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Cuartoscuro

Las desventajas, el despojo y la discriminación por ser indígena o tener piel oscura en México

En México hay múltiples ejemplos de despojo, segregación y desprecio hacia personas indígenas, afrodescendientes, o con tono oscuro de piel.
Cuartoscuro
7 de agosto, 2019
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“Quería que trabajemos las 24 horas y tener sueldo normal, cuando antes trabajábamos 24 horas, pero de 5 de la tarde a 8 de mañana nos pagaban 40 pesos la hora. Pero él de plano nos quitó los incentivos, las prestaciones. O sea, nos quitó de plano todo, y quería que trabajemos las 24 horas del día. Y le dijimos que no, que no se puede, que ya nos acostumbramos (a lo anterior). Ustedes nos acostumbraron, no nosotros”.

“(El doctor nos dijo) “No los vamos a liquidar”. (Y respondimos) “si no nos liquida aquí, nos va a liquidar en otro lugar”, (a lo que respondió) “¿Crees que me vas a amenazar, si ustedes son de pueblo? Pinches pueblerinos estos. De su pueblo nunca van a salir”.

De acuerdo con el estudio “Por mi raza hablará la desigualdad. El impacto de las características étnico-raciales en la desigualdad de oportunidades en México, presentado este martes 6 de junio, cuando se hace referencia a una historia de racismo y discriminación se podría pensar que se trata de injusticias que ocurrieron en el pasado y que ya se superaron.

Lee más ¿Cuándo te diste cuenta de qué tono eres? Los privilegios y la discriminación ligados al color de piel

La realidad es que la discriminación del pasado tiene efectos persistentes en la actualidad, resalta el estudio elaborado por los investigadores de El Colegio de México Patricio Solís, Virginia Lorenzo Holm y Braulio Güémez, en una colaboración con Oxfam México.

“Una de las manifestaciones materiales más evidentes de lo anterior es que, independientemente de lo que ocurra a lo largo de sus vidas, las personas que pertenecen a grupos étnico-raciales discriminados nacen y crecen en familias con mayores desventajas socioeconómicas. Esto sin duda es resultado de las privaciones sociales acumuladas por generaciones”.

Y más allá de la acumulación originaria de desventajas, las prácticas de discriminación prevalecen en la actualidad. “Existen múltiples ejemplos cotidianos de despojo territorial, maltrato, segregación, trabas institucionales, y expresiones públicas de desprecio hacia las personas pertenecientes a pueblos indígenas, afrodescendientes, o con tono oscuro de piel u otros rasgos físicos que las vinculan socialmente a los orígenes indígenas”, indica el informe.

Además de enfrentarse a la discriminación a lo largo de su vida, las personas pertenecientes a grupos étnicos discriminados o con rasgos físicos socialmente vinculados a ellos inician sus vidas en una situación de desventaja social, producto de la acumulación histórica de privaciones. Con base en los datos del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional 2016 (MMSI), levantado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 2017 como parte de la Encuesta Nacional de Hogares, los investigadores encontraron que esta desventaja se expresa a través de las condiciones de mayor adversidad social de sus familias de origen, en indicadores como la escolaridad de los padres, su posición ocupacional, y la disponibilidad de recursos económicos.

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Resultado por nivel de escolaridad

El estudio documentó que entre las personas hablantes de lenguas indígenas, 43.2% no completaron la primaria frente a 18.8% de aquellas con padres hablantes y 11.5% de las no hablantes. En contraste, solo 6.2% de las personas hablantes de lengua indígena alcanzaron estudios superiores frente a 23.1% de las personas no hablantes.

En tanto, las personas con padres hablantes de lenguas indígenas se ubicaron en una posición más cercana al conjunto nacional en términos de su nivel de escolaridad, “lo cual sugiere que el factor clave de la discriminación educativa que enfrentan las personas pertenecientes a pueblos indígenas podría no ser su vínculo por ancestría (que se comparte entre hablantes e hijos de hablantes que ya no hablan la lengua), sino que su lengua materna sea una lengua indígena”.

Con respecto al tono de piel, se observa también cierto gradiente de desigualdad en el nivel de escolaridad, pero destaca que las mayores desventajas las enfrentan las personas en la categoría de tonos oscuros: 21.4% no logró terminar la escuela primaria, frente a 14.7% en la población total. Solo 11.7% llegó a la universidad, es decir, casi la mitad que el 20.8% para el conjunto de la población.

