Población marginada se queda sin chequeos médicos por desaparición de Prospera
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Cuartoscuro Archivo

Población marginada se queda sin chequeos médicos por desaparición de Prospera

Algunos consideran que los chequeos obligatorios de Prospera eran molestos, pero en algunas zonas esas revisiones eran la única oportunidad de la gente para tener acceso a servicios de salud. 
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29 de agosto, 2019
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La población de la región chontal alta, en la sierra sur de Oaxaca, tiene poco acceso a servicios de salud. Hay comunidades a las que solo acudía una enfermera para hacer revisiones a los beneficiarios de Prospera, cada mes o cada dos meses, dependiendo de su agenda. Por esa zona se veía muy poco a un médico, quizá una vez al año. Ahora temen que ya ni eso. 

Del total de beneficiarios del extinto programa, que eran 6.77 millones de familias al tercer trimestre de 2018, la mayor parte, 6 millones 187,636, estaban en lo que se conocía como Prospera con corresponsabilidad, es decir, debían probar que sus hijos acudían a la escuela y debían asistir a chequeos médicos periódicos.  

La familia completa estaba obligada a asistir una vez cada seis meses a consulta. De ahí, había otras revisiones obligadas, dependiendo de la edad: los adultos dos veces al año; menores de 15, tres; niños cada dos meses y los bebés cada 30 días. 

Aunque todo era sólo preventivo. Los pesaban, los medían, les aplicaban algunas vacunas, a los adultos les checaban la presión arterial y los niveles de azúcar en sangre. Para las mujeres había exámenes de Papanicolaou y para detectar cáncer de mama. Si los integrantes de la familia no asistían a las revisiones, les suspendían las transferencias monetarias que recibían por becas para los hijos, y apoyo para alimentación. 

Todo eso se acabó con la desaparición de Prospera, y su sustitución por las Becas para el Bienestar Benito Juárez. Lo que era un programa con tres componentes, salud, apoyo para alimentación y otro para educación quedó solo como eso, como un programa de becas, a cargo de una coordinación nacional dependiente de la Secretaría de Educación Pública (SEP). 

Lee más: Prospera ya no prosperará

Las opiniones frente a ese cambio se dividen. En las ciudades y lugares con oferta de servicios médicos, los chequeos obligatorios se tomaban, por algunos beneficiarios, como una molestia. Lo mismo que la asistencia a los talleres de auto cuidado a los que debían acudir las titulares del programa y los adolescentes. 

Aunque esa molestia también era por las deficiencias y la corrupción en el servicio. Cinco mujeres, habitantes de la colonia Cerro del Peñón, en Jardines de Morelos, en Ecatepec, Estado de México, cuentan que cuando debía acudir la familia a la revisión semestral, tenían que esperar hasta dos o tres horas. 

“Después solo salía el médico, contaba a los integrantes de la familia y les decía, ya se pueden retirar. Solo que se quede la titular. Ya nos quedábamos nada más a esperar que nos pusieran la firma en la cartilla para acreditar que habíamos ido, y ni nos revisaban ni nada. Era una pérdida de tiempo. Los esposos tenían que pedir permiso en el trabajo, los hijos faltaban a la escuela y para nada”, dice Elizabeth, que prefiere omitir su apellido. 

Cuando sí las atendían y en las evaluaciones salían altas de glucosa o colesterol, dicen que no les daban tratamiento ni indicaciones para regular esto. “Atención médica real no había, solo te checaban y ya, no te daban medicinas ni nada”. 

Nohemí Leticia Ánimas Vargas, titular de la Coordinación Nacional de Becas para el Bienestar Benito Juárez, programa que sustituyó ya a Prospera, asegura que ha recibido denuncias sobre que algunos médicos les cobraban a las beneficiarias mínimo 10 pesos por asentar su firma en la cartilla, y validar la asistencia al chequeo. 

“Nos han llegado unas 400 denuncias de ese tipo, de diferentes lugares del país. Una, por ejemplo, de la que tenemos incluso los testimonios en video (y lo muestra) es en Huilacapuxtla, en la sierra norte de Puebla, donde un médico les cobraba a las señoras 80 pesos por firmarles la cartilla”. 

Incluso, agrega Ánimas Vargas, aunque en los centros de salud ya saben que las familias no están obligadas a ir, les seguían diciendo que debían asistir y pagar. “Nosotros estamos difundiendo que eso se acabó”. 

La asistencia a los talleres de auto cuidado también es algo que divide opiniones. Elizabeth y sus vecinas dicen que esos sí los van a extrañar.

