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En México, una alcaldía tiene el nivel de vida de Suiza y otros el de países africanos

El desarrollo municipal - que se mide a partir de la salud, educación e ingresos - es muy desigual en el país. Aunque hubo un aumento del desarrollo este ocurre a un ritmo lento.
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En México existe una marcada desigualdad en la calidad de vida entre distintos municipios: mientras los vecinos de la alcaldía Benito Juárez, en Ciudad de México, tuvieron un Índice de Desarrollo Humano (IDH) similar al de Suiza en 2015, los habitantes de Cochoapa el Grande, Guerrero, tuvieron uno como el de los países africanos Mali y Burundi, de acuerdo con un informe de la ONU.

En el Informe de Desarrollo Humano Municipal 2010-2015, la ONU explica que en este quinquenio el IDH de los municipios del país –calculado a partir de indicadores de salud, educación e ingresos- aumentó en 0.59%, aunque “esto ha ocurrido a un ritmo lento y desigual”.

Lee: Que 25 millones de mexicanos superen la pobreza, meta del gobierno para 2024

Para 2015, los municipios con mayor IDH del país fueron Benito Juárez (0.944) y Miguel Hidalgo (0.917), en la Ciudad de México, y San Pedro Garza García (0.901) en el estado de Nuevo León.

Los tres municipios con menor IDH fueron Cochoapa el Grande, Guerrero (0.420); San Martín Peras, Oaxaca (0.425), y Batopilas, Chihuahua (0.434).

Según datos del informe, 4% de los municipios tuvieron un IDH “muy alto”, 58% “medio”, 33% “alto” y 5% “bajo” en ese año.

Para que un municipio sea considerado con desarrollo humano “muy alto” debe encontrarse en un rango de puntaje de 0.800-1; para que sea “alto” de 0.700-0.799; para considerarlo “medio” de 0.550-0.699, y para catalogarlo como “malo” entre 0-0.550.

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Educación, indicador con menor desarrollo

En 2015, el Índice de Educación (IE) promedio en los municipios mexicanos era de 0.651, por lo que podía clasificarse como “medio”, aunque de los tres componentes del IDH, este fue el que mostró un grado de desarrollo menor.

En Guanajuato, Quintana Roo, Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Hidalgo, Michoacán y Veracruz al menos ocho de cada 10 personas vivieron en municipios con un IE bajo o medio.

Los municipios en los que el IE es alto se encontraron en Querétaro, Nuevo León, Coahuila, Sonora, Sinaloa y Aguascalientes.

Lee: Desplazados por catástrofes y pobreza en Guerrero son desalojados con máquinas

En el caso del Índice de Salud (IS), en la mayoría de los municipios se catalogó como “muy alto” (59.12%) o alto (34.87%) y solo el 6.01% como “medio” o “bajo”.

Los mexicanos que habitaban en los municipios con menor IS se concentraron en Oaxaca, Guerrero, Chihuahua, Veracruz, Puebla, Chiapas, Estado de México, Nuevo León, Yucatán, Jalisco, Durango, Michoacán, Nayarit y Sinaloa.

Las entidades donde el IS fue muy alto en 2015 fueron Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Ciudad de México, Colima, Morelos y Tabasco.

En cuanto al Índice de Ingreso (II), el informe señala que para 2015 la mayoría del país alcanzó una clasificación “media” (45.26%) y “alta” (41.33%).

Los 170 municipios con menor II se concentraron en Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Puebla, Veracruz y Chihuahua, mientras en Sonora, Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Ciudad de México y colima todas las personas vivieron en localidades con un Índice de Ingreso “alto” o “muy alto”.

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Para 2017 la ONU estimó el IDH de México como “alto” (0.774), lo que lo coloca en el sitio 74 de 189 países, por debajo de naciones como Costa Rica y Cuba, y por encima de Brasil y Colombia.

Sin embargo, el informe presentado por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) fue elaborado con datos de 2015, al ser los más recientes de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), con el que el Coneval estima el ingreso corriente total per cápita.

Municipios, con bajas capacidades funcionales

En el mismo informe, el PNUD presentó el Índice de Capacidades Funcionales Municipales (ICFM), que mide el involucramiento de actores relevantes en las acciones del gobierno, su capacidad de diagnosticar y de formular políticas y estrategias.

También mide sus capacidades para presupuestar, gestionar e implementar, así como de evaluar políticas públicas.

Para 2016 el promedio del ICFM fue de 0.374, con 31.6% de gobiernos municipales con capacidades funcionales “bajas”, 36.5% “medias” , 24.7% “altas” y 7.2% “muy altas”.

Los estados con mayor porcentaje de municipios con un ICFM “bajo” son Tlaxcala (97%), Oaxaca (96%), Chihuahua (84%), Nuevo León (76%), Guerrero y Durango (75%).

