El maíz indígena: ¿de quién son los derechos sobre la planta “milagrosa” de México?
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El maíz indígena: ¿de quién son los derechos sobre la planta “milagrosa” de México?

El maíz que fija por sí solo el nitrógeno es un descubrimiento que ha fascinado a científicos. Sin embargo, los campesinos de la comunidad que lo cultiva en Oaxaca aún no tienen sus derechos asegurados sobre la planta ni están completamente informados.
Cuartoscuro
Por Martha Pskowski
10 de agosto, 2019
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Nota del Editor: Este artículo fue publicado originalmente por Yale E360 y el Food and Environment Reporting Network. La versión original en inglés se puede leer aquí.

Un estudio reciente demuestra que una planta de maíz fijadora de nitrógeno que se cultivó en una región indígena de México tiene la capacidad de fertilizarse a sí misma. Una empresa global y varios científicos estadounidenses ya trabajan para replicar esta cualidad en otras variedades de maíz, pero entonces, ¿las poblaciones de donde provino el maíz tendrán alguna participación en las ganancias? 

En 1979, durante una visita a Totontepec, una pequeña población de Oaxaca, México, el naturalista Thomas Boone Hallberg quedó maravillado ante el maíz local. Las plantas crecían hasta casi 6 metros en una tierra deficiente de nutrientes, aún cuando los agricultores locales no utilizaban ningún fertilizante.

El maíz tenía raíces aéreas que producían un gel de tipo mucoso unos meses después de plantar. Parecía imposible, pero Hallberg se preguntó si el maíz estaría fijando su propio nitrógeno: extrayéndolo del aire y de alguna manera haciéndolo utilizable para la planta. Había visitado un sinnúmero de poblaciones desde que se mudó a Oaxaca en los cincuentas, pero nunca olvidaría lo que vio en Totontepec. 

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En 1992, Hallberg regresó con un grupo de científicos mexicanos. El maíz, conocido como Olotón, estaba casi listo para ser cosechado y sus raíces aéreas relucían de gel. Ronald Ferrera-Cerrato, un microbiólogo, llevó muestras a su laboratorio en las afueras de la Ciudad de México para realizar pruebas a las bacterias en el gel. Sus resultados preliminares, mismos que fueron publicados en un informe de 1996, mostraron que el maíz tenían bacterias fijadores de nitrógeno en las raíces aéreas, pero no comprobó definitivamente si la planta recibía nitrógeno de esta forma.

En ese momento, científicos de todo el mundo se hacían preguntas parecidas. En un artículo de 1996 publicado en Plant and Soil, el microbiólogo Eric Triplett, quien en ese momento trabajaba en la Universidad de Wisconsin, describió la posibilidad de que las plantas de maíz fijaran nitrógeno como el “santo grial”, debido a su potencial de reducir la demanda de fertilizantes. 

Pasaron más de dos décadas antes de que las sospechas sobre el maíz de Totontepec se confirmaran en una revista colaborativa. En agosto pasado, investigadores de la Universidad de California, Davis, la Universidad de Wisconsin y Mars Inc —el conglomerado global de alimentos y golosinas— publicaron los resultados de un estudio de 10 años en PLOS Biology, describiendo cómo las bacterias que se desarrollan en el ambiente bajo en oxígeno de la mucosa del maíz, obtienen nitrógeno del aire y lo suministran a la planta. 

Los medios aplaudieron los hallazgos. “La planta milagrosa”, proclamó The Atlantic. El Smithsonian declaró:“El maíz del futuro.” 

Los científicos proporcionaron escasos detalles acerca de dónde provenía el maíz, o sobre las circunstancias de lo que la UC Davis llamó el “descubrimiento extraordinario” de los investigadores, afirmando únicamente que el maíz provenía de una población remota en Oaxaca. Una compañía subsidiaria de Mars llamada BioN2 había firmado un convenio con una población para participar de las ganancias económicas de la comercialización del maíz. Esa población resultó ser Totontepec, una comunidad indígena Mixe en las montañas del este de Oaxaca. 

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Probablemente los científicos tardarían años determinando si es posible una aplicación comercial del maíz. Pero si logran reproducir exitosamente dicha característica en el maíz comercial, los agricultores podrían reducir sustancialmente su uso de fertilizante sintético. Sólo en los Estados Unidos, los agricultores gastan más de $3 mil millones al año en fertilizante para maíz. El fertilizante de nitrógeno es también una de las principales causas de contaminación del agua, zonas muertas en ríos y lagos, así como una fuente importante de gases de efecto invernadero. 

