"El bolsonarismo es el neofacismo adaptado al Brasil del siglo XXI", asegura historiador
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"El bolsonarismo es el neofacismo adaptado al Brasil del siglo XXI", asegura historiador

Para Manuel Loff, historiador y estudioso portugués de gobiernos autoritarios, el bolsonarismo suma “nostalgia de la dictadura” y demagogia anticorrupción.
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Por Ricardo Viel/Agência Pública | Traducción Diajanida Hernández
11 de agosto, 2019
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Manuel Loff tenía 9 años cuando capitanes y soldado portugueses, cansados de ser mandados a África para una guerra sanguinaria contra los movimientos de liberación de las colonias, derrocó al régimen de António de Oliveira Salazar, que ya tenía 41 años ―las dictadura más longeva de Europa.

Hoy, a los 54 años, Loff es uno de los historiadores más respetados en Portugal cuando el asunto son regímenes autoritarios. Profesor asociado de la Universidad de Porto e investigador de la Universidad Nueva de Lisboa, él acompaña con atención y preocupación el crecimiento de la extrema derecha en el mundo. No duda en clasificar al gobierno de Jair Bolsonaro como representante del neofascismo.

“El discurso que tiene sobre los movimientos sociales y políticos que se le oponen, sobre las mujeres, las minorías étnicas, la familia, la nación, Occidente configura un neofascismo adaptado al Brasil del siglo XXI”, resume.

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Usted estudia regímenes autoritarios hace más de 30 años. ¿Cuáles diferencias ve entre la extrema derecha del siglo pasado y la de ahora?

En primer lugar, es necesario decir que ya había extrema derecha antes del fascismo: desde el inicio del siglo XIX había una extrema derecha antiliberal y contrarrevolucionaria, pero era muy elitista.

La extrema derecha fascista, que es más moderna, nace a partir del fin de la Primera Guerra Mundial ―como nace la izquierda radical también. Después de 1945, hay un primer ciclo de la extrema derecha que, en gran parte de los países europeos, aunque presente, es ilegalizada. Por tanto, la extrema derecha de 1945 hasta 1968, más o menos, es de una generación que vivió la Segunda Guerra Mundial, vivió los regímenes fascistas italiano, alemán y los movimientos fascistas de toda Europa.

Después hay una segunda generación que es diferente de la anterior, que aprendió varias de las lecciones del pasado. Por ejemplo: abandonó el discurso abiertamente racista para pasar a un discurso culturalista. Desde la liberación de Auschwitz, en 1945, el racismo perdió un enorme espacio y, aunque esté presente, no puede ser asumido. Hoy, los racistas dicen que su incompatibilidad con las minorías es de naturaleza cultural.

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¿La extrema derecha viene creciendo en poder e importancia desde los años setenta en el mundo?

La derrota del neofascismo fue una gran derrota de la cultura política de la derecha y significó más de lo que en cualquier momento político en la historia, un viraje a la izquierda del punto de vista social, de la cultura política y del triunfo de los valores de la izquierda en torno de la democracia y de una versión de la democracia que exigía una cierta distribución de la riqueza y del bienestar social. Tanto que la mayoría de los Estados capitalistas del Occidente “rico”, que se llamaba a sí mismo desarrollado, adoptaron esas políticas de naturaleza social.

Lo que vemos hoy es un ataque a toda lógica redistributiva de las políticas sociales. La primera versión de una extrema derecha con éxito en Europa fue en Escandinavia: antes de atacar la inmigración, se enfocó contra el Estado de bienestar social, por el peso de los impuestos.

Su primer blanco fueron los más pobres, diciendo que se estaba creando una clase de perezosos que no quieren trabajar, para después pasar a decir, con más éxito, que los inmigrantes venían para “mamar de la teta” del Estado de bienestar social.

Obviamente, invirtiendo todo, pretendiendo ignorar que cualquier comunidad de inmigrantes, de no nacionales, en cualquier sociedad, es en promedio mucho más joven que la media de aquella sociedad y trabaja mucho más y gana mucho menos, por tanto contribuye incomparablemente más con la producción de riqueza y con la seguridad social.

¿Cuál es el momento actual de la extrema derecha mundial?

A partir de los años setenta y ochenta, sobre todo a partir de la consolidación de la tesis del choque de civilizaciones, la extrema derecha toma a Israel como vanguardia de Occidente en la lucha contra el islam y abandona el antisemitismo, que pasó a ser un componente claramente minoritario en su discurso.

