De Nicaragua a México, así se cruzan los retenes migratorios en la carretera
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Alberto Pradilla

De Nicaragua a México, así se cruzan los retenes migratorios en la carretera

Rodear los retenes del Instituto Nacional de Migración ha sido la estrategia más antigua de los migrantes que tratan de alcanzar Estados Unidos. Este ha sido el recorrido de un grupo de nicaragüenses en sus primeros kilómetros por México.
Alberto Pradilla
Comparte

Manuel, de 40 años, y Eva, de 46, son nicaragüenses y llegan al parque central de Ciudad Hidalgo con cara de susto. Es lunes y acaban de desembarcar de uno de esos botes hechos con madera y neumáticos que cruzan el río Suchiate, frontera natural entre México y Guatemala.

No saben dónde están, qué tienen que hacer o a dónde dirigirse.

Aún no está la Guardia en Chiapas, pero siguen los operativos y detenciones de migrantes

Su objetivo es alcanzar la frontera con Estados Unidos. Tienen por delante mucho trayecto. Son de Chinandega, un municipio de Nicaragua que hace frontera con Honduras al que se le conoció como “la ciudad de las naranjas”. Desde su casa hasta Tijuana, en Baja California, son 5 mil kilómetros. Desde su casa hasta Reynosa, en Tamaulipas, son 2 mil 700 kilómetros.

Son días largos para Manuel y Eva, que comandan un grupo de ocho nicaragüenses que lleva 48 horas en ruta.

Con ellos marchan sus tres hijos, un nieto, un sobrino y un amigo de la familia. Nadie conoce México. Atrás quedaron Honduras, El Salvador y Guatemala, los países que atravesaron tras dejar su casa en Chinandega.

El tramo de hoy consta de 30 kilómetros entre Ciudad Hidalgo y Tapachula.

Una cosa importante que no saben: sortear los retenes instalados por el Instituto Nacional de Migración (INM), apoyado por la Policía Federal y miembros del Ejército y la Marina. Se lo explicará un tipo antes de subirse por primera vez a una combi. “Qué cosas tiene que hacer uno”, bromeará después Manuel, cuando se sienta a salvo.

La parte de la familia que logró sortear la barrera lo hizo a pie, caminando entre la maleza y los sembradíos, por lugares apartados en los que lo mismo un lugareño te ofrece una mano amiga que un indeseable te asalta y te deja sin nada.

Lo hicieron a pie, expuestos, escondidos, vulnerables, como siempre se ha hecho.

Al final solo la mitad del grupo habrá logrado su objetivo: Manuel, Eva, su hija y su sobrino. Del resto no saben nada.

Lo más probable es que fueran interceptados en el retén instalado en el kilómetro 6.5 de la carretera Tapachula-Talismán.

El anuncio del despliegue de 6 mil integrantes de la Guardia Nacional para frenar la migración en Chiapas no ha provocado ninguna nueva reacción. No hay agentes del nuevo cuerpo, no llegarán, al menos, hasta el 30 de junio, pero sí hay retenes del INM, militares y marinos. También hay migrantes como la familia de Manuel que se ven obligados a transitar los penosos caminos de siempre. Los más alejados y los más peligrosos.

“El control hace que los caminos sean más peligrosos, más expuestos”, dice Andrea Villaseñor, directora del Servicio Jesuita al Refugiado. “El control de fronteras lo que hace es que la gente vaya por caminos más peligrosos”, denuncia.

Miedo a mostrar el rostro

“No hay trabajo, no hay nada”, dice Manuel, un tipo pequeñito y calmado, mientras explica por qué decidieron hacer las maletas. Antes de iniciar el tránsito, el hombre pone las reglas: no quiere fotografías en las que aparezca su rostro o el de sus familiares. Tampoco quiere que se publique su nombre completo.

“Si regresamos podemos tener problemas”, dice su esposa, Eva.

Nicaragua se enfrenta a una grave crisis desde hace más de un año. Comenzó el 18 de abril de 2018, con las protestas de los jubilados contra el gobierno de Daniel Ortega, antiguo comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y presidente en dos periodos: por un lado, entre 1979 y 1990, tras derrocar por las armas al dictador Augusto Somoza. Por otro, desde 2006, cuando gana por primera vez unas elecciones. Según relata Eva, las marchas de los jubilados provocaron un efecto dominó: le siguieron los estudiantes, y una represión más dura.