Los investigadores de la UC Davis/Mars recibieron un certificado de cumplimiento con el Protocolo de Nagoya, un acuerdo internacional cuyo objetivo consiste en compensar a las comunidades indígenas por sus recursos biológicos y conocimiento tradicional. Aún así, la situación en torno al maíz de Totontepec posa preguntas complejas acerca de cómo las comunidades indígenas se benefician de manera justa cuando los científicos investigadores y las empresas multinacionales comercializan los cultivos y las plantas locales. Si el maíz de Totontepec resulta ser un milagro, un cultivo que se fertiliza a sí mismo, cuyas características genéticas pueden replicarse en todo el mundo, ¿la gente de la comunidad Mixe tendrá una participación importante a largo plazo en las ganancias, que potencialmente ascendería a millones de dólares? ¿Cómo asegura Nagoya que los derechos e intereses de las pequeñas comunidades indígenas están salvaguardados cuando sus líderes negocian tratos complejos con abogados y ejecutivos internacionales? Y no menos importante: cuando una planta valiosa es hallada a lo largo de una región, ¿es justo que una sola población, tal como Totontepec obtenga beneficios económicos de su maíz, mientras las comunidades vecinas con maíz idéntico o similar no reciben nada?

Alejandro Ruiz García, un agrónomo de Guelatao, Oaxaca que acompañó a Hallberg a Totontepec en 1992, piensa que otras comunidades que cultivan Olotón también deberían tener voz en la comercialización futura del maíz y recibir beneficios económicos. “Esto es parte de nuestra herencia cultural y agrícola”, afirmó. “El debate apenas comienza”.

Cultivo de maíz

Foto: Cuartoscuro

Efectivamente, el maíz de Totontepec es un recordatorio de que las políticas que pretenden salvaguardar los recursos genéticos de las comunidades indígenas, en México y en todo el mundo, se encuentran aún en progreso. Algunos aspectos positivos han surgido, pero los acuerdos justos a largo plazo son raros. 

La biopiratería se define como la explotación de conocimiento indígena y recursos biológicos sin permiso. La práctica se remota a varios siglos. Las empresas internacionales han explotado la riqueza botánica del Amazonas, por ejemplo, durante más de un siglo, desde la expropiación de las semillas de las plantas brasileñas de caucho en la década de 1870, hasta la controversia actual sobre la patente internacional de la fruta Copoazú de la Amazonia. Aún antes del Protocolo de Nagoya, países como Costa Rica tomaron medidas para regular la bioprospección. Algunas comunidades indígenas han adoptado un enfoque proactivo en la negociación de acuerdos, en lugar de confiar en los gobiernos nacionales. En Panamá, el pueblo guna decidió que su Congreso General, que representa a docenas de comunidades, debería aprobar cualquier proyecto de investigación, comercial o de otra índole. 

Desde que Nagoya entró en vigor, algunos científicos han planteado su preocupación acerca de que los países han impuesto requisitos onerosos a los investigadores, desalentando la investigación científica. Pero a las comunidades indígenas y a sus defensores les preocupa que la explotación continúe. Debido a que los detalles del acuerdo negociado entre la comunidad de Totontopec y la UC Davis/Mars siguen siendo confidenciales en su mayoría, varios periodistas, científicos y defensores de los agricultores en México se han pronunciado en contra del trato, e incluso algunos de ellos han acusado a la parte estadounidenses de biopiratería. 

Pero Alan Bennett, un profesor de ciencias de las plantas en la UC Davis y líder del proyecto de investigación del maíz, desestima esa opinión, afirmando que su equipo trabajó de buena fe, solicitó la participación de la comunidad de Totontopec y siguió los lineamientos del Protocolo de Nagoya. “Realmente creamos algo de lo que estaría orgulloso”, dijo Bennett en una entrevista, en tanto que reconocía que no había visto la versión final del acuerdo. 

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Una vocera de Mars agregó: “Hemos trabajado mano a mano con la comunidad mexicana en esta investigación”. Mars afirmó que compartió información en asambleas comunitarias y realizó consultas con el gobierno federal mexicano. Y Howard-Yana Shapiro, el director agrícola en jefe de Mars, afirmó en una entrevista que la decisión de trabajar únicamente con una comunidad fue tomada “a instancia del gobierno ”, pues se consideró la forma más eficaz de cumplir con Nagoya. 

Una versión preliminar del acuerdo de acceso y participación de ganancias, que fue visto por Yale Environment 360 y Food & Environment Reporting Network, afirma que la UC Davis posee los derechos de las patentes y los ingresos netos recibidos por regalías de las patentes se repartiríanpor partes iguales con la comunidad de Totontepec. Bennett afirmó que los líderes en la comunidad solicitaron que el acuerdo permaneciera confidencial, pero confirmó que Mars ya ha pagado $100,000 (2 millones de pesos) a Totontepec como parte del acuerdo. 

