Así es la vida en las comunidades del Río Sonora, a 5 años del derrame tóxico de Grupo México
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Así es la vida en las comunidades del Río Sonora, a 5 años del derrame tóxico de Grupo México

En la zona, los pobladores cuentan que cambió su forma de beber, de comer, y de ganar dinero. También se alteraron sus tradiciones, su salud y el entorno.
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6 de agosto, 2019
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En las comunidades ubicadas a la orilla de los ríos Bacanuchi y Sonora se acostumbraba beber agua directo del grifo. “Yo llegaba a la casa y me pegaba a la llave, era agua potable, de los pozos, sabía buena, fresca. Acá ni conocíamos los garrafones”, dice Óscar Encinas, habitante del municipio de Ures. 

Ahora los conocen. Cada familia debe comprar unos 10 por semana. Un garrafón cuesta entre 12 y 20 pesos, dependiendo del área donde se adquiera. “Nos gastamos unos 960 pesos a la quincena, mínimo. Pero es que no solo usamos esa agua para tomar, también para cocinar. Mi esposa ya no cuece ni los frijoles con la de la llave, nos da desconfianza”.

Lee más: La Profepa multa con 22 mdp a minera que contaminó con ácido los ríos Sonora y Bacanuchi

Los pobladores de la zona han hecho ese gasto en garrafones desde hace cinco años. Desde el 6 de agosto de 2014, cuando se derramaron, de una pileta donde la mina Buenavista del Cobre de Grupo México almacenaba desechos tóxicos, 40 millones de litros solución de sulfato de cobre acidulado al Río Bacanuchi, que desemboca en el Sonora. 

Ese volumen de tóxicos equivale al de 12 albercas olímpicas llenas. El derrame se catalogó como el peor desastre ambiental en la historia de la industria minera en México.

Los afectados directos, reconocidos tanto por Grupo México como por el gobierno, fueron más de 22 mil personas de siete municipios: Arizpe, Banámichi, Huépac, Aconchi, San Felipe, Baviácora y Ures. Pero podrían ser más, hasta un millón de personas, si es que la contaminación alcanzó la Presa El Molinito, que a su vez se conecta con la Presa Abelardo L. Rodríguez, principal fuente de agua de Hermosillo, la capital del estado de Sonora.

Después del derrame, el principal reclamo de quienes viven en los municipios afectados ha sido la falta de agua potable. “Se suponía que como parte de la remediación de los daños, Grupo México iba a poner 36 plantas potabilizadoras de agua, una en cada pueblo afectado. Pusieron unas cuantas y no funcionan”, dice Elba Nidia Hurtado, habitante del Sauz, también en Ures, Sonora. 

Ella confirma la incertidumbre que viven en la región por el agua. “No da confianza usarla ni para bañarse. Hay familias que compran garrafones para asear a los niños chiquitos. Yo no puedo estar comprándola para mi aseo personal. Solo los compro para beber y cocinar. Pero ya tiene como un año que siento comezón en la piel. Me pongo crema o alcohol si es muy fuerte. Se me pasa por unos días y después regresa”. 

Elba cuenta que ha ido al médico, pero le dicen que sólo es una alergia. “También se suponía que Grupo México iba a montar un hospital para atendernos, la Unidad de Vigilancia Epidemiológica y Ambiental de Sonora en la población de Ures, pero no lo acabaron, se quedó en obra negra, solo hay un pequeño módulo de atención”. 

Así que Elba ha ido al ISSSTE, del que es derechohabiente, pero le dicen que necesita un examen especial para ver si tiene metales pesados en la sangre, “y el hospital ese donde según los iban a hacer no funciona”. 

Fernanda Hopenhaym, codirectora ejecutiva de PODER, organización de la sociedad civil que le da acompañamiento legal a afectados por el derrame de Grupo México, afirma que a los pobladores no se les han hecho estudios para ver si hay tóxicos en su sangre. 

“Por lo que hemos estado documentado y por lo que hemos visto durante el acompañamiento a las comunidades, sabemos que hay más casos de cáncer en la zona y también hay incidencia de padecimientos en los riñones, pero no se puede confirmar o descartar que sea por el derrame porque justo no se han hecho los estudios necesarios a la población”, denuncia Hopenhaym.

