¿Quién era Francisco Romero 'Ñaca Ñaca', el periodista asesinado en Playa del Carmen?
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Foto tomada de la página de Artículo 19

¿Quién era Francisco Romero 'Ñaca Ñaca', el periodista asesinado en Playa del Carmen?

Artículo 19 condenó que Romero sea el cuarto comunicador asesinado al estar bajo el Mecanismo de Protección a Periodistas.
Foto tomada de la página de Artículo 19
17 de mayo, 2019
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Francisco Romero Díaz tenía la noticia primero que nadie. Se hizo famoso en Playa del Carmen, Quintana Roo, por sus transmisiones en vivo desde el lugar de los hechos. Si había un homicidio, un choque o una detención, la propia gente le avisaba por las redes sociales y nuevamente era el primero en llegar. Hasta que la madrugada de este jueves fue asesinado.

Uno de sus amigos y socios, Andrés Palafox, lo recuerda como un joven alegre, siempre solidario, buen compañero y echado para adelante. Lo conocían con el apodo del “Ñaca Ñaca”, que surgió porque Romero tenía labio leporino y eso le provocaba cierta dificultad para hablar, un problema de nacimiento que, en lugar de ser un obstáculo, se volvió su sello distintivo.

“Él decía: si no me entiendes no es mi culpa, no es mi culpa que no sepas hablar ñacañez. Porque él era el Ñaca Ñaca y su idioma supuestamente era ñacañez. Siempre jugábamos con eso”, recuerda Palafox.

Romero dejó una esposa viuda y un hijo huérfano que acababa de cumplir seis años. También dejó un exitoso proyecto periodístico, la página de Facebook Ocurrió Aquí, que con solo ocho colaboradores había llegado a tener 70 mil “me gusta”, en nueve meses. Tras ataques cibernéticos y ahora el asesinato de su fundador y cara más visible, fue cerrada definitivamente.

Ñaca empezó en el periodismo hace apenas cuatro años, casi por casualidad. Iba en su moto de repartidor cuando se cruzó con un suceso: una persona drogada robó una pipa de agua y se fue chocando automóviles por una avenida, hasta que la policía lo detuvo a balazos. Él empezó a transmitir en vivo y el video se volvió viral, cuenta Palafox. A la gente le llamó la atención su facilidad para comunicar la noticia, a pesar de su problema para hablar.

El video lo vio también otro periodista ya consolidado de la zona, Rubén Pat, que lo buscó y fue quien le enseñó el oficio. Juntos fundaron en 2016 el semanario Playa News, que llegó a tener 150 mil seguidores, cuando toda la población de Playa del Carmen es de 200 mil, presume Palafox.

Pero ahí empezaron las amenazas. El crimen organizado dejaba constantemente narcomantas y presionaba a los medios locales para que las reprodujeran, pero eso acarreaba que la banda rival quisiera enviar sus propios mensajes, o que intimidara a los periodistas. También los amedrentaban, cuando en una transmisión en vivo de alguna detención se alcanzaban a ver los rostros.

El Estado le dio protección a ambos, pero de poco sirvió: a Rubén Pat lo mató el 24 de julio de 2018, afuera de un bar, un supuesto vendedor de rosas.

Leer: Asesinan a balazos a Rubén Pat, periodista de Quintana Roo

La organización Artículo 19, que defiende la libertad de expresión, lanzó un llamado de atención este jueves porque días antes de Pat, el comunicador José Guadalupe Chan también fue asesinado, por lo que suman tres homicidios de periodistas en menos de un año en Quintana Roo.

Tras la muerte de su mentor, Romero fue trasladado fuera del estado y al cabo de un par de meses en un refugio, regresó y fundó Ocurrió Aquí, de nota roja pero también de mucho contenido político, sobre todo este año, que habrá elecciones para renovar el Congreso local.

Según Palafox, las autoridades locales empezaron a amedrentarlos e incluso llegaron a detener a reporteros de la página, con el argumento de que entorpecían la labor policiaca. Pero justo como transmitían en vivo, se veía el actuar de la policía y creaba más molestia.

Artículo 19 documentó al menos cinco agresiones en su contra este año, según informó en un comunicado. La primera el 7 de marzo, cuando fue detenido por policías municipales mientras cubría un accidente de tránsito, y dos horas después una funcionaria de esa corporación le dijo que el mensaje era que se calmara, de parte de Laura Beristain, alcaldesa de Solidaridad, municipio al que pertenece Playa del Carmen.

La siguiente agresión fue el 11 de abril: fue privado de su libertad por tres desconocidos que lo golpearon hasta perder el conocimiento,  agresión por la cual puso una denuncia formal ante la Fiscalía estatal, además de responsabilizar a Beristain por lo que le ocurriera.

Posteriormente hubo amenazas de muerte que recibía de perfiles falsos de Facebook. Además, la página de su medio de comunicación fue hackeada y nunca pudo recuperar el control. Pidió a la red social que la eliminara, pero esto nunca pasó, por lo que desde esa cuenta se han publicado falsas burlas a funcionarios locales, y acusaciones de que Romero estaba vinculado al crimen organizado.

En medio de todo esto, se le brindaron medidas de seguridad: un botón de pánico y dos escoltas, que no estaban con él al momento de su muerte. Artículo 19 condenó que Romero sea el cuarto comunicador que estaba bajo el Mecanismo de Protección a Periodistas y terminó muerto a pesar de ello.

A Palafox le resulta extraño que su amigo haya terminado golpeado y baleado en un lugar solitario, si solía ser muy cauteloso. Incluso cuando cubría un suceso, no se acercaba si no veía una patrulla o que ya estaba acordonada el área, para evitar riesgos o que se le fuera a vincular con lo ocurrido.

“Empezaron las amenazas fuertes cuando empezamos la parte política, tanto al Ñaca como a un servidor, y nuevamente se pidió el botón, se pidió lo de los escoltas. Tenía 15 días que el Ñaca tenía escoltas, pero anoche los mandó a dormir. Francisco era una persona que siempre estaba pensando en que todos estén cómodos. Él los manda a dormir, y aproximadamente a las 4 de la mañana se levantó y se fue, muy probablemente por un llamado de una nota”, explica.

Más allá de las acusaciones públicas que Romero había lanzado contra la alcaldesa, para su amigo el ambiente está muy contaminado por la política y el deseo del gobierno actual de mostrar una mejoría en la seguridad.

El lunes pasado, que hubo un enfrentamiento en un bar donde la Fiscalía reportó la muerte de una persona, ellos recibieron un video donde se veían siete cadáveres, asegura, y aunque el gobierno estatal instauró el mando único y tomó el control de la seguridad del municipio, hubo otros enfrentamientos en la semana, por lo que la ciudad estaba caliente y nadie en el poder quería que alguien como Romero evidenciara el problema. Solo sus seguidores.

“Francisco era el número uno, literalmente, en dar las noticias de todo lo que sucedía en Playa del Carmen. Era tanta la gente que lo seguía, que la gente solita le avisaba, o tomaba fotos y se las mandaba, y le decía ‘te paso estas fotos solo a ti’. Señoras, señores, niños, lo veían en la calle y lo paraban también para tomarse fotos con él, lo querían mucho, todo Playa del Carmen lo quería mucho. Y así lo vamos a recordar, con mucho cariño”, dice.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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