“Hay mucha gente indiferente a nuestro dolor”: familiares de desaparecidos en México
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Alberto Pradilla

“Hay mucha gente indiferente a nuestro dolor”: familiares de desaparecidos en México

Algunos llevan una década buscando a su familiar desaparecido. Otros, apenas dos años. Todos ellos han sentido cómo la administración les daba la espalda y muestran ahora esperanza en que las medidas anunciadas por el gobierno sirvan para encontrar a sus seres queridos.
Alberto Pradilla
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“Solo pedimos a la gente que no sea indiferente a nuestro dolor”.

Patricia Espinosa busca a su hermano Jorge. 

La búsqueda de Patricia comenzó el 24 de febrero de 2012. Fue el día en el que recibió un mensaje de su cuñada y le anunció que Jorge, su hermano, había caído en manos de Los Zetas. El joven, que padecía sordera, había marchado a Piedras Negras, Coahuila, en busca de trabajo. “Estaba con otros cuatro amigos, también trabajando. Ellos estaban en un crucero en Piedras Negras y estaban vendiendo cosas, en venta ambulante. Llegaron unas camionetas y se los llevaron”, dice.

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Desde entonces la familia no tuvo noticias de él. Aunque sí que escucharon rumores. 

“Nos dicen que está como indigente en Ciudad Juárez, Chihuahua. Y lo fuimos a buscar allá. Fui en compañía de la Fiscalía, hemos ido en búsqueda, pero no hemos tenido ningún resultado”, dice, mientras entrega flores blancas y rojas a los ciudadanos que salen del metro en el Zócalo, durante el acto del Movimiento por Nuestros Desaparecidos.

Para Patricia, uno de los puntos más difíciles de este proceso es la incomprensión a su alrededor. “Hay mucha gente que es indiferente a nuestro dolor. No están de este lado”, afirma. “Sinceramente, le pido mucho a Dios que ni uno más esté de este lado, que ya no haya desaparecidos. Nada más hemos estado pegando fotos de ellos por si nos dan alguna información de que los ven. Nada más, solo pedimos a la gente que no sea indiferente a nuestro dolor”, dice. 

Familiares de desaparecidos entregan flores blancas y rojas a ciudadanos que salen del metro en el Zócalo

Patricia Espinosa; busca a su hermano Jorge.

Sobre las medidas anunciadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador, muestra cautela. “Nos prometió que iba a poner todo para encontrar a tanto desaparecido, pero hoy en día no hemos obtenido resultados”, dice. 

“Esperamos que con el nuevo presidente se haga algo, nosotros ya estamos enfermos”

Arturo Rojo busca a su hijo Jorge Vicente Rojo vendía pintura casa por casa en Piedras Negras, Coahuila, cuando desapareció el 21 de marzo de 2009. Estaba con otros 11 compañeros de trabajo. Nunca se volvió a saber nada de ellos. Desde entonces, la familia Rojo sigue buscando. Su padre, Arturo, muestra la fotografía de su hijo en un cartel que le cuelga a la altura del estómago. Dice que está cansado, pero llegó al acto del Palacio Nacional con su esposa y dos hijas, de los seis, contando a Vicente, que componen la familia.

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“Me siento decepcionado. Siempre hemos estado buscándolos y nada de nada. Tengo el expediente en Seido (Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada), y en Saltillo, porque mi hijo desapareció el 21 de marzo en Piedras Negras, Coahuila. Estamos yendo cada mes, cada mes y medio. Nada más nos cambian los ministerios públicos para darnos largas, pero, en sí, no se ha visto nada”, asegura. 

“Esperemos que con el nuevo presidente se haga algo. Ahora vemos que le está echando ganas”, afirma. Su esperanza es algo vital. “Ya mi esposa y yo… ya estamos enfermos”, dice. Resopla. Toma aire. Los ojos se enrojecen, pero continúa. “No sabemos si aguantamos mucho tiempo. Hay una necesidad de nosotros, queremos encontrarlo como dios quiera que nos lo mande”, dice.

Arturo Rojo con la foto de su hijo desaparecido

Arturo Rojo, busca a su hijo Jorge

En su opinión, el nuevo gobierno sí ha marcado una diferencia. “Ahorita nos estamos viendo que nos están atendiendo mejor, ojalá salga algo”, afirma.

