Mi pesadilla es quedarme sin medicamentos: personas portadoras de VIH denuncian desabasto
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Mi pesadilla es quedarme sin medicamentos: personas portadoras de VIH denuncian desabasto

Aunque las autoridades niegan el desabasto de antirretrovirales, usuarios afectados por la falta de estas medicinas se manifestaron este jueves frente a la Secretaría de Salud para demostrar que el problema es real y que su vida está en riesgo.
Cuartoscuro
3 de mayo, 2019
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En 2011, Josué pesaba 42 kilos, tenía anemia y contrajo neumonía. Estuvo hospitalizado durante cuatro días y necesitó una transfusión de sangre. Dice que pudo haberse quedado hasta 15 días en el hospital, pero que su recuperación fue rápida porque se mentalizó que debía ponerse bien. “Todo el tiempo me decía no me quiero morir, no me quiero morir, no me voy a morir”, dice.

Y ahora cuenta que justo por eso vino a la protesta que este 2 de mayo se organizó enfrente de la Secretaría de Salud del gobierno federal, en la Estela de Luz, en la CDMX, porque no se quiere morir, y sabe que su salud se complicará sin los fármacos que toma.

Josué, quien se dedica a la publicidad por Facebook, vino desde Tamaulipas junto con otra decena de personas afectadas por el desabasto en el Seguro Popular de medicinas para combatir el VIH. Los manifestantes cuentan que hace dos meses que no hay los fármacos necesarios.

El joven dice que solo podrá tomar su tratamiento, con Atripla, hasta este viernes 3 de mayo. Después de eso no tiene más pastillas. Ya se agotó hasta su reserva. “Fui a consulta y el médico me dijo que no hay medicamento y que no saben cuándo llegará. Lo único que hizo fue checarme para ver cómo estoy y me dijo que estoy bien, pero eso es relativo porque estoy bajo de defensas, estoy en 323 cuando el nivel óptimo es 500”.

Para quienes viven con VIH tener el tratamiento adecuado y adaptarse no es sencillo. “Después de que estuve en el hospital y me diagnosticaron con Sida, me dieron un tratamiento que no me funcionó muy bien. Estuve año y medio con ese esquema y no iba bien, así que me lo cambiaron al que tengo hasta ahora y con ese me estabilicé. He estado bien, he seguido mi vida normal. Aunque siempre hay efectos secundarios. Yo me mareaba, tenía etapas de depresión y pesadillas, pero ya me acostumbré. Mis pesadillas nocturnas ya me dan risa. Mi verdadera pesadilla ahora es ésta, quedarme sin mis medicamentos”, afirma Josué.

El publicista dice que la población con VIH en Tamaulipas está llegando a la desesperación. “Hemos estado preguntando entre las redes de amigos si saben de alguna persona fallecida por VIH que haya dejado medicamento para ver si la familia lo dona. A ese grado estamos ya. Igual entre amigos nos habíamos estado prestando tres pastillitas, cuatro pastillitas, pero ahorita ya nadie quiere prestar”.

El medicamento que toma Josué y que no le están suministrando en el Seguro Popular cuesta alrededor de 16 mil pesos. “Eso por una caja para un mes, es algo que no puedo costear, además de que tampoco es que se pueda conseguir fácil en las farmacias de por allá”.

Roban antirretrovirales para pacientes con VIH en hospital del IMSS en CDMX

En la misma situación está Ana Karen, que también vino desde Tamaulipas a manifestarse. A ella no le han dado uno de los tres medicamentos que debe tomar, Truvada, que cuesta alrededor de 7 mil 500 pesos. Ella dice que toma un tratamiento que consta de tres fármacos, pero si no toma uno de los tres, no tiene caso que tome los otros dos. “Estos tratamientos son así, si no consumes alguno solo abres la puerta para que el virus cree resistencia”.

Ana Karen, que se ha vuelto una de las cabezas de la lucha por los derechos de las personas que viven con VIH en Tamaulipas, señala que en ese estado hay cinco Centros Ambulatorios para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS), operados por el Seguro Popular, en los que se atiende a 4 mil 100, usuarios.