El blanco para a ser la inmigración, sobre todo si ella es musulmana. Y eso permite juntar el Sur del mundo con una característica que, para la extrema derecha, desde el punto de vista identitario, es central, que es la religión. Porque la extrema derecha nunca abandonó una descripción del Occidente blanco y cristiano que colonizó el resto del mundo ―hoy, visto como un Occidente judaico-cristiano heredero de las dos religiones monoteístas del Libro Sagrado. Eso es particularmente visible en las Américas, particularmente en Estados Unidos y en Brasil, a través de las nuevas iglesias pentecostales y evangélicas que dieron un giro de 180 grados en la visión que tenían de los judíos.

Esa es, por tanto, una de las evoluciones de la extrema derecha. Ella tiende a abandonar la dimensión del discurso negacionista del Holocausto, sabe que lo tiene que hacer, y se concentra en un nuevo enemigo, el islam. Ese racismo culturalista permite crear una plataforma de convergencia de todas las sensibilidades reaccionarias que describen al inmigrante como “el otro” y atrae a mucha gente que no comparte, o no compartía, muchas de las otras banderas de la extrema derecha.

Y después se suma otro punto, que es muy visible en el caso latinoamericano ―y en ese sentido el bolsonarismo es la versión más completa y más depurada de la extrema derecha―, que es el discurso de la dictadura cultural marxista. A partir de la tesis de que hay una dictadura cultural marxista de izquierda, la extrema derecha, en una escala internacional, avanza con la explicación de que aquella se habría impuesto a través de la escuela pública. Lo que significa que la universidad y la escuela pública serían formadoras de izquierdistas.

En el fondo, con esa tesis, ellos atacan todas las ciencias sociales, todo cuanto dicen la sociología, la antropología y la historia. Y en Brasil se llevó eso mucho más lejos, políticamente, y con más eficacia, con el movimiento Escuela sin Partido, cuya tesis es que todas las ciencias sociales son comprometidas, militantes y, por tanto, ninguna de ellas es objetiva. Todas ellas pretenderían, desde hace décadas, minar los fundamentos de la naturaleza, de la comunidad, del orden social: la familia, la patria, la nación, etc.

Hay incluso otra cosa que es muy visible en el discurso de Bolsonaro, y también en el de Trump, que ya existía con Berlusconi, que es el papel de las mujeres en la sociedad. Ya ni digo del universo LGBT, pero particularmente las mujeres. Es la tesis de que todo feminismo es radical, es una invención de la dictadura cultural de la izquierda y lo que pretende es legitimar una “ofensiva contra Dios”, como diría el ministro de las relaciones exteriores de Bolsonaro. Y, según ellos, ¿cuál es la mejor forma de agredir a Dios y al orden social y a la familia? Transformando el papel de la mujer en las familias y creando nuevas formas de familia.

Y la extrema derecha brasileña llevó eso mucho más lejos, no creo que del punto de vista de la formulación teórica, sino con mucho más éxito que en otro país.

Usted defiende la tesis de que el mundo vive una “transición autoritaria” desde el 11 de septiembre de 2011. ¿Y Brasil, en qué punto estaría en ese camino hasta el fin de la democracia?

Brasil es uno de los casos más avanzados, porque la agenda política del gobierno actual incluye un programa abierto, explícito, de represión e intimidación de los adversarios, amenaza de ilegalización del mayor partido de la oposición, represión sobre los movimientos sociales y amenaza de detención de dirigentes políticos de oposición.

Las sociedades autoritarias no son simplemente aquellas en las que el Estado es autoritario, sino también en las que la sociedad es autoritaria. Lo que está por suceder es una intimidación sobre los adversarios que va a reducir la capacidad de maniobra de las oposiciones sociales y de la resistencia social —potencialmente es así, ahora falta ver los resultados de la realidad.

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¿Eso es propio de un Estado neofascista?

Eso es propio de un Estado en transición hacia el autoritarismo que puede o no reunir todas las características clásicas del fascismo. Pero eso es como la democracia. ¿Los Estados en los que vivimos son puramente democráticos? Yo tengo muchas dudas en relación con eso. Cuando hablamos de regímenes fascistas y regímenes democráticos, hablamos de procesos de construcción permanente de la democracia y también del fascismo. La transición autoritaria comienza cuando se degrada la democracia. Y termina cuando ya no hay democracia. Falta ahora establecer si ya no hay democracia en Brasil.

