A 4 años de su feminicidio, la familia de Fátima busca justicia pese a amenazas de muerte
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A 4 años de su feminicidio, la familia de Fátima busca justicia pese a amenazas de muerte

A cuatro años de la violación y asesinato de Fátima Quintana, solo dos de sus agresores han sido sentenciados; su familia espera que condenen al tercer implicado, pese a que han sido amenazados por buscar justicia.
Cuartoscuro
11 de julio, 2019
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En febrero de 2015, Fátima Quintana, una adolescente de 12 años, fue torturada, violada y asesinada por tres hombres en Santa María Zolotepec, Estado de México.

Desde entonces su familia busca justicia, aunque han sido amenazados de muerte por familiares de sus agresores, motivo por el que fueron desplazados hasta el estado de Nuevo León, donde hoy viven de manera “precaria”, porque “deben ser discretos”.

Lorena Gutiérrez, madre de la víctima de feminicidio, cuenta que fue interceptada por tres hombres cuando volvía a su casa de la secundaria.

Tras abusar sexualmente de ella y asesinarla, la aventaron en una zanja y cubrieron su cuerpo con tierra y una llanta. Fue en ese sitio donde su familia, quien comenzó a buscarla tras no saber de su paradero, la encontró.

Fátima tenía 12 años cuando fue torturada, violada y asesinada por tres hombres en el Edomex.

Fátima tenía 12 años cuando fue torturada, violada y asesinada por tres hombres en el Edomex.

Dos de los responsables, los hermanos Misael y Luis Ángel Atayde, fueron sentenciados: uno de ellos a cinco años de prisión, por ser menor de edad al momento de los hechos, y el segundo a 73 años y cuatro meses. 

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Sin embargo, el tercero, José Juan “N”, fue absuelto en un primer momento por la jueza Janet Patiño García, y aunque gracias a un amparo lograron su reaprehensión y la reposición del proceso en su contra, a cuatro años del feminicidio continúa sin ser sentenciado.

Justicia a medias

La tarde del 5 de febrero de 2015, Lorena se encontraba en su casa preparando la comida, a la espera de que su hija llegara de la secundaria.

Generalmente Fátima estaba en casa antes de las 3:30 de la tarde, pero ese día dieron casi las 4:00 y ella no llegó, por lo que su madre salió de su casa acompañada de su esposo y su hijo menor a buscarla, pero no la encontraron.

Fue hasta que una compañera de la secundaria de Fátima les dijo que la había visto llegar a la parada del camión y que en el camino se encontraron con tres de los vecinos de la colonia que la familia de la adolescente buscó en el domicilio de los sospechosos, donde encontraron la sudadera y la mochila de la joven manchadas de sangre, así como charcos rojos en el suelo.

Con la ayuda de vecinos y familiares, Lorena buscó en la parte trasera de la casa, que daba hacia terreno boscoso y sin construcción, hasta que, después de unos minutos, encontraron el cuerpo semienterrado de la joven.

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“No sé cuánto tiempo transcurrió, yo perdí la noción del tiempo. Después llegaron policías judiciales, quienes nos pidieron ayuda porque había gente a punto de linchar a los acusados, que por favor se los entregáramos vivos, que iba a haber justicia”, detalla la madre.

La autopsia practicada a Fátima reveló que, estando viva, le sacaron un ojo, le tumbaron los dientes y la violaron. Sus agresores mutilaron su entrepierna y finalmente la apuñalaron en más de 70 ocasiones.

A pesar de la crueldad con la que fue asesinada, la madre de Fátima lamenta que uno de los agresores vaya a salir libre en 2020 por haber sido menor de edad al momento de cometer los delitos, y que otro de ellos, José Juan, ya haya quedado una vez en libertad.

En 2015, en México fueron abiertas 411 carpetas de investigación por el delito de feminicidio, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. De estas, 59 fueron por feminicidios en el Estado de México.

Entre 2015 y 2018, los feminicidios en México aumentaron 117.7 %, al pasar de 411 a 895 carpetas de investigación.

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Durante los cinco primeros meses del 2019, en el país fueron abiertas 369 carpetas de investigación por este delito, de las cuales 38 fueron registradas en el Estado de México.

Desplazados por amenazas

El día que José Juan fue dejado en libertad, la familia del acusado amenazó a Lorena. “Maldita perra, ya firmaste tu sentencia de muerte”, le dijeron. Por el riesgo que representaba para ella y sus familiares continuar viviendo en el mismo domicilio tuvieron que abandonarlo y fueron llevados por la Comisión de Víctimas del Estado de México a otro municipio.

En este municipio, el padre de Fátima continuó con su trabajo como chofer de transporte público y la familia intentó retomar su vida, hasta que una tarde la unidad que conducía fue interceptada por personas que se identificaron como familiares de José Juan y lo amenazaron de que iban a asesinarlo.

Tras esta nueva amenaza, la familia de Fátima fue desplazada por segunda ocasión, esta vez hasta Nuevo León, lugar en el que la Comisión de Víctimas les consiguió una casa y los “abandonó”. 

