Un coche fúnebre en medio de la fiesta del orgullo para no olvidar los crímenes de odio
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Un coche fúnebre en medio de la fiesta del orgullo para no olvidar los crímenes de odio

En medio de la fiesta, la música, los patrocinadores una carroza recuerda que en México aún se mata a miembros de la comunidad LGBTT+ solo por serlo.

“Soy la viuda negra”. 

Se ríe.

Kenya Citlali Cuevas, mujer trans, activista, portadora de VIH, antigua trabajadora sexual, expresidiaria, se ríe. 

Viste de negro, como si estuviese de luto. Es posible que una parte de ella no haya dejado de estarlo desde el 16 de septiembre de 2016, cuando su amiga Paola Buenrostro fue asesinada a tiros delante suya. A su alrededor hay carrozas, música de Ricky Martin, la embajada de Estados Unidos con un enorme cartel por la diversidad sexual. 

Foto: Carlo Echegoyen

La suya es una historia tristemente conocida. 

Lee: #SerEsResistir: Marcha del orgullo gay celebra la diversidad, pero también pide respeto y alto a la homofobia

Ocurrió en la esquina de la calle Aldama con el puente Alvarado, a un par de cuadras de la alcaldía Cuauhtémoc. Paola, trabajadora sexual, marchó en el coche de un cliente. Apenas avanzó unos metros cuando Kenya escuchó unos gritos, seguidos de unos disparos. El tipo que la mató intentó dispararle a ella, pero el arma se encasquilló. La mujer pudo grabar al homicida y a su amiga agonizando. A pesar de ello, la fiscalía le dejó en libertad y Kenya, junto a otras compañeras, se manifestaron terminaron cortando el tráfico en avenida Insurgentes con el féretro de Paola para denunciar la impunidad.

Orgullo_gay

Durante el proceso fue ignorada. Insultada. Discriminada. “Hablaban de Paola y de mí como si fuésemos hombres. Una fiscal me dijo que como somos putas de la esquina nadie nos iba va a hacer caso. Me subestimaron”, afirma. 

No dejó de pelear el caso. 

“Lo que viví con Paola me dejó marcada. No puedo seguir permitiendo que mis compañeras sigan sufriendo esta violencia”, dice Kenya. Explica que su duelo lo canalizó fundando la Casa de las Muñecas Tiresias, una institución de defensa de la diversidad sexual con un albergue. Fuma un cigarro y dirige una mirada provocadora. Kenya Cuevas ha sido muchas cosas a lo largo de su vida, pero ahora, en este momento, usa el humor macabro para presentarse como una “viuda negra”. 

Foto: Carlo Echegoyen

Hoy está contenta. Va a intervenir en la marcha del Orgullo y, sobre todo, acaba de lograr una recomendación de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México en la que se reconoce que el asesinato de Paola Buenrostro, su amiga, su compañera, con quien compartió ocho años de vida desde que esta llegó de Chiapas, fue víctima de transfeminicidio.

Lee: Stonewall, la histórica noche en que los gays se rebelaron y cambiaron millones de vidas

Por primera vez en la historia de México se reconoce que una mujer trans fue asesinada por su condición de trans. Es decir, que la mataron por ser lo que era. También, que a la investigación de la Procuraduría General de Justicia le faltó perspectiva de género. 

México es un país homófobo. Según el colectivo Letra Ese, en los últimos cuatro años, 381 personas de la comunidad LGBT+ fueron asesinadas. Una de esas víctimas fue Paola.

marcha orgullo

Música a todo volumen y un recuerdo a las víctimas

“Todos los días me acuerdo de ella. Todo lo que hago se lo dedico a Paola”, dice Kenya. Su gran objetivo: “que haya justicia”. El tipo que apretó el gatillo jamás ha sido condenado. Lo arrestaron con la pistola humeante, lo dejaron en libertad y nunca más se supo de él. Desde entonces, la mujer no ha podido vivir tranquila. Recibió amenazas de muerte. Alguien llevó una corona de flores a su casa simulando su propio fallecimiento. Sufrió un atentado con una cuchilla de 23 centímetros que le dejó varias cicatrices en los brazos.

La historia de Kenya es dolor, superación, denuncia. Es una parte de la historia más cruel del colectivo LGBTTTI que, al menos por ahora, tiene una parte de final feliz. 

