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Foto: Andrea Vega
¿Qué aprenden? ¿Sí les sirve el programa? La experiencia de los Jóvenes Construyendo el Futuro
Más de millón y medio de personas de entre 18 y 29 años han respondido a la convocatoria del gobierno federal para vincularse con un centro de trabajo, donde puedan capacitarse.
Foto: Andrea Vega
13 de mayo, 2019
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Wilbert Caamal Cauich buscó trabajo durante ocho meses después de que egresara de la licenciatura en Tecnologías de la Información y la Comunicación de la Universidad Tecnológica de Candelaria, en el municipio del mismo nombre, en Campeche. Nadie le dio empleo por no tener experiencia.

“Hasta entré a una como capacitación, que duraba tres meses, como asesor telefónico para ver si me podía emplear después en una mesa de control. Pero como no me pagaban y solo estaba gastando en pasajes y comida, ya no la terminé”. Se enteró entonces por promocionales en la televisión del programa del gobierno federal Jóvenes Construyendo el Futuro, y se inscribió.

Leer: Con 27 mil vacantes, arranca este jueves en Tlalnepantla el programa Jóvenes Construyendo el Futuro

Como becario de ese programa, Wilbert está capacitándose en la organización de la sociedad civil Muuch Kambal, que trabaja para detener la deforestación y el uso de agroquímicos en la península de Yucatán, así como para proteger y fomentar la apicultora, la agroecología, los saberes y la cultura maya, pero también los derechos de las comunidades y la salud.

Del desempleo pasó a colaborar en una organización que, según dice, le ha permitido replantearse su futuro y descubrir su comunidad, además de que ha podido capacitarse en fotografía y video.

Pero la suerte de Wilbert no la comparte Erika Ortiz, una abogada que egresó hace casi un año de la Universidad Autónoma del Estado de México, y quien hoy trabaja en Embotelladora Las Margaritas, de Coca Cola, como promotora de ventas.

Este trabajo significa visitar entre seis y doce clientes de la refresquera cada día. Le toca limpiar los refrigeradores, hacer el “frenteo” (acomodar el producto para que tenga buena vista) y también le informa al tendero sobre las promociones y los faltantes, y lo anima a hacer el pedido.

Sabe que de poco le servirá la experiencia que adquiera este año, pero no ha encontrado trabajo en su área y no había otras opciones en este programa.

Hay trabajo, pero en qué

El programa Jóvenes Construyendo el Futuro, uno de los más importantes del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, a cargo de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social (STPS), ofrece a personas de entre 18 y 29 años que no estén trabajando ni estudiando vincularlos con una empresa u organización, donde recibirán capacitación por un año. También les otorga una beca de 3 mil 600 pesos al mes y seguro médico en el IMSS.

Su objetivo es que los participantes adquieran experiencia en un puesto de trabajo y después puedan acceder a un empleo en otro lado, o se queden a laborar en la empresa donde recibieron la capacitación, si es que al final deciden contratarlos.

Leer: Los jóvenes que integran el bono demográfico de México tienen un futuro poco alentador, advierte ONG

Esta primera definición le acarrea una primera crítica: El problema con el programa de México, además de que no está acotado por sector es que pretende apoyar, con la misma estrategia, a todos los jóvenes que no estudian y no trabajan, pero en México esas personas no son las de menor nivel educativo, “la desocupación se concentra en la población joven y en la más escolarizada”, según dice Mauricio Padrón, especialista en mercados laborales y desigualdad del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, y coautor del análisis La nueva política de promoción del empleo.

“Cuando se crea un programa de este tipo, las alianzas que se hacen con las empresas provocan este desfase entre puestos y perfiles, porque las compañías necesitan personas para trabajar en áreas como ventas o atención al cliente, y la población que envían como parte del programa tiene un perfil académico más alto”, explica.

Lo que sucede, agrega Padrón, “es que los jóvenes se insertan a trabajar, en el marco de estos programas, en empleos que no son los que les interesa mantener en el largo plazo y para los que no estudiaron. Los aceptan porque los necesitan, pero cuando el programa termine qué va a pasar. Esa experiencia no les va a servir para encontrar un empleo acorde a su perfil de formación ni para sus aspiraciones”.

Así, solo se termina reproduciendo, y legitimando, una dinámica que ya existe en el mercado de trabajo, “porque igual si no estuviera el programa, esos jóvenes con nivel licenciatura estarían haciendo cosas relativamente parecidas (en puestos de ventas y atención al cliente), pero el Estado no está para legitimar esas situaciones”.

