De lo perdido, lo que aparezca: 33 obras encargadas por Carlos Salinas que se exponen en Los Pinos
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De lo perdido, lo que aparezca: 33 obras encargadas por Carlos Salinas que se exponen en Los Pinos

En un recorrido de poco más de una hora los visitantes conocerán por primera vez las obras que el expresidente Carlos Salinas de Gortari mandó a pintar en 1993.
Cuartoscuro
31 de agosto, 2019
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A casi un año de la apertura al público de Los Pinos, para convertir la exresidencia en Complejo Cultural, hoy se exponen las 33 obras que Carlos Salinas de Gortari pidió a artistas mexicanos y españoles en 1993.

La exposición “De lo perdido, lo que aparezca. 33 visiones de la pintura en Méxicomuestra la mexicanidad desde 31 perspectivas, entre las que destaca el trabajo del activista oaxaqueño Francisco Benjamín López Toledo, de quien se expone la obra Murciélago.

Leer más: Tomamos Los Pinos: Ciudadanos entraron a la residencia oficial y así reaccionaron

La exhibición se encuentra montada en la Casa Miguel Alemán, misma que el expresidente Enrique Peña Nieto ocupó durante su mandato, al igual que otros mandatarios. Dicha exposición se planeó desde la década de los 90 a petición del expresidente Carlos Salinas de Gortari, en 1993, a un año de que dejara la Presidencia en México.

De acuerdo con Edgar Bravo, custodio de espacios y guía en el Complejo Cultural de Los Pinos, las obras que se expusieron en lo que fuera la Residencia Oficial pertenecían al Instituto Nacional de Bellas Artes como parte del catálogo de las obras con el que contaba la institución.

Cuadro en la exposición de Los Pinos

En el Centro Cultural Los Pinos se expondrán 33 obras de artistas como Francisco Toledo, Manuel Felguérez, José Luis Cuevas, José Luis Cuevas, Beatriz Ezban y Rodolfo Morales, que fueron encargadas por el expresidente Carlos Salinas de Gortari en 1993

Los presidentes solían elegir las obras que querían mostrar hasta el término de su sexenio.

En la inauguración, la secretaria de cultura, Alejandra Frausto Guerrero, mencionó que las pinturas se encontraron en una bodega, luego de que el Complejo Cultural Los Pinos abriera sus puertas al público. 

“Fueron ‘desempolvadas’, y ahora, por mandato de la Presidencia de la República están en custodia de la Secretaría de Cultura”, dijo.

Además, Frausto añadió que las obras no volverán a estar resguardadas y la colección formará parte del acervo del Museo de Arte Moderno, “pues es su destino y hogar natural”.

Durante la presentación, el pintor Manuel Felguérez, quien forma parte de los 31 artistas seleccionados por Carlos Salinas para crear este acervo artístico, habló de las dificultades que los creadores continúan enfrentando para que sus obras lleguen a más audiencias, sin embargo también celebra que iniciativas como esta permita que su trabajo llegue a más públicos.

“El regalo de este gobierno es un público. Estar en una colección permanente y en el lugar que más público tiene en la República emxicana, es realmente de agradecer”, dijo.

La película Roma, de Cuarón, se proyecta gratis en Los Pinos

¿Quienes son los artistas que componen la colección? 

Antes solo se tenían expuestas algunas de las obras de arte en diversos inmuebles, entre ellas “Los volcanes” de Luis Nishizawa Flores, artista mexiquense de San Mateo, Cuautitlán Izcalli, quien falleció en septiembre de 2014 en Toluca de Lerdo, Estado de México.

Esta obra fue la única que se pintó en 1990 y se encuentra expuesta, desde la entrega de  la residencia, en la sala de recepción en la planta baja de lo que fue la casa presidencial Miguel Alemán, un óleo sobre tela y madera.

Las obras que componen la exhibición De lo perdido, lo que aparezca. 33 visiones de la pintura en México se encuentran Gustavo Aceves, Enrique Canales, Miguel Castro Leñero, Rafael Cauduro, Alejandro Colunga, Rafael Coronel, Roberto Cortázar, José Luis Cuevas, Beatriz Ezbán, Manuel Felguérez, Julio Galán, Gunther Gerzso, Luis García Guerrero, Sergio Hernández y Lauro López.

Además de contar con las obras de Luis López Loza, José Chávez Morado, Rodolfo Morales, Luis Nishizawa, Sylvia Ordóñez, Irma Palacios, José Luis Romo, Ignacio Salazar, Susana Sierra, Juan Soriano, Eduardo Tamariz, Francisco Toledo, Humberto Urbán, Cordelia Urueta, Ismael Vargas, Germán Venegas. 

También dos pintores españoles con gran influencia en nuestro país: Vicente Rojo y Vicente Gandía.

Cada una de las 33 obras expuestas recibió un diagnóstico preventivo del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y en particular, del Centro Nacional de Conservación del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM).

