Restauradoras con Glitter: las pintas en el Ángel, la memoria de un grito contra la violencia hacia las mujeres
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Andrea Murcia/Cuartoscuro

Restauradoras con Glitter: las pintas en el Ángel, la memoria de un grito contra la violencia hacia las mujeres

El colectivo Restauradoras con Glitter pide que las pintas en el Ángel de la Independencia no sean removidas por su relevancia social, histórica y simbólica.
Andrea Murcia/Cuartoscuro
25 de agosto, 2019
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“Mi familia defendía a mi violador”, “Te quiero viva, me quiero viva”, “La policía nos viola”, “México Feminicida”, “No se va a caer lo vamos a tirar”, “Policía violador”. Fueron algunas de las frases que se pintaron al pie de la Columna del Monumento a la Independencia durante la protesta contra la violencia hacia las mujeres del pasado viernes 16 de agosto.

Esas pintas representan el hartazgo de mujeres contra la inseguridad y violencia, pero también contra la inacción de las autoridades; son una exigencia para frenar la violencia machista, por lo que el colectivo Restauradoras con Glitter piden conservarlas y que sean parte de la memoria de una sociedad que urge una vida libre de violencia para sus mujeres.

Lee: Diamantada CDMX: Exigen castigo a policías violadores y una disculpa por la violencia histórica contra mujeres

Restauradoras con Glitter es un colectivo compuesto por un grupo multidisciplinario de mujeres especialistas en restauración, conservación del patrimonio cultural, antropólogas, historiadoras, sociólogas, artistas y más.

“El Ángel de la Independencia no es el único monumento al que se recurre para manifestar una necesidad social en el mundo, al contrario. Esos mensajes son parte de una manifestación, de un clamor social de que se mantenga un Estado de derecho que garantice la seguridad de todos los que conformamos esta sociedad”, dijo en entrevista con Animal Político, Sofía Vera, restauradora e integrante del colectivo.

Para las integrantes del colectivo, lo importante no son las pintas en el Monumento sino que éstas representan el clamor de justicia y de visibilizar las agresiones, acoso, violaciones y feminicidios a los que día a día se enfrenta una mujer en México.

“En este caso las mujeres protestaron por sus vidas, por las vidas de sus hijas y por las vidas de sus madres. Por el derecho de tener una vida como cualquier otra persona sin temor a ser violentada, ante asesinatos cometidos por alguien conocido o de connotación sexual”, dijo Sofía Vera.

Lee: Por una, por todas: Las voces de las mujeres en la protesta #NoMeCuidanMeViolan

“El deterioro de un monumento es reversible, la violencia no”

Según cifras del diagnóstico Violencia y Feminicidio de niñas y adolescentes en México de la ONU Mujeres México, de 2015 a 2018 hubo 194 feminicidios de niñas y adolescentes; además de 3 mil 044 casos de corrupción de menores; 671 homicidios dolosos; 12 mil 545 lesiones dolosas y 201 casos de tráfico de menores.

“No hay día que no pase la noticia de una niña desaparecida o una niña encontrada violada, torturada, mutilada. Definitivamente, no creo que sea el futuro que nadie quiera para el país”, añadió.

Por lo anterior, la restauradora insistió en no perder la atención en las pintas al monumento, y concentrarse en el grito de ayuda de aquellas mujeres que se manifestaron.

“Nos une esta condición de mujer que se siente insegura en el país y en ese sentido, una hermandad con quienes hemos sufrido una violencia. Nos ponemos hombro con hombro para dejar de poner atención en unas pintas en el Ángel de la independencia cuando lo que queremos es que se nos den respuestas sobre nuestra seguridad”, dijo Vera.

Un archivo histórico de la manifestación

El próximo miércoles 28 de agosto a las 6:00 de la mañana el colectivo Restauradoras con Glitter acudirá con las autoridades de la Secretaría de Cultura para entregar la petición que lanzaron en redes sociales, en la que piden el registro de las pintas en el Ángel de la Independencia para crear un archivo histórico a la memoria colectiva de este país.

“Sabemos que nos van a recibir pero no tenemos claro con quién vamos a platicar”, señaló la restauradora Sofía Vera, integrante de dicho colectivo.