Al menos 325 personas murieron durante aquellas protestas según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la mayor parte a manos de la policía y de grupos paramilitares afines al ejecutivo.

Los bloqueos y las huelgas han dañado la economía del país centroamericano. Por eso, dice Manuel, ya no hay trabajo.

“Llevábamos una semana pensando en marcharnos”, dice. Explica que es carpintero y que la crisis abierta hace un año provocó que la demanda de empleo se desplomase. “Las empresas se marchan, todo está muy mal”, afirma. Eva trabajaba como vendedora de ropa interior en la terminal de autobuses.  

No alcanzaba para alimentar cinco bocas.

Por eso hicieron las maletas. Por eso quieren alcanzar Estados Unidos siguiendo la ruta que anualmente toman miles de hondureños, guatemaltecos, salvadoreños y nicaragüenses.

Eva dice que vendieron todo lo que tenían en la casa: dos televisores, una motocicleta, la lavadora. Hasta rentaron su vivienda, donde ahora se queda un primo. A pesar de deshacerse de todas las posesiones acumuladas durante años, asegura Manuel que solo lograron reunir 600 dólares a dividir entre ocho personas durante cientos de kilómetros de trayecto. No alcanza ni haciendo magia. Solo en el viaje desde Ciudad de Guatemala hasta Tecún Umán el carpintero calcula que se les fueron unos 90.

“¿Qué es una combi?”

La historia de migrantes irregulares, como los integrantes de esta familia nicaragüense, comienza aproximadamente a las 7 de la mañana en la casa del migrante de Tecún Umán, en Guatemala. A esa misma hora, a más de 1,200 kilómetros, el presidente Andrés Manuel López Obrador ofrece su conferencia mañanera. Presenta el equipo que implementará el acuerdo suscrito el viernes entre México y Estados Unidos por el que se desplegarán 6 mil integrantes de la Guardia Nacional en la frontera sur para evitar el paso de gente como Manuel.

El carpintero, sin embargo, no se muestra preocupado. “Si hubiese Guardia Nacional pues nos escondemos”, dice al navegar en las precarias balsas que cruzan diariamente la frontera entre México y Guatemala.

Tocar tierra es el primer golpe contra una realidad desconocida. Avanza el grupo sin tener muy claro hacia dónde. Por suerte, la plaza central está cerca del embarcadero, para él, estos sitios tienen algo de tranquilizador.

Hay que buscar la combi. Alguien en el albergue de Tecún Umán, donde se unen los recién deportados con los que inician la ruta, les dijo que debían tomar una. Pero ellos no saben lo que es, solo que les transporta.

“¿Qué es una combi? ¿Dónde se agarra?”, pregunta Eva.

Pasa un camión de reparto de bebidas. Y una camioneta que transporta verduras. Ni rastro de las combis, que tienen la parada a dos cuadras, pero ni Eva ni el resto de la expedición lo saben.

En una de las esquinas de la plaza se celebra la primera asamblea familiar. Aquí se tomará una decisión clave. Irán en dos grupos. Se adelanta el primero.

El conductor de un bicitaxi observa a los rezagados y comprende que no tienen la más remota idea de en qué lugar se encuentran. Les ofrece llevarlos a algún lugar y les advierte que el INM tiene retenes en el camino. Ellos no se fían. Siguen adelante. Antes, preguntan al tipo del bicitaxi por las famosas combis. “La parada está a dos cuadras”, responde.

No son ni las 9 de la mañana cuando la camioneta arranca. Va llena. Muchos estudiantes y cuatro nicaragüenses que quieren llegar a Estados Unidos, pero no saben en qué punto se encuentran de Chiapas. Un tipo, al ver sus dudas sobre si subirse o no en la camioneta, les ha dicho que deben bajarse en algún punto. Y ellos obedecen. No tienen más opciones.

“La vida está muy difícil allí”, dice Kevin, el sobrino. Explica que tiene 23 años, que le gusta el fútbol más que nada, que empezó a estudiar derecho el año pasado pero que las protestas y el cierre de la universidad le obligaron a dejar el curso. Mientras habla, observa fijamente un retén de la Policía Federal. Mira intranquilo. Cree que el viaje ha llegado a su fin. Se equivoca.

