Ecatepec: En 4 años han asesinado a 1,258 mujeres, pero solo 53 son considerados como feminicidio
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Ecatepec: En 4 años han asesinado a 1,258 mujeres, pero solo 53 son considerados como feminicidio

Karen fue asesinada por su primo de 17 de años. El caso fue investigado y juzgado como homicidio doloso, pese a tener características de ser un feminicidio.
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Por Sergio Castro Bibriesca
15 de septiembre, 2019
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Siempre estarían juntos, era una promesa compartida. Sacrisanta, la madre; Karen, la hija mayor, y Erik, el pequeño, eran muy unidos y les gustaba pensar en proyectos comunes a futuro, pero hace más de tres años, el 4 de agosto de 2016, los planes cambiaron. El asesinato de Karen, en Ecatepec, Estado de México, es uno de los casos que se investigaron y juzgaron como homicidio doloso, pese a las evidencias que indicaban que fue un feminicidio.

La necesidad de dinero hacía que Sacrisanta Mosso Rendón dejara a sus hijos en casa para ir a trabajar en una cocina económica en Ecatepec. Un día regresó de las labores. La puerta de entrada de la casa estaba cerrada con candado, ella no llevaba llaves. Esperó más de dos horas sentada en la banqueta, asumió que sus hijos estarían en la Feria Patronal de San Cristóbal, que se realiza en el centro del municipio cada año. Les habló por teléfono, les mandó mensajes y, al no tener respuesta, salió en búsqueda de Karen y Erik. A la medianoche regresó a casa y entró por una ventana. En el baño encontró sin vida a su hija. En una de las recámaras, al niño.

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Karen Alvarado Mosso, quien tenía 17 años, estaba tirada boca abajo, con sus manos amarradas hacia atrás y tenía un cinturón enrollado en el cuello. La asfixiaron en un bote con agua, la golpearon y la violaron. A Erik, de 12 años, lo asfixiaron con una almohada.

Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran que, del 1 de enero de 2015 al 31 de marzo de 2019 en Ecatepec se han contabilizado mil 258 carpetas de investigación por homicidio doloso contra mujeres, es decir, más de uno al día. De ellos, mil 256 fueron con arma de fuego, arma blanca u “otro elemento”.

Lo que la Fiscalía local toma en cuenta para investigar los casos como feminicidios es que, por ejemplo, “a la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia”, o asfixia. Además, que “haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza”, y que “la víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo”.

Sin embargo, el Estado de México, gobernado por el priista Alfredo del Mazo, solo reconoce 299 feminicidios de 2015 a 2018, que lo ubica en el primer lugar nacional. De ese total, en Ecatepec, en el mismo periodo -según cifras de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México pedidas a través de transparencia- se iniciaron 53 carpetas de investigación por feminicidios. De esos casos, solo en 10 hay una sentencia condenatoria. La última se emitió en enero de este año.

En el caso de Karen Alvarado, quien antes de su asesinato estaba a unos días de entrar a quinto semestre en el CCH Vallejo, la persona que fue imputada y juzgada por su homicidio doloso, fue su primo. El joven, que tenía en ese momento 17 años, fue detenido en marzo de 2017 y en agosto se le declaró culpable de dos homicidios dolosos, con una condena de cinco años de privación de la libertad, la pena máxima que puede alcanzar un menor de 18 años, según la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes.

“No es justo, cometió actos muy graves, un feminicidio”, dice Mosso Rendón.

“Se le debería haber juzgado como adulto, porque los actos que cometió son de adulto, remarca. El sistema de justicia, acusa, es una gran ventaja para quien cometió un delito”.

Previo a la sentencia que dieron al primo de Karen, colectivos y la señora Sacrisanta buscaron que la muerte de su hija se investigara como feminicidio y que a él se le juzgara como adulto. Para la madre, una sentencia mayor sería más justa, pero, sostiene, “lo justo sería que me devolviera a mis hijos”.

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En el Estado de México se castiga con 70 años de cárcel o prisión vitalicia, según sea el caso, a la persona que haya cometido un feminicidio, de acuerdo con el Código Penal de la entidad.

