¿Qué pasó con los donativos del sismo de 2017? No se sabe cómo ni en qué se gastaron
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¿Qué pasó con los donativos del sismo de 2017? No se sabe cómo ni en qué se gastaron

Mientras que no hay claridad en el manejo de los recursos recibidos para la reconstrucción; solo se reportan 1 de cada 5 hospitales totalmente rehabilitados en el país; 40% de escuelas afectadas sin evaluación correcta de daños.
Por Nayeli Roldán y Arturo Angel
29 de junio, 2019
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En 2017, mientras cientos de personas habían perdido su patrimonio, a familiares, se recuperaban en hospitales y algunos perecían entre los escombros tras los sismos del 7 y 19 de septiembre, la ayuda internacional comenzó a fluir. México recibió donativos en dólares americanos, canadienses y euros que suman más de 91 millones de pesos, pero no se sabe cómo ni en qué se gastaron.

Tampoco dónde terminaron los donativos del Fideicomiso “Fuerza México” donde se concentró la ayuda nacional, porque no hubo mecanismos de control, administración ni distribución, y no hubo seguimiento al destino del dinero y, por tanto, no se pudo determinar si se utilizó de manera eficiente.

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Así lo informó la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en su evaluación de los trabajos de reconstrucción tras los sismos ocurridos en 2017. Los resultados, revelados en el primer informe de la Cuenta Pública de 2018, también arrojan retrasos, omisiones y fallas importantes en la reparación de hospitales, viviendas y centros educativos.

En el tema específico de los donativos, la revisión comprendió el trabajo realizado con ellos por la Secretaría de Hacienda y la de Relaciones Exteriores, entonces encabezadas por José Antonio Meade y por Luis Videgaray, respectivamente.

La Auditoría señaló que la falta de claridad del destino de los donativos tanto nacionales como internacionales se debió a la falta de transparencia y de coordinación entre las dependencias, de transparencia en el registro y seguimiento de los donativos, pero no determinó ninguna responsabilidad a funcionarios ni instruyó a que los Órganos Internos de Control o la Auditoría Superior de la Federación a que sigan investigando.

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Tras la catástrofe, el Ejecutivo estimó en 48 mil millones de pesos el costo de la reconstrucción, y ante las escenas de hombres y mujeres trabajando intentando rescatar gente con vida entre los escombros y cientos que literalmente se quedaron en la calle por las afectaciones o derrumbes en sus casas, la ayuda de particulares se monetizó.

Por eso, el gobierno fconstituyó el Fideicomiso Fuerza México para supuestamente “coordinar” y “conjuntar esfuerzos” con la iniciativa privada. De hecho, este instrumento financiero no es ni totalmente público ni privado, toda vez que “el fideicomitente forma parte de la iniciativa del sector privado, liderada por el Consejo Coordinador Empresarial y la fiduciaria fue una entidad pública, Nacional Financiera (NAFIN).

Esto “impidió que las entidades y dependencias del estado mexicano recibieran donativos, los administraran y destinaran a la reconstrucción y rehabilitación de la infraestructura pública, y dejó esa tarea al sector privado. Lo anterior evidenció la falta de un marco jurídico ordinario, en materia de donativos que permita regular los donativos que recibe el gobierno federal”, advierte la ASF en la auditoría de desempeño 52-GB.

Aunque el gobierno federal creó Plataforma Fuerza México donde publicó información respecto al avance de reconstrucción y entrega de apoyos, pero los datos de actualización “no son consistentes entre los apartados de “’Apoyo a la emergencia y “Datos abiertos’”, además, ahí no se publicó información sobre el Fideicomiso.

Por lo tanto, la Auditoría concluyó que la gestión de la Secretaría de Hacienda respecto a los donativos, “fue deficiente, ya que no estableció bases ni lineamientos para emitir las convocatorias, recepción, administración, control y distribución de los donativos; no acreditó que se coordinó con las autoridades correspondientes, entre ellas la Secretaría de Relaciones Exteriores, y el Fideicomiso Fuerza México, para la recepción y distribución de los donativos”.

En la Auditoría de desempeño número 74-GB a la Secretaría de Relaciones Exteriores, se determinó que sin bien dicha dependencia informó que no recibió aportaciones financieras debido a la instrucción de Hacienda que todo se concentraría en el Fideicomiso Fuerza México y a la Cruz Roja Mexicana, se comprobó que por medio de notas diplomáticas, la Cancillería tuvo conocimiento de 22 aportaciones financieras pero no inscribió todos en el Registro Nacional de la Cooperación Internacional.