“Estaban buenos. Nos explicaba de la diabetes, de varios padecimientos. Nos daban el temario antes y teníamos que investigar el tema. Cada quien exponía lo suyo y decía lo que opinaba. La enfermera que los daba era muy accesible y nos respondía nuestra dudas”, cuenta Teresa Raigosa, también habitante de Jardines de Morelos, en Ecatepec, Estado de México. 

En cambio, Elena Joaquín Rodríguez de Boca del Monte en San Juan Guichicovi, Oaxaca, dice que a ella no le gustaba ir.

“Cada dos meses nos daban el taller, eran sobre cómo cuidarnos, de tener higiene, pero eran dos horas o dos horas y media, y yo tengo que trabajar, vender mis bolis (congeladas). También ir al centro de salud a las revisiones era una carga, ni daban medicinas ni nada. Yo tengo seguro popular, mejor voy ahí y ya”. 

Martha Antonio Santos, de Chimalhuacán, Estado de México, asegura que ella tampoco va a extrañar los talleres. “Era pesado ir, yo trabajo, vendo afuera de las escuelas, y eso ya es bastante para estar cansada. Además nos dejaban tarea, teníamos que investigar los temas y llenar tres hojas, pero yo no sé leer, me tenían que ayudar mi hija o mi nuera, y era más trabajo para todas”. 

Los lugares donde no es molestia 

En comunidades de la sierra chontal de Oaxaca, como Santa Lucía Mecaltepec, San José Chiltepec, San Pedro Sosoltepec, San Miguel Chongos y Santa María Candelaria, del municipio de San Carlos Yautepec, la situación es otra. Allá sí van a extrañar el componente de salud de Prospera. 

Con recursos destinados al programa, se pagaba a médicos y enfermeras para que hicieran las revisiones periódicas a los beneficiarios. Solo así subían, dice Erika Carbajal, de la organización Tequio Jurídico, que hace trabajo comunitario en la zona y da acompañamiento legal a pueblos indígenas. 

En estas comunidades solo se cuenta con casas de salud, que en realidad son uno o dos cuartos, usados más como dormitorio para las visitas que para dar atención a la población. “En estas casas lo poco que hay llegó con Prospera: la báscula, unas sillas y las visita esporádicas de una enfermera y rara vez de un médico”, afirma Carbajal. 

Medicamentos casi no hay, dice la activista. “Lo sabemos porque cuando vamos, la gente nos pide cosas que traemos en nuestro botiquín, ellos no tienen en la casa de salud ni lo básico”. 

“Ahora, como Prospera desapareció, les avisaron que la enfermera ya no irá, y se van a llevar hasta la báscula y las sillas. Eso que tenían de las revisiones era un mínimo acceso a personal de salud, precario, pero era lo único con lo que contaban. La cabecera municipal, donde hay una clínica, les queda lejos y no pueden bajar a atenderse”. 

En Chibilub, comisaría de Tekom, en Yucatán, doña Paulina, la promotora comunitaria de salud es el único “personal médico” con el que cuenta la comunidad. En su casa guarda las pocas medicinas que hay para los habitantes. Sus vecinos le tocan a la puerta cuando tienen un malestar y ella los receta. No tiene formación médica, solo talleres, pero es lo más que hay. 

Para atender a sus vecinos, doña Paulina tenía una auxiliar, otra promotora comunitaria. A las dos les daban medicamentos, por parte de Prospera, para que atendieran a la gente en sus casas, pero con la desaparición del programa eso va a cambiar.

“Ya no nos habían llevado medicamentos para mi auxiliar y ahora me dijeron que quizá no van a seguir llevándonos. Pero no sabemos bien y nadie nos dice”. 

Lo otro que van a dejar de recibir las familias beneficiarias es el suplemento alimenticio que les daban a las mujeres embarazadas, y a los niños menores de 2 años o de 5, si estaban desnutridos. 

Aunque Nohemí Ánimas Vargas, la titular de la Coordinación de Becas para el Bienestar Benito Juárez, el programa que sustituyó a Prospera dice que sus efectos se exageran.

“En realidad muchas señoras ni le daban el suplemento a los niños, nos han contado que no se lo tomaban porque sabía feo, y resulta que dicen los defensores del Prospera que los ayudó a crecer, cuando en realidad se iba a la basura”. 

En esto, las vivencias se dividen también. Martha Antonio Santos, extitular de Chimalhuacán, Estado de México, cuenta que a ella le dieron el suplemento para su nieta cuando la niña tenía año y medio, “pero no se lo quiso comer. Era un polvo en un sobrecito, me decían que se lo diera en la fruta o con la sopa, pero me decía que sabía feo, lo acabamos tirando todo a la basura”. 