Los pobladores dicen que sí han visto un mayor número de padecimientos graves entre sus vecinos. “No sabría decir cuántos casos, pero ha habido varios de cáncer de colon, por ejemplo. Y se los acaba rápido, después del diagnóstico duran unos 15 o 20 días y se van”, dice Óscar. 

No existen datos fidedignos –afirma Hopenhaym– sobre el número real de personas afectadas en su salud y el tipo de afectaciones. No se han llevado a cabo estudios completos y tampoco se han dado a conocer los resultados de los estudios toxicológicos parciales realizados por laboratorios pagados por la empresa

El tercer nivel de afectación, además del derecho humano al agua y la salud, ha sido a la gastronomía, las tradiciones y la economía de la región. 

Ya nada es lo mismo 

La mamá de Francisca García Enríquez hacía quesos. Su papá sembraba maíz, quelite, pepinos, chile verde. Tenía un poco de ganado y vendían becerros, una vez al año. Era la entrada extra que esperaban para darse unos lujos: arregla la casa, comprarse ropa. 

Después del derrame de sulfato de cobre en los ríos Bacanuchi y Sonora, la mamá ya no hizo quesos. El número del ganado de la familia mermó. Era difícil venderlo. No tenía caso invertir en tener los becerros, que antes se vendían por kilo a 120 y después a la mitad, apenas a 60 pesos. 

“Había un señor que nos los compraba para exportar, pero a él ya no se los querían comprar si sabían que venían de esta zona. Tener ganado ya no fue negocio acá”, dice Francisca, Panchita, como le dicen, habitante del municipio de Aconchi. 

Con la agricultura es igual. Los pobladores dicen que la tierra ya no produce lo mismo. Los rendimientos de las cosechas han bajado 50 o 60%. Muchos cultivos ya no se dan. El año del derrame, en 2014, el papá de Panchita perdió toda su cosecha de maíz. Al año siguiente también. Volvió a sembrar maíz hasta el año pasado, tampoco se dio. “Ahora lo intentó de nuevo. Veremos, en octubre o noviembre si sale. Parece necedad, pero es que cómo no va a sembrar, si esa era su vida”. 

Panchita dice que su familia ha perdido hasta el 60% de sus ingresos a causa del derrame. Hay otras cosas ligadas a la economía que también se perdieron. “Nos quitaron nuestra soberanía alimentaria porque de lo que sembrábamos aquí en Aconchi de ahí comíamos, consumíamos mucho quelite, verdolagas. Además teníamos nuestra forma de comercio, intercambiamos lo que se sembrábamos con los de Arizpe o con los de Ures”. 

Wenceslao Miramón Rivera, habitante de Bacanuchi, dice que parece que quedaron en un territorio maldito. Después del derrame, la gente no quiere ganado de la región, ni alimentos. “Antes vendíamos elotes o duraznos en las tiendas de Cananea. Ahora si decimos que los productos vienen del Río Sonora, no compran”. 

El miedo por la contaminación es tal, que no solo hay problema para vender el ganado y los productos del campo. Los foráneos no quieren llegar a la zona tampoco. Ni siquiera los médicos. “El centro de salud de Bacanuchi está vacío. Hace tres años que no tenemos doctor. Antes venían pasantes de medicina ahora ya no quieren estar aquí”, dice Wenceslao. 

Nada han remediado 

De acuerdo con diversas solicitudes de acceso a la información, PODER verificó que Buenavista del Cobre, la mina de Grupo México dueña de la pileta que causó el desastre, no contaba con las autorizaciones de Semarnat para el manejo de residuos peligrosos al momento del derrame.

Pese a eso, Semarnat sólo obligó a Buenavista del Cobre a remediar el sitio correspondiente a la zona 1 (los primeros 30 km desde el lugar donde se produjo el derrame) y en las cuatro restantes resolvió que se hicieran únicamente tareas de “monitoreo y control”.

Para canalizar los recursos necesarios con el fin de resarcir los daños, la empresa y el Gobierno crearon el Fideicomiso Río Sonora, un mecanismo voluntario y privado. Grupo México comprometió 2 mil millones de pesos para la remediación. 