El gobierno mexicano no ha tenido un rol activo para asegurar que los derechos de la comunidad de Totontepec sean salvaguardados. En 2015, cuando México emitió un Certificado de Cumplimiento en favor de BioN2, el gobierno federal no tenía un proceso estandarizado para manejar solicitudes de empresas y universidades para tener acceso a los recursos biológicos de las comunidades indígenas. Bennett dijo que tanto los investigadores como el gobierno federal estaban aprendiendo sobre la marcha. El gobierno mexicano adoptó un “proceso transicional” en 2017. La Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales de México, a cargo de la implementación de Nagoya, y el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS) rechazaron diversas solicitudes de entrevistas. 

El presidente municipal actual de Totontepec, Luis Adolfo Alcántara Nuñez, afirma que no conoce los detalles del acuerdo final y que los cuatro comisarios agrícolas de la comunidad son las únicas personas autorizadas para comentar al respecto. Yale e360 no pudo entrevistar a los comisarios, pues no se encontraban en sesión durante una visita a la comunidad y desde entonces, no han estado disponibles vía telefónica.

Venta de maíz

Venta de maíz. Foto: Cuartoscuro

Totontepec es un pequeño poblado en las montañas neblinosas de Oaxaca, en el sur de México. Es un viaje de 4 horas en coche, lleno de curvas pronunciadas y vistas panorámicas, desde la ciudad capital de Oaxaca. Totontepec mira desde arriba la montaña Zempoaltepetl, uno de los puntos más altos en el estado y un sitio sagrado para el pueblo Mixe, conformados por 119,000 personas, aproximadamente. 

Es una comunidad agrícola indígena, y su tierra es de propiedad comunal. Muchos residentes son agricultores de subsistencia que dependen de las tres cosechas de la milpa, los cimientos de la agricultura indígena en Mesoamérica: maíz, calabaza y frijoles. El Olotón es una de las 59 razas de maíz en México. Los agricultores indígenas domesticaron cultivos autóctonos durante milenios, seleccionando y guardando semillas cuidadosamente durante generaciones para satisfacer sus necesidades climáticas y culinarias específicas.

Juan Arelí Bernal Alcántara creció en una familia de agricultores en Totontepec. Recuerda que los niños del pueblo seguían a sus padres a los sembradíos y que jugaban con el extraño moco que se forma en las raíces aéreas del maíz, e incluso se lo comían. Luego de estudiar agronomía en Chapingo, Bernal se convirtió en el agrónomo no oficial de Totontepec. Bernal fue el anfitrión de Thomas Boone Hallberg y un grupo de científicos cuando fueron a la población en 1992. “La idea fue que más científicos vieran nuestro maíz e incentivar la investigación”, detalla Bernal. 

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Ronald Ferrera-Cerrato, uno de los científicos que realizó el viaje en 1992, es un microbiólogo en el Colegio de Postgraduados de Montecillo, cuyo campus se localiza en Texcoco. Realizó pruebas al gel que llevó consigo, hallando evidencia de bacterias fijadoras de nitrógeno. Pero luego de una publicación de 1995, no siguió con la investigación debido a la falta de fondos para los complejos análisis que probarían la fijación de nitrógeno. 

Más de 20 años después, Jean-Michel Ané, un microbiólogo de la Universidad de Wisconsin retomó donde Ferrera-Cerrato había dejado, a pesar de que ambos hombres nunca habían escuchado hablar el uno del otro. Ané dice que conoció a Shapiro y a Alan Bennett en 2009. La metagenómica, el estudio del material genético recuperado de muestras ambientales, ofreció nuevas posibilidades para comprender la fijación de nitrógeno. Shapiro y Bennett invitaron a Ané a estudiar la variedad de maíz de Oaxaca que sospechaban fijaba nitrógeno. Intrigado, Ané accedió. 

Bennett ya había comenzado a recolectar muestras de maíz en 2006 en Totontepec conforme a un simple acuerdo de transferencia de material con la comunidad. Afirma que él y Mars fueron siempre transparentes, presentando actualizaciones en las asambleas agrícolas de la comunidad y tomando en cuenta los votos. Los residentes de Totontepec confirmaron que los investigadores asistían a asambleas con asiduidad.

