Pésame Street, un libro ilustrado que busca crear conciencia en el maltrato hacia los animales
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Portada del libro

Pésame Street, un libro ilustrado que busca crear conciencia en el maltrato hacia los animales

Con autorización del autor, Niko H., y Editorial Akal, Animal Político les regala un capítulo de regalo de Pésame Street.
Portada del libro
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Con una serie animaciones que buscan crear conciencia sobre la violencia animal, el ilustrador y activista español Niko lanzó el libro Pésame Street que funciona como un complemento de la serie web que lleva el mismo nombre.

Con este libro y su canal de Youtube, Niko denuncia la violencia, el maltrato y la matanza a los animales con ejemplos que abordan las costumbres de la tauromaquia o los regalos navideños.

En uno de los capítulos, Niko habla de Luisito, un becerro que sueña con ser youtuber e influencer, hasta que un grupo de personas, residentes de un pequeño pueblo, lo apuñala hasta la muerte para después posar y fotografiarse con él.

“El trofeo perfecto en tierra española”, comenta el ilustrador y activista.

Tras dejar de consumir productos de origen animal y decidir llevar una vida vegana, Niko inició el proyecto —autoproducido— Pésame Street con historias animadas y presentadas en el canal de Youtube, que denuncia el sufrimiento del maltrato animal en el planeta, y ahora lo complementa con el libro.

Este proyecto se formó con voces de colaboradores, veterinarios y especialistas de organizaciones de la sociedad civil en España, que de manera altruista ayudan con la difusión de los capítulos.

“Una manera de devolverles el favor fue mencionarlos en el libro”, señala el activista en entrevista con Animal Político.

En la obra, el autor incluye un capítulo llamado: “Qué le preguntarías a los animales si pudieran hablar y Qué nos dirían”, donde los colaboradores cuestionan a los humanos las principales formas en que torturan a los animales.

“A todos les pasé las preguntas y al final me di cuenta de que coincidían en pedir una disculpa a los animales”.

Tauromaquia, leche, huevos y más

A través de historias, Niko explica a detalle temas como la tauromaquia, arraigada en pueblos españoles; la producción en serie de leche; la producción masiva de huevos de gallina y el negocio de la tiendas donde se venden mascotas.

“El libro me ha servido para extenderme en información que la gente desconoce porque hay intereses que no quiere que se sepa todo lo que ocurre (en los mataderos o granjas de la muerte para animales)”, señala.

Cada capítulo en el libro incluye bocetos, guiones gráficos y el cómo se hizo cada historia, con comentarios de los colaboradores, acompañado de un código QR que dirige al lector al capítulo de la serie en internet, de esta manera ambos materiales van ligados.

“La idea del contenido es que la gente tenga información, que a pesar de ser divertida es bastante cruda y dura. Toda esa información que no puedo explicar en los capítulos que son de 5 minutos, aproveché el libro para añadir a cada uno tres páginas en las que se explicarán a mayor detalle, estos temas”.

Ante la carencia en la visibilización de los derechos de los animales en el mundo, Niko no pierde la esperanza de seguir luchando para más personas tomen conciencia desde distintos ámbitos de la sociedad civil y gobiernos.

“Hoy día la gente se moviliza ante estas circunstancias que, de alguna manera, fueran invisibles y gracias a internet, gracias a los vídeos se logra visibilizar, con la esperanza de que lleguemos a tiempo”.

Antes de producir Pésame Street, Niko creó en 2004 Cálico Electrónico que tuvo cinco temporadas cortas y se convirtió en la primera webserie en España, ante el escenario de un país donde no había website de animación ni nada”.

A raíz de esto comenzó a crear animación para publicidad e internet. En México, Niko trabajó para Ánima Estudios haciendo diferentes web series para el canal de Youtube y años después para Átomo Network.

En México, Niko espera que este libro dé las herramientas a la gente para decidir qué hacer y no caer en la ignorancia y una vez que tengan esa información, piensen qué tipo de mundo quieren.

Con autorización del autor, Niko H., y Editorial Akal, Animal Político te regala un capítulo de regalo de Pésame Street. El libro de la webserie. Además incluimos otras plataformas digitales para conocer más del trabajo creativo del autor.