La combi avanza. Los policías quedan a la espalda.

En algún punto de la carretera que lleva hacia Tapachula los nicaragüenses se bajan. Sabían dónde tenían que hacerlo. Un hombre se lo indicó en la misma parada y se lo recordó al chofer.  Toca ir a pie porque en algún punto del camino hay un retén. También apartarse de la carretera, de un lugar más o menos seguro, de la comodidad de la combi, y adentrarse en los sembradíos. De la nada, como si supiese que en esta camioneta llegaban cuatro nicaragüenses sin brújula, aparece un campesino que ofrece mostrarles el camino. Es un hombre de edad avanzada que carga un machete. A Eva no le da buena espina. Pero sigue caminando. Se abren paso entre los matorrales, los sembrados, los campos. Atraviesan algunas vallas metálicas, alguna alambrada.

A mitad de camino el hombre se voltea: “me tendrán que dar algo”.

Ellos le ofrecen 20 pesos. Él no se conforma con menos de 200. No hay mucha discusión. Terminarán pagando 120. Valió la pena. Han sorteado el retén de migración y se adentran en Tapachula como hombres y mujeres libres, como migrantes irregulares con un larguísimo camino por delante. Han tenido suerte. En el camino se escuchan historias terroríficas sobre asaltos, robos con violencia y todo tipo de agresiones. El hombre les llevó porque quería sacar algo a cambio. Ellos le dieron casi todo lo que tenían. Solo han recorrido 30 kilómetros como indocumentados en México.

“¿Cuál es el siguiente pueblo?”, se pregunta Kevin, de 23 años, el que tiene más hambre de llegar al norte. “¿Es verdad que en Estados Unidos hay ayudas especiales para nicaragüenses y venezolanos?”, cuestiona Eva. “Nosotros no somos relajeros, ¿a que la gente aquí tiene menos miedo a los nicaragüenses?”, interroga Manuel.

EU tuvo su cifra mensual más alta de detención de inmigrantes desde 2006, previo a amenaza de Trump

Llegados a la plaza central de Tapachula, jarro de agua fría. Ninguno de sus familiares (dos hijos, nieto y un amigo) responde al teléfono. Alguno da tono, pero en seguida cuelgan. Parece señal inequívoca de que la combi en la que viajaban fue interceptada por el INM. Aunque todavía es pronto para certificarlo.

Segunda asamblea familiar, únicamente con la mitad de sus integrantes. Toca buscar información. Saber qué opciones ofrece México, si conviene quedarse en Chiapas o seguir adelante, cómo saber qué ocurrió con los que faltan. Pedir refugio, solicitar una tarjeta de visitante por motivos humanitarios, aventarse y jugársela. Todas las opciones están sobre la mesa. Todas menos una: la de pagar a un pollero para seguir adelante. Esta familia forma parte de los pobres de entre los pobres, a los que no les alcanza para financiarse un guía. Y eso que tenían uno de confianza que les ofreció el camino por 3 mil dólares por persona. Una ganga, si se toma en cuenta que habitualmente se llegan a pagar hasta 8 mil dólares por todo el tránsito desde Centroamérica.

“Pensamos en mandar a uno o dos del grupo y el resto seguir, pero no nos alcanzó el dinero”, dice Manuel.

Necesitaban 3 mil para lanzar a su pionero y apenas alcanzaron los 600.

Solo les quedaba un recurso: caminar por los dobladillos de la ruta, orillarse y esconderse, jugarse la vida en rutas peligrosas que se han tragado a cientos como ellos.

“Obligar a las personas a viajar en clandestinidad les pone mas en riesgo frente a la propia autoridad. También les pone en manos de la delincuencia común y el crimen organizado. Pueden ser víctimas de secuestros, asaltos, extorsiones, violencia de todo tipo”, dice Salva Lacruz, director de incidencia de la organización de Derechos Humanos Fray Matías.

