Se buscan padrinos para rehabilitar perros y gatos abandonados y maltratados en CDMX
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Tania Casasola

Se buscan padrinos para rehabilitar perros y gatos abandonados y maltratados en CDMX

Para que los animales que rescata la Brigada de Vigilancia Animal puedan tener una nueva familia deben ser rehabilitados gracias a padrinos que los visiten y den confianza.
Tania Casasola
20 de julio, 2019
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Susto fue rescatado hace más de cuatro años por la Brigada de Vigilancia Animal, en la alcaldía de Milpa Alta. No se sabe exactamente el maltrato que vivió, pero era un perro muy miedoso, flaco, con heridas en su cuerpo y que no toleraba el contacto humano.

Con paciencia, rehabilitación, caricias, paseos, premios, juegos, y con el acompañamiento de una familia que lo apadrinó cuando llegó a las instalaciones de la Brigada, recuperó la confianza y fue adoptado por la familia Aguilar tras un año de conocerlo.

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A lo largo de 15 años, la Brigada de Vigilancia Animal, que depende de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, ha rescatado a cientos de perros y gatos maltratados o en situación de riesgo.

Diariamente atienden alrededor de 25 casos de denuncia de maltrato animal, especies lesionadas o comercializadas de manera ilegal, incluso fauna silvestre como víboras, iguanas, aves y hasta leones.

Actualmente, Susto visita cada domingo el antiguo hogar donde lo rehabilitaron y acompaña a su familia para ayudar a socializar a otros perros como él. Ahora la familia Aguilar está apadrinando a Fito, un perro juguetón, con mucha energía, pero muy peleonero, describe Rebeca De Aguilar.

“Nosotros (su esposo y dos hijos) venimos todos los domingos a pasear y a jugar con Fito, es un compromiso que se hace, es el ahijado y hay que estar al pendiente. Nuestra tarea es integrarlo, socializarlo y que esté listo para una futura adopción”, cuenta.

Después de un rescate hay un proceso de revisión al animal, posteriormente viene la observación, la curación, el proceso de socialización y la adopción.

Fito recibe un premio de su madrina

Después de un rescate hay un proceso de revisión al animal, posteriormente viene la observación, la curación, el proceso de socialización y la adopción.

Se buscan padrinos

El programa “Apadrina una mascota” arrancó en 2016 con 40 apadrinamientos, sin embargo, ahora solo 20 perros de los 126 que están en las instalaciones tienen un padrino, dice Carmelo Hernández, titular de la Brigada Animal.

La tarea de un padrino, explica, es acudir cada domingo a pasearlo en el área de la Brigada, a veces bañarlo, jugar con él, y dedicarle tiempo, el que cada persona o familia considere. Se le puede regalar ropa, juguetes, comida, medicina, utensilios de limpieza, lo que se le daría a un ahijado. Una de las reglas del programa es nada en efectivo, todo en especie.

Muchos de los que van, comenta Carmelo a Animal Político, no tienen un espacio adecuado o el tiempo para tener una mascota en casa, no los pueden adoptar, pero sí ayudarlos a socializar y que tengan una oportunidad para que alguien más los adopte.

Si un padrino falta tres domingos consecutivos inmediatamente se le da de baja del programa y pierde “la custodia” del perro.

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A pesar de que el programa tiene reglas, también se hace comunidad entre los padrinos, pues si un domingo alguien tiene un compromiso, mensajea o le llama a otro padrino para que le haga el favor de pasear y jugar un rato con su ahijado. También está la opción de que vaya algún familiar.

Carmelo Hernández indicó que hay pocas adopciones, pues la gente a veces prefiere un cachorro o comprar uno de raza. “Hay perros que llevan aquí más de dos años cuando deberían de estar solo siete días (por reglamento), aunque dependiendo de los casos pueden quedarse unas semanas más, pero no deberían permanecer años”.

Ónix, una perrita criolla, enterrada viva en Iztapalapa, por ejemplo, tuvo que pasar por dos años de terapia conductual y médica para bajar el estrés, la ansiedad y depresión que tenía.