En la entidad, una de las diferencias entre investigar una muerte como homicidio doloso o feminicidio, es, entre otras, que hay un grupo conformado por una persona especializada en trabajo social, una en psicología y una en derecho (asesor o asesora jurídica). Todas ellas deben tener un alto nivel de empatía y sensibilidad hacia las víctimas.

Mosso Rendón sabe que para las autoridades el tema ya se concluyó. No se le puede volver a sentenciar por los mismos hechos a la misma persona.

“Que no se le dé oportunidad, lo están preparando para que rehaga su vida y se me hace injusto”, señala la madre de Karen.

Penas a menores de 18 años 

Ana Aguilar García, directora de Proyectos del Instituto de Justicia Procesal Penal, una organización de la sociedad civil experta en derechos humanos del proceso penal y que trabaja con personas menores de 18 años, explica que el proceso de justicia para adolescentes tiene fines distintos al de adultos. “Tiene un fin socioeducativo para reintegrar a los y las adolescentes a su familia y comunidades”.

Organizaciones y la propia Sacrisanta exigen una pena más elevada por el tipo de delito cometido.

Aguilar García detalla que, si el fin socioeducativo del sistema de justicia para adolescentes se transmite desde los actores del sistema judicial, durante todo el proceso, es posible que los familiares de la víctima entiendan por qué es importante que las personas menores de 18 años reciban una segunda oportunidad.

“También es importante hacerle saber a esos familiares que ellos (las personas imputadas) tienen derechos y que el proceso también se encarga de velar por sus intereses, más allá de la pena.  Si, en cambio, las autoridades siguen utilizando discursos punitivos, lo único que van a seguir promoviendo es la utilización del sistema penal para fines de venganza”, explica.

Para García, nos hemos acostumbrado a un discurso que confunde justicia con cárcel sin que haya mucha voluntad para hacernos entender como sociedad cuál es el proceso para llegar a prisión como condena. “Como no lo entendemos, entonces asumimos que las opciones inmediatas, como la prisión preventiva, ya son justicia”, subraya. Agrega que la inmediatez con la que se prive de libertad a una persona genera en la sociedad un mayor sentido de justicia.

La Fiscalía para la Atención a la Violencia de Género del Estado de México fue contactada en repetidas ocasiones para conocer qué criterios utiliza para investigar casos que presentan características de un feminicidio, como el de Karen, pero no hubo respuesta.

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“Se siguen maquillando cifras”

Para Karla Micheel Salas, abogada defensora especializada en violencia de género en el país, “respecto a los feminicidios y la violencia en general contra mujeres, se siguen maquillando las cifras…la voluntad de las autoridades es simplemente no investigar”.

Asegura que la autoridad no tiene una explicación de por qué, pese a haber crímenes que “son claramente feminicidios” y que tendrían que haberse investigado como tal, se indagan como homicidios dolosos.

Para Sacrisanta Mosso, la experiencia que tuvo con las autoridades al inicio del proceso fue de prepotencia, “no veían culpable más que a mí”. Aunque después hace una pausa y dice entender que así actúan las autoridades. Sin embargo, cuenta que no quitó “el dedo del renglón, siempre iba y preguntaba, presionaba. A lo mejor los fastidié”. A ella no le importaba ir lejos o sola, “es importante gritar y exigir, llorar… aprender a llorar, tener paciencia”.

En Ecatepec, −municipio que tiene una extensión territorial de 186.9 kilómetros cuadrados− del 4 de agosto de 2017 al 31 de marzo de 2019 han desaparecido 219 mujeres (193 tenían entre cero y 29 años). De ellas, 61 tenían entre 15 y 17 años cuando se les vio por última vez.

Micheel Salas acusa que vivimos en un caso de simulación, vemos la desaparición de mujeres de forma violenta, pero no hay respuesta inmediata.

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“Se comprometieron a mejorar, a profesionalizarse, pero las autoridades son incapaces de activar la Alerta de Género. El Estado de México es el mejor ejemplo de la política de simulación”, subraya.

