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"Tenía un bebé recién nacido y una mujer con cirugía": Permisos por paternidad en México son insuficientes

En México los hombres que se convierten en padres tienen, por ley, 5 días de licencia, sin embargo este tiempo es de los menores entre los países de la OCDE.
Cuartoscuro
16 de junio, 2019
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En México, el tiempo que otorga la ley como permiso de paternidad es insuficiente, y solicitar más al patrón significa una merma en los ingresos de las familias, señalan padres y especialistas.

Mientras que la ley mexicana da a los padres 5 días con goce de sueldo, en países como Uruguay la madre y el padre pueden pedir permisos alternados hasta que el bebé cumple 6 meses. En otros países la licencia es de hasta 8 semanas.

Las pocas ventajas que esta prestación laboral tiene para los nuevos padres se ven reflejadas en los pocos permisos que se piden.

Lee: Mujeres afiliadas al IMSS podrán transferir sus semanas de permiso por maternidad

Según datos oficiales – obtenidos por el Instituto Early a través de solicitudes de información – de los hospitales que brindan seguridad social en 2018 se otorgaron 279 mil 999 licencias por maternidad y tan solo 8 mil 170 por paternidad.

Las más afectadas por esto son las mujeres, quienes asumen prácticamente solas el cuidado diario de los hijos durante sus primeros meses de vida.

Arturo, quien se convirtió en padre en 2018, opinó que aunque podría pensarse que esta situación pone en desventaja a los hombres, son las mujeres quienes más padecen la ausencia del padre por el apoyo que necesitan tras el nacimiento del bebé.

“Yo tenía un bebé recién nacido y una mujer con cirugía en casa y solo estuve ahí un mes, que no fue suficiente para apoyarla en su recuperación”, relata.

En entrevista para Animal Político, Arturo explicó que consiguió ese mes gracias a que labora en una empresa multinacional e internamente tienen derecho a 15 días, aunado a un trato que hizo con anticipación con su jefa pidiendo vacaciones y unos días más de trabajo en casa.

Pero el mes de licencia fue insuficiente. Verónica, su esposa, fue sometida a cesárea y cuando el mes de permiso de Arturo terminó, ella aún no estaba bien.  

Lee: Maternidad en las calles: mujeres luchan para evitar que las autoridades les quiten a sus hijos

“No fue tiempo suficiente, porque un recién nacido requiere mucha atención y un mes es muy poco (…) cuando acabó mi licencia, ella aún no se podía mover ni agachar bien, la cesárea es un procedimiento que las incapacita (…) creo que lo correcto sería una licencia de tres meses”, refiere.

Verónica superó el resto de su recuperación con apoyo de su madre y su hermana.

A pesar del poco tiempo que estuvo en casa, Arturo se siente privilegiado por haber conseguido esta licencia porque sabe que otras empresas otorgan aún menos días.

La Ley Federal del Trabajo, en su artículo 132 fracción XXVII, establece que el patrón tiene obligación de “otorgar permiso de paternidad de cinco días laborables con goce de sueldo, a los hombres trabajadores, por el nacimiento de sus hijos y de igual manera en el caso de la adopción de un infante”. Para que puedan acceder a esta prestación deben realizar el trámite correspondiente en su empresa.

En el caso de las mujeres, el artículo 170 estipula que “disfrutarán de un descanso de seis semanas anteriores y seis posteriores al parto” con goce de sueldo y a solicitud de la trabajadora, quien debe presentar el comprobante médico de la institución de seguridad social que le corresponda y cumplir con los trámites que pida su empresa.

Además, la mujer podrá transferir hasta cuatro de las seis semanas previas para después del parto. Es decir, las mujeres pueden tener hasta 10 semanas de permiso en comparación a los 5 días de los padres.

A través de solicitudes de información, el Instituto Early, grupo autónomo que analiza políticas para el bienestar de los menores, pidió a las dependencias de seguridad social las cifras de permisos por paternidad y maternidad solicitados en 2018 encontrando lo siguiente:

El IMSS otorgó 231 mil 168 permisos por maternidad y desconoce el número de derechohabientes que solicitaron permisos por paternidad; el ISSSTE dio 46 mil 82 licencias de maternidad en 2018 y únicamente 380 licencias de paternidad, de 2015 a marzo de 2019. Este último dato corresponde solo de trabajadores de la misma dependencia y no a derechohabientes.

Lee: Maternidad subrogada en México: documentan casos de discriminación y abusos por mala regulación

En la seguridad social de la Semar, Sedena y Pemex ocurre lo contrario. La Semar dio 867 permisos por paternidad y 357 de maternidad; la Sedena 4 mil 947 por 947 de maternidad, y Pemex mil 976 permisos para padres y mil 445 a hombres. Esto tiene que ver con el hecho de que en sus plantillas predominan los hombres.

