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Cuartoscuro

Empresa acusada de monopolio y de entregar alimentos en descomposición suma 51 contratos con AMLO

Más del 75 % de los contratos entregados han sido por adjudicación directa. Esto pese a que empresa ha sido denunciada y sancionada en múltiples ocasiones por alimentos en mal estado.
Cuartoscuro
6 de junio, 2019
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Cambió el sexenio pero el dominio de un consorcio en la obtención de contratos para la elaboración de alimentos en el sector público no.

El Corporativo Kosmos, empresa que ha ganado millones del erario en los tres gobiernos federales anteriores al amparo de múltiples contratos públicos de alimentos, acumula ya en los primeros meses de este sexenio 51 nuevos contratos con la actual administración y los gobiernos de Veracruz y Ciudad de México por casi 875 millones de pesos; más del 75 % de ellos entregados por adjudicación directa, es decir, sin competencia.

Algunas de esas adjudicaciones se han otorgado con argumentos legales genéricos o contradictorios, o que el propio presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado como un “modus operandi” para la corrupción en gobiernos pasados. Los servicios contratados van desde alimentar a reos en penales estatales o a pacientes en hospitales, hasta despensas para deportistas de alto rendimiento. Pero también hay nuevos contratos por cosas que nada tienen que ver con la comida, como adquirir mesas y moños para la Policía Federal.

Lee>> Una empresa monopoliza los servicios de alimentos de presos y enfermos en México

Esto, pese a que el actual gobierno federal ha criticado los “contratos leoninos” obtenidos por esta empresa en gobiernos pasados –por los que incluso aún se debe dinero–, y que el propio presidente ha condenado el acaparamiento de algunas compañías de los contratos en sectores como el de alimentos y medicinas.

Pero el tema va más allá del dinero. El reportaje El cártel de la comida evidenció que esta empresa ha sido denunciada en varias ocasiones, tanto por monopolizar los contratos de su sector con presuntas licitaciones a modo, como por la mala calidad en sus alimentos, situación que incluso derivó en un amotinamiento en el penal de Islas Marías.

Animal Político publicó que más de 5 mil reos se enfermaron por mala calidad de alimentos en penales abastecidos por Kosmos, lo que ha derivado en 34 sanciones para el corporativo. Además, la empresa también ha sido denunciada públicamente por enviar despensas con productos de dudosa calidad y bajos nutrientes a Venezuela.

“No se renovarán contratos con empresas de mala reputación… ni en este caso de la venta de alimentos ni en otros”, dijo el presidente López Obrador el pasado 20 de marzo al ser cuestionado sobre los contratos de Kosmos.

La realidad, sin embargo, es distinta.

Vejaciones y comida en descomposición: los motivos del motín en Islas Marías en 2013

Las ganancias y contratos

Información recabada a través de Compranet y solicitudes de información muestra que el Corporativo Kosmos ha obtenido con el actual gobierno federal 45 contratos desde diciembre pasado, cuando inició el gobierno de López Obrador.

El monto de dichos contratos asciende a 436 millones 547 mil 228 pesos. Se trata de nuevas contrataciones, responsabilidad de la actual administración, con independencia de contratos que previamente estaban vigentes y continúan pagándose.

Además, dos gobiernos estatales, emanados del mismo partido del presidente, comenzaron a entregarle recursos a este corporativo desde diciembre: el de Ciudad de México, con 4 contratos por 206 millones 223 mil 508 pesos, y el de Veracruz, con 2 contratos por 231 millones 514 mil pesos.

El Corporativo Kosmos está integrado principalmente por tres compañías: La Cosmopolitana S.A. de C.V.; Productos Serel S.A. de C.V. y Kol-Tov S.A. de C.V.

¿Cómo ha obtenido dichos contratos el corporativo? 39 de ellos han sido vía adjudicación directa, mientras que uno de ellos por la vía de la invitación restringida. Se trata de casi el 80 % de los contratos ganados en el nuevo sexenio sin competencia; los 11 restantes han sido por licitación pública.

Esta proporción es totalmente inversa a la que marca la Constitución y las distintas leyes de adquisiciones, en donde se establece que la licitación pública debería ser la regla general y los otros mecanismos las excepciones.