Restauradoras con Glitter esperan formalizar la petición de mantener un archivo con las pintas y que se dé una respuesta concreta a las acciones que tomará el gobierno de la Ciudad de México y el gobierno federal para hacer frente a la situación de violencia que viven las mujeres.

“Queremos una postura, porque hasta ahora no ha habido alguna. Se ha satanizado esta protesta hasta desviar el objetivo de la manifestación con las pintas en el Ángel”.

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De acuerdo con Sofía, el colectivo también busca solidarizarse con todas las mujeres que dejaron los mensajes en el monumento porque, al final, “todas sentimos lo mismo”.

Restauradoras con Glitter pide que se respete la forma de manifestarse de las mujeres como un grito de ayuda, y que se documente debidamente para que no se olvide la exigencia. “El simple hecho de quitar la realidad es invalidar lo que ellas están pidiendo”.

El colectivo también demanda que se realice una documentación profesional y exhaustiva de las pintas y que se tome en cuenta el sentimiento que las inspiraron.“Esto no fue una travesura de niñas”, señalan.

Hasta ahora Restauradoras con Glitter cuenta con 540 integrantes que se han sumado a la iniciativa de mantener los mensajes en el Ángel de la Independencia. La carta que entregarán el próximo 28 de agosto con sus peticiones incluye poco más de 400 firmas.

“No estamos en pro del vandalismo, eso no fue lo que se perdió aquí sino el valor por la vida humana y es lo que queremos rescatar. Para arreglar el monumento habemos profesionales, lo que ahora queremos ratificar es que levanten la mano las personas que tienen que asegurarnos que no se pierdan más vidas humanas”, dijo Sofía Vera.

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#YoSoyAnimal

Cómo tu personalidad cambia a medida que cumples años

Por mucho tiempo se ha pensado que nuestra personalidad se fija, aproximadamente, para cuando alcanzamos los 30 años de edad. Investigaciones recientes revelan que no es así.
1 de febrero, 2021
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“Señor presidente, quiero plantearle un tema que creo que ha estado rondando durante dos o tres semanas y presentarlo específicamente en términos de seguridad nacional… “, dijo el periodista Henry Trewhitt, mientras miraba fija y seriamente al presidente estadounidense Ronald Reagan.

Era octubre de 1984, y Reagan estaba en el circuito de debates, luchando por permanecer en el cargo por un segundo mandato.

Unas semanas antes había tenido un mal desempeño frente a su rival principal. Entonces se rumoreaba que, a los 73 años, simplemente era demasiado mayor para el trabajo.

En ese momento, Reagan ya era el presidente más mayor en la historia de Estados Unidos, un récord que ha sido superado por Donald Trump (74) y ahora por el actual presidente Joe Biden, de 78 años.

Trewhitt quería saber si Reagan tenía alguna duda de si podría funcionar en circunstancias estresantes.

“No, ninguna, Trehwitt”, respondió Reagan, conteniendo una sonrisa.

Expresidente de EE.UU. Ronald Reagan en 1984

Getty Images
En 1984, Reagan era el presidente de mayor edad que había gobernado EE.UU. hasta la fecha.

“Y quiero que sepa que tampoco voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

Su respuesta fue recibida con risas estridentes y aplausos, que precedieron a una victoria aplastante en las elecciones.

La broma de Reagan, sin embargo, contenía más verdad de lo que sabía entonces.

No solo tenía la experiencia de su lado, también tenía una “personalidad madura”.

Cambio misterioso

Todos estamos familiarizados con la transformación física que conlleva el envejecimiento: la piel pierde su elasticidad, las encías retroceden, nuestra nariz crece, los pelos brotan en lugares peculiares -a la vez que desaparecen por completo de otras partes- y esos preciosos centímetros de altura a los que nos aferramos comienzan a desaparecer.

Ahora, después de décadas de investigación sobre los efectos del envejecimiento, los científicos han comenzado a descubrir cambios más misteriosos.

“La conclusión es exactamente esta: que no somos la misma persona durante toda nuestra vida“, señala René Mõttus, psicólogo de la Universidad de Edimburgo.

Mujer mayor disfrutando de una piscina de agua caliente.

Getty Images
Si bien nuestras personalidades cambian constantemente, lo hacen en relación a quienes nos rodean.

