'Mi hija fue violada por su padre, y aún no hay justicia': reclama madre de víctima a 4 años del crimen
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Cuartoscuro Archivo

'Mi hija fue violada por su padre, y aún no hay justicia': reclama madre de víctima a 4 años del crimen

Madres de víctimas de violencia sexual piden mejorar las leyes y la aplicación de justicia, para que se dé validez a su testimonio y haya castigo a los agresores.
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16 de agosto, 2019
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“Mi hija fue violada por su padre biológico a la edad de dos años cuatro meses. Mi niña, durante seis días, vivió un infierno a manos de quien se supone debía protegerla y cuidarla. Sangre de su sangre. Y hoy, después de casi cuatro años de luchas interminables en varios tribunales, mi niña aún no encuentra justicia. Su caso sigue impune”.

Mónica Rodríguez se presenta con estas palabras, dichas con la voz entrecortada y un rostro que, además de dolor, refleja rabia.

Supo que algo estaba mal desde la primera vez que la niña convivió con ese hombre, que la engendró, pero que se olvidó de ella a los tres meses de nacida. Hasta que un día reapareció peleando legalmente convivir con ella en las vacaciones de navidad. Logró llevársela una semana, en la que no contestó llamadas ni mensajes, y cuando regresó, nada volvería a ser igual.

“Llegó con rasguños en el cuellito, llegó súper rozada, con miedo, no quería que nadie la tocara, ya había dejado el pañal y de pronto llega con pañal… tuvo un retroceso. Un amigo mío que es psicólogo me dijo: ‘por todo lo que me cuentas, tu hija fue abusada’. La peor noticia que le pueden dar a una madre”, cuenta en entrevista con Animal Político.

Lee más: Uno de cada 10 mexicanos conoce al menos un caso de abuso sexual infantil en su familia

Pero en ese momento era difícil saber exactamente qué había pasado. La pequeña tardó casi un año, yendo a terapia con especialistas en violencia sexual en la infancia, hasta que pudo expresar con sus palabras lo que le habían hecho y quién había sido.

Pasaron otros dos años de esporádicas apariciones del hombre peleando nuevamente en un juzgado civil de Tlalnepantla el derecho a convivir con la niña, sobre todo en diciembre. Mónica interpuso un juicio en Cuautitlán para quitarle la patria potestad por el antecedente de agresión sexual y logró una reserva para evitar los encuentros.

Hasta que la propia niña decidió, en una audiencia, decirle al juez lo que ella sentía.

“No quiero volver a ver a mi papá Erik porque él me toca mi colita con una pelota, y me lastima, y no me gusta, y no lo quiero volver a ver”, recuerda su madre que dijo, refiriéndose como una “pelota” a lo que no eran sino los genitales de su progenitor.

De acuerdo con especialistas como la psicóloga infantil María Cecilia López, es fundamental entender que un niño no expresa la violencia que sufre con las palabras que lo haría un adulto, sino con referencias, dibujos o juguetes, y los responsables de la justicia deben tener esto en cuenta. Sin embargo, según Juan Martín Pérez, de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), estos casos siempre se caen porque la voz de un niño no tiene validez legal y porque se exige que digan claramente lo que en lenguaje jurídico se llama circunstancias de tiempo, modo y lugar.

Pero la declaración de su hija motivó a Mónica a, ahora sí, interponer una demanda legal por abuso sexual, y no solo por la custodia. Apenas estuvo en tiempo, porque en el Estado de México, según le han explicado, el delito prescribe a los cinco años. Es decir, que una niña violentada a los dos años, a los siete pierde el derecho de buscar justicia.

Uno de los puntos más mencionados en un foro abierto realizado el miércoles en el Senado, sobre violencia sexual infantil, fue la exigencia de que se legisle para que estas agresiones nunca prescriban.