En cuanto a los 41 contratos del gobierno federal, estos provienen de nueve dependencias e instituciones distintas. Las que mayor número de contratos les han entregado son la Secretaría de Gobernación con 21; el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) con 9, y la Secretaría de Salud (con hospitales desconcentrados incluidos) con seis.

En el caso de los cuatro contratos entregados a la empresa por la administración de Claudia Sheinbaum, tres han sido por adjudicación directa y solo uno en licitación pública. Las dependencias contratantes han sido la secretaría de Salud local, la Secretaría de Bienestar local y el DIF capitalino.

Respecto a los dos contratos otorgados por la administración del gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, ambos han sido por adjudicación directa a través de la Secretaría de Seguridad Pública local y la Secretaría de Salud de la entidad.

En la mayoría de los casos el objeto de los contratos han sido para la entrega de alimentos preparados o insumos alimenticios, pero también hay algunos sobre conceptos totalmente distintos como entrega de carpas o sillas, o servicios de hospedaje y traslados.

Los cinco contratos de mayor monto son:

-Uno por 190 millones de pesos entregado vía adjudicación directa por el gobierno de Veracruz para alimentos en sus penales.

-Otro por 189 millones vía licitación del gobierno de Ciudad de México para comedores comunitarios.

-Uno de 135 millones 700 mil pesos vía adjudicación directa de Policía Federal para servicios de hospedaje y alimentos.

-Le sigue un contrato de casi 46 millones de pesos de la FGR para alimentos en sus distintas áreas vía licitación pública.

-Y otro de la Secretaría de Salud de Veracruz por 41 millones 54 mil pesos, también entregado en adjudicación directa.

El Cártel de la Comida… domina

Una revisión hecha por Animal Político utilizando la herramienta Contratobook, un buscador de contratos federales registrados en la plataforma Compranet, muestra la notable desigualdad en el número de contratos y montos obtenido por Kosmos frente a varias de las compañías con las que ha competido directamente en alguna licitación pública o restringida.

Por ejemplo. Las tres empresas del corporativo Kosmos acumulaban a diciembre de 2018 un total de 670 contratos por más de 9 mil 880 millones de pesos, de acuerdo con el resultado arrojado por Contratobook. Ello sin tomar en cuenta la mayor parte de contratos estatales y varios federales obtenidos por el corporativo (como los de alimentos en penales federales) que no aparecen en Compranet.

Aún con ello su competidor más cercano, una empresa denominada Abasto y Distribuciones Institucionales, presenta 517 contratos (cifra no tan lejana a Kosmos) pero por un monto mucho menor: 2 mil 446 millones de pesos, casi la quinta parte. Y varios de ellos obtenidos en colaboración con Kosmos.

La búsqueda de otra compañía que ha competido con Kosmos de nombre PanRol arroja un total de 243 contratos por 471 millones de pesos, un monto 20 veces inferior. Y Casa Álvarez Gourmet, muestra ganancias por 491 millones aunque solo en 13 contratos, de los cuales 2 son con la Policía Federal por más de 400 millones.

Les sigue Empacadora El Fresno con 405 millones de pesos ganados resultado de 169 contratos, mientras que dos empresas de nombre Pigudi Gastronómico y Pigudi SA han ganado, en conjunto, 586 millones, una cifra 17 veces inferior a la de Kosmo.

También se revisaron a otras 18 compañías que aparecen en alguna licitación compitiendo con empresas de Kosmos. Todas ellas juntas suman mil 140 millones de pesos, siete veces menos que el referido corporativo.

Y también se encuentra el caso de otras 26 empresas que de igual forma han aparecido como competidoras de Kosmos, pero las cuales no registran ni un solo contrato ganado y ni un peso obtenido.

De acuerdo con el reportaje publicado por Quinto Elemento Lab, la empresa La Cosmopolitana y sus aliadas multiplicaron sus ganancias en los últimos 18 años al amparo de los contratos públicos que les concedieron cada vez en mayor medida y monto los gobiernos de los expresidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

La compañía pasó de tener negocios por seis millones de pesos en 2002, a contratos por más de 5 mil millones en 2018. En total casi 30 mil millones de pesos en ganancias en ese periodo de tiempo, mucho más que cualquiera de sus competidores en el ramo.