En cuanto al título de la exposición, Alejandra Frausto señaló que “lo más importante es lo que sí está, una vida cultural como la que tiene Los Pinos, un espacio abierto, donde todas las manifestaciones artísticas se dan visita diaria”. 

Edgar Bravo, uno de los guías de esta exposición, dijo a Animal Político que más allá del morbo que representa el hecho de visitar la casa en la que vivió el expresidente Enrique Peña Nieto y su familia, él espera que la gente visite la exposición para conocer la oferta artística del Complejo Cultural Los Pinos.

“Venir en domingo sería ideal para visitar la colección. Es inevitable dejar de lado la carga histórica y política que representa la casa, es algo que no se puede olvidar ni negar, pero también se puede cambiar la perspectiva de ver esta iniciativa como inicio ‘del pueblo y para el pueblo’ para acercarlos a la cultura, principalmente”, señaló.

Para visitar la exposición De lo perdido, lo que aparezca. 33 visiones de la pintura en México en la Casa Miguel Alemán del Complejo Cultural de Los Pinos puedes llegar por la Puerta 1 que se encuentra en la reja Parque Lira, con acceso desde Molino del Rey, a unos pasos de la estación del metro Constituyentes o desde la Puerta 3 del Bosque de Chapultepec, de martes a domingo de las 10:00 a 17:00 horas.

Hasta ahora se tiene se contemplado que las 33 obras de la muestra estén expuestas hasta marzo de 2020.

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Día de Muertos: cuál es el origen y significado de la flor de cempasúchil, la reina de los altares

El Día de Muertos en México es una celebración tradicional para honrar a los que ya no están. Y muchos mexicanos los homenajean con altares y ofrendas en las que la flor de cempasúchil no puede faltar.
31 de octubre, 2020
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Una vez al año México se tiñe de un color amarillo anaranjado.

Se debe a la flor de muerto o cempasúchil y es señal de que llega la festividad de Día de Muertos, una celebración cada 1 y 2 de noviembre de los vivos para honrar a los que ya no están físicamente.

Pero la tradicional festividad mexicana no es solo colores sino también aromas.

“Cada año olemos todos a cempasúchil”, dice el biólogo mexicano Jerónimo Reyes, quien explica a BBC Mundo que esta flor contiene aceites esenciales que la hacen muy aromática, entre otras características especiales.

Y el olor de la flor de cempasúchil también se fusiona con las diferentes comidas tradicionales mexicanas que ocupan un rol fundamental en las ofrendas a los muertos.

¿Cuál es el origen y qué significa el nombre cempasúchil?

La flor de 20

El nombre original de la flor de cempasúchil es sempôwalxôchitl y proviene de la lengua náhuatl.

Manos sostienen una flor de cempasúchil

Getty Images
La flor de cempasúchil está compuesta por muchas flores o pétalos. De ahí surge su nombre.

“La palabra viene de dos sustantivos: sempôwal, que significa 20 (o muchos), y xôchitl, que es flor. Su traducción sería flor de 20“, detalla Andrea Rodríguez, investigadora de la facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y especialista en el estudio de jardines prehispánicos.

“El códice florentino del náhuatl del siglo XVI menciona que hay flores machos y hembras y que estas últimas tienen muchas flores. Es como una bola con muchas flores juntas”, compara a BBC Mundo.

Según la investigadora, la flor tiene diferente nombre dependiendo de la región y el más común es el que conocemos del náhuatl, que se deformó con el español y terminó llamándose cempasúchil.

Una flor americana

En el plano científico, cempasúchil recibe el nombre de Tagetes erecta y es una planta exclusiva del continente americano. Crece en México, Centroamérica, y hasta Sudamérica.

Según explica Jerónimo Reyes, que es biólogo del jardín Botánico del Instituto de Biología de UNAM, hay cerca de 58 especies, pero muy pocas se utilizan para los fines del Día de Muertos.

“La gente en general se ha limitado a llamar flor de muerto o cempasúchil a una sola especie, que es la Tagetes erecta, pero en realidad en México hay más especies de cempasúchil”, explica.

Campo con la flor de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil es nativa del continente americano y crece de forma silvestre en zonas montañosas.

Las diferencias en las especies varían en la cantidad de flores, las hojas, el tamaño de la planta, el color de los pétalos o flores -hay algunas que tienen el filo del pétalo que es rojo-. Pero en todas predomina el color amarillo anaranjado.

La flor crece en lugares silvestres, sobre todo en las zonas montañosas y también se cultiva.

Pese a ser una especie nativa de México, China es el principal productor de cempasúchil para uso industrial, con las tres cuartas partes de lo sembrado en el mundo, informa el sitio web de la UNAM con datos de 2019.

Esta explotación del cultivo de cempasúchil por parte de China reside en las propiedades de esta planta, que tiene varios otros usos además del ritual.