No han dado las 11 de la mañana y una multitud se concentra en Paseo de la Reforma. Carrozas con hombres semidesnudos, drags con plataformas que exigen tremenda destreza para caminar, utensilios BDSM, máscaras, pelucas, pompas de jabón, carteles que reivindican la igualdad y banderas arco iris. 

Foto: Carlo Echegoyen

khttps://www.animalpolitico.com/2019/06/imagenes-marcha-orgullo-gay-2019/

Música a todo volumen. Pum, pum, pum, pum, pum. 

También marcas. Muchas marcas. Estamos en la Marcha del Orgullo 2019 y no hay carroza que no sea patrocinada. 

En medio del ruido está la mujer trans, vestida de negro como sus compañeras de la Casa de Muñecas, una institución fundada en 2016, después del asesinato de Paola. En medio de la exuberancia del desfile, ellas se mueven con una carroza mucho más humilde: un coche funerario. Representa que hoy, en el México de 2019, en el México en el que hombres, mujeres y trans pueden reivindicar su condición sexual en un multitudinario desfile, todavía se mata por quién eres y con quién te acuestas. 

orgullo marcha

“Hay que retomar todo el sufrimiento, las muertes que tenemos, los crímenes de odio, por transfobia, por homofobia, por lesbofobia. Es donde tenemos que alzar la voz. Ese es el sentido de esta marcha. No es como para ponernos hasta la madre e ir encuerados. Yo entiendo que cada cual puede tener su expresión, pero creo que la marcha debemos tomarla más en serio”, dice Kenya.

La marcha del Orgullo Gay celebró su 41 edición en Ciudad de México. Se trata de un número simbólico. El 41 es un número que tradicionalmente se ha identificado con el colectivo LGBTTTI. El 17 de noviembre de 1901 hubo una redada en un baile celebrado únicamente por hombres. La mitad de los participantes estaban disfrazados de mujer. Todos ellos fueron arrestados. Bueno, en realidad, todos no. Faltó uno. Ignacio de la Torre y Mier, yerno del entonces presidente Porfirio Díaz, es ubicado como es asistente 42. El que se libró de ser encerrado en el calabozo J, que daría origen al peyorativo “jotos” que se utiliza hacia el colectivo homosexual. 

Kenya Cuevas no parece una persona a la que no le guste la fiesta. Sin embargo, hace un gesto al ser cuestionada sobre el modelo del orgullo. “Se ha descontrolado un poco en los últimos años”, dice.

Dice que no está en contra del alcohol ni del desenfreno. Pero sí reivindica la memoria. 

“Hace 10  años no podías transitar por esta alcaldía, o por ninguna”, dice. “Las autoridades tenían la orden de levantarte y llevarte al toro”.

Recuerda una lógica perversa. “Por andar vestida de mujer estabas incitando a la prostitución”. 

Y unas prácticas indecentes. “Pasábamos 36 horas en el toro. Ahí nos ponían chapopote en los glúteos para que se nos quitase lo homosexual. A veces pagábamos la multa y, al salir, nos volvían a agarrar”.

Pum. Pum. Pum. Pum. Avanza el coche fúnebre con Danielle, otra mujer trans, en su techo.

Foto: Carlo Echegoyen

“Vengo representando a una muerte porque queremos quitar los crímenes de odio, la transfobia”, explica.

Tras el carro fúnebre, un panel con rostros y nombres. Cada uno de ellos representa a una persona. Es Zoe, Ángela, Elvira. “Fueron asesinadas por cuestión de género, de su condición sexual”, dice Francisco León, un artista que se ha inspirado en el Tzompantli, una representación azteca de rostros de muertos en la explanada. “Retomo el simbolismo y lo traigo para honrar a las personas”, dice.

Lee: Un recorrido en imágenes de cómo se vivió la Marcha del orgullo gay, 41 años de lucha

Pum. Pum. Pum. Pum. Suena la música. Avanza un coche fúnebre en medio de una fiesta que hace años sería impensable. Llueven los condones. No ha pasado tanto tiempo desde que en 1969 la policía irrumpió en el Stonewall, en Nueva York. Pareciera que fuesen siglos. Aunque si uno escarba un poco se da cuenta de que más allá de la fiesta de un solo día existen infinidad de tareas pendientes.  