Azarel Rivera Bernal creció en Totontepec y actualmente reside en la Ciudad de Oaxaca. Pero participa en el gobierno local y asistió a asambleas donde los científicos hablaron. Aún así, le sorprendió ver el certificado de cumplimiento del Protocolo de Nagoya por primera vez y se preguntó lo que significaría realmente para su comunidad. “Mi miedo es que privaticen nuestras semillas y que ya no podamos plantarlas”, afirmó. 

Los investigadores de la UC Davis/Mars exportaron muestras de maíz de México durante al menos nueve años antes de recibir un permiso por parte del gobierno mexicano en 2015. Bennett dijo que la parte estadounidense no creía que fuera necesario consultarlo con el gobierno federal, ya que las comunidades indígenas son autónomas conforme a la Constitución mexicana. 

Shapiro afirma que podría tomar más de una década para que Mars u otra empresa reproduzcan la característica de fijación del nitrógeno en una variedad comercial de maíz, si esto es acaso posible. Bennett señala que la investigación continúa en la UC Davis con objeto de entender aún mejor la bacteria que fija el nitrógeno en el gel del maíz y aislarla.

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Foto: Cuartoscuro

Personas familiarizadas con el caso Totontepec afirman que resalta algunas limitaciones importantes del Protocolo de Nagoya, que entró en vigor en 2014. (Aunque Estados Unidos no es signatario, las empresas estadounidenses deben apegarse a sus principios si operan de forma global.) Una de ellas es que Nagoya permite acuerdos confidenciales, a pesar de que la transparencia es uno de los objetivos principales del protocolo. Para las empresas y universidades, la confidencialidad es fundamental para evitar que sus investigaciones sean copiadas.

Pero para las comunidades y sus defensores, puede evitar que observadores externos evalúen lo justo de los acuerdos entre las comunidades y los conglomerados multinacionales. Las noticias acerca del acuerdo respecto del maíz apenas comenzaron a difundirse en Oaxaca cuando Animal Político publicó una historia en noviembre, años después de que el acuerdo hubiera sido suscrito. Algunos países, como Perú y Sudáfrica, han tomado acciones hacia una mayor transparencia, afirmando que cuando una empresa solicita un permiso, el nombre de las especies a que se tiene acceso, así como el solicitante, deben hacerse públicos.

Los investigadores han documentado que el maíz fijador de nitrógeno se cultiva en otras partes de Oaxaca e incluso en Guatemala.

Defensores de las comunidades indígenas afirman que es importante que tengan acceso a terceros mediadores para asegurar que están completamente informados y que sus derechos son salvaguardados. “En cualquier negociación en la que hay partes que poseen recursos muy distintos y un acceso desigual a la información, es útil contar con partes independientes que puedan ofrecer apoyo o mediación”, afirma Maria Julia Oliva, de la organización sin fines de lucro, Unión para el BioComercio Ético.

Un punto importante en el caso Totontepec es la decisión de los investigadores de Mars Inc. y UC Davis de no consultar o compensar a otras comunidades que cultivan Olotón. Ané y otros investigadores han documentado que el maíz fijador de nitrógeno es cultivado en otras partes de Oaxaca e incluso en Guatemala. Shapiro se refirió a Totontepec como el “protagonista” de la región y afirmó que la comunidad ha “compartido su material con otras comunidades” desde hace mucho, a pesar de no haber investigación alguna que indique que el Olotón que produce raíces aéreas sea originario de Totontepec. 

El que únicamente Totontepec reciba una compensación por la comercialización de un cultivo que es un recurso natural regional, afecta a otras comunidades y algunos observadores externos lo considerarían injusto. Una vez que Ané se dio cuenta de que el maíz fijador de nitrógeno no era exclusivo de Totontepec, dice haber tenido sentimientos encontrados acerca de la investigación. Cuando su contrato con Mars se dio por terminado a finales de 2017, no lo renovó. Cree que el maíz debería continuar siendo de dominio público y ponerse a disposición de agricultores a pequeña escala de todo el mundo. 

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Otros países han hallado maneras de compensar a múltiples comunidades por un recurso geográficamente disperso. La planta Hoodia, utilizada en supresores del apetito, crece en el Desierto Kalahari y ha sido utilizada tradicionalmente por los bosquimanos de Sudáfrica, Botswana y Namibia. Luego de haber sido excluidos en un inicio de los beneficios derivados de las medicinas bosquimanas patentadas, los bosquimanos y aliados en las comunidades sin fines de lucro negociaron un acuerdo en los años 2000, para crear el Fondo Fiduciario de Participación en los Beneficios San Hoodia, el cual podría finalmente significar beneficios económicos para el pueblo San. Los San también decidieron que los beneficios debían ser colectivos, en lugar de exclusivos de comunidades individuales, puesto que Hoodia no es “propiedad” de una sola comunidad. 