¿Usted considera que el gobierno de Bolsonaro tiene características suficientes para ser llamado fascista o neofascista?

El fascismo no se impone, como dije, de la noche a la mañana: el programa de gobierno de Bolsonaro es socialmente tan reaccionario y, en su tentativa de fundir los intereses de las derechas políticas y económicas de Brasil, tan ambicioso que deberá evaluar la necesidad de usar una violencia institucional, paralegal, que está fuera del alcance de cualquier gobierno democrático. Si no duda en usarla, la práctica será muy cercana del abordaje fascista. El discurso que tiene sobre los movimientos sociales y políticos que se le oponen, sobre las mujeres, las minorías étnicas, la familia, la nación, Occidente, configura un neofascismo adaptado al Brasil del siglo XXI.

Quien defiende que el gobierno de Bolsonaro no es fascista dice que es imposible que haya 50 millones de fascistas en Brasil. Pero yo pienso en la frase que usted escribió en un artículo recientemente: “el régimen fascista no se sustenta solo con fascistas”.

Nunca, en ningún momento de la historia él nació o se consolidó solo con fascistas. La indiferencia es tan central en la sustentación de un régimen como lo es el nivel de apoyo. Es totalmente ahistórico y asocial imaginar soluciones políticas, por más totalitarias que ellas sean, apoyadas por 100% o 99% de las personas. Ellas solo sobreviven si tuvieran una minoría muy escasa y sin apoyo, o sin suficiente apoyo, que se le resista y sobre la cual se pueda ejercer esa represión “económica”.

Y necesita tener un nivel suficiente de apoyo, que hasta puede ser muy reducido, desde que haya una gran mayoría de indiferentes o intimidados. Y en todas las soluciones autoritarias hay una economía de la violencia, no se ejerce violencia sobre todos. Cuando se exagera, cuando se pierde el control del ejercicio de la violencia, la reacción puede ser demasiado fuerte y puede provocar, por ejemplo, una guerra civil y la derrota del régimen opresor.

Volviendo a la cuestión del ataque a los movimientos feministas, ¿ese discurso machista, de retoma de poder, es una de las características de ese nuevo fascismo?

Hay una evidente falocracia y un neopatriarcalismo en todo esto. La extrema derecha raramente asume abiertamente la defensa de la desigualdad social y política entre hombres y mujeres: se limita a defender lo que era la familia tradicional. Muchos de los discursos que la extrema derecha tiene desde 1945 son discursos que transforma al perpetrador en una víctima.

Por ejemplo, los excombatientes de guerras ofensivas perpetradas por varios países occidentales en víctimas de la propia guerra; en Brasil, transformaron los militares que torturaron en víctimas de la guerrilla de izquierda, de la misma forma como en los Estados Unidos transformaron los combatientes de la Guerra de Vietnam en víctimas de los vietnamitas.

La misma cosa es hecha con los hombres hoy, como se hace con el patrón que es víctima de empleado que no trabaja y está poderosamente defendido por un sindicato, el patrón sometido por el Estado que le roba los impuestos. Se reinventa la organización de la sociedad y se invierte todo: el hombre, al final, es quien es víctima de las mujeres feministas, o el empleador es víctima del empleado… Y de esta forma recupera como víctimas de la contemporaneidad, de la democratización de las relaciones sociales, aquellos que eran/son los grupos dominantes.

Si en Europa la extrema derecha usa la “amenaza” de la inmigración para fomentar el discurso de miedo y ganar votos, en Brasil el demonio es el comunismo, aunque ellos aparentemente ni sepan muy bien lo que es y quien sea comunista.

Pero saben porque usan el comunismo. Es muy revelador en el bolsonarismo como recuperaron todo el lenguaje anticomunista de los años sesenta y setenta. Brasil tiene dos partidos comunistas, el viejo Partidão y el PCdoB, que son comparativamente menores en relación con otros países, y fueron aliados menores del PT en el poder. Será todo, menos razonable, decir que hay una “amenaza comunista” en Brasil —al contrario de lo que sucedió en Portugal, en donde estuvieron en el poder, en Francia y hasta en España, en donde en determinadas regiones gobernaban. E incluso así, ellos recuperaron directamente el viejo discurso anticomunista. Es también, una cuestión de memoria, y eso tiene un significado particular porque ellos saben que todavía funciona.

