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Niña con problemas de movilidad demanda a escuela en Yucatán por no adecuar un salón para ella

Por trato discriminatorio y obligarla a subir escaleras en contra de las recomendaciones médicas, Elvia, una niña yucateca de 9 años presentó una demanda de amparo en contra de los directivos de su escuela.
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30 de septiembre, 2019
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Elvia, a quien llamaremos así para reservar su nombre real, tiene 9 años y está en quinto grado de primaria en Mérida, Yucatán. La menor de edad es una persona de talla baja con dificultades de movilidad. Vive con hipocondroplasia y genu varu: los huesos de su cuerpo que deberían ser largos son cortos y gruesos, además tienen fisuras; presenta también desviación de columna y cadera y sus piernas están arqueadas.

Si juega o corre, se cansa rápido y le duelen mucho los huesos. Elvia quiere jugar futbol y corretear con sus hermanos, pero no puede. Para evitar sentir dolor, aun con poca movilidad, debe tomar diario medicamentos como Ibuprofeno.

El personal médico que la acompaña le ha indicado que evite subir escaleras. Pero en la primaria donde estudia, en el centro de Mérida, decidieron colocar a su grupo en el segundo piso, al final del pasillo. Elvia siente dolores constantes en las rodillas cuando tiene que ir a su salón de clase.

La niña lleva ya un año así. En la escuela donde está, los grupos de primero, segundo y tercer grado están en la planta baja. Los grados superiores van arriba. Así ha sido desde hace años. En el ciclo escolar anterior, cuando pasó a cuarto, Elvia tuvo que empezar a subir escaleras.

“Parece que la actitud es que no van a mover grupos de niveles solo por mi hija”, dice su mamá, Mary.

Al director, Jorge Gamboa Escalante, le han presentado constancias médicas en las que se prueba la condición de Elvia y las recomendaciones sobre su caso, pero se ha negado a adoptar cualquier medida. Dice que “si Elvia puede caminar, puede subir escaleras”, denuncia la mamá.

La medida que se le ocurrió al director fue hacer que una compañera la ayude a subir, con el riesgo que eso implica para las dos. A Elvia le da pena que deban ayudarla y la medida solo provocó más discriminación. Ahora los demás alumnos se burlan de ella, la llaman: “la niña que hay que llevar al salón”.

“Hasta un profesor se estaba riendo el viernes pasado porque yo subí a la niña cargando”, cuenta Mary, quien es madre soltera de otros dos menores y trabaja como ayudante en una veterinaria.

La mamá de Elvia también acudió a la entidad encargada de apoyar el proceso de integración de alumnos y alumnas con necesidades especiales, la Unidad de Servicio de Apoyo a la Educación Regular (Usaer) adscrita a la escuela, pero la respuesta que recibió es que la niña podía tomar clases en un curso inferior con salón en el primer piso y después “se le validarían las calificaciones como si fueran de su curso”.

“Al decirle que curse un grado abajo y luego le validan el otro es como si hicieran una mera simulación de que ella está cursando los grados, como si al final no importará si los cursa o no”, dice Ángeles Cruz Rosel, experta en temas de personas con discapacidad y asesora jurídica de la menor.

Mary también denuncia que el director de la escuela le aseguró que la Secretaría de Educación del Estado de Yucatán (Segey) estaba enterada del caso y que lo respaldaba en su decisión de no mover al grupo de Elvia a la planta baja, aun cuando hay un espacio ocupado como salón de audiovisuales y juntas, donde los menores podrían tomar sus clases.

Cansada de las constantes negativas, comentarios discriminatorios y el dolor que le genera subir las escaleras todos los días, el 26 de septiembre Elvia presentó, con apoyo de su mamá, una demanda de amparo en contra de diversas autoridades educativas, entre ellas Usaer y Segey, por violar su derecho a la no discriminación por razón de discapacidad, en detrimento de sus derechos a la salud y a la educación.

 

Al admitir la demanda, registrada en el expediente 1305/2019, la juez cuarto de distrito en Yucatán ordenó a la Escuela Primaria “Rodolfo Menéndez de la Peña” adoptar “las medidas pertinentes para la salud” de Elvia, y así evitar que durante la tramitación del juicio tenga mayor afectación por subir y bajar las escaleras.

