Se registra un nuevo sismo en la CDMX, suman más de 15 en siete días
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Se registra un nuevo sismo en la CDMX, suman más de 15 en siete días

Nuevamente el movimiento tuvo su epicentro en la alcaldía Álvaro Obregón con una magnitud de 2.2 según informó el Sismológico Nacional.
Cuartoscuro
18 de julio, 2019
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Durante la tarde de este jueves se registró un nuevo sismo en la ciudad de México de magnitud 2.2 en la alcaldía de Álvaro Obregón a la 1:54 de la tarde.

Nuevamente el movimiento fue percibido por habitantes de dicha demarcación y de la alcaldía Miguel Hidalgo.

Usuarios de redes sociales que laboran o viven en esas zonas fueron los primeros en reportar el movimiento.

Con este movimientos suman más de 15 los sismos con epicentro en la capital registrados en los últimos 7 días.

El último movimiento se había registrado a las 10:30 de la noche del miércoles al noroeste de Álvaro Obregón con una magnitud de 2.0.

La noche del pasado martes y en la madrugada del miércoles se registraron 7 sismos de magnitudes entre 2.2 y 3.0 con epicentro en la alcaldía Álvaro Obregón, en la Ciudad de México, según informó el Sismológico Nacional.

El primero de los sismos se registró a las 10:59 de la noche con una magnitud de 3.0; le siguieron otros dos de magnitud 2.7 a las 11:10 y 11:18 de la noche; a las 12:33 de la madrugada se presentó uno más de magnitud 2.2 y finalmente se registraron tres más de magnitud 2.4 a las 12:41, 12:45 y 1:04 de la mañana.

La jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum dijo que no se registraron daños y que este miércoles se reunirá con un grupo de expertos para evaluar los movimientos ocurridos en los últimos días.

Tras los movimientos de las últimas horas, el Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro activó los protocolos de revisión y no se reporta ningún daño en la infraestructura. El avance de trenes es continuo.

Por su parte, la Secretaría de Obras y Servicios (SOBSE) reportó que después del movimiento las obras en la ampliación de la Línea 12 del STC Metro se reportan sin incidencias al interior de los túneles.

En tanto que la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) informó que diversos Cóndores ya sobrevuelan la Ciudad de México sin que se reporten incidentes.

Leer: Temblores en la CDMX: ¿Es normal que haya sismos con epicentros en la capital?

Aunque los 15 sismos han tenido una magnitud de 3.0 o menor, varios de ellos sí han sido perceptibles por los capitalinos.

Los primeros cuatro sismos se registraron el 12 de julio, el primer ocurrió a las 04:47 horas y tuvo una magnitud de 2.1. Uno de los más grandes, fue a las 07:38 horas de magnitud 2.5 con epicentro en Álvaro Obregón, y fue el más perceptible y que incluso causó que la gente desalojara oficinas y viviendas.

Los últimos dos sismos de aquel día ocurrieron en Álvaro Obregón: uno a las 07:51 horas, con una magnitud 2.0, el otro a las 10:08 horas y tuvo una magnitud 2.3.

El día 13 de julio se registraron dos sismos, uno a las 01:35, y el otro a las 11:39 horas. Ambos con magnitud 2.3.

El 14 de julio se registró un sismo más a las 02:16 con una magnitud 2.1.

La madrugada de este martes 16 de julio ocurrió un sismo a las 01:36 horas de magnitud 2.5, con epicentro en la alcaldía Álvaro Obregón, el segundo de los ochos sismos con esta magnitud.

De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional, a mayor cercanía con el epicentro, las ondas sísmicas se atenúan menos y el sismo se siente más fuerte, como fue el caso de éste.

El último reporte del Sismológico señala que el origen de los sismos en la región pueden ser generados por el reactivamiento de antiguas fallas o que pueden ocurrir como resultado de la acumulación de tensión regional, o que “el hundimiento del Valle de México podría originar tensiones que, si bien no generan propiamente los sismos, sí pudieran dispararlos”.

También existe la hipótesis de que los grandes sismos generados en la costa pudieran dar lugar a condiciones de desequilibrio y desencadenar sismos locales, destaca.

Ninguno de estos ocho sismos ha ocasionado algún daño en calles o viviendas de la CDMX, aunque las autoridades capitalinas han activado los protocolos de emergencia para descartar  afectaciones.

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¿Es la inflación más dañina que la recesión?