De acuerdo a datos del INEGI, la mayor tasa de desocupación, de 6.8, se concentra en el grupo de 15 a 19 años; le sigue el de 20 a 29, con 6.1, después va descendiendo hasta llegar a 1.9 para quienes tienen de 50 a 59 años. De los grupos más jóvenes, el más afectado es el que tiene estudios de nivel preparatoria o superior, con 4.3, cuando para los que apenas tienen primaria es de 1.4.

Así es el proceso

Los jóvenes interesados se registran en la pagina www.jovenesconstruyendoelfururo.stps.gob.mx, donde les piden sus datos generales: nombre, edad, nivel de estudios, y una serie de documentos como CURP, INE y comprobante de domicilio. Después deben elegir una cierta distancia entre su casa y el centro de trabajo, pero sin límite establecido.

Horacio Duarte, subsecretario de Empleo de la STPS, quien tiene a cargo el programa, explica que en la plataforma, el joven puede ir modulando los kilómetros a la distancia de su domicilio, y va viendo opciones. “Entre más cierre el rango, la probabilidad de vacantes es menor; entre más lo abra, verá más opciones. Él decide. Al principio lo acotamos a cuatro kilómetros de búsqueda. Pero eso bajaba las vinculaciones: así que lo abrimos, y se empezó a mover todo porque los jóvenes sí se arriesgan a ir lejos”.

Las empresas interesadas deben ingresar a la misma plataforma. Lo que se les pide es RFC, nombre comercial, nombre legal, domicilio fiscal y comercial, nombre del representante legal, datos de contacto; así como documentos legales de constitución de la empresa, poder, tres fotografías del lugar donde van a estar los becarios y el plan de capacitación. Además deben nombrar tutores expertos por área.

A los jóvenes ya validados les aparece una lista de lugares donde pueden capacitarse. Las opciones aparecen de acuerdo al perfil del becario y la distancia seleccionada respecto a su domicilio, con el centro de trabajo, así como el perfil solicitado por la empresa.

Cuando el joven selecciona un centro, la plataforma les pide esperar a que la compañía se comunique para acordar una entrevista, en la que el aspirante conocerá las instalaciones y tendrá oportunidad de conocer más del plan de capacitación, y a su tutor.

Cada mes, los tutores deben presentar, en la misma plataforma del programa, una evaluación del desempeño de los becarios y estos de cómo se han sentido y en qué los han capacitado en el centro de trabajo. Al final de la capacitación, el becario recibirá una certificación, que avalará lo aprendido.

La meta del programa es atender a 2 millones 300 mil personas, que no estuvieran estudiando ni trabajando. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha dicho en diversos foros que ésta es una apuesta por los jóvenes, a quienes los gobiernos anteriores no les había dado una oportunidad real y solo los estigmatizaron como “ninis”.

Los testimonios de una veintena de becarios entrevistados por Animal Político confirman que, en efecto, si no estaban trabajando era porque en todos lados les pedían experiencia laboral y ellos no tenían. Entre los aspirantes hay también jóvenes que se quedaron sin poder entrar a una universidad y están esperando un nuevo ciclo de exámenes, así como madres solteras y mujeres que estaban ocupadas en labores del hogar.

Los tutores aseguran que la experiencia con los becarios ha sido positiva. “Yo pensé que nos iba a llegar gente sin oficio, ni beneficio, pensé que vendrían de los chavos que pierden el tiempo en la esquina y no, todos son estudiados, hasta ingenieros, y trabajan muy bien, son muy copartícipes, muy empáticos”, dice José Dagoberto García, tutor de cinco becarios, en Embotelladora Las Margaritas de Coca-Cola.

David Alvarado, fundador y director de Producciones 33 y Par64, dos pequeñas empresas de reciente creación, dedicadas a la gestión cultural, donde hay 18 participantes de Jóvenes Construyendo el Futuro, coincide en el buen desempeño de los becarios. “Estoy muy a gusto con su trabajo, los veo muy bien, muy participativos, realmente solo les faltaba experiencia y una oportunidad”, asegura.

Hasta el 10 de mayo había ya, de acuerdo a números de la plataforma del programa, donde se pueden consultar los avances en tiempo real, 503,117 becarios vinculados con un lugar para capacitarse, el 69.1% en empresa, 23.7% en una institución de gobierno y 7.2% en una organización de la sociedad civil. Del total de vinculados, 57.8% son mujeres, 42.2% son hombres. 43% tiene nivel preparatoria y 20% tiene licenciatura terminada.