Jorge Gamboa Escalante recibió la notificación este viernes 27 de septiembre, justo durante una visita del alcalde Renán Becerra Concha, por ser este centro educativo parte del programa de escuelas seguras en el que se promueve la sana convivencia, el respeto y los valores de civilidad entre el alumnado.

“Todo eso parece otra simulación”, dice Mary.

Pero, ante la resolución de la jueza, a partir de este lunes 30 de septiembre, las autoridades educativas deben cumplir con la medida cautelar.

Cruz Rosel, explica que se demanda el derecho de Elvia a recibir los ajustes razonables necesarios para acceder a la educación, tal y como lo ordena el artículo 3 de la Constitución Federal. “Ninguna persona con discapacidad es igual a otra, por lo que atendiendo a cada caso concreto deben evaluarse cuáles son los ajustes razonables que deben implementarse para derribar las barreras físicas, comunicacionales o actitudinales que enfrentan las personas que viven con alguna diversidad funcional”.

Este caso, señaló el abogado y defensor de derechos humanos Carlos Luis Escoffié Duarte, quien también forma parte del equipo legal de Elvia, muestra una de las muchas formas en las que las personas de talla baja son discriminadas desde temprana edad y puede ser un gran precedente para muchas otras historias similares.

Al respecto, la Secretaria de Educación de Yucatán aseguró en un comunicado que, el viernes 27 de septiembre de 2019, recibió un amparo para asegurar un enfoque inclusivo en el servicio educativo que se brinda a una niña de talla baja, con dificultades de movilidad.

“En el momento en que la Dirección Jurídica de la Segey tuvo conocimiento de la situación, estableció contacto con la Dirección de Educación Primaria y de Educación Especial para dar respuesta y seguimiento al caso”, se lee en el documento.

Como primera medida se estableció garantizar que la menor tome sus clases en un salón ubicado en la planta baja, tal como lo venía haciendo en cursos anteriores. Del mismo modo, el martes 1 de octubre, personal de la Dirección Jurídica visitará el plantel en compañía del Área de Recursos Materiales para revisar y llevar a cabo las acciones para que las instalaciones del plantel se traduzcan en un contexto educativo incluyente.

También se llevará a cabo una capacitación al personal de la escuela en el tema de derechos de niñas y niños con discapacidad, así como un taller de acciones para la inclusión de las personas con discapacidad dirigido a docentes, padres y madres de familia, informó la Segey, ante la resolución de la jueza.

De respetarse la decisión de la juez, Elvia ya no tendrá que subir más escalones y podrá tomar clases en un salón seguro para su salud. Para eso la niña tuvo que iniciar una lucha legal en contra de las autoridades educativas de Yucatán que por más de un año la han discriminado por su condición física.

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El precio de comprar ropa barata: ¿quién paga realmente la cuenta?

Una investigación de la BBC siguió el recorrido de algunas prendas de vestir para analizar cuáles son los verdaderos costos ambientales y sociales que hay detrás de una oferta de ropa tan barata en los mercado mundiales.
8 de agosto, 2019
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Atrás quedó la época en que la gente se compraba ropa cuando recibía el salario una vez al mes o solamente para ocasiones especiales.

La tendencia actual para muchos es comprarse ropa por internet en cualquier momento o “salir de compras” los fines de semana, dado que algunos precios han llegado a niveles increíblemente bajos.

Los británicos, por ejemplo, compran cinco veces más prendas de las que adquirían en la década de los 80, dice Dharshini David, reportera de economía de la BBC.

“Está lleno de vestidos por US$10 o bikinis a poco más de US$1”, dijo de lo que puede encontrarse en tiendas locales.

La globalización permite que la ropa sea producida a bajo costo en zonas remotas, lo que trae como resultado precios más bajos y mayor variedad.

Pero ¿cómo es posible? ¿Y cuál es el costo ambiental de nuestros hábitos de consumo?

Una investigación de BBC Radio 4 hizo un recorrido desde España a Etiopía para examinar cómo el planeta y las personas con escasos recursos económicos terminan pagando la cuenta de nuestra imparable sed por la moda, y cómo podríamos evitarlo.

¿Cómo lo hacen?

La presión sobre las marcas para llevar las tendencias de moda desde las pasarelas hasta los clientes comunes y, al mismo tiempo, repartir ganancias entre los inversores, puede llevar a una guerra comercial para conseguir la fuente más barata.

