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Amapola Periodismo transgresor

Parteras profesionales, una opción buena, bonita y barata en Guerrero

A la Unidad de Partería Alameda Chilpancingo llega gente que ya tuvo un contacto con una partera, que ya sufrió violencia obstétrica o que está informada y busca otras opciones, cuenta Carolina partera profesional.
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Por Margena de la O / Amapola Periodismo
15 de junio, 2019
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Fotografías: Jesús Eduardo Guerrero y José Luis de la Cruz

Carol nació un jueves a las 9:27 horas del pasado 14 de marzo, hace exactamente tres meses. En el nacimiento, su madre, Carolina, estuvo acompañada de su pareja, así como de su partera y amiga Noemí, de la escuela universitaria.

16 horas antes, Carol le hizo saber a su madre que era el momento. Tres contracciones cada 10 minutos. La noche del lunes anterior la alertó, pero todavía faltaba para que naciera.

Durante todas esas horas, su madre caminó por la casa solitaria, hizo ejercicios sentada en una pelota grande o tomó baños con agua caliente. La casa donde nació Carol, en Tepecoacuilco, es la casa de sus abuelos, pero ese día estaba casi vacía para que su madre pariera tranquila, sin presiones ni intimidaciones. “No quise decir que ya estaba iniciando el trabajo de parto por no sentir presiones”, dice su madre después.

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El momento de su nacimiento fue tan íntimo y tranquilo que tres meses después de que ocurrió su madre también confiesa con firmeza que sigue enamorada del parto, que desvincula del dolor: “Tenía las contracciones, sí tenía muchas sensaciones, pero menos de dolor”.

Carol nació en un entorno donde solo estuvieron su madre, su padre y la partera.

Parir atendida por una partera no solo fue bueno para Carolina y la bebé, también fue barato.

En Chilpancingo también existe esta opción para parir que empleó Carolina.

En la Unidad de Partería Alameda Chilpancingo, donde antes estaba el Hospital General, se puede traer a los hijos a este mundo; sin pagar un solo peso, si se cuenta con el Seguro Popular, o una cuota de recuperación voluntaria, si no se tiene este beneficio.

Noemí y Carolina son parteras profesionales en esta unidad.

Parir sin violencia

Carolina y Noemí se conocieron en Guanajuato, en el Centro para Adolescentes de San Miguel de Allende (CASA), de donde se graduaron como parteras profesionales, y ahora son compañeras en la Unidad de Partería Alameda Chilpancingo.

Carolina es partera desde los 19 años, cuando ingresó a CASA a estudiar. Los cuatro años de estudios son de prácticas. Hoy, a sus 29 años ha atendido unos mil partos, incluido el de su hermana Maricarmen, a quien asistió en la misma casa en la que nació Carol.

En el contexto profesional en que se desenvuelve Carolina, muy parecido al de hospitales, donde hay personal uniformado, cuartos equipados y salas de espera, pero sin quirófanos, su edad es uno de los prejuicios a los que de manera recurrente se enfrenta. Casi nunca se salva de que la imaginen mayor. “La gente siempre espera que seas una persona adulta, ya con canas”, dice.

Carolina tiene un título de la carrera técnica de Partería, pero ni eso la despoja del desdén general que existe por el oficio en Guerrero, donde las autoridades de Salud admiten que podría reducir las estadísticas de mortalidad materna, un mal que mantiene a los primeros sitios al estado.

Una manera de medirlo son las pocas asistencias que da al mes en Chilpancingo, que entre su trabajo en la Unidad de Partería y las asistencias externas, son alrededor de cinco.

Este dato va en sincronía con el flujo de la misma Unidad, donde atienden si acaso unos tres partos diarios, de acuerdo con los cálculos del personal, aunque se planeó hasta para 15. Es decir, la demanda diaria en este espacio que la Secretaría de Salud inauguró en diciembre del 2017 es de apenas 20 %.

parteras profesionales guerrero

A la Unidad de Partería Alameda Chilpancingo llega gente que ya tuvo un contacto con una partera, gente de comunidad que ahora vive en la ciudad, que ya sufrió violencia obstétrica o que está informada y que busca otras opciones, cuenta Carolina partera profesional.

El desdén por la partería en la ciudad es más evidente cuando se conocen los números de los partos que atienden en los hospitales del sector Salud. En el Hospital General Raymundo Alarcón Abarca, de acuerdo con las cifras que proporcionó el personal, llegan a atender por día hasta 10 partos, de éstos, unos tres por cesárea. En la ciudad también está el Hospital de la Madre y el Niño Guerrerense, abierto de manera exclusiva para la atención de mujeres en el embarazo y bebés al nacer.  