La única oportunidad

Cuatro becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro se integraron a Muuch Kambal en tres áreas, más o menos acorde a su carrera profesional: agricultura, organización y salud y comunicación.

Wendy Bazán, integrante de la organización, y quien llevó todo el proceso para inscribirla en el programa, cuenta que cada área hizo su plan de capacitación, detallado con actividades mensuales, y así se subió a la plataforma. Para cada área se asignó un tutor experto en los temas. Con Wilbert, por ejemplo, está Robin Canul, egresado de periodismo y comunicación y quien lleva toda esa área dentro del colectivo.

Wilbert dice que está aprendiendo mucho. El joven vive en Bolonchén, en Campeche y es de familia maya. Desde siempre supo de los problemas que las comunidades indígenas enfrentan allá: la deforestación y contaminación de sus territorios por la agricultora intensiva y los agroquímicos, la pérdida de su lengua y su cultura a causa del racismo, la pobreza y la violación constante a sus derechos humanos.

Él lo sabía, lo había mirado de cerca, pero no le había puesto atención. Ahora todo eso lo tiene muy claro y no le gusta. Lo quiere cambiar. “La otra vez hicimos una visita a un campo enorme de los menonitas, donde cultivan soya, es un terreno inmenso. Antes eso era selva y ahora ya solo se ven máquinas y soya. Es impresionante cómo lo deforestan todo. Yo claro que había vistos campos de cultivo antes, pero más pequeños y no tenía la conciencia que tengo ahora sobre lo que representan”, dice.

Lo que Wilbert no había visto nunca, aunque sabía que pasaba, era una avioneta rociando agroquímicos. “En una visita a otra comunidad me tocó verla. Pasan rociando cerquísima de los campos de otros pequeños agricultores, de las casas de la población. Lo contaminan todo. Yo sabía eso, pero ya verlo es otra cosa”.

El joven dice que lo que más le gusta de lo que está haciendo ahora es atestiguarlo todo, ir a las comunidades, andarlas, hablar con la gente, escuchar de primera voz y ver a primera vista los problemas que les preocupan. “Me quiero quedar a trabajar en la organización y seguirlos ayudando, me han dicho que quizá se pueda, pero dependen siempre de los recursos que tengan”.

Abraham Cahuich, es otro de los becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro que está en Muuch Kambal. Él estudió ingeniería forestal en la Universidad Tecnológica de Chiná, en Campeche. Estuvo en un empleo temporal, por seis meses, como promotor extensionista de Semarnat. Pero para entrar a uno fijo le pedían en todos lados experiencia mínimo de un año; así que se puso a ayudarle a su familia con la siembra y las abejas, en el lugar donde viven, el Rancho Xcalot Akal, en el municipio de Hopelchen, hasta que se enteró, por redes sociales, del programa federal y se inscribió. 

“No fue nada difícil el proceso para inscribirme. Puse mis datos, sí me tardé unos tres días en subir los papeles, mientras los reuní. En cuanto terminé de subirlos, me apareció en la plataforma que ya estaba validado y las opciones de centros de trabajo, eran tres, una refaccionaraa, otra asociación y Muuch Kambal, me gustó lo que leí que hacían, vi que el plan de capacitación, detallado por mes, estaba muy acorde a mi carrera y la elegí”.

A la semana de que eligió la vacante, lo llamaron para la entrevista, le presentaron lo que hace la organización y le propusieron integrarse al área de agroecología. Empezó su capacitación el 18 de febrero. “Tenemos un plan de trabajo por semana. Vamos a las comunidades con los productores, con grupos de señoras, vemos qué tienen en sus huertos, si las plantas tienen alguna enfermedad, y les recomendamos productos, pero todo orgánico”.

Abraham comenta que está aprendiendo a trabajar con microorganismos de montaña para utilizarlos en lugar de los agroquímicos, “que se usan mucho en las comunidades, pero causan mucho daño y merman las finanzas de los agricultores porque son muy caros”.

En Muuch Kambal Abraham se capacita en reproducir los microorganismos y convertirlos a sólido o líquido para aplicarlo a las plantas, por ejemplo al maíz, “se les aplican como fertilizantes naturales, pero también para el control de plagas y todo de manera natural, sin químicos, así se logra una producción orgánica. Queremos que los productores se den cuenta que hay otra forma de producir, que respeta el ambiente, y les ahorra hasta 30% de costos”.