Las brechas entre grupos tienden a acentuarse en la medida en la que se incrementa el nivel educativo, de acuerdo con el informe. Así, en el acceso a la educación superior se observan mayores desigualdades. De nuevo, el grupo con mayores ventajas es el de mestizos y blancos, con 25.5% de personas que logran estudios superiores. Las personas negras o mulatas únicamente llegan a la educación superior en 12.4%, y las indígenas en 8.5%.

Al comparar los niveles educativos, según el Índice de Orígenes Sociales (IOS), el estudio indica que si bien los efectos de las características étnico-raciales son importantes, las circunstancias socioeconómicas de la familia de origen tienen un efecto mucho mayor. De las personas ubicadas en el cuartil inferior del IOS, 34.5% no logró terminar la primaria y otro 24.2% solo terminó este nivel educativo. Este porcentaje se reduce sustancialmente a mayores niveles del IOS, hasta alcanzar solo 4.0% en el cuartil superior. En contraste, apenas 2.7% de las personas con orígenes socioeconómicos familiares de mayor desventaja tuvo oportunidad de realizar estudios superiores, frente a 53.5% de quienes provenían del cuartil con mayores privilegios.

En el caso de las mujeres, quienes tienen padres hablantes presentan un riesgo 70% mayor de no terminar la primaria, y las que hablan lenguas indígenas 370% mayor. Esta enorme brecha de desventaja en perjuicio de las mujeres hablantes de lenguas indígenas mantiene significancia estadística, incluso después de controlar las condiciones socioeconómicas familiares y territoriales de origen. El riesgo relativo de no concluir la primaria es 176% mayor.

Resultado por ocupación

La distribución de las personas hablantes de lenguas indígenas refleja una clara desventaja en las posiciones ocupacionales de destino: 55.2% eran trabajadoras de baja calificación, mientras que solo 7.4% se ocuparon como empleadoras o en las posiciones directivas, profesionales y técnicas de la clase de servicios, indica el informe. En tanto, las personas con padres hablantes de lenguas indígenas y no hablantes muestran una distribución muy parecida a las de la población en su conjunto. Ello sugiere que en esta dimensión el único grupo que enfrenta desventajas sustantivas son las personas que hablan lenguas indígenas.

En contraste, únicamente 18.8% de las personas mestizas o blancas tuvo como destino las ocupaciones manuales de menor calificación, porcentaje que incrementa a 40.5% entre las personas indígenas y a 31.7% entre las personas negras y mulatas. 

Los investigadores también observaron diferencias importantes en el destino ocupacional según el tono de piel. La proporción que alcanza las posiciones de mayor jerarquía es 13.9% entre quienes tienen tonos de piel oscuros; se incrementa a 21% entre las personas de tonos morenos, y alcanza 26.5% entre las de tonos claros. Es decir, una diferencia de aproximadamente dos a uno entre las distintas tonalidades de piel, a favor de quienes tienen tonos más claros.

Estas diferencias se reproducen entre los trabajadores no manuales de rutina (las personas empleadas en tareas administrativas de oficina y comercio), y tienen un sentido inverso en las ocupaciones manuales de baja calificación: mientras que 31.3% de las personas de tonos oscuros alcanzaron estas posiciones, solo 21.3% de las de tonos claros lo hicieron. 

Y tal como ocurrió con los resultados educativos, las brechas asociadas con los orígenes socioeconómicos familiares son considerablemente mayores que las identificadas entre las características étnico-raciales. Mientras que solo 5% de las personas del cuartil inferior del IOS logra ocupaciones como empleadores o en la clase de servicios, 45.6% de los del cuartil superior lo hace. En contraste, 48.5% de las personas en el cuartil inferior del IOS se sitúa en las posiciones de menor jerarquía, frente a solo 5.2% de las del cuartil superior.

Resultado por destino económico

En este rubro, el estudio encontró que la identificación lingüística es el rasgo en el que se manifiestan mayores niveles de desigualdad: entre más familiaridad tienen las personas con las lenguas indígenas, menor es su probabilidad de hacerse de ventajas económicas. 