De la planta se extraen aceites esenciales para fabricar agroquímicos para combatir insectos y se utilizan para la industria avícola, con el propósito de lograr que la carne del pollo y la yema de los huevos tome un color más amarillo.

“Es una flor con carotenoides, son sustancias que dan estos colorantes muy fuertes para que logre teñir la carne y la yema de huevo”, describe Reyes.

Un hombre con una gran montaña de flores de cempasúchil.

Getty Images
Los pigmentos de la flor de cempasúchil se utilizan para la industria avícola para intensificar el color de la carne del pollo y la yema de huevo.

Otras de las características de la flor de cempasúchil es su corta vida.

“La mayoría de las flores de cempasúchil son anuales, es decir, que nacen y solo viven una temporada. Pero como cuenta con muchas semillas, se reproducen muy fácilmente”, detalla Reyes.

Y desde hace siglos, se utilizan distintas partes de la la planta con fines medicinales, como infusión cuando se tiene una afección estomacal, para aliviar las flatulencias, para ayudar a las vías respiratorias, y hasta para mejorar el deseo sexual, según cita Rodríguez de la bibliografía del siglo XVI.

La leyenda y la flor del ritual

Dice la leyenda que Xóchitl y Huitzilin estaban enamorados desde que eran niños y que por las tardes subían a la montaña dedicada a Tonatiuh, el dios azteca del sol, y le ofrendaban ramos de flores.

Pero un día se desató la guerra y Huitzilin fue a pelear para defender las tierras aztecas y murió.

Destrozada de dolor, Xóchitl pidió al dios Tonatiuh que la librara de su sufrimiento y la reuniera con su amado.

Campo con la flor de cempasúchil.

Getty Images
La flor de cempasúchil también tiene su leyenda prehispánica.

El dios del sol cumplió con el pedido y dejó caer sus rayos sobre Xóchitl, y ella se transformó en una flor de color amarillo intenso.

Luego un colibrí se posó en el centro de la flor y ésta abrió sus 20 pétalos liberando un aroma intenso.

Siguiendo el mandato de Tonatiuh, el amor de la pareja azteca permanecerá mientras haya colibríes y flores de cempasúchil en los campos mexicanos.

Tal vez es por eso que la flor de cempasúchil es la reina de los altares de muertos en México. Lo cierto es que no hay ofrenda sin esa flor.

“En la época prehispánica, los mexicas utilizaban esta flor por el olor, porque es muy particular. Cuando viene el día de muertos en México, todos reconocemos ese olor . Y la tradición dice que lo que atrae a los muertos es el olor de esa flor”, describe Andrea Rodríguez.

Hasta el año pasado, cuando la pandemia de la covid-19 no se había declarado, la tradición anual mexicana era pasar la noche en los cementerios ofreciéndole a los muertos un banquete y decorando sus tumbas con flores y pétalos de cempasúchil.

Mujer coloca flor de cempasúchil en una tumba.

Getty Images
La flor de cempasúchil se utiliza para decorar las tumbas.
Ofrenda Día de Muertos 2016

Gentileza Carlos Feria Perez
En las ofrendas a los muertos no puede faltar la flor de cempasúchil.

Este año la festividad se ve opacada por la pandemia que causó la muerte de más de 90.000 personas en México, el cuarto país con más fallecidos en el mundo. Las autoridades decidieron que los panteones permanecerán cerrados para evitar aglomeraciones

Pero los mexicanos también honran a sus muertos en sus casas con altares hogareños en los que la comida casera y la flor de cempasúchil no puede faltar.

“Cuando vemos flor de muerto, estamos viendo mole, tamales…”, dice riéndose el biólogo Reyes.

Pero para que el alma del muerto llegue a la casa hay que ayudarlo.

“Se construyen unos caminos con los pétalos de la flor en la entrada de las casas para que el muerto se guie con el olor y pueda llegar al altar o a la ofrenda. Ver o entender a las flores por su olor y no por su color es un concepto muy prehispánico”, describe por su parte Rodríguez de la UNAM.

Un camino hecho con la flor de cempasúchil.

Getty Images
Muchos mexicanos decoran sus altares y forman caminos con la flor de cempasúchil para orientar a sus muertos hacia las ofrendas.

Entonces, si la flor de cempasúchil se asocia al Día de Muertos por su olor, ¿a qué huele?

Durante la entrevista, Andrea Rodríguez se levanta y va en busca de un florero con cempasúchil. Me dice que huelen a panteón, pero no se cansa de remarcar que es un olor agradable.

Minutos después me llega un correo electrónico. “Me dejaste pensando”, dice.

“Como dice mi amigo Mauricio Medina Sánchez: ‘Huele a pasado, pero un pasado muy vivo‘”.

Una mujer huele las flores de cempasúchil.

Getty Images
El olor de la flor de cempasúchil es clave para la cultura mexicana.

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