close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync

Un coche fúnebre en medio de la fiesta del orgullo para no olvidar los crímenes de odio

En medio de la fiesta, la música, los patrocinadores una carroza recuerda que en México aún se mata a miembros de la comunidad LGBTT+ solo por serlo.

“Soy la viuda negra”. 

Se ríe.

Kenya Citlali Cuevas, mujer trans, activista, portadora de VIH, antigua trabajadora sexual, expresidiaria, se ríe. 

Viste de negro, como si estuviese de luto. Es posible que una parte de ella no haya dejado de estarlo desde el 16 de septiembre de 2016, cuando su amiga Paola Buenrostro fue asesinada a tiros delante suya. A su alrededor hay carrozas, música de Ricky Martin, la embajada de Estados Unidos con un enorme cartel por la diversidad sexual. 

Foto: Carlo Echegoyen

La suya es una historia tristemente conocida. 

Lee: #SerEsResistir: Marcha del orgullo gay celebra la diversidad, pero también pide respeto y alto a la homofobia

Ocurrió en la esquina de la calle Aldama con el puente Alvarado, a un par de cuadras de la alcaldía Cuauhtémoc. Paola, trabajadora sexual, marchó en el coche de un cliente. Apenas avanzó unos metros cuando Kenya escuchó unos gritos, seguidos de unos disparos. El tipo que la mató intentó dispararle a ella, pero el arma se encasquilló. La mujer pudo grabar al homicida y a su amiga agonizando. A pesar de ello, la fiscalía le dejó en libertad y Kenya, junto a otras compañeras, se manifestaron terminaron cortando el tráfico en avenida Insurgentes con el féretro de Paola para denunciar la impunidad.

Orgullo_gay

Durante el proceso fue ignorada. Insultada. Discriminada. “Hablaban de Paola y de mí como si fuésemos hombres. Una fiscal me dijo que como somos putas de la esquina nadie nos iba va a hacer caso. Me subestimaron”, afirma. 

No dejó de pelear el caso. 

“Lo que viví con Paola me dejó marcada. No puedo seguir permitiendo que mis compañeras sigan sufriendo esta violencia”, dice Kenya. Explica que su duelo lo canalizó fundando la Casa de las Muñecas Tiresias, una institución de defensa de la diversidad sexual con un albergue. Fuma un cigarro y dirige una mirada provocadora. Kenya Cuevas ha sido muchas cosas a lo largo de su vida, pero ahora, en este momento, usa el humor macabro para presentarse como una “viuda negra”. 

Foto: Carlo Echegoyen

Hoy está contenta. Va a intervenir en la marcha del Orgullo y, sobre todo, acaba de lograr una recomendación de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México en la que se reconoce que el asesinato de Paola Buenrostro, su amiga, su compañera, con quien compartió ocho años de vida desde que esta llegó de Chiapas, fue víctima de transfeminicidio.

Lee: Stonewall, la histórica noche en que los gays se rebelaron y cambiaron millones de vidas

Por primera vez en la historia de México se reconoce que una mujer trans fue asesinada por su condición de trans. Es decir, que la mataron por ser lo que era. También, que a la investigación de la Procuraduría General de Justicia le faltó perspectiva de género. 

México es un país homófobo. Según el colectivo Letra Ese, en los últimos cuatro años, 381 personas de la comunidad LGBT+ fueron asesinadas. Una de esas víctimas fue Paola.

marcha orgullo

Música a todo volumen y un recuerdo a las víctimas

“Todos los días me acuerdo de ella. Todo lo que hago se lo dedico a Paola”, dice Kenya. Su gran objetivo: “que haya justicia”. El tipo que apretó el gatillo jamás ha sido condenado. Lo arrestaron con la pistola humeante, lo dejaron en libertad y nunca más se supo de él. Desde entonces, la mujer no ha podido vivir tranquila. Recibió amenazas de muerte. Alguien llevó una corona de flores a su casa simulando su propio fallecimiento. Sufrió un atentado con una cuchilla de 23 centímetros que le dejó varias cicatrices en los brazos.

La historia de Kenya es dolor, superación, denuncia. Es una parte de la historia más cruel del colectivo LGBTTTI que, al menos por ahora, tiene una parte de final feliz. 

