Sororidad, que atiende casos y tratamos de que existan las condiciones para que las mujeres dominemos las tecnologías y así prevenir la violencia digital. Queremos que las víctimas no se sientan solas.

La reforma se empezó a conocer como “ley Olimpia” cuando una periodista lo puso así en una nota.

Primero yo me reí, pero luego me di cuenta que para mí, lejos del reconocimiento, es una cuestión de deconstrucción.

Ya no soy “la gordibuena”. Ahora mi nombre se asocia a una ley que pena los abusos en internet.


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https://www.youtube.com/watch?v=JpWiPF_rmY0

https://www.youtube.com/watch?v=qBLdD0RsGHI

https://www.youtube.com/watch?v=HT9u-MOrhXU

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