“Ya la mayoría está sufriendo el desabasto. El CAPASITS más grande es el de Tampico, tiene 1200 usuarios, la mayoría ahí ya está padeciendo por falta de medicinas, aunque el mayor problema lo tienen los que toman Atripla, unas 600 personas solo en ese centro”.

La activista asegura que varias personas están entrando en crisis. “Yo recibo llamadas todos los días de gente que está desesperada porque no le han dado el medicamento y eso es una presión más para mí, porque no puedo hacer nada, las autoridades parece que no escuchan, que no entienden, hasta niegan que el desabasto exista, pero es real y aquí estamos para probarlo, pero el secretario de Salud ni nos da la cara”.

Ana Karen dice que todo es una simulación. “Las autoridades federales aquí dicen que no hay desabasto y los médicos allá nos dicen que no pasa nada si no tomamos el medicamento unos meses, imagínate, ¿cómo nos pueden decir eso? Se pasaron años diciéndonos que era vital tener apego al tratamiento, llevarlo al pie de la letra, no dejar nunca los fármacos, ¿y ahora nos quieren convencer de que no pasa nada?”.

El mayor temor de los afectados por el desabasto es llegar a lo que se conoce como proceso de Sida, cuando cualquier infección oportunista puede atacarlos. “A mí ya me pasó eso. Hace 25 años que vivo con VIH, y en 2004 me quedé sin trabajo, sin Seguro Social y sin tratamiento. Me dio herpes en la cara y una tos que me envió al hospital. Me estaba muriendo. Me salvé porque me hospitalizaron y por medio del Seguro Social volví a tener los fármacos. No quiero volver a eso, no quiero volver al proceso de Sida”.

La activista asegura que ese escenario sería ahora mucho peor, “porque en Tamaulipas no tienen ahorita fármacos para atacar esas infecciones oportunistas. Lo sabemos. De hecho hay cuatro personas hospitalizadas, en el Hospital Canseco, en la zona sur del estado, que apenas fueron diagnosticadas con Sida a las que están dejando morir”.

Diversos activistas han denunciado que desde hace al menos dos meses hay escasez de medicamentos para controlar el VIH en el Seguro Popular, en Tijuana, Baja California; en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en Tamaulipas y “en la CDMX les están empezando a cambiar los esquemas de fármacos, lo que atenta contra la salud de las personas porque los tratamientos no se pueden cambiar así, sin estudios previos, sin una razón médica”, afirma Adrian Quiroz, del Movimiento Nacional de Lucha contra el VIH.

Organizaciones y pacientes con VIH Sida de cinco estados denuncian nuevo desabasto de antirretrovirales

Otros grupos como AHF México y el Grupo Multisectorial en VIH/Sida e ITS del Estado de Veracruz aseguraron que han documentado que existe desabasto en Oaxaca, Chihuahua, Tabasco y Veracruz.

En el Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención de SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS) de Ciudad Juárez, el desabasto se reporta desde el 25 de marzo. No se cuenta con 20 de los 26 medicamentos con los que se da tratamiento a los usuarios.

Quiroz asegura que el desabasto se debe a que las compras debieron ya haberse hecho desde abril, pero se han retrasado por los ajustes en los procesos de licitación para la compra de los fármacos y el involucramiento de la Secretaría de Hacienda. “Nosotros estamos muy de acuerdo en que se combata la corrupción, apoyamos eso, pero no entendemos por qué se tiene que afectar así a la gente, por qué no se prevé hacerlo sin dejar a las personas sin medicamentos que necesitan para vivir”.

El activista señala que en el IMSS, del que él es derechohabiente, las compras para tener abasto se hicieron desde el año pasado, “por eso en esa parte del sector salud nos siguen dando el medicamento”.

Leer: Pacientes con VIH Sida advierten sobre falta de medicinas; Salud asegura que hay abasto suficiente

Consultada sobre lo que está sucediendo en estados como Tamaulipas con los medicamentos antiretrovirales, la Secretaría de Salud respondió a Animal Político a través de su oficina de comunicación social que no existe tal desabasto.