No han dado las 11 de la mañana y una multitud se concentra en Paseo de la Reforma. Carrozas con hombres semidesnudos, drags con plataformas que exigen tremenda destreza para caminar, utensilios BDSM, máscaras, pelucas, pompas de jabón, carteles que reivindican la igualdad y banderas arco iris. 

Foto: Carlo Echegoyen

khttps://www.animalpolitico.com/2019/06/imagenes-marcha-orgullo-gay-2019/

Música a todo volumen. Pum, pum, pum, pum, pum. 

También marcas. Muchas marcas. Estamos en la Marcha del Orgullo 2019 y no hay carroza que no sea patrocinada. 

En medio del ruido está la mujer trans, vestida de negro como sus compañeras de la Casa de Muñecas, una institución fundada en 2016, después del asesinato de Paola. En medio de la exuberancia del desfile, ellas se mueven con una carroza mucho más humilde: un coche funerario. Representa que hoy, en el México de 2019, en el México en el que hombres, mujeres y trans pueden reivindicar su condición sexual en un multitudinario desfile, todavía se mata por quién eres y con quién te acuestas. 

orgullo marcha

“Hay que retomar todo el sufrimiento, las muertes que tenemos, los crímenes de odio, por transfobia, por homofobia, por lesbofobia. Es donde tenemos que alzar la voz. Ese es el sentido de esta marcha. No es como para ponernos hasta la madre e ir encuerados. Yo entiendo que cada cual puede tener su expresión, pero creo que la marcha debemos tomarla más en serio”, dice Kenya.

La marcha del Orgullo Gay celebró su 41 edición en Ciudad de México. Se trata de un número simbólico. El 41 es un número que tradicionalmente se ha identificado con el colectivo LGBTTTI. El 17 de noviembre de 1901 hubo una redada en un baile celebrado únicamente por hombres. La mitad de los participantes estaban disfrazados de mujer. Todos ellos fueron arrestados. Bueno, en realidad, todos no. Faltó uno. Ignacio de la Torre y Mier, yerno del entonces presidente Porfirio Díaz, es ubicado como es asistente 42. El que se libró de ser encerrado en el calabozo J, que daría origen al peyorativo “jotos” que se utiliza hacia el colectivo homosexual. 

Kenya Cuevas no parece una persona a la que no le guste la fiesta. Sin embargo, hace un gesto al ser cuestionada sobre el modelo del orgullo. “Se ha descontrolado un poco en los últimos años”, dice.

Dice que no está en contra del alcohol ni del desenfreno. Pero sí reivindica la memoria. 

“Hace 10  años no podías transitar por esta alcaldía, o por ninguna”, dice. “Las autoridades tenían la orden de levantarte y llevarte al toro”.

Recuerda una lógica perversa. “Por andar vestida de mujer estabas incitando a la prostitución”. 

Y unas prácticas indecentes. “Pasábamos 36 horas en el toro. Ahí nos ponían chapopote en los glúteos para que se nos quitase lo homosexual. A veces pagábamos la multa y, al salir, nos volvían a agarrar”.

Pum. Pum. Pum. Pum. Avanza el coche fúnebre con Danielle, otra mujer trans, en su techo.

Foto: Carlo Echegoyen

“Vengo representando a una muerte porque queremos quitar los crímenes de odio, la transfobia”, explica.

Tras el carro fúnebre, un panel con rostros y nombres. Cada uno de ellos representa a una persona. Es Zoe, Ángela, Elvira. “Fueron asesinadas por cuestión de género, de su condición sexual”, dice Francisco León, un artista que se ha inspirado en el Tzompantli, una representación azteca de rostros de muertos en la explanada. “Retomo el simbolismo y lo traigo para honrar a las personas”, dice.

Lee: Un recorrido en imágenes de cómo se vivió la Marcha del orgullo gay, 41 años de lucha

Pum. Pum. Pum. Pum. Suena la música. Avanza un coche fúnebre en medio de una fiesta que hace años sería impensable. Llueven los condones. No ha pasado tanto tiempo desde que en 1969 la policía irrumpió en el Stonewall, en Nueva York. Pareciera que fuesen siglos. Aunque si uno escarba un poco se da cuenta de que más allá de la fiesta de un solo día existen infinidad de tareas pendientes.  

