Ser paramédico en Guerrero, salvar la vida en medio de la muerte
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Andrew Guzmán

Ser paramédico en Guerrero, salvar la vida en medio de la muerte

Pocas profesiones te ponen al borde de la muerte a diario. Esta es una de ellas. Ser paramédico de la Cruz Roja en Guerrero es un riesgo verdadero, punzante. 
Andrew Guzmán
Por Arturo de Dios Palma / Amapola Periodismo Transgresor
24 de agosto, 2019
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Pocas profesiones te ponen al borde de la muerte a diario. Esta es una de ellas. 

Cuando estás en servicio sabes que estás encima de un lugar lleno de pólvora, que en cualquier momento se puede encender. Estás en la incertidumbre todo el tiempo. En esos momentos, sólo puedes confiar en muy pocos, dudas de los que están ahí para cuidarte. Sabes que te vigilan, que te miran con quien hablas, qué hablas, cómo lo haces. Pero tienes que estar ahí porque de tu trabajo dependen vidas.  

Cuando escuchas el radio civil de la base de la Cruz Roja donde trabajas, sabes que en los próximos minutos podrás estar frente a un episodio de violencia. La adrenalina comienza a recorrer todo tu cuerpo. Todo es incertidumbre. No sabes, de entrada, si llegarás al lugar donde requieren de tu ayuda, si en el camino te lo impiden. 

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Al llegar al lugar del ataque, seguirás igual, no estarás a salvo sino peor: te pondrás en el centro de la atención. Casi nadie te protegerá. Ni los militares, menos la Policía de la que estás seguro tienen complicidad con los que generan la violencia. Te sentirás un poco más seguro cuando la gente del barrio, de la colonia se comience a acercar, a rodear la escena del crimen. Pero nunca dejarás de estar atento del entorno, los riesgos están ahí y no se pueden ver a primera vista; resguardar tu seguridad, es casi lo mismo que resguardar la del herido: le ayudas más vivo que muerto.  

En ese lugar no podrás estar más de diez minutos, el riesgo va aumentando; aplicarás una de las máximas que los paramédicos han creado recientemente: “carga y vete”. No te detendrás a atender al herido en la calle, vas a preferir siempre hacerlo cuando la ambulancia esté andando. 

Pero mientras estés ahí, te sentirás vigilado. Lo detectarás cuando un policía o un militar se te acerque y te suelte estas frases: “muévele”, “apúrale”, “ya vete”, “¿lo vas a trasladar?”. Llegarás a una conclusión: un “actor de violencia”, como llaman a los hombres que matan en la Cruz Roja, puede que esté cerca, que te esté viendo. 

Nunca termina la incertidumbre, cuando subas a la ambulancia al herido, el camino al hospital seguirá siendo peligroso, quienes lo atacaron te podrán detener, llevárselo o ahí mismo terminar con la misión que se impusieron: matarlo. 

Tampoco concluye la incertidumbre al llegar al hospital, al regreso a tu base también te pueden parar para preguntarte por el herido. Preferirás que eso no ocurra, porque uno de los principios de la Cruz Roja es no ahondar sobre el herido y, en realidad, no lo sabrás, porque cuando lo atendiste sólo hiciste preguntas “objetivas”: “¿qué te pasó?”, “¿qué estabas haciendo?”, “¿recuerdas algo?”. No te interesa saber de su vida, ni a qué se dedica. Nunca preguntas por qué los atacan. 

Ese es tu deber: ser neutro, no estás ni con uno ni con otro, simplemente para atender a la persona que está herida, en desgracia.

Cuando llegues a tu base la adrenalina bajará, sólo hasta que el radio anuncie la próxima emergencia. 

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Ser paramédico de la Cruz Roja en Guerrero es un riesgo verdadero, punzante. 

Era la mañana del domingo 18 de noviembre del 2018. A la comunidad de San Juan Tenería en Taxco, llegó un grupo de voluntarios de la Cruz Roja con ayuda humanitaria: ropa, cobertores, víveres para repartir entre los pobladores. Llegaron acompañados por una patrulla de la Policía Estatal con cuatro agentes.  

Cuando comenzaban a repartir, llegaron unos 20 hombres armados y comenzaron a disparar, sobre todo contra los agentes. 