Entre quienes hablan lenguas indígenas, más de la mitad (63.9%) pertenece al quintil económico más bajo, mientras que solo 2.9% se ubica en el más alto. En contraste, el porcentaje de personas ubicadas en el quintil más bajo disminuye a 31.3% entre las personas cuyos padres hablan lenguas indígenas, y a 15.2% para los no hablantes. Por otro lado, el porcentaje de personas ubicadas en el quintil más alto aumenta a 11.8% entre las personas cuyos padres hablan alguna lengua indígena y 22.3% para las no hablantes; es decir, 5 y 11 veces más, respectivamente, con relación a las personas hablantes de lenguas indígenas.

En cuanto a la autoadscripción étnico-racial, también encontraron contrastes importantes. Mientras la población que se identifica como mestiza o blanca se distribuye de forma relativamente homogénea entre los quintiles, con cierta tendencia hacia los dos más altos, 417% de la población indígena se concentra en el quintil más bajo de riqueza. Aunque en menor medida, las personas negras o mulatas también concentran en este quintil a una alta proporción de su población (31.4%). Las distancias son particularmente contrastantes cuando se observa el porcentaje de personas en el quintil más alto: 24.4% de personas mestizas o blancas, frente a apenas 6.2% de las personas indígenas y 9.5% de las personas negras o multas.

De modo análogo a los efectos observados del tono de piel sobre los resultados ocupacionales, el informe resalta que cuanto más clara sea la tonalidad, mayor es el porcentaje de personas en una situación privilegiada. Así, cerca de la mitad de quienes tienen tonos morenos o claros (48.7% y 45.7%, respectivamente) se encuentran en los dos quintiles más altos de riqueza. En contraste, solo 24.0% de quienes tienen tonos de piel oscuros se ubica en estos dos quintiles.

Cómo nivelar el terreno de las oportunidades

Para los autores del estudio, la doble cara de la discriminación (el acumulado histórico de desventajas y la práctica persistente) debe tomarse en cuenta para formular políticas públicas destinadas a combatir la desigualdad y la pobreza asociadas con las características étnico-raciales.

“A cada una de estas dos caras corresponde un frente específico de políticas públicas. Por una parte, es necesario desarrollar medidas compensatorias o de acción afirmativa que permitan revertir las desventajas históricas que han experimentado los pueblos indígenas y afrodescendientes, desventajas que también se extienden a quienes, sin necesariamente autoadscribirse a estos grupos, comparten con ellos vínculos de ancestría o pertenencia comunitaria. Es decir, para nivelar el terreno de las oportunidades, es necesario revertir la acumulación originaria de desventajas sociales asociada a la discriminación étnico-racial del pasado”.

Y para poder instrumentar políticas compensatorias, el Estado mexicano se enfrenta al reto de “encontrar formas apropiadas, aceptables social y políticamente, de definir a las poblaciones destinatarias de acciones afirmativas” y combatir simultáneamente la persistencia de las prácticas discriminatorias. 

“Las políticas compensatorias son insuficientes si no se avanza simultáneamente en el combate del segundo mecanismo de generación de desigualdades: la persistencia de prácticas discriminatorias. Incluso si se logra revertir la acumulación originaria de desventajas, la persistencia de prácticas discriminatorias generaría nuevas desigualdades en los destinos sociales de las personas, lo cual reactivaría el círculo vicioso entre desigualdad de condición y desigualdad de oportunidades en las siguientes generaciones. Por ello, es necesario desarrollar una política antidiscriminatoria y antirracista más agresiva, que identifique y combata las prácticas de discriminación que todavía prevalecen en distintos ámbitos de la vida social, incluidas, de manera destacada, aquellas que tienen mayores efectos en la desigualdad de oportunidades educativas, laborales y económicas”, concluye el estudio.

El testimonio publicado en este texto se extrajo del levantamiento de grupos focales y entrevistas a profundidad realizadas en la Ciudad de México, Monterrey, Oaxaca y Mérida, así como los municipios de Oxkutzcab, Teabo y Valladolid en la zona sur de Yucatán, y forma parte del proyecto de investigación “Discriminación étnico-racial en México”, dirigido por Patricio Solís.

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Daniel Janzen y Winnie Hallwachs

Costa Rica: cómo 12,000 toneladas de desperdicios de naranjas hicieron un 'milagro verde'

Cerca de 12,000 toneladas de restos de estos cítricos fueron vertidos sobre pastizales degradados en Costa Rica, a mediados de 1990.
Daniel Janzen y Winnie Hallwachs
7 de octubre, 2019
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Tirar basura en un bosque podría parecer una acción de poca ayuda para el medio ambiente. Sin embargo, eso es exactamente lo que sucedió en Costa Rica.

