¿Qué aprenden? ¿Sí les sirve el programa? La experiencia de los Jóvenes Construyendo el Futuro
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Foto: Andrea Vega

¿Qué aprenden? ¿Sí les sirve el programa? La experiencia de los Jóvenes Construyendo el Futuro

Más de millón y medio de personas de entre 18 y 29 años han respondido a la convocatoria del gobierno federal para vincularse con un centro de trabajo, donde puedan capacitarse.
Foto: Andrea Vega
13 de mayo, 2019
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Wilbert Caamal Cauich buscó trabajo durante ocho meses después de que egresara de la licenciatura en Tecnologías de la Información y la Comunicación de la Universidad Tecnológica de Candelaria, en el municipio del mismo nombre, en Campeche. Nadie le dio empleo por no tener experiencia.

“Hasta entré a una como capacitación, que duraba tres meses, como asesor telefónico para ver si me podía emplear después en una mesa de control. Pero como no me pagaban y solo estaba gastando en pasajes y comida, ya no la terminé”. Se enteró entonces por promocionales en la televisión del programa del gobierno federal Jóvenes Construyendo el Futuro, y se inscribió.

Leer: Con 27 mil vacantes, arranca este jueves en Tlalnepantla el programa Jóvenes Construyendo el Futuro

Como becario de ese programa, Wilbert está capacitándose en la organización de la sociedad civil Muuch Kambal, que trabaja para detener la deforestación y el uso de agroquímicos en la península de Yucatán, así como para proteger y fomentar la apicultora, la agroecología, los saberes y la cultura maya, pero también los derechos de las comunidades y la salud.

Del desempleo pasó a colaborar en una organización que, según dice, le ha permitido replantearse su futuro y descubrir su comunidad, además de que ha podido capacitarse en fotografía y video.

Pero la suerte de Wilbert no la comparte Erika Ortiz, una abogada que egresó hace casi un año de la Universidad Autónoma del Estado de México, y quien hoy trabaja en Embotelladora Las Margaritas, de Coca Cola, como promotora de ventas.

Este trabajo significa visitar entre seis y doce clientes de la refresquera cada día. Le toca limpiar los refrigeradores, hacer el “frenteo” (acomodar el producto para que tenga buena vista) y también le informa al tendero sobre las promociones y los faltantes, y lo anima a hacer el pedido.

Sabe que de poco le servirá la experiencia que adquiera este año, pero no ha encontrado trabajo en su área y no había otras opciones en este programa.

Hay trabajo, pero en qué

El programa Jóvenes Construyendo el Futuro, uno de los más importantes del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, a cargo de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social (STPS), ofrece a personas de entre 18 y 29 años que no estén trabajando ni estudiando vincularlos con una empresa u organización, donde recibirán capacitación por un año. También les otorga una beca de 3 mil 600 pesos al mes y seguro médico en el IMSS.

Su objetivo es que los participantes adquieran experiencia en un puesto de trabajo y después puedan acceder a un empleo en otro lado, o se queden a laborar en la empresa donde recibieron la capacitación, si es que al final deciden contratarlos.

Leer: Los jóvenes que integran el bono demográfico de México tienen un futuro poco alentador, advierte ONG

Esta primera definición le acarrea una primera crítica: El problema con el programa de México, además de que no está acotado por sector es que pretende apoyar, con la misma estrategia, a todos los jóvenes que no estudian y no trabajan, pero en México esas personas no son las de menor nivel educativo, “la desocupación se concentra en la población joven y en la más escolarizada”, según dice Mauricio Padrón, especialista en mercados laborales y desigualdad del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, y coautor del análisis La nueva política de promoción del empleo.

“Cuando se crea un programa de este tipo, las alianzas que se hacen con las empresas provocan este desfase entre puestos y perfiles, porque las compañías necesitan personas para trabajar en áreas como ventas o atención al cliente, y la población que envían como parte del programa tiene un perfil académico más alto”, explica.

