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Cuartoscuro Archivo
La Estafa Maestra: exsubsecretario de Sedatu denuncia falsificación de firma en otros 2 convenios
Enrique González Tiburcio denunció ante la FGR que desconoce su firma en dos convenios con el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco, una de las 8 universidades implicadas en el desvío de 7 mil millones en La Estafa Maestra.
Cuartoscuro Archivo
13 de junio, 2019
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Por segunda vez, el exsubsecretario de Sedatu, Enrique González Tiburcio, denunció penalmente la falsificación de su firma en convenios con una universidad pública, implicada en los desvíos millonarios de La Estafa Maestra.

González Tiburcio, que fue el segundo a cargo en la Sedatu cuando Rosario Robles fue la titular de esta dependencia, denunció el pasado 4 de junio, ante la Fiscalía General de la República (FGR), que su firma fue falsificada en dos convenios generales firmados con el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco (ITSC) para la realización de una serie de servicios.

Se trata de los convenios SEDATU-ITSC/SOT/02/2015, del 17 de septiembre de 2015; y SEDATU-ITSC-SOT/01/2016, con fecha del 11 de enero de 2016.

Por ahora, no hay pruebas de que estos convenios derivaran en la simulación de los servicios y la subcontratación ilegal de empresas fantasma o irregulares, como la Auditoría Superior de la Federación (ASF) sí ha detectado, al menos desde 2012, en otros múltiples convenios firmados entre dependencias públicas, como Pemex, Sedesol, o la propia Sedatu, y universidades públicas.

Lo que sí es un hecho, es que el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco es una de las ocho universidades que participó en el desvío de siete mil millones de pesos, documentado en la investigación La Estafa Maestra.

En 2013, esta universidad firmó seis convenios con Pemex-PEP por 385 millones de pesos. De ese dinero, Animal Político documentó que 358 millones de pesos fueron a parar a las cuentas de empresas fantasma o irregulares, a través de una violación a la ley federal de adquisiciones, y los 27 millones restantes se los quedó la universidad solo por hacer de intermediaria con las compañías fraudulentas.

Estos seis convenios fueron firmados por el exrector Carlos Mario Olán López, cuya firma también aparece en el convenio general de 2015 firmado con la Sedatu, y en el que González Tiburcio denunció que su rúbrica fue falsificada.

De denunciante a imputado

Esta es la segunda vez que González Tiburcio denuncia ante la Fiscalía la falsificación de su firma, en convenios de la Sedatu que derivaron en presuntos desvíos de recursos públicos a través de instituciones públicas de educación.

La primera vez fue en agosto de 2017. En ese entonces, González Tiburcio desconoció su firma en un convenio firmado en enero de 2016 con la Universidad Francisco I. Madero, del estado de Hidalgo, para la supuesta realización de una serie de servicios. En este caso, la Auditoría Superior señaló en un informe que ese convenio derivó en el presunto desvío de 185 millones de pesos a empresas irregulares, que no hicieron los servicios.

Sin embargo, a pesar que González Tiburcio acudió en esa ocasión en calidad de denunciante, los peritos de la entonces PGR determinaron que la firma contenida en el convenio fraudulento sí es verdadera, por lo que el exfuncionario pasó a ser imputado por el delito de “falsedad de declaración”, y posteriormente vinculado a proceso el pasado 30 de enero.

La vinculación significa que el juez consideró que las pruebas son suficientes para señalar a González Tiburcio como posible responsable de haber “faltado a la verdad”, al decir que su firma fue falsificada, por lo que se abrió un proceso penal en su contra.

Desde la vinculación del pasado 30 de enero, tanto la FGR como la defensa del exfuncionario están recabando pruebas antes de que se realice un juicio, en el que se decidirá si el exfuncionario es responsable o no del delito imputado.

Precisamente ayer miércoles tuvo lugar una de las audiencias públicas previo al juicio, en la que la defensa del exsubsecretario de la Sedatu se anotó una pequeña victoria.

Los abogados consiguieron que un juez federal exhortara a los investigadores de la Fiscalía General de la República a que aceptaran el desahogo de una serie de pruebas que recabaron, y que la Fiscalía no había tomado en cuenta, argumentando que éstas no tenían vinculación directa con el caso, y que, por tanto, no eran pertinentes.

Entre las nuevas pruebas que en un plazo de tres días hábiles la Fiscalía tendrá que recibir, están los testimonios de tres testigos que aportará la defensa del exfuncionario, y un nuevo peritaje de la firma de González Tiburcio que realizará un perito privado, luego de que el perito en grafoscopía de la PGR (hoy FGR) determinara que su firma no había sido falsificada en el convenio con la Universidad Politécnica Francisco I. Madero.

En su exposición de argumentos, el juez federal José Artemio Zúñiga señaló que el caso aún está en la fase de investigación complementaria, donde las partes pueden aportar las pruebas que consideren, por lo que exhortó a la Fiscalía a que la defensa desahogue todas las pruebas.

“Que investiguen La Estafa Maestra”

Tras la audiencia ante el juez de control celebrada en la sala 2 del Reclusorio Norte, en la Ciudad de México, González Tiburcio dijo que la Fiscalía “ha sido omisa en investigar la ruta del dinero”, y acusó a las autoridades de investigación de hacerle falsas imputaciones “para encubrir a los responsables de estos hechos de corrupción”.

Por ello, el exsubsecretario de la Sedatu dijo que su defensa solicitó una audiencia con el nuevo subprocurador en delitos federales que estará a cargo de casos como Odebrecht, Estafa Maestra, y Duarte, Juan Ramos López.