“Pero solo puso poco más de 1,200 millones de pesos”, dice Hopenhaym. El Fideicomiso, de acuerdo a lo documentado por PODER, solo gastó 61% de los recursos prometidos y no realizó un proceso efectivo de remediación.

Al inicio, Grupo México dijo que pondría 36 plantas potabilizadoras; pero la cantidad se redujo a 28 en 2016. En 2017 anunció que se construirían nueve de ellas. A cinco años del derrame, las únicas que funcionan son la de Bacanuchi, en el municipio de Arizpe y eso de manera intermitente, la de La Capilla (Baviácora) y de San Rafael (Ures).

“En ninguno de los casos se les ha dado garantías a los habitantes sobre la separación de metales en el agua, por lo que se puede afirmar que no existe seguridad hídrica en la región”, asegura Hopenhaym.

Lo que sí instaló el fideicomiso fueron 10,188 tinacos en los municipios afectados, pero están vacíos. Se supone que almacenarían el  agua limpia que llegaría de las plantas potabilizadoras prometidas. “Están ahí sin uso, como testigos de la impunidad en el río Sonora”, dice Óscar Encinas, el habitante de Ures. 

Tampoco se terminó de construir el Hospital de Vigilancia Epidemiológica y Ambiental de Sonora (UVEAS), que la empresa comprometió en el fideicomiso. “Solo funciona un módulo de la clínica, que pusieron en una casa rentada, para dar atención a más de 300 afectados de primer orden, pero ni para ellos ha sido buena la atención y ahora ya lo van a cerrar”, afirma Elba Nidia Hurtado, de Ures. 

“La Semarnat cerró el fideicomiso–dice Hopenhaym– de forma unilateral, sin que los pobladores tuvieran opinión, en marzo de 2017, supuestamente porque ya había cumplido su función. Nunca se supo ni siquiera qué pasó con él dinero. Al ser un fideicomiso privado no ha tenido escrutinio de la Auditoría Superior de la Federación ni de la Secretaría de la Función Pública”. 

Es por eso que los pobladores, con el acompañamiento de PODER, han interpuesto cinco amparos, tres de ellos referentes al fideicomiso y su funcionamiento. Sobre uno de ellos deberá pronunciarse la Corte este miércoles 7 de agosto. 

Este lunes 5 de agosto, a cinco años del derrame, pobladores de la orilla del río Sonora hicieron una manifestación en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), con la demanda de que se revisen esos amparos.

“La petición es que se revise el fideicomiso, su funcionamiento y en qué se gastó el dinero. Queremos que la empresa cumpla, porque a cinco años no ha habido remediación ni justicia para nosotros”, dice Wenceslao. 

Animal Político solicitó la postura tanto de Grupo México, como de Semarnat, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta. 

Lo que los pobladores esperan, ahora que hay nuevas autoridades en la dependencia y en el gobierno federal, es que se revise el caso y se obligue a Grupo México a resarcir los daños. “Aunque hay muchos que no pueden ya repararse. ¿Con qué se remedia todo el daño que hemos tenido? Con nada. Pero al menos deberían intentarlo”, dice Panchita.

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3 claves sobre el 'preocupante repunte de contagios' de coronavirus en EU

Sin haber superado aún la primera ola de contagios, Estados Unidos hace frente a un aumento de los casos de coronavirus. ¿A qué se debe?
28 de junio, 2020
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Jóvenes con mascarilla en Nueva York

Alexi Rosenfeld/Getty Images
Estados Unidos está viviendo un repunte del número de casos de coronavirus.

¿Un nuevo cierre?

Cuando las esperanzas de millones de ciudadanos están puestas en la reapertura de la economía en Estados Unidos, afectada por la pandemia del coronavirus, en muchas partes del país lo que se está planteando es un nuevo cierre.

Casi cinco meses después de que el gobierno del presidente Donald Trump empezara a tomar medidas contra la pandemia, Estados Unidos está viviendo un repunte del número de casos de coronavirus.

El país registró este viernes un récord diario de contagios con 45,330.

Desde abril no se veían números similares de nuevas infecciones en el país.