Los que tuvieron un índice “alto” o “muy alto” fueron la Ciudad de México (81%), Baja California Sur y Baja California (80%), Querétaro (78%), el Estado de México (70%) y Campeche (64%).

El subíndice mejor evaluado para los municipios fue el de capacidades para formular políticas (0.663), seguido por el de capacidades para presupuestar, gestionar e implementar (0.519).

La tercera capacidad mejor evaluada es la de involucrar actores (0.265), la cuarta es la de diagnosticar (0.252) y finalmente la capacidad de evaluación (0.224).

Para mejorar las capacidades municipales, el PNUD recomienda al gobierno mexicano:

-Aumentar la recaudación del impuesto predial.

-Aumentar los ingresos municipales por derechos asociados a la prestación de recursos públicos.

-Promover la celebración de convenios entre los municipios con mayores capacidades funcionales y técnicas.

-Crear o modificar el marco normativo que regula las asociaciones público-privadas en los estados y municipios.

-Modificar la fórmula de asignación del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social Municipal (FAISM) y del Fondo de Fortalecimiento Municipal (FORTAMUN).

-Establecer la obligatoriedad de fortalecer las capacidades municipales y de los estados del país.

-Mejorar la transparencia en la intermediación que hacen las entidades federativas para la distribución de recursos a los municipios.

-Establecer formatos jurídicos tipo, para reglamentos y convenios, así como manuales y guías que sirvan como referencia para gobiernos municipales.

-Promover el uso de herramientas para mejorar la efectividad municipal en la planeación, ejecución, monitoreo, evaluación y financiamiento.

Lee aquí el informe completo.

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Aracely Quispe

Aracely Quispe, la peruana que nació en un pueblo sin electricidad y ahora es ingeniera de la NASA

La ingeniera peruana trabaja en la NASA como ingeniera senior de sistemas de vuelos en el proyecto del telescopio James Webb, programado para reemplazar al telescopio Hubble a partir de 2021.
Aracely Quispe
7 de noviembre, 2019
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Una escena en la televisión disparó el deseo de Aracely Quispe de trabajar en la NASA, la agencia espacial estadounidense.

Tenía alrededor de 6 años y vio una retransmisión de Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna, caminando por el satélite en 1969.

Fue impactante ver que los humanos podíamos pasar esa frontera. Con el tiempo, supe que era algo que me interesaba demasiado y que debía empezar estudiando algo en ciencia”, dice la ingeniera peruana a BBC Mundo, desde Maryland, EE.UU., durante una conversación telefónica.

Quispe mantuvo su objetivo pese a haber nacido en un país subdesarrollado, donde las desventajas y carencias juegan en contra de los sueños, mucho más de aquellos de magnitud astronómica.

Pero Quispe se abrió camino a patadas, literalmente, hasta llegar a dirigir misiones en la NASA.

Cinturón negro

La ingeniera nació en Marripón, un distrito rural de Lambayeque, en el norte de Perú, en el que no había electricidad.

Su familia usaba lámparas de kerosene para iluminarse. O la luz de la luna, recuerda, con cierta nostalgia.

“Fueron episodios muy bonitos para mí, los recuerdo con mucho cariño. Digo ‘guau, pasaste todo esto’. Fue divertido y fue único”, dice a BBC Mundo.

Aracely Quispe

Aracely Quispe
Una de las aspiraciones de la ingeniera peruana es trabajar en alguna misión de la NASA relacionada con Marte.

Luego se mudó con su familia a otras ciudades del norte de Perú, donde estudió en escuelas públicas y se graduó en Ingeniería de Sistemas.

Cuando aún cursaba la secundaria, encontró un anuncio sobre una beca para practicar tres meses de karate.

Quispe aprovechó la oferta y en pocos años llegó a obtener el cinturón negro.

“Se me dio la oportunidad de competir en torneos regionales, también viajé a varios países y uno de ellos fue Estados Unidos”, cuenta.

“Cuando ya me había graduado, averigüé sobre la posibilidad de estudiar Ciencias o Ingeniería y fue cuando solicité una residencia permanente por habilidad extraordinaria“, detalla.

Orbitador de Reconocimiento Lunar

Centro Espacial Goddard
El Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO), un satélite no tripulado, salió de la Tierra en 2009.

“Fue difícil demostrar, fue un caso largo, debía mostrar que tenía reconocimientos a nivel nacional e internacional, no solo en el ámbito deportivo, sino también profesional, mostré las tesis que había escrito, el trabajo académico, notas, mostrando que había un equilibrio entre lo académico y lo deportivo”, sostiene.

Finalmente obtuvo la residencia y decidió quedarse a vivir en EE.UU., para estudiar lo que había planeado y llegar a la NASA.