Pese a su denuncia, Mónica y su hija se han topado con pared. Primero descalificaron el informe psicológico que ya tenían por ser de una asociación privada. “Qué tal que usted pagó por él”, le dijeron. La niña fue a una nueva valoración, sin su madre presente, donde una psicóloga confirmó que había sido violentada. Pero al día siguiente, cuando le pidieron volver a terminar el trámite, resulta que no servía la computadora para ver el video de la entrevista y transcribir la declaración, y que se perdió el nombre de la psicóloga que hizo el examen… Así lleva cinco meses, yendo cada semana y esperando a que por fin inicie la investigación.

Mientras tanto, ya le ha tocado escuchar de todo: que debería dejar el asunto porque a la niña se le va a olvidar y ella es la culpable de estárselo recordando; que ya le agarró amor al papá y no debería quitarle el derecho a verlo; y hasta que a lo mejor tenían que investigarla a ella por “alienación”, porque por la forma tan madura de hablar de la pequeña —que pasó tres años en terapia—, suena a que le metió en la cabeza ideas de cosas que no pasaron.

Mónica repite que ella solo quiere justicia, quiere proteger a su hija de que no vuelva a ver nunca al padre biológico que la atacó sexualmente.

Dio su testimonio en el foro del Senado, organizado por Josefina Vázquez Mota, que anunció la presentación de reformas como que se homologuen los códigos de todo el país, se tipifique correctamente —porque si se considera “abuso”, sin penetración, no amerita cárcel— y que no prescriba.

Pero Mónica también quiere que lo que se legisle, no se quede en papel, sino que en los Ministerios Públicos y juzgados haya personal capacitado, que sepa tomar en cuenta la declaración de un menor de edad y no revictimizar a los pequeños.

Sueños truncados desde la infancia

El caso de Mónica y su hija no es una excepción. Se calcula que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños son violentados sexualmente antes de cumplir la mayoría de edad.

Ana Lucía todavía siente a veces que se quedó atrapada en la capilla de su escuela, casi 30 años después de haber sido violada por un sacerdote cuando ella tenía apenas ocho.

“Hasta hoy no sé cómo no me morí. Pero me fui aniquilando de muchas formas, porque una víctima de abuso sexual, una víctima de violación en la infancia aprende a repetir los patrones autodestructivos; si no te destruye alguien, tú buscas cómo, ya sea por medio de la comida, no quieras comer, con brotes de bulimia, brotes de anorexia, ya sea por la drogadicción, ya sea por medio del alcoholismo… ese no fue mi caso, de suerte. Pero también hay otros patrones, cómo las conductas en donde tú vas y buscas que otra persona te maltrate y te vuelva a poner en ese lugar una y otra y otra vez”, contó.

Ella fue violentada cuando estudiaba en el colegio Cumbres de Cancún, Quintana Roo, por el padre Fernando “N”, que había sido enviado ahí después de acusaciones de abuso de menores en otro colegio en la Ciudad de México.

Le contó a sus padres lo que pasaba después de sus confesiones en la capilla, estando a solas con el padre, y ellos fueron a denunciar a la escuela. Pero en lugar de atender su reclamo, se encontraron con encubrimiento y una estigmatización por la que maestros y niños rechazaron e hicieron sentir a Ana Lucía como si ella diera asco y fuera la culpable.

Años después, ella misma se ha enfrentado a la iglesia, exigiendo un castigo a su agresor. Pero la respuesta fue que ya es un viejo de 80 años y que vive en el retiro en Roma.

Ahora que es cantante y conductora de radio y televisión, se atrevió a contar lo que le había sucedido y se convirtió en la primera mujer en acusar públicamente a un miembro de la Legión de Cristo, ya que sólo habían denunciado hombres, y se presentó en el Senado para exigir especial atención a los casos de pederastia en la Iglesia, y a que también se castigue a los encubridores, que nunca han pagado por permitir que se cometieran violaciones.