En la balacera todos corrieron a protegerse. Se escondieron en una vivienda que está a un lado de la cancha. Fueron 10 minutos de terror. Nueve quedaron heridos, tres policías murieron, tenían el tiro de gracias como se informó después. También murió Alejandro García Flores, un joven que estudiaba para ser técnico en urgencia médica, en la escuela de Cruz Roja en Taxco. 

De ese episodio se difundió un video, las imágenes muestran el peor escenario para un paramédico de la Cruz Roja: intentar salvarle la vida a uno de sus compañeros.  

Ese día, recuerda un paramédico, sus compañeros no pidieron el resguardo de la Policía, se “les pegaron”.   

Esta es la historia de un paramédico que ofrece sus servicios en un municipio de Guerrero que, por obvias razones no mencionaremos, así como tampoco su nombre. Este hombre tiene más de diez años como voluntario de la Cruz Roja. Todos esos años ha ejercido pegado a la violencia que se vive en Guerrero. 

— ¿Nunca te has sentido mal de ver tanta violencia?

—Sí, siempre hay un daño psicológico. Entre los paramédicos se dice que para hacer esto se debe estar algo de loco y, sí, para ver tanta sangre, ver tantos heridos, ver a niños sufriendo hay que estar locos, porque eso afecta mucho, mucho. Hay servicios que te dejan marcados, que no se te olvidan, que pueden pasar cinco, diez, quince años y ahí está están en el recuerdo. 

— ¿Cuál es ese servicio para ti?

—Me han tocado dos eventos de ese tipo y son de niños. Hay compañeros que les afecta ver a ancianos sufriendo, a jóvenes, en mi caso a mi me afecta mucho ver a niños. Un caso fue el de un niño de unos seis años que un carro le pasó por encima de su cabeza, se la explotó, no había nada que hacer, pero el niño estaba sufriendo mucho. El otro caso, fue cuando un carro arrolló a un niño y lo aventó unos cinco metros, cuando llegamos ya no había nada qué hacer, el niño estaba muy lastimado.

— ¿Cómo le hacen para que no les afecta tanto?

—Vamos a ayuda psicológica, tenemos que buscar esa ayuda, para irnos liberando, para liberar las emociones, vamos a terapias y seguimos. 

— ¿Tu familia qué te dice?

—Que estoy loco para estar ahí y, si tiene algo de cierto, pero a mí en lo particular me gusta mucho lo que hago. 

— ¿Tu familia te ha pedido que dejes este trabajo?

—No, nunca me lo han pedido, pero siempre me piden que me cuide, que los mantenga comunicado. Se preocupan mucho, porque saben de todo lo que está pasando, pero siempre me dicen que me cuide y que nos vamos a ver al final de mi turno. 

Lee el reportaje completo en Amapola Periodismo Transgresor

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Getty Images

Qué es la dexametasona y qué pruebas y limitaciones tiene contra el COVID

Investigadores en Reino Unido han demostrado que la dexametasona puede ayudar a prevenir la muerte de pacientes graves de COVID-19. La ventaja para todo el mundo es que es un fármaco barato y de fácil acceso.
Getty Images
16 de junio, 2020
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Un medicamento barato y de amplia disponibilidad en el mundo se ha convertido en una esperanza para el tratamiento de pacientes graves de COVID-19.

Se trata de la dexametasona, un fármaco esteroide que al ser suministrado en dosis bajas ha demostrado ser uno de los mejores avances en la lucha contra el virus, dicen los expertos de Reino Unido que lo probaron

El medicamento es parte de la prueba más grande del mundo de tratamientos farmacológicos que ya existen y que trata de averiguar si pueden funcionar para el coronavirus.

En el caso de la dexametasona, disminuyó en un tercio el riesgo de muerte en pacientes graves que ya estaban conectados a respiradores artificiales.

Y en los enfermos que necesitaban oxígeno, el riesgo de muerte se redujo en una quinta parte.

Una dosis de dexametasona

Reuters
La dexametasona es un fármaco esteroide.

En Reino Unido, donde han muerto más de 42.000 personas hasta este martes, se podrían haber salvado hasta 5.000 vidas con este medicamento si se hubiera aplicado desde el inicio de la pandemia, dicen los investigadores.

Y el potencial benéfico puede ser mayor en los países más pobres que tienen un alto número de pacientes de COVID-19.

¿Para quién funcionaría?

La dexametasona ya se usa para reducir la inflamación en una variedad de otras afecciones.