Pero no sabía inglés.

Construcción de naves espaciales

Así que al llegar, Quispe tuvo que estudiar el idioma durante más de un año.

Después se inscribió en la carrera de Ingeniería Tecnológica Espacial en el colegio comunitario Prince George, del estado de Maryland.

Un asesor en esa escuela le dijo que si quería entrar a la NASA, debía continuar sus estudios con Ingeniería Astronáutica o Aeroespacial.

Aracely Quispe

Aracely Quispe
Quispe nació en un pueblo rural del norte de Perú que no tenía electricidad.

Quispe siguió el consejo y se trasladó a Capitol Technology University (CapTechU), en Maryland, a estudiar Astronáutica, una especialidad centrada en la construcción, operación y seguimiento de naves espaciales.

CapTechU tenía un convenio para enviar a sus mejores estudiantes a hacer prácticas a la NASA.

Entonces, Quispe se trazó la pasantía en la NASA como su siguiente paso.

Pero al inicio, no cumplía con todos los requisitos que pedían para participar en el programa.

Contra el “no puedo”

Una de las condiciones, por ejemplo, era ser ciudadano estadounidense, y Quispe todavía no lo era.

Pero afortunadamente, más adelante eliminaron esta formalidad y la joven pudo acceder a las prácticas en la NASA, en la Misión de Medición de Lluvia Tropical (TRMM, por sus siglas en inglés).

“Fue un reto tras otro, un reto tras otro, es lo que siempre cuento en mis conferencias de ‘Rompiendo el paradigma del no puedo'”, dice Quispe, que ahora se está lanzando como conferencista internacional.

Luego de la pasantía ganó una beca para hacer una maestría con una tesis sobre el derretimiento de los glaciares en Cusco, Perú, usando imágenes satelitales de la NASA.

El trabajo oficial en la agencia espacial llegaría poco después.

Parte del telescopio James Webb

NASA/Chris Gunn
Cuando salga al espacio, el telescopio James Webb tratará de estudiar las galaxias desde la época del Big Bang.

El gran deseo

En 2011, Quispe postuló a la misión del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, por sus siglas en inglés) de la NASA, un satélite no tripulado que desde 2009 orbita la Luna y manda información a la Tierra cada cierto tiempo.

El orbitador también busca lugares con potenciales recursos que permitirían enviar misiones tripuladas al satélite.

Quispe ingresó como ingeniera de vuelos y operaciones a la LRO y, unos tres años y medio después, ascendió a líder del equipo.

“Se me concedió mi gran deseo”, dice.

El trabajo “era tener información de primera mano de la Luna y distribuirla entre la comunidad científica, y sentir que eres parte de un proyecto que va a aportar a la ciencia y por ende a la humanidad”, cuenta.

Después de seis años en la LRO, la ingeniera se trasladó a otra área de la NASA, aunque igual de fascinante.

A base de esfuerzo

Ahora Quispe es ingeniera de sistemas de vuelos en el proyecto del telescopio James Webb, programado para salir al espacio en 2021 y reemplazar al telescopio Hubble.

El James Webb se pondrá en órbita con el fin de estudiar las galaxias desde la época de su formación, es decir, desde el mismo Big Bang, y todas las fases de la historia del universo, según explica la NASA.

“Tener la oportunidad de participar y colaborar y llevar esta misión a un lanzamiento exitoso me hace sentir especial y también muy orgullosa de que, siendo peruana, podamos hacer historia”, dice Quispe a BBC Mundo.

Aracely Quispe

Aracely Quispe
El primer trabajo oficial de Aracely Quispe en la NASA fue en el Orbitador de Reconocimiento Lunar (Foto: Laboratorio de Imagen Conceptual del Centro Espacial Goddard de la NASA).

Mientras cumple con sus tareas astronómicas, la peruana también da charlas para motivar a otras mujeres a seguir carreras científicas y está escribiendo un libro sobre su vida.

“Es importante hablar de ciencia, que la gente no la vea como algo inalcanzable”, opina. Aunque reconoce que llegar a la NASA fue difícil.

“ todos esos recursos que algunas personas tienen a la mano para surgir, en mi caso hubo muchas limitaciones, carencias económicas”, dice.

“Pero creo que eso me hizo ser una persona que valora más cada cosa que ha logrado porque ha sido todo a base de esfuerzo. Tenía optimismo. Mi actitud siempre fue de perseverar y buscar los recursos”, asegura.

Más adelante, Quispe espera formar parte de alguna misión de la NASA que tenga que ver con Marte.

De aquí en algunos años, ¿alguna otra niña verá una imagen de Quispe en el planeta rojo y pondrá sus sueños en el espacio?

* Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Arequipa, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad peruana entre el 7 y el 10 de noviembre.


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