“Esto es algo por lo que realmente estoy preocupado”, había advertido ya el martes sobre esta tendencia el doctor Anthony Fauci, jefe de Epidemiología del Instituto Nacional de Salud de EE.UU., en una comparecencia ante el Congreso.

“Bajamos de 30,000 (nuevos casos al día) a 25,000 a 20,000 y, entonces, nos quedamos allí, pero ahora estamos subiendo. Eso es muy preocupante para mí”, agregó.

Anthony Faucci.

Getty Images
El doctor Anthony Faucci considera “preocupante” el aumento de contagios confirmados.

La situación está generando gran presión en varios estados, al punto de llevarlos a suspender los planes de reactivación de la economía.

La pandemia ha evolucionado y los focos de preocupación se han trasladado a otros estados después de que Washington, California y Nueva York centraran la atención en abril y mayo.

Luego de que Texas registró este jueves un récord de 5,996 casos nuevos, el gobernador Greg Abbott anunció que se mantendrían en pausa los planes para pasar a las etapas siguientes de la reapertura de actividades.

Este viernes, Abbot fue un paso más allá y ordenó el cierre de todos los bares.

En Arizona, otro de los estados más golpeados ahora, el gobernador Doug Ducey, tras haberle dado “luz verde” a los negocios, señaló el jueves que ahora la luz es “amarilla”, y agregó que los ciudadanos se encuentran “más seguros en casa”.

Mientras hay 30 estados que están registrando un claro aumento de casos, hay una decena de estados en los que la situación no parece haber variado mucho en las últimas dos semanas y otra decena en la que el número de casos sigue descendiendo.

Cuadros sobre evolución del número de casos y de muertes por covid-19 en EE.UU.

BBC

BBC Mundo te explica tres claves sobre el estado actual de la epidemia de coronavirus en Estados Unidos.

1. ¿Más casos porque hay más exámenes de diagnóstico?

Aunque el aumento del número de casos confirmados es un hecho claro, lo que no siempre está claro es qué significa.

El presidente Trump, por ejemplo, ha sugerido que el incremento de casos obedece a que ha crecido sustancialmente la cantidad de exámenes de diagnóstico de la enfermedad.

En general, los especialistas suelen coincidir en que es normal que un aumento de estas pruebas muestre un mayor número de casos, pero señalan que también hay otros factores.

Jóvenes sin mascarillas en una playa en Estados Unidos.

Getty Images
Los jóvenes representan un alto porcentaje de los contagiados.

“Es muy difícil entender lo que significa el número de casos porque depende tanto de la actividad epidémica como del número de exámenes que se están haciendo”, dice John Ioannidis, profesor de Medicina y Epidemiología de la Universidad de Stanford.

El experto explica que, aunque Estados Unidos estuvo muy retrasado inicialmente en la realización de pruebas diagnóstico, ahora está haciendo muchas más por lo que detectará más casos que antes.

“Otra métrica a la que uno podría referirse es a la proporción de exámenes que se están haciendo que dan positivo, lo que en este momento no es tan malo como el número total de casos, incluso en los estados que han visto cierto agravamiento”, señala a BBC Mundo.

La OMS recomienda que los países pasen 14 días con una tasa de casos positivos de 5% o menos antes de comenzar a levantar las medidas de confinamiento; en EE.UU. el promedio nacional se encuentra en 6% pero hay 21 estados con un registro superior, comenzando por Arizona, que tiene una tasa por encima del 23%.

Estados de EE.UU. donde hay una mayor tasa de casos positivos en las pruebas de covid-19.

BBC

“Mucha gente está cansada de estar en sus casas, pero el virus no se ha cansado de infectarnos. Estamos viendo áreas del país que reabrieron antes de estar listas y eso es como atravesarse en la trayectoria de un puñetazo: vas a resultar golpeado”, dice a BBC Mundo Tom Frieden, quien fue director de los Centros para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).

Lo que estamos viendo, lamentablemente, era muy predecible“, agrega Frieden, quien en la actualidad es director ejecutivo de Resolve to Save Lives, una iniciativa de Vital Strategies, una ONG dedicada a temas de salud pública.

Steven Woolf, director emérito del Centro sobre Sociedad y Salud de la Virginia Commonwealth University, considera que aunque hay algo de cierto en que si haces más test vas a encontrar más casos, no se puede menospreciar lo que ocurre.