Hasta 2018, se realizaron donativos en dinero que ascendieron a 3 millones 234 mil dólares americanos; 48 mil 494 euros; 20 millones 161 mil pesos mexicanos; 600 mil dólares canadienses y 500 mil pesos filipinos. Lo que a conversión al tipo de cambio a septiembre de 2017 sumó 91 millones 803 mil pesos.

La dependencia sólo reportó 16 apoyos “por tanto, no se contó con un registro de información útil y confiable sobre este tipo de donativos, en tanto, se desconoce la recepción y distribución de las aportaciones”, señaló la Auditoría.

Respecto a la ayuda internacional en especie, entre 2017 y 2018, se recibieron donativos de 18 gobiernos y organismos internacionales que correspondió a 12,267.0 unidades, 197.8 toneladas y 31,467.5 kilogramos de ayuda en especie.

De los 18 donativos, la dependencia sólo reportó 14 y nada más elaboró actas de entrega recepción para 10 donativos. Pero los datos contenidos en ellas, como  el donante, la donataria o la cantidad donada “no son sólidos con la documentación soporte. Por ello se determinó que no se contó con información útil, confiable y oportuna sobre la entrega, recepción y distribución de los apoyos lo que impidió darles seguimiento”.

Solo 1 de cada 5 hospitales dañados están reparados,  y de forma dudosa

De los hospitales que resultaron afectados por los sismos de 2017 en el país, en promedio solo 1 de cada 5 se encuentra supuestamente rehabilitado hasta la fecha, sin que tampoco existan datos que lo acrediten plenamente. Se trata de una atención deficiente de parte de la Secretaría de Salud a un proceso prioritario de reconstrucción.

Así lo concluye una evaluación practicada por la ASF al proceso de atención de los 132 centros de salud afectados en seis entidades, la cual  muestra fallas desde la fase de evaluación de los inmuebles afectados hasta la supuesta conclusión de los trabajos.

El informe detalla, por ejemplo, que en los formatos de los diagnósticos de los centros afectados no se incluyeron cerca de la mitad de los datos que la normatividad marca, entre ellos el de clave de la localidad donde se encuentra el edificio afectado, tipo de centro de salud dañado y su capacidad. Ello, según los auditores, vuelve al diagnóstico poco confiable.

Lee: Abandonados o en reconstrucción, la situación de los hospitales en CDMX a un año del 19S

Lo anterior trae como consecuencia que tampoco haya una base sólida y técnica que justifique los 491 millones de pesos que se cuantificaron para la reparación de los centros afectados, monto que ya de por sí es superior en 179 millones de pesos a lo que originalmente se había solicitado, sin que tampoco haya una razón que justifique esta amplia diferencia.

A su vez los auditores encontraron problemas graves en la planeación de los trabajos ya que solo se documentaron estrategias de rehabilitación basadas en evaluaciones documentadas para 44 de los 132 inmuebles afectados, sin que hubiera justificación de porque en los 88 centros restantes no se hizo esta labor.

LA ASF también revisó cinco informes de avances trimestrales físicos y financieros de estas obras en donde sin embargo, se consignaron datos de manera genérica e incompleta, sin que quede claro como se aplicaron los recursos siguiendo los lineamientos del Fondo de Desastres Naturales, que es de donde provienen.

“También existieron inconsistencias respecto de los avances registrados en las entidades federativas de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Morelos, debido al registro de una disminución en los porcentajes de avance, sin que la Secretaría de Salud explicara las causas de dichas variaciones”, indica el informe de los auditores

Y lo más preocupante: un avance de solo el 21.2% en los trabajos de rehabilitación de los centros de salud afectados, al haberse reportado como listos a 28 de los 132.

“Y aun cuando se reportó solo ese nivel de avance se careció de la información sobre los objetivos y las metas, así como la evidencia documental para comprobar la conclusión de los proyectos reportados”, indicaron los auditores.

Por este tema la ASF emitió 13 recomendaciones a la Secretaría de Salud y promovió la apertura de tres expedientes de investigación internos.