“De muchos de ellos no sabemos su pasado, lo que han vivido, pero más del 90% tiene signos de maltrato, llegan con fracturas, con mordeduras en el cuerpo debido a que eran usados en peleas clandestinas, hay algunos mutilados, sin un ojo, el rabo, la pata, con heridas de bala”, cuenta.

Un alto porcentaje trae problemas de piel, desde lesiones leves hasta pérdida de tejido o la exposición del hueso, cosas muy graves. También se reciben perros inválidos y con problemas neurológicos.

La capacidad para albergar –según los médicos veterinarios– no debería pasar de los 50 perros, pero actualmente están casi al triple con 126, por eso la necesidad de que más gente adopte.

Brigada de Vigilancia Animal

Los padrinos pueden bañar a los ahijados, pasearlos y llevarles golosinas.

“Ha sido una terapia”

Rebeca y Jesús, los adoptantes de Susto llevan ya tres años de ser padrinos y cuentan que es una actividad muy satisfactoria, pero también de sentimientos encontrados.

“A veces uno llega el domingo y ya no hay ahijado porque lo adoptaron. Por una parte, te da alegría porque sabes que ya tiene una familia, y por otra es la nostalgia de que ya no lo verás”, dice Rebeca.

Su esposo Jesús cuenta que desde muy joven ha padecido de ansiedad. “Susto me ayudó mucho, con él cambié el chip, ha sido una gran terapia para los dos”.

“El ahijado espera el domingo con ansias para verte y le haces la semana, se les nota la felicidad en cuanto te ven, por eso es importante no dejar de visitarlos, eso no es justo para el perro, se encariñan y ya te ven como un gran amigo”, aconseja a quienes estén interesados en el programa.

Jubilación canina: Policía Federal dará en adopción a 28 perros

Un perro que ha sido maltratado se vuelve miedoso o agresivo, por ello tener un padrino humano puede ayudarle a socializar nuevamente.

En México no existen censos oficiales, pero de acuerdo con cifras del Inegi de 2016, en el país hay al menos 18 millones de perros, de los cuales solo el 30% (5 millones) tienen un hogar, el resto son callejeros.

Según la compañía global Boehringer Ingelheim, México es el país de Latinoamérica con más perros que viven en las calles. En la Ciudad de México, las alcaldías con más perros en esta situación son: Álvaro Obregón, Iztapalapa, Tláhuac y Coyoacán.

 Batista busca hogar, sufrió fractura de cadera

Es domingo, 9 de la mañana. Los padrinos y posibles adoptantes comienzan a llegar. Preguntan por su ahijado, muchos de los policías de la Brigada ya los reconocen y saben por qué perro vienen, van por él al lugar en donde está resguardado y los entregan con una correa. Todos llegan moviendo la cola, emocionados.

Unos jóvenes se acercan, están interesados en apadrinar a Batista, un pitbull gris de seis años que fue rescatado de la alcaldía Cuauhtémoc en mayo de 2018, con una fractura de pelvis y varios problemas en la piel. Hoy ya está recuperado.

Batista con uno d elos policías de la Brigada Animal

Batista, un pitbull gris de seis años que fue rescatado de la alcaldía Cuauhtémoc en mayo de 2018,

Batista tenía padrinos, pero van tres domingos consecutivos que no lo visitan, es por eso que los policías darán oportunidad a una chica estudiante de veterinaria que lo conoció cuando fue voluntaria en la Brigada para que sea su madrina.

“Mi objetivo es entrenarlo, traerle alimento, tenerlo sano y difundir la invitación para que lo adopten, yo no puedo tenerlo en casa, pero le buscaré una familia”, cuenta.

Una vez recuperados de sus heridas, los perros son sometidos a una evaluación conductual compuesta por 12 pruebas para detectar sus reacciones ante personas y perros extraños; y, con ayuda de estudiantes de servicio social de la Facultad de Medicina Veterinaria de la UNAM, se trabaja para mejorar su conducta.