Más de 1,000 camiones arrojaron 12,000 toneladas de cáscara y pulpa de naranja en pastos áridos de la reserva de Guanacaste, en el norte del país, a mediados de la década de 1990.

Más de dos décadas después, algo sorprendente sucedió.

Un equipo de científicos de la Universidad de Princeton, de Estados Unidos, regresó al área en 2013 y descubrió un aumento del 176% en la biomasa del territorio donde se vertieron los desperdicios.

El área de tres hectáreas que una vez estuvo desierta (y que equivale al tamaño de casi 3 campos de fútbol) se transformó en una exuberante selva tropical.

Pero ¿cómo surgió la idea de hacer algo así? Todo fue parte de un experimento revolucionario de conservación que en algún punto se vio interrumpido.

Un trato “jugoso”

En 1996, los conservacionistas estadounidenses Daniel Janzen y Winnie Hallwachs, ambos ecologistas de la Universidad de Pensilvania, en EE.UU. y consultores de las autoridades ambientales de Costa Rica, se acercaron a la compañía de jugos Del Oro, cuya planta procesadora es vecina a la reserva de Guanacaste.

Este collage hecho por Janzen y Hallwachs muestra el rejuvenecimiento del área gracias a los desperdicios de naranjas.

Daniel Janzen y Winnie Hallwachs
Este collage hecho por Janzen y Hallwachs muestra el rejuvenecimiento del área gracias a los desperdicios de naranjas.

Ellos le ofrecieron a Del Oro un trato quid pro quo: a cambio de donar una gran área de tierra, a la compañía se le permitiría tirar sus cáscaras de naranja y desechos de pulpa en tierras degradadas de pastoreo, en las cercanías de la reserva.

Deshacerse de ese tipo de basura había sido normalmente un dolor de cabeza para la empresa, en términos logísticos.

Janzen y Hallwachs tenían un plan: creían que la biodegradación del desperdicio de esta fruta podría impulsar la recuperación de la selva tropical. Y tenían razón.

Resultados notables

Una comparación entre las tierras cubiertas con las cáscaras y las que no recibieron tratamiento mostró que los residuos de naranja funcionan como fertilizante.

Además de más biomasa, los “vertederos” tenían un suelo más rico, mayores especies de árboles y mayor recubrimiento; en pocas palabras, el área era más verde.

La de los desechos de naranja resultó ser una manera más económica y efectiva de ayudar a los bosques en peligro de extinción.

Los resultados son aún más impresionantes dado que el proyecto de Guanacaste se canceló solo un par de años después de su inicio.

Esta imagen aérea muestra las diferencias entre la tierra revivida por el experimento de las naranjas (derecha) y la tierra que no ha sido tratada (izquierda).

Daniel Janzen y Winnie Hallwachs
Esta imagen aérea muestra las diferencias entre la tierra revivida por el experimento de las naranjas (derecha) y la tierra que no ha sido tratada (izquierda).

En 1998, la asociación entre Del Oro y el Área de Conservación de Guanacaste (ACG) fue impugnada legalmente por TicoFrut, una compañía de jugos rival.

Esta última acusó a Del Oro, entre otras cosas, de “contaminar” un parque nacional.

En 2000, la Corte Suprema costarricense dictaminó que el contrato firmado entre Del Oro y el Ministerio de Medio Ambiente y Energía era ilegal.

“Una orgía de moscas”

Aunque el experimento de Janzen y Hallwachs ha sido reivindicado desde entonces, los científicos no están contentos del todo, pues vieron el proyecto como una oportunidad para que la selva tropical en su conjunto sea más resistente.

“Queríamos crear un cinturón de bosque joven de decenas de hectáreas como protección contra incendios”, le dice Janzen a la BBC.

“Al hablar de áreas tropicales húmedas, el término incendio forestal es incorrecto. Las zonas que se queman son en realidad de pastos o forrajes”.

Seis meses después de ser arrojados, los desechos ya se habían descompuesto y fertilizado el suelo previamente árido.

Daniel Janzen y Winnie Hallwachs
Seis meses después de ser arrojados, los desechos ya se habían descompuesto y habían fertilizado el suelo previamente árido.