El hijo de exiliados que protesta por la presencia de empresas

“Antes no nos querían y ahora somos un muro donde poner sus publicidades, porque de todas las marchas de protesta que hay en el mundo la gay es la más colorida, la más divertida. Consigues ciertos derechos y te vuelves sujeto de crédito, de ventas. Se han ido apropiando”. Xabier Lizarraga Cruchaga tiene 70 años y está en la marcha del orgullo desde el principio. Fue miembro del Grupo Lambda de Liberación Homosexual, un colectivo mixto que, junto con el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (compuesto solo por hombres) y Oikabeth (compuesto solo por mujeres) organizaron las primeras ediciones. “Éramos muy pocos. Estaríamos 100 ó 150”, recuerda.

Lizarraga es hijo del exilio provocado por la guerra civil española. Presume de sus apellidos vascos y del origen de sus padres, de Pamplona y Tudela, respectivamente. Su padre, antes de llegar a México, estuvo encerrado en un campo de concentración en Francia. 

Lo de la reivindicación debe llevarlo Lizarraga en los genes.

Quizás por eso en la marcha del orgullo se ubica junto a una pancarta que denuncia que el gobierno y las empresas se están apropiando de la reivindicación. 

Las cosas han cambiado mucho desde aquellas primeras marchas. Aunque él conoció el orgullo en Barcelona, en 1977, un año antes de que la reivindicación de la diversidad sexual desembarcase en México. De aquellos años recuerda que “hubo intentos de golpes, insultos, pero también mucho apoyo”. 

Como Kenya Cuevas, Lizarraga también sabe qué es la represión. 

Recuerda, por ejemplo, la vez que la policía intentó arrestarlo en los baños de un restaurante.

“Me ligué un chavito, pero era un gancho. Llegó la policía. Me arrestaron, pero, al pasar en frente del restaurante, empecé a gritar que me estaban secuestrando los agentes. Terminaron corriendo ellos”, dice, sonriente. 

No todas sus historias tienen final feliz. México es un país en el que se mata mucho y el colectivo LGBTTTI es especialmente vulnerable. Recuerda a Francisco Estrada, doctor y activista contra el SIDA. Era muchas cosas, pero, sobre todo, era su amigo. Lo mataron, junto a otras dos personas, en 1992, en medio de una oleada de crímenes de odio. 

Mientras el hombre habla, junto al ángel de la independencia, llega una enorme carroza. Es propiedad de alguna discoteca. Da igual el nombre. Un tipo entregado en la parte superior vocifera desde el micro. “¡Uuuuuueeehhhhhhhhh!”

“Por esto haremos una marcha en noviembre, el orgullo crítico. No permitiremos que venga ninguna empresa”, afirma. 

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La organización aspira al millón de asistentes

No todos comparten la visión crítica con la presencia de las corporaciones. 

“De unos años para acá la presencia de marcas busca el dinero rosa. Somos licenciados, abogados, médicos. Eso provoca que la comunidad tenga dinero. Las empresas voltean hacia allá. No me parece mal. Qué bueno que seamos más visibles”, dice Néstor Ramírez, gestor cultural. Lleva 19 años con una sala de lectura muy reconocida, así que, asegura, es reconocido por lo que hace y no por quién es su pareja. 

En la misma línea, Ivenka Patula, miembro de la Alianza Feminista Diversa y de Incluye T, que es quien organiza la marcha. 

“Las empresas son un beneficio para todas nosotras. Estas marcas, las presencias de estos logotipos, es porque están dentro de algún movimiento de inclusión dentro de sus empresas”, afirma. 

Habla junto al cartel oficial de la marcha. Ser es resistir. Aeroméxico. Uber. Impulse.

“Hay muchos altibajos con el gobierno, no ayuda, a veces pone el pie. Todos quieren tener la batuta, pero esto es a favor de toda la población”, dice.

Su objetivo: reunir a un millón de personas en las calles. La última referencia era de 450 mil. En realidad, el número es lo de menos. Una megalópolis abarrotada. Hombres, mujeres y niños normalizando algo que es lo más normal, que cada uno desarrolle su identidad sexual como le venga en gana. 

Aunque todavía hay mucho que hacer. 

De eso sabe Celeste Ascencio, presidenta del comité de Juventud del Congreso, diputada de Morena, lesbiana. 

Dice que a sus 26 años sabe qué es la discriminación. Viene de Paracho, un pueblito en Michoacán en el que tiene que escuchar que “si las mujeres no mandan en casa, cómo van a mandar en política”. 