“Las mujeres reciben doble carga de trabajo”

Rebeca Ramos, coordinadora de incidencia pública del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), dice que con este tipo de legislación, el gobierno solo perpetúa la idea de que son las mujeres las principales responsables del cuidado de los hijos.

En entrevista, la especialista considera que la licencia paterna debería ampliarse al menos de 6 a 8 semanas para que exista una verdadera corresponsabilidad entre hombres y mujeres.

“Este tipo de leyes, además de perjudicar a las mujeres en el plano maternal acaban siendo un freno para que las empresas no las coloquen en puestos importantes por las largas ausencias que éstas podrían tener”, agrega la especialista.

Señala que la ausencia del padre luego de algunos días perjudica más a las madres quienes se llevan una “doble carga, una por la recuperación del parto o cesárea y la otra por cuidar al recién nacido”.

Licencia sin sueldo

Además de estas desventajas, Ramos resalta el hecho de que el IMSS no otorga subsidios para licencia de paternidad, por lo que el trabajador tiene que negociar o aceptar las condiciones de sueldo que la empresa tenga establecida para estos casos.

En México cada dependencia de seguridad social maneja diversos términos. Los trabajadores que están afiliados al IMSS pueden recibir de 5 hasta 15 días como en el caso de Arturo, por parte de su empresa y no reciben ningún subsidio adicional del IMSS. Hay quien puede negociar más días pero sin goce de sueldo.

En el caso del ISSSTE, los hospitales de la Secretaría de Marina, Defensa Nacional y Pemex, las licencias por paternidad sí son negociadas con la seguridad social.

Lizbeth Santillán vivió sola las semanas de convalecencia porque su esposo no pudo solicitar la licencia de paternidad ya que afectaría sus ingresos.

Explica que pedir más días de licencia significa un ingreso menor y tras el nacimiento de un hijo es cuando más se necesita el dinero.

“El hecho de que solo sean cinco días y el resto se tengan que negociar con un sueldo inferior o de plano sin un pago detiene a los hombres para pedir el permiso, porque no se pueden dar el lujo de perder dinero justo en esos días”, agrega.

Rebeca Ramos coincide con ella, “en el momento en que nacen los hijos es cuando los padres más necesitan el dinero y si el tener más días te va a condicionar a aceptar un trato que no te convenga económicamente, mejor no lo tomas”.  

La especialista agrega que en GIRE han analizado algunas de las opciones brindadas por empresas extranjeras para los permisos paternales y propuesto que sean aplicadas en México, “aunque este es un tema que debería abordarse desde el Congreso y llegar a las 6 u 8 semanas de licencia, solo así se logrará una igualdad de género en el tema”.

 

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'Fue absolutamente horrible': las mujeres a las que la noche de bodas les arruinó sus matrimonios

Cuatro mujeres le contaron a la BBC cómo la noche de bodas, que debía ser memorable, terminó siendo un momento tan traumático que llegó a arruinar sus matrimonios.
31 de octubre, 2019
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Para algunas personas la noche de bodas es inolvidable por las razones equivocadas.El servicio árabe de la BBC habló con mujeres de distintas edades y clases sociales, que viven en países árabes y musulmanes, sobre el impacto de la noche de bodas en sus matrimonios y cómo les afectó la falta de una educación sexual.

Estos son los testimonios de cuatro de ellas, cuyos nombres fueron cambiados a pedido suyo.

Manchas de sangre

Somayya tuvo que enfrentarse a su familia para poder casarse con Ibrahim, el hombre al que amaba.

La joven estaba estudiando literatura árabe en la Universidad de Damasco, en Siria, y su futuro marido le había prometido que nada se interpondría con su graduación.

Todo parecía de ensueño. Somayya había apostado por el amor y el apoyo de Ibrahim. Pero la noche de bodas fue su primera decepción.

Su nuevo esposo, “con impaciencia” y sin darle ni un momento para “recuperar el aliento”, se dispuso a penetrarla “tan pronto como pudo”, alegando que su amor por ella justificaba su ímpetu, cuenta Somayya, de 23 años.

“Fui cooperativa”, dice, “y a pesar de mi agotamiento, cumplí”.

Cualquier rastro de romanticismo terminó de desaparecer cuando la cara de él se transformó. “No hay manchas de sangre”, le dijo.

Ella de inmediato entendió lo que su marido estaba sugiriendo: que no era virgen, tal como se espera de las recién casadas en muchos países árabes y musulmanes.

Y si bien muchas mujeres sangran en cantidades variables tras la ruptura del himen, de acuerdo con doctores y expertos, no es algo que ocurra en todos los casos.