Vicente Rojo dice que la edad hizo mella en el proceso de búsqueda. “Nosotros ahora estamos cansados. Antes, cinco años anduve día y noche buscándolo, pero ahorita la enfermedad, ya me siento cansado”. Afirma. Sin embargo, ahí sigue, con la fotografía de su hijo en el pecho y varias flores en la mano, con la esperanza de encontrarlo, sea como sea.

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“La orden era no investigar, porque hay policías involucrados”

María Antonia Melo Cadena busca a su hermano Matusalén. 

El 21 de octubre se cumplirá una década de la desaparición de Matusalén Melo Cadena en Torreón, Coahuila. Se encontraba acompañado de tres compañeros, todos ellos ingenieros agrónomos. Su hermana María Antonia dice que hay policías municipales y un agente federal involucrado. Por eso, asegura, la investigación nunca avanzó. 

“El trato ha sido indolente. No quieren investigar, no se quieren investigar a ellos mismos. En algún momento tuvo avance, pero avanzábamos tres pasos y retrocedíamos dos. Luego no querían seguir investigando, porque se encuentran con ellos mismos. La orden era no investigar”, afirma. 

Incluso relata cómo el antiguo responsable de secuestros de la SEIDO, Gualberto Ramírez, le dijo que “no quería molestar a los policías porque eran compañeros”. 

María Antonia relata el penoso camino de despacho en despacho sin que nadie preste atención. De SEIDO a la fiscalía de desaparición forzada. Y de ahí, a esperar. “Sigue sin hacer nada, siguen las omisiones, sigue esa ausencia de voluntad. Hace poco tuve una reunión con la subprocuradora, Sara Irene Herrerías, me dijo que al parecer la búsqueda no era una prioridad de esta administración. Ha cambiado tres veces de Ministerio Público, y siguen sin hacer nada a pesar de que les lleves la información”, protesta.

“Sigue con la excusa de que son pocos MP y 40 expedientes para cada uno. Estoy de acuerdo en que están rebasados, pero esta no es nuestra culpa, es algo que tiene que ver con la inacción de las autoridades”, dice.

La mujer se muestra esperanzada con los anuncios realizados por López Obrador y el subsecretario de Derechos Humanos, Migración y Población, Alejandro Encinas. “La mañanera de hoy fueron buenas noticias, nos sorprendió gratamente”, afirma. Puntos importantes: “Que mande el mensaje que las desapariciones son prioridad, el mecanismo extraordinario forense, que es algo que estamos pidiendo”. Un reto: “la fiscalía debe ser consciente de que debe entrar al tema”.

“Estamos en un país en el que no existe la justicia”

Dionisia Pelcastre busca a su hijo, Guillermo David.

Guillermo David Ramírez Pelcastre falta en su casa desde el 22 de septiembre de 2017. De 20 años y taxista de profesión, el joven fue visto por última vez en la colonia Ciudad Cuauhtémoc, Ecatepec, Estado de México, a bordo de su coche. Desde entonces no hay noticias sobre su paradero.

“Estamos en un país en el que no existe la justicia, no existe la protección que el gobierno tiene que dar a los ciudadanos”, dice la mujer. 

El próximo mes se cumplen dos años sin que esta madre, que tiene otros cinco hijos, conozca el paradero de Guillermo David. En este tiempo, dice ya ha conocido la desidia de las instituciones. Sin embargo, muestra su esperanza en que el gobierno de López Obrador suponga un cambio en la relación de la administración con las víctimas. “Hasta ahora ha habido más comunicación, algo mas de avances y respeto”, dice. Pero lo que ella necesita son resultados. Y en esto se fía menos. “Hasta no ver, no creer”, dice.

“Tenemos que seguir exigiendo la presentación con vida de nuestros hijos”

Cristina Bautista Salvador busca a su hijo, Benjamín.

Benjamín Ascenscio Salvador es uno de los 43 estudiantes de la escuela Normal Rural de Ayotzinapa, desaparecidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero. Su madre Cristina muestra un gran cartel con su rostro y el lema “Vivo se lo llevaron, con VIDA lo queremos”. 

En dos meses se cumplen cinco años de una desaparición que marcó el mandato del presidente Enrique Peña Nieto y que se convirtió en símbolo de las desapariciones forzosas. Tras diversas versiones, encubrimientos y engaños, los 43 siguen sin aparecer. Ni vivos, ni muertos. 

Cristina explica el dolor de la ausencia. “Es muy triste. Falta un ser querido en la casa y es muy triste, preocupante, desesperante. Uno no vive tranquilo”, asegura. La falta se convierte en la obsesión de los que se quedan. “Hemos dejado nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro trabajo, para buscar al otro hijo que nos falta. En cada comunidad, en cada casa, falta. Uno va a comer y su silla está vacía y entra la desesperación”, afirma.