Lacruz advierte que la familia ha transitado una de las partes con menos denuncias de ataques. El tramo hacia Huixtla, por ejemplo, está regado de ataques.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador no ha necesitado implementar a la Guardia Nacional para intensificar la presión sobre los migrantes, en su mayoría centroamericanos. Bastó con hacer ruido públicamente, lanzar diversos operativos y mantener uniformados en retenes permanentes. Esto ha empujado a la clandestinidad a los que tratan de alcanzar Estados Unidos a toda costa. Ya no son visibles. Vuelven a ser sombras a un lado de la carretera.

El grupo nicaragüense se acuesta sin saber qué ha sido de su mitad. Buscan asesoramiento con una organización mientras piensan cuál será su siguiente movimiento. Al menos, podrán dormir bajo techo, ya que han logrado un cuarto. Resulta difícil conciliar el sueño cuando tienen la sospecha de que sus familiares se encuentran encerrados en siglo XXI, la estación migratoria en la que México enclaustra a quienes entran sin permiso en su territorio.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Andrea Taylor

`La distribución desigual de vacunas entre países ricos y pobres significará que el virus continuará propagándose y mutando'

La investigadora Andrea Taylor cree que, de continuar el actual sistema de distribución de las vacunas, el virus podría seguir mutando, haciendo inefectiva la inmunización y produciendo consecuencias devastadoras.
Andrea Taylor
4 de febrero, 2021
Comparte

La carrera global por una vacuna contra el COVID-19 ha sido, probablemente, una de las más decisivas y frenéticas de nuestro tiempo.

En menos de un año, farmacéuticas, gobiernos, aerolíneas, centros de investigación y empresas de todo el mundo se han unido en un esfuerzo en común para materializar una inyección que se ha vuelto la última esperanza para salir del oscuro túnel de muertes, contagios y confinamientos que se ha sacudido el mundo de un extremo a otro.

Sin embargo, ahora que varias vacunas han comenzado a distribuirse y las autoridades sanitarias de numerosos países se esfuerzan en administrar el mayor número de dosis posible a su población, los expertos han comenzado a alertar que en esta nueva carrera los mayores beneficiados no serán, necesariamente, quienes terminen primero.

Y es que según un estudio que realizó la Universidad de Duke en Estados Unidos y que se volvió referencia en el tema en los últimos meses, la forma en la que se distribuyen actualmente las vacunas supone otro grave peligro de salud pública a nivel mundial.

La situación, de alguna forma, reproduce el actual sistema global: los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables.

Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el COVID-19 en 2021.

Mientras, otras naciones, como Canadá, ya han comprado suficientes dosis para vacunar cinco veces a su población.

Número de dosis compradas por países. . .

Los expertos temen que, de continuar como va el actual sistema de distribución, el virus podría seguir mutando, hacer inefectivas las actuales vacunas, además de producir consecuencias económicas, políticas y morales devastadoras.

Para analizar este tema en BBC Mundo conversamos con Andrea Taylor, quien dirige la investigación del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke que rastrea la distribución de vacunas a nivel global.

El proyecto, denominado Launch and Scale Speedometer, analiza datos globales sobre vacunas y terapias para combatir la pandemia y sus hallazgos se han vuelto un llamado de alerta entre políticos, académicos y expertos en salud pública.


¿Cuáles fueron los principales hallazgos de este proyecto que dirigió sobre la distribución global de vacunas?

Analizamos los datos disponibles públicamente de las compras de vacunas contra el COVID-19 para comprender mejor la asignación de vacunas en todo el mundo.

Lo que descubrimos es que los países ricos han comprado la mayor parte, mientras que los países más pobres luchan por obtener suficientes vacunas para cubrir incluso a sus poblaciones más vulnerables.

Identificamos estas brechas por primera vez en octubre de 2020 y aún no las hemos visto cerrarse, lo cual es muy preocupante.

¿Cómo se llegó a este punto?

Los países ricos aprovecharon su poder adquisitivo e inversiones en el desarrollo de vacunas para obtener un lugar en primera fila y luego compraron la mayoría de las vacunas antes que otros países.

Los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido.

Vacuna

Getty Images
Conseguir una vacuna con efectividad probada no será suficiente para detener la pandemia, pues hará falta garantizar su distribución.

Debido a que la capacidad de fabricación global es limitada, esto deja menos dosis para todos los demás, al menos a corto plazo.