“Hay gente que te busca porque ya tuvo un contacto antes con la partera, pero así previamente no. Regularmente son gente de una comunidad que ahora vive aquí, y hay gente que sí es porque vivió violencia (obstétrica), que está informada y que busca otras opciones”, cuenta la partera profesional.

Después atribuye la poca demanda en la partería a la falta de información. Esto lo descargó en las instituciones, pero también en las parejas que esperan un bebé, porque deberían mirar el proceso desde otras ópticas. “Si supieran dónde se meten o cuánto pagan porque las violenten, de verdad que no lo harían”, comenta sobre lo que enfrentan las mujeres en los hospitales atendidas por médicos.

Partería para el bienestar

Una cesárea puede costar hasta 27 mil pesos, de acuerdo con la cotización que se hizo en diferentes hospitales privados para documentar esta información.

A esto se suma el negocio en los partos, al que Carolina se refirió como la engañosa estrategia publicitaria sobre la ausencia del dolor en las cesáreas, que en automático coloca al parto natural en el otro extremo. “Luego veo anuncios en Internet como cesárea sin dolor, parto sin dolor y la gente no sabe todos los efectos secundarios de una anestesia y los efectos al bebé”, advierte. En el ambiente de la medicina nunca explican, según Carolina, la importancia de ese primer contacto de la madre con el hijo.

Si ella vive esto en la ciudad, reconoce que es más complicado en los pueblos, para las parteras tradicionales, de quien habla con respeto. “Para mí son unas maestras”. La razón es que, a su juicio, existe una mayor discriminación por la partería tradicional, sobre todo de la medicina.

Entonces recordó la anécdota que le contó su pareja, un enfermero en hospitales básicos comunitarios, a quien conoció cuando la asignaron área de partos respetados o humanizados del hospital básico de la Sierra de Guerrero.

Una mujer llegó a ese hospital en labor de parto y con las piernas vendadas. Tenía dos o tres días con contracciones. La acompañaba otra mujer, quien le hizo el vendaje. Era la partera. En ese momento la compresión en las piernas de la mujer a punto de parir, según Carolina, era vital porque el flujo sanguíneo debía concentrarse en el útero.

Supo que el personal médico que atendió a la mujer embarazada se quejó de que el parto se complicó por la falta de atención médica, con frases despectivas como el “ummm… se atendió con una partera”.

“Si se regresaran tantito a ver ese espacio, ella la vendó, a lo mejor por instinto o por lo que haya sido, ella lo hizo y a lo mejor eso le salvó la vida a la mujer”, comenta.

Carolina confía en las parteras tradicionales, quienes le han compartido consejos sobre el cierre de caderas y los tés que sugieren para la recuperación de sus pacientes. Pero piensa que las pateras profesionales no son bien vistas por las pateras tradicionales, porque “no te pueden dejar de ver como personal (médico)”.

Con todos estos prejuicios alrededor de la partería profesional, quienes la ejercen se mueven en medio de dos flancos: las parteras tradicionales y los médicos. De un lado no las miran como parteras y del otro tampoco como profesionales. “Siempre ha habido el choque con los médicos”, dice.

Leer: Muertes maternas y condenas por aborto, la realidad de la salud reproductiva en México

El embarazo y la intimidad del parto

Después que Carolina pesa y revisa a sus pacientes, regularmente tiene una charla con ellas. Las escucha. Algunas le dicen que se siente cansadas, que tuvieron problemas con los otros hijos o cualquier otro comentario. A esta fase la partera le llama crear un vínculo de confianza entre ambas, la partera y la mujer embarazada. “A veces son cosas simples, pero nadie las escucha, nadie se detiene a eso”, comenta.

Este momento no está contemplado en las consultas médicas, tampoco la convivencia inmediata entre las madres y sus bebés, porque luego los separan, y “no saben todo el vínculo que se pierde en ese momento”.

Cuando Amapola. Periodismo Transgresor documentaba la indiferencia institucional sobre la partería tradicional encontró historias de mujeres embarazadas que vivieron una secuencia de violencia obstétrica durante la atención de sus partos en los hospitales.

En la primera entrega de esta serie están sus testimonios. Una mujer narró la indiferencia del médico que la atendió: escuchó música y leyó durante el tiempo que duró su labor de parto, y una vez que se quejó de las contradicciones le dijo con desinterés: “Es normal, te va a doler”.

A eso se suma la invasión que sintió las veces que revisaron la dilatación de su vagina en medio de pasillos llenos de personal médico y la incomodidad que le generó cuando escuchó que el médico le dijo a una mujer internada a su lado: “Tú no la escuches, no le hagas caso, no la escuches”. Se refería a ella porque se quejó de las contracciones.  