Los nuevos padrinos de Batista

Gatos rescatados, en adopción

En la Brigada de Vigilancia Animal, ubicada en la alcaldía de Xochimilco, también hay gatos. Muchos de ellos rescatados de árboles muy altos, barrancas, de la vía pública, o incluso de las vías del Metro.

Con ellos el proceso es diferente, no participan en el programa de apadrinamiento porque su naturaleza es distinta y no se les puede pasear como a un perro. Con ellos la adopción es directa y también se pueden hacer donaciones.

Nani, por ejemplo, es una gatita de tres años que fue rescatada en Iztapalapa con múltiples laceraciones por estar atrapada entre dos bardas; Rotten es un macho de dos años rescatado de la copa de un árbol, y Yaris, también de dos, fue maltratado donde vivía.

Gatos en adopción en la Brigada Animal

Ellos forman parte de los 23 gatos que están listos para ser adoptados

Ellos forman parte de los 23 gatos que están listos para ser adoptados, tras evaluarlos y hacerles las pruebas correspondientes, permanecen en un área con rascadores, juguetes, arena y comida.

Los de nuevo ingreso están en otra área mientras los revisan los veterinarios y verifican su estado de salud. En este espacio se encuentra una gatita con dos cachorros, dos siamesas, criollos de varios colores y edades. A la espera de sus pruebas también está Champa, una gatita que perdió el ojo derecho.

Quienes deseen adoptar un gato pueden ver un catálogo que contiene: imagen, nombre, fecha de ingreso, el sexo, edad, peso, lugar de rescate y diagnóstico. También se pueden ver en el área en donde están y elegir a uno.  

En 2018 la Brigada de Vigilancia Animal logró 87 adopciones. Hasta el 29 de junio de este año llevaban 35.

Cuándo y a dónde ir

El registro es a partir de las 09:00 hasta las 14:00 horas todos los domingos. En el lugar se colocan módulos de atención, donde el personal explica el funcionamiento de los programas y los requisitos.

Los números 911 y el 52089898 están disponibles para solicitar apoyo para hacer denuncias por venta ilegal o maltrato animal, igual que la aplicación “Mi Policía”.

Si quieres conocer más de la labor de la Brigada de Vigilancia Animal y apadrinar o adoptar un perro o gato, puedes acudir a sus instalaciones ubicadas en Avenida Manuel Ávila Camacho S/N, Xochimilco; a unos metros del Parque Ecológico de Cuemanco.

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Los linchamientos en México: 'Solemos decir que son de gente salvaje, pero eso no explica el fenómeno'

Hay muchos prejuicios que hay que evitar para lograr entender por qué ocurren los linchamientos, señala la investigadora mexicana Elisa Godínez, quien ha estudiado el fenómeno.
21 de junio, 2022
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Lo que le pasó a Daniel Picazo González el pasado viernes es un nuevo caso de un fenómeno que tristemente se repite en México una y otra vez.

El joven de 31 años fue retenido por la fuerza, golpeado y asesinado en una comunidad del estado de Puebla el pasado 9 de junio. La multitud lo acusó, sin ninguna prueba, de ser un secuestrador de niños después de que circulara por WhatsApp un rumor sin fundamento.

El abogado estaba de paso por la localidad indígena de Papatlazolco, mientras se dirigía a una casa de campo de su familia en la remota región de la Sierra Norte.

Tras ser golpeado brutalmente, le prendieron fuego cuando aún estaba con vida.

Como él, otros han sido víctimas de los linchamientos en ese y otros estados de México en un fenómeno que sigue un ciclo: causa impacto social, condenas de las autoridades, impunidad y olvido.

Pero ¿por qué ocurren linchamientos como el de Picazo González?

Daniel Picazo

Daniel Picazo

Elisa Godínez Pérez, doctora en ciencias antropológicas e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha estudiado este fenómeno en los últimos años.