“Hay insumos suficientes hasta junio, cuando podría empezar a bajar la reserva de medicamentos que se tiene, pero para entonces ya estará llegando la nueva compra que está en proceso y con curso normal, si acaso ha tomado algo más dé tiempo porque Hacienda tiene una participación directa y está revisando todo minuciosamente, lo que antes no se hacía, pero no hay desabasto y no lo habrá en ningún lado”.

Cuando se les pidió corroborar que en estados como Tamaulipas no hay desabasto y se les mencionó que este medio había recogido las historias de usuarios que afirmaban haber hecho el viaje a la CDMX para demostrar en la misma sede de la Secretaría de Salud, y con recetas en mano, que no les habían dado sus fármacos, la oficina de comunicación dijo que revisaría el tema, pero no hubo mayor respuesta.

AMLO hará excepción para comprar antirretrovirales 

El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo este viernes en conferencia de prensa que una de las tres empresas señaladas de acaparar la venta de medicamentos, es la única que vende el producto para combatir el VIH en el país, por lo que se decidió seguir comprándoselo.

“Como se trataba de un asunto delicadísimo, humano, se hizo una excepción, pero al mismo tiempo estamos buscando en el extranjero”, dijo.

 

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Qué puedes hacer para reducir el riesgo de contraer COVID cuando viajas en transporte público

Los ambientes ruidosos, donde la gente debe inclinarse y gritar para ser escuchada, tienen mayor riesgo que los espacios silenciosos.
9 de septiembre, 2020
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En el metro de Londres, los pasajeros más listos conocen algunos secretos para llegar más pronto a su destino.

En los túneles ubicados entre las plataformas de las estaciones, por ejemplo, hay rutas que no están señaladas y que ofrecen atajos.

Y si eliges ciertos vagones, éstos te llevarán exactamente al punto donde está salida en la plataforma para que puedas salir pitando antes que el resto.

Navegar el transporte público durante la pandemia, sin embargo, es algo que ni los pasajeros más experimentados habían tenido que hacer antes.

Transportarte de un lugar a otro rápidamente ahora parece mucho menos importante que hacerlo de manera segura.

¿Cómo pueden reducirse los riesgos?

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Getty Images
Durante el confinamiento el metro de Londres transportó sólo a una tercera parte del número normal de pasajeros.

Hay, por supuesto, algunas cosas esenciales: usar una mascarilla, tratar de evitar las horas más congestionadas y seguir las guías de distanciamiento físico.

Seguir los consejos de salud pública es lo más importante y esto reducirá el riesgo significativamente.

Pero hay otras medidas menos obvias que vale la pena conocer.

El análisis de la investigación del transporte y la psicología de pasajeros pueden ofrecer algunas claves, además de indicar los cambios que debemos llevar a cabo en los próximos meses.

Asuntos de ventilación y flujo de aire

Con una enfermedad como covid-19, entre más gente respire, tosa o hable en el mismo espacio confiando, mayores las probabilidades de que resultar infectado.

Tu mejor opción, si puedes, es optar por la bicicleta, caminar o un escúter, ya que así podrás mantener la distancia de los otros.

Los autos obviamente también son seguros, siempre y cuando viajes con gente que vive en tu casa. Pero si todos conducimos esto llevará al efecto de la “tragedia de los bienes comunes” de mayor tráfico y mayor costo medioambiental, así que es difícil recomendarlo como una alternativa socialmente responsable.

“Los autos son muy ineficientes al usar la infraestructura urbana. Si todos nos movilizamos en auto, nadie se mueve”, dice Carlo Ratti, director del Senseable City Lab del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

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Getty Images
Entre más ventilación tiene tu medio de transporte, mejor.

Si viajas por tren, autobús o metro, un factor que tienes que considerar cuando planees tu ruta es cómo está ventilado, explica Nick Tyler, investigador de transporte de la Universidad de Londres, quien ha hecho modelos de la forma como el virus se propaga en los autobuses.