Es un fenómeno que los críticos califican como “perseguir la aguja”.

La difícil situación de algunos trabajadores que fabrican nuestra ropa se hizo aún más evidente en 2014, cuando 1.138 trabajadores de la confección perdieron la vida en el colapso del complejo textil Rana Plaza, en Bangladesh.

La presión para mejorar las condiciones laborales de estas personas fue inmensa, y arrojó resultados.

Algunos grandes minoristas, como H&M y Converse, comenzaron a publicar listas de sus proveedores y, a veces, de subcontratistas (que pueden llegar a miles) en respuesta a las peticiones globales de mayor transparencia.

¿Son cosa del pasado las fábricas de explotación?

Pero también hubo consecuencias imprevistas a partir de los últimos cambios. Como los salarios aumentaron en Bangladesh, muchas compañías se fueron a otros lugares para mantener bajos los costos.

En Etiopía, por ejemplo, los salarios son en promedio un tercio de los que se pagan en Bangladesh. Los salarios de menos de US$7 por semana son muy habituales.

Hablando bajo condición de anonimato, los trabajadores de una fábrica cerca de la ciudad de Adís Abeba dijeron que ese salario era insuficiente para vivir.

También dijeron que las condiciones laborales -desde baños insalubres hasta el abuso verbal- son intolerables.

Esta situación fue denunciada por el grupo activista del Consorcio de Derechos de los Trabajadores. Penélope Kyritsis, quien escribió el informe, dice que a muchas trabajadoras no les pagaban las horas extra y que hay casos de empleadores que le tocan la barriga a las mujeres para saber si están embarazadas.

Kyritsis asegura que ha habido muy poco avance desde que salió el informe hace unos meses.

Para hacer frente a la competencia, el gobierno de Etiopía destaca los bajos costos laborales como si se tratara de una virtud.

Trabajadoras en fábrica de Etiopía

Getty Images
Un gran número de mujeres se dedica a fabricar ropa en Adís Abeba, Etiopía.

Pero Kyritsis argumenta que la industria de la confección de ese país no puede usar la excusa de que, al menos, está proporcionando un medio de vida donde nadie más podría hacerlo.

“Hay una rotación extremadamente alta, con empleados que dejan los trabajos en el gobierno por otros empleos en sectores informales o en la agricultura”, apunta.

Orsola de Castro cofundó el grupo activista Fashion Revolution a raíz del desastre de Rana Plaza. Su organización está alentando a los clientes a hacer preguntas sobre sus marcas favoritas a través de una campaña de tarjetas postales.

“Hay dos grandes conceptos erróneos sobre la sostenibilidad y la ética: uno es que la culpa la tiene la moda rápida, y esto permite que el sector del lujo quede libre cuando en realidad es toda la industria de la moda etíope la que debe ser cuestionada”, le dice la BBC.

“Y el otro es que la ropa fabricada localmente es ética y sustentable. No lo es”.

¿Qué pasa con el costo ambiental?

Se afirma que la producción textil contribuye más al cambio climático que la aviación y el transporte marítimo juntos.

Y lo cierto es que hay consecuencias en cada etapa del ciclo de vida de una prenda de vestir: abastecimiento, producción, transporte, venta minorista, uso y eliminación.

Para comenzar con los tejidos básicos que se utilizan en la fabricación de una prenda de vestir, no es tan simple como pensar que el problema es el uso del algodón frente a la tela sintética.

El algodón es un cultivo extraordinariamente necesitado de agua.

Como destacó el Comité de Auditoría Ambiental de la Cámara de los Comunes del Reino Unido en un informe reciente, la fabricación de una sola camisa y un par de jeans puede requerir hasta 20.000 litros de agua.

Llegó a la conclusión de que “sin saberlo, estamos usando el suministro de agua dulce de Asia Central”.

Fábrica de vaqueros

Getty Images
La industria textil contamina más que la aviación y el transporte.

Sin embargo, una camisa de poliéster hecha de plástico virgen tiene una huella de carbono mucho mayor. El transporte de los productos aumenta aún más esa huella y la coloración de las telas puede introducir más contaminantes.

El desprendimiento de fibras microplásticas en las vías fluviales se está convirtiendo en un problema creciente: una sola carga de la lavadora puede liberar cientos de miles de fibras.