El hijo de exiliados que protesta por la presencia de empresas

“Antes no nos querían y ahora somos un muro donde poner sus publicidades, porque de todas las marchas de protesta que hay en el mundo la gay es la más colorida, la más divertida. Consigues ciertos derechos y te vuelves sujeto de crédito, de ventas. Se han ido apropiando”. Xabier Lizarraga Cruchaga tiene 70 años y está en la marcha del orgullo desde el principio. Fue miembro del Grupo Lambda de Liberación Homosexual, un colectivo mixto que, junto con el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (compuesto solo por hombres) y Oikabeth (compuesto solo por mujeres) organizaron las primeras ediciones. “Éramos muy pocos. Estaríamos 100 ó 150”, recuerda.

Lizarraga es hijo del exilio provocado por la guerra civil española. Presume de sus apellidos vascos y del origen de sus padres, de Pamplona y Tudela, respectivamente. Su padre, antes de llegar a México, estuvo encerrado en un campo de concentración en Francia. 

Lo de la reivindicación debe llevarlo Lizarraga en los genes.

Quizás por eso en la marcha del orgullo se ubica junto a una pancarta que denuncia que el gobierno y las empresas se están apropiando de la reivindicación. 

Las cosas han cambiado mucho desde aquellas primeras marchas. Aunque él conoció el orgullo en Barcelona, en 1977, un año antes de que la reivindicación de la diversidad sexual desembarcase en México. De aquellos años recuerda que “hubo intentos de golpes, insultos, pero también mucho apoyo”. 

Como Kenya Cuevas, Lizarraga también sabe qué es la represión. 

Recuerda, por ejemplo, la vez que la policía intentó arrestarlo en los baños de un restaurante.

“Me ligué un chavito, pero era un gancho. Llegó la policía. Me arrestaron, pero, al pasar en frente del restaurante, empecé a gritar que me estaban secuestrando los agentes. Terminaron corriendo ellos”, dice, sonriente. 

No todas sus historias tienen final feliz. México es un país en el que se mata mucho y el colectivo LGBTTTI es especialmente vulnerable. Recuerda a Francisco Estrada, doctor y activista contra el SIDA. Era muchas cosas, pero, sobre todo, era su amigo. Lo mataron, junto a otras dos personas, en 1992, en medio de una oleada de crímenes de odio. 

Mientras el hombre habla, junto al ángel de la independencia, llega una enorme carroza. Es propiedad de alguna discoteca. Da igual el nombre. Un tipo entregado en la parte superior vocifera desde el micro. “¡Uuuuuueeehhhhhhhhh!”

“Por esto haremos una marcha en noviembre, el orgullo crítico. No permitiremos que venga ninguna empresa”, afirma. 

Marcha_Orgullo_Gay-1

La organización aspira al millón de asistentes

No todos comparten la visión crítica con la presencia de las corporaciones. 

“De unos años para acá la presencia de marcas busca el dinero rosa. Somos licenciados, abogados, médicos. Eso provoca que la comunidad tenga dinero. Las empresas voltean hacia allá. No me parece mal. Qué bueno que seamos más visibles”, dice Néstor Ramírez, gestor cultural. Lleva 19 años con una sala de lectura muy reconocida, así que, asegura, es reconocido por lo que hace y no por quién es su pareja. 

En la misma línea, Ivenka Patula, miembro de la Alianza Feminista Diversa y de Incluye T, que es quien organiza la marcha. 

“Las empresas son un beneficio para todas nosotras. Estas marcas, las presencias de estos logotipos, es porque están dentro de algún movimiento de inclusión dentro de sus empresas”, afirma. 

Habla junto al cartel oficial de la marcha. Ser es resistir. Aeroméxico. Uber. Impulse.

“Hay muchos altibajos con el gobierno, no ayuda, a veces pone el pie. Todos quieren tener la batuta, pero esto es a favor de toda la población”, dice.

Su objetivo: reunir a un millón de personas en las calles. La última referencia era de 450 mil. En realidad, el número es lo de menos. Una megalópolis abarrotada. Hombres, mujeres y niños normalizando algo que es lo más normal, que cada uno desarrolle su identidad sexual como le venga en gana. 