Además, mientras que algunos hímenes son tan delicados que se rompen sin sangrar, otros solo pueden ser penetrados quirúrgicamente; algunas niñas nacen sin esa membrana o se les rompe accidentalmente como resultado de una lesión.

Al describir la reacción de su esposo, Somayya dice: “Su mirada se me clavaba como una daga en el pecho. Me mató sin saberlo“.

A woman sitting on a bed and staring down

Getty Images

“Ni siquiera intentó hablar conmigo. Me sentí abandonada, como si fuera un sospechoso en espera de juicio”, cuenta.

“Antes del matrimonio, habíamos hablado de muchas cosas”, agrega, “incluso de nuestra noche de bodas, la que se suponía sería la mejor noche de nuestras vidas”.

“Pensamos que sabíamos mucho el uno del otro, pero todo se derrumbó cuando no surgió ninguna señal de virginidad’“.

El día después

Aunque este tipo de incidentes son comunes en su sociedad, Somayya no esperaba vivirlo.

Asumió que las actitudes y opiniones de los hombres jóvenes habían cambiado respecto a la generación de sus abuelos, especialmente porque su prometido era un intelectual, de mentalidad abierta y educación universitaria.

Al día siguiente él le sugirió visitar a un médico para confirmar su virginidad.

Ella se quedó estupefacta.

Las pruebas de virginidad femenina son una costumbre antigua, y los motivos para llevarlas a cabo y los métodos de inspección difieren de una sociedad a otra.

En las familias más conservadoras no es raro celebrar la virginidad de la novia en su noche de bodas, mostrando a las familias de los novios las sábanas ensangrentadas.

Pero eso es algo que se puede lograr incluso si la novia ya tuvo relaciones sexuales antes.

Es relativamente fácil “volver a coser” el himen quirúrgicamente.

Incluso existen hímenes artificiales hechos en China, prótesis que aparentan ser una membrana intacta y liberan un líquido rojo que parece sangre cuando se someten a presión.

Y es que hay lugares en los que una mujer, ante la sospecha de que no llegó virgen al casamiento, puede ser asesinada en nombre del honor.

Tradicional y sumisa

Al visitar a un ginecólogo al día siguiente, Somayya descubrió que su himen era grueso y le dijeron que solo se rompería si daba a luz de forma natural.

Mujer llorando.

Getty Images

Su esposo respiró aliviado y una sonrisa se dibujó en su rostro, pero ya era demasiado tarde. Somayya estaba decidida a divorciarse.

Mi esposo se convirtió en un extraño para mí“, explica.

“No podía predecir qué iba a hacer. Todo era posible. Ya no podía confiar en alguien que deshizo una relación de varios años en cuestión de segundos”.

Después de una breve pausa, agrega: “No sé describir cómo me sentí tras aquello, pero no podía soportar vivir con él después de que redujo todo mi ser a un membrana inútil. Soy un ser humano, no solo tejido membranal“.

Desde ese día, el bienestar psicológico de Somayya se fue deteriorado. Empezó a rechazar visitas y evitar salir.

Sentía que estaba jugando el tradicional rol de género, donde la esposa es sumisa e indefensa.

Durante los siguientes tres meses, tuvo relaciones sexuales con él varias veces. “Cuando me penetraba, la repulsión se apoderaba de mí“, cuenta.

“No lo quería y no sentía nada en absoluto. Mi pasión se había extinguido aquella noche”, reconoce.

“Simplemente esperaba a que terminara y me dejara en paz. Tener sexo con él se sentía sucio y fraudulento, porque era como un deber, una tarea que tenía que realizar, en lugar de un acto de amor”.

Sin divorcio

Unos meses más tarde, Somayya habló con su esposo sobre su deseo de terminar con el matrimonio, diciendo que no había forma de revertir su decisión porque temía por su vida y porque ya no le quedaba amor ni pasión después de esa fatídica primera noche.

También le explicó que su sospecha “insensible” la había ofendido y degradado.

Bride in wedding gown

Getty Images

“Él estaba en shock, porque se sentía que, como hombre, tenía derecho a cuestionar si su esposa había tenido relaciones sexuales o no”, cuenta.

Me dijo que no se divorciaría mientras viviera y me aconsejó que pensara en mi ‘comportamiento rebelde’ con cuidado, ya que me iba a llevar al ‘arrepentimiento y remordimiento'”.

“Nuestra sociedad tiene un doble estándar”, dice Somayya.

“Las hazañas sexuales de los hombres son reconocidas e incluso alabadas, pero cuando se trata de las mujeres, ese comportamiento es motivo de rechazo social y, a veces, se castiga con la muerte”, reclama.

“Mi marido era uno de esos hombres, jactándose a las risas con sus amigos sobre su historial sexual, pero poniéndose furioso si yo hacía una broma sutil”.