La selva tropical intacta no arde, no puede arder. Es demasiado húmeda. Cuando se reforesta y se convierte en un bosque vivo real, no se vuelve a quemar”.

Los estudios de muestras de suelo dejaron en evidencia que ya a los dos años de haber sido arrojados los restos de naranjas, se había enriquecido significativamente.

“Hoy, el sitio está ocupado por un bosque joven muy saludable, mientras que las parcelas de control que no recibieron tratamiento son los mismos pastos agotados de hace un siglo o más”, señala Janzen.

¿Pero cómo funcionó?

Timothy Treuer, el científico de Princeton que dirigió la visita de 2013, dice en broma que la recuperación del bosque es el resultado de una “orgía de moscas”.

“Los desechos orgánicos pueden resolver muchos de estos problemas simultáneamente, al sofocar pastos y malezas y enriquecer y aflojar el suelo, a medida que son descompuestos por las moscas de la fruta nativa y los microorganismos que salen de los bosques locales para disfrutar de este banquete”, le comenta a la BBC.

“Los árboles nativos que alguna vez tuvieron problemas para sobrevivir, de repente tienen la oportunidad de comenzar de nuevo en un entorno mucho más favorable”, agregó el científico de Princeton.

Simple y económico

El proceso, al menos en términos científicos, también es simple y barato.

“El principio es muy fácil: encontrar los residuos orgánicos ricos en nutrientes, encontrar tierras degradadas donde la vegetación invasiva o las condiciones degradadas del suelo estanquen la recuperación del bosque, y combinar los dos”, explica Treuer.

“La restauración de los bosques tropicales a menudo es costosa. La agricultura y otros sectores en los trópicos con frecuencia producen grandes cantidades de subproductos ricos en nutrientes, o que en algunos casos requieren un alto costo neto de eliminación o procesamiento”.

El proyecto fue atacado por el productor rival de jugo TicoFrut, quien afirmó que se estaba "contaminando" un parque nacional y contaminando la tierra.

Daniel Janzen y Winnie Hallwachs
El proyecto fue atacado por el productor rival de jugo TicoFrut, quien afirmó que se estaba “contaminando” un parque nacional y contaminando la tierra.

Pero la batalla legal dejó un sabor amargo.

Cuando se le pregunta sobre el legado del experimento, el tono de Janzen no es optimista.

“Cualquier proyecto puede ser extremadamente sólido en la parte técnica, pero terminar destruido por los deseos de este o aquel elemento social”, dice.

“Los desafíos técnicos en la naturaleza a menudo son muy solubles si se permite la aplicación de soluciones. El gran desafío en la reforestación es tener una sociedad que quiera reforestar”.

La BBC trató de contactar a TicoFrut para obtener comentarios, pero no respondieron.

En la demanda original, la compañía presentó otra razón para su objeción al acuerdo de Guanacaste.

Consideró injusto que Del Oro no se viera obligada a construir una planta de eliminación de desechos al igual que lo fue TicoFrut a mediados de la década de 1990, ante las acusaciones de que los restos de naranja de su planta de jugo estaban contaminando un río.

TicoFrut también afirmó que los desechos de Del Oro estaban envenenando el suelo y los ríos cercanos en Guanacaste, además de crear un caldo de cultivo peligroso para las plagas y las enfermedades derivadas de los cítricos, un argumento refutado por Janzen.

Pelea legal

“El litigio iniciado por TicoFrut siguió la guía de un especialista al que, por supuesto, se le pagó por atacar a Del Oro”, cuenta Daniel Janzen.

Treuer también expresa frustración al respecto.

Los desechos de naranja se descompusieron gracias al trabajo de las larvas de moscas, los hongos y los microbios.

Daniel Janzen y Winnie Hallwachs
Los desechos de naranja se descompusieron gracias al trabajo de las larvas de moscas, los hongos y los microbios.

“Como científico, es frustrante cuando las posibles soluciones a los principales desafíos se obstruyen, obstaculizan o evitan por preocupaciones infundadas, particularmente cuando esas preocupaciones surgen de intereses corporativos”.

Sin embargo, el científico ve consuelo en el limitado éxito del proyecto.

“Independientemente de lo que sucedió, existen razones de peso para esperar que los desechos agrícolas mínimamente procesados ​​(y por lo tanto de bajo costo) puedan utilizarse para acelerar la restauración de los bosques tropicales”, concluye Treuer.


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