Aunque todavía hay mucho que hacer. 

De eso sabe Celeste Ascencio, presidenta del comité de Juventud del Congreso, diputada de Morena, lesbiana. 

Dice que a sus 26 años sabe qué es la discriminación. Viene de Paracho, un pueblito en Michoacán en el que tiene que escuchar que “si las mujeres no mandan en casa, cómo van a mandar en política”. 

Lamenta que haya reaccionarios que cuando escuchan “educación sexual”, entiendan “promiscuidad”. 

Dice que todavía hay muchas cosas por mejorar. Recuerda, por ejemplo, el momento en el que sus propios compañeros de Morena votaron en contra del matrimonio igualitario en Sinaloa. 

Uno podría pensar que la política es un lugar de protección. Y lo es. Pero Celeste recuerda cómo recientemente, en el ascensor del Congreso, una mujer habló de su oficina como la de “los homosexuales”. 

Definitivamente, hay mucho trabajo por delante. 

De eso sabe Licia Tirado, de 58 años. Hace dos décadas fundó un colectivo de mujeres lesbianas mayores de 30. “Hay una discriminación a las personas mayores. La mayor parte de los grupos es para chavitas”, dice. 

Sus principales experiencias de discriminación han sido los insultos, explica, mientras camina con su pancarta por la avenida Reforma. A su alrededor no cabe un alfiler. Se venden paraguas con el color arcoíris y banderitas y cervezas. Se venden muchas cervezas. 

Tirado explica que para ella salir del closet fue algo sencillo. Y eso que fue hace más de 20 años. Aunque reconoce que, por ejemplo, nunca diría en su club de natación cuál es su orientación sexual. “Son todo señoras casadas y no sé qué pensarían de mí”, dice. 

Durante una larga jornada, la Ciudad de México es un espacio liberado. Desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo, convertido en inmenso escenario de un concierto al aire libre que hasta Tláloc respetó, hombres y mujeres se expresaron en libertad de un modo que hace años resultaría impensable. Sin embargo, la fiesta no lo es todo. 

Una morra, jovencísima, mostraba un cartel justo al entrar al Zócalo. “No soy jota pero vengo por el desmadre”. 

Quizás no todos lo habían entendido.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Herman Hollerith, el hombre que se hizo rico con los datos un siglo antes que Google

A menudo llamados "el nuevo petróleo", los datos son inmensamente valiosos, pero sólo si se procesan de la forma apropiada, algo que Herman Hollerith hizo en el siglo XIX.
12 de enero, 2020
Comparte
glasses with data

BBC
Los datos se pueden usar muchas veces, el petróleo solo una vez.

Amazon, Alphabet, Alibaba, Facebook y Tencent son 5 de las 10 empresas más valiosas del mundo, todas con menos de 25 años de existencia.

Todas se enriquecieron, a su manera, con datos.

No es de extrañar que se haya vuelto común llamar a los datos el “nuevo petróleo”. Tan recientemente como 2011, cinco de los 10 principales eran compañías petroleras. Ahora, solo ExxonMobil se aferra a su lugar en la lista.

La analogía no es perfecta. Los datos se pueden usar muchas veces, el petróleo solo una vez.

Pero los datos son como el petróleo en el sentido de que como materia cruda y sin refinar no son de mucha utilidad para nadie. Tienes que procesarlos para obtener algo valioso.

Refinas el petróleo para hacer gasolina, para usarla en un motor.

Con los datos, hay que analizarlos para proporcionar información que ayude a tomar decisiones: qué anuncio insertar en qué momento en las redes sociales, qué resultado de búsqueda poner en la parte superior de la página.

Imagínate que te pidieran que tomaras una de esas decisiones.

Google products on a smartphone

Getty Images
Cuando usas tu teléfono se están recopilando datos.

Alguien está viendo un video en YouTube, que es administrado por Google, propiedad de Alphabet.

¿Qué debería sugerir el sistema que esa persona vea a continuación? Si logras atraer su interés, YouTube puede mostrarle otro anuncio publicitario. Si no, se irá a ver otra cosa en otra plataforma.

Tienes todos los datos que necesitas.

