Dinero para hacer el transporte inclusivo se ha gastado en otras cosas, denuncian ONG
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Archivo Cuartoscuro

Dinero para hacer el transporte inclusivo se ha gastado en otras cosas, denuncian ONG

El colectivo #MovilidadSinLímite acusa que el Fondo del presupuesto destinado para este propósito ha sido opaco y no ha cumplido sus objetivos, por lo que creó una plataforma de denuncia.
Archivo Cuartoscuro
14 de agosto, 2019
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Cecilia Dimas tiene que tomar todos los días un microbús y metro para ir y venir a su trabajo, pero algo tan cotidiano implica para ella dificultades que no tiene la mayoría de la gente: es de talla pequeña y el transporte público en México no está adaptado para las personas con discapacidad, a pesar de existir un Fondo presupuestario especial para eso.

Ella, para empezar, le hace la parada al microbús en un tope, para de ahí apoyarse y poder subir, porque los escalones de este transporte le quedan demasiado altos. Después, si los tubos y pasamanos son muy gruesos, le cuesta trabajo agarrarse bien porque sus manos son de dedos muy cortos. Luego se cambia al metro para llegar a su destino final. Al subirse, busca los primeros vagones reservados para mujeres, pero si lo usa en hora pico, sabe que tendrá que sufrir ir sofocada por debajo de la altura del resto de usuarios.

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Cecilia trabaja haciendo labores de limpieza en un hospital de Iztapalapa, alcaldía en la que también vive, y está acostumbrada a viajar en transporte público, pues desde los 22 años es independiente y en su familia siempre la impulsaron a valerse por sí misma.

Este martes dio voz a las muchas dificultades que viven las personas con alguna discapacidad durante la presentación de una plataforma para denunciar la falta de inclusión en el transporte público y el mal uso del dinero destinado a eso Fondo para la Accesibilidad en el Transporte Público para las Personas con Discapacidad (Fotradis), presentada por el colectivo #MovilidadSinLímite.

Un día, contó Cecilia, le pidió a alguien que le cediera el asiento reservado y primero no quiso, argumentando que era para mujeres embarazadas, adultos mayores y personas con bastón, como muestran los dibujos. Ella le enseñó su credencial de persona con discapacidad y el resto de pasajeros criticaron a quien iba sentado, hasta que finalmente accedió.

“El transporte no está adecuado a mí ni a las personas con discapacidad. No tenemos una inclusión: el pasamanos, el asiento reservado, los escalones son muy altos, no hay rampas, y la verdad es una vivencia injusta”, reclamó.

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Pero esto no debería ser así. Desde 2011, existe en México el Fotradis, y desde entonces se le han destinado 4 mil 450 millones de pesos. Sin embargo, las ONG agrupadas en el colectivo denunciaron que el dinero se ha utilizado con otros fines, como invertirlo en infraestructura física, o en transporte que tiene un objetivo asistencial, como trasladar personas a sus rehabilitaciones, en lugar de fomentar una vida cotidiana con normalidad.

En 2017, hubo presupuesto que se entregó al Club Rotario de Baja California para adaptar sus instalaciones. En 2016, en Nayarit, supuestamente se invirtió en una playa pública y 16 parques, pero no existieron.

El colectivo denunció como uno de los principales problemas la poca claridad en los criterios para distribuir el presupuesto entre las 32 entidades. Según su cálculo, Ciudad de México, Estado de México, Michoacán, Veracruz y Guanajuato han recibido más de 50 millones de pesos que les hubieran correspondido por la cantidad de personas con discapacidad que viven en ellos. En cambio, a Durango y Zacatecas les han llegado 110 y millones más de lo que les correspondía.

Apenas este año se estableció en los lineamientos de operación que se reparta proporcionalmente, pero de los años pasados no hay información.

La activista y periodista Katia D’Artigues, de la organización Yo También, subrayó que aunque oficialmente en México hay 7.4 millones de personas con discapacidad, hay que pensar que no solo ellas viven esa condición, sino sus familias, por lo que si se multiplica, se podría hablar de 28 millones de mexicanos que viven con la discapacidad en casa y necesitan medidas para mejorar su calidad de vida.

Otra de las principales deficiencias está en la falta de transparencia. Los lineamientos que regulan este Fondo establecen que los estados deben publicar en internet los proyectos a los que lo destinan, metas, proveedores y avances. Sin embargo, #MovilidadSinLímite encontró que o no existen portales web donde se dé la información, o está incompleta.

