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Cuartoscuro

La Estafa Maestra: denuncia ciudadana señala a Robles por corrupción, pero FGR la cita por delito menor

Existe una preocupación por el hecho de que la Fiscalía citara a Rosario Robles solo por un tema administrativo y no por corrupción.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste y Nayeli Roldán
30 de julio, 2019
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Para citar a Rosario Robles por el caso de presuntos desvíos millonarios de La Estafa Maestra, la Fiscalía General de la República (FGR) se basó en una denuncia interpuesta por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), y por la organización civil Tojil por presunto “ejercicio abusivo de funciones” y por cohecho, un delito de corrupción.

Sin embargo, en el citatorio, la Fiscalía solo acusa a la extitular de la Sedesol y de la Sedatu por un presunto ejercicio indebido del servicio público; un delito que no amerita prisión preventiva automática, por lo que si el juez decide vincularla a proceso puede enfrentarlo en libertad.

FGR busca imputar a Rosario Robles por los desvíos de La Estafa Maestra

En entrevista con Animal Político, Adriana Greaves, abogada de Tojil A.C., dijo que es una buena noticia el citatorio de la Fiscalía a Rosario Robles, aunque matizó que existe una preocupación por el hecho de que la Fiscalía la citara por un tema administrativo y no por un delito de corrupción, como cohecho o peculado.

“Existe una preocupación de que la Fiscalía vaya a vincular a la exfuncionaria únicamente por el delito de ejercicio indebido, el cual puede verse como un hecho aislado, haber firmado un convenio ilegalmente, por ejemplo, y que no le entren a investigar la red de corrupción”, subrayó la abogada.

Por su parte, fuentes ministeriales dijeron a Animal Político que, hasta el momento, no cuentan con pruebas suficientes para imputar a Rosario Robles el delito de cohecho, por lo que el citatorio se limita al presunto delito de ejercicio indebido de la función pública.

La denuncia 

La denuncia fue interpuesta el 18 de septiembre del año pasado por el Despacho de Investigación de Litigio Estratégico (DILE) de MCCI, en colaboración con la organización civil Tojil A.C., ante el titular de la Especializada de Delitos Cometidos por Servidores Públicos de la entonces PGR.

La denuncia está basada en los hallazgos de la investigación periodística La Estafa Maestra, así como en diversos informes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). También cita un reportaje de Reforma, basado en información de la ASF, sobre la entrega de 700 millones de pesos de Sedesol y Sedatu en efectivo en varias departamentos de la Ciudad de México.

Además de Rosario Robles, quien fue titular de la Sedesol y de la Sedatu cuando se produjeron los presuntos desvíos millonarios, la denuncia abarca a “cualquier funcionario que pertenezca o haya pertenecido” a la entonces Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) por otorgar contratos “de manera indebida” a la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), que, a través de una violación a la ley de adquisiciones, subcontrató por montos millonarios a empresas fantasma que no dieron servicio alguno y se quedaron con los recursos públicos.

La denuncia es por el posible delito del “ejercicio abusivo de funciones” de los funcionarios involucrados, y por el posible delito de “cohecho”; es decir, por un presunto soborno a autoridades y/o funcionarios públicos que habrían recibido dinero de los desvíos a través del esquema de La Estafa Maestra.

Entérate: Rosario Robles se presentará a la audiencia, es inocente, asegura su abogado

Además, la denuncia abarca a “cualquier funcionario” de la UAEM que haya participado en la firma de los convenios con la Sedesol que investigó la Auditoría, y a los socios y representantes legales de las empresas contratadas y pagadas por la UAEM a partir de esos convenios. También se les denuncia por ejercicio abusivo de funciones y cohecho.

La Estafa Maestra es un investigación realizada por Animal Político y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad que reveló un sistema de 128 empresas fantasma, a través del cual en el gobierno federal de Enrique Peña Nieto se desviaron más de 3 mil 433 millones de pesos.

Los recursos llegaron a dichas empresas luego de haber pasado por ocho universidades públicas, las cuales recibieron el dinero por parte del gobierno federal.

Entre estas universidades se encuentra la citada UAEM, mientras que las dependencias involucradas son 11, entre ellas, la Sedesol (cuya titular en aquel entonces era Rosario Robles); Banobras; Pemex; la entonces Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

Posterior a la publicación de la investigación, la Auditoría Superior publicó nuevos informes en el que reveló que, además de esas 11 dependencias, en la Sedatu (también dirigida en ese entonces por Robles) también se detectaron presuntos desvíos millonarios a empresas fantasma a través de otras universidades públicas y de sistemas de comunicación estatales, como Telemax Sonora, o Radio y Televisión de Hidalgo.