Lo que sucede, agrega Padrón, “es que los jóvenes se insertan a trabajar, en el marco de estos programas, en empleos que no son los que les interesa mantener en el largo plazo y para los que no estudiaron. Los aceptan porque los necesitan, pero cuando el programa termine qué va a pasar. Esa experiencia no les va a servir para encontrar un empleo acorde a su perfil de formación ni para sus aspiraciones”.

Así, solo se termina reproduciendo, y legitimando, una dinámica que ya existe en el mercado de trabajo, “porque igual si no estuviera el programa, esos jóvenes con nivel licenciatura estarían haciendo cosas relativamente parecidas (en puestos de ventas y atención al cliente), pero el Estado no está para legitimar esas situaciones”.

De acuerdo a datos del INEGI, la mayor tasa de desocupación, de 6.8, se concentra en el grupo de 15 a 19 años; le sigue el de 20 a 29, con 6.1, después va descendiendo hasta llegar a 1.9 para quienes tienen de 50 a 59 años. De los grupos más jóvenes, el más afectado es el que tiene estudios de nivel preparatoria o superior, con 4.3, cuando para los que apenas tienen primaria es de 1.4.

Así es el proceso

Los jóvenes interesados se registran en la pagina www.jovenesconstruyendoelfururo.stps.gob.mx, donde les piden sus datos generales: nombre, edad, nivel de estudios, y una serie de documentos como CURP, INE y comprobante de domicilio. Después deben elegir una cierta distancia entre su casa y el centro de trabajo, pero sin límite establecido.

Horacio Duarte, subsecretario de Empleo de la STPS, quien tiene a cargo el programa, explica que en la plataforma, el joven puede ir modulando los kilómetros a la distancia de su domicilio, y va viendo opciones. “Entre más cierre el rango, la probabilidad de vacantes es menor; entre más lo abra, verá más opciones. Él decide. Al principio lo acotamos a cuatro kilómetros de búsqueda. Pero eso bajaba las vinculaciones: así que lo abrimos, y se empezó a mover todo porque los jóvenes sí se arriesgan a ir lejos”.

Las empresas interesadas deben ingresar a la misma plataforma. Lo que se les pide es RFC, nombre comercial, nombre legal, domicilio fiscal y comercial, nombre del representante legal, datos de contacto; así como documentos legales de constitución de la empresa, poder, tres fotografías del lugar donde van a estar los becarios y el plan de capacitación. Además deben nombrar tutores expertos por área.

A los jóvenes ya validados les aparece una lista de lugares donde pueden capacitarse. Las opciones aparecen de acuerdo al perfil del becario y la distancia seleccionada respecto a su domicilio, con el centro de trabajo, así como el perfil solicitado por la empresa.

Cuando el joven selecciona un centro, la plataforma les pide esperar a que la compañía se comunique para acordar una entrevista, en la que el aspirante conocerá las instalaciones y tendrá oportunidad de conocer más del plan de capacitación, y a su tutor.

Cada mes, los tutores deben presentar, en la misma plataforma del programa, una evaluación del desempeño de los becarios y estos de cómo se han sentido y en qué los han capacitado en el centro de trabajo. Al final de la capacitación, el becario recibirá una certificación, que avalará lo aprendido.

La meta del programa es atender a 2 millones 300 mil personas, que no estuvieran estudiando ni trabajando. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho en diversos foros que ésta es una apuesta por los jóvenes, a quienes los gobiernos anteriores no les había dado una oportunidad real y solo los estigmatizaron como “ninis”.

Los testimonios de una veintena de becarios entrevistados por Animal Político confirman que, en efecto, si no estaban trabajando era porque en todos lados les pedían experiencia laboral y ellos no tenían. Entre los aspirantes hay también jóvenes que se quedaron sin poder entrar a una universidad y están esperando un nuevo ciclo de exámenes, así como madres solteras y mujeres que estaban ocupadas en labores del hogar.

Los tutores aseguran que la experiencia con los becarios ha sido positiva. “Yo pensé que nos iba a llegar gente sin oficio, ni beneficio, pensé que vendrían de los chavos que pierden el tiempo en la esquina y no, todos son estudiados, hasta ingenieros, y trabajan muy bien, son muy copartícipes, muy empáticos”, dice José Dagoberto García, tutor de cinco becarios, en Embotelladora Las Margaritas de Coca-Cola.

