'No estoy en mi área, pero es experiencia': Las fallas del programa Jóvenes Construyendo el Futuro
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Foto: Rodrigo Crespo

'No estoy en mi área, pero es experiencia': Las fallas del programa Jóvenes Construyendo el Futuro

Becarios realizan actividades que no están relacionadas con las carreras que estudiaron, y hay poca supervisión en los planes de capacitación y los tutores.
Foto: Rodrigo Crespo
14 de mayo, 2019
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A las 7 de la mañana, Christian Ernesto Reyes inicia su jornada como becario de Jóvenes Construyendo el Futuro, cuando un vehículo de Embotelladora Las Margaritas de Coca-Cola pasa por él a su casa, en Cuautla, Morelos. Junto con un promotor de ventas, el joven visita a entre seis y doce clientes de la refresquera cada día. Le toca limpiar los refrigeradores y hacer el “frenteo” (acomodar el producto para que tenga buena vista), también le informa al tendero sobre las promociones y los faltantes, y lo anima a hacer el pedido.

El joven tiene carrera universitaria. Egresó de ingeniería industrial hace un año. Pero como nadie le dio trabajo por no tener experiencia, decidió inscribirse a Jóvenes Construyendo el Futuro. Éste, uno de los programas estrella del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, a cargo de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social (STPS), ofrece a personas de entre 18 y 29 años que no estén trabajando ni estudiando vincularlos con una empresa donde recibirán capacitación por un año. También les otorga una beca de 3 mil 600 pesos al mes.

Parte I: ¿Qué aprenden? ¿Sí les sirve el programa? La experiencia de los Jóvenes Construyendo el Futuro


Cristián está recibiendo ese monto por desempeñar, de lunes a viernes de 7 de la mañana a 3 de la tarde (una jornada completa), funciones similares a las de un puesto por el que Coca-Cola paga 8 mil 500 pesos mensuales, y para el que solo exige estudios hasta preparatoria.

Otros siete becarios en Embotelladora Las Margaritas, que en total tendrá 50 participantes de Jóvenes Construyendo el Futuro, confirmaron en entrevista que están desempeñando las mismas funciones de Cristián, entre ellos hay pedagogos, ingenieros y abogados.

Coca-Cola también tiene becarios en su empresa de helados y lácteos, Santa Clara; ahí los jóvenes atienden a los clientes: preparan y sirven helados, y todo lo de café. Nancy Hernández está de miércoles a domingo, de 1 de la tarde a 9 de la noche, en la sucursal de Manacar. Los empleados de la empresa de lácteos ganan en este puesto entre 4 mil 600 y 6 mil pesos al mes. El nivel de estudios que se pide es preparatoria concluida o trunca, lo que quiere decir que les basta con secundaria.

Nancy Hernández recibe sólo los 3,600 de la beca, aunque terminó el bachillerato técnico en trabajo social. En el programa le hubiera gustado una capacitación enfocada en esa área, pero no encontró opciones. “Las que me salieron como disponibles para mí fueron Santa Clara y una empresa de textiles, así que elegí la primera. No está apegada a mi área pero me sirve para tener experiencia en otra cosa, y un ingreso mientras hago mi tesis y puedo entrar a una carrera en trabajo social”.

Lee: Detectan casos de irregularidades en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro; hay al menos 50 denuncias

Cuando se le solicitó a Horacio Duarte, subsecretario de empleo, y quien lleva la batuta del programa, los datos de en qué áreas se estaban capacitando los becarios y de qué nivel de estudios, aseguró que no tenía disponible la información, pero se comprometió a enviarla a este medio, lo que no sucedió.

Animal Político también solicitó, vía transparencia, la información desagregada sobre en qué áreas y actividades específicas se están capacitando los becarios del programa, y cuál era su nivel de estudios, pero la STPS respondió que no tenía esa información desagregada.

¿Manos gratis?

Cuestionada sobre si Coca-Cola se genera ahorros al tener a los participantes de Jóvenes Construyendo el Futuro, la firma respondió, a través de su área de Comunicación, que no se están ahorrando salarios ni ganando nada porque no están sustituyendo con aprendices a su propio personal, por ejemplo en el caso de Embotelladora Las Margaritas.

Leer: Jóvenes centran sus esperanzas en programa de AMLO; quieren ganar dinero y también experiencia

Decir que una compañía no gana nada ni se ahorra nada con este tipo de programas es, al menos, una imprecisión. De acuerdo al estudio Aprendices del Siglo XXI, ¿un modelo para América Latina y El Caribe? del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las empresas tienen un aumento de productividad con la presencia de becarios, aunque estos no sustituyan a su personal, lo que se traduce en ganancias.

“La relación costo-beneficio depende en gran medida de la cantidad de tiempo que el aprendiz dedica directamente a funciones productivas”, afirma el análisis.