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar en nuestra personalidad como algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida. Pero diversas investigaciones sugieren que este no es el caso.

Nuestros rasgos cambian constantemente, y para cuando entramos en la década de los 70 y 80 años, hemos experimentado una transformación significativa.

La modificación gradual de nuestra personalidad tiene algunas ventajas sorprendentes. Nos volvemos más conscientes, agradables y menos neuróticos.

Los niveles de los rasgos de personalidad de la llamada “Tríada Oscura” -el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía- también tienden a disminuir, y con ellos, nuestro riesgo de caer en comportamientos antisociales como el crimen y el abuso de sustancias.

Las investigaciones han demostrado que nos convertimos en personas más altruistas y confiadas. Nuestra fuerza de voluntad aumenta y desarrollamos un mejor sentido del humor.

Finalmente, los adultos mayores tienen más control sobre sus emociones.

Es sin duda una combinación ganadora, y una que indica que el estereotipo de que las personas mayores son gruñonas y cascarrabias necesita ser revisada.

Nuestras personalidades son fluidas y maleables

Lejos de asentarse en la infancia, o alrededor de los 30 años -como pensó la comunidad científica durante años-, parece que nuestras personalidades son fluidas y maleables.

“Las personas se vuelven más agradables y más adaptadas socialmente”, dice Mõttus.

“Son cada vez más capaces de equilibrar sus propias expectativas de vida con las demandas de la sociedad”.

Los psicólogos llaman al proceso de cambio que ocurre a medida que envejecemos “maduración de la personalidad”.

Mujer mayor

Getty Images
Aquellos con mayor autocontrol serán probablemente más saludables de mayores.

Es un cambio gradual e imperceptible que comienza en nuestra adolescencia y continúa al menos hasta nuestra octava década en el planeta.

Curiosamente, parece ser universal: la tendencia se observa en todas las culturas humanas, desde Guatemala hasta India.

“Generalmente es controvertido hacer juicios de valor sobre estos cambios de personalidad”, dice Rodica Damian, psicóloga social de la Universidad de Houston, en Estados Unidos.

“Pero al mismo tiempo, tenemos evidencia de que son beneficiosos”.

Por ejemplo, la falta de estabilidad emocional se ha relacionado con problemas de salud mental, tasas de mortalidad más altas y divorcios.

Entretanto, Damian explica que la pareja de alguien con un grado elevado de conciencia probablemente sea más feliz, porque es más probable que estas personas laven los platos a tiempo y sean menos propensos a engañar a su pareja.

Un lado más estable de nuestra personalidad

Resulta que, si bien nuestra personalidad cambia en cierta dirección a medida que envejecemos, lo que somos en relación con otras personas del mismo grupo de edad tiende a permanecer bastante estable.

Por ejemplo, es probable que el nivel de neurosis de una persona vaya bajando en general, pero los niños de 11 años más neuróticos siguen siendo, en general, los ancianos de 81 años más neuróticos.

“Hay una base de quiénes somos en el sentido de que mantenemos nuestro rango en relación con otras personas hasta cierto punto”, dice Damian.

“Pero en relación a nosotros mismos, nuestra personalidad no está escrita en piedra, podemos cambiar”.

¿Cómo se desarrollan estos cambios de personalidad?

Dado que la maduración de la personalidad es universal, algunos científicos piensan que, lejos de ser un efecto secundario accidental de haber tenido más tiempo para aprender las normas sociales, las formas en que cambia nuestra personalidad podría estar genéticamente programada, tal vez incluso moldeada por fuerzas evolutivas.

Por otro lado, otros expertos creen que nuestra personalidad está en parte forjada por factores genéticos y luego esculpidas por presiones sociales a lo largo de nuestra vida.

Por ejemplo, una investigación de Wiebke Bleidorn, psicóloga de la personalidad de la Universidad de California, concluyó que, en culturas donde se esperaba que las personas maduraran más rápido (en términos de casamiento, empezar a trabajar, asumir responsabilidades adultas), sus personalidades tienden a madurar a una edad más temprana.

Niño con traje

Getty Images
Las personas de culturas donde se espera que se casen o empiecen a trabajar más jóvenes, tienen personalidades que maduran antes.