Carolina sabe qué sucede en ese momento. Durante el proceso de parto las mujeres producen la hormona llamada oxitocina, la misma que el cuerpo humano libera durante las relaciones sexuales. De ahí la importancia que el parto ocurra en un ambiente íntimo.

Este reportaje fue elaborado por el equipo de Amapola. Periodismo transgresor.

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¿Cómo ven las personas daltónicas? Las apps que te permiten mirar el mundo como si tuvieras ceguera al color

Es casi imposible explicar los colores, pero la tecnología puede ayudar. Te contamos qué aplicaciones puedes usar para ver el mundo como una persona daltónica (y cuáles son los resultados).
Getty Images
25 de junio, 2019
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La experiencia de cruzar un semáforo, mirar el arcoíris o comprar una camisa puede ser completamente distinta si eres daltónico.

Pero es difícil para quienes no tenemos daltonismo hacernos a la idea de cómo se ve el mundo sin ciertos colores.

La pregunta sobre cómo ven el mundo los daltónicos resurge cada tanto en Google, aunque primero conviene aclarar algo más básico: ¿qué es el daltonismo?

El 8% de los hombres y el 0,5% de las mujeres tienen daltonismo, normalmente de nacimiento, y ocurre por cambios en cómo las células de la retina -la parte posterior del ojo- detectan la luz.

Existen tres tipos principales de daltonismo:

  • deuteranopia: ausencia de color verde
  • protanopia: ausencia de color rojo
  • tritanopia: ausencia de color azul

El tercero es el menos habitual, y dentro de los dos primeros, a su vez, hay grados y variantes. También hay quienes no ven ningún color y solo pueden ver el mundo en blanco y negro.

tipos de datonismoImagen: IRINA KUZNETSOVA/GETTY IMAGES
Image captionLa visión “normal” (izda.) no tiene nada que ver con la de una persona daltónica, pero en este segundo grupo también hay diferencias.

El daltonismo, también llamado ceguera al color, es una condición especial sin tratamiento conocido, aunque hay gafas y lentillas especiales que pueden ayudar.

Pero la tecnología también puede jugar un papel. Existen varias aplicaciones para diferenciar entre tipos de daltonismo y permitir a quienes no tienen al condición que puedan apreciar cómo se ve el mundo desde la mirada de un daltónico.

Tal vez la más conocida es Color Blindness, un simulador gratuito que te permite “hacerte una idea de cómo es tener una discapacidad de la visión del color” y hacer la prueba en su sitio web con varias imágenes y varios tipos de daltonismo.

“Como no es tan fácil describir el daltonismo, es muy útil que algunas personas hayan desarrollado algoritmos para simular cualquier tipo de deficiencia del color. Los algoritmos transforman cualquier foto en la misma, pero vista por personas ciegas al rojo, verde, azul o cualquier color”, dicen sus creadores.

Pero hay varias aplicaciones: Sim Daltonism (una app de código abierto para iOS y Mac), Color Oracle (también de código libre, pero funciona con Windows, un app diseñada por un especialista en visualización inmersiva, Bernie Jenny, de la Monash University de Australia) o ColorBlindness SimulateCorrect (que puedes descargarte en la tienda de Google) son algunos ejemplos.

En BBC Mundo hicimos una prueba: ¿cómo vería un daltónico esta colorida imagen de la ciudad mexicana de Guanajuato?

GuanajuatoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES

Esto ocurre si tienes protanopia, también llamada dicromacia roja…

ProtanopiaDerechos de autor de la imagenCOLOR-BLINDNESS.COM

En cambio, si lo que no puedes ver es el color verde (deuteranopia), este será el resultado (fíjate bien en el azul de la casa del centro)…

DeuteranopiaDerechos de autor de la imagenCOLOR-BLINDNESS.COM

Y así de diferente verán la escena quienes no capten el color azul (tritanopia)…

TritanopiaDerechos de autor de la imagenCOLOR-BLINDNESS.COM

Puedes hacer la prueba también con tricromatismos, que son versiones de los anteriores (dicromatismos), pero algo más leves.

Y así verás si tienes monocromatismo de conos azules:

Monocromatismo de conos azulesDerechos de autor de la imagenCOLOR-BLINDNESS.COM

El monocromatismo, también llamado acromatopsia, es la forma más grave daltonismo. Si la tienes, ves el mundo en blanco y negro, aunque quienes lo sufren también pueden experimentar mucha molestia con la luz y movimientos oculares extraños.

“La mayoría de los casos de daltonismo se deben a un problema genético”, dice la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM, por su sigla en inglés).

En total, se estima que 320 millones de personas en el mundo son daltónicas.


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https://www.youtube.com/watch?v=RvYz63RfE8c

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