Los países de ingresos medianos y bajos no pudieron realizar compras de gran volumen o comprar vacunas cuando el riesgo de falla aún era muy alto, por lo que no obtuvieron acceso prioritario. Estos países están claramente en peligro ahora.

La principal preocupación es que los países de ingresos bajos y medianos simplemente no tendrán suficientes vacunas y que las personas que viven en países ricos estarán protegidas mientras el virus se propague en los países más pobres.

Si se desarrolla de esta manera, todos sufriremos más, tanto en términos de impacto sanitario como económico.

En ese sentido, hace semanas, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el mundo se enfrentaba a un “fracaso moral catastrófico” debido a las políticas desiguales de vacunación contra el covid-19. ¿Cuáles son los principales riesgos a nivel global de la forma en que se venden y distribuyen actualmente las vacunas?

La distribución desigual de las vacunas es peligrosa para todos. Ciertamente es un fracaso moral, pero también nos enfrentamos a resultados económicos y de salud catastróficos.

Provocará muchas más muertes en todo el mundo, especialmente entre nuestros vecinos más vulnerables.

Pero también significa que el virus continuará propagándose y mutando, aumentando el riesgo de que nuestra lista de vacunas no cubra eficazmente nuevas cepas.

La sede de la OMS en Ginebra

Reuters
La OMS ha advertido que solo un esfuerzo coordinado mundial para eliminar la amenaza del SARS-CoV-2.

Si los países ricos vacunan a sus poblaciones, mientras permiten que el virus se propague a otros lugares, es posible que descubran que no están protegidos de las cepas más nuevas que surjan.

También devastará nuestras economías.

Los modelos recientes muestran que si los países ricos vacunan a sus poblaciones antes de garantizar el acceso a los países más pobres, la devastación económica costará entre US$1,5 y US$9,2 billones y al menos la mitad caerá sobre los países ricos.

Algunos de los países que tendrían que esperar años para vacunar a toda su población son ahora algunos de los lugares donde muchas vacunas se están sometiendo a ensayos clínicos. ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

Desde el principio quedó claro que las naciones de ingresos medios y bajos iban a tener dificultades para llegar al frente de la fila para comprar vacunas.

Vimos países que aprovechaban tanto la capacidad de fabricación como la infraestructura de ensayos clínicos para intentar conseguir ofertas de vacunas.

Una enfermera prepara una dosis de la vacuna CoronaVac, de Sinovac en Ankara, Turquía.

Reuters
Muchas naciones pobres tendrán que esperar hasta incluso 2024 para vacunar a toda su población contra el coronavirus.

Líderes de varios países nos dijeron que estaban trabajando para atraer ensayos clínicos con la esperanza de que les ayudara a negociar un acuerdo de suministro con el desarrollador de la vacuna.

En algunos lugares esta estrategia tuvo éxito, pero en otros no.

Es el caso de América Latina, donde también hemos visto muchos gobiernos que tomaron la decisión de comprar algunas vacunas (como la rusa o la china), incluso cuando los procesos de ensayos clínicos y resultados estaban siendo cuestionados por expertos en salud pública. ¿Podría la falta de acceso a otras vacunas aprobadas y más seguras llevar a los países menos desarrollados a administrar dosis que no se han probado a fondo?

Los líderes de estos países están tomando decisiones de salud pública muy difíciles y el cálculo cambia cada semana, a medida que cambia la carga de morbilidad y se descubren nuevas variantes.

Hace unos meses, escuchábamos a líderes de muchos países menos desarrollados decir que no aceptarían una vacuna sin datos sólidos de eficacia.

Más recientemente, estamos viendo que estos mismos países compran vacunas que no han publicado datos sólidos, pero que pueden estar en un avión dentro de las 24 horas posteriores al cierre del trato.

Por supuesto, esto es un riesgo y no es una opción tan buena como usar una vacuna que ha sido revisada y aprobada rigurosamente por una autoridad reguladora estricta.

Pero si su elección como líder está entre algo y nada, probablemente algo sea mejor.

Por otra parte, están los reportes de países como Canadá o Estados Unidos, que han comprado dosis suficientes para vacunar a toda su población varias veces. ¿Cuál es la lógica detrás de este “acaparamiento”?