Ten en cuenta todos los demás videos de YouTube que esa persona haya visto: ¿en qué está interesada?

Ahora, fíjate en lo que otros usuarios han visto después de este video.

Sopesa las opciones, calcula las probabilidades.

Herman Hollerith

Getty Images
Herman Hollerith entendió que se necesitaba una máquina en el siglo XIX.

Si eliges sabiamente y ve otro anuncio, bien hecho, has logrado que Alphabet gane tal vez 20 centavos de dólar.

Claramente, confiar en los humanos para procesar datos sería imposiblemente ineficiente. Estos modelos de negocio necesitan máquinas.

En la economía de datos, el poder no proviene solo de los datos mismos, sino de la interacción de los datos y el algoritmo.

En la década de 1880, un joven germano-estadounidense intentó interesar a su familia en una máquina para procesar datos más rápido que los humanos.

Herman Hollerith la había diseñado, pero necesitaba dinero para ponerla a prueba.

El aparato se parecía a un piano vertical pero que en lugar de teclas, tenía una ranura para tarjetas del tamaño de un billete de un dólar, con agujeros perforados.

Tenía 40 diales, que se podían posicionar hacia arriba, o dejar como estaban, después de insertar cada tarjeta.

El tabulador y clasificador de Herman Hollerith, utilizado para procesar el censo de Estados Unidos de 1890.

Getty Images
El tabulador y clasificador de Herman Hollerith, utilizado para procesar el censo de Estados Unidos de 1890.

La familia de Herman Hollerith no lo entendió. En vez de invertir en su idea, se rieron de él.

Hollerith se enfureció de tal manera que cortó relaciones con ellos. Sus hijos crecieron sin tener idea de que tenían parientes del lado de su padre.

La invención de Hollerith era la respuesta a un problema muy específico. Cada 10 años, el gobierno de Estados Unidos hacía un censo. Eso no era nada nuevo. Los gobiernos a través de los siglos han querido saber quién vive dónde y quién posee qué, para ayudar a aumentar los impuestos y encontrar reclutas.

Pero si vas a enviar un pequeño ejército de encuestadores a todo el país, debe ser tentador preguntar sobre una gama cada vez más amplia de cosas. ¿En qué trabajan esas personas? ¿Alguna enfermedad o discapacidad? ¿Qué idiomas hablan?

El conocimiento es poder, y los burócratas del siglo XIX lo entendieron tan bien como las compañías del siglo XXI.

Grabado que muestra los usos del nuevo mecanismo de ingeniería eléctrica durante el censo de EE.UU., diseñado por Herman Hollerith y utilizado para tabular información utilizando un sistema de tarjeta perforada, 1890.

Getty Images
Grabado que muestra los usos del nuevo mecanismo de ingeniería eléctrica durante el censo de EE.UU., diseñado por Herman Hollerith y utilizado para tabular información utilizando un sistema de tarjeta perforada, 1890.

Pero, con el censo de 1880, los burócratas habían acumulado más datos de los que podían digerir.

El censo se había expandido para incluir bibliotecas, hogares de ancianos, estadísticas sobre delitos y muchos otros temas. En 1870, el censo tenía 5 tipos diferentes de cuestionarios. En 1880, tenía 215.

Pronto quedó claro que procesar las respuestas llevaría años: apenas terminaran, ya sería el momento de comenzar el siguiente censo.

Un contrato gubernamental lucrativo seguramente esperaba a cualquiera que pudiera acelerar el proceso.

Hollerith había trabajado en el censo de 1880, por lo que entendió el problema.

Había decidido buscar fortuna inventando un nuevo tipo de freno para los trenes.

Y fue un viaje en tren el que le ayudó a resolver el problema del censo.

A 19th century conductor checking tickets in a first class train carriage

Getty Images
Fue un viaje en tren el que ayudó a Hollerith a resolver el problema del censo.

Los billetes de tren a menudo eran robados. La solución que las compañías ferroviarias habían encontrado era una manera ingeniosa de vincularlos con la persona que los había comprado: una “fotografía perforada”.

Los conductores utilizaban un punzón para seleccionar entre una variedad de descriptores físicos, como Hollerith recordó: “Cabello claro, ojos oscuros, nariz grande, etc.”.