Laurent Gaberell de la organización suiza sin fines de lucro Public Eye afirma que el Tratado Internacional sobre los Recursos Filogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, un acuerdo simultáneo a Nagoya, pretende regular el acceso a los cultivos básicos que se difunde entre diversas comunidades. El tratado reconoce que estos recursos no son propiedad de una sola comunidad y que los beneficios deben ser compartidos. El maíz es uno de los cultivos cubiertos por el tratado FAO, pero México no lo ha ratificado. México no tiene un procedimiento legal que regule cómo consultar y compensar a las comunidades, y a falta de legislación nacional, las empresas tienen una libertad significativa.

“Es un fracaso por parte de Nagoya y es un fracaso por parte del gobierno mexicano”, afirma Jack Kloppenburg, un experto en semillas de la Universidad de Wisconsin. “Si a ambas partes se les permite operar de esta manera, todo el ejercicio carece de sentido… Nagoya está legitimando la biopiratería”.

La administración del nuevo presidente izquierdista de México, Andrés Manuel López Obrador, ha hablado en favor de los derechos de los agricultores a pequeña escala y de los indígenas. Víctor Suárez, líder desde hace años de diversas organizaciones de agricultores en México, es ahora subsecretario de la recién inaugurada oficina para la Autosuficiencia Alimentaria. “En este nuevo gobierno, no permitiremos que continúen políticas que privatizan los recursos genéticos de nuestra población, especialmente los recursos colectivos de las comunidades indígenas”, señaló en una entrevista. 

Mientras tanto, conforme los investigadores estadounidenses continúan con la ardua tarea de intentar transferir las características genéticas de fijación de nitrógeno a las variedades comerciales de maíz, los agricultores de Oaxaca continuarán plantando su maíz milagroso como lo han hecho durante miles de años.

Este artículo fue elaborado en colaboración con la Food & Environment Reporting Network, una organización de periodismo de investigación sin fines de lucro.

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Rusia y Ucrania: la multimillonaria fortuna oculta de un magnate del 'círculo cercano' de Putin al descubierto

Documentos filtrados muestran cómo el sancionado oligarca Suleiman Kerimov usó sociedades ficticias para mover US$ 700 millones
13 de abril, 2022
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Un oligarca del círculo cercano del presidente ruso Vladimir Putin sancionado por occidente usó un entramado para ocultar su riqueza y propiedades, según muestran documentos filtrados a los que tuvo acceso la BBC.

Estos documentos revelan cómo un tatuador suizo se convirtió en el testaferro de una empresa que transfirió más de US$300 millones a compañías vinculadas con Suleiman Kerimov.

También muestran cómo pasaron desapercibidos US$700 millones en transacciones, así como propiedades de lujo.

La investigación pone en evidencia las fallas del sistema bancario internacional y los obstáculos que impiden aplicar las sanciones occidentales.

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BBC

Como parte del proyecto Papeles de Pandora Rusia, dirigido por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), la BBC descubrió varios hechos:

  • Entre 2010 y 2015 varios bancos denunciaron como sospechosas transacciones por valor de US$ 700 millones vinculadas a Suleiman Kerimov y sus socios comerciales más cercanos.
  • El contable suizo Alexander Studhalter se hizo pasar por dueño de propiedades que en realidad pertenecían a Kerimov.
  • Kerimov era el propietario oculto de varias de ellas en la Riviera francesa y en Londres, incluida la vivienda adosada más cara jamás vendida en Reino Unido.

Tom Keatinge, director del Centro de Estudios de Seguridad y Delitos Financieros del think tank de defensa RUSI, aseguró que los oligarcas a quienes tratan de sancionar los países occidentales poseen muchas de estas empresas ficticias.

“Eso muestra el gran desafío que supondrá hacer cumplir eficazmente las sanciones contra los oligarcas, más allá de simplemente confiscarles sus yates y casas en Belgravia (barrio de Londres”.

Suleiman Kerimov apareció en febrero con otros doce multimillonarios junto al presidente Putin, mientras los tanques rusos cruzaban a Ucrania.

Ha sido objeto de sanciones estadounidenses desde 2018 “por ser un funcionario del gobierno de la Federación Rusa” y miembro de las cámaras alta y baja del Parlamento.

El 15 de marzo de este año fue sancionado por el gobierno de Reino Unido, así como por la UE, que lo definió como “un miembro del círculo de oligarcas” cercano a Putin.