Lamenta que haya reaccionarios que cuando escuchan “educación sexual”, entiendan “promiscuidad”. 

Dice que todavía hay muchas cosas por mejorar. Recuerda, por ejemplo, el momento en el que sus propios compañeros de Morena votaron en contra del matrimonio igualitario en Sinaloa. 

Uno podría pensar que la política es un lugar de protección. Y lo es. Pero Celeste recuerda cómo recientemente, en el ascensor del Congreso, una mujer habló de su oficina como la de “los homosexuales”. 

Definitivamente, hay mucho trabajo por delante. 

De eso sabe Licia Tirado, de 58 años. Hace dos décadas fundó un colectivo de mujeres lesbianas mayores de 30. “Hay una discriminación a las personas mayores. La mayor parte de los grupos es para chavitas”, dice. 

Sus principales experiencias de discriminación han sido los insultos, explica, mientras camina con su pancarta por la avenida Reforma. A su alrededor no cabe un alfiler. Se venden paraguas con el color arcoíris y banderitas y cervezas. Se venden muchas cervezas. 

Tirado explica que para ella salir del closet fue algo sencillo. Y eso que fue hace más de 20 años. Aunque reconoce que, por ejemplo, nunca diría en su club de natación cuál es su orientación sexual. “Son todo señoras casadas y no sé qué pensarían de mí”, dice. 

Durante una larga jornada, la Ciudad de México es un espacio liberado. Desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo, convertido en inmenso escenario de un concierto al aire libre que hasta Tláloc respetó, hombres y mujeres se expresaron en libertad de un modo que hace años resultaría impensable. Sin embargo, la fiesta no lo es todo. 

Una morra, jovencísima, mostraba un cartel justo al entrar al Zócalo. “No soy jota pero vengo por el desmadre”. 

Quizás no todos lo habían entendido.

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El descubrimiento en los manantiales termales de Yellowstone que fue clave para las pruebas de COVID-19

Hace medio siglo, Thomas Brock descubrió una bacteria capaz de sobrevivir a altas temperaturas. Te contamos cómo ese hallazgo se vincula con la actual pandemia, gracias a una cadena fascinante de episodios en la historia de la ciencia.
2 de mayo, 2020
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“Definitivamente vivo”. Thomas Brock anotó esas palabras, hace medio siglo, en uno de los cuadernos que llevaba en sus investigaciones de campo en Yellowstone.

Era la década de los 60, y el científico estadounidense se refería a uno de los inusuales organismos que acababa de hallar en uno de los manantiales termales del parque.

Fue en uno de esos manantiales donde Brock descubrió una bacteria adaptada a la vida a altas temperaturas a la que llamó Thermus aquaticus.

La bacteria, ahora célebre, acabaría revolucionando la biotecnología y haciendo posibles los llamados tests PCR, las pruebas más fiables usadas en todo el mundo para diagnosticar el covid-19.

Thomas Brock tiene ahora más de 90 años y es profesor emérito de microbiología de la Universidad de Wisconsin-Madison.

En esta nota te contamos cómo el trabajo pionero de Brock acabó vinculado con la actual pandemia, a través de una cadena fascinante de episodios en la historia de la ciencia.

¿Qué siente Brock al pensar que su hallazgo está ayudando a diagnosticar el covid-19 y a salvar vidas?

“Estoy orgulloso”, señaló el científico a BBC Mundo desde su hogar en Wisconsin.

“Yo veía mi descubrimiento como un buen modelo para estudiar la biología molecular de la vida a altas temperaturas”.

Thomas Brock descubrió en los manantiales termales de Yellowstone la bacteria que fue clave para el análisis del ADN.(Foto de archivo)

Science Photo Library
Thomas Brock descubrió en los manantiales termales de Yellowstone la bacteria que fue clave para el análisis del ADN.(Foto de archivo)

¿Pero pensó alguna vez que tendría un impacto tan masivo?

“No lo hubiera imaginado ni en un millón de años”.

El descubrimiento de la bacteria

Brock jamás había visto manantiales termales antes de llegar al parque de Yellowstone en 1964.

Pero volvió año tras año. Lo impulsaba el deseo de investigar qué formas de vida podrían subsistir en esas piscinas naturales, en las que los colores vívidos denotan la presencia de microorganismos.

Brock y uno de sus estudiantes, Hudson Freeze, cultivaron bacterias de varios manantiales.