En conversación con BBC Mundo, advierte que hay muchos prejuicios que hay que evitar para lograr entender por qué ocurren los linchamientos: “Estamos acostumbrados a decir que los linchamientos son de gente salvaje, pero esa no es la explicación”.

Este es un resumen de la conversación que mantuvimos con Godínez.

Elisa Godínez Pérez

UNAM
Elisa Godínez Pérez es académica del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

¿Qué lleva a una persona sumarse a un linchamiento?

Yo soy muy cauta con la psicología social pero, según muchas interpretaciones, el individuo se desdibuja, se hace uno con la masa.

Desde mi perspectiva, hay que entender las causas estructurales e históricas; los hechos concretos que tienen que ver con el papel de la policía y las autoridades, las carencias sociales, etcétera. Eso es lo que para mí lo explica de manera más fehaciente.

Uno no se explica cómo es posible que uno se pueda convertir en algo así. Pero la personalidad del individuo se desdibuja ahí, y eso también ocurre en otros contextos más positivos, como cuando la gente grita en un concierto y hasta besan al que tienen al lado aunque no lo conozcan.

Yo creo que en el caso específico de los linchamientos, no es una decisión meditada, pensada. La gente no se da un tiempo para pensar si lo que está haciendo está bien o le conviene. Lo que no significa que sea irracional.

En el calor de las cosas, las emociones, la angustia, el miedo y el enojo nos hacen hacer cosas que uno no creería. Existen elementos que provocan que las emociones de este tipo se exacerben y hacen que muchos sientan que están en riesgo.

Pero cuando entrevisté a personas que estuvieron en lugares donde ocurrieron linchamientos, les da mucha vergüenza. En el fondo, creo yo, mucha de la gente que participa en ellos no hace ningún cálculo. Y cuando se dan cuenta de lo que ocurrió sí se impactan, sí se avergüenzan.

Linchamientos en América Latina

Getty Images
En esta imagen se ven los pies de una mujer que fue linchada y quemada viva por una multitud en Guatemala en febrero de 2015, tras haber sido acusada de asesinar a su hijastra de 8 años.

¿Por qué un rumor puede desencadenar este tipo de reacciones violentas?

El rumor por excelencia en los linchamientos es el de los robachicos .

Uno diría ‘Por Dios, cómo es que la gente se cree esto’. Pero pensémoslo bien y entendamos cuál es la condición de la niñez en un país como México. Son gravísimos los riesgos que están sufriendo los niños.

Hay niñas que son víctimas de feminicidios desde muy pequeñas, o niños que están a merced del narco desde chiquitos. O que están en una situación de cuidados muy precarios. O carentes en la cuestión económica.

Y los niños son para las familias una de sus cosas más preciadas. Uno hace lo que sea por su por sus niños, porque sabes el grado de peligro que hay afuera para ellos.

Si lanzan un mensaje por WhatsApp y te dicen ‘aquí estamos viendo el robo de un niño’, no es un rumor cualquiera. Es un rumor que apela a las cosas más queridas, más importantes.

Los celulares aceleran el ritmo de esparcimiento del rumor de forma impresionante.

Una imagen difundida en la comunidad

BBC
Estos son los mensajes que se difundieron antes del linchamiento de Daniel Picazo en Puebla, México.

Cuando ocurren linchamientos, se tiende a afirmar que ocurren en comunidades con falta de educación y de valores, ¿es esa una explicación al hecho de que una persona o grupo de gente se sume a un linchamiento?

Estamos acostumbrados a decir que los linchamientos son de gente salvaje, pero esa no es la explicación.

Las sociedades no son violentas por una cuestión que sea inherente a su cultura, eso no existe. La violencia existe en todas las culturas. ¿Cuáles son más bien las condiciones que hacen que la violencia se modere o disminuya?

Existen autoridades y un sistema de justicia. Si no funcionan esas instituciones habría que preguntarse por qué. Y no hay que repetir el prejuicio de que los linchamientos ocurren porque son atrasados, porque son irracionales y salvajes por naturaleza.

