'Nada impide a una madre seguir buscando': Colectivo Solecito mantendrá así su labor
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Cuartoscuro

'Nada impide a una madre seguir buscando': Colectivo Solecito mantendrá así su labor

Integrantes del Colectivo seguirán con la búsqueda de por los menos 300 víctimas en 30 posibles fosas, en diferentes zonas de Veracruz.
Cuartoscuro
Por Rodrigo Soberanes
12 de agosto, 2019
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Tras cerrar el proceso de tres años en el que localizaron los restos de al menos 298 víctimas en el predio Colinas de Santa Fe, integrantes del Colectivo Solecito Veracruzano dijeron que seguirán con la búsqueda de por los menos 300 víctimas en 30 posibles fosas, en diferentes zonas de Veracruz.

Dicen tener “todas las herramientas necesarias” e información sólida, para seguir con la búsqueda de sus familiares desaparecidos, incluso supliendo las obligaciones del Estado, como señaló la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

“Nada impide a una madre seguir buscando. Si nos ponen 20 mil piedras las vamos a quitar del camino, nada nos va a detener. Se cierra una puerta, se abre otra. A una madre nadie la detiene”, dijo Rosalía Castro Toss, integrante de esa organización y madre de un joven desaparecido en el municipio de Huatusco, Veracruz.

Lee más: Cierran Colinas de Santa Fe, la fosa más grande de México hallada por madres de desaparecidos

El primer visitador de la CNDH, Ismael Eslava Pérez, quien ha acompañado la búsqueda y estuvo presente durante el cierre de Colinas de Santa Fe el jueves pasado, dijo a Animal Político que esta institución ha corroborado cómo los colectivos de búsqueda de personas, como Solecito Veracruzano, ”han hecho el trabajo que corresponde a las instancias de gobierno”.

“Hay un problema estructural en materia de procuración de justicia. Corresponde la búsqueda, localización y sanción a las autoridades, (pero) este trabajo ha sido sustituido por el trabajo de los colectivos de familiares de personas desaparecidas”.

Es así como Solecito Veracruzano logró reconocer los restos de 22 personas que ya fueron entregados a sus familiares, y que “ya tienen un lugar digno, ya no están en la incertidumbre. Eso nos impulsa a buscar más confrontas y positivos”, dijo Rosalía Castro, quien sigue intentando localizar a su hijo.

Algunas familias no tienen indicios y otras, como la de Rosalía Castro, tienen información creíble de posibles lugares donde podría hallar los restos de su hijo. En su caso, la información llegó como en muchas ocasiones: una llamada anónima de alguien relacionado con la delincuencia organizada, que decidió hacer una revelación, “una llamada de aquellos, de los malos”.

Contó que cuando pasa eso, lo que hacen es conseguir un permiso del Ministerio Público y después lo presentan al dueño del predio, donde quieren hace la excavación. Ella ya tiene dos búsquedas programadas para septiembre próximo. Están en un predio conocido como Kilómetro 13.5, que está muy cerca de Colinas de Santa Fe.

Los dos lugares están en las inmediaciones de la autopista Xalapa-Veracruz, en el inicio de la zona urbana de Puerto de Veracruz, la ciudad más poblada de ese estado. Rosalía Castro va a buscar a su hijo en una zona donde la Administración Portuaria Integral de Veracruz (Apiver) está realizando la ampliación de la zona portuaria.

El primer visitador de la CNDH recordó que, el 8 de agosto de 2016, Solecito Veracruzano logró entrar a Colinas de Santa Fe después de un proceso burocrático en el que no consiguieron que el Estado cumpliera con su obligación de “comunicación, vinculación y coadyuvancia” prevista en la Ley general en material de desaparición de personas, y en la ley general de víctimas.

“La fecha del 8 de agosto de 2016, cuando se inician los trabajos de Santa Fe, es un momento que debemos recordar solemnemente… para solidarizarnos para quienes han sido víctimas de esta práctica ignominiosa contraria a la dignidad humana, que implica la negación absoluta de todos los derechos humanos”, dijo Ismael Eslava.

La División Científica de la Policía Federal fue la única dependencia que acompañó el proceso de Colinas de Santa Fe, con lo cual, los años que les quedan por delante piensan enfrentarlos con el “empoderamiento” que han logrado hasta ahora. Es decir, harán los trámites que tengan que hacer con los dueños de los predios, buscarán los permisos necesarios en los ministerios públicos e irán a buscar ellas mismas.

Durante los tres años de búsqueda en Colinas de Santa Fe el colectivo Solecito Veracruzano se gastó más de un millón y medio de pesos. Obtuvieron ese dinero haciendo rifas, vendiendo ropa y otras actividades, contó Rosalía Castro, dentista de profesión que ahora tiene un bazar en donde antes era la sala de espera de su consultorio.

“Nuestro colectivo es autosuficiente. Yo tengo un bazar de ropa usada con ropa de muchos países que me la mandan. Tiendas departamentales me mandan ropa con etiqueta. Con lo de mi hijo (su desaparición) cerré el consultorio y ahora la sala de espera es un bazar”, contó Rosalía Castro.

Ella finalizó la entrevista señalando que Solecito Veracruzano tiene por delante una búsqueda de “magnitud inmensa”. 

Por su lado, el primer visitador de la CNDH hizo énfasis en que la experiencia de Colinas de Santa Fe dejó al descubierto las carencias del Estado Mexicano para realizar el trabajo de reconocimiento de cuerpos.

“Uno de los problemas fundamentales que tenemos en desaparición y fosas clandestinas es el hecho de que una vez que se encuentran restos óseos hay un problema serio en materia de identificación forense, es decir, que encontramos restos óseos pero hoy no hay los avances suficientes en materia de identificación forense. Es uno de los problemas estructurales más grandes”.

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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