“Nos dejan a merced de los coyotes”, reclaman pescadores ante recorte de 52% en apoyos
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“Nos dejan a merced de los coyotes”, reclaman pescadores ante recorte de 52% en apoyos

Sin apoyo para invertir en equipamiento ni acceso a créditos y con precarias condiciones laborales, los pescadores de pequeña escala no tienen más opción que vender su producto al precio que los intermediarios se los quieran comprar.
Cuartoscuro
12 de septiembre, 2019
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Miriam Pérez Arroyo, pescadora y representante de la Sociedad Cooperativa Trabajadoras del Golfo de Santa Clara, y sus compañeras de jornada tenían planes para avanzar. Quieren dejar de trabajar de forma artesanal y tecnificarse un poco, quizá después exportar el producto.

“De eso hemos hablado mucho. Y ahora, ¿qué les voy a decir a mis compañeras? Que no habrá apoyos porque el gobierno recortó otra vez los recursos para el sector. Para mí es muy difícil decir eso. Para los funcionarios a la mejor no es nada, pero para nosotras no solo significa no avanzar, a la mejor, en unos meses, tendremos que cerrar”, dice Miriam.

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Los recursos para apoyar a los pescadores han disminuido. Lo que antes se llamaba el Programa de Fomento a la Productividad Pesquera y Acuícola y que ahora es el Programa para el Desarrollo Pesquero y Acuícola tuvo en 2018 un monto asignado de mil 932 millones 500 mil pesos.

Para 2019 tiene un presupuesto, modificado a junio, de mil 217 millones 093 mil 272 pesos, una disminución de 38.8% en términos reales, con respecto al año anterior. 

En 2020 tendrá, si los diputados lo aprueban así, una mayor reducción, de 52.6%, en términos reales, al pasar de mil 217 millones 093 mil 272 pesos a 593 millones 987 mil 925 pesos. 

Además, del presupuesto para 2019, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), la dependencia que tiene a cargo este programa, apenas gastó, a junio pasado, 117 millones 823 mil 783 pesos, lo que quiere decir que la mayor parte de los recursos no ha bajado a los beneficiarios

En las comunidades que se dedican a la pesca en pequeña escala o ribereña, es decir en cuerpos de agua interiores, como bahías, lagunas o en el mar, pero hasta el límite de 3 millas náuticas, y a bordo de precarias embarcaciones, los recortes de presupuesto a ese programa pegan como un tsunami.

Ahí está considerado el componente de impulso a la capitalización para modernizar embarcaciones, el subsidio a diesel marino y gasolina ribereña, el de BIENPESCA, que consiste en otorgar un apoyo económico directo a los pescadores, también está el componente de ordenamiento y vigilancia pesquera y acuícola, que evita, entre otras cosas, la pesca ilegal.

La falta de apoyos enfocados en impulsar la productividad del sector y del acceso al crédito –que parecen reservados para los grandes acuicultores y sus cultivos de pescados y mariscos en grandes tanques o piscinas–, junto a las precarias condiciones de trabajo dejan a los pescadores ribereños y sus familias con una sola opción, alimentar a los coyotes: los intermediarios que son quienes se llevan las ganancias.

A la orilla de las lagunas o las bahías llegan estos personajes para comprar lo que sacan los pescadores en sus pequeñas embarcaciones. Sin sistemas de refrigeración ni cadenas de transporte y reparto, no les queda más opción que vender su pescado recién sacado del agua, antes de que se eche a perder.

“Los pescadores ribereños estamos obligados a vender a como llegue el coyote a comprar. Un kilo de pescado a pie de playa, lo pagan a 6 pesos, después ellos por llevarlo a Guadalajara a Monterrey le ganan cuatro, cinco veces más”, dice Jesús Camacho, presidente de la Confederación Mexicana de Cooperativas Pesqueras y Acuícolas.

Si los pescadores contaran con apoyo para invertir en redes de frío y transporte, ellos podrían trasladar el producto, asegura, “tal vez no hasta los grandes centros pero sí podríamos saltar la barrera del coyote. Con el recorte a los apoyos, nos dejan a su merced”.

