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Del acoso a intentar suicidarse: la vida de médicos residentes que denunciaron abusos de sus jefes

La Asamblea Nacional de Médicos Residentes tiene documentados al menos 10 casos de acoso que han llevado a quejas ante el IMSS, la UNAM, y CNDH, sin que alguna haya tenido consecuencias.
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23 de octubre, 2019
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El Doctor N recuerda el infierno que fue su primer año como residente en Urología del Centro Médico Siglo XXI, Ciudad de México. Gritos, insultos, castigos, pastillas para no dormir y para no ir al baño porque le decían que no tenía derecho a hacerlo. Un trato que lo sumió en una depresión profunda, que él denunció pero fue ignorado por autoridades educativas, médicas e incluso la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM). Hasta que intentó suicidarse.

Su historia no es un caso extremo y único. Estudiantes de Medicina con cuadros de depresión y ataques de ansiedad son algo generalizado por el maltrato y hostigamiento del que son víctimas en los primeros años de la residencia, una situación tolerada y fomentada por residentes de mayor rango y por los médicos adscritos, denuncia la Asamblea Nacional de Médicos Residentes (ANMR).

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Además, cuando alguien llega a presentar una queja formal, es desestimada o ignorada, y en algunos casos la solución que se ofrece a la víctima es cambiarla de sede, mientras que sus acosadores permanecen impunes en sus puestos.

La Asamblea tiene documentados al menos 10 casos de acoso, actuales, en distintos estados del país, dependientes de diferentes instituciones de salud, que han llevado a quejas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), instituciones educativas como la UNAM, y Comisiones de Derechos Humanos Nacional o locales, sin que alguna haya tenido consecuencias.

De acuerdo a la CDHCM no existe ninguna queja presentada por algún médico del Centro Médico Siglo XXI, ni concluida ni en trámite, informó la Comisión en una carta. La comisión capitalina explicó que el hospital mencionado es de jurisdicción federal por lo que no está en el marco de las atribuciones de la CDHCM atender casos que corresponden a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Animal Político habló con tres víctimas que contaron lo que han vivido como médicos residentes.

 Castigos, derechos anulados y obligaciones extracurriculares

Ahora ya puede hablar de lo que le pasó. Hasta hace unos meses, el Doctor N lloraba reviviendo las situaciones que lo llevaron casi a la muerte.

Desde que entró como residente de segundo año (R2) a Centro Médico, no pudo salir en una semana, entre castigos y guardias que le impusieron, sin bañarse, comer o descansar. Les decían que por ser los nuevos no tenían derecho a usar el elevador, ni a sentarse.

Como no les daban tiempo para comer, las enfermeras se volvían su cómplice y le vendían sándwiches que dejaban escondido en un punto para que pudiera recogerlo. Se metía al baño a comérselo rápidamente sentado en la taza, porque si se tardaba vendría un regaño. Una vez que detectaron en su aliento y en sus manos que había comido, lo regañaron.

Para no dormirse después de guardias de toda la noche impuestas por castigo, tomaba metilfenidato, un medicamento con el que se tratan trastornos del sueño. También tomaba pastillas para no ir al baño.

Cuando se acercaba el fin de semana, evitaba decir que tenía algún plan de ver a su familia o a su novia, porque si lo hacía de inmediato le imponían alguna guardia o lo “guardaban”, como le dicen a dejarlos en el hospital castigados.

Los estudiantes de medicina viven como en jerarquías militares. Los R2 le reportan a los R3, y estos a los R4. Cada superior puede exigirle al inferior, y en esa lógica se cometen los abusos contra los de menor rango.

Al Doctor N le imponían obligaciones como llegar en la mañana a preguntarle a cada residente mayor qué quería desayunar e ir a comprárselo, con su dinero, pese a que un residente solo recibe 6 mil 500 pesos quincenales. Un compañero suyo incluso tuvo una vez que ir a un bar de madrugada porque un superior le exigió ir a pagarle la cuenta de lo que había bebido, si no sería castigado.

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Si cometía un error en una nota médica, lo castigaban con escribir esa misma nota 10 veces en máquina de escribir, o apuntes que se hacen a mano sobre signos vitales de los pacientes,  pasarlos a máquina y de todos los pacientes del piso, aunque no le correspondieran. Incluso por una falta ortográfica se la rompían en la cara y tenía que volverla a hacer.

También le aventaban a la cara las carpetas metálicas donde se guardan los expedientes, le gritaban