Además, un millón de toneladas de ropa se eliminan cada año en Reino Unido, y el 20% de eso termina en un vertedero.

Pero ¿de quién es la responsabilidad de abordar este problema?

¿Qué están haciendo las autoridades?

En Reino Unido, el Comité de Auditoría Ambiental de la Cámara de los Comunes ha hecho 18 recomendaciones sobre el tema: desde gravar con un centavo el precio de un producto para financiar centros de reciclaje, o reducir la tasa de Impuesto al Valor Agregado (IVA) en los servicios de reparación de ropa, hasta dar más lecciones de costura en las escuelas.

Hasta el momento, ninguna de estas medidas ha sido puesta en marcha.

Los críticos dicen que si nos tomamos en serio la moda sostenible, el objetivo de la política debería ser persuadirnos de comprar menos. Eso podría necesitar una acción más drástica, tal vez con un impuesto ambiental sobre la ropa.

Pero dado el frágil estado del retail y la importancia del gasto del consumidor para la economía, es difícil imaginar a un político haciendo esa propuesta.

¿Cuánto está ganando realmente la industria?

A medida que aumenta la presión de los consumidores, algunos minoristas están tratando de hacer frente a este desafío.

Zara

LightRocket / Getty Images
Zara se ha comprometido a usar telas 100% sustentables para el año 2025.

Justo en las afueras de la ciudad costera española de A Coruña se encuentra la sede mundial de Inditex. No es un nombre familiar para todos, pero seguro que su principal marca de moda, Zara, lo es.

Lo que comenzó como un pequeño negocio de fabricación textil, es ahora uno de los minoristas más grandes del planeta. Además, Zara cambió la forma en que compramos, al llevar la moda de la pasarela a la calle en solo tres semanas y a precios asequibles.

La cadena se comprometió recientemente a usar telas 100% sostenibles para el año 2025. Por supuesto, no es solo Inditex: son muchas otras las empresas que buscan mejorar sus procesos de fabricación y la forma en que se abastecen.

¿Una técnica de lavado de imagen? Bueno, algunos grandes minoristas al menos parecen estar involucrados en el tema y tomando medidas. Pero en el corazón de su modelo de negocio está la novedad, la idea de convencernos de seguir comprando.

¿Es responsabilidad de las empresas convencernos de comprar menos?

Pablo Isla, de Zara, argumenta que no, que el minorista simplemente responde a los deseos de los consumidores y que esos clientes deben tener la libertad de elección.

¿Qué pasa con los clientes?

Con las protestas contra el cambio climático que ocurren fuera de sus ventanas, los diseñadores emergentes de la universidad London College of Fashion dicen que ellos se suman a las “huelgas de la moda”, prometiendo no gastar dinero durante varios meses o incluso un año.

Dicha acción está creciendo en popularidad, y hay un enfoque cada vez mayor centrado en comprar mejor ropa y en arreglar las prendas rotas.

Uno de los diseñadores, por ejemplo, está haciendo ropa con la multitud de carpas que se usan en tantos festivales de música.

Livia Firth

Getty Images
Livia Firth creó una consultora para ayudar a las empresas de la moda a volverse más sustentables.

Pero puede que no sea suficiente. A medida que la popularidad de las personas influyentes en las redes sociales se ha disparado, también lo han hecho las preocupaciones sobre el impacto que pueden tener en nuestra actitud hacia las compras.

Uno de cada seis influencers admite no volver a usar una prenda de vestir después de mostrarla una vez en redes sociales.

La activista y ecologista Livia Firth ha estado haciendo apariciones en alfombras rojas junto a su esposo Colin para exhibir telas sostenibles, incluyendo bolsos de cuero de piel de pescado.

Incluso lo persuadió para que usara un esmoquin hecho con botellas recicladas. Ella dice que los influencers necesitan cambiar su enfoque, diciendo que “si Kim Kardashian fuera a promover la moda sostenible, yo podría jubilarme”.

Ella compara nuestra relación con la moda con una adicción. Y dado que se pronostica un aumento de la demanda de ropa equivalente a 500.000 millones de camisetas en la próxima década, ella podría tener razón.

Pero lo cierto es que aún nadie ha encontrado la solución.


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https://www.youtube.com/watch?v=o8u_cuNTP8E

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