Lorena, su madre, asegura que desde entonces no tuvieron apoyo para encontrar trabajo, ni escuela para su hijo y nietos, por lo que sus dos hijas mayores, con sus esposos e hijos, aún sabiendo el riesgo que representa, volvieron al Estado de México.

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Para ella, revivir los hechos y declarar una y otra vez lo sucedido es lastimoso. 

“Solo quiero justicia para mi niña, solo tenía 12 años”, comenta; sin embargo, sabe que este proceso continuará hasta conseguir que se condene a José Juan “N”, contra quien se reanudó la investigación, gracias a la asesoría legal del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF).

En una audiencia celebrada este 10 de julio, el juez de Control de Distrito Judicial de Lerma, en el Estado de México, resolvió mantener la medida cautelar de prisión preventiva oficiosa a José Juan.

El juez determinó que hay elementos suficientes para suponer que no hay otra medida que asegure la presencia del acusado en el juicio, y que resulta necesario que continúe detenido, “en un contexto generalizado de violencia feminicida en la entidad”, informó el OCNF.

Sueños truncados

Entre lágrimas, a más de cuatro años de su muerte, Lorena recuerda a su hija, su gusto por la poesía y la promesa de que quería ser doctora para que, cuando ella y su marido fueran mayores, ella pudiera curarlos de todo.

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“No le gustaba mucho salir, era una niña. Ella prefería estar con su hermano menor, le llevaba un año y meses. Fátima era tímida y no le gustaba estar sola”, cuenta su madre.

En la escuela Fátima siempre estuvo en el cuadro de honor, era una “niña de 10”, atendía la biblioteca de la escuela y por su buen desempeño era la consentida de sus profesoras de química y biología.

“Era una niña muy tranquila y muy humana, era dedicada a sus trabajos. Incluso en la Fiscalía, donde tienen su mochila, pueden darse cuenta del tipo de persona que era Fátima porque estaba llena de libretas y libros”, detalla.

También recuerda que la joven gustaba mucho de leer y recitar poesía.

Para Lorena es difícil recordar a Fátima y saber que el último poema que recitó en público, de Amado Nervo, termina con la frase “vida, nada te debo; vida, estamos en paz”.

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Coronavirus en México: los pueblos que se niegan a vacunarse contra COVID

En muchas aldeas remotas del estado sureño de Chiapas las tasas de vacunación son de apenas el 2%.
21 de julio, 2021
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En noviembre de 2019, Pascuala Vázquez Aguilar tuvo un extraño sueño sobre su aldea Coquiltéel, enclavada entre los árboles en las montañas del sur de México.

Una plaga había llegado al pueblo y todos tenían que correr hacia el bosque. Se escondían en una choza cobijada por robles.

“La plaga no podía alcanzarnos allí”, dice Pascuala. “Eso es lo que vi en mi sueño”.

Unos meses después, la pandemia se apoderó de México y miles de personas morían cada semana. Pero Coquiltéel, y muchos otros pueblos indígenas pequeños del suereño estado de Chiapas, resultaron relativamente ilesos.

Aunque esto ha sido una bendición para sus pobladores, también presenta un problema.

Casi el 30% de los mexicanos ha recibido una dosis de la vacuna contra la covid-19 a julio, pero en el estado de Chiapas la tasa de vacunación es menos de la mitad.

En Coquiltéel y en muchas aldeas remotas del estado, probablemente se acerca apenas al 2%.

La semana pasada, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador comentó la baja tasa de vacunación en Chiapas y dijo que el gobierno debe hacer más esfuerzos para enfrentar esta situación.

“La gente no confía en el gobierno”

Pascuala es funcionaria de salud para 364 comunidades de la zona y recibió su vacuna.

Suele visitar el pueblo y los alrededores, y le preocupa traer la covid-19 de regreso a su familia y amigos que, como la mayoría de sus vecinos, no están vacunados.

Los miembros de estas comunidades están influenciados por las mentiras y rumores que circulan por WhatsApp.

Pascuala ha visto mensajes que dicen que la vacuna matará a la gente en dos años, que es un complot del gobierno para reducir a la población o que es una señal del diablo que maldice a quien la recibe.

Profesores son vacunados en Chiapa

AFP
Casi el 30% de los mexicanos ha recibido una dosis de la vacuna contra la covid-19 hasta el momento, pero en el estado de Chiapas la tasa de vacunación es menos de la mitad.

Este tipo de desinformación se está difundiendo por todas partes, pero en pueblos como Coquiltéel puede ser particularmente preocupante.

“La gente no confía en el gobierno. No ven que haga nada bueno, solo ven mucha corrupción”, dice Pascuala.

El municipio de Chilón, donde se encuentra la aldea de Coquiltéel, está compuesto predominantemente por indígenas descendientes de la civilización maya.

En Chiapas se hablan más de 12 idiomas tradicionales oficiales. El primer idioma en Coquiltéel es el tzeltal y solo algunas personas hablan español.