Omisiones y sobrecostos en reconstrucción de escuelas

La ASF acreditó múltiples problemas en el proceso de reparación y reconstrucción de 19 mil 194 planteles que resultaron afectados por el sismo de 2017, desde deficiencias en los dictámenes que acreditaran los daños y por ende el presupuesto requerido, hasta la falta de un seguimiento adecuado al punto en que no se tiene acreditado que la sobras hayan concluido. Todo ello responsabilidad de la SEP.

A ello se suma un presunto sobrecosto en las obras ya que para 2018 la Secretaria de Educación Pública reportó el ejercicio de 606 millones de pesos, que es casi 20% arriba de lo que se había autorizado.

“Esto sin que la dependencia remitiera la documentación comprobatoria del gasto, ni explicara las causas que originaron tal situación” señalaron los auditores.

El informe de resultados de la ASF arroja que se evaluaron daños en 5 mil 10 escuelas a las que se destinaron recursos del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) y en 10 mil 901 planteles a las que se destinaron recursos del Programa de Reforma Educativa.

“Sin embargo, la secretaría careció de la evidencia documental para comprobar la viabilidad de la inclusión y la ejecución de las obras de reconstrucción y rehabilitación, por lo que se desconoció si las obras propuestas contaron con el sustento técnico que acreditara su inclusión”, señala el informe.

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Incluso, en poco más del 40% de los planteles reportados ni siquiera se acreditó una correcta evaluación de daños.

La ASF también encontró deficiencias en cuanto al seguimiento de las obras que se propusieron, ya que no se presentaron todos los informes de avance trimestrales que tendían que elaborarse, y tampoco se dio constancia de las visitas de supervisión que se deberían de haber llevado a cabo.

La SEP informó a los auditores que en 2018 se visitaron el 75% de los planteles afectados, pero no hay evidencia documental que acredite los resultados de dichas visitas ni las conclusiones que tendría que haber arrojado.

Y finalmente, la dependencia tampoco proporcionó información que diera cuenta de la presunta conclusión de las obras y de que estas se llevaron de forma adecuada.

“En opinión de la ASF, la gestión gubernamental de la SEP en la reconstrucción y rehabilitación de las escuelas del nivel básico afectadas por los sismos de 2017 fue deficiente” concluyeron los auditores.

Por estas anomalías, la ASF emitió 17 recomendaciones a la SEP y le pidió abrir a través de su Órgano Interno de Control tres investigaciones.

Viviendas afectadas: padrones contradictorios y mínima supervisión

¿Cuántas viviendas exactamente resultaron afectadas por los sismos registrados hace más de año y medio? Esa es una información que no está clara pues los padrones oficiales resultan contradictorias, pese a que todos ellos dependen de la propia Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbanos (Sedatu).

La ASF reportó que de acuerdo con los diagnósticos definitivos fueron 172 mil 57 las viviendas dañadas, de las cuales el 64.9% son viviendas con daño parcial; 34.8% con daño total; y el resto con daño menor.

Sin embargo, el padrón de viviendas contemplado en la base de datos de programas y acciones arroja solo 168 mil 256 inmuebles, mientras que en el padrón para la entrega de apoyos con tarjetas electrónicas aparecen solamente 170 mil 871 viviendas. Todas las cantidades difieren.

“En relación con la supervisión, sólo se contrató la supervisión de 59 mil 866 viviendas con daño total, lo que representó el 34.9% de las 171 mil 494 viviendas afectadas registradas en sus diagnósticos y que difieren de las 170 mil 871 incluidas en sus bases finales, de las que supervisó 59 mil 380 (34.6%)” señala el informe.

De las viviendas en donde sí se realizó un trabajo de supervisión, la Sedatu informó que solo en 25 mil 584, es decir menos de la mitad, se reportaron avances del 75 al 100% en los trabajos. En el resto de las viviendas los avances fueron inferiores al 50% e incluso en algunos casos se desconoce por completo.

Estas irregularidades, señalan los auditores, arrojan dudas en la correcta aplicación de casi 118 millones de pesos que se distribuyeron a los beneficiarios de las viviendas afectadas para los trabajos de reparación.

A ello se suma que la Comisión Nacional de Vivienda sólo proporcionó asistencia técnica a 15 mil 373 viviendas de las 60 mil 302 viviendas con daño total que la Sedatu reportó como en daño total. Dicha Comisión también mostró deficiencias en los registros relacionados con las viviendas afectadas.

 

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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