Suleiman Kerimov (izquierda) y Vladimir Putin en Sochi, Rusia, en 2019

Getty Images
Suleiman Kerimov (izquierda) y Vladimir Putin en Sochi, Rusia, en 2019.

De origen humilde, Kerimov pasó de economista en la era soviética a ser uno de los oligarcas más ricos y mejor conectados de Rusia.

Hizo su fortuna comprando activos en el sector energético e importantes participaciones en bancos rusos tras la caída de la Unión Soviética. Según informes, ganó US$21.000 millones invirtiendo en el gigante del gas Gazprom y en Sberbank, el mayor banco estatal.

En noviembre de 2006 estuvo a punto de morir en un grave accidente en Promenade des Anglais, Niza, en el sur de Francia. Se salió de la vía con su Ferrari Enzo valorado en US$650.000, que estalló en llamas. Kerimov y la mujer que lo acompañaba fueron rescatados de entre los restos del vehículo.

Nuestra investigación sobre Kerimov expone el fracaso del sistema bancario internacional para identificar quién estaba detrás de cientos de millones de dólares en transacciones que los bancos identificaron como sospechosas.

Este funcionario ruso se encuentra entre los más de 4.000 ciudadanos cuyos nombres aparecen en los datos obtenidos por el ICIJ y examinados como parte de los Papeles de Pandora Rusia.

La nueva investigación realizada por la entidad periodística y sus socios globales tiene la intención de arrojar luz sobre las transacciones financieras encubiertas vinculadas a los oligarcas y otras personas cercanas al Kremlin luego de la invasión en Ucrania.

Los registros corporativos muestran cómo se utilizaron falsos propietarios para aumentar la opacidad. Además, demuestran que los bancos no sabían exactamente quién estaba detrás de las grandes transacciones en dólares.

Todas las pruebas ponen en duda la capacidad de los gobiernos para identificar y confiscar los bienes del círculo cercano a Putin.

“Vamos a por sus ganancias obtenidas de forma fraudulenta”, prometió el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en su discurso anual sobre el Estado de la Unión. EE.UU. ha anunciado un importante programa intergubernamental para identificar los activos de los oligarcas. Pero eso no será fácil, como evidencia el caso Kerimov.

Los expertos aseguran que los países occidentales tienen mucho trabajo por hacer ya que, durante años, han adoptado un enfoque laxo en la lucha contra el dinero ilegal y no han obligado a los bancos a rendir cuentas.

“Van a tener que ponerse al día si quieren seguir adelante con esto”, indicó Julia Friedlander, exasesora de sanciones del Departamento del Tesoro de EE.UU., ahora en el think tank Atlantic Council.

A continuación, les presentamos los nuevos hallazgos clave vinculados a Suleiman Kerimov.

La investigación francesa

Un documento secreto de la justicia francesa al que accedió la BBC revela cómo el oligarca habría ocultado su riqueza valiéndose de uno de sus socios más cercanos.

Kerimov fue arrestado en Francia en noviembre de 2017 bajo sospecha de lavado de dinero producto de la evasión de impuestos. El caso abordaba la compra de una serie de propiedades de lujo en la Riviera francesa entre 2006 y 2010.

Suleiman Kerimov frente al tribunal de Aix-en-Provence, Francia, en 2017

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Suleiman Kerimov frente al tribunal de Aix-en-Provence, Francia, en 2017.

En específico, se enfocaba en Villa Hier en Cap d’Antibes, una lujosa propiedad que se usó como lugar de rodaje de la película “Un par de seductores” de 1988.

Se había vendido a una empresa suiza llamada Swiru Holding AG en 2008 por US$38 millones, pero los investigadores descubrieron pagos ocultos que mostraban que se habían evadido impuestos sobre el precio de compra real de US$138 millones.

Alexander Studhalter, contable y empresario suizo, también fue arrestado. Aseguró ser el propietario de Swiru Holding y cuatro villas, pero los investigadores franceses creían que en realidad eran propiedad del oligarca ruso.

Decían que Studhalter era un testaferro de Kerimov, pero los casos penales contra ambos se cerraron y las acusaciones en su contra fueron rebatidas por un tribunal de apelación francés.

En 2020, Swiru Holding reconoció su participación en la evasión de impuestos y fue multada con U$1,5 millones y obligada a pagar otros US$11,2 millones para resolver el caso.

El abogado de Kerimov emitió un comunicado para afirmar que los tribunales franceses “desestimaron oficialmente las acusaciones hechas por el exfiscal de Niza contra Suleiman Kerimov de haber llevado a cabo operaciones de lavado de dinero”.

“Nunca fui el testaferro de mi amigo ruso”, declaró Studhalter.