Cristina Bautista sostiene letrero con foto de su hijo desaparecido

Cristina Bautista Salvador busca a su hijo Benjamín.

Para el quinto aniversario de la desaparición, Cristina explica que las familias preparan diversos actos, tanto en Iguala, donde homenajearán a los tres normalistas fallecidos, como en Ciudad de México, donde está prevista una marcha el 26 de septiembre. 

Sobre las nuevas autoridades, Cristina muestra esperanza. “Las autoridades actuales están bien, tienen la voluntad de buscar a nuestros hijos”, dice. “Nos abrieron las puertas, como madre tengo la esperanza de que sí vamos a llegar a la verdad”, asegura. Esto, en un caso como de Iguala, es un cambio notable. Basta con recordar cómo Peña Nieto llamó a “superar” las desapariciones apenas tres meses de que estas tuviesen lugar. 

El tiempo es una losa para las familias, según Cristina. “Cuando pasa más tiempo, sientes más desesperación. Tenemos que seguir exigiendo la presentación con vida de nuestros hijos”, afirma.  

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Cómo se formará el próximo supercontinente en la Tierra

Lejos de estar fijos, los continentes no han estado organizados tal como los vemos hoy día en el pasado. ¿Es posible saber dónde estarán ubicados dentro de millones de años?
9 de abril, 2022
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Hace casi 500 años, el cartógrafo flamenco Geradus Mercator produjo uno de los mapas más importantes del mundo.

Ciertamente no fue el primer intento de crear un atlas mundial, y tampoco fue particularmente preciso: Australia está ausente y las Américas están dibujadas de forma aproximada.

Desde entonces, los cartógrafos han producido versiones cada vez más precisas de esta configuración continental, corrigiendo los errores de Mercator, así como los sesgos entre hemisferios y latitudes creados por su proyección.

Pero el mapa de Mercator, junto con otros producidos por sus contemporáneos del siglo XVI, reveló una imagen verdaderamente global de las masas terrestres de nuestro planeta, una perspectiva que, desde entonces, ha persistido en la mente de la gente.

Lo que Mercator no sabía es que los continentes no siempre han estado posicionados de esta manera. Él vivió alrededor de 400 años antes de que se confirmara la teoría de la tectónica de placas.

Al mirar las posiciones de los siete continentes en un mapa, es fácil suponer que están fijos. Durante siglos, los seres humanos han librado guerras y hecho la paz por conquistar estos territorios, bajo el supuesto de que su tierra, y la de sus vecinos, siempre ha estado allí y siempre lo estará.

Sin embargo, desde la perspectiva de la Tierra, los continentes son hojas a la deriva en medio de un estanque. Y las preocupaciones humanas son una gota de lluvia en la superficie de la hoja.

Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea. Y antes de eso, hay evidencia de otros que se remontan a más de tres mil millones de años: Pannotia, Rodinia, Columbia/Nuna, Kenorland y Ur.

Ilustración de la Tierra durante el Jurásico temprano

Getty Images
Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea.

Los geólogos saben que los supercontinentes se dispersan y ensamblan en ciclos: ahora estamos en la mitad de uno.

Entonces, ¿qué tipo de supercontinente podría existir en el futuro en la Tierra? ¿Cómo se reorganizarán las masas de tierra tal como las conocemos a muy largo plazo?

Un terremoto inusual

Resulta que hay al menos cuatro trayectorias diferentes que podrían seguir. Y muestran que los seres vivos de la Tierra algún día residirán en un planeta muy diferente, más parecido a un mundo alienígena.

Para el geólogo Joao Duarte de la Universidad de Lisboa, el camino para explorar los futuros supercontinentes de la Tierra comenzó con un evento inusual en el pasado: un terremoto que sacudió Portugal un sábado por la mañana en noviembre de 1755.

Fue uno de los terremotos más poderosos de los últimos 250 años, que dejó un saldo de 60.000 muertos y provocó un tsunami a través del océano Atlántico. Lo que lo hizo particularmente raro fue su ubicación.

“No debería haber grandes terremotos en el Atlántico”, dice Duarte. “Fue extraño”.

Ilustracion del terremoto de Lisboa

Getty Images
Ilustracion del terremoto de Lisboa de 1755.