“Fuera, en el aire libre, las microgotas se disipan en el aire y el viento”, dice. “Una vez que están dentro, éstas tienen menos movimiento”.

Los diseños difieren pero entre más ventanas, mejor. Por esta razón, un subterráneo es más difícil de ventilar que un tren o autobús en la superficie.

Según un estudio de 2018 realizado por Lara Gosce de la Universidad de Londres, la gente que usaba el metro de la capital británica regularmente tenía más probabilidades de sufrir síntomas de gripe que los que no lo hacían.

En general, los sistemas de ventilación del transporte público terrestre son menos efectivos que los de los aviones.

El aire en los aviones es redistribuido a través de sofisticados filtros HEPA (recogedor de partículas de alta eficiencia) con una cierta frecuencia, lo cual debe bloquear la mayoría de las partículas virales.

“La ventilación en los aviones es muy criticada de muchas formas. En realidad es uno de los mejores sistemas que podemos encontrar”, afirma Tyler.

Y a diferencia de muchos trenes y autobuses, el flujo de aire viaja directamente desde el techo al piso. Esto significa que las microgotas son empujadas al piso, lejos de las manos y las caras, más rápidamente.

Un vagón de metro de Nueva York, por el contrario, empuja el aire de forma horizontal, y usa filtros con menor rendimiento que los aviones, clasificados con siete en una escala de 20 en términos de eficiencia.

La ciencia es oro

Cuando analices tu medio de transporte, vale la pena que consideres cuánto se habla y a qué volumen.

Los ambientes ruidosos, donde la gente debe inclinarse y gritar para ser escuchada, tienen mayor riesgo que los espacios silenciosos.

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Getty Images
Muchos critican la ventilación de los aviones pero es el sistema más eficiente que hay.

Se piensa que esta es una de las razones por las que los clubes nocturnos, bares o plantas de empacado de carne tan experimentado altos niveles de contagio.

Así, un vagón de tren con cacofonía donde viajan hinchas deportivos que cantan presentará más riesgo que un autobús silenciosos donde los pasajeros leen sus teléfonos.

Dónde sentarse

Una viñeta muy citada de la revista New Yorker dice: “Nunca te subas en un vagón vacío”. Lo que implica que no te gustaría descubrir por qué todos han evitado subirse a ese vagón, por ejemplo, por un mal olor, o, en el peor de los casos, porque allí te podrían asaltar.

Ese consejo sigue vigente, por ejemplo si eres mujer y viajas de noche. Pero en la pandemia, evitar las multitudes de otros pasajeros es lo más prudente, si puedes hacerlo.

Además de alentar el uso de mascarillas, muchas autoridades de transporte han introducido señales y anuncios para recordar a la gente que mantenga la distancia física cuando se siente, pero ¿qué otras cosas hay que saber sobre qué asientos elegir o evitar?

Un estudio reciente en China analizó cuánto afecta la proximidad en los asientos en los trenes para el riesgo de transmisión.

Al rastrear los viajes y el lugar del asiento de más de 2.000 personas que tenían el virus en la red de trenes de alta velocidad de China, entre diciembre de 2019 y marzo de 2020, lograron ver cómo el virus se desplazaba entre la gente.

Sentarse en la misma fila, especialmente una adyacente, tenía el mayor riesgo en este escenario en particular.

Al parecer los respaldos entre las hileras en el tipo de tren que estudiaron, un tren interurbano de alta velocidad, pudo haber ofrecido cierto tipo de barrera.

La gente sentada en la misma hilera en un viaje interurbano también necesitaba pasar frente a los otros pasajeros para ir al baño o a buscar refrigerios.

(Es importante notar que los investigadores no descartaron que la transmisión en las hileras era más alta debido a que la gente sentada de forma adyacente tenía más probabilidades de ser familiar o amigo, y que tenían contacto cercano).

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Getty Images
El virus también puede propagarse cuando tocamos superficies que están contamiadas.

Quizás no sorprende que los viajes más largos incrementaron el riesgo, incluso para quienes estaban sentados a dos filas de distancia.

Los investigadores encontraron que después de dos horas, una distancia de menos 2,5 metros y sin mascarilla fue insuficiente para evitar la transmisión.