David Alvarado, fundador y director de Producciones 33 y Par64, dos pequeñas empresas de reciente creación, dedicadas a la gestión cultural, donde hay 18 participantes de Jóvenes Construyendo el Futuro, coincide en el buen desempeño de los becarios. “Estoy muy a gusto con su trabajo, los veo muy bien, muy participativos, realmente solo les faltaba experiencia y una oportunidad”, asegura.

Hasta el 10 de mayo había ya, de acuerdo a números de la plataforma del programa, donde se pueden consultar los avances en tiempo real, 503,117 becarios vinculados con un lugar para capacitarse, el 69.1% en empresa, 23.7% en una institución de gobierno y 7.2% en una organización de la sociedad civil. Del total de vinculados, 57.8% son mujeres, 42.2% son hombres. 43% tiene nivel preparatoria y 20% tiene licenciatura terminada.

La única oportunidad

Cuatro becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro se integraron a Muuch Kambal en tres áreas, más o menos acorde a su carrera profesional: agricultura, organización y salud y comunicación.

Wendy Bazán, integrante de la organización, y quien llevó todo el proceso para inscribirla en el programa, cuenta que cada área hizo su plan de capacitación, detallado con actividades mensuales, y así se subió a la plataforma. Para cada área se asignó un tutor experto en los temas. Con Wilbert, por ejemplo, está Robin Canul, egresado de periodismo y comunicación y quien lleva toda esa área dentro del colectivo.

Wilbert dice que está aprendiendo mucho. El joven vive en Bolonchén, en Campeche y es de familia maya. Desde siempre supo de los problemas que las comunidades indígenas enfrentan allá: la deforestación y contaminación de sus territorios por la agricultora intensiva y los agroquímicos, la pérdida de su lengua y su cultura a causa del racismo, la pobreza y la violación constante a sus derechos humanos.

Él lo sabía, lo había mirado de cerca, pero no le había puesto atención. Ahora todo eso lo tiene muy claro y no le gusta. Lo quiere cambiar. “La otra vez hicimos una visita a un campo enorme de los menonitas, donde cultivan soya, es un terreno inmenso. Antes eso era selva y ahora ya solo se ven máquinas y soya. Es impresionante cómo lo deforestan todo. Yo claro que había vistos campos de cultivo antes, pero más pequeños y no tenía la conciencia que tengo ahora sobre lo que representan”, dice.

Lo que Wilbert no había visto nunca, aunque sabía que pasaba, era una avioneta rociando agroquímicos. “En una visita a otra comunidad me tocó verla. Pasan rociando cerquísima de los campos de otros pequeños agricultores, de las casas de la población. Lo contaminan todo. Yo sabía eso, pero ya verlo es otra cosa”.

El joven dice que lo que más le gusta de lo que está haciendo ahora es atestiguarlo todo, ir a las comunidades, andarlas, hablar con la gente, escuchar de primera voz y ver a primera vista los problemas que les preocupan. “Me quiero quedar a trabajar en la organización y seguirlos ayudando, me han dicho que quizá se pueda, pero dependen siempre de los recursos que tengan”.

Abraham Cahuich, es otro de los becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro que está en Muuch Kambal. Él estudió ingeniería forestal en la Universidad Tecnológica de Chiná, en Campeche. Estuvo en un empleo temporal, por seis meses, como promotor extensionista de Semarnat. Pero para entrar a uno fijo le pedían en todos lados experiencia mínimo de un año; así que se puso a ayudarle a su familia con la siembra y las abejas, en el lugar donde viven, el Rancho Xcalot Akal, en el municipio de Hopelchen, hasta que se enteró, por redes sociales, del programa federal y se inscribió. 

“No fue nada difícil el proceso para inscribirme. Puse mis datos, sí me tardé unos tres días en subir los papeles, mientras los reuní. En cuanto terminé de subirlos, me apareció en la plataforma que ya estaba validado y las opciones de centros de trabajo, eran tres, una refaccionaraa, otra asociación y Muuch Kambal, me gustó lo que leí que hacían, vi que el plan de capacitación, detallado por mes, estaba muy acorde a mi carrera y la elegí”.