En cambio, Marlén Molina, también de Chimalhuacán, dice que ella no tuvo problema. La menor de sus hijas, que tenía un año cuando entraron al programa, consumió el suplemento sin gesto alguno.

“Nunca me dijo nada, creo que ni supo que se lo ponía a la sopa o a la fruta. Se comía las cosas y ya. No sé qué tanto le haya ayudado pero sí lo usamos”. 

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3 nuevos fraudes y estafas surgidos por la pandemia del coronavirus

El miedo y la desinformación desatados por la crisis sanitaria mundial han permitido a grupos delictivos crear nuevas formas de engaño para obtener dinero y datos de identidad. Te contamos algunas de las estafas más utilizadas en tiempos de covid.
9 de febrero, 2021
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Mientras las economías del mundo sufren y millones de negocios han tenido que cerrar sus puertas debido a la crisis sanitaria mundial generada por el covid-19, hay quienes han aprovechado la pandemia para sacar un beneficio económico.

Se trata de grupos de delincuentes en varios rincones del globo que han encontrado nuevas formas ilegales de hacer dinero.

Algunos de estos criminales engañan a sus víctimas aprovechando la confusión, desinformación y desesperación de muchos en medio de la pandemia.

Otros, ofrecen falsificaciones que permiten violar algunas de las restricciones impuestas por las autoridades en muchos países.

Aquí te contamos tres de los principales fraudes y estafas que han surgido en los últimos tiempos en torno al coronavirus.

1. Resultados de tests falsos

Muchos países exigen a toda persona que quiera viajar allí que se realice una prueba de laboratorio para comprobar que no está infectado con el virus que causa el covid-19.

La exigencia de mostrar un certificado con resultado negativo ha propiciado un lucrativo negocio que consiste en vender resultados falsificados.

Las dificultades o retrasos para acceder a las pruebas, su alto costo en algunos lados y la urgencia o pereza de algunas personas que quieren viajar, han llevado a que el negocio de los tests falsos florezca.

Un hombre se realiza una prueba de coronavirus en el aeropuerto de Los Ángeles, en EE.UU.

Getty Images
Algunos viajeros buscan evitar realizarse los tests de coronavirus y compran certificados falsos.

Agencias de seguridad han desbaratado redes de falsificadores de certificados en el aeropuerto Charles de Gaulle, en la capital de Francia, y en el aeropuerto de Luton, en Reino Unido.

También la Policía Nacional de España arrestó al menos a una persona que ofrecía resultados de tests falsos.

En Países Bajos se identificaron varias cuentas en redes sociales como Whatsapp y Snapchat con nombres como Vliegtuig Arts (el médico del avión) o Digitale Dokter (el médico digital) que ofrecían certificados falsos.

El diario El País de España denunció recientemente que este negocio también prolifera en algunas zonas turísticas de México, donde tests apócrifos son vendidos por menos de US$40.

Y en Chile, las autoridades sanitarias clausuraron en enero un centro médico ubicado en la acomodada comuna de Las Condes, en Santiago, que falsificaba resultados de exámenes supuestamente realizados a cambio de US$85.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) reconoció que se trata de “un problema cada vez mayor en todo el mundo”.

El organismo señaló que parte del problema es que los certificados en papel se pueden manipular fácilmente porque vienen en diferentes formatos e idiomas, lo que “conduce a ineficiencias en los controles de salud, errores y fraude”.

Por su parte, la Oficina Europea de Policía, Europol, indicó que “la proliferación de medios tecnológicos de gran precisión, ya sea impresoras o distintos programas de software, facilita la circulación de documentos fraudulentos”.

Europol, que esta semana alertó a la Unión Europea sobre una banda de falsificadores de certificados llamada Rathkeale Rovers Mobile Organised Crime Group, presuntamente de origen irlandés, admitió que el problema es difícil de combatir.

“Mientras haya limitaciones para viajar debido a la covid-19, es probable que se mantenga la producción y venta de certificados falsos”, señalaron portavoces de la institución.

Una persona con guantes sostiene una vacuna y un modelo de un coronavirus

iStock
La llegada de las vacunas contra el covid ha desatado una nueva serie de estafas.

2. El engaño de las vacunas

Desde que comenzó la pandemia, ha habido timadores que buscaron lucrar con el miedo que genera la enfermedad, ofreciendo remedios y curas falsas.

Tés, aceites esenciales y terapias intravenosas con vitamina C son solo algunos de los supuestos tratamientos antivirales que se siguen vendiendo en clínicas, sitios online, redes sociales y programas de televisión.