De hecho, la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres cumplió ya cuatro años en 11 municipios de la entidad. Fue emitida el 28 de julio de 2015 y recibe en promedio 30 millones de pesos al año, pero las cifras muestran que los casos en el Estado de México han subido, pues en 2015 se registraron 59 feminicidios; en 2016, 66, y en 2017, 64.

Pero ya en 2018, el Estado de México contabilizó 110, según el SESNSP. Además, Ecatepec, con una población de 932 mil 727 mujeres, fue el municipio mexiquense que más casos registró en la entidad, con 14, y fue quinto a nivel nacional en ese delito por cada 100 mil habitantes, con 1.50 sucesos, más alto que la media nacional, con 1.30.

En el ayuntamiento, la violencia también pega a toda la población. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) durante la primera quincena de septiembre de 2018, la ubicó como la ciudad más peligrosa en el país, pues 96.3% de los habitantes mayores de 18 años se siente inseguro.

El municipio que colinda con la capital mexicana es el más poblado del país, con un millón 677 mil 678 habitantes, según cifras del Inegi, aunque autoridades locales señalan que podrían ser más de 3 millones de residentes. 786 mil 843 de sus habitantes viven en situación de pobreza, sus ingresos son insuficientes para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación Política de Desarrollo Social (Coneval).

Ahí Karen y Erik crecieron y tenían una vida feliz, asegura su madre. Siempre había una sonrisa en sus rostros. La joven quería estudiar Derecho porque quería ayudar a las mujeres. “Sufrimos mucho, nuestros papás no nos entienden, nos gritan y nos maltratan cuando somos niñas. Cuando nos casamos, los esposos nos limitan y maltratan”, le repetía constantemente a su madre.

Ella, desde que estaba en la secundaria, fue muy estudiosa. Siempre fue de diplomas. Karen tenía sus metas muy fijas. “Lo iba a lograr, era madura, consciente. Soñaba con viajar a París. Tenía muchos sueños muy grandes”, asegura Sacrisanta, quien quiebra su voz al rememorar.

Karen siempre fue muy unida con su hermano Erik. Se molestaban y llegaban a pelear como cualquier par de hermanos: “Era un gran apoyo para mí, para su hermano, nos repartíamos las obligaciones”.

Erik tenía 12 años, le gustaba jugar, bromear, era muy platicador, muy amiguero. Por todos lados tenía amistades. Siempre regalaban una sonrisa, “así los recuerdo, sonrientes, amables”. Estaba feliz porque iba a entrar a la secundaria.

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La necesidad de llevar el pan a la mesa hacía que los hermanos convivieran y se cuidaran mientras su madre iba a trabajar. “No tenía la necesidad de andar atrás de ellos, sólo llegaba a revisar”. Karen era el ejemplo de Erik: Él veía a su hermana y quería hacer lo que la hermana iba hacer.

A más de tres años de ese suceso, a Sacrisanta Mosso le da lo mismo comer o no. Confiesa que hoy encuentra poca motivación, “mi motor eran mis hijos, pero ya todo cambió. A esta altura de mi vida ya no están, me da igual comer, la vida…”.

Para Valeria Moscoso, coordinadora del Área de Trabajo y Acompañamiento Psicosocial de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, a diferencia de delitos como desaparición, ejecución extrajudicial o tortura, cuando hay un feminicidio sí hay diferencias importantes en cuanto a reacciones e impactos en las personas más allegadas a la víctima. “Tiene que ver con elementos centrales. En el feminicidio, los perpetradores son ‘íntimos’, de un círculo cercano, no como en otros casos, donde quien comete un delito son agentes del Estado”, explica.

Moscoso Urzúa señala que tiende a haber una respuesta diferente de las víctimas sobre a quién se responsabiliza y a quién se culpa, e incluso a quién se solicita ayuda y el grado de vulnerabilidad que experimentan los familiares. “Cuando es un feminicidio, primero hay una confianza en que pueden acudir al Estado por ayuda. Quedan fuera análisis de contexto político para entender el hecho”.

