Programas sociales de AMLO no ayudan a erradicar la desigualdad: IMCO
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Programas sociales de AMLO no ayudan a erradicar la desigualdad: IMCO

Tras analizar 10 programas sociales que fueron modificados o eliminados el IMCO encontró que las reglas de operación no garantizan acabar con la desigualdad de sus beneficiarios.
Cuartoscuro
4 de junio, 2019
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Los cambios a los programas sociales hechos por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no han funcionado para reducir los niveles desigualdad que imperan en el país.

Lo anterior se comprobó con un diagnóstico realizado a 10 programas sociales por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Como resultado se encontró que cuatro de éstos fueron eliminados; dos se encuentran en riesgo de desaparecer y sin reglas de operación; y el resto no tienen reglas claras o solo se les dio un ingreso adicional, asumiendo que con ello sería suficiente para mejorarlos.

Leer: Violencia, corrupción, desigualdad: lo que debe atender el Plan Nacional de Desarrollo, según los mexicanos

Los cambios no funcionaron y al día de hoy ninguno de estos 10 programas, a los cuales se les destinó alrededor de 2.6 billones de pesos, sirven para eliminar las fuentes de discriminación de los grupos vulnerados.

Entre los programas analizados, el IMCO resalta tres casos: Prospera Programa de Inclusión Social, Estancias Infantiles y el Programa de Desarrollo Integral de las Personas con Discapacidad.

En el caso de Prospera, el programa fue eliminado y sustituido por un programa educativo de transferencias no condicionadas, es decir, de transferencia directa a los beneficiarios, pero sin los componentes de salud y alimentación, para este el gobierno federal destinó 68.5 mil millones de pesos.

De acuerdo con evaluaciones hechas por el Banco Mundial en 52 países donde se replicó el programa Prospera, se tuvieron impactos positivos en salud, educación, y nutrición de los beneficiarios gracias las transferencias condicionadas, sistema eliminado por la actual administración.

Leer: Más desigualdad: Un solo hombre concentró en 2018 el equivalente a lo que tenían 60 millones de mexicanos

“Al perderse la corresponsabilidad, se debe garantizar que los componentes de salud y nutrición sean atendidos a través de otros programas”, señala el IMCO, algo que el gobierno de López Obrador no está garantizando.

Otro de los casos menos atinados por los resultados obtenidos, es el de las Estancias Infantiles, programa que también fue eliminado y en cuyo lugar quedó un sistema de transferencias monetarias no condicionadas a los padres de los menores.

Para este año el programa recibió un presupuesto de 2.3 mil millones de pesos.

Según el análisis del IMCO este programa se modificó a pesar de haber obtenido buenos resultados en el pasado, y con las reglas actuales de transferencia directa a beneficiarios “no hay forma de garantizar que el subsidio se gaste efectivamente en enviar a los niños a una estancia infantil”.

Al dejar los recursos en manos de los padres y no de las estancias, la seguridad de los menores puede estar en riesgo además de que, con esta decisión, el gobierno “descarta la importancia de la educación en la primera infancia con la que se desarrollan habilidades críticas que incrementan el aprovechamiento educativo”.

También se dice que “se pone en desventaja económica a los padres que no tengan con quien dejar a sus hijos, pues el subsidio puede ser menor a los costos de las estancias”.

Leer: Recorte a estancias infantiles fomenta estereotipos y desigualdad de género: ONG

El Programa de Desarrollo Integral de las Personas con Discapacidad es otro de los casos que causa incertidumbre para todos sus beneficiarios debido a que se encuentra en riesgo de desaparecer.

Según el IMCO hasta el momento no hay reglas de operación para este programa  y la institución a cargo (CONADIS) no tiene titular desde noviembre de 2018. Lo que se plantea para sustituirlo es una pensión para personas con discapacidad.

Sin embargo esta pensión “no elimina las barreras que enfrenta en su vida diaria” este sector de la población.

El análisis del IMCO plantea que si bien, las evaluaciones anteriores mostraron que el programa tenía retos por la falta de un plan estratégico y de un registro de productos, es necesario contar con una estrategia para sumar la perspectiva de discapacidad en las políticas públicas.

Para 2019 el Programa de Desarrollo Integral de las Personas con Discapacidad recibió un presupuesto de 53.91 millones de pesos, el más bajo de los 10 programas analizados.

Aunado a la incertidumbre que hoy viven los usuarios de estos tres programas, otros dos fueron eliminados: la Cruzada Nacional contra el Hambre, cuya cancelación se anunció y no se sustituyó por alguna otra estrategia,  y el de los Comedores Comunitarios que no contó con presupuesto ni reglas de operación para 2019.

Leer: México superaría la pobreza hasta 2035, estima la Cepal

Tras el análisis el IMCO concluye que hay “incertidumbre en el presupuesto”, pues la mayoría de los cambios en los programas se determinaron después de definir el presupuesto para 2019.

Además de que cuatro de los cinco programas con mayor presupuesto se convirtieron en transferencias monetarias no condicionadas o con requisitos mínimos, como los casos de las estancias y Prospera, lo que no necesariamente resuelve las necesidades de los grupos vulnerados.