La ASF puede participar en la acusación

Este 29 de julio, la Fiscalía citó a Rosario Robles a una audiencia inicial para “formular imputación y vinculación a proceso por el delito de ejercicio indebido del servicio público” por La Estafa Maestra.

La audiencia inicial está prevista para el próximo 8 de agosto, en los juzgados del Reclusorio Sur, en la Ciudad de México. En esa audiencia, el juez de control decidirá si las pruebas que presente la Fiscalía son suficientes para vincular a proceso a Rosario Robles, y así iniciar formalmente el proceso legal, o si por el contrario desecha el caso.

En el citatorio para llevar a Rosario Robles a una audiencia inicial por La Estafa Maestra, la Fiscalía señaló como “víctima indirecta” a la Auditoría Superior de la Federación, puesto que este órgano autónomo ha documentado en múltiples informes desde 2014 los presuntos desvíos millonarios en Sedesol y Sedatu.

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Como “víctima indirecta”, la Auditoría podrá entonces participar como coadyuvante de la Fiscalía en el proceso contra Rosario Robles.

El 16 de enero pasado, y a raíz de la denuncia interpuesta en septiembre, el departamento legal de Mexicanos contra la Corrupción y Tojil también intentaron que se les reconociera la condición de víctimas por los desvíos de La Estafa Maestra, para así poder participar como coadyuvante en la investigación de la Fiscalía, y para vigilar el proceso desde adentro y evitar así posibles “pactos de impunidad” entre la administración pública y el Ministerio Público.

Sin embargo, un juez de control negó la solicitud de las organizaciones civiles, argumentando que éstas no son afectadas directamente por el presunto desfalco, puesto que no son los titulares de los recursos públicos, sino que la víctima sería, en todo caso, el propio Estado mexicano.

“Para MCCI y Tojil es indispensable, no solamente que se lleven a cabo las investigaciones con transparencia y se respete el debido proceso, sino también que se tomen las medidas necesarias para alcanzar la verdad y que, en su caso, se castigue a todos los servidores públicos y funcionarios de empresas privadas que pudieron haber participado en la red de corrupción que reflejó la investigación La Estafa Maestra”, señalaron en un comunicado MCCI y Tojil, que puedes leer íntegro aquí.

Comunicado MCCI y Tojil by mureste4878 on Scribd

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"Pasé 8 meses trabajando para un cártel del narcotráfico México"

Cuando le surgió una oportunidad de trabajo bien remunerada, aunque potencialmente peligrosa, este joven decidió arriesgarse. ¿Qué hizo cuándo se vio obligado a reconocer que estaba trabajando para un cártel de narcotraficantes?
15 de agosto, 2019
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Eduardo*, 28 años

Si soy sincero conmigo mismo, supe para quién estaba realmente trabajando desde la primera vez que vi a mis jefes entrar a la oficina cargando enormes paquetes de dinero en efectivo.

Puntuales como un reloj, todos los días, a las 3:00 pm 10 hombres aparecían con lo que debían haber sido millones y una empleada los llevaba al banco. Nadie nunca hizo preguntas.

En ese momento me convencí de que lo que temía era verdad: estaba trabajando para un cártel de narcotraficantes.

Siempre supe de los cárteles, grupos del crimen organizado involucrados con el narcotráfico, incluso cuando era niño.

Mientras crecía, en México, la amenaza que representaban estas bandas criminales similares a la mafia siempre estuvo en el trasfondo de la vida cotidiana.

La mayoría de las veces, era posible bloquear los interminables informes de noticias o los rumores de asesinatos sangrientos.

Pero cuando finalmente se metieron en mi vida, me preocupaba no poder escapar.

Ilustración narcotráfico mexicano

BBC Three / iStock

Crecí en el tipo de lugar donde todos se conocen y las noticias viajan rápido.

Y empecé a comprender mejor lo peligrosos que eran los cárteles cuando tenía unos 15 años.

Era 2006, y un nuevo presidente, Felipe Calderón, acababa de asumir el cargo. Llegó al poder con la promesa de restaurar “el estado de derecho” en México, librando una guerra sangrienta contra el narcotráfico. Recuerdo que estaba tan decidido a luchar contra los cárteles que envió al ejército tras ellos.

Fue presidente hasta 2012, pero la batalla continuó después de que dejó el cargo. Y desde 2006, más de 200,000 personas murieron o desaparecieron en México como resultado de la guerra contra las drogas.

Los cárteles comenzaron a dividirse en grupos más pequeños, extendiéndose desde las áreas que originalmente controlaban.

Históricamente, gran parte del norte de México estaba controlada por el cártel de Sinaloa, liderado por El Chapo Guzmán, mientras que Los Zetas, un cártel formado por desertores del ejército, controlaban gran parte del este.