El joven admite que aunque desde niño ha estado trabajando en el campo con su familia, él no sabía de esa otra forma de producción. De pequeño aprendió la manera que parece más fácil: comprar todos los químicos. “Había escuchado de esta forma orgánica de cultivar, pero no la conocía a fondo, ahorita estoy metido de lleno en el proceso de recolección y producción de microorganismos sólidos, después me capacitarán en los líquidos”.

Desarrollando nuevas capacidades

El tutor de Abraham es Óscar Chan Dzul, experto en agroecología. “Lo que estamos haciendo es capacitar a los becarios no solo en lo técnico, como nosotros hacemos mucho trabajo logístico y de organización comunitaria, también los involucramos en eso. Todo lo hacemos muy práctico. Nosotros andamos en campo, con comunidades, desde que amanece y ellos andan con nosotros”, cuenta el tutor.

Los becarios participan en los talleres que Muuch Kambal imparte para las comunidades y ahí se empapan también de la teoría. “A Abraham lo veo muy bien, muy involucrado, además conoce bien el entorno social, cómo se mueve la cosa con las autoridades comunitarias e intercambiábamos con él tips de cómo se maneja la comunidad, las dinámicas, eso nos ayuda mucho. Es muy participativo, hace lo que tiene que hacer y un poco más. Creemos que podría quedarse acá con nosotros a trabajar, pero siempre tenemos el problema de los recursos”.

(Al centro de camisa azul) Óscar Chan Dzul, uno de los tutores de los becarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro.

Abraham dice que sí le gustaría quedarse en la organización y que hará lo necesario para eso, pero sino, por lo menos al finalizar la capacitación ya tendrá el año de experiencia que le piden en otros lados para emplearlo y todo el conocimiento de una nueva forma de trabajo en su área.

“Para nosotros –dice Leydi Pech, integrante de Muuch Kambal– los becarios no son jornaleros ni nuestros mandaderos, y no vienen nada más a trabajar, realmente nos interesa capacitarlos. Queremos desarrollar más capacidades locales en las áreas donde buscamos incidir y generar oportunidades para los jóvenes, porque acá hay pocas, y tienen que migrar. No queremos eso, queremos que se queden, hagan algo que les guste y que ayude a su región”.

La activista dice que no sabe si los becarios puedan quedarse a trabajar en la organización, porque tienen pocos recursos, “pero otra opción es que podemos darles acompañamiento si ellos deciden formar un colectivo nuevo de jóvenes, nosotros podemos ayudarlos en eso. Igual queremos involucrarlos en la apicultura y agricultura y ahí también pueden generar sus propios empleos”.

Pech confirma que sí buscarán tener más becarios el próximo año, para capacitar a más jóvenes y porque creen que el programa es una buena opción para darles una oportunidad a los muchachos. “Pero ojalá que el gobierno cuide el programa, porque con esto se puede prestar a que a los jóvenes solo se les use para aprovechar su trabajo, sin que aprendan algo que les sirva para un proyecto de vida, en el que apliquen lo de su carrera y se sientan plenos”.

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Horario de verano: las formas en las que la vida mejoraría si todo el año se mantuviera la misma hora
Además de las incomodidades que trae ese ajuste dos veces al año, también existe un debate sobre la conveniencia de hacerlo. Un profesor de la Universidad de Washington sugiere que lo mejor es mantener el horario de verano todo el año.
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4 de abril, 2019
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El cambio de horario siempre supone una situación incómoda, algo que ocurrirá en México y Chile este fin de semana.

Cada vez que se acercan estas fechas surgen las preguntas sobre qué día será el cambio, si hay que adelantar o atrasar el reloj, o el miedo a levantarse una hora más tarde o más temprano al día siguiente.

En México la hora cambiará este 7 de abril, cuando el reloj se adelantará una hora y pasará al horario de verano. Estados Unidos lo hizo ya el pasado 10 de marzo.

En otros países como Chile, el 6 de abril comenzará el horario de invierno y los relojes se retrasarán una hora a la medianoche.

Con el cambio horario existe siempre el debate sobre si vale la pena el cambio de horario, o si es mejor tener un mismo horario durante todo el año.

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¿Prefieres una hora más de luz en la mañana o en la noche?

En Estados Unidos, la medida de adelantar una hora en marzo se adoptó a finales de la Primera Guerra Mundial, con el fin de ahorrar energía, basados en la idea de que cuando hay una hora más de luz en la noche se reduce el consumo.

Hoy, sin embargo, quienes se oponen a este horario, sostienen que el ahorro no es tanto.