Si resultaba que tu pelo era pelo oscuro y tu nariz pequeña pero tenías ese billete, no llegarías muy lejos.

Tras observar este sistema, Hollerith se dio cuenta de que las respuestas de las personas a las preguntas del censo también podían representarse como agujeros en tarjetas.

Eso podía resolver el problema, porque las tarjetas perforadas se habían utilizado para controlar máquinas desde principios del siglo XIX: el telar Jacquard tejía tela estampada en base a ellas.

Tejedor e inventor Joseph Marie Jacquard demostrando su telar con tarjetas perforadas que contienen las instrucciones del patrón.

Getty Images
El tejedor e inventor Joseph Marie Jacquard demostrando su telar con tarjetas perforadas que contienen las instrucciones del patrón, lo que marcó el nacimiento de las computadoras modernas.

Todo lo que Hollerith tenía que hacer era una “máquina de tabulación” que sumara las tarjetas perforadas del censo que se imaginaba.

En ese artilugio parecido a un piano, un conjunto de palitos metálicos con resorte descendían sobre la tarjeta; si encontraban un agujero, completaban un circuito eléctrico, que movía el dial apropiado.

Felizmente para Hollerith, los burócratas quedaron más impresionados que su familia. Alquilaron sus máquinas para contar el censo de 1890, al que le agregaron aún más preguntas.

En comparación con el sistema anterior, las máquinas de Hollerith resultaron mucho más rápidas y millones de dólares más baratas.

Más importante aún, hacían más fácil aprovechar de los datos.

Supongamos que deseabas encontrar personas de 40 a 45 años, casadas y cuyo trabajo fuera de carpintero. Ya no era necesario examinar 200 toneladas de papeles: sólo tenías que configurar la máquina y pasar las tarjetas por ella.

tarjeta perforada

Getty Images
Durante unas décadas, las tarjetas perforadas eran tan comunes que muchos las conocían, así no tuvieran nada que ver con computadoras.

Los gobiernos no tardaron en encontrar otros usos más allá del censo.

“En todo el mundo”, dice el historiador Adam Tooze, “los burócratas empezaron a soñar con la omnisciencia”.

Los primeros beneficios de seguridad social de Estados Unidos fueron desembolsados mediante tarjetas perforadas en la década de 1930.

En la siguiente década, las tarjetas perforadas ayudaron a los nazis a organizar el Holocausto.

Las empresas también fueron rápidas para ver el potencial. Las aseguradoras utilizaron tarjetas perforadas para cálculos actuariales; las de suministros, para facturación; los ferrocarriles, para envíos; los fabricantes, para realizar un seguimiento de las ventas y los costos.

La compañía de máquinas tabuladoras de Hollerith se convirtió un gran negocio… hasta es posible que hayas oído hablar de la firma en la que, a través de fusiones, eventualmente se convirtió: IBM.

Siguió siendo un líder del mercado, ya que las tarjetas perforadas dieron paso al almacenamiento magnético y a las computadoras programables.

Todavía estaba en la lista de las 10 compañías más grandes del mundo hace unos años.

Pero si el poder de los datos era evidente para los clientes de Hollerith, ¿por qué la economía de datos tardó otro siglo en llegar?

Smart Speakers

BBC
Los altavoces inteligentes activados por voz capturan cantidades cada vez mayores de datos sobre nosotros.

Porque hay algo distinto en el tipo de datos que ahora se comparan con el petróleo.

Google y Amazon no necesitan un ejército para recopilarlos. Nosotros los vamos dando cada vez que usamos nuestros teléfonos inteligentes o le pedimos a Alexa que encienda la luz.

Este tipo de datos no está tan bien estructurado como las respuestas predefinidas de las preguntas del censo introducidas con precisión en las tarjetas de Hollerith.

Eso no sólo hace que sean más difíciles de entender, sino que además hay inimaginablemente más datos que nunca.

Y a medida que los algoritmos mejoran, y la mayor parte de nuestras vidas se vive en línea, ese sueño burocrático de omnisciencia se está convirtiendo rápidamente en una realidad corporativa.

~~~~~~~~~~~~

Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=2FoZyNJjVEg

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.