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Por ello, Gloria Pérez, de la Red Nayarita de Personas con Discapacidad, inició una investigación mediante solicitudes de información y un rastreo minucioso de qué había pasado con los proyectos que se habían inscrito para obtener recursos del Fotradis, y que en muchos casos no se llevaron a cabo.

En alianza con la organización Nosxtros, crearon un mapa interactivo para hacer visual toda esa información, en la página movilidadsinlimite.org.

Ahí no solo se pueden ver esos datos, sino que el colectivo anunció que será una plataforma abierta al público para que las personas puedan contar su historia de las dificultades que, como Celia, viven día a día en sus traslados sin un transporte público incluyente.

“Lo que está en juego no es el ejercicio efectivo de los recursos del Fotradis, sino la vulneración sistemática de derechos de personas con discapacidad en todo el país. Se trata de la dignidad de las personas, de asegurar un trato humano e incluyente, con recursos destinados para ese fin. Todas las autoridades comparten responsabilidad en la opacidad y mal uso de los recursos y hacemos un llamado a lo obvio: a cumplir la ley y acatar los propios lineamientos publicados por ellas”, señalaron las ONG en la presentación del informe.

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#YoSoyAnimal

Cómo nuestro cerebro puede hacernos más pobres (y qué hacer para evitarlo)

Estudios han demostrado que con frecuencia tomamos decisiones irracionales que perjudican nuestra salud financiera. Aquí te contamos algunos de los errores más comunes y cómo evitarlos.
9 de octubre, 2021
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Estás navegando por una tienda en internet y tienes la tentación de comprar un producto.

Es un poco más caro de lo que permite tu cuenta bancaria, pero se convierte en lo más urgente del mundo en este momento. ¿Qué pasa si el precio sube y pierdes la oportunidad? ¿Y si te quedas sin él?

Siguiendo un impulso, haces los cálculos en tu cabeza y decides comprar. Ni siquiera necesitas ingresar el número de tarjeta, que ya está guardado en el navegador de la computadora.

Días después llega el arrepentimiento. O peor aún, la deuda.

En los últimos años, estudios en los campos de la economía del comportamiento y la neuroeconomía han demostrado que estas situaciones, en las que tomamos decisiones irracionales que dañan nuestra salud financiera ocurren con frecuencia.

Pero, ¿cuáles son nuestros errores económicos más comunes? ¿Y cómo no caer en las “trampas” de nuestro cerebro?

Una buena forma es comprender lo que han descubierto estas áreas de estudio y aplicar sus enseñanzas a nuestra vida diaria.

¿Eres racional?

“La economía tradicional ha considerado durante mucho tiempo al individuo como alguien racional, frío y objetivo y que querrá maximizar su bienestar, su beneficio económico y su propio interés”, dice la profesora Renata Taveiros, coordinadora del curso sobre neurociencia y neuroeconomía de la Fundación Instituto de Administración (FIA) de Brasil.

Mujer rodeada de ilustraciones de bombillos.

Getty Images
No haga nada de forma impulsiva sin antes evaluar si el sentimiento de culpa posterior le va a arruinar la alegría.

La toma de decisiones inconsciente, que escapa a la racionalidad, era considerada una anomalía. Y, por ello, no se convirtió en objeto de estudio.

Pero a fines de la década de 1970, un grupo de investigadores revolucionó la economía al observar precisamente estas anomalías.

Entonces, nació el campo de la economía del comportamiento, cuyo principal representante es el psicólogo -sí, un psicólogo- Daniel Kahneman, ganador del Premio Nobel en 2002.

“Ellos abren este espacio de conversación para que nos demos cuenta de que hay otras cosas que influyen en la toma de decisiones y no solo la idea de maximizar la utilidad, el bienestar y el beneficio. ¿Qué son estas cosas? Las emociones”, explica Taveiros.

A finales de la década de 1980, otro campo de estudio fue incluso más allá.

Reuniendo los descubrimientos de la economía del comportamiento y las técnicas de la neurociencia, la neuroeconomía intenta desentrañar lo que sucede en el cerebro de los individuos cuando deciden realizar una compra innecesaria, por ejemplo.