“El programa Prospera perdió los criterios que garantizaban impactos positivos en sus beneficiarios. Se convirtió en una beca con requisitos mínimos y se eliminó la corresponsabilidad y el monitoreo de los beneficiarios en términos de alimentación y salud”, señalan.

Ante esta situación, el IMCO propone máxima transparencia en los criterios, procesos y evaluaciones de los programas, garantizar que las políticas protejan a los beneficiarios contra riesgos sociales y evaluar periódicamente la efectividad de los programas.

Los 10 programas sociales analizados por el IMCO fueron:

Pensión para Adultos Mayores

Prospera Programa de Inclusión Social

IMSS Prospera

Programa de Estancias Infantiles

Programa de Acción Específico Prevención y Atención de la Violencia Familiar y de Género  

Programa de Prevención y Atención de VIH / Sida y otras ITS

Programa de Coinversión Social

Programa de Desarrollo Integral de las Personas con Discapacidad

Cruzada Nacional contra el Hambre

Comedores Comunitarios

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Joe Biden: 5 cosas que quizás no sabías del ganador de las elecciones de EU

El demócrata Joe Biden es un experimentado político y fue vicepresidente de Estados Unidos con Barack Obama, pero no es una figura tan conocida internacionalmente.
7 de noviembre, 2020
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A la tercera fue la vencida: Joe Biden se convertirá en el 46º presidente de Estados Unidos el próximo 20 de enero.

El demócrata derrotó al actual mandatario, Donald Trump, en una disputada contienda que se definió días después de la jornada electoral tras un laborioso proceso de recuento de votos.

Biden, quien fuera vicepresidente con Barack Obama, consiguió recuperar el apoyo de estados clave que en 2016 votaron por su rival republicano.

A punto de cumplir 78 años, el demócrata será el presidente de Estados Unidos de más edad.

Te contamos otros detalles destacados de su vida personal y profesional.

1. Un político de carrera

Como ha insistido en recordarlo Trump a lo largo de la campaña, Biden lleva 47 años activo en la política estadounidense.

Joe Biden en la década de 1970.

Getty
Joe Biden se estrenó en la política cuando muchos de los votantes actuales ni siquiera habían nacido.

Su carrera en Washington DC empezó en el Senado en 1973, donde consiguió un escaño por el estado de Delaware recién cumplidos los 30 años.

Su llegada a la política coincidió con uno de los momentos más trágicos de su vida del que hablaremos más adelante.

Como senador, Biden cimentó la imagen de político cercano, conciliador y con habilidad para llegar a acuerdos con sus oponentes.

Biden en 1987

Getty Images
La primera apuesta de Joe Biden por la presidencia data de1987.

También tomó algunas decisiones no tan elogiadas, como la ley de justicia penal de 1994 redactada por él y aprobada durante el primer gobierno de Bill Clinton.

La reforma tenía como objetivo poner freno a décadas de creciente violencia, pero derivó en encarcelaciones masivas, con un especial impacto en la población negra y latina.

A su larga carrera como senador hay que sumarle sus ocho años de vicepresidente de Barack Obama (2009-2017), con quien construyó una excelente relación más allá de lo profesional.

Barack Obama y Joe Biden en un evento de campaña 2020

Reuters
La camaradería entre Obama y Biden quedó plasmada en numerosas fotografías de su gobierno y de momentos posteriores.

Esta es la tercera vez que intenta llegar a la presidencia del país.

Las dos primeras resultaron un fracaso, lo que hizo que un sector de los demócratas se preguntara si era la mejor baza para arrebatarle la presidencia a Trump.

Las circunstancias demuestran que sí lo fue.

2. La tragedia que marcó su estreno político

Desgraciadamente, la alegría por haber ganado la elección al Senado no le duró mucho tiempo.

Unas semanas después de su victoria, su familia sufrió un grave accidente de tráfico mientras él estaba en Washington DC entrevistando a personal para su nuevo despacho.

Su esposa Neilia y los tres hijos del matrimonio volvían de comprar el árbol de Navidad cuando un camión que transportaba mazorcas de maíz chocó lateralmente con su auto.

La mujer, de 30 años, y la hija pequeña, Naomi, de 13 meses de edad, murieron.

Joe Biden junto a su primera esposa y sus hijos.

Getty Images
La primera esposa de Biden, Neilia, murió junto a la hija más pequeña de la pareja en un accidente de auto.

Los niños -Beau, de 3 años, y Hunter, de 2- resultaron gravemente heridos y fueron hospitalizados.

Empezaba una etapa de dolorosos contrastes en la vida de Biden.

3. Dolor y empatía

Biden, que tomó juramento de su cargo en el Senado en la habitación del hospital donde se recuperaba su hijo Beau, no sabía si seguir adelante con su carrera como senador.

Estaba destrozado.

Criado en una familia católica de clase trabajadora, su padre repetía un breve pero contundente mantra: “Levántate, levántate después de haber sido derribado”.

Eso es lo que hizo. Decidió volcarse en el trabajo, pero sin alejarse de sus hijos.