¿Y ese ataque a las universidades no es también una cosa nueva, verdad?

Todos los Estados autoritarios atacan a las universidades. Todas las fórmulas políticas, y sobre todo cuando se transforman en Estado, quieren tener sus instrumentos de formación y de encuadramiento —y las escuelas y universidades son algunos de ellos— y quieren tener, al mismo tiempo, un grupo de intelectuales orgánicos que consigan formular, con un discurso relativamente erudito y otro, más abierto, volcado a las masas, aquello que es su ideología.

Antes de que las extremas derechas del siglo XX atacaran la educación pública, ya la Iglesia había atacado la educación pública en el siglo anterior. Las derechas describieron el Estado de la formas como las iglesias siempre lo hicieron, acusándolo de querer adoctrinar a los niños y robarlos a las familias —después de que las iglesias habrían querido enseñar a los niños todo sobre la familia, sobre identidad de género, sobre sexualidad, orden y obediencia. Esa disputa de hegemonía a través de la educación entre los Estados liberales, y después democráticos, y las iglesias hoy es reproducida por la extrema derecha que acusa a todas la ciencias sociales, todas las humanidades de tener una versión abiertamente ideológica.

El discurso del gobierno actual en Brasil es que la formación debe seguir una lógica utilitaria y que cursos como filosofía y sociología no traen dividendos para la sociedad.

En Portugal, hasta el final de la dictadura salazarista, no había sociología, antropología o psicología en la universidad. En todos esos casos solo había cursos en las escuelas de formación de funcionarios coloniales. Una visión utilitarista. Más allá, las primeras ciencias sociales del siglo XIX nacen para ayudar a la dominación, para el conocimiento de los pueblos colonizados. Sucedió también en Brasil, era para conocer a los indígenas.

De repente, cuando la ciencia pasó a ser un instrumento de emancipación, lo detentores del orden pasaron a no gustar de ella y a entender que ella es pecaminosa, blasfema o, en su versión en el siglo XX/XXI, militante. Desde Galileo fue así. O sea, todo lo que yo investigo, interpreto o concluyo con una metodología científica de la interpretación de la realidad es simplemente un discurso que sustenta una ideología.

La vieja batalla de la fe versus la ciencia

Para esta extrema derecha religiosa, lo que cuenta es el texto sagrado, es una descripción de la naturaleza hecha a partir de lo sagrado, y que es inmutable. Ese debate tiene miles de años. Y, por tanto, este ataque no es ninguna novedad, y digamos también que no es exclusivo de la extrema derecha.

Pero es muy grave lo que está pasando ahora: el neoliberalismo comenzó a revertir una política de inversión en la educación que venía desde los años 40, en varios países occidentales, y entra en el discurso de que la universidad tiene que ligarse al mundo del trabajo —que es el mundo de la empresa, la verdad—, de que la universidad —y la escuela en general— debe mostrar su carácter práctico, y que por tanto es un desperdicio de bienes públicos formar a esa gente. Y peor incluso si son un “bando de rojos”.

¿El bolsonarismo es una fórmula que puede extenderse por América Latina?

Creo que tiene algunas características que le permitirían claramente expandirse. El bolsonarismo es, sobre todo, una sumatoria de nostalgia de la dictadura militar, con demagogia anticorrupción y un discurso político centrado en la cuestión moral. En la cuestión puramente moral, dos de los líderes de las derechas clásicas que subieron al poder con el apoyo de la extrema derecha, Silvio Berlusconi y Donald Trump, son hombres que no pueden reclamar probidad alguna en su vida profesional tributaria y familiar. Eso no impide que, en ambos casos, puedan hacer discursos profundamente reaccionarios sobre la familia.

Berlusconi decía un discurso sobre la familia después de públicamente meter mano a las mujeres. Trump es la misma cosa. Por tanto, el bolsonarismo es simplemente la sumatoria de esa nostalgia de la dictadura, discurso sobre la corrupción —por tanto demagogia moralista—, a lo que se suma después una conexión con el mundo evangélico. Y si esas tres condiciones existieran en otras sociedades latinoamericanas, el bolsonarismo podría expandirse, conseguiría replicarse. Y creo que hay características muy semejantes en la derecha venezolana, mexicana, argentina y chilena, para que eso suceda.