“Estamos solicitando una audiencia con el nuevo encargado del tema para informarle de todas estas irregularidades, y pedirle una investigación apegada a Derecho que identifique a los verdaderos responsables de la llamada Estafa Maestra”, dijo González Tiburcio.

Además del exsubsecretario de la Sedatu, otro exfuncionario de esta dependencia, Armando Saldaña, también denunció en enero pasado ante la PGR y el Órgano Interno de Control de la Sedatu que su firma fue falsificada, en el convenio con la Universidad Politécnica Francisco I. Madero por 185 millones de pesos.

Pese a que peritos confirmaron que había irregularidades en la firma, un juez encontró elementos suficientes para vincularlo a proceso por el presunto delito de contratación indebida.  

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El conmovedor reencuentro entre un niño robado y la familia que llevaba buscándolo casi 40 años
Javier Matías Darroux Mijalchuk se convirtió en el "nieto 130", el más reciente caso de un argentino al que las Abuelas de Plaza de Mayo ayudaron a descubrir su identidad.
14 de junio, 2019
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Durante casi 40 años, Roberto Mijalchuk dejó activa una línea de teléfono, con la esperanza de que algún día sonara el aparato y pudiera reencontrarse con su hermana desaparecida.

Pero cuando sonó, no fue su hermana la que apareció, sino su sobrino, que en el momento de la desaparición estaba con su madre y entonces tan solo tenía pocos meses de vida.

“Gracias, tío, por no dejar de buscarnos”, manifestó Javier Matías Darroux Mijalchuk esta semana ante la prensa, tras descubrir que es hijo de desaparecidos durante el último régimen militar en Argentina, entre 1976 y 1983.

Darroux Mijalchuk, de 41 años, fue presentado esta semana como “el nieto 130”, el más reciente argentino al que las Abuelas de Plaza de Mayo ayudaron a descubrir su identidad.

El joven protagonizó un emotivo reencuentro público con su tío en una multitudinaria presentación, con el objetivo de llegar a conocer más detalles de su pasado y animar a otros a dar un paso al frente, “juntar coraje” y descubrir la verdad.

“Muchos en situación similar”

Javier Matías Darroux Mijalchuk siempre supo que los padres que le criaron no eran su familia biológica, pero no se interesó por su pasado hasta hace unos años.

“Para mí, desde un convencimiento muy interno, tenía la certeza de que mis padres podrían haber sido desaparecidos por la dictadura militar, pero yo estaba bien con quien era y no me interesaba en una búsqueda con resultado incierto que desgastaría mis energías vanamente”, recordó en la comparecencia pública celebrada en la sede de Abuelas en Buenos Aires.

Pero algo cambió en 2006. Fue entonces “cuando entendí el egoísmo de mi postura”, dijo.

“Si no era importante para mí —o eso creía—, tenía que ser consciente de que en el otro lado podía estar buscándome un hermano, un tío, una abuela”.

Animado por su pareja y dos amigos, Javier se acercó a la organización de Abuelas de Plaza de Mayo, que lleva más de cuatro décadas buscando a desaparecidos y sus hijos.

Ello activó el proceso para poder encontrar sus raíces y descubrir que era hijo de Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux, desaparecidos en diciembre de 1977.

“Creo que hay muchos a quienes les pasa una sensación similar, así que los invito a juntar coraje y a acercarse” a Abuelas, instó.

La organización, presidida por Estela De Carlotto, estima que cerca de 500 bebés fueron robados por el gobierno militar, y calcula que el régimen hizo desaparecer a cerca de 30.000 personas de todas las edades y condiciones sociales.

La búsqueda y las dudas

Según explica Abuelas en su página web, los “secuestros” de la familia del “nieto 130” empezaron con su padre, Juan Manuel Mijalchuk, quien trabajaba en tareas administrativas en la Universidad de Morón, en la provincia de Buenos Aires, y desapareció a principios de diciembre de 1977.

La última vez que un familiar lo vio fue discutiendo “acaloradamente con cuatro hombres que lo subieron a una Chevy azul metalizada”.

Tras ello, su mujer, Elena, quien por entonces estaba embarazada por segunda vez, recibió una carta firmada por su marido en la que le indicó un lugar y una fecha para encontrarse. Sus padres le llevaron a ese enclave, junto a su bebé de pocos meses, y esa fue la última vez que los vieron.

Javier Matías fue encontrado abandonado en una calle que se encontraba a tres calles de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionaba el mayor centro clandestino de detención del régimen militar, que apresó allí a cerca de 5.000 personas secuestradas, recoge la Agencia Efe.

Lo dieron en adopción legal a una familia que lo crió bien, que nunca le ocultó que era adoptado pero que no sabía su procedencia real, según esa misma fuente.

Desde entonces, el hermano de su madre, su tío Roberto, “nunca bajó los brazos ni perdió la esperanza”, destacó Javier Matías ante los medios.

El joven agradeció en numerosas ocasiones la persistencia de su tío, quien denunció a finales de los 90 la desaparición de su hermana, su cuñado y su sobrino, y acabó recibiendo la famosa llamada de Javier Matías hace unos años.

No obstante, el “nieto 130” matizó que la “alegría siempre es parcial”. El hecho de encontrarme implica que él nunca va a volver a ver a su hermana”, explicó.

Y es que las dudas persisten sobre el paradero de sus progenitores y qué ocurrió con el embarazo de su madre, una de las razones por las que Javier decidió contar su historia ahora e intentar conseguir así mayor información, según recogen los medios argentinos.

“La convicción de lucha y búsqueda no termina”, señaló.

“Yo necesito saber la verdad de qué sucedió con ellos. Y necesito saber si tengo un hermano o una hermana”.


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