Las medidas que toman las autoridades para detener la inflación, como subir el costo de los créditos, le ponen un freno a la economía. Si las tasas de interés son demasiado altas y el freno económico demasiado profundo, puede llegar una recesión.
11 de agosto, 2022
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Hay que apagar el fuego antes de que se salga de control.

Esa parece ser la consigna de los países afectados por la gigantesca inflación que recorre el mundo y que ha llegado a máximos históricos en décadas.

Con Alemania marcando el nivel más alto en casi medio siglo -en medio de una crisis energética derivada de la guerra en Ucrania-, Estados Unidos y Reino Unido en el más alto nivel de los últimos 40 años y América Latina también bajo presión por la escalada en el costo de la vida, los bomberos están trabajando a toda velocidad.

Bomberos encargados de la política fiscal y monetaria de los países que intentan apagar una hoguera sin descuidar otro foco de incendio: la recesión.

Empleado de un fondo de inversiones mira varias pantallas de computadora

Getty Images

Pues bien, ¿qué tiene que ver la inflación alta con una recesión económica?

Mucho. Cuando se dispara la inflación, los bancos centrales suben las tasas de interés (el costo de los créditos) para desincentivar la compra de bienes o servicios.

Es una política que busca reducir el consumo y las inversiones con la esperanza de que bajen los precios.

Con este mecanismo se controla la inflación pero, al mismo tiempo, se frena el crecimiento económico.

Si el frenazo es demasiado grande, la economía se estanca y aumentan las posibilidades de que el país entre en recesión.

Trabajador estadounidense

Getty Images

Frente a este dilema las autoridades tienen que hacer de equilibrista y preguntarse: hasta dónde puedo subir las tasas de interés sin ahogar demasiado la economía.

Y ese equilibrio precario entre inflación y recesión es lo que tiene a los economistas tratando de apagar un incendio sin echarle leña al otro.

De ahí viene la pregunta: ¿es peor la inflación o una recesión económica?

El mal menor

No es tanto cuál es peor, sino qué es lo primero que hay que atajar. Yo creo que un país que quiere mantener su estabilidad macroeconómica, no puede permitirse una inflación elevada”, argumenta Juan Carlos Martínez, profesor de Economía en la universidad IE Business School, España.

“Una recesión es un mal menor comparado con una inflación persistente en la economía”, dice en diálogo con BBC Mundo.

cONSUMIDORA CON CAJA DE FRESAS EN LA MANO

Getty Images

Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del centro de estudios Wilson Center y profesor de la Universidad Johns Hopkins, en EE.UU., también argumenta que disminuir el costo de la vida es algo prioritario.

Las dos cosas son malas, pero la inflación es más difícil de superar en muchos casos”, apunta el experto.

Una inflación crónicamente alta, agrega, le impone muchos costos a una sociedad.

No solo se trata del frenazo económico. “También crea tensiones sociales, ya que los trabajadores exigen aumentos salariales recurrentes, los propietarios exigen subidas del alquiler y los comerciantes deciden aplicar repetidos aumentos de precios”, le dice Gedan a BBC Mundo.

Desde otra perspectiva, José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC) de México, agrega al debate que controlar una inflación elevada puede tomar muchos años, mientras que las recesiones, al menos en los últimos años, se han podido superar más rápidamente.

Persona comprando gasolina en Estados Unidos

Getty Images

“En este momento es fundamental contener la inflación porque las experiencias de los últimos 50 años nos muestran que una espiral inflacionaria acaba desencadenando una recesión”, le dice el economista a BBC Mundo.

“Se puede atajar una recesión sin que esto implique inflación, pero en el otro caso, la inflación termina provocando una crisis”.

Estados Unidos, por ejemplo, “está pagando el costo de un error”, agrega, porque las autoridades dejaron pasar mucho tiempo antes de subir las tasas de interés para controlar el consumo y la inversión.

De esa manera, la demanda siguió alta y los precios continuaron escalando, señala de la Cruz, sin que se eliminaran los incentivos para seguir gastando.

¿Qué pasa en América Latina?

Tal como está ocurriendo en otras partes del mundo, Latinoamérica también ha sufrido la ola inflacionaria.

En países como Chile, la inflación se disparó a un histórico 13,1% (la mayor en casi tres décadas), seguido por Brasil y Colombia (superando los dos dígitos), mientras países como Perú y México, donde la espiral inflacionaria es un poco menor, también han sufrido las consecuencias de precios que están dejando huellas aún más profundas en los sectores más vulnerables.