 

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Ivermectina: cómo la ciencia falsa inventó un fármaco "milagroso" contra COVID

Varios países promueven el uso de ivermectina contra la covid y miles en el mundo han tomado el fármaco. Pero ¿qué tan sólida es la evidencia de su efectividad?
8 de octubre, 2021
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La ivermectina ha sido llamada un medicamento “milagroso” contra la covid, promovido por los opositores a las vacunas y recomendado por las autoridades sanitarias en algunos países. Sin embargo, la BBC revela varios errores graves en una serie de estudios claves en los que se basan los promotores del polémico fármaco.

Durante años, la ivermectina ha sido un medicamento antiparasítico vital usado en el tratamiento de humanos y animales.

Pero durante la pandemia se ha escuchado el clamor de algunos para que este fármaco se utilice para otra cosa: en la lucha contra covid-19 y evitar muertes.

Las autoridades sanitarias en Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea han determinado que la evidencia es insuficiente para el uso del fármaco contra la covid, pero miles de promotores, muchos de ellos activistas antivacunas, siguen efectuando una vigorosa campaña a favor de su uso.

Un paciente de covid recibe asistencia médica a la entrada de un hospital en Perú

Getty Images
Ivermectina fue aprobada como un tratamiento contra la covid en Perú, en mayo de 2020, pero después las autoridades dejaron de recomendarla.

Grupos en las redes sociales intercambian consejos sobre cómo conseguir el medicamento, hasta proponiendo el uso de las versiones producidas para animales.

Errores y fraude

El bombo publicitario en torno a la ivermectina -basado en la firme creencia de los estudios- ha llevado a que un gran número de personas en todo el mundo tomen el fármaco.

Sus abanderados apuntan a una serie de investigaciones científicas y suelen afirmar que esta evidencia está siendo ignorada y encubierta. Pero un grupo de análisis compuesto de científicos independientes han puesto en serias dudas los resultados de esos estudios.

La BBC puede revelar que más de un tercio de las 26 principales pruebas experimentales del fármaco en el uso contra la covid tienen graves errores o señales de potencial fraude. Del resto, ninguna muestra evidencia convincente de la efectividad de la ivermectina.

El doctor Kyle Sheldrick, de uno de los grupos que investiga los resultados, dijo que no habían encontrado “una sola prueba clínica” que afirmara demostrar que la ivermectina prevenía las muertes ocasionadas por covid que no contuviera “o señales obvias de invención o errores tan críticos que invalidaban el estudio”.

Los principales problemas incluyeron:

  • Los mismos datos de pacientes usados múltiples veces en supuestas personas diferentes
  • Evidencia que la selección de pacientes para los grupos de ensayo no fue aleatoria
  • Poca probabilidad que las cifras se dieran de manera natural
  • Los porcentajes calculados erróneamente
  • Las autoridades sanitarias locales no estaban al tanto de los estudios

Cada uno de los científicos del grupo -los doctores Gideon Meyerowitz-Katz, James Heathers, Nick Brown y Sheldrick- tienen una trayectoria de sacar a la luz la ciencia dudosa. Han estado trabajando juntos remotamente en capacidad informal y voluntaria durante la pandemia.

Formaron el grupo para ahondar en los estudios de ivermectina, después de que el estudiante en biomedicina Jack Lawrence detectara problemas con un estudio influyente de Egipto. Entre otros problemas, contaba con pacientes que resultaron haber muerto antes de que los ensayos empezaran. Ahora, la revista especializada que publicó el estudio lo ha retractado.

El grupo de científicos independientes examinó virtualmente cada prueba controlada aleatorizada (RCT, por sus siglas en inglés) de ivermectina y covid -en teoría la evidencia de mayor calidad- incluyendo los estudios clave frecuentemente citados por los promotores del fármaco.

RCT implica escoger personas al azar para que reciban el fármaco que está siendo ensayado o un placebo -un medicamento inerte sin propiedades activas.

Manifestación en Sudáfrica a favor de la ivermectina contra la covid, 2021

Getty Images
En Sudáfrica salieron a las calles para exigir que las autoridades permitieran el uso de la ivermectina.

¿Falsificados?

El equipo también examinó en particular seis influyentes ensayos de observacionales. Este tipo de ensayo analiza lo que le sucede a la gente que de cualquier forma toma el fármaco, así que puede estar sesgado por el tipo de persona que opta por ese tratamiento.