“Lo más cercano que voy a conocer a la justicia es que yo me atreví a pararme y a hablar delante de los medios de comunicación”, consideró.

Ella ha logrado hacer una carrera artística, pero para otras víctimas, sus sueños quedaron cortados en el momento en que un agresor se cruzó en su camino.

El hijo de Alejandra vio frustrada su aspiración de ser futbolista después de caer en las manos de un supuesto representante de talentos, llamado Ángel “N”.

El joven de Pachuca, Hidalgo, se fue Veracruz a probar suerte con los Tiburones Rojos. Pero Ángel “N” empezó a chantajearlo con que tenía que hacer todo lo que él le pidiera, a cambio de la ayuda que le estaba dando para conseguirle jugar en el equipo, y lo obligó a tener sexo.

El joven le contó a sus papás la situación, y que él no era el único. Ellos pusieron una denuncia legal y acudieron a la Federación Mexicana de Futbol, pero en lugar de obtener apoyo y justicia, se filtró su nombre, así que cada nuevo equipo al que ha ido a tocar la puerta le ha negado siquiera la oportunidad de probarse.

Alejandra, su madre, no puede creer la frustración de su hijo y que además, por la vía legal, le han dicho que no es delito grave, así que lo más a lo que puede aspirar es a pedir un pago de daño moral, pero no ver al agresor de su hijo en la cárcel.

“Llevamos nueve meses… ¡nueve meses y no hemos visto absolutamente nada, nada de justicia! La verdad es que Veracruz es una impunidad y una corrupción espantosa, que lo único que vemos es que ayudan más al agresor que a la propia víctima”, lamentó.

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Bolivia: La historia de los 8 primos que superaron juntos el COVID-19 en un hospital

Ocho menores de entre 3 y 13 años dieron positivo en la prueba de coronavirus y tuvieron que ser llevados a un hospital. Ellos no quisieron separarse y los médicos lo entendieron.
18 de mayo, 2020
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Los niños retornaron a su casa en un pequeño bus tras casi tres semanas de internación.

José Rocha/Los Tiempos
Los niños retornaron a su casa en un pequeño bus tras casi tres semanas de internación.

Juguetes, bolsas con alimentos y golosinas fueron algunos de los regalos del personal médico que atendió a los “ch’iticitos” el día que fueron dados de alta.

Con ese término, una voz quechua con la que en Bolivia se refieren a los niños, bautizaron a los ocho primos que pasaron casi tres semanas internados y derrotaron juntos al coronavirus.

Pasaron su aislamiento en grupo, en dos cuartos contiguos del hospital Solomon Klein, en la ciudad de Sacaba (centro de Bolivia) y retornaron a sus casas este 12 de mayo.

Y en el momento de dejar el centro de salud, los miembros del equipo de enfermería y médicos hicieron una especie de pasillo humano para que los niños se salieran en medio de aplausos y algunas lágrimas.

El personal médico despidió a los menores con aplausos y lágrimas.

José Rocha/Los Tiempos
El personal médico despidió a los menores con aplausos y lágrimas.

Después de ello, una de las madres de los menores resumió en pocas palabras cómo se siente su familia después de lo vivido en las últimas semanas: “La tormenta terminó”.

“Vencedores”, fue el título de la portada del diario boliviano Los Tiempos del día siguiente, con la foto de los ocho niños de entre 3 y 13 años que no quisieron separarse.

Contagio y hacinamiento

El caso de los ocho primos fue complejo desde el principio, explica a BBC Mundo el jefe de vigilancia epidemiológica del Servicio Departamental de Salud, Rubén Castillo.

Los primos junto a sus padres convivían en un espacio pequeño, lo que hacía mucho más probables los contagios y casi imposible un eventual aislamiento domiciliario.

La familia residía en una zona periurbana donde se mezclan casas humildes con viviendas residenciales.

El contagio comenzó con la madre de uno de los menores, luego uno de los niños presentó síntomas y a las pocas horas todo el grupo tuvo que ser trasladado al hospital más cercano equipado para tratar casos de covid-19.