La motivación ahora se asoma a cuentagotas para la madre de Karen. Ésta llega al replicar el apoyo y la empatía que recibió de mucha gente, hacia familias que sufren hoy la misma violencia que ella pasó. Ahí, Mosso Rendón se “siente necesaria” cuando alguien le pide ayuda: “Hay momentos donde me siento insignificante, pero cuando me hablan, regreso. En el momento también me hizo falta quién me acompañara, quién me dijera qué decir, qué hacer”.

Y sostiene que “nadie entiende el dolor de una madre más que otra madre que ha pasado por el mismo dolor”.

A más de tres años de que “le arrebataran a sus hijos”, recuerda la promesa de Erik y Karen, aquella que decía que “nosotros nunca te vamos a dejar solita, siempre vamos a estar contigo, te vamos a ayudar, no te va a faltar nada”, y asegura que sí, que siguen y seguirán juntos.

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Los traficantes que se hacen pasar por falsos voluntarios para captar refugiadas ucranianas

Para depredadores sexuales y traficantes de personas, conflictos como los de Ucrania son una oportunidad para cazar a refugiadas y menores de edad.
29 de marzo, 2022
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Cinco semanas de una brutal invasión de Rusia a Ucrania. Imagina por un momento cómo es vivir allí en este momento.

Bombas, derramamiento de sangre, trauma. Sin escuela para tus hijos, sin atención médica para tus padres, sin un techo seguro sobre tu cabeza.

¿Intentarías huir? Diez millones de ucranianos lo han hecho ya, según Naciones Unidas.

La mayoría busca refugio en otras zonas de Ucrania, que se cree que son más seguras. Pero más de tres millones y medio de personas han huido por la frontera.

Son principalmente mujeres y niños, ya que el gobierno ucraniano obliga a los hombres menores de 60 años a quedarse en el país y luchar.

Desplazados y desorientados, a menudo sin saber a dónde ir, los refugiados se ven obligados a confiar en extraños.

El caos de la guerra puede quedar atrás, pero la verdad es que tampoco están del todo seguros fuera de Ucrania.

“Para los depredadores y traficantes de personas, la guerra en Ucrania no es una tragedia”, advirtió en Twitter el secretario general de la ONU, António Guterres. “Es una oportunidad, y las mujeres y los niños son los objetivos”.

Las redes de tráfico están notoriamente activas en Ucrania y los países vecinos en tiempos de paz. Y ahora la niebla de la guerra es la tapadera perfecta para incrementar el negocio.

El riesgo de los niños

Karolina Wierzbińska, coordinadora de Homo Faber, una organización de derechos humanos con sede en Lublin, Polonia, me dijo que los menores eran la gran preocupación.

Muchos viajaban fuera de Ucrania sin compañía, explicó. Varios niños desaparecieron y se desconoce su paradero actual como resultado de unos procesos de registro irregulares en Polonia y otras regiones fronterizas, especialmente al comienzo de la guerra.

Mis colegas y yo nos dirigimos a la frontera entre Polonia y Ucrania para verlo por nosotros mismos.

En una estación de tren, muy conocida por la llegada de refugiados, encontramos un hervidero de actividad. Mujeres de aspecto aturdido y niños llorando por todas partes.

Una mujer y un bebé

BBC
Las mujeres ucranianas llegan con sus hijos todos los días a los países vecinos.

Muchos estaban siendo consolados y un ejército de voluntarios que vestían chalecos fosforescentes les ofrecían comida caliente de humeantes ollas de tamaño industrial.

Algo que parecía muy bien organizado. Pero no lo es tanto.

Conocimos a Margherita Husmanov, una refugiada ucraniana de Kiev de poco más de 20 años. Llegó a la frontera hace dos semanas, pero decidió quedarse para ayudar a evitar que otros refugiados caigan en las manos equivocadas.

Le pregunté si se sentía vulnerable. “Sí”, respondió sin dudar. “Ese es especialmente el motivo por el que me preocupo por su seguridad”.

“Las mujeres y los niños vienen aquí de una guerra terrible. No hablan polaco ni inglés. No saben lo que está pasando y creen en lo que les dicen“, explica.

“Cualquiera puede presentarse en esta estación. El primer día que me ofrecí como voluntaria, vi a tres hombres de Italia. Estaban buscando mujeres hermosas para venderlas en el comercio sexual“, continúa.