Muchos países ricos compraron suficientes vacunas para cubrir muchas veces a sus poblaciones. Esto tenía sentido en el mundo en el que vivíamos hace 6 meses, porque aún no sabíamos cuál de las vacunas candidatas, si es que había alguna, llegaría al mercado.

La mayoría de los países ricos compraron dosis de múltiples candidatos con la esperanza de que si uno o dos de ellos llegaban al mercado, tendrían una cobertura de su población del 100%.

Dosis de vacunas en una fábrica.

Getty Images
Se espera que el plan Covax se ponga en marcha en febrero.

Al final resultó que las vacunas contra el covid-19 han tenido éxito más allá de las expectativas.

Ya tenemos algunas en el mercado y otras más saldrán en los próximos meses.

En realidad, ningún país rico tiene dosis de vacunas adicionales en esta etapa, pero sí se han reservado los espacios de fabricación prioritarios para 2021 para la mayoría de las vacunas contra el covid-19.

Esto significa que los países que realizan compras ahora pueden tener que esperar meses o incluso un año más.

Una de las alternativas para esta situación es Covax, el esfuerzo global que involucra tanto a países ricos como a otros menos desarrollados para un acceso equitativo a las vacunas contra el covid-19. ¿Cuáles serían los principales desafíos que enfrenta esta propuesta?

El principal desafío al que se enfrenta Covax es el tiempo.

Si bien la iniciativa ha tenido éxito en la compra de vacunas, garantizar la entrega en paralelo con el lanzamiento de la vacuna en las naciones ricas es mucho más difícil.

Las naciones de ingresos medios y bajos que cuentan con Covax como una parte importante de su estrategia de vacuna necesitan las dosis ahora, pero gran parte de los espacios de fabricación prioritarios ya han sido reservados por países ricos que hicieron acuerdos bilaterales.

También es importante señalar que Covax es necesario pero no suficiente.

Con una cobertura de población del 20%, es una pieza fundamental de la solución, pero los países pobres seguirán enfrentando brechas masivas en el acceso a las vacunas.

Tenemos que preocuparnos por la cobertura de población restante del 40-50% necesaria para alcanzar la inmunidad colectiva en estos países.

Supongamos que soy el primer ministro de una nación muy rica. ¿Qué argumento me daría para convencerme de que no debería comprar dosis suficientes para vacunar a toda mi población, porque al hacerlo, otros países menos desarrollados no tendrán acceso a esa vacuna? ¿Por qué debería preocuparme por ellos en lugar de vacunar a todos mis conciudadanos?

Realmente es un argumento de autoconservación. Al asegurarte de que otros países también tengan acceso a la vacuna, está garantizando el éxito de la tuya.

Los líderes de los países ricos deben asegurarse de que sus poblaciones estén cubiertas lo más rápido posible y se consideraría un fracaso masivo si no lo hicieran.

También deben garantizar que todos los países tengan acceso a las vacunas al mismo tiempo para cubrir a sus poblaciones más vulnerables, lo que ayudaría a proteger los servicios de salud y de emergencia y reducir las muertes.

Una mujer es vacunada contra el coronavirus en Rusia.

Reuters
La mayoría de naciones que han comenzado la vacunación son países de altos inresos.

Los modelos recientes demuestran que no hacerlo probablemente devastará las economías de las naciones ricas y creará una situación en la que nunca estaremos libres de este virus.

Muchos países, incluidos Canadá, Reino Unido y el bloque de la Unión Europea, han declarado su compromiso de donar el exceso de dosis a otros países, pero el momento en esto realmente importa.

Los líderes de los países ricos deben comenzar a donar dosis a los países más pobres sin dejar de vacunar a sus propias poblaciones.

Noruega ha liderado esto y ha declarado que donará dosis en paralelo con el lanzamiento de su propia vacuna.

Los líderes de los países ricos deberían elegir mejores resultados a largo plazo a riesgo de pérdidas políticas a corto plazo y encontrar formas de transmitir la importancia y los beneficios de esto a sus poblaciones.

Esto requiere un liderazgo más fuerte del que hemos visto hasta ahora pero, sin él, incluso los ciudadanos de los países ricos saldrán mucho peor.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=xhM2rTMB9I4&t=3s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.