Pero el desarrollo de vacunas contra el coronavirus, que ya empezaron a distribuirse y aplicarse en varias partes del mundo, ha generado una nueva forma de estafa.

Consiste en exigir dinero a cambio de estar en una presunta lista para recibir la preciada inmunización, cuyas dosis son limitadas.

También hay quienes afirman falsamente vender alguna de las vacunas desarrolladas.

La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) advirtió que este fraude se está extendiendo en ese país debido a las complejidades del sistema de distribución de las vacunas, que varía según el estado o territorio.

“Los estafadores, siempre listos para actuar, se están aprovechando de la confusión”, señaló Colleen Tressler, especialista en Educación del Consumidor de la FTC.

Para evitar el fraude, la agencia recuerda que no se puede pagar para inscribirse para recibir la vacuna.

“Todo aquel que te pida que pagues para colocar tu nombre en una lista, para hacer una cita para ti o reservarte un puesto en la fila es un estafador”, advierte.

Un hombre con guantes de latex, sosteniendo vacunas en una mano y dinero en la otra

iStock
Los estafadores fingen tener vacunas para vender o prometen un lugar en la lista de vacunación.

También recomienda ignorar los anuncios de venta de vacunas contra el coronavirus.

“No la puedes comprar en ningún lugar. La vacuna está disponible únicamente en lugares aprobados a nivel federal y estatal”, indica.

3. El corona-phishing

La creación de negocios falsos, que ofrecen productos inexistentes a través de sitios online, redes sociales, correos electrónicos y llamadas, con la intención de obtener los datos bancarios de quienes caen en la trampa, explotó desde que comenzó la pandemia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también debió emitir una advertencia en marzo pasado para alertar que cibercriminales se hacían pasar por representantes del organismo para obtener donaciones falsas y robar datos de identidad.

Pero mientras que al principio esta forma de delito, conocido como “phishing”, se enfocó en campañas de caridad falsas o la supuesta venta de productos muy en demanda, como mascarillas, alcohol en gel o desinfectantes, con el tiempo las estafas se hicieron más sofisticadas.

En Argentina, algunos bancos debieron cerrar sus perfiles en redes sociales luego de que delincuentes utilizaran información recabada allí para vaciar las cuentas de algunos clientes.

Los criminales se ponían en contacto con personas que habían utilizado las redes para denunciar algún problema con su cuenta, ante la imposibilidad de asistir a los bancos, que por muchos meses permanecieron cerrados al público durante la cuarentena.

Haciéndose pasar por representantes del banco, los delincuentes lograban obtener los datos de la cuenta de la víctima. Antes de vaciarla a través de la banca online, pedían un préstamo pre-acordado.

Así, las víctimas no solo perdían todo el dinero en sus cuentas. También quedaban endeudados, en algunos casos por cifras muy por encima de sus ingresos.

En realidad, pretenden robarlas. Ilustración de un hombre en traje sosteniendo una maleta llena de dinero

iStock
En varios países, estafadores pretenden ser funcionarios del gobierno que ayudan a gestionar las ayudas estatales.

Otra forma de estafa común en países donde se otorgan ayudas estatales es la de los llamados de personas que afirman ser gestores del gobierno. En realidad, se trata de timadores que buscar obtener información para robar esos pagos.

En enero pasado, la FTC de EE.UU. informó que había recibido más de 225.000 quejas de consumidores relacionados con este tipo de fraude. En total, se estima que más de US$309 millones de asistencia económica terminaron en manos de delincuentes.

El organismo también ha advertido sobre otra forma de estafa: la de los rastreadores de contactos falsos.

Son personas que llaman a sus víctimas y les dicen que estuvieron con alguien que dio positivo de covid.

Les recomiendan hacerse una prueba cuanto antes y les ofrecen un test casero gratuito, pero les dicen que, para recibirlo, deben darles su número de tarjeta de crédito para cubrir los gastos de envío.

Según las autoridades, estos estafadores suelen enfocarse en minorías y personas de la tercera edad.

Los expertos en seguridad afirman que la clave para evitar caer en estas trampas es recordar que ningún banco, agencia estatal o instituto de salud contacta a personas para pedirles información confidencial.

“Es posible que (los delincuentes) lo contacten por teléfono, correo electrónico, mensajes de texto, correo postal o redes sociales”, advierte la página del gobierno estadounidense dedicado a “Estafas y fraudes comunes”.

“Proteja su dinero y su identidad al no compartir información personal como el número de su cuenta de banco, número de Seguro Social o fecha de nacimiento”, aconseja.


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