Los terremotos de esta escala generalmente ocurren en o cerca de las principales zonas de subducción, donde las placas oceánicas se sumergen debajo de los continentes y se derriten y consumen en el manto caliente.

Involucran colisión y destrucción. El terremoto de 1755, sin embargo, ocurrió a lo largo de un límite “pasivo”, donde la placa oceánica que subyace al Atlántico se transforma suavemente en los continentes de Europa y África.

Proyecciones

En 2016, Duarte y sus colegas propusieron una teoría de lo que podría estar pasando: los puntos de sutura entre estas placas podrían estar deshaciéndose y podría estar avecinándose una ruptura importante.

“Podría ser una especie de mecanismo infeccioso”, explica. O como el vidrio que se astilla entre dos pequeños agujeros en el parabrisas de un automóvil.

Si es así, una zona de subducción podría estar a punto de extenderse desde el Mediterráneo a lo largo de África occidental y tal vez más allá de Irlanda y Reino Unido, generando volcanes, formación de montañas y terremotos en estas regiones.

Duarte se dio cuenta de que, si esto sucede, podría provocar el cierre del Atlántico. Y si el Pacífico continuara cerrándose también, lo que ya está ocurriendo a lo largo del “Anillo de Fuego” que lo rodea, eventualmente se formaría un nuevo supercontinente. Lo llamó Aurica, porque las antiguas masas de tierra de Australia y las Américas se ubicarían en su centro.

Se vería así:

Aurica

Davies et al
Aurica, el supercontinente que podría formarse si el Atlántico y el Pacífico se cerraran (Credit: Davies et al).

Luego de que Duarte publicara su propuesta para Aurica, se preguntó por otros escenarios futuros. Después de todo, la suya no era la única trayectoria supercontinental que habían propuesto los geólogos.

Entonces, comenzó a conversar con el oceanógrafo Matthias Green, de la Universidad de Bangor, en Gales. La pareja se dio cuenta de que necesitaban a alguien con habilidades computacionales para crear modelos digitales.

“Esa persona tenía que ser alguien un poco especial, a quien no le importara estudiar algo que nunca sucedería en escalas de tiempo humanas”, explica.

Esa resultó ser su colega Hannah Davies, otra geóloga de la Universidad de Lisboa. “Mi trabajo consistía en convertir dibujos e ilustraciones de geólogos anteriores en algo cuantitativo, georreferenciado y en formato digitalizado”, explica Davies. La idea era crear modelos que otros científicos pudieran desarrollar y perfeccionar.

Pero no fue sencillo. “Lo que nos ponía nerviosos es que se trata de un tema increíblemente nuevo. No es lo mismo que un artículo científico normal”, dice Davies. “Queríamos decir: ‘Está bien, entendemos mucho sobre la tectónica de placas después de 40 o 50 años. Y entendemos mucho sobre la dinámica del manto y todos los demás componentes del sistema. ¿Hasta dónde podemos llevar ese conocimiento al futuro?'”.

Esto llevó a cuatro escenarios. Además de modelar una imagen más detallada de Aurica, exploraron otras tres posibilidades, cada una de las cuales se proyecta hacia el futuro en aproximadamente entre 200 y 250 millones de años a partir de ahora.

El primero fue lo que podría pasar si continúa el statu quo: el Atlántico permanece abierto y el Pacífico se cierra. En este escenario, el supercontinente que se forma se llamará Novopangea. “Es el más simple y el más plausible según lo que entendemos ahora”, dice Davies.

Novopangaea

Davies et al
Novopangea se formará si la actividad tectónica conocida hoy continúa sin sorpresas (Crédito: Davies et al).

Sin embargo, también podría haber eventos geológicos en el futuro que conduzcan a situaciones diferentes.

Un ejemplo es un proceso llamado “ortoversión” donde el océano Ártico se cierra y el Atlántico y el Pacífico permanecen abiertos. Esto cambia las orientaciones dominantes de la expansión tectónica, y los continentes se desplazan hacia el norte, todos dispuestos alrededor del Polo Norte, excepto la Antártida.

En este escenario, se forma un supercontinente llamado Amasia:

Amasia

Crédito: Davies et al).
Si se forma Amasia, será porque los continentes se desplazaron hacia el norte (Crédito: Davies et al).

Finalmente, también es posible que la expansión del lecho marino en el Atlántico pueda disminuir. En el medio del océano, hay una cresta gigante que divide dos placas y atraviesa Islandia hasta el océano Antártico.