Tanto en India, como en México, como en muchos lugares de América Latina, ocurren. Los linchamientos en Estados Unidos hasta hace medio siglo eran un acto no solo de violencia, sino de profunda discriminación racial, frontal y brutal.

Iniciación de un nuevo miembro del Ku Klux Klan.

Getty Images
Tras la I Guerra Mundial, los linchamientos en EE.UU. repuntaron por la acción de grupos supremacistas como el Ku Klux Klan.

Se genera una estigmatización muy fuerte de las comunidades en general, pero sobre todo en las comunidades indígenas, lo que no contribuye en absoluto a explicar el fenómeno.

Lo mismo se podría decir de la gente que se involucra en el crimen organizado: es gente que no tiene educación, que se deshumaniza y, por lo tanto, son malos, naturalmente violentos. Y no, lógicamente no es así.

La gente en general no recurre a la violencia -hay muchas formas de violencia, por supuesto, y cada caso merecen una explicación- pero en los linchamientos hay racionalidad en el sentido de que tienen una explicación.

La gente que participa en ellos tiene razones. Que yo no esté de acuerdo con sus razones es otra historia. Que sean incorrectas es otra historia. Pero tienen sus razones y eso no es una justificación de los linchamientos, pero hay que conocerlas.

No es solo una falta de educación o no es solo una falta de valores.

No ayuda a estigmatizar a la gente y decir que esto sucede por falta de valores, falta de educación, falta de todo. Porque entonces estás omitiendo todo lo que hablábamos, los agravios que sufren estas comunidades.

Guatemala

AFP
En Guatemala, en promedio 40 personas murieron anualmente en linchamientos en los últimos cinco años, según la ONG Grupo de Apoyo Mutuo (GAM),.

¿Pero por qué en otros lugares donde tienen carencias y problemas sociales similares no se dan los linchamientos?

Las primeras cosas que te dicen en estas comunidades es que están hartos de que suelten a los delincuentes.

Podemos entrar a la discusión acerca de si eso es debido al diseño del sistema judicial, de las leyes en México, que requieren de denuncias para actuar. Pero para la gente, su vivencia cotidiana es que hay impunidad.

La policía no llega, a los malandros los sueltan cuando los agarran, no vemos que ocurra nada. Esa es la experiencia real de la gente allá.

Si en mi edificio, en la ciudad, tuviéramos relaciones más estrechas quizás reaccionaríamos al rumor del robo de niños cerrando la calle, poniendo alarmas, viendo a la gente como sospechosa.

Pero otro elemento a notar es que aquí donde vivo llamaría al 911 y llegaría la policía. Eso ya es una gran diferencia.

En esos lugares las policías son muy pequeñas, probablemente mal equipadas, a veces penetradas por el crimen organizado. ¿Qué tan capacitada está esa policía para poder contener un linchamiento?

Son prevenibles, en el sentido amplio con atención a las necesidades sociales, pero también en el momento, cuando las autoridades de todo tipo deben negociar.

Las comunidades en donde ocurren estas cosas -eso yo lo vi al analizar los casos- muchas veces dan un margen para que se negocie. Siempre hay margen de que las autoridades intervengan para negociar.

La policía deja que las cosas pasen y no intervienen hasta el final, cuando la situación ya creció hasta un nivel incontrolable.

Un agente de policía entra en la comisaría de Acatlán, Puebla

Brett Gundlock
Algunas personas que han sido custodiadas en intentos de linchamiento han sido arrebatadas de las autoridades en Puebla.

¿Está México viviendo un aumento alarmante de los casos de linchamientos?

Efectivamente, existe una percepción de que los linchamientos han ido en aumento en años recientes en México. Pero no existen registros oficiales y falta un mayor cruce y análisis de los diferentes recuentos que existen para determinar si realmente ha habido una mayor o menor incidencia de linchamientos en México.

En mi investigación encontré que los linchamientos suceden en oleadas y no de forma exponencial, y eso se debe tomar en cuenta.

Creo que en México, en años recientes, parece existir una tendencia al alza. Y eso también obedece al hecho de que actualmente existe una manera más rápida de que se reporten estos hechos, con internet y las redes sociales.