Links de Pésame Street:

YT: https://www.youtube.com/pesamestreet

FB: https://www.facebook.com/pesamestreet/

IG: https://www.instagram.com/pesamestreet/

TW: https://twitter.com/pesame_street

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'No volverá a poblarse jamás': los 5 años en los que CDMX desapareció

Una tragedia tan importante como desconocida marcó a una generación entera de habitantes de la capital de lo que hoy es México y llevó incluso a plantear el traslado de la ciudad.
15 de mayo, 2021
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Quien vive en Ciudad de México sabe que su ubicación no solo la hace especialmente susceptible de sufrir terremotos.

Su fundación sobre un lago hace que sea también tremendamente vulnerable ante inundaciones. Es por eso que, desde hace siete siglos, los habitantes de esta zona miran con cierto recelo al cielo cuando llueve con fuerza ante el temor de dramáticas consecuencias.

Este 13 de mayo, el gobierno mexicano conmemoró los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, antigua capital mexica y actual Ciudad de México.

Y aunque hay grandes dudas sobre la veracidad de esta fecha —muchos historiadores creen que el aniversario se celebraría en 2025—, de lo que no hay duda es que la megaurbe se ha enfrentado a grandes inundaciones a lo largo de su historia.

Pero entre todas, destaca la registrada en 1629: un desastre que, aunque desconocido por muchos, fue sin duda una de las mayores tragedias de todos los tiempos para la ciudad.

La fuerza de la lluvia fue tal que la capital “desapareció” bajo las aguas durante nada menos que cinco años y se llegó a plantear su traslado a otro lugar. La ciudad tuvo que emerger, literalmente, y reconstruirse casi desde cero.

Aquella catástrofe que marcó a una generación entera es conocida como el diluvio o inundación de San Mateo.

Los problemas de vivir sobre un lago

Cuando los mexicas fundaron Tenochtitlan en el siglo XIV sabían el riesgo de ubicarla en medio del lago de Tezcuco. Por eso realizaron obras como diques y muros de piedra para controlar el nivel de las aguas que les rodeaban.

Mapa de Tenochtitlan

Getty Images
La ciudad de México-Tenochtitlan comenzó como una isla conectada por canales a los pueblos vecinos.

Cuando cayó ante los españoles dos siglos después, Hernán Cortés lideró la construcción sobre aquellas ruinas de una magnífica ciudad destinada a ser la capital del virreinato de Nueva España.

Entre lagos se levantaron palacios, iglesias, plazas y hospitales, pero no los sistemas de drenaje adecuados para aquel entorno.

A inicios del siglo XVII, Ciudad de México sufrió hasta cinco grandes inundaciones.

Las autoridades pensaron como solución en construir un gran desagüe que fuera drenando los lagos de la cuenca de México.

El proyecto le fue encomendado al ingeniero Enrico Martínez, que comenzó las obras del canal de Huehuetoca en 1607. Pero el desastre se veía cada vez más cerca.

“Enrico Martínez comprendió que la deforestación, el pastoreo sin discriminación y la expansión de los cultivos habían erosionado la capa de tierra. Año con año, las fuertes lluvias arrastraban más tierra a los lagos, elevando el nivel del agua”, escribió Richard Everett Boyer en su libro “La gran inundación”.

Monumento a Enrico Martínez

Marcos González
Una estatua junto a la catedral del Zócalo de Ciudad de México recuerda a Enrico Martínez. En su base, existen cuatro medidores que señalan los niveles de agua de otros tantos lagos.

Dos décadas después del inicio de su construcción, las constantes modificaciones y la falta de inversión hicieron que el canal aún no estuviera funcionando.

Una ciudad desierta

Cuando entre el 20 y 21 de septiembre de 1629 una gran tromba de agua azotó la capital, Martínez decidió bloquear la entrada del canal para evitar que el agua afectara a las reparaciones que se le estaban realizando.

Las consecuencias para los habitantes de la ciudad fueron dramáticas. La lluvia que cayó con furia durante 36 horas seguidas bajó imparable desde los montes hasta la ciudad, donde el nivel del agua superó los dos metros de altura.

El torrente arrasó con las frágiles casas de adobe de la población indígena que vivía en la periferia de Ciudad de México.

Mapa de la ciudad inundada

INAH
Este mapa representa la Ciudad de México anegada de agua tras la inundación de 1629.

Los muertos se contaban por miles, que flotaban entre animales y muebles llevados por la corriente que alcanzaba los pisos altos de las casas que habían quedado en pie.

Muchos de los habitantes de clases pudientes que sobrevivieron decidieron marcharse. Algunas fuentes apuntan a que de 20.000 familias que vivían antes de la inundación, quedaron solo 400.