“Llamé a la policía y resultó que tenía razón. No era paranoia… Es horrible”.

¿Qué se está haciendo?

Margherita Husmanov dice que las autoridades locales ahora están un poco más organizadas. La policía patrulla regularmente la estación.

Algunas personas (principalmente hombres) que llevaban letreros con nombres de destinos llamativos, tan presentes en las primeras semanas de llegada de refugiados, han desaparecido en gran medida.

Pero como nos enteramos por varias fuentes, otras personas con malas intenciones ahora se hacen pasar por voluntarios.

Margherita Husmanov

BBC
Margherita Husmanov es una refugiada ucraniana que ahora es voluntaria.

Elena Moskvitina compartió en Facebook su experiencia. Ahora está a salvo en Dinamarca, así que charlamos largamente a través de Skype. Lo que le pasó es escalofriante.

Ella y sus hijos cruzaron de Ucrania a la vecina Rumania. Estaban buscando un viaje lejos de la frontera.

Asegura que falsos voluntarios en un centro de refugiados le preguntaron dónde se hospedaba.

Aparecieron más tarde ese mismo día y le dijeron que Suiza era el mejor lugar para ir y que la llevarían allí en una camioneta junto con otras mujeres.

Moskvitina explica que los hombres la miraban a ella ya su hija “de mala forma”. Su hija estaba petrificada.

Le pidieron que les mostrara a su hijo, que estaba en otra habitación. Lo miraron de arriba abajo, dijo. Luego insistieron en que viajara sin nadie más que ellos, y se enojaron cuando les pidió ver sus identificaciones.

Para alejar a los hombres de su familia, Moskvitina prometió reunirse con ellos cuando las otras mujeres estuvieran en su camioneta. Pero en cuanto se fueron, explica, tomó a sus hijos y salió corriendo.

“Están expuestas al miedo y la explotación”

Elżbieta Jarmulska, una empresaria polaca, es la fundadora de la iniciativa Women Take The Wheel (Mujeres al volante). Su objetivo, dice, es proporcionar a los refugiados ucranianos una “burbuja de seguridad”.

“Esas mujeres ya han pasado por mucho, caminando o conduciendo a través de una zona de guerra y luego están expuestas al miedo y la explotación aquí. No tengo palabras para describir cómo debe ser eso”, dice.

Elżbieta Jarmulska

BBC
Elżbieta Jarmulska organiza viajes seguros para las mujeres y sus hijos.

Hasta ahora, ha reclutado a más de 650 “mujeres increíbles” de Polonia, como las describe, que conducen de un lado a otro tanto como pueden hasta la frontera entre Polonia y Ucrania, para ofrecer a los refugiados un transporte seguro.

Acompaño a Elżbieta Jarmulska, más conocida como Ela, a un centro de refugiados donde se asegura de mostrar su identificación y prueba de residencia a los funcionarios, antes de preguntar si alguien quiere ir a Varsovia.

Su coche se ocupó rápido. Los pasajeros son unos refugiados, Nadia y sus tres hijos.

Ela acomodó a la familia en su automóvil bien equipado y ofreció a los niños pequeños agua, chocolate y píldoras para el mareo por si las necesitaban.

Mientras tanto, Nadia me habló de su peligroso viaje para salir de Ucrania desde Járkiv. Ya en Polonia, dijo que estaba tan aliviada de tener una mujer al volante.

Nadia y sus hijos

BBC
Nadia y sus hijos consiguieron un transporte seguro.

Había oído hablar de los riesgos del tráfico de personas y la explotación en la radio ucraniana. Pero vino de todos modos.

Contó que su casa estaba siendo bombardeada. Los riesgos de guerra eran inmediatos.

Necesidad

Ela se preocupa por lo mejor para los refugiados, pues dejar la frontera a salvo no significa que el peligro haya terminado.

La mayoría de las mujeres con las que hablamos esperaba volver a casa tan pronto como terminara la violencia. Pero durante los próximos días, semanas, incluso meses, necesitan un lugar donde dormir, comer, enviar a sus hijos a la escuela, así como un trabajo para mantenerse.