De un total de 26 estudios examinados, hubo evidencia en cinco que los datos pudieron haber sido falsificados, por ejemplo, contenían números o filas virtualmente imposibles de pacientes idénticos que habían sido copiados y pegados.

En otros cinco más hubo importantes señales de alarma: por ejemplo, las sumas no daban, los porcentajes habían sido calculados erróneamente o las autoridades sanitarias locales no estaban al tanto de los estudios.

Además de estos estudios defectuosos, 14 de los autores de los estudios no entregaron sus datos. Los científicos independientes alertaron que esto como un posible indicador de fraude.

La muestra de los documentos de investigaciones examinada por el grupo independiente también contiene unos estudios de alta calidad de diferentes partes del mundo.

Pero los problemas principales se encontraron en los estudios que hacían la afirmaciones más grandes sobre la ivermectina -de hecho, entre más grande la afirmación en términos de vidas salvadas o infecciones prevenidas, más grande resulta la preocupación de que pueda ser falsa o inválida, según descubrieron los investigadores.

Aunque es extremadamente difícil descartar el error humano en estos ensayos, el doctor Sheldrick, un médico e investigador de la Universidad de New South Wales en Sídney, Australia, cree que es muy probable que por lo menos algunos de estos hayan sido manipulados adrede.

En un reciente estudio de Líbano se encontró que tenía trozos enteros con los detalles de 11 pacientes que habían sido copiados y pegados repetidamente, lo que sugiere que muchos de los supuestos pacientes de ese ensayo nunca existieron.

Los autores del estudio divulgaron a la BBC que el “conjunto original de datos fue manipulado, saboteado o incluido incorrectamente en el archivo final” y que han solicitado formalmente una retracción a la revista científica que lo publicó.

Un paciente de covid trasladado en silla de ruedas en Perú

Getty Images

Probabilidades bajas

Otro estudio de Irán aparentó demostrar que la ivermectina impedía las muertes por covid.

Pero los científicos que lo investigaron encontraron problemas. Los registros de la cantidad de hierro en la sangre de los pacientes contenían números en una secuencia que tiene muy pocas probabilidades de surgir naturalmente.

Y los pacientes a los que se les suministró el placebo resultaron tener niveles de oxígeno en su sangre mucho más bajos antes del inicio del ensayo que a los que se les suministró ivermectina. Así que ya estaban más enfermos y estadísticamente más propensos a morir.

Pero este patrón se repitió a través de una gama de medidas diferentes. La gente con “malas” medidas terminaba en el grupo de placebo, mientras que la de “buenas” medidas terminaba en el grupo de ivermectina.

La probabilidad de que esto ocurra de manera aleatoria con todas estas medidas diferentes es diminuta, expresó el doctor Sheldrick.

El doctor Morteza Niaee, que lideró el estudio de Irán, defendió los resultados y la metodología y discrepó con los problemas que le señalaron, añadiendo que era “muy normal observar esa aleatoriedad” cuando tantos factores diferentes eran considerados y que no todos tenían relevancia con (el riesgo de contraer covid) de los participantes”.

Pero los ensayos de Líbano e Irán fueron excluidos de un artículo para Cochrane -los expertos internacionales en el análisis de la evidencia científica- porque fueron “estudios muy pobremente reportados”. El análisis concluyó que no había evidencia de beneficio de la ivermectina cuando se trata de covid.

El estudio más extenso y de mayor calidad sobre ivermectina que ha sido publicado hasta ahora es el ensayo Together de la Universidad McMasters, en Canadá. Este no encontró beneficio alguno del fármaco en términos de covid.

Un sito web con la imagen de un frasco de ivermectina diciendo: "Toma la mejor defensa contra covid-19"

BBC
Este sitio web -ahora desaparecido- ofrecía ivermectina a la venta online.

Seguro pero…

En general, la ivermectina se considera un fármaco seguro, aunque se han reportado algunos efectos secundarios.

Las llamadas de emergencia sobre supuesto envenenamiento por ivermectina en EE.UU. han aumentado mucho de una muy pequeña muestra (de 435 a 1.143 este año) y la mayoría de los casos no fueron serios. Los pacientes han sufrido vómito, diarrea, alucinaciones, confusión, somnolencia y temblores.