Mujer en supermercado, foto genérica.

Getty Images

Argentina, que sufre un problema crónico de inflación, tiene la herida abierta con un aumento anual del costo de vida de 64%.

Ante este escenario, los bancos centrales de la región han aplicado históricos aumentos de las tasas de interés para tratar de sacarle la presión a la olla.

En los buenos tiempos económicos, muchos gobiernos solían ponerse como meta inflacionaria un rango de entre 2% a 4%.

Pero ahora que el costo del crédito está disparado, esas metas se esfumaron, al menos por ahora.

Brasil, por ejemplo, tiene sus tipos de interés en 13,7%, mientras que en Chile el costo de los préstamos escaló a un máximo histórico de 9,7% y en Colombia al 9%.

Pocas ganas les quedan a los consumidores que aspiraban a comprarse una casa con un crédito bancario, o a los empresarios que pensaban renovar equipos, ampliar sus operaciones o iniciar nuevos proyectos de inversión.

Manos con billetes chilenos

Getty Images

Claramente la época del “dinero barato”, es decir, de los préstamos más asequibles, quedó en el pasado.

Tan veloz y profundo han sido el aumento del costo del crédito, que los economistas esperan ver resultados prontamente.

De hecho, en países como Estados Unidos o Brasil, la inflación dio una tregua y disminuyó levemente, aumentando las expectativas de que los precios podrían estar alcanzando sus niveles máximos.

¿Quiénes son los más perjudicados con la inflación?

“Lo peor de todo es que la inflación es un impuesto sobre los pobres, que tienen escasos ahorros y normalmente trabajan en el sector informal, con poca capacidad para proteger su poder adquisitivo”, explica Gedan.

“Dada la pobreza generalizada de la región y el gigantesco sector informal, los impactos de la inflación son particularmente severos en América Latina”, apunta.

Trabajadora colombiana en empresa textil.

Getty Images

En ese sentido, las autoridades no han dudado en subir las tasas, especialmente por los episodios de escalada de precios en Latinoamérica en las décadas pasadas.

“Es que dados los traumas pasados ​​de la región con la hiperinflación y el deseo de conservar la credibilidad ganada con tanto esfuerzo de los bancos centrales, no sorprende ver medidas rápidas en muchos países para frenar los aumentos de precios”, dice el experto.

El debate en Estados Unidos

Si bien inflación y recesión son dos amenazas económicas de alto calibre, en Estados Unidos el debate se ha centrado en cuánto y a qué velocidad la Reserva Federal (el equivalente al banco central en otros países) debe seguir subiendo las tasas para detener la escalada de los precios.

Criticada por no haber actuado antes, la Fed se ha embarcado este año en una serie de subidas de los tipos de interés.

Y como esas subidas le ponen un freno a la economía, la pregunta que muchos se hacen es si Estados Unidos caerá o no caerá en una recesión con todas sus letras.

Porque ya está atravesando lo que se conoce como una “recesión técnica”, equivalente a dos trimestres seguidos de contracción económica.

Foto genérica de buque carguero con contenedores y bandera de Estados Unidos.

Getty Images

Pero en EE.UU. esos números rojos no representan una verdadera recesión, según los estándares que se utilizan en ese país.

El árbitro que la define, por decirlo de alguna manera, es una organización independiente: la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).

En ella participan destacados economistas que se reúnen regularmente y analizan todas las variables que pueden incidir en un proceso recesivo.

La definición que ellos utilizan está lejos de ser una fórmula matemática: “Una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses”.

El enfoque del comité de economistas es que, si bien cada uno de los tres criterios (profundidad, difusión y duración) debe cumplirse individualmente hasta cierto punto, las condiciones extremas reveladas por un criterio pueden compensar parcialmente las indicaciones más débiles de otro.

Precisamente porque no es una fórmula infalible hay tanto debate en Estados Unidos sobre si realmente el país va camino a una recesión o si no llegará a ese punto.

Las máximas autoridades del país (encargadas de la política fiscal y monetaria) se han mostrado optimistas argumentando que el mercado del trabajo se mantiene fuerte.

Y en julio la inflación bajó levemente (de 9,1% a 8,5%), aportando una cuota de alivio frente a los pronósticos que consideraban como inevitable una recesión en el país.


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