Foto: Rodrigo Crespo


En una evaluación de Programas Registrados de Aprendices (Registered Apprenticeships, RA) en Estados Unidos se concluyó –refiere el estudio del BID– que las empresas que participan en estas iniciativas obtienen ingresos sustancialmente mayores. “Nueve años después, los participantes del RA ganaron en promedio 5,389 dólares más que las empresas, con características similares, que no tuvieron jóvenes capacitándose”.

Lee: Con 27 mil vacantes, arranca este jueves en Tlalnepantla el programa Jóvenes Construyendo el Futuro

Esa productividad está tan comprobada, que en los países más avanzados en la implementación de estos programas, las empresas les pagan un salario a los aprendices, porque aun cuando se están capacitando, desempeñan una labor, que genera beneficios a la compañía.

En Alemania, Austria, Inglaterra o Estados Unidos, el pago se fija como un porcentaje del salario mínimo (en Alemania es 60%), pero éste aumenta a medida que el joven incrementa su productividad.

Además de un pago directo al aprendiz, se establece también un contrato entre la empresa y quien va a recibir la capacitación, esos contratos –señala el análisis del BID– otorgan a los aprendices derechos laborales muy similares a los de cualquier otro trabajador e incluyen disposiciones especiales en cuanto a número de horas de trabajo, duración del período de “empleo”, vacaciones y remuneración.

En México, el gobierno es el que les da la beca de 3 mil 600 pesos al mes a los jóvenes del programa. También les otorga seguro médico, a través del IMSS. Las empresas no están obligadas a darles nada como pago ni tienen ninguna obligación contractual con los becarios.

Lo que pasa con México y otros países de América Latina –explica Laura Ripani, coautora de Aprendices del Siglo XXI– es que si las empresas les otorgan un pago a los becarios, por legislación, eso ya implica una relación laboral. Por eso, en los países donde se establece un pago de parte del sector privado, se han hecho legislaciones especiales que permiten el cofinanciamiento de las compañías sin que se genere una relación contractual.

Lee: Presupuesto de becas para jóvenes es insuficiente; el programa está sesgado y tiene visión de corto plazo: estudio

En América Latina, Brasil es el ejemplo, allá se les paga a los aprendices un salario y se firman “contratos de aprendizaje”, así el joven obtiene acceso a las contribuciones al seguro social, al seguro de desempleo y al fondo de garantía por tiempo de servicio, además de un fondo accesible en caso de enfermedad, compra de una casa o terminación repentina del empleo. Al mismo tiempo, el contrato contiene disposiciones especiales en cuanto al número de horas de trabajo.

Sin relación con su carrera

Erika Ortiz es egresada de la carrera en derecho, Montserrat Carrillo es técnica en suelos, Christian Ernesto Reyes es ingeniero industrial, Armando Palma es ingeniero agrónomo, Samantha Anahí Balmes es licenciada en administración, todos están en Embotelladora Las Margaritas capacitándose como promotores de ventas.

Todos dicen que se quedarían a trabajar en Coca-Cola si hubiera oportunidad, aunque Erika, Christian y Samantha aseguran que solo lo harían para poder moverse después a un área ligada a su profesión. Al final, todos dicen que sí realmente pudieran elegir, lo que harían es trabajar en algo relacionado a su carrera. En todo grupo Coca-Cola, la firma ha dicho que tendrá 1,050 becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro.

Lee: Así puedes inscribirte al programa de becas de AMLO

Más allá del caso Coca-Cola, sucede el mismo desfase entre perfiles y capacitación. Daniel Leyson, otro becario, quien vive en Tapachula, Chiapas, y se está capacitando en la empresa AveDos, un taller de diseño y publicidad, explica que él egresó en noviembre de la licenciatura en sistemas computacionales, de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). Estuvo buscando un trabajo relacionado a su área pero no encontró. Le pedían experiencia y no tiene.

Por redes sociales se enteró del programa y se inscribió. Solo se le desplegaron cuatro opciones de empresas de acuerdo a su localización, dos eran del sector agropecuario (plataneras), otra de servicios de limpieza y la de diseño, donde está. Seleccionó esta empresa porque las otras le parecían mucho más alejadas de su perfil.

En el día a día de su estancia en Ave Dos, Daniel se encargar de atender a los clientes en el mostrador, de hacer el seguimiento de sus pedidos, verificar el inventario, “y diversas actividades que surgen en el día a día, como el mantenimiento de las máquinas”. Daniel admite que prefería un trabajo más en su área y que a él lo que realmente le apasiona es el desarrollo web, “pero aquí en Chiapas hay sobre oferta de jóvenes buscando trabajo, y pocas oportunidades de ese tipo en las empresas”.

En el sector público está pasando el mismo desfase. Gabriela Rodríguez Herrera egresó de la carrera en Administración Industrial, de UPICSA, de IPN, en 2013. No había trabajado porque se dedicó a cuidar a sus dos hijos. El papá de los niños se hacía cargo de los gastos de la casa. Pero decidieron separarse y Gabriela empezó a buscar empleo. “No conseguí, en una empresa me dijeron abiertamente que teniendo niños pequeños, ellos serían mi prioridad y no el trabajo, y no me lo dieron. Por eso me inscribí al programa”.