En las pruebas sobre el COVID-19, ha ayudado a detener parte del daño que puede ocurrir cuando el sistema inmunitario del cuerpo se sobrecarga mientras trata de combatir el coronavirus.

Esa reacción del cuerpo al virus, que genera una tormenta de citoquinas, puede ser mortal.

Un respirador artificial

Sofya Sandurskaya/Moscow News Agency(Reuters
La dexamesatona ayuda a pacientes graves, como los que están conectados a respiradores.

Casi 19 de cada 20 pacientes con COVID-19 en Reino Unido se recuperan de la enfermedad sin ser hospitalizados. De los que ingresan, la mayoría también se recupera, pero algunos pueden necesitar oxígeno o ventilación mecánica.

Y estos son los pacientes de alto riesgo para los que la dexametasona ha sido efectiva.

En la prueba, dirigida por un equipo de la Universidad de Oxford, se administró dexametasona a unos 2.000 pacientes hospitalizados y se comparó con 4.000 que no recibieron el tratamiento.

Para los pacientes con necesidad de respiración artificial, el riesgo de muerte pasó de 40% a 28%. Para los pacientes que necesitan oxígeno, redujo el riesgo de muerte del 25% al 20%.

“Este es el único medicamento hasta ahora que se ha demostrado que reduce la mortalidad y la reduce significativamente. Es un gran avance”, dijo el investigador en jefe del estudio, Peter Horby.

Una caja de dexametasona

Getty Images
No es recomendable el consumo de dexametasona sin control médico.

El director de las pruebas, Martin Landray, dijo que “hay un beneficio claro, muy claro” y explicó que los resultados sugieren que se podría salvar una vida en:

  • cada ocho pacientes con respirador artificial
  • cada 20-25 tratados con oxígeno

“El tratamiento es de hasta 10 días con dexametasona y cuesta alrededor de £5 (US$6,80) por paciente. Así que esencialmente cuesta 44 dólares salvar una vida“, señaló.

Además destacó que la dexametasona “es un medicamento que está disponible a nivel mundial“.

Landray sugirió que los pacientes hospitalizados podrían comenzar a recibir el tratamiento sin demora.

Pero no es recomendable para el público en general ir a comprarlo a las farmacias para llevárselo a casa ni consumirlo ahí.

La dexametasona no ha mostrado beneficio para los pacientes con síntomas leves de COVID-19, los cuales no necesitan apoyo mecánico o suplementario para su respiración.

Una prueba de laboratorio

Reuters
Investigadores en Reino Unido han probado los medicamentos ya existentes y cómo actúan contra el COVID-19.

El ensayo The Recovery Trial, que se ha llevado a cabo desde marzo, también analizó el medicamento contra la malaria hidroxicloroquina, el cual fue descartado porque aumenta las muertes y los problemas cardíacos.

Mientras tanto, el medicamento antiviral remdesivir, que parece acortar el tiempo de recuperación para las personas con coronavirus, ya ha sido distribuido entre los servicios de salud.


Análisis de Fergus Walsh, corresponsal de Salud de la BBC

El primer fármaco probado para reducir las muertes por covid-19 no es un medicamento nuevo ni costoso, sino un esteroide antiguo y barato.

Eso es algo para celebrar, pues significa que los pacientes de todo el mundo podrían beneficiarse de inmediato.

Y es por eso que los resultados de este ensayo han sido publicados rápidamente, porque las implicaciones son muy grandes a nivel mundial.

La dexametasona se ha utilizado desde principios de la década de 1960 para tratar una amplia gama de afecciones, como la artritis reumatoide y el asma.

La mitad de los pacientes de coivd-19 que requieren un respirador no sobreviven, por lo que reducir ese riesgo en un tercio tendría un gran impacto.

El medicamento se administra por vía intravenosa en cuidados intensivos y en forma de tabletas para pacientes con enfermedades menos graves.

Hasta ahora, el único otro fármaco comprobado que beneficia a los pacientes de coronavirus es remdesivir, que se ha utilizado para el ébola.

Se ha demostrado que reduce la duración de los síntomas del coronavirus de 15 a 11 días.

Pero la evidencia no fue lo suficientemente fuerte como para mostrar si redujo la mortalidad.

A diferencia de la dexametasona, remdesivir es un medicamento nuevo con suministros limitados y aún no se ha anunciado un precio.


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