“A Thermus aquaticus la hallamos en el manantial Mushroom Spring, un manantial a 75 grados centígrados, donde también hay una gradiente termal, ya que en las salidas del manantial la temperatura baja a unos 35 grados. En ese momento, Thermus era el microorganismo más termófilo (que ama o tolera el calor) conocido”.

“El hallazgo demostró que otros investigadores estaban equivocados sobre los límites de temperatura en los que puede haber vida”, señaló Brock a BBC Mundo.

En manantiales termales de Yellowstone, y de otros sitios del planeta, la temperatura puede superar los 90 grados.

La bacteria que Brock llamó Thermus aquaticus sobrevive a altas temperaturas.

Science Photo Library
La bacteria que Brock llamó Thermus aquaticus sobrevive a altas temperaturas.

“Es agua subterránea que ha quedado acumulada en capas profundas y que se calienta por el calor derivado del magma del centro de la Tierra o por acción volcánica”, explicó a BBC Mundo la bióloga Sandra Baena, profesora de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, e investigadora de microorganismos que viven en condiciones extremas.

“Si tienes agua caliente en la subsuperficie de la Tierra y tienes fallas geológicas, o sea grietas, el agua va a buscar salida”.

El hallazgo de una enzima

Los mecanismos biológicos que permiten a bacterias como Thermus aquaticus sobrevivir a altas temperaturas en manantiales termales eran un tesoro a ser explorado por la ciencia.

En la década de los 70, Alice Chien y otros investigadores de la Universidad de Cincinnati aislaron una de las enzimas de la bacteria.

La nueva enzima recibió el nombre de TAQ polimerasa. (TAQ era una referencia a Thermus aquaticus).

El hallazgo de esta enzima resistente a altas temperaturas se cruza a partir de ahora con otra historia.

Y acabaría siendo crucial para un campo de la ciencia que avanzaba a pasos agigantados en la segunda mitad del siglo XX, el estudio del ADN.

Thomas Brock

Jeff Miller University of Wisconsin-Madison
Thomas Brock siente orgullo de que su descubrimiento hace más de medio siglo esté ayudando a salvar vidas.

La necesidad de multiplicar el ADN

“Entre mediados de los años 70 y mediados de los 80 habían aparecido una serie de técnicas que permitían manipular la molécula de ADN directamente, las llamadas técnicas de ADN recombinante, que permitían romper la molécula de ADN en fragmentos y analizarlos”, le explicó a BBC Mundo Miguel García-Sancho, profesor e investigador de Historia de la ciencia en la Universidad de Edimburgo.

“Porque hasta entonces, como la molécula de ADN era muy larga, era muy difícil aplicar técnicas analíticas a esa molécula”.

Además de los métodos para manipular fragmentos de ADN también surgieron técnicas de secuenciación de ADN que hicieron posible leer la estructura de esos fragmentos.

Los avances permitían investigar el ADN a una escala nunca antes imaginada. Pero había un gran obstáculo.

“Un problema al que se enfrentaba todo el mundo era obtener un volumen de ADN suficiente para poder analizar los fragmentos de ADN. Y también para secuenciar ADN necesitaban una cantidad suficiente”, explicó García-Sancho.

“La falta de ADN era un problema para muchos científicos de muchos campos”.

La invención de la PCR

Uno de los científicos que buscaba sintetizar o producir ADN en la década de los 80 era el estadounidense Kary Mullis, un químico de la empresa biotecnológica Cetus Corporation, en California.

Fue Mullis quien desarrolló una técnica para amplificar o copiar millones de veces una secuencia específica de ADN, la llamada PCR o reacción en cadena de la polimerasa, que utilizan los actuales tests para detectar el covid-19.

Kary Mullis

Getty Images
Kary Mullis recibió el Premio Nobel de Química en 1993 “por la invención del método PCR”.

Kary Mullis llegaría a recibir el Premio Nobel de Química en 1993 “por su invención del método PCR”, pero la técnica tardó varios años en ser adoptada en forma generalizada.

Y ello se debió en parte a que Mullis “era un extraño para la comunidad científica. Él era un químico que trabajaba en una empresa, mientras que los científicos que trabajaban en secuenciar ADN eran biólogos moleculares en instituciones de prestigio como el MIT, el Instituto de Tecnología de Massachusetts”, afirmó García-Sancho, quien entrevistó personalmente a Mullis.