Pero el daño indirecto puede resultar de dar la a la personas un sentido falso de seguridad, especialmente si optan por la ivermectina contra la covid en lugar de buscar tratamiento en un hospital o vacunarse.

La doctora Patricia García, una experta en salud pública en Perú, dijo que en un momento dado estimó que 14 de cada 15 pacientes que examinó en el hospital habían tomado ivermectina y que para cuando llegaron estaban “muy, muy enfermos”.

Grandes grupos en Facebook que abogan por ivermectina se han convertido en foros para las personas que buscan consejos de dónde comprar el fármaco, incluyendo las fórmulas destinadas para animales.

Algunos grupos frecuentemente contienen posts sobre teorías de la conspiración que alegan encubrimiento sobre la ivermectina, así como publicaciones que fomentan opiniones antivacuna o exhortaciones para que lo pacientes abandonen el hospital si no están recibiendo el fármaco.

Esos grupos suelen ser el conducto hacia comunidades más marginales en la aplicación codificada Telegram.

Un post de Facebook que se queja de un hospital que no trata a un paciente grave de covid con ivermectina, aunque lo esté solicitando

BBC

Estos canales han coordinado el acoso de doctores que no formulan ivermectina y los científicos también han sido víctimas de abuso.

El profesor Andrew Hill, de la Universidad de Liverpool, escribió un influyente artículo analizando positivamente la ivermectina, originalmente declarando que el mundo debería “prepararse, acumular suministros, estar listo a aprobar (el fármaco)”.

Ahora concluye que los estudios no se sostienen frente al escrutinio, pero después de que cambió de opinión, basado en la nueva emergente evidencia, fue objeto de abusos violentos.

Influencia exagerada

Un pequeño número de doctores calificados han tenido una influencia exagerada en el debate sobre la ivermectina. La opinión del doctor Pierre Kory, un notable partidario del fármaco, no ha cambiado a pesar de las graves dudas sobre los ensayos. Criticó las “interpretaciones superficiales de los datos emergentes de los ensayos”.

La doctora Tess Lawrie -médica especializada en embarazo y parto- fundó el Grupo de Desarrollo Británico para la Recomendación de Ivermectina (Bird, por sus siglas en inglés).

Ella ha llamado a una pausa en el programa de vacunación de covid-19 y emitido afirmaciones infundadas que implican que la vacuna de covid ha resultado en un gran número de muertes basada en una lectura comúnmente equivocada de los datos de seguridad.

Una mujer en una protesta antivacuna con un cartel que lee "Libertad médica para todos"

Getty Images

Cuando se le preguntó durante un debate online qué evidencia la persuadiría de que la ivermectina no funciona dijo: “Ivermectina funciona. No hay nada que me pueda persuadir”. Le dijo a la BBC: “Los únicos problemas con la evidencia de base son los implacables esfuerzos para deslegitimizarla”.

Alrededor del mundo, originalmente no fue la oposición a la vacunas sino la escasez de éstas lo que llevó a la gente a la ivermectina.

En varias instancias, el fármaco ha sido aprobado, recomendado o formulado contra covid en India, Sudáfrica, Perú y mucho del resto de América Latina, como también en Eslovaquia.

Las autoridades sanitarias en Perú e India dejaron de recomendar la ivermectina en sus guías de tratamiento.

En febrero, Merck -una de las farmacéuticas que produce el medicamento- dijo que “no hay una base científica para el potencial efecto terapéutico contra covid-19”.

El Sudáfrica, el fármaco se ha convertido en campo de batalla. Los médicos señalan la falta de evidencia pero muchos pacientes buscan acceso mientras que la distribución de la vacuna ha sido desigual y problemática. Una médico general en ese país describió a una pariente, una enfermera titulada, que no se registró para una vacuna de coronavirus cuando era elegible y luego se infectó del virus.

“Cuando comenzó a empeorar, en lugar de buscar una evaluación y tratamiento apropiados, se formuló a sí misma ivermectina”, dijo.

“En lugar de consultar con un doctor, continuó con la ivermectina y obtuvo oxígeno en casa. Para cuando supe lo bajos que tenía sus niveles de saturación de oxígeno (66%), le rogué a su hija que la llevara a emergencias”.

“Al principio estaba renuente, pero las convencí de que fueran. Murió una horas después“.

Shruti Menon contribuyó a este reportaje


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