Aquí, se está formando nueva litosfera, que es como una cinta transportadora. Si esta expansión se ralentizara o se detuviera, y si se formara un nuevo límite de placa en subducción a lo largo de la costa este de las Américas, se obtendría un supercontinente llamado Pangea Ultima, que parece un enorme atolón:

Pangea Ultima

Crédito: Davies et al
Pangea Ultima se vería rodeado por un gran océano, pero tiene un mar central dentro (Crédito: Davies et al).

Estos cuatro modelos digitales ahora significan que los geólogos tienen una base para probar otras teorías. Por ejemplo, los escenarios podrían ayudar a los científicos a comprender los efectos de diferentes arreglos supercontinentales en las mareas, así como el clima del futuro profundo: ¿cómo sería el clima en un mundo con un océano enorme y una masa terrestre gigante?

Para modelar el clima de un supercontinente, “no se pueden usar los modelos del IPCC , y punto, porque no están diseñados para eso”, dice Duarte. “No puedes cambiar las variables que necesitas cambiar”.

Exoplanetas

Los modelos de los futuros supercontinentes de la Tierra también pueden servir como indicador para comprender el clima de los exoplanetas. “La futura Tierra es completamente ajena”, explica Davies. “Si estuvieras en órbita sobre Aurica, o Novopangea, probablemente no lo reconocerías como la Tierra, sino como otro planeta con colores similares”.

Esta idea llevó al trío a colaborar con Michael Way, físico del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. Él y sus colegas buscan estudiar climas en mundos alienígenas modelando las variaciones del nuestro a lo largo del tiempo.

“Solo tenemos tantos ejemplos de cómo puede verse un clima templado. Bueno, tenemos un ejemplo para ser honesto: la Tierra, pero tenemos la Tierra a través del tiempo”, dice Way. “Tenemos los escenarios del pasado, pero al movernos hacia el futuro y usar estos maravillosos modelos tectónicos para el futuro, esto nos brinda otro conjunto para agregar a nuestra colección”.

Necesitas tales modelos porque puede ser difícil saber qué buscar al analizar exoplanetas potencialmente habitables desde lejos.

Planeta

Getty Images
¿Qué tipo de configuración continental podrían tener los mundos extraterrestres rocosos?

Lo ideal sería saber si un planeta tiene un ciclo de supercontinente, porque la presencia de vida y la tectónica de placas activas podrían estar entrelazadas. El posicionamiento continental también podría afectar la probabilidad de agua líquida.

A través de los telescopios, no se pueden ver los continentes y la composición atmosférica solo se puede inferir. Entonces, los modelos de variaciones climáticas podrían revelar alguna señal indirecta que los astrónomos podrían detectar.

Variaciones

El modelo de Way de los climas del supercontinente -que se demoró meses usando una supercomputadora- reveló algunas variaciones sorprendentes entre los cuatro escenarios.

Amasia, por ejemplo, conduciría a un planeta mucho más frío que el resto. Con la tierra concentrada alrededor del Polo Norte y los océanos menos propensos a llevar corrientes cálidas a latitudes más frías, se acumularían capas de hielo.

Aurica, por el contrario, sería más suave, con un núcleo seco pero con costas similares a las de Brasil hoy día, con más agua líquida.

Paisaje verde

Getty Images
Un planeta con una configuración continental diferente, tendría otro clima.

Es útil saber todo esto, porque si un exoplaneta similar a la Tierra tiene placas tectónicas, no sabremos en qué etapa del ciclo del supercontinente se encuentra actualmente y, por lo tanto, necesitaremos saber qué buscar para inferir su habitabilidad.

No debemos suponer que las masas terrestres se dispersarán, a mitad de ciclo, como la nuestra.

En cuanto al futuro de nuestro propio planeta, Davies reconoce que los cuatro escenarios de supercontinentes que han modelado son especulativos, y puede haber sorpresas geológicas imprevistas que cambien el resultado.

“Si tuviera una Tardis para ir a ver, no me sorprendería que, en 250 millones de años, el supercontinente no se pareciera en nada a ninguno de estos escenarios. Hay tantos factores involucrados”, dice.

Sin embargo, lo que se puede decir con certeza es que las masas de tierra que damos por sentadas algún día se reorganizarán en una configuración completamente nueva.

Los países que alguna vez estuvieron aislados unos de otros serán vecinos cercanos. Y si la Tierra aún alberga seres inteligentes, podrán viajar entre las antiguas ruinas de Nueva York, Pekín, Sídney y Londres sin ver un océano.

Este artículo se publicó en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


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