Joe y Jill Biden

EPA
Joe y Jill Biden llevan casados más de 40 años.

De esa época data una de las anécdotas destacadas de sus primeros años como senador: cada día hacía en tren el trayecto de ida y vuelta entre su casa en Wilmington, Delaware, y Washington DC, más de 300 kilómetros diarios para estar cerca de los suyos.

Fue así como Biden desarrolló un estrecho vínculo con sus hijos que no hizo más que reforzarse a medida que se hacían adultos.

En 1977, Biden se casó con Jill, una profesora universitaria con quien tiene una hija, Ashley, y junto a quien logró reconstruir su familia.

Muchos vieron en Beau al posible sucesor de su padre en la política.

Tras servir en Irak con la Guardia Nacional en 2008, Beau fue fiscal general del estado de Delaware por dos períodos y tenía por delante una brillante carrera.

Joe Biden y Beau Biden.

AFP
Beau Biden tenía 46 años cuando murió en junio de 2015.

Pero en 2013 le fue diagnosticada una rara forma de tumor cerebral y murió dos años después.

La pérdida de personas tan cercanas moldeó el carácter de Biden.

Quienes mejor lo conocen dicen que tiene el “superpoder de la empatía”, un rasgo que fue subrayado durante la campaña para presentarlo como el presidente idóneo para superar una crisis sanitaria, económica y social como la que supone la pandemia de covid-19.

4. Globalista y comprometido con el planeta

Biden ha defendido la necesidad de rehacer las relaciones de EE.UU. con los países aliados que, en su opinión, se han visto afectadas durante la presidencia de Trump.

Promete regresar al Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático y al seno de la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo.

Experiencia no le falta: estuvo al frente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y presume de que ha “conocido a todos los líderes importantes del mundo en los últimos 45 años”.

Joe Biden y Xi Jingping.

Getty Images
Biden tiene una amplia experiencia internacional.

Sus decisiones en la esfera internacional no han estado exentas de críticas.

En 1991 votó en contra de la Guerra del Golfo; sin embargo, en 2003 estuvo a favor de la invasión de Irak para después convertirse en un crítico de la implicación de Estados Unidos en ese país.

De naturaleza cauta, recomendó a Obama no realizar la operación de las fuerzas especiales que culminó con la muerte de Osama Bin Laden.

A los republicanos les encanta señalar que Robert Gates, exsecretario de Defensa de Obama, dijo que “es imposible que a alguien no le guste Biden”, pero que ha estado “equivocado en casi todos los grandes temas de seguridad nacional y de política exterior ocurridos en las últimas cuatro décadas”.

Gates señaló recientemente que sus palabras fueron tomadas fuera de contexto.

5. Propenso a las meteduras de pata

Los detractores de Biden opinan que es un desfasado miembro del establishment demasiado mayor para el cargo y con tendencia a meter la pata.

Su estilo directo y campechano le ha causado algunos problemas, como cuando en plena campaña dijo que si un afroestadounidense no estaba convencido de votar por él significaba que no era negro, unas declaraciones por las que se disculpó posteriormente.

Joe Biden

Reuters
A diferencia de otros políticos, Biden se siente muy cómodo cuando se encuentra con los votantes.

Biden dice que el recuerdo de su tartamudez infantil hace que no le guste leer los discursos de un apuntador electrónico y por eso prefiere hablar de memoria.

Un periodista de la publicación NY Magazine escribió el año pasado que la posibilidad de que Biden improvise un discurso era algo que su equipo de campaña parecía “estar concentrado en evitar a toda costa”.

Es por eso que sus simpatizantes respiraron aliviados al ver que fue capaz de superar los debates presidenciales y los discursos de campaña sin decir nada que lo pusiera en un aprieto.

Otra faceta de su personalidad espontánea y sociable es su propensión a acercarse demasiado a la gente, lo que ha dado lugar a situaciones incómodas, obviamente en tiempos anteriores al coronavirus.

El año pasado, ocho mujeres lo acusaron por toques, abrazos y besos inapropiados, mientras que la televisión estadounidense mostró videos en los que se le veía saludando a mujeres en eventos públicos con mucha proximidad física.

En respuesta, Biden se comprometió a “tener más cuidado” en sus interacciones.

Simpatizantes de Joe Biden celebran su victoria

Reuters
Joe Biden se ha convertido en el presidente con más votos en la historia de Estados Unidos.

Su actitud “tocona” pasó de ser una anécdota a algo más serio cuando el pasado marzo una antigua asistente, Tara Reade, alegó que el presidente electo la agredió sexualmente hace 30 años en Washington.

Biden y su equipo rechazaron la acusación y el caso terminó por difuminarse sin ocupar un lugar relevante durante la campaña.

Aunque sus rivales republicanos han intentado retratarlo como un hombre con demencia senil que está en manos de la izquierda radical del Partido Demócrata, Biden ha sabido salir airoso y ha terminado por convertirse en el presidente más votado de la historia de Estados Unidos.

Curiosamente, al evaluar hace unos años si se animaba a participar o no en la carrera presidencial de 2016, Biden dijo: “Puedo morir como un hombre feliz sin ser presidente”.


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