Ahora se conoce de modo más rápido cuando está sucediendo un hecho de estos y por lo tanto pareciera que ocurren más.

Eso no significa que haya que minimizarlo. Es un problema que México tiene, desafortunadamente, y se ha normalizado, lo cual es grave. Pero también creo que es porque estamos en un país metido en una crisis de violencia y de justicia de manera muy notoria en los últimos 10 o 15 años.

linchamientos en Atlatongo

EPA

¿Hay algo que pase en México para que haga sus casos diferentes a los de otros países, por ejemplo, de América Latina?

Uno tiende a creer que esta incidencia es propia de nuestros países, pero lo cierto es que los linchamientos y otras formas parecidas de violencia colectiva son comunes en otras partes del mundo, como en India, donde son tristemente frecuentes.

Guatemala ha tenido un alto número de linchamientos. Surgen en un momento posterior a un conflicto armado en el que especialmente los pueblos indígenas fueron víctimas vulneradas por la violencia.

Bolivia también tiene un índice importante de este tipo de hechos, en los que los protagonistas son también comunidades indígenas y llegó a haber hace algunos años una consideración legal en la que se reconocía la justicia comunitaria. Se llegó a aceptar, a mi juicio, de manera no correcta, a los linchamientos como una forma de justicia comunitaria.

Es muy común que en México y en otros países se repita la idea de que los linchamientos son usos y costumbres de los pueblos indígenas. Pero yo diría categóricamente que no es verdad.

No es algo que esté aceptado, normalizado y considerado como parte de sus sistemas normativos o de procuración de justicia. Sí tienen formas de resolver conflictos y un sentido de justicia más punitiva que restaurativa, pero no incluyen el linchamiento como una forma aceptada. Hay que dejar de repetir que es parte de sus usos y costumbres.

El lugar en donde terminó el cuerpo de Daniel Picazo

Pablo Torres
Algunas personas colocaron una ofrenda en el lugar donde murió Daniel Picazo.

¿Por qué tienen una mayor incidencia en las comunidades indígenas?

No hay que confundir la acción colectiva comunitaria que tienen los pueblos indígenas para deliberar, discutir sus problemas u organizarse en un montón de aspectos de la vida cotidiana, con que eso los haga proclives a linchar.

Lo que pasa es que tienen una forma mucho más comunitaria de enterarse, de resolver y de actuar.

Por eso en muchos pueblos indígenas, la presencia de un rumor se propaga de manera muy rápida y genera una respuesta de convocatoria muy rápida. Eso no va a ocurrir en el barrio de Ciudad de México donde vivo, eso no pasa.

Por más de que yo alertara a mis vecinos, no pasaría nada porque mi vecino de enfrente y yo no nos conocemos ni nos saludamos. Y allá la gente se conoce. Allá la gente sabe quién es quién. Son lugares pequeños, son lugares donde la gente tiene relaciones cotidianas permanentes.

Un retoque de campanas en los pueblos les dice que algo está pasando y se reúnen.

Pero hay que observar que son poblaciones que han sufrido una serie de condiciones adversas, de despojo, de privación. Y sobre todo, la llegada paulatina de todo tipo de crimen organizado.

Antes no es que estuvieran ensimismados, como a veces se cree, sino que tenían distancia con ello.

Ahora están a merced del desmoronamiento de sus prácticas, que les permitían estar en relativa calma. Factores más recientes y otros históricos se combinan para provocar cambios muy profundos que no necesariamente se ven, pero a veces salen por la vía de fenómenos como estos.

Un hombre toca las campanas del pueblo

Brett Gundlock
Un retoque de campanas suele movilizar a la población en comunidades pequeñas.

Y casi siempre los linchamientos quedan impunes

Las autoridades no son cuestionadas. De lo que se trata es de salvar vidas y varios casos la vida de inocentes.

En la medida en que hay impunidad, se deja abierta la puerta a que esto siga ocurriendo.


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