En el estado de Indiana, por ejemplo, un estudio mostró que durante el horario de verano la gente usaba menos energía en iluminación, pero utilizaba más el aire acondicionado, pues entrada la noche aún se siente el calor del sol.

Según Michael Downing, autor del libro “La locura anual del horario de verano”, durante este horario de hecho aumenta el consumo de gasolina, pues entrada la noche la gente aún sigue manejando sus carros en las calles.

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El horario de verano se implementó como una forma de ahorrar energía.

Otros, se quejan de que para los niños resulta peligroso ir al colegio cuando todavía no amanece.

Pero quienes defienden el horario de verano y, de hecho, recomiendan mantenerlo todo el año, también tiene sus argumentos.

Uno de ellos es Steve Calandrillo, profesor de Leyes y Economía en la Universidad de Washington y autor de la investigación “Tiempo bien empleado: un análisis económico de la legislación sobre el horario de verano”.

En un artículo publicado en el portal The Conversation, Calandrillo, plantea 5 aspectos de la vida que, según él, mejorarían si durante todo el año se mantuviera el horario de verano, es decir, cuando se gana una hora de luz durante la noche.

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Con el horario de verano se gana una hora de luz durante la noche.

Las conclusiones de Calandrillo están basadas en datos de EE.UU., pero las dinámicas que describe podrían aplicarse a cualquier urbe en la que haya cambio de horario dos veces al año.

1. Se salvarían vidas

“La oscuridad mata”, dice Calandrillo, “y la oscuridad en la noche es mucho más letal que la oscuridad en la mañana”.

Según los datos que ha recopilado el abogado, las horas punta del final de la tarde son dos veces más fatales que las de la mañana, porque hay más gente en las carreteras, hay más conductores alcoholizados, la gente va con más prisa para llegar a casa y más niños están jugando en las calles sin supervisión.

Calandrillo dice que las cifras muestran que los atropellos de vehículos a peatones se triplican cuando cae el sol.

Así, el horario de verano le añade una hora extra de luz a la tarde para mitigar estos riesgos, mientras que el horario estándar hace lo contrario, desplaza la luz del sol hacia la mañana.

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La oscuridad se presta para que ocurran más delitos.

2. La delincuencia disminuiría

“La oscuridad es también amiga del crimen“, escribe el abogado.

Los criminales prefieren hacer su trabajo en la oscuridad de la noche. Según Calandrillo, las tasas de delincuencia son 30% más bajas en la mañana que en horas de la tarde, incluso cuando esas horas de la mañana transcurren antes de que amanezca, cuando todavía está oscuro.

3. Se ahorraría energía

Al final de la tarde y durante las primeras horas de la noche, prácticamente todo el mundo está despierto, dice Calandrillo, lo que significa un mayor consumo de energía.

Al amanecer, en cambio, una parte considerable de la población aún duerme, por lo tanto hay menor consumo.

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Mantener el horario de verano todo el año puede servir para ahorrar energía, según Calandrillo.

“Tener más sol en la noche no solo requiere menos electricidad para proporcionar iluminación, sino que también reduce la cantidad de petróleo y gas necesaria para calentar los hogares y las empresas cuando las personas más necesitan esa energía”.

“En el horario estándar el sol sale antes, lo que reduce el consumo de energía de la mañana, pero solo la mitad de los estadounidenses están despiertos para poder aprovechar el sol“.

4. Mejoraría la calidad del sueño

Los cambios de horario “causan estragos en los ciclos del sueño de la gente”, dice Calandrillo.

El abogado menciona estudios que muestran que en EE.UU. los ataques cardíacos aumentan un 24% una semana después del cambio de hora en marzo.

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¿Te has confundido con el cambio de hora?

Si se mantiene el horario estándar durante todo el año, también se evitaría afectar el sueño de la gente, pero según Calandrillo, este horario no ofrece el ahorro de energía, la disminución de las muertes y la prevención de delitos que sí logra el horario de verano.

5. Aumentaría el comercio y la recreación

Actividades como salir de compras o practicar un deporte son más frecuentes hacia el anochecer que en las primeras horas de la mañana, así que la luz solar no es tan necesaria en ese momento.

Según Calandrillo, por eso es que entidades como la Cámara de Comercio de EE.UU. se muestra a favor del horario de verano.

Como punto en contra del horario de verano, Calandrillo menciona que hay una hora más de oscuridad en las mañanas, pero según él “las ventajas del horario de verano sobrepasan de lejos las del horario estándar”.

“Ya es hora de que los EE.UU. adelanten los relojes para siempre y nunca tengan que cambiarlos de nuevo”.


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