Pero las áreas controladas cambiaron y se fragmentaron a medida que surgieron nuevos cárteles y otros de dividieron. Se peleaban con AK-47 en el medio de la ciudad, nunca había visto algo así. Había personas que eran asesinadas y sus cuerpos arrojados a la calle.

Recuerdo que cuando era adolescente una vez iba caminando por la ciudad y escuché disparos a lo lejos. Me dieron escalofríos. No vi el momento del asesinato, pero más tarde vi el cuerpo tirado en la calle. Fue la primera vez que vi algo así. Fue horrible y quedé profundamente conmocionado.

Pero, lamentablemente, pronto se volvió normal.

Ilustración narcotráfico mexicano

BBC Three / iStock

Es impactante para mí ahora recordar cómo esta brutal violencia se convirtió en parte de nuestras vidas.

Algunas personas que conocía tenían miedo de iniciar negocios porque los miembros del cártel venían y trataban de extorsionarte. Si veían que usted tenía un negocio, como una tienda, venían y exigían una parte de las ganancias a cambio de “protección”; en otras palabras, “deme su dinero o lo mato“.

También los veía por ahí cuando salía de fiesta con mis amigos, cuando era adolescente. Por lo general, era un tipo grande con un montón de cadenas doradas, rodeado de mujeres hermosas, y yo me preguntaba qué lo hacía tan atractivo.

Una vez, el compañero de uno de ellos me amenazó. Me acusó de agarrar un trago de la mesa del jefe y me dijo que no quería volver a verme. Estaba aterrorizado: salí corriendo del club con el corazón a mil.

Atraído por el dinero

Cuando era niño, quería ser arqueólogo, porque me encanta la historia antigua, creo que inspirado por las películas de Indiana Jones.

Pero cuando se trataba de elegir una carrera, me decidí por algo que pensé que me haría ganar más dinero: el marketing. Un amigo mío me consiguió un trabajo en una revista local y, en poco tiempo, me labré una reputación.

Luego, un contacto que trabajaba para una agencia exitosa, cuyos clientes incluían restaurantes y bares propiedad de los cárteles de la droga, me preguntó si quería un trabajo independiente para ayudarlos con sus materiales promocionales.

Los cárteles tienen que actuar como negocios normales para poder ocultar el dinero que ganan con actividades ilegales. Y cuando descubrí lo que pagaban (el equivalente a más de 1,000 por el trabajo de un fin de semana), no pude decir que no.

Eso es casi 25,000 pesos mexicanos y el salario mínimo en México es de 102 pesos por día.

"Cuando descubrí lo que pagaban (el equivalente a más de US$1.000 por el trabajo de un fin de semana), no pude decir que no. ", Source: "Eduardo", Source description: , Image:

El dinero me atrajo. Tenía 21 años y comencé a presumir un montón, a vivir como una estrella de rock, a divertirme y a invitar a tragos a todos mis amigos.

Sin embargo, no me fui de la casa de mis padres. No quería presumir demasiado, en caso de que la gente comenzara a hacer preguntas. Tenía mis sospechas en ese momento de que estas personas estaban involucradas con los cárteles, pero no sentía que fuera parte de eso. Todo lo que estaba haciendo era ayudarlos a promocionar sus bares y restaurantes.

Mis padres se preocuparon por mi estilo de vida y el tipo de personas para las que trabajaba. Me dijeron que tuviera cuidado pero, al principio, todo estuvo bien. No conocí a nadie del cártel, solo hacía mi trabajo y recibía mi dinero. Pero después de algunas semanas, uno de los jefes entró a la oficina.

Inmediatamente tuve la sensación de que algo no estaba bien y que no podía confiar en él. Estaba vestido de pies a cabeza con ropa de diseñador y había llegado en un auto grande.

A estos muchachos les encanta presumir y algunas personas piensan que son íconos de la moda. Cuando varios miembros del cártel fueron arrestados con una determinada camisa de polo de diseñador en 2010, todos querían esa camisa. Incluso hay un hashtag #narcofashion en Instagram.

Y el jefe me preguntó si quería más trabajo y más dinero. Dijo que iba a comenzar a hacer shows con cantantes de corridos, que es un tipo popular de música popular mexicana, y quería que yo ayudara con la promoción.

Ilustración narcotráfico mexicano

BBC Three / iStock

A veces, los capos de la droga hacen que estos cantantes escriban canciones sobre ellos, para hacerlos famosos.

Y en algunas partes de México, es ilegal cantar narcocorridos o canciones sobre narcotraficantes, porque embellecen la violencia del mundo del cártel. Hay una canción que dice: “Con cuerno de chivo y bazuca en la nuca, volando cabezas al que se atraviesa…”.

También es peligroso: algunos cantantes han sido asesinados por cárteles rivales por cantar sobre el narcotraficante equivocado.