A la semana de que eligió la vacante, lo llamaron para la entrevista, le presentaron lo que hace la organización y le propusieron integrarse al área de agroecología. Empezó su capacitación el 18 de febrero. “Tenemos un plan de trabajo por semana. Vamos a las comunidades con los productores, con grupos de señoras, vemos qué tienen en sus huertos, si las plantas tienen alguna enfermedad, y les recomendamos productos, pero todo orgánico”.

Abraham comenta que está aprendiendo a trabajar con microorganismos de montaña para utilizarlos en lugar de los agroquímicos, “que se usan mucho en las comunidades, pero causan mucho daño y merman las finanzas de los agricultores porque son muy caros”.

En Muuch Kambal Abraham se capacita en reproducir los microorganismos y convertirlos a sólido o líquido para aplicarlo a las plantas, por ejemplo al maíz, “se les aplican como fertilizantes naturales, pero también para el control de plagas y todo de manera natural, sin químicos, así se logra una producción orgánica. Queremos que los productores se den cuenta que hay otra forma de producir, que respeta el ambiente, y les ahorra hasta 30% de costos”.

El joven admite que aunque desde niño ha estado trabajando en el campo con su familia, él no sabía de esa otra forma de producción. De pequeño aprendió la manera que parece más fácil: comprar todos los químicos. “Había escuchado de esta forma orgánica de cultivar, pero no la conocía a fondo, ahorita estoy metido de lleno en el proceso de recolección y producción de microorganismos sólidos, después me capacitarán en los líquidos”.

Desarrollando nuevas capacidades

El tutor de Abraham es Óscar Chan Dzul, experto en agroecología. “Lo que estamos haciendo es capacitar a los becarios no solo en lo técnico, como nosotros hacemos mucho trabajo logístico y de organización comunitaria, también los involucramos en eso. Todo lo hacemos muy práctico. Nosotros andamos en campo, con comunidades, desde que amanece y ellos andan con nosotros”, cuenta el tutor.

Los becarios participan en los talleres que Muuch Kambal imparte para las comunidades y ahí se empapan también de la teoría. “A Abraham lo veo muy bien, muy involucrado, además conoce bien el entorno social, cómo se mueve la cosa con las autoridades comunitarias e intercambiábamos con él tips de cómo se maneja la comunidad, las dinámicas, eso nos ayuda mucho. Es muy participativo, hace lo que tiene que hacer y un poco más. Creemos que podría quedarse acá con nosotros a trabajar, pero siempre tenemos el problema de los recursos”.

(Al centro de camisa azul) Óscar Chan Dzul, uno de los tutores de los becarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro.

Abraham dice que sí le gustaría quedarse en la organización y que hará lo necesario para eso, pero sino, por lo menos al finalizar la capacitación ya tendrá el año de experiencia que le piden en otros lados para emplearlo y todo el conocimiento de una nueva forma de trabajo en su área.

“Para nosotros –dice Leydi Pech, integrante de Muuch Kambal– los becarios no son jornaleros ni nuestros mandaderos, y no vienen nada más a trabajar, realmente nos interesa capacitarlos. Queremos desarrollar más capacidades locales en las áreas donde buscamos incidir y generar oportunidades para los jóvenes, porque acá hay pocas, y tienen que migrar. No queremos eso, queremos que se queden, hagan algo que les guste y que ayude a su región”.

La activista dice que no sabe si los becarios puedan quedarse a trabajar en la organización, porque tienen pocos recursos, “pero otra opción es que podemos darles acompañamiento si ellos deciden formar un colectivo nuevo de jóvenes, nosotros podemos ayudarlos en eso. Igual queremos involucrarlos en la apicultura y agricultura y ahí también pueden generar sus propios empleos”.