Los niños recibieron juguetes y golosinas como regalos del personal del hospital donde permanecieron.

José Rocha/Los Tiempos
Los niños recibieron juguetes y golosinas como regalos del personal del hospital donde permanecieron.

Confirmados los casos positivos de los ocho, se volvió urgente decidir cómo serían atendidos en el centro médico y lejos de sus padres.

“Vimos que eran muy unidos y se optó por mantenerlos juntos. Ellos estaban acostumbrados a vivir así y no queríamos que sufran algún trauma”, explicó Rubén Castillo.

El jefe de salud añade que por esa situación se realizó un seguimiento muy estrecho de la evolución de los ocho, fundamentalmente durante los primeros días en los que se temía que alguno de ellos necesitara un tratamiento especial en solitario.

Las tres semanas

Como se encontraban en habitaciones una al lado de la otra, los ch’iticitosse comunicaban a lgritos.

Así lo recuerda Grover León, director del hospital donde fueron internados los menores.

“En las mañanas se gritaban de pared a pared: ‘¿Cómo están? ¿Están bien?’”, señala a BBC Mundo el médico.

Con el paso de los días, los menores dejaron de gritar y comenzaron a realizar videollamadas con teléfonos celulares que les prestaban las enfermeras.

Esos móviles, además, eran la única vía que tenían los niños para comunicarse con sus padres durante todo el periodo de internación.

“Los ch’iticitos se ganaron el cariño de todo el hospital”, cuenta León al tiempo de recordar que, de a poco, a las habitaciones de los primitos llegaban juguetes y hasta televisiones para mantenerlos entretenidos.

Las enfermeras ya sabían cómo era cada uno de ellos. El mayor de ellos el más hiperactivo y la menor de las niñas, la más juiciosa.

El equipo seleccionado para tratar el caso de los primos tenía experiencia previa en pediatría.

Una paciente de covid-19 sale del hospital

EPA
Más de 430 personas se han recuperado del covid-19 en Bolivia, según el Ministerio de Salud.

El director del hospital recuerda que uno de ellos presentó problemas respiratorios moderados que pudieron ser controlados.

“Lo más difícil fue lograr que ellos no extrañen el calor de hogar y de la familia”, concluye.

Las dificultades

Las autoridades sanitarias bolivianas consultadas por BBC Mundo coinciden en que las difíciles condiciones socioeconómicas en las que se encuentran grandes sectores de la población de este país dificultan el combate contra la pandemia.

Rubén Castillo señala, por ejemplo, que el hacinamiento en el que se encontraban los ocho primos recién recuperados es muy recurrente en Bolivia como en distintos países de Latinoamérica.

“Esas características, junto con la posibilidad de que estén presentes casos asintomáticos, son un potencial foco de contagio desde las casas”, advierte el jefe de salud.

Mujeres hacen compras en Bolivia

AFP
En Bolivia se registran más de 3.500 casos confirmados de covid-19 y alrededor de 160 muertes.

En Bolivia son cada vez más las poblaciones pequeñas que son puestas en cuarentena porque los contagios se multiplican en las casas a raíz de que un familiar contrajo el virus en un mercado u otro sitio público.

El país declaró cuarentena total y cierre de fronteras desde el 25 de marzo. Sin embargo, al igual que otros países de América Latina, comenzó a registrar cifras récord de contagios confirmados y decesos diarios a partir del mes de mayo.

Es por ello que para el doctor León es una alegría especial que los primos que entraron a su hospital hace tres semanas salieran todos juntos.

Los ocho abordaron un pequeño bus junto a algunos de sus familiares para volver a la casa que extrañaron tanto.

Se determinó que pasen 10 días más de aislamiento por seguridad, pero todo apunta a que una de las mamás de los niños tenía razón y que la tormenta ya pasó.

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