Para ese entonces, sin embargo, no sabía cuán involucrados con los cárteles podían estar esos conciertos de música. Se llevaban a cabo en granjas locales con unos 30,000 asistentes. Comencé a ir a los conciertos y había muchachos con armas enormes.

No me sentí seguro. Esa fue la primera vez que realmente tuve miedo de morir, porque simplemente no sabías si iba a aparecer un cártel rival e iba a estallar una pelea, o si la policía iba a irrumpir con armas de fuego.

Nada de eso pasó, pero sabía por las noticias de enfrentamientos entre cárteles, lo cual siempre era una posibilidad. Al mismo tiempo, sin embargo, también me sentí bastante protegido debido a toda la seguridad.

Y, de alguna manera, pasar el rato con estos tipos era divertido, si intentaba olvidar quiénes eran. Una vez que comencé a hacer los conciertos, me llevaron a mí y a mis colegas a lugares elegantes para cenar y tomar algo. Pero siempre fui consciente de que uno de ellos podía dispararme si quería.

Dilema moral

La cuestión moral de trabajar para estas personas también pesaba mucho en mi mente. Cuanto más me involucraba con estos tipos, más seguro estaba de que eran parte de un cártel.

Y aunque no estaba haciendo ninguna de las cosas realmente malas, como transportar drogas o matar gente, y tampoco fui testigo de que hicieran ese tipo de cosas, sabía que eso estaba sucediendo en alguna parte. No era miembro de ninguna pandilla criminal, pero aún así estaba involucrado, me pagaban con su dinero. Se sentía mal.

Para ese entonces iba más a la oficina y fue entonces cuando vi a los muchachos entrar con los paquetes de dinero en efectivo. El jefe también me llevó a algunas mansiones que estaba construyendo en las montañas. Eran enormes.

Vi a su jefe, el gran jefe, varias veces. Se mantenía alejado de las cosas, y principalmente se ocupaba del lado comercial de las cosas desde su casa. Tenía un jaguar como mascota y una bella esposa.

Ilustración narcotráfico mexicano

BBC Three / iStock

Le pregunté a mi jefe directamente: “¿Eres parte de un cártel?”

Su respuesta fue ambigua.

“¿Quieres saber más, o quieres fingir que no sabes nada?”, me preguntó. Miré a mi alrededor, incómodo, pensando en la situación en la que me encontraba. Dije: “Vamos a fingir”.

Seguía yendo a los espectáculos en las granjas, pero me estaba sintiendo cada vez más incómodo. Ya no quería hacerlo, pero me preocupaba que dejarlo fuera peligroso.

Comencé a distanciarme de mis colegas de la agencia de marketing. Ya no me sentía protegido por estar cerca de estos tipos: era consciente de que, si alguna vez los llamaba para que me ayudaran, les debía un favor para siempre. Además, no soy el tipo de persona que se mete en problemas, y todo se estaba poniendo demasiado complicado para mí. Y un día, recibí una llamada del jefe.

“¿Todavía quieres trabajar con nosotros?”, preguntó.

Respiré hondo y decidí decir la verdad. “Para ser honesto, no”, le dije.

“Está bien, buena suerte“, respondió.

Le dije que iría a la oficina y recogería mi computadora y la cámara con la que solía tomar fotos promocionales. Hubo una pausa. “Está bien”, dijo de nuevo. “Buena suerte.”

Empecé a entrar en pánico. “¿Qué quieres decir? Son mis cosas”, le pregunté.

“Bueno, están en mi oficina”, respondió.

Sentí que me estaba amenazando y que algo malo podría pasarme si iba a buscar mi equipo. Decidí que era demasiado peligroso ir a buscar mis cosas, así que nunca las recuperé. Eran costosas, pero el riesgo no valía la pena.

Seguí haciendo el mismo tipo de trabajo, pero en conciertos y eventos que no estaban vinculados a los cárteles. En total, trabajé para ellos durante unos ocho meses.

Cuando hay un ataque terrorista, uno lo escucha en todo el mundo, y los mexicanos se emocionan realmente enviando apoyo en las redes sociales a París o Londres, o donde sea que haya ocurrido el último ataque horrible. Pero eso me hace pensar que no miramos a nuestro propio país.

Si hay un asesinato aquí, es como, ‘Oh, otra cabeza en la calle’. Amo a México, pero creo que es triste que estemos tan acostumbrados.

Quizás contar mi historia ayudará a las personas a darse cuenta de cómo es la vida allí y de cómo algo tan terrible puede parecer casi normal. Me alegro de ya no ser parte de ese mundo.

* Los nombres han sido cambiados.

Testimonio recogido por Thea de Gallier para BBC Three.


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https://www.youtube.com/watch?v=d4L-tZXPhxY

https://www.youtube.com/watch?v=g3pWZBp0-HQ

https://www.youtube.com/watch?v=66i-1a6yoR0

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