Calentar el ADN

El método desarrollado por Mullis requiere calentar y enfriar la muestra de ADN en ciclos relativamente rápidos.

El calentamiento separa las hebras de la doble hélice de ADN.

Y luego la temperatura se baja cuando una enzima, la ADN polimerasa, copia o replica cada hebra por separado.

Ilustración ADN

Science Photo Library
La técnica PCR requiere calentar el ADN para separar las hebras de la doble hélice.

Cuando se obtienen de esta forma copias nuevas, comienza un nuevo ciclo en el que las copias son calentadas otra vez para separar las hebras, repitiendo así el proceso una y otra vez.

Cada etapa produce más copias de ADN, y la actividad de la enzima se controla a través de la temperatura, en un proceso que puede llevar más de 30 ciclos.

La enzima que revolucionó la PCR

Es en la técnica PCR que reaparece en nuestra historia la bacteria de Yellowstone.

“La PCR requiere temperaturas que oscilan entre los 55 y los 95 ̊C, y por esto necesitamos enzimas que puedan soportar las altas temperaturas y mantenerse activas a lo largo de la reacción”, explicó a BBC Mundo Domenica Marchese, investigadora del Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG-CRG) de Barcelona.

La enzima o polimerasa que se utiliza en la PCR para copiar el ADN es una proteína. Y normalmente las proteínas que se exponen a temperaturas muy elevadas pierden su estructura original, explicó Marchese.

“Imaginemos, por ejemplo, una espiral de metal, como las que utilizamos para encuadernar un libro. Si abrimos la espiral y la estiramos, esta dejará de ser útil para su función. Lo mismo pasa normalmente con la ADN polimerasa. Cuando la exponemos a temperaturas elevadas pierde su capacidad de sintetizar el ADN”.

Científica.

Getty Images
La enzima de la bacteria de Yellowstone revolucionó la técnica PCR, utilizada en la actual pandemia.

Cuando Kary Mullis inventó la técnica PCR comenzó usando enzimas de microorganismos como la bacteria E.Coli, que viven a temperaturas cercanas a 37 ̊C.

El problema era que durante la PCR, en cada ciclo, al llegar a los 95 ̊C , “la polimerasa perdía su actividad y era necesario añadir nueva polimerasa para el siguiente ciclo de la reacción. Esto era muy tedioso e implicaba unos costos muy elevados por cada reacción de PCR”.

El cambio fundamental fue la introducción de la Taq polimerasa, la enzima aislada de la bacteria hallada por Brock, que resistía altas temperaturas sin perder su estructura.

Esta enzima tiene su máxima actividad a 72 ̊C y puede resistir hasta unos 40 minutos a 95 ̊C.

“La Taq polimerasa representó un descubrimiento revolucionario”, señaló Marchese.

Una lección para la ciencia

La técnica PCR revolucionó la biotecnología y facilitó el análisis de ADN en campos tan diversos como la identificación del autor de un crimen en medicina forense, las pruebas de paternidad y el diagnóstico de enfermedades.

“Yo creo que la PCR es lo que hizo que el análisis de ADN realmente importara y tuviera consecuencias en el mundo real”, señaló García-Sancho.

Gracias a esa técnica “el análisis de ADN se hizo público y la gente se dio cuenta de por qué era tan importante, y eso se puede ver ahora con el covid- 19”, agregó.

Doctora haciendo prueba del covid-19 a una paciente.

Getty Images
La técnica PCR es la más confiable para detectar material genético del virus que causa el covid-19.

Para Thomas Brock, el impacto masivo de su descubrimiento tiene una lección profunda sobre la ciencia.

En su discurso de aceptación de un doctorado honorario de la Universidad de Wisconsin en 2019, Brock señaló sobre sus estudios en Yellowstone: “Yo tenía libertad para hacer lo que se llama investigación básica. Y algunas personas pensaban que era inútil porque no se enfocaba en fines prácticos”.

“Y preguntaban: ‘¿de qué puede servir buscar bacterias en manantiales termales en Yellowstone?’”.

“La enzima extraída de Thermus aquaticus es una de las enzimas más importantes del mundo. Hizo posible la PCR y la investigación moderna del ADN”.

La bacteria de Yellowstone demuestra, según dijo el científico a BBC Mundo, por qué es importante “establecer los principios básicos en los que pueden basarse muchas formas de trabajos científicos”.

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