Pero, según el documento judicial francés filtrado y al que accedió la BBC, esto no es así.

En una audiencia secreta en junio de 2018 los jueces expusieron las pruebas recopiladas por el juez de instrucción, que concluyó que “el beneficiario efectivo y exclusivo de las villas es el señor Kerimov y su familia”.

Las pruebas contenían registros de tres bancos, incluyendo documentos aparentemente firmados por Studhalter, Kerimov y su sobrino Nariman Gadzhiev que afirmaban que Kerimov y su sobrino eran los verdaderos propietarios de Swiru Holding.

Según el registro del tribunal, Studhalter alegó que “los documentos en poder del banco y firmados por Suleyman Kerimov o Nariman Gadzhiev… eran falsificaciones”.

En respuesta a las preguntas de los socios de la BBC y el ICIJ, Studhalter afirmó que un mismo empleado del banco había falsificado documentos en otros dos bancos, pero aseguró no saber por qué.

Studhalter también declaró: “Fui el único beneficiario efectivo de Swiru Holding AG desde su fundación hasta que vendí la empresa en 2019, según lo confirmado por la Administración Tributaria Federal de Suiza y un tribunal en Francia”.

Los abogados franceses de Kerimov anunciaron lo siguiente: “Después de varios años de investigación, no se han presentado cargos contra nuestro cliente”.

Studhalter dice que las cuatro villas en Francia ya se vendieron. Los registros oficiales en Francia muestran que la beneficiaria última de las empresas que las poseen es la hija de Kerimov.

Propiedades en Londres

Francia no fue el único país donde Kerimov recurrió a Swiru Holding para operar transacciones financieras secretas.

Nuestra investigación ha destapado que, al tiempo que compraba propiedades en el sur de Francia, el multimillonario ruso estaba construyendo otro imperio inmobiliario secreto en Londres.

One Cornwall Terrace es una lujosa mansión de cuatro plantas al final de una hilera de casas adosadas con vistas a Regent’s Park en Londres. La casa tiene medio acre de jardines, con una gran escalera doble que conduce a un majestuoso patio.

One Cornwall Terrace, Londres

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One Cornwall Terrace, una lujosa mansión de cuatro plantas en Londres.

Generó titulares en 2013 cuando su venta por 80 millones de libras (US$104,2 millones) la convirtió en la vivienda adosada más cara jamás vendida en el Reino Unido.

En octubre del año pasado los documentos de los Papeles de Pandora revelaron que era una de las dos propiedades adyacentes compradas por la familia gobernante de Qatar.

Pero los documentos muestran que en 2005 fue comprada por 21 millones de libras (US$27,3 millones) por una empresa extraterritorial propiedad de Swiru Holding, la misma empresa que según los documentos bancarios en Francia era propiedad de Kerimov.

Tras el exitoso lanzamiento en 2007 en la bolsa de valores de Londres de la empresa de Kerimov Polyus Gold, el mayor productor de oro de Rusia, One Cornwall Terrace recibió una lujosa restauración, que tuvo lugar entre 2008 y 2013.

La renovación costó 30 millones de libras (US$39 millones) según los arquitectos que trabajan en el proyecto, e incluyó la adición de una “piscina y spa de última generación en el sótano”, mientras el nuevo jardín “se inspiró en la Piazza dell’Anfiteatro en Lucca, Italia”.

Pero, si bien hubo referencias a un “cliente ruso privado”, la propiedad de Kerimov se ocultó tras capas de secretismo.

Transferencias de dinero

Las actividades financieras de la empresa de propiedad oculta de Kerimov no se limitaban al mercado inmobiliario.

Documentos de los Papeles de Pandora muestran a Swiru Holding en el centro de una red de empresas vinculadas al oligarca e involucradas en transferencias de cientos de millones de dólares.

En uno de los casos, los registros corporativos filtrados revelan que un accionista nominal -alguien que posee acciones en beneficio de otra persona- fue denominado falsamente como el verdadero propietario de una empresa involucrada en más de US$300 millones en transferencias monetarias.

Renato Coppo es un tatuador de la pintoresca ciudad suiza de Lucerna amante del “arte asiático” y con “muchos años de experiencia profesional en el campo del tatuaje”. Su estudio está en la misma ciudad que las oficinas del contable y empresario Alexander Studhalter.

Según documentos de 2016, uno de ellos firmado por Studhalter, Coppo también era el beneficiario final de Fletcher Ventures, una empresa registrada en las Islas Vírgenes Británicas pero administrada en Suiza por Swiru Holding.