La comunidad indígena de esta parte de México tiene una larga historia de resistencia a las autoridades centrales, que culminó con el levantamiento zapatista de 1994.

“El gobierno no consulta a la gente sobre cómo quiere ser ayudada”, dice Pascuala. “La mayoría no cree que la covid-19 exista”.

Este no es solo un problema en México o en América Latina, está sucediendo en todo el mundo.

En el norte de Nigeria, a principios de la década de 2000 y más tarde en algunas zonas de Pakistán, la desconfianza en las autoridades hizo que parte de la población boicoteara la vacuna contra la polio.

Algunas de estas comunidades creían que la vacuna había sido enviada por Estados Unidos como parte de la llamada “guerra contra el terrorismo”, para causar infertilidad y reducir su población musulmana.

“Hay un terreno fértil para los rumores y la desinformación donde ya existe una falta de confianza en las autoridades y tal vez incluso en la ciencia”, dice Lisa Menning, científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que investiga las barreras para la vacunación.

“Hay brechas de información y quizás campañas de comunicación mal diseñadas que históricamente se han dirigido a estas comunidades”, agrega.

Medicina herbal

Nicolasa Guzmán García pasa gran parte de su día en Coquiltéel cuidando a sus gallinas y cultivando vegetales para su familia. Ella cree que la covid-19 es real, pero no siente la necesidad de vacunarse.

“No salgo mucho de mi casa. No viajo a la ciudad, estoy enfocada en cuidar de mis animales”, dice.

La mujer cree que su estilo de vida tradicional protege a la comunidad, pues esta come alimentos frescos y saludables, toma aire fresco y hace ejercicio.

Y como muchas comunidades indígenas en América Latina, los tzeltales practican una mezcla de catolicismo y su antigua religión espiritual.

Mujer con síntomas de covid

AFP
Los miembros de estas comunidades están influenciados por mentiras y rumores que circulan por WhatsApp.

“No puedo decir si esta vacuna es buena o mala, porque no sé cómo se hizo, quién la hizo y qué contiene”, dice Nicolasa.

“Yo misma preparo mi medicina tradicional, tengo más confianza en ella”.

Su medicina es una mezcla de tabaco seco, alcohol casero y ajo que ayuda a los problemas respiratorios, y una especie de bebida hecha con flores de caléndula mexicana o agua de la planta de ruda para la fiebre.

El médico Gerardo González Figueroa ha tratado a las comunidades indígenas en Chiapas durante 15 años y dice que la confianza en la medicina herbal no es solo una tradición sino una necesidad, porque las instalaciones médicas a menudo están demasiado lejos.

Para él, si bien hay algunos la dieta tradicional pro, el estilo de vida y las prácticas curativas, lo extremadamente preocupante son las bajas tasas de vacunación.

“No creo que los esfuerzos del gobierno mexicano hayan sido lo suficientes para involucrar a toda la sociedad”, dice.

“Estas instituciones han estado actuando de manera paternalista. Es como ‘ve y ponte las vacunas'”.

Una persona aplica gel a pobladores

AFP

El gobierno federal ha dicho que su programa de vacunación es un éxito, con una disminución de la mortalidad del 80% en medio de la tercera ola de covid-19 que se extiende por las áreas urbanas más densamente pobladas de México.

¿Cómo aumentar las tasas vacunación?

Pascuala cree que las autoridades se rindieron con demasiada facilidad cuando vieron que la gente de estos pueblos rechazaba vacunarse.

“Es un falso binario pensar en la oferta y la demanda como cosas separadas”, dice Lisa Menning, de la OMS.

La científica explica que, en marzo, algunas encuestas hechas en Estados Unidos reflejaban que las comunidades de color también dudaban en vacunarse, hasta que las autoridades hicieron un gran esfuerzo para que la inoculación fuera accesible.

Ahora, las tasas de vacunación en estas comunidades son mucho más altas.

“Tener un acceso fácil, conveniente y realmente asequible a buenos servicios, donde haya un trabajador de salud que esté realmente bien capacitado y sea capaz de responder a cualquier inquietud y responda de una manera muy cariñosa y respetuosa, eso es lo que marca la diferencia”, afirma.

Vacuna contra la covid

Getty Images

“Lo que funciona mejor es escuchar a las comunidades, asociarse con ellas, trabajar con ellas”, agrega.

Coquiltéel es una de los millones de pequeñas comunidades rurales de todo el mundo en las que esto es muy deficiente.

Por ahora, todo lo que puede hacer Pascuala es seguir intentando convencer a la gente de que se vacune y está centrando sus esfuerzos en los que deben salir de sus pueblos, como los camioneros.

Pero hasta que todos estén vacunados, solo le queda confiar en otros poderes.

“Gracias a Dios vivimos en una comunidad donde todavía hay árboles y donde el aire todavía está limpio”, dice.

“Creo que de alguna manera, la Madre Tierra nos está protegiendo”.


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