“Las personas simplemente se ven obligadas a cambiar su comportamiento y, con el tiempo, a volverse más responsables. Nuestras personalidades cambian para ayudarnos a enfrentar los desafíos de la vida”, dice Damian.

¿Pero qué ocurre cuando nos volvemos muy mayores?

Hay dos formas posibles de estudiar cómo cambiamos a lo largo de nuestra vida.

La primera es tomar un grupo grande de personas de muchas edades diferentes y luego observar en qué se diferencian sus personalidades.

Un problema con esta estrategia es que es fácil confundir accidentalmente los rasgos generacionales que han sido esculpidos por la cultura de un período de tiempo particular -como la mojigatería o una adoración inexplicable por las natillas y el jerez- con los cambios que ocurren a medida que uno envejece.

Estudio de largo plazo

La alternativa es tomar un mismo grupo de personas y estudiarlas a medida que crecen.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Lothian Birth Cohort (estudio de cohorte de Lothian), un grupo de personas en Escocia a quienes se les examinaron sus rasgos de personalidad e inteligencia en junio de 1932 o junio de 1947, cuando aún estaban en la escuela.

En ese momento, las personas tenían cerca de 11 años de edad.

Junto con colegas de la Universidad de Edimburgo, Mõttus rastreó a cientos de las mismas personas cuando tenían 70 u 80 años, y les hizo dos pruebas idénticas más, con varios años de diferencia.

Señor mayor en un parque

Getty Images
Un famoso estudio con personas en Escocia mostró resultados notablemente diferentes para dos generaciones de personas.

“Debido a que teníamos dos grupos diferentes de personas, y ambas fueron medidas en dos ocasiones, pudimos utilizar ambas estrategias a la vez”, dice Mõttus.

Fue una suerte, porque los resultados fueron notablemente diferentes para las dos generaciones.

Si bien las personalidades del grupo más joven permanecieron más o menos iguales en general, los rasgos de personalidad del grupo mayor comienzan a cambiar, de modo que, en promedio, se volvieron menos abiertos y extrovertidos, así como menos agradables y concienzudos.

Los cambios beneficiosos que habían estado ocurriendo a lo largo de sus vidas comenzaron a revertirse.

“Creo que esto tiene sentido, porque en la vejez las cosas comienzan a pasarle a la gente a un ritmo más rápido”, dice Mõttus, quien señala que la salud de estas personas podría haber estado en declive y es probable que hayan comenzado a perder amigos y familiares.

“Esto tiene cierto impacto en su participación activa en el mundo”.

Nadie ha investigado aún si esta tendencia continuaría después de los 100 años.

Investigaciones sobre japoneses centenarios han descubierto que tienden a obtener una puntuación alta en la conciencia, la extroversión y la apertura, pero es posible que hayan tenido más de estas características para empezar, y tal vez esto incluso contribuyó a su longevidad.

Mujer mayor asiática

Getty Images
Nuestra personalidad está muy ligada a nuestro bienestar.

De hecho, nuestra personalidad está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar a medida que envejecemos.

Por ejemplo, aquellas con un mayor autocontrol tienen más probabilidades de ser saludables en la edad adulta, las mujeres con niveles más altos de neurosis tienen más probabilidades de experimentar síntomas durante la menopausia, y cierto grado de narcisismo se ha asociado con tasas más bajas de soledad, que en sí mismo es un factor de riesgo para una muerte más temprana.

En el futuro, comprender cómo ciertos rasgos están vinculados a nuestra salud -y cómo podemos esperar que nuestra personalidad evolucione a lo largo de nuestra vida- podría ayudar a predecir quién está en mayor riesgo de padecer ciertos problemas de salud y poder intervenir.

El conocimiento de que nuestra personalidad cambia a lo largo de nuestra vida, lo queramos o no, es una prueba útil de lo maleables que son.

“Es importante que sepamos esto”, considera Damian. “Durante mucho tiempo, la gente pensó que no”.

“Ahora estamos viendo que nuestra personalidad puede adaptarse, y esto nos ayuda a enfrentar los desafíos que nos presenta la vida”, agrega.

Al menos, nos da a todos algo que esperar a medida que envejecemos y la posibilidad de descubrir en quiénes nos convertiremos.


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