Pech confirma que sí buscarán tener más becarios el próximo año, para capacitar a más jóvenes y porque creen que el programa es una buena opción para darles una oportunidad a los muchachos. “Pero ojalá que el gobierno cuide el programa, porque con esto se puede prestar a que a los jóvenes solo se les use para aprovechar su trabajo, sin que aprendan algo que les sirva para un proyecto de vida, en el que apliquen lo de su carrera y se sientan plenos”.

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Qué tan cerca están las grandes potencias de la creación de "supersoldados"

¿Está China tratando de hacer su propia versión del Capitán América? La inteligencia estadounidense así lo ha sugerido. Y China no es la única potencia interesada.
15 de febrero, 2021
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Con bolsillos profundos y el deseo de sacar ventaja, los ejércitos del mundo a menudo han impulsado la innovación tecnológica, desde lo más moderno hasta lo más sencillo.

Un ejemplo es la cinta adhesiva, el resultado de una sugerencia de un trabajador de una fábrica de artillería de Illinois que tuvo hijos que sirvieron en la marina durante la Segunda Guerra Mundial.

Preocupado por los soldados bajo fuego que tenían que manipular la endeble cinta de papel que se usaba para sellar las cajas de municiones, a Vesta Stoudt se le ocurrió una solución: una cinta de tela impermeable.

No pudo ganarse el apoyo de sus supervisores, pero tuvo más éxito cuando le escribió al presidente Franklin D. Roosevelt, quien instruyó a los productores de guerra para que hicieran realidad su idea.

Y si la necesidad militar puede darnos una mejor cinta adhesiva, ¿qué más es capaz de hacer?

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BBC

Al anunciar una nueva iniciativa en 2014, el entonces presidente Barack Obama les dijo a los periodistas: “Básicamente, estoy aquí para anunciar que estamos construyendo a Iron Man“.

Hubo risas, pero hablaba en serio: el ejército estadounidense ya había comenzado a trabajar en el desarrollo de un traje protector, conocido como Traje de Operador Ligero de Asalto Táctico (Talos).

Un video promocional similar a un videojuego mostraba a un usuario irrumpiendo en una celda enemiga mientras las balas rebotaban en la armadura.

Iron Man no llegó a ser: cinco años después, la iniciativa terminó. Pero los fabricantes esperan que los componentes individuales del traje tendrán otros usos.

El exoesqueleto Talos en un video promocional.

USSOCOM
El exoesqueleto Talos en un video promocional.

Los exoesqueletos son solo una de las tecnologías prometedoras que los ejércitos están explorando para mejorar sus soldados.

Esta ambición no es nada nueva: desde la antigüedad, las tropas se han estado reforzando gracias a avances en armamento, equipo y entrenamiento.

Pero hoy estamos hablando de mucho más que simplemente darle a un soldado una mejor arma. Podría significar alterar al mismo soldado.

En 2017, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, advirtió que la humanidad pronto podría crear algo “peor que una bomba nuclear”.

“Uno puede imaginar que un hombre puede crear un hombre con algunas características dadas, no solo en teoría sino también en la práctica. Puede ser un genio matemático, un músico brillante o un soldado, un hombre que pueda luchar sin miedo, compasión, arrepentimiento o dolor“, dijo Putin.

Y el año pasado, el entonces director de Inteligencia Nacional (DNI) de Estados Unidos, John Ratcliffe, fue más allá con una acusación contundente contra China.

“China ya ha realizado pruebas en humanos con miembros del Ejército Popular de Liberación con la esperanza de desarrollar soldados con capacidades mejoradas biológicamente. No hay límites éticos para la búsqueda del poder de Beijing”, escribió en The Wall Street Journal.

China calificó al artículo como “una sarta de mentiras”.

Pero cuando se preguntó si la nueva titular del DNI, Avril Haines, compartía la evaluación de su predecesor, su oficina dijo que tenía comentarios, pero señaló declaraciones en las que advertía sobre la amenaza que representa China.

Y si bien el gobierno del presidente Joe Biden ha descartado gran parte de la agenda de Donald Trump, es probable que las tensiones con China sigan siendo una característica de la política exterior de Estados Unidos.

Ambición vs realidad

Tener un supersoldado en sus filas es una perspectiva tentadora para los militares: imagina un soldado que pueda soportar el dolor, el frío extremo o la falta de sueño.