La empresa del artista del tatuaje, Fletcher Ventures, participó en grandes transacciones. En 2013 transfirió US$100 millones a una compañía llamada LT Trading.

El tatuador Renato Coppo

BBC
Renato Coppo es un tatuador de la pintoresca ciudad suiza de Lucerna.

Fue una de las varias transacciones de Fletcher Ventures que encendieron las alarmas en el banco estadounidense BNY Mellon. El banco presentó un informe de actividad sospechosa ante el Tesoro de EE.UU., que rastreó a Fletcher Ventures hasta Suiza. Renato Coppo no fue identificado y el banco no pudo averiguar exactamente a dónde iba el dinero.

La “investigación en internet” del banco rastreó a LT Trading hasta una dirección del Reino Unido. Los funcionarios del banco señalaron que la empresa británica se especializaba “en la venta de frutas y verduras”. Era “sospechoso”, concluyeron, “porque parece ser incompatible con la supuesta línea de negocios de LT Trading Limited”.

De hecho, el banco había identificado una empresa con el mismo nombre en el país equivocado. Los documentos filtrados de los Papeles de Pandora muestran que LT Trading no tenía conexión con la compañía productora británica del mismo nombre.

El beneficiario de LT Trading mencionado en los registros corporativos era el sobrino de Kerimov, Nariman Gadzhiev. Al igual que Fletcher Ventures, la empresa fue administrada en Suiza por Swiru Holding.

La transacción fue solo una de una serie de transferencias electrónicas realizadas entre 2010 y 2015 por un total de US$700 millones que las autoridades estadounidenses informaron como sospechosas y en las que los funcionarios bancarios no identificaron vínculos con el oligarca ruso.

Los archivos se encontraron en un listado de informes secretos obtenidos por el ICIJ para la investigación FinCEN Files realizada en 2020.

Los registros filtrados también muestran que en 2013, Fletcher Ventures envió US$202 millones a LLC Gilia en Moscú, una empresa vinculada a una firma de inversiones de Kerimov. Los funcionarios del banco no pudieron identificar quién estaba detrás de esta compañía rusa.

Suleiman Kerimov

Getty Images
Además de empresario, Suleiman Kerimov es también senador de la Federación rusa.

El BNY Mellon dice que tiene prohibido comentar sobre sus documentos de inteligencia, pero la institución alega que cumple totalmente con las leyes y regulaciones pertinentes.

Cuando se le preguntó el año pasado sobre Fletcher Ventures y las transacciones multimillonarias de su compañía, Coppo se negó a responder preguntas y remitió a los periodistas que trabajan con la BBC y el ICIJ a Studhalter.

A pesar de firmar un documento que decía que Coppo era el beneficiario final, Studhalter dijo que lo había firmado por error y presentó otros registros que indicaban que él, y no Coppo, era el verdadero propietario de Fletcher Ventures.

Coppo no respondió a nuestras preguntas.

Fletcher Ventures no es la única empresa por la que Studhalter se disputa el papeleo.

Un documento filtrado muestra que Fren Global Corp otorgó préstamos por un valor cercano a US$3.000 millones a una empresa vinculada con Kerimov y su familia que poseía acciones en Polyus Gold.

Según los documentos firmados por Studhalter, él era el beneficiario final de Fren Global Corp. Pero dice que vendió esta compañía en 2014 “como una empresa ficticia sin activos” a Nariman Gadzhiev, el sobrino de Kerimov.

Cuando fue cuestionado sobre el asunto, Studhalter afirmó no reconocer lo que describió como una “firma electrónica distorsionada” en un documento que le fue mostrado.

Otros activos atribuidos a Swiru Holding y que se cree fueron propiedad de Kerimov incluyen un Boeing 737 hecho a la medida y un superyate valorados en US$150 millones.

Studhalter afirma que él, no Kerimov, era el verdadero propietario.

Kerimov no respondió a una solicitud de entrevista, excepto en relación a la investigación francesa. Mientras, Gadzhiev no respondió a una carta que le envió la BBC.

Desarrollos recientes

El 8 de abril, la Unión Europea impuso sanciones al hijo de Kerimov, Said Kerimov, quien dejó la dirección de Polyus Gold.

La revelación de que su hija ahora es dueña de las villas francesas puede hacer que las propiedades sean objeto de sanciones en Francia.

En un comunicado la semana pasada, el fiscal francés en Niza responsable de los casos por los que fueron acusados ​​formalmente Kerimov y Studhalter, hizo hincapié en “el hecho de que el procedimiento sigue en curso“. En otras palabras, todavía es un caso abierto.

Información adicional de Will Dahlgreen y Anthony Reuben


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