Algo tranquilizador fue el hecho de que sentarse en el mismo asiento de alguien que tenía el coronavirus no incrementó significativamente el riesgo de contagiarse.

Dónde pararse

Un estudio sobre conducta de pasajeros de metro en la ciudad de Nueva York sugiere que la gente que viaja parada tiene más probabilidad de agarrarse a los postes verticales que a otros asideros, como correas o tiras de resorte.

Aunque se piensa que el virus se transmite principalmente por el fino espray de aerosoles y microgotas que producimos cuando hablamos, respiramos o tosemos, también puede propagarse cuando tocamos superficies que están contaminadas con el virus y después nos llevamos los dedos a la boca o nariz.

Los investigadores también encontraron que los neoyorquinos que deciden pararse en los vagones tienen más probabilidad de permanecer cerca de las puertas, debido a la proximidad de la salida, las divisiones para recargarse o la oportunidad de evitar el contacto visual con los pasajeros sentados.

Así, quedarse cerca de las puertas puede tener beneficios mixtos. Quizás es uno de los espacios mejor ventilados, pero también es el más congestionado.

Se encontró que los hombres tienen más probabilidad de permanecer parados que las mujeres cuando los vagones comienzan a congestionarse.

Quizás se debe a la antigua cortesía social o quizás los hombres prefieren quedarse de pie.

Pero si consideras que los estudios muestran que los hombres se lavan las manos con menos frecuencia que las mujeres, podrías concluir que es mejor no compartir un poste con un hombre que puede tener las palmas sucias.

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Todavía no se sabe cómo cambiará el transporte en las ciudadaes cuando pase la pandemia de covid-19.

Lo que se desconoce

Aunque viajar regularmente en transporte público involucra cambios en el riesgo para la gente, por ahora no se sabe cuánto.

Hay cierta razón para el optimismo, como informó recientemente Christina Goldbaum en The New York Times: el rastreo de contactos en Japón, Francia y Austria no encontró vínculos entre los brotes y las redes de transporte público.

Algunos modelos matemáticos también sugieren que el transporte público bien ventilado con el uso de mascarillas presenta menos riesgo que otros ambientes interiores, como un bar concurrido y poco ventilado.

Es posible que los viajes de corta distancia, la ventilación y permanecer callados también ayuden. Pero es necesaria más evidencia.

Lo que es claro es que regresar a las formas prepandemia no funcionará, al menos en el futuro cercano.

Los autobuses en Londres, por ejemplo, han limitado su capacidad a 30%, así que por cada pasajero que regrese a la oficina ahora, necesitarás 2 o 3 autobuses más en la hora punta para mantener el distanciamiento social, o la gente enfrentará retrasos.

E incluso al llegar a su oficina, un trabajador en un rascacielos deberá esperar más tiempo formado para poder entrar a un elevador con distanciamiento social, afirma Tyler.

Quizás debemos ver esto como una oportunidad para repensar el transporte.

“Durante la época de cambios es importante permitir la experimentación en las ciudades”, dice Ratti.

“La capacidad de probar algo, ver si funciona y transformar la ciudad es algo que deberíamos conservar en el mundo post covid-19”.

Así, aunque hay formas para reducir a corto plazo tu riesgo en el transporte público, una pregunta más importante que debemos plantearnos es si es momento de reexaminar cómo transportarnos de un lugar a otro.

¿Cómo será trasladarse en una ciudad después de un año o dos de enfocarnos en la seguridad y no en la capacidad o la velocidad?

No se sabe pero, por ahora, lo único que podemos hacer como pasajeros es aferrarnos a lo que ha sido comprobado y esperar que el futuro nos lleve a un mejor lugar.

Esta nota fue publicada originalmente en BBC Future. Haz clic aquí si quieres leer la versión original (en inglés).

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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https://www.youtube.com/watch?v=RaH9rA2Kdxw

https://www.youtube.com/watch?v=sVc_VPSn_FI

https://www.youtube.com/watch?v=Ujpo0T9Cz-0

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