“Ahora tenemos la posibilidad de abrir la caja negra, que es como los economistas se refieren a la mente de las personas. De hecho, se puede mirar y comprender lo que está sucediendo en el cerebro cuando el individuo va a tomar una decisión“, dice Taveiros.

“Cuando estudias neuroeconomía, la idea de que podemos controlar el comportamiento, la toma de decisiones, todo lo que hacemos se desvanece. Porque el motivador de la toma de decisiones no es el aspecto racional, cortical, lógico y analítico. La decisión está mucho más conectada con la emocionalidad”, agrega.

Aprende a decirte ‘no’

En primer lugar, es bueno dejar claro que los afectos y las emociones no son necesariamente malos. Al contrario, son de suma importancia para nuestra supervivencia.

“La selección natural nos trajo la combinación de afecto y razón. Y no fue en vano. Esto maximiza nuestro compromiso con el mundo. Cuando te deshaces de las emociones, quitas la empatía por el otro. Nuestras decisiones se vuelven más egoístas y la sociedad como un todo se derrumba “, dice el neurocientífico Álvaro Machado Dias, profesor de la Universidad Federal de Sao Paulo y socio del Instituto Locomotiva.

Ilustración que muestra un dólar deshaciendose.

Getty Images

Pero es un hecho que las emociones también pueden llevarnos a cometer errores graves, que derivan en sentimientos de culpa y en nuevas deudas.

Es en este sentido que las enseñanzas de la economía conductual y la neuroeconomía pueden sernos útiles: hacer predecible nuestra irracionalidad y evitar malas decisiones.

El primer consejo parece simple, pero en la práctica es bastante difícil. Debes aprender a decirte que no a ti mismo.

No hagas nada por impulso sin antes evaluar si la culpa no arruinará la fiesta. Comprende mejor tu ‘yo futuro’, con tus horarios y demandas. Decirse que no a uno mismo es como decirle que no a un niño: es difícil, pero puede ser positivo”, advierte Álvaro.

Según Renata Taveiros, una de las razones que dificultan esta negación de los propios impulsos es la creciente facilidad para realizar los pagos. Códigos QR, Pix, tarjetas de crédito que se guardan en sitios web de compras son algunos ejemplos.

Además, el neurotransmisor llamado dopamina, que activa el llamado “sistema de recompensa” del cerebro, también puede interferir.

Cuando la dopamina funciona, estimula el comportamiento impulsivo. ¿Cómo funciona? Tienes la expectativa de ganar algo. Puede ser dinero, bienestar, placer, una buena imagen frente a los demás, etc. Y este comportamiento impulsivo hace que inmediatamente quieras esa recompensa “, explica.

Un ejemplo de cómo se explota actualmente este sistema de recompensas es la adopción de mecanismos propios de los juegos al proceso de consumo. Es decir, la transformación del acto de comprar en un juego.

Las aplicaciones de los supermercados y de las tiendas online prometen recompensas (descuentos, productos gratis, etc.) por alcanzar una determinada cantidad de puntos, por ejemplo.

Taveiros señala que en Brasil este tipo de mala decisión se puede identificar en los altos niveles de endeudamiento de los ciudadanos.

Un estudio de la Confederación Nacional de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo de agosto de 2021, muestra que uno de cada cuatro brasileños (25,6%) no pudo saldar sus deudas dentro de ese mes.

“Tenemos problemas muy graves en Brasil y todo este estímulo al consumo que fomenta el comportamiento impulsivo empeora aún más estas condiciones”, dice la neuroeconomista.

Por eso, un consejo de oro para evitar este tipo de decisiones impulsivas es siempre “dar una vuelta más” antes de decidir hacer la compra.

“Por lo general, pongo una pegatina en las tarjetas de crédito de los clientes que dice ‘da un paseo más, espera un poco más, respira’. Cuando alguien va a hacer otra cosa y regresa, la dopamina baja, ya que es una sustancia química que tiene efecto por un tiempo determinado. Pronto, la sensación de ‘lo quiero, lo quiero’ pasará y la persona llegará a la conclusión de que puede usar este dinero en otra cosa. Pero tiene que ser más tarde, no es posible en ese instante”, explica.

No haga los cálculos en su cabeza

Pero estas malas decisiones se pueden evitar incluso antes de la compra.

Iustración de un cerebro formado con billetes.