Esas necesidades hacen que los refugiados sean vulnerables.

Los líderes de la Unión Europea aprobaron por unanimidad una medida para abrir el mercado laboral, las escuelas y el acceso a la atención médica para los ucranianos, pero como señalan los grupos de derechos humanos, los refugiados necesitan ayuda para registrarse e informarse sobre sus derechos.

Una de los voluntarias que conocí en la frontera polaco-ucraniana dijo que cuando estás deprimido, sin amigos y con necesidad de dinero, puedes terminar haciendo cosas que nunca hubieras imaginado.

Refugiados en la frontera de Polonia

BBC
Todos los refugiados son vulnerables a la explotación.

Esta mujer fue atraída a la prostitución cuando era más joven. Y eso, dice, es en gran parte la razón por la que ahora ayuda a las refugiadas ucranianas.

“Quiero protegerlos. Para advertirles”, dice. Me pidió que no revelara su nombre. Desde entonces, cambió su vida y no quiere que sus hijos sepan de su pasado.

De buenas intenciones engañosas

Cinco semanas después de la invasión de Rusia en Ucrania, los sistemas en toda Europa que revisan a los ucranianos que necesitan ayuda aún están lejos de ser infalibles.

El crimen organizado (incluido el tráfico sexual y de órganos y, con frecuencia, el trabajo forzado) no es la única amenaza. Los refugiados también son explotados por individuos.

Personas en Polonia, Alemania, Reino Unido y otros lugares han abierto sus hogares a los refugiados, la mayoría con las mejores intenciones. Pero lamentablemente no todos.

Encontramos una publicación en las redes sociales de una mujer ucraniana que huyó a Düsseldorf en Alemania. El hombre que le ofreció una habitación confiscó sus documentos de identidad y le exigió que limpiara su casa gratis.

Luego comenzó a acosarla sexualmente también. Ella lo rechazó y él la echó a la calle.

Irena Dawid-Tomczykkids, directora ejecutiva de la rama de Varsovia de la ONG contra la trata de personas La Strada, dijo que la historia era demasiado familiar.

Ese tipo de cosas pasan, con guerra o sin ella, asegura. Pero una avalancha de mujeres y niños con cicatrices de la guerra que salen de Ucrania significa que los casos de explotación y abuso aumentan.

Los refugiados adolescentes son una preocupación particular. “Todos conocemos a los adolescentes, ¿no? Son inseguros. Quieren aceptación y reconocimiento”, explica.

“Y si son refugiados que están lejos de casa y de sus amigos, son aún más fáciles de explotar”, continúa.

“A las chicas les puede encantar la atención que les brindan los hombres mayores. O les presentarán a una chica agradable de su misma edad, que tiene ropa genial y las invita a fiestas. Así es como comienza. No olviden que no solo los hombres son proxenetas, traficantes y abusadores”.

El riesgo en línea

Los factores que impulsan a las mujeres ucranianas a aceptar ofertas en internet aparentemente generosas para escapar de sus dificultades también se multiplican en tiempos de guerra.

Sin revelar identidades, Irena relata caso tras caso en los que está trabajando La Strada Polonia: chicas ucranianas que les ofreciern pasajes de avión a México, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, sin haber conocido a los hombres que las invitaron.

Un volante para refugiados ucranianos

BBC
Los refugiados ucranianos reciben volantes con información de ayuda.

“Mis colegas estaban tratando de persuadir a una chica de 19 años para que no fuera con su amiga a la casa de un hombre”, dice.

“Ella sabe que su amiga ha sido golpeada. Pero el hombre la llama a su celular, le dice cosas bonitas y le ofrece regalos. Si insisten en ir, les rogamos a las niñas que al menos se registren con las autoridades locales. Si no lo hacen, tienen nuestro número de teléfono”, explica.

“Espero que nos puedan llamar si nos necesitan”.

Los gobiernos de toda Europa han prometido solidaridad con Ucrania.

Y los grupos de derechos humanos quieren que cuiden mejor a quienes corren por sus vidas. Necesitan protección.


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