Pero como muestran los intentos estadounidenses por construir a “Iron Man”, los límites de la tecnología pueden arrastrar la ambición por tierra.

Un documento de 2019 de dos académicos estadounidenses, sin embargo, afirma que el ejército de China ha estado “explorando activamente” técnicas como la edición de genes, los exoesqueletos y la colaboración entre humanos y máquinas.

El informe se basó principalmente en comentarios de estrategas militares chinos.

Y una de las autoras, Elsa Kania, se mostró escéptica con los comentarios de Ratcliffe.

“Es importante comprender lo que el ejército chino está discutiendo y aspirando a actualizar, pero también reconocer la distancia entre esas ambiciones y la realidad de dónde está la tecnología en este momento”, dijo Kania, investigadora principal del Centro para una Nueva Seguridad Americana.

“Si bien los ejércitos de todo el mundo pueden tener mucho interés en la posibilidad de supersoldados… al final del día, lo que es factible dentro de la ciencia impone una restricción a cualquier actor que esté tratando de empujar las fronteras”, agregó.

Por ejemplo, Ratcliffe mencionaba pruebas en adultos. Pero si bien algunas de sus características podrían alterarse mediante la edición de genes, cambiar el ADN de embriones ofrecería una de las rutas más plausibles hacia un “supersoldado”.

Y para la Dra. Helen O’Neill, genetista molecular del University College London, la pregunta es si los científicos estarían dispuestos a usar esa tecnología, en lugar de si la misma existe.

“Esas tecnologías -de edición del genoma y su combinación con reproducción asistida- se están convirtiendo en prácticas de rutina en transgénicos y agricultura. Es solo la combinación de los dos para su uso en humanos lo que se considera poco ético en este momento”, dijo.

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BBC

En 2018, el científico chino He Jiankui hizo un anuncio sorprendente: había alterado con éxito el ADN de los embriones de unas gemelas para evitar que contrajeran el VIH.

El anunció provocó indignación, pues este trabajo de edición genética está prohibido en la mayoría de los países, incluida China. Normalmente se restringe a los embriones de fecundación in vitro desechados, siempre que se destruyan inmediatamente después y no se utilicen para producir un bebé.

Y aunque el científico defendió su trabajo, este lo llevó a la cárcel por desafiar las prohibiciones del gobierno.

Muchos de los entrevistados para este artículo aludieron al caso He Jiankui como un momento clave en la bioética.

Pero científicos también han informado que, además de protegerlas del VIH, el tratamiento aplicado a las gemelas también trajo mejoras cognitivas para ellas.

He Jiankui utilizó la tecnología crispr, una forma de realizar cambios específicos y precisos en el ADN contenido en las células vivas. Algunos rasgos se pueden eliminar y otros se pueden agregar.

Es una tecnología muy prometedora, ya que potencialmente podría servir para tratar o incluso curar enfermedades hereditarias. ¿Qué podría hacer entonces por los militares?

Christophe Galichet, científico investigador principal del Instituto Francis Crick de Londres, describe crispr como una “revolución”.

Pero tiene límites, dice, comparándola con la función de buscar y reemplazar texto en un documento: puede intercambiar fácilmente frases precisas, pero lo que funciona en un punto del texto puede no tener sentido en otro.

“Es incorrecto pensar que un gen tendrá un único efecto”, explica. “Si tomas un gen, podrías tener un individuo con músculos más grandes o que pueda respirar a gran altura. Pero tal vez más adelante el individuo desarrollará cáncer”.

También es difícil aislar algunos rasgos. Por ejemplo, muchos genes están involucrados en la altura. Y cualquier rasgo que se cambie se transmitirá de generación en generación.

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BBC

Algunos analistas ven los esfuerzos de China como una respuesta directa a Estados Unidos.

Un reportaje de 2017 de The Guardian dijo que una agencia militar estadounidense estaba invirtiendo decenas de millones en tecnología de extinción genética que podría acabar con las especies invasoras, algo que los expertos de la ONU advirtieron que podría tener aplicaciones militares.