Getty Images
No haga cálculos mentales, lo mejor es sumar sus gastos con lápiz y papel.

Renata Taveiros explica que cuando tienes una idea exacta de cómo va tu vida financiera, es más difícil endeudarte.

“Es muy importante para una persona tener coraje y saber que va a ser genial acercarse a la vida financiera y mirar las cuentas. Mucha gente dice que es difícil, pero después de hacer eso, hay una sensación de alivio. Si tiene miedo de mirar, caerá en todo tipo de trampas mentales”, dice.

Una de estas trampas es la “contabilidad mental”, esa manía de hacer cálculos, la mayoría de las veces incorrectos, sobre nuestra situación financiera.

“Hacemos los cálculos. ‘Gano 100, así que puedo gastar 50 en el supermercado, 20 en el bar, solo 10 en el almuerzo, también puedo tener una cuota mensual de 15 …’. Compara 15 con 100, 10 con 100, pero no cuadra. Entonces se asusta y ve que está en números rojos “, advierte el neuroeconomista.

Lo que debe hacer es escribir sus gastos con un lápiz. Sume todas sus ganancias y sus costos de vida. Solo entonces tendrá una idea real de cuánto dinero puede gastar.

Cuida tu ‘yo futuro’

Una de las decisiones más importantes que debemos tomar, pensando en nuestro futuro, es ahorrar dinero.

Una persona pone dinero en una alcancía.

Getty Images
Ahorrar es una de las decisiones más importantes que podemos tomar.

Está claro que el contexto de muchas economías que tienen desempleo, informalidad y alta inflación, hace que esto sea cuesta arriba para muchas personas.

Pero, ¿por qué es tan difícil hacer esto incluso cuando hay condiciones favorables?

Un efecto conocido como “descuento intertemporal” en la economía del comportamiento puede explicarlo.

“Imagina que coges unos prismáticos y les das la vuelta. ¿Qué pasa? Lo que está lejos es diminuto. Y lo que está cerca obtiene un valor, un tamaño gigante”, explica Renata Taveiros.

Queremos la recompensa inmediata, ahora mismo, porque parece ser mucho más grande que una recompensa que es muy misteriosa, que no sabes qué va a pasar en el futuro”, agrega.

Los estudios neuroeconómicos muestran que algunas áreas del cerebro que se activan cuando piensas en ahorrar dinero para tu futuro son las mismas que lo hacen cuando piensas en darle dinero a un extraño.

Lo que puede significar que, para nuestro cerebro, ahorrar dinero para el Yo futuro y dar la misma cantidad a otra persona es casi lo mismo.

Según Renata Taveiros, una solución puede ser crear un “empujón”, es decir, un pequeño estímulo para que pienses más detenidamente en tu futuro.

“Una idea que suelo aplicar es usar una de esas aplicaciones que te hacen ver mayor en una foto. Te hace conectar con esa imagen. Luego, debes hacer el ejercicio de pensar en lo que quieres para la vida de esa otra persona. Entonces, se va a crear un circuito neuronal que conecta su yo futuro con su yo de hoy “, dice.

También aprende a decirte ‘sí’

El neurocientífico Álvaro Machado Dias advierte que si bien es importante ahorrar dinero, también debe saber darse permisos.

Una persona hace con la mano una señal de aprobación.

Getty Images

“No asumas que siempre es malo permitirse (gastar) y no caigas en la falacia de que debemos posponer continuamente el placer para que un día podamos disfrutarlo en mayores intensidades. Hoy lo que vemos es un mar de gente sin ganas para vivir. Sal de este mar”, dice.

Según Álvaro, no todas las decisiones que tomamos en la vida, sean económicas o no, se pueden tomar de forma puramente racional, y ni siquiera es deseable que eso suceda.

“A veces somos dominados por componentes emocionales y, de hecho, esto puede conducir a malos resultados, incluido el arrepentimiento”, dice.

“Pero la entrada en juego de estos componentes que no son formales, lógicos, es lo que finalmente hace que nuestras decisiones sean mejores para el grupo, la especie y la cultura en su conjunto”, agrega.

Por tanto, el consejo es saber distribuir mejor tus energías e inquietudes.

No hay tiempo -ni tiene sentido- para tratar de optimizar cada decisión. Elija sus batallas. Concéntrese en las opciones que más importan; son las que finalmente definirán quién es usted”, afirma el experto.


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