Monopolio de ganancias… e irregularidades

El dominio en la obtención de contratos por parte de Corporación Kosmo ya había sido cuestionado en años anteriores.

El reportaje de El cartel de la comida reveló que una empresa competidora, Prodilacsa, denunció que en una contratación de 2016 con Aeropuertos y Servicios Auxiliares se solicitó como requisito una constancia de un laboratorio autorizado por la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA).

Dicha constancia era imposible de cumplir legalmente porque no había laboratorios certificados por EMA pero, aun así, las empresas de la Kosmo si contaban con uno y por ende obtuvieron el contrato. Los mismo sucedió en otro contrato similar convocado por la Conade.

Pero además del tema económico se han denunciado irregularidades de otro tipo. El referido reportaje documentó varios casos de enfermedades en centros penales locales y federales por alimentos en mal estado. Y Animal Político publicó que la compañía fue sancionada en 34 ocasiones por el gobierno, tras servir alimentos que enfermaron a 5 mil 271 internos en centros penales federales.

Incluso, el corporativo Kosmos fue señalado en un reportaje conjunto del portal venezolano Armando.info y del periódico Excelsior de ser una de las empresas involucradas en una trama de corrupción para vender despensas a bajo precio a Venezuela, en donde se habían incluido alimentos de mala calidad como, por ejemplo, leche en polvo con bajos nutrientes.

El pasado 20 de marzo, en su conferencia matutina, el presidente Andrés Manuel López Obrador fue cuestionado por la reportera Nadia Sanders sobre las irregularidades relacionadas con La Cosmopolitana, y sobre el otorgamiento de contratos que su propio titular de los reclusorios federales, Francisco Garduño, había llamado unas semanas antes como “leoninos”.

Obrador prometió que no se renovarían los contratos. Dijo que ya no se permitiría la “corrupción generalizada” ni en los contratos de alimentos ni de medicinas.

Y el pasado 24 de mayo volvió a insistir, al hablar de corrupción en las contrataciones, que no se permitiría lo que denominó “huachicol” en varios rubros, entre ellos el de alimentos.

“No se va a permitir el huachicol en nada, ni en la compra del papel para libros, ni en las medicinas, ni en la compra de alimentos. En nada. Se acaba el huachicol, se termina la corrupción”, prometió el presidente.

Pero pese a ello, los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación continúan con la misma práctica de sus antecesores en el sector de los alimentos: favoreciendo al mismo grupo de empresas con contratos otorgados, en su mayoría, sin competencia.

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El precio de comprar ropa barata: ¿quién paga realmente la cuenta?

Una investigación de la BBC siguió el recorrido de algunas prendas de vestir para analizar cuáles son los verdaderos costos ambientales y sociales que hay detrás de una oferta de ropa tan barata en los mercado mundiales.
8 de agosto, 2019
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Atrás quedó la época en que la gente se compraba ropa cuando recibía el salario una vez al mes o solamente para ocasiones especiales.

La tendencia actual para muchos es comprarse ropa por internet en cualquier momento o “salir de compras” los fines de semana, dado que algunos precios han llegado a niveles increíblemente bajos.

Los británicos, por ejemplo, compran cinco veces más prendas de las que adquirían en la década de los 80, dice Dharshini David, reportera de economía de la BBC.

“Está lleno de vestidos por US$10 o bikinis a poco más de US$1”, dijo de lo que puede encontrarse en tiendas locales.

La globalización permite que la ropa sea producida a bajo costo en zonas remotas, lo que trae como resultado precios más bajos y mayor variedad.

Pero ¿cómo es posible? ¿Y cuál es el costo ambiental de nuestros hábitos de consumo?

Una investigación de BBC Radio 4 hizo un recorrido desde España a Etiopía para examinar cómo el planeta y las personas con escasos recursos económicos terminan pagando la cuenta de nuestra imparable sed por la moda, y cómo podríamos evitarlo.

¿Cómo lo hacen?

La presión sobre las marcas para llevar las tendencias de moda desde las pasarelas hasta los clientes comunes y, al mismo tiempo, repartir ganancias entre los inversores, puede llevar a una guerra comercial para conseguir la fuente más barata.

Es un fenómeno que los críticos califican como “perseguir la aguja”.