“Aquella gran ciudad quedó casi abandonada, desierta. El panorama era desolador y las escenas que se veían eran apocalípticas”, le dice a BBC Mundo Enrique Ortiz García, escritor y cronista de Ciudad de México.

Una de ellas, destaca el divulgador cultural, es la procesión que se organizó sobre las aguas y en la que participaron unas 200 canoas encabezadas por la virgen de Guadalupe, a quienes los habitantes pedían que intercediera para que las aguas se disiparan.

O la llamada “isla de los perros”, un montículo en el desparejo suelo de la actual plaza del Zócalo a donde acudieron desesperados todos los perros callejeros de la ciudad para refugiarse y evitar ahogarse.

Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del llamado "Valle de México".

Getty Images
Este dibujo muestra una vista panorámica de Tenochtitlan y del valle de México sobre el lago.

Vivir inundados

Las aguas no bajaban, por lo que quienes se quedaron tuvieron que aprender a convivir con ellas.

Se colocaron puentes de madera en las azoteas y se recuperaron las canoas, como se usaban en la antigua Tenochtitlan, como única manera de desplazarse por la ciudad. A las casas solo se podía entrar por las ventanas del segundo piso.

Los sacerdotes celebraban misas en los techos de los conventos para tratar de confortar a los vecinos, que les escuchaban desde sus casas creyendo que estaban condenados, como aquella ciudad, a desaparecer.

Había carestía de alimentos y los saqueos eran continuos. La falta de higiene y el agua contaminada estancada en la ciudad inundada propagaron las enfermedades como la pólvora.

“Esta ciudad no volverá a poblarse jamás”, escribió fray Gonzalo de Córdoba, según destaca Héctor de Mauleón en su libro “La ciudad oculta”.

Dos años después de la inundación, e incapaces de descubrir un sistema para que las aguas desaparecieran, las autoridades discutieron sobre la posibilidad de trasladar la ciudad a otro lugar.

Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralvo y virrey de Nueva España, se planteó establecer la capital en Coyoacán o Tacuba.

Pero la idea fue finalmente desechada. La inversión para crear Ciudad de México había sido millonaria, por lo que reconstruir las obras y edificios afectados por el agua sería más barato que empezar una urbe desde cero.

Rodrigo Pacheco, virrey de Nueva España

Dominio público
Rodrigo Pacheco y Osorio, virrey de Nueva España, perdió a su hija dos años después de que la ciudad quedara inundada.

Una generación marcada

La ciudad siguió sufriendo lluvias torrenciales y permaneció bajo el agua nada menos que durante cinco años.

No fue hasta 1634 que una sequía disminuyó el nivel del agua. Muchos prefirieron pensar que fueron sus plegarias a la virgen de Guadalupe las que salvaron la capital.

Se estima que unas 30.000 personas murieron en total, ahogadas o por las enfermedades causadas por las inundaciones durante los años posteriores.

La catástrofe marcó, por lo tanto, a una generación entera de capitalinos. Los cimientos de todas las construcciones quedaron dañados y muchas acabaron colapsando tiempo después.

“En la Ciudad de México actual no quedan más de 10 construcciones anteriores a 1629. De tal grado fue la inundación, que prácticamente hubo que reconstruir con el tiempo toda la ciudad”, señala Ortiz García.

Cabeza de león en la calle Madero

Marcos González
En la concurrida calle Madero, en el centro histórico de Ciudad de México, una cabeza de león de piedra marca el nivel al que llegaron las aguas de las inundaciones de 1629.

Aquella decisión de mantener Ciudad de México en su emplazamiento original marca innegablemente el destino de quienes viven en ella siglos después. “Es un deporte extremo vivir en esta ciudad porque te cuidas de las inundaciones, de los temblores por ser zona sísmica…”, afirma el escritor.

Sin embargo, y pese a ser una de las tragedias más importantes en la historia de la capital con efectos y consecuencias hasta el día de hoy, la tragedia de la inundación de San Mateo no es ampliamente conocida.

Según Ortiz García, “el periodo virreinal en México es en general poco estudiado porque todavía, de algún modo, ‘cala’ en el ánimo de los mexicanos. Los gobiernos posrevolucionarios enaltecieron las culturas originarias y todo lo que marca el origen del México independiente”.

“Algunos incluso inculcaron un menosprecio hacia la ocupación española porque lo veían desde un contexto actual. Eso es entender la historia de mala forma, porque son hechos del pasado que también forman parte de nuestra existencia”, remata.


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