Gabriela seleccionó la alcaldía de Iztapalapa para capacitarse, pero está desempeñando actividades que no tienen nada que ver con su carrera. Está en la dirección de inclusión y bienestar social, en el módulo de información, donde orienta a las personas sobre los programas que la alcaldía ofrece para apoyar a la población.

Laura Ripani afirma que en otros países ese desfase no se presenta porque están acotados por sector y es la industria quien dirige las vinculaciones. “En México es el joven quien postula y pone sus habilidades y estudios de una forma, digamos, autorreportada y él mismo es quien observa las posiciones disponibles y escoge, es decir, el joven dirige el proceso de alineación, eso no pasa en programas de otros países, como Alemania”.

Allá, precisa Ripani, “son las empresas las que dirigen el proceso, y la vinculación es más sectorial, con jóvenes que están estudiando ciertas carreras para que se vinculen con puestos de aprendices con compañías en el mismo sector. Además, hay mucha variedad de vacantes y con foco en las de mayor perspectiva a futuro, como las de tecnologías de la información y salud”. 

La importancia de los planes de capacitación y los tutores

Laura Ripani, del BID, señala que entre los elementos principales a considerar para el éxito de un programa de aprendices como el de Jóvenes Construyendo el Futuro está tener un plan de capacitación bien definido y cuidar que éste se lleve a cabo.

Edith Pacheco, profesora investigadora de El Colegio de México, quien entre sus líneas de investigación tiene la de mercados de trabajo y desigualdad, dice que es un buen momento para cuestionar los planes de capacitación de las empresas.

Se debe cuidar, señala, y por eso el programa requiere una constante fiscalización y ajustes, “que (los becarios) no se vuelvan mano de obra gratuita, sino que aún en los talleres más pequeños aprendan actividades útiles para calificarlos más”.

Ripani señala que en programas como el de Jóvenes Construyendo el Futuro también es muy importante la figura del tutor. “Es esencial tener un maestro certificado que supervise el trabajo y guíe el aprendizaje. A esta figura hay que prestarle mucha atención dentro del programa, para saber si las empresas tienen este tipo de personas que puedan brindar habilidades, y lo hagan de la mejor manera”.

En las empresas producciones 33, de gestión cultural, y Par64, una plataforma donde se vinculará a proveedores con productoras de artes escénicas, el fundador y director general, David Alvarado, es el tutor de 18 becarios. Él es egresado de la carrera en comunicación y tiene experiencia como gestor cultural. En sus negocios gemelos, de reciente creación, los 18 jóvenes se reparten en diversas áreas, de acuerdo a lo que estudiaron: desarrollo web, diseño, fotografía, video y ventas.

Juan Manuel Martínez es uno de los becarios. Él estudió diseño gráfico digital y está encargado de desarrollar la página de Producciones 33, que como tiene apenas un año de existir necesita de todo. David es el tutor de Juan Manuel, aunque no sabe de desarrollo web. “Yo me he estado capacitando por mi cuenta, hasta el momento no he recibido ningún curso ni nada para eso”, dice el joven.

José Antonio Pérez Magaña, estudió diseño de la comunicación, y tiene la tarea de desarrollar los logotipos de Producciones 33 y de Par64. También se encarga de tomar fotografías y del manual de identidad visual de las dos empresas. David es también su tutor. Para capacitarlo, “dice que le ayudó a pagar un curso en línea sobre diseño de logotipos, buscó asesoría con un amigo diseñador y le dijo que podrá tomar otros cursos, aunque deberá pagar la mitad del costo”.

José Antonio Pérez Magaña (segundo en la foto), en reunión de trabajo con el resto de los becarios que están en las empresas Producciones 33 y Par64.



Para Ripani, las inconsistencias que muestra ahora esta iniciativa del gobierno federal son cosas que se pueden corregir. “El programa es muy nuevo, muy joven todavía, algo como Jóvenes Construyendo el Futuro no se hace en un día, los programa más exitosos de este tipo se han construido con los años, es cuestión de ver donde están las alertas e ir mejorando y avanzando”.

En defensa del programa, Luisa María Alcalde, titular de la STPS, puntualizó en un foro en El Colegio de México que el gobierno no está esperando que solo con esta iniciativa se resuelvan todos los problemas de informalidad o de exclusión.

“Para que todos estos jóvenes tengan una posibilidad de incluirse en el mercado laboral, necesitamos crecer y generar empleo. Ese es el reto principal. Por eso una de las prioridades del presidente Andrés Manuel López Obrador es crecer al 4%, y habrá que avanzar en una política económica distinta: de fortalecimiento del mercado interno, apoyo a pymes y pequeños negocios, promoción de inversiones, desarrollo de diversas industrias y eliminar la corrupción”, señaló Alcalde.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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