La difícil situación de algunos trabajadores que fabrican nuestra ropa se hizo aún más evidente en 2014, cuando 1.138 trabajadores de la confección perdieron la vida en el colapso del complejo textil Rana Plaza, en Bangladesh.

La presión para mejorar las condiciones laborales de estas personas fue inmensa, y arrojó resultados.

Algunos grandes minoristas, como H&M y Converse, comenzaron a publicar listas de sus proveedores y, a veces, de subcontratistas (que pueden llegar a miles) en respuesta a las peticiones globales de mayor transparencia.

¿Son cosa del pasado las fábricas de explotación?

Pero también hubo consecuencias imprevistas a partir de los últimos cambios. Como los salarios aumentaron en Bangladesh, muchas compañías se fueron a otros lugares para mantener bajos los costos.

En Etiopía, por ejemplo, los salarios son en promedio un tercio de los que se pagan en Bangladesh. Los salarios de menos de US$7 por semana son muy habituales.

Hablando bajo condición de anonimato, los trabajadores de una fábrica cerca de la ciudad de Adís Abeba dijeron que ese salario era insuficiente para vivir.

También dijeron que las condiciones laborales -desde baños insalubres hasta el abuso verbal- son intolerables.

Esta situación fue denunciada por el grupo activista del Consorcio de Derechos de los Trabajadores. Penélope Kyritsis, quien escribió el informe, dice que a muchas trabajadoras no les pagaban las horas extra y que hay casos de empleadores que le tocan la barriga a las mujeres para saber si están embarazadas.

Kyritsis asegura que ha habido muy poco avance desde que salió el informe hace unos meses.

Para hacer frente a la competencia, el gobierno de Etiopía destaca los bajos costos laborales como si se tratara de una virtud.

Trabajadoras en fábrica de Etiopía

Getty Images
Un gran número de mujeres se dedica a fabricar ropa en Adís Abeba, Etiopía.

Pero Kyritsis argumenta que la industria de la confección de ese país no puede usar la excusa de que, al menos, está proporcionando un medio de vida donde nadie más podría hacerlo.

“Hay una rotación extremadamente alta, con empleados que dejan los trabajos en el gobierno por otros empleos en sectores informales o en la agricultura”, apunta.

Orsola de Castro cofundó el grupo activista Fashion Revolution a raíz del desastre de Rana Plaza. Su organización está alentando a los clientes a hacer preguntas sobre sus marcas favoritas a través de una campaña de tarjetas postales.

“Hay dos grandes conceptos erróneos sobre la sostenibilidad y la ética: uno es que la culpa la tiene la moda rápida, y esto permite que el sector del lujo quede libre cuando en realidad es toda la industria de la moda etíope la que debe ser cuestionada”, le dice la BBC.

“Y el otro es que la ropa fabricada localmente es ética y sustentable. No lo es”.

¿Qué pasa con el costo ambiental?

Se afirma que la producción textil contribuye más al cambio climático que la aviación y el transporte marítimo juntos.

Y lo cierto es que hay consecuencias en cada etapa del ciclo de vida de una prenda de vestir: abastecimiento, producción, transporte, venta minorista, uso y eliminación.

Para comenzar con los tejidos básicos que se utilizan en la fabricación de una prenda de vestir, no es tan simple como pensar que el problema es el uso del algodón frente a la tela sintética.

El algodón es un cultivo extraordinariamente necesitado de agua.

Como destacó el Comité de Auditoría Ambiental de la Cámara de los Comunes del Reino Unido en un informe reciente, la fabricación de una sola camisa y un par de jeans puede requerir hasta 20.000 litros de agua.

Llegó a la conclusión de que “sin saberlo, estamos usando el suministro de agua dulce de Asia Central”.

Fábrica de vaqueros

Getty Images
La industria textil contamina más que la aviación y el transporte.

Sin embargo, una camisa de poliéster hecha de plástico virgen tiene una huella de carbono mucho mayor. El transporte de los productos aumenta aún más esa huella y la coloración de las telas puede introducir más contaminantes.

El desprendimiento de fibras microplásticas en las vías fluviales se está convirtiendo en un problema creciente: una sola carga de la lavadora puede liberar cientos de miles de fibras.

Además, un millón de toneladas de ropa se eliminan cada año en Reino Unido, y el 20% de eso termina en un vertedero.