“Es un argumento loco. Es equivalente a decir que si dejamos de hacer mamografías, vamos a tener menos casos de cáncer de mama. Muchos de estos casos son gente que está enferma y que terminará en los hospitales. Entonces, verás morir a gente real”, dice Woolf a BBC Mundo.

2. Menos muertes, ¿por ahora?

Otra característica de la fase actual del coronavirus por la que está pasando Estados Unidos es un descenso notable de la cifra de muertes.

Con más de 120,000 muertos hasta este 26 de junio, Estados Unidos es, con diferencia, el país del mundo más golpeado por la pandemia.

Kayleigh McEnany

Getty Images
Kayleigh McEnany, la portavoz de la Casa Blanca, destacó el descenso de las muertes.

“Vamos en la dirección correcta”, dijo el martes la portavoz de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, al referirse a esta tendencia y destacar que, por primera vez en mucho tiempo, habían ocurrido menos de 300 fallecimientos en un día por covid-19.

La cifra refleja una caída notable desde el máximo de 6,409 muertes registrado el 16 de abril, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Ioannidis señala que parece haber una especie de disociación entre el número de muertes y el número de casos confirmados.

“El número de muertes parece estar descendiendo de forma estable”, señala.

Otros expertos, como Woolf, no son optimistas.

“Hay que tomar en cuenta que el número de personas que dan positivo en los exámenes de diagnóstico es un indicador de lo que vendrá”, señala.

“Entre 7 y 10 días de un repunte en la cifra de casos verás un incremento en las hospitalizaciones porque se requiere cierto tiempo tras el contagio para que la gente se enferme. Y, luego, hace falta más tiempo para que tengan problemas respiratorios y requieran ser internados en la unidad de cuidados intensivos y, finalmente, fallezcan”, explica.

“Puedes ver este fenómeno en lugares donde está ocurriendo el repunte, como Arizona, cuyos hospitales ya empiezan a sentir la presión que sufrieron los centros médicos en Nueva York y Nueva Jersey en marzo y abril”, añade.

Para este miércoles, ya estaban ocupadas 88% de las camas disponibles en las unidades de cuidados intensivos en Arizona. A mediados de mayo, esa cifra era de 68%.

Tom Frieden coincide en que hay una brecha temporal de varias semanas entre los contagios y las muertes, por lo que los efectos de las nuevas infecciones no pueden verse aún.

Sin embargo, destaca que parte de la cifra de muertes obedece a mejoras en la atención sanitaria.

Personas en un bar en Texas.

Getty Images
El repunte de los contagios llevó a que se ordenara el cierre de los bares en Texas.

“Ha habido algunas mejoras en los cuidados de salud que incluyen una mayor capacidad para atender a los pacientes sin que los centros médicos se vean rebasados”, apunta Frieden, quien también es analista en Salud Pública del Council on Foreign Relations.

3. Más jóvenes que mayores

Otra particularidad de la situación actual de la pandemia en Estados Unidos que, además, puede ayudar a explicar el aparente desacople entre el aumento de los casos y el descenso de las muertes es el hecho de que una proporción importante de los nuevos casos son gente joven.

Este jueves, el director de los CDC, Robert Redfield, señaló que los jóvenes han ayudado a impulsar el aumento de casos confirmados al decir que en meses pasados muchos de esos casos no habrían sido diagnosticados.

En Florida, uno de los estados más afectados ahora, la edad media de los contagiados cayó de marzo a junio de 65 a 35 años de edad, mientras que en Arizona casi la mitad de todos los casos corresponden a personas entre 20 y 44 años.

“Hay un cambio en los grupos etarios, quizá debido a que la gente mayor ha aprendido a protegerse mejor y la tasa de mortalidad está muy relacionada con la edad”, dice Frieden a BBC Mundo.

John Ioannidis considera fundamental que se siga protegiendo a las personas mayores.

“Los ancianatos vivieron desastres y probablemente casi el 50% de las muertes ocurrió allí. Si logramos proteger este tipo de centros de alto riesgo, probablemente logremos evitar bastante el impacto del coronavirus, incluso si sigue habiendo muchos casos”, concluye.

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