Gobierno no tenía registrada como área de riesgo el lugar del deslave en Chautla, Puebla
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Gobierno no tenía registrada como área de riesgo el lugar del deslave en Chautla, Puebla

Al menos seis muertos y siete personas lesionadas, dejó el deslave en Santo Tomás Chautla, Puebla.
Datamos
Por Maribel Velázquez / Datamos
12 de julio, 2019
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“¿Por qué, por qué?”, se preguntan en medio de sollozos los familiares de Antonia y Gaspar, madre e hijo, quienes junto con otras cuatro personas perdieron la vida este 10 de julio luego de que una capa de lodo derribara su hogar en Santo Tomás Chautla, junta auxiliar de la capital poblana.

Por lo menos 10 poblanos se reunieron en un cuarto de block ubicado entre las faldas de un cerro y un riachuelo, para celebrar una graduación de secundaria. Una tormenta reblandeció la tierra y derrumbó la vivienda alrededor de las 20:00 horas.

Su parentela que vive del otro lado del afluente se percató de la situación, corrieron, removieron el lodo y los blocks; los primeros que fueron rescatados y no estaban tan heridos ayudaron a sacar a los demás; sin embargo, en algunos casos fue demasiado tarde.

María del Carmen Leyva Corona, hija de Everardo Leyva Flores, quien está hospitalizado, narró que sus tías y hermanas corrieron a desenterrar a los afectados, y aunque llamaron a la ambulancia ésta llegó alrededor de una hora después.

“Nada más la pura familia ayudó, los que estábamos, porque la gente, los vecinos nadie escuchó, nadie vio, ya llegaron hasta después de que había pasado”, expresó Leyva Corona.

Cuando arribaron los paramédicos ya habían sacado a todos los heridos, y a los muertos los dejaron a un lado por las recomendaciones de autoridades, que hasta el mediodía del 11 de julio no habían entregado ningún tipo de ayuda económica.

“Es una sola familia y ahorita sus primos, sus tíos, sus hermanos, todos acá, ahorita es el momento que si hay una ayuda para acá, no todos tienen, unos sí y otros no, si hay una ayuda, en estos momentos se necesita (…) no mañana como vienen diciendo las autoridades”, mencionó.

Leyva Corona detalló que sus muertos son Dulce Rosario Calbarín Merino de 33 años; Antonio Leyva Flores, de 41 años; Gaspar Flores Leyva, de seis años; Jocelin Flores Ibáñez, de cuatro años; Eugenia Leyva Alvarado, de más de 68 años y Fátima Muñoz Rodríguez, de 8. Los ahora fallecidos no son su única razón de tristeza, también le preocupa el resto de quienes están en el hospital de ortopedia Rafael Moreno Valle: Everardo Leyva Flores, Blanca Estela Leyva Flores, Heriberto Jiménez Gutiérrez y Olivia Gutiérrez.

Lloran su muerte

En la morada de Antonia y Gaspar los llantos no paraban, sus familiares se preguntan constantemente por las razones de su muerte.

“Yo no la quiero ver en esa caja. Por qué, por qué, todavía no la metan, aquí quiero estar con ella”.

Los cuerpos de la ama de casa de 42 años y su hijo Gaspar de seis estaban tapados con una sábana verde en uno de los cuartos, a su alrededor estaban sus amigos, allegados, así como veladoras.

De momento algunos de ellos se acercaban, destapaban sus rostros y los acariciaban mientras lloraban y se cuestionaban, “¿por qué mi hijo, por qué?”.

Afuera, trabajadores de Africam Safari ayudaban a escombrar el patio para colocar las lonas; el par de ataúdes contrastaban en tamaño y color, uno blanco y para niño, otro más de madera y más alargado.

Otros tuvieron mejor suerte

Teresa Navarro explicó que su hijo, Ricardo Gutiérrez Navarro, propietario del hogar destruido, así como sus nietos, corrieron una suerte diferente a la de su nuera, Rosalía Leyva Flores, que ahora está en el hospital.

Manifestó que nunca había tenido miedo de vivir en esa zona, porque no había pasado un caso similar. Lleva ahí unos 40 años, aproximadamente, y su hijo vive en la parte de abajo desde hace 15 años.

Expuso que sólo una parte de la propiedad de su hijo se derrumbó, una de las más recientes, las otras dos estaban por separado y no les pasó nada.

“Ya no vimos nada, ya todos estaban en el río, había hartos carros, los bomberos. No vimos nada de lo que pasó, estaba refuerte el río, estaba oscuro, pero estaba de lado a lado la barranca, fui a dar la vuelta porque no se podía pasar, mi señor sí se metió, yo dije, ‘yo no me meto, a mí me lleva el río, yo agarro pa’rriba’”, contó.

Durante un recorrido hecho por Datamos aún se pudo observar una cazuela de mole en el patio, otros instrumentos de cocina se encontraban metros más abajo, junto al afluente que ya había disminuido su nivel.

Reporte oficial

El titular de la Secretaría de Gobernación de la capital poblana, René Sánchez Galindo, afirmó que la vivienda se encontraba en una zona de riesgo y por la acumulación de la lluvia se derrumbó; no contaba con las especificaciones necesarias.

Hasta las 10:00 de la mañana del 11 de julio se habían contabilizado seis muertos y siete lesionados. Algunos se quedaron con parentela en Chautla y por la mañana fueron trasladados al hospital; descartó reportes de desaparecidos y dijo que el ayuntamiento tramitaba apoyos.

Era un asentamiento irregular, Protección Civil así lo refiere, pues no se tiene un registro de esta zona. La construcción “era relativamente nueva”, enfatizó el secretario de Gobernación.

No se había detectado la zona

Aunque el hogar tenía al menos 15 años, el director de Protección Civil de la capital, Gustavo Ariza Salvatori, mencionó que no se había detectado el área de peligro. Tras el acontecimiento evacuaron dos inmuebles, pero al final tuvieron que hacer la misma acción en nueve.

Fueron 15 individuos que salieron de sus domicilios para evitar el peligro, todos decidieron irse con conocidos, puntualizó Ariza Salvatori. Sólo en Canoa se vive una situación similar, aunque los ciudadanos ya han sido notificados sobre los peligros de vivir en ese tipo de áreas, declaró.

Por separado, el titular de la Secretaría General de Gobierno de la administración estatal, Fernando Manzanilla Prieto, aseguró que era necesario revisar la situación de la junta auxiliar, porque había más inmuebles en riesgo.

Opinó que se debería trabajar con las autoridades municipales porque al parecer luego de las muertes hubo niños que se quedaron huérfanos, y para ello se tendría que hacer toda una estrategia.

Diputada exhorta a revisar áreas

La diputada Bárbara Morán Añorve exhortó a Protección Civil estatal para que, con las autoridades locales, ubiquen asentamientos humanos en zonas de riesgo, y se castigue a quienes hayan propiciado este problema.

¿Cómo es Chautla?

Santo Tomás Chautla es una de las 17 juntas auxiliares de la capital poblana. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el rango de pobreza es de entre el 70 y el 100 %.

Según documentos publicados en el portal del ayuntamiento, y que tiene como base datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), hasta 2010 la población era de 6 mil 575 personas.

El 4.7 % de los menores de entre seis y 14 años no iba a la escuela; el 1.5 % no sabía leer ni escribir; el 9.6 % de los habitantes mayores de 16 años era analfabeta, y 6.5 años era el promedio de escolaridad.

Esta historia se publicó originalmente en Datamos 

 

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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