Algo similar sucede con Miriam y sus compañeras. Ellas iniciaron su negocio en 2015. Consiguieron del gobierno un apoyo para hacerse de un local y fue todo, pero pudieron arrancar. Lo que hacen es darle valor agregado al pescado para venderlo de manera local.

“Empezamos 12 y seguimos 10, somos amigas, vecinas. Queríamos hacer algo para ayudar a nuestras familias y vimos que las personas tienen cada vez menos tiempo para limpiar, filetear o preparar un pescado, así que nosotras lo hacemos, pero todo es a mano, de forma muy artesanal”.

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Así es difícil que puedan procesar mucho volumen, aunque tampoco es que tengan mercado para vender más, por eso querían tecnificarse y llegar a otros lugares, quizá hasta exportar. “Sería muy bueno para nosotras, para la familia. Los esposos se las ven duras con la pura pesca –dice Miriam–porque hay poco producto, no hay apoyos, hay que respetar las vedas, y los ingresos merman tanto que hasta el motor de la lancha hay que empeñar”.

Los pescadores también se quejan que durante las vedas impuestas por las autoridades no tienen otras opciones de ingreso. “Lo que dan es un apoyo de 7 mil pesos al año, a través de BIENPESCA, un subsidio por veda, pero nosotros no queremos eso, no queremos dádivas, queremos proyectos, trabajo, pero hay que investigar, hay que buscar y no hay apoyos, no hay capacitación”, afirma Ernesto Gatel, miembro del grupo intercomunitario ribereño del Proyecto Corredor Puerto Peñasco-Puerto Lobos.

Otro aspecto en el que han impactado los recortes es en las labores de inspección y vigilancia por parte de las autoridades para evitar la pesca ilegal. “Se estima que este año la temporada de camarón va a ser muy baja porque no hubo vigilancia, no porque el recurso no se haya reproducido, sino porque no se respetó la veda y va a ser poco la captura que tendremos”, explica Camacho.

Hace falta –dice– que Hacienda, el Congreso, la Sader (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural) el gobierno en su conjunto, se tomen en serio a este sector. “Nos consideran una actividad residual y aportamos el 23% de la producción pesquera nacional, y podríamos hacer mucho más”.

Apoyar a los pescadores y sus familias, dicen, no solo es una cuestión de justicia social, es también importante para la seguridad alimentaria, para fortalecer el tejido social y dar opciones a los jóvenes frente a la delincuencia, es también por sostenibilidad.

El anuncio de los recortes llega, vía la presentación del proyecto del presupuesto a la Cámara de Diputados, cuando organizaciones de la sociedad civil como Inteligencia Pública, TNC México, CONMECOOP y Environmental Defense Fund (EDF), han hecho público el estudio Impacto Social de la Pesca Ribereña en México, en el que se documentan las precarias condiciones laborales y sociales de este sector.

El estudio encontró que 7 de cada 10 pescadores no tienen seguridad social y la mayoría solo cuentan con estudios de secundaria. De las comunidades pesqueras de Guasave, Sinaloa, en la localidad El Cerro Cabezón, el grado promedio de escolaridad es de 8.3 años, en La Pitahaya es de 6.21, apenas por encima de la primaria.

En cuando a vivienda adecuada, el derecho a agua limpia y al saneamiento es común que las comunidades pesqueras tengan deficiencias como falta de drenaje y agua potable, así como en el suministro de gas y electricidad.

En la zona Kino Tastiota, en la localidad de Sahuímero, en Sonora, 51.8% de las viviendas no tiene excusado, 87% no tiene energía eléctrica y el 100% carece de agua. De los pescadores de jaiba de la zona del Golfo de Tehuantepec solo 3% tiene computadora e internet, 25% tiene teléfono fijo y 46% tiene teléfono móvil.

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

Getty Images
El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

Getty Images
B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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https://www.youtube.com/watch?v=Yd02AZz63Sw

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