Después de que su familia se negara a apoyarla para conseguir el divorcio, describiendo su razonamiento como “mezquino y trivial”, Somayya dejó Siria en junio pasado y se dirigió a Europa.

El dolor 20 años después

Jumanah, de 45 años, vivió toda su vida en Alepo, Siria, hasta 2016, cuando se mudó a Bruselas, Bélgica.

Tenía 19 años cuando mi padre decidió que debía casarme con mi primo en contra de mi voluntad“, le cuenta a la BBC.

“No lo quería, pero me incitaron a creer que él era la persona adecuada para mí y que en algún momento me acostumbraría a él. ‘El amor vendrá más tarde’, me dijeron”.

Jumanah recuerda su noche de bodas vívidamente y con un dolor palpable, como si acabara de suceder.

“Cerró la puerta y dijo que debíamos darnos prisa, ya que los ancianos de la familia esperaban la verificación”.

Fue absolutamente horrible“, dice ella. “Mi esposo no me habló, pero se dedicó a terminar su tarea sin molestarse en hablarme mientras yo temblaba de miedo y repulsión”.

A couple lie in bed facing away from each other

Getty Images

“A pesar de mi dolor físico y angustia emocional, la única preocupación de mi esposo era esa mancha de sangre“, prosigue.

“No sangré esa noche, así que mi esposo rompió el silencio gritándome: ‘¡No hay sangre!’. Y desató un aluvión de improperios que no puedo repetir. Sus ojos eran como carbones ardiendo”.

Durante una hora más o menos se sintió atrapada por el miedo. Quedó atónita e incapaz de pronunciar palabra.

En su caso, no esperaron hasta la mañana: esa misma noche la llevaron a un ginecólogo que confirmó su virginidad.

“Recuerdo al doctor consolándome como si fuera mi padre”, cuenta, “y regañando a mi esposo por lo que hizo”.

Jumanah se vio obligada a vivir con su esposo, quien públicamente la ridiculizó, porque su familia y amigos no la apoyaron en su deseo de separarse, ni esa noche ni durante 20 años de conflictos matrimoniales.

Cirugía de himen

Rozana llevaba cinco años comprometida cuando se separó.

“Confiaba en él y lo amaba mucho”, cuenta. “Él insistía con tener sexo diciendo que técnicamente ya era su esposa. Un día me sometí a su insistencia y lo hice”.

Seis meses después, sin embargo, las familias de ella y su prometido tuvieron un gran encontronazo y Rozana terminó separándose.

“En nuestra sociedad no se debate qué castigo se aplica por la pérdida de la virginidad”, dice, agregando que puede llegar a ser la muerte.

“Afortunadamente una amiga me aconsejó que visitara a un ginecólogo discreto con el cual podía someterme a una cirugía de reparación de himen y ponerme uno fabricado en China”.

Sin esa cirugía menor habría muerto hace mucho tiempo“, afirma.

Mujer consolando a otra

Getty Images

Amina, quien proviene de una familia conservadora y pobre, sufrió una caída en la puerta del baño y sangró un poco.

Sin entender lo que había pasado, le contó a su madre, quien la llevó a un ginecólogo para que la revisara. Fue allí que descubrió que se había roto el himen.

“Ese día fue un calvario para mi madre. No sabía qué hacer”, cuenta.

“Después de consultar a mis tres tías, reservamos una cita para la cirugía de reparación del himen”, prosigue.

“Tales procedimientos se realizan en completo secreto, ya que están prohibidos en nuestro país y porque la mayoría de la gente no habría creído que había sufrido un accidente y habría puesto en duda mi virginidad por el resto de mi vida“.

Pruebas de virginidad

En varios países árabes y musulmanes muchas mujeres son sometidas a pruebas de virginidad previas al matrimonio.

De pasarlas, la futura novia recibe un certificado que confirma su virginidad.

La organización Human Rights Watch (HRW) ha señalado a varios países donde se llevan a cabo estas dolorosas pruebas.

En general, son mujeres mayores las que realizan la inspección invasiva, que implica la inserción de dos dedos en la vagina para determinar si el himen está allí o no.

La práctica, generalizada en Medio Oriente y el norte de África, fue descrita por HRW en un informe publicado en 2014 como “una forma de violencia de género y discriminación inhumana contra las mujeres y una violación flagrante de los derechos humanos”.

Un estudio realizado por la BBC reveló que en India, Afganistán, Bangladesh, Irán, Egipto, Jordania, Libia, Marruecos y Sudáfrica se llevan a cabo.

Y según el informe de HRW, Egipto, Marruecos, Jordania y Libia se encuentran entre los países donde la prueba de virginidad se practica más ampliamente.

En respuesta, las autoridades de Marruecos y Egipto negaron rotundamente el reclamo y reiteraron la ilegalidad de la práctica.


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