Pero ¿de quién es la responsabilidad de abordar este problema?

¿Qué están haciendo las autoridades?

En Reino Unido, el Comité de Auditoría Ambiental de la Cámara de los Comunes ha hecho 18 recomendaciones sobre el tema: desde gravar con un centavo el precio de un producto para financiar centros de reciclaje, o reducir la tasa de Impuesto al Valor Agregado (IVA) en los servicios de reparación de ropa, hasta dar más lecciones de costura en las escuelas.

Hasta el momento, ninguna de estas medidas ha sido puesta en marcha.

Los críticos dicen que si nos tomamos en serio la moda sostenible, el objetivo de la política debería ser persuadirnos de comprar menos. Eso podría necesitar una acción más drástica, tal vez con un impuesto ambiental sobre la ropa.

Pero dado el frágil estado del retail y la importancia del gasto del consumidor para la economía, es difícil imaginar a un político haciendo esa propuesta.

¿Cuánto está ganando realmente la industria?

A medida que aumenta la presión de los consumidores, algunos minoristas están tratando de hacer frente a este desafío.

Zara

LightRocket / Getty Images
Zara se ha comprometido a usar telas 100% sustentables para el año 2025.

Justo en las afueras de la ciudad costera española de A Coruña se encuentra la sede mundial de Inditex. No es un nombre familiar para todos, pero seguro que su principal marca de moda, Zara, lo es.

Lo que comenzó como un pequeño negocio de fabricación textil, es ahora uno de los minoristas más grandes del planeta. Además, Zara cambió la forma en que compramos, al llevar la moda de la pasarela a la calle en solo tres semanas y a precios asequibles.

La cadena se comprometió recientemente a usar telas 100% sostenibles para el año 2025. Por supuesto, no es solo Inditex: son muchas otras las empresas que buscan mejorar sus procesos de fabricación y la forma en que se abastecen.

¿Una técnica de lavado de imagen? Bueno, algunos grandes minoristas al menos parecen estar involucrados en el tema y tomando medidas. Pero en el corazón de su modelo de negocio está la novedad, la idea de convencernos de seguir comprando.

¿Es responsabilidad de las empresas convencernos de comprar menos?

Pablo Isla, de Zara, argumenta que no, que el minorista simplemente responde a los deseos de los consumidores y que esos clientes deben tener la libertad de elección.

¿Qué pasa con los clientes?

Con las protestas contra el cambio climático que ocurren fuera de sus ventanas, los diseñadores emergentes de la universidad London College of Fashion dicen que ellos se suman a las “huelgas de la moda”, prometiendo no gastar dinero durante varios meses o incluso un año.

Dicha acción está creciendo en popularidad, y hay un enfoque cada vez mayor centrado en comprar mejor ropa y en arreglar las prendas rotas.

Uno de los diseñadores, por ejemplo, está haciendo ropa con la multitud de carpas que se usan en tantos festivales de música.

Livia Firth

Getty Images
Livia Firth creó una consultora para ayudar a las empresas de la moda a volverse más sustentables.

Pero puede que no sea suficiente. A medida que la popularidad de las personas influyentes en las redes sociales se ha disparado, también lo han hecho las preocupaciones sobre el impacto que pueden tener en nuestra actitud hacia las compras.

Uno de cada seis influencers admite no volver a usar una prenda de vestir después de mostrarla una vez en redes sociales.

La activista y ecologista Livia Firth ha estado haciendo apariciones en alfombras rojas junto a su esposo Colin para exhibir telas sostenibles, incluyendo bolsos de cuero de piel de pescado.

Incluso lo persuadió para que usara un esmoquin hecho con botellas recicladas. Ella dice que los influencers necesitan cambiar su enfoque, diciendo que “si Kim Kardashian fuera a promover la moda sostenible, yo podría jubilarme”.

Ella compara nuestra relación con la moda con una adicción. Y dado que se pronostica un aumento de la demanda de ropa equivalente a 500.000 millones de camisetas en la próxima década, ella podría tener razón.

Pero lo cierto es que aún nadie ha encontrado la solución.


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https://www.youtube.com/watch?v=o8u_cuNTP8E

https://www.youtube.com/watch?v=tuYURBKMZzc

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