Y China y EE.UU. no son los únicos países que buscan una ventaja: las fuerzas armadas de Francia han recibido aprobación para desarrollar “soldados mejorados” y ya hay un informe que establece los límites éticos de la investigación.

“Debemos enfrentar los hechos. No todos comparten nuestros escrúpulos y debemos estar preparados para lo que nos depare el futuro”, dijo del mismo la ministra de Defensa francesa, Florence Parly.

Royal Marines en entrenamiento en condiciones extremas

PA Media
La genética ofrece la posibilidad de ayudar a los soldados a lidiar mejor con los entornos extremos.

Incluso si los científicos pudieran mejorar de manera segura los atributos de un individuo, la aplicación en el campo militar también plantea sus propios problemas.

Por ejemplo, ¿un soldado individual podría consentir libremente en un tratamiento potencialmente riesgoso dentro de la estructura de mando del ejército? Se informa que tanto China como Rusia han probado las vacunas para la covid en sus tropas.

“El ejército no existe para proteger los intereses del soldado, existe para obtener una ventaja estratégica o ganar una guerra”, die el profesor Julian Savulescu, experto en ética de la Universidad de Oxford.

“Hay límites a los riesgos que se pueden imponer a los soldados, pero son más altos que los impuestos a la sociedad normal”, agrega.

El profesor Savulescu dice que, para cualquier persona, es importante sopesar los riesgos de una mejora con los beneficios.

“Pero, por supuesto -agregó- la ecuación es diferente en el ejército; los seres individuales asumirán los riesgos, pero a menudo no se beneficiarán”, advierte.

De hecho, los soldados son a menudo puestos en situaciones de vida o muerte, y podría pensarse que la mejora debería ser bienvenida si aseguraba su supervivencia.

Pero para el profesor Patrick Lin, filósofo de la Universidad Politécnica Estatal de California, la cosa no es tan simple.

“Las mejoras militares significan experimentar y poner en riesgo a sus propios ciudadanos, por lo que no está claro qué tan mejor protegidos podrían estar los soldados mejorados. Todo lo contrario, podrían ser enviados a misiones más peligrosas o correr más riesgos que los no mejorados”, explica.

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BBC

Es posible que el Capitán América aún no esté a la vuelta de la esquina, pero siempre existe la posibilidad de un desarrollo sorpresa.

“Es difícil ejercer algún control ético o democrático sobre cómo evolucionan las cosas en el ejército porque, por naturaleza, utilizan el secreto y la privacidad para proteger el interés nacional”, advierte el profesor Savulescu.

“Entonces, es una cuestión ética difícil. Ya es bastante difícil en estos días en ciencia o medicina, donde las cosas están razonablemente abiertas”, agrega.

Y en cuanto a lo que podría, o debería, hacerse para regular el campo, el profesor Lin cree que “un desafío clave es que casi todo esto es investigación de doble uso“.

“Por ejemplo, la investigación de exoesqueletos tuvo como primer objetivo ayudar o curar a personas con afecciones médicas , como para ayudar a los pacientes paralizados a caminar de nuevo”, recuerda.

“Pero este uso terapéutico puede adaptarse ara fines militares fácilmente, y no es obvio cómo evitar que eso suceda, lo que significa que no es obvio cómo regularlo sin tal vez también frustrar la investigación terapéutica“, agrega.

Este exoesqueleto controlado por la mente permitió que un hombre paralítico volviera a caminar.

Fonds de dotation Clinatec
Este exoesqueleto controlado por la mente permitió que un hombre paralítico volviera a caminar.

Por su parte, el Dr. O’Neill advierte que China ya ha avanzado en la investigación genética y otros países se han puesto en desventaja.

“Creo que hemos perdido el tiempo en argumentos éticos, en lugar de centrarnos en la realidad del aquí y el ahora”, dice.

“Se gasta demasiada energía en la especulación y la distopía, y se debe dedicar mucha más energía en riesgos reales y en aplicar la tecnología para entenderla mejor, porque se hará en otra parte y ya se hace en otra parte. Y es solo con más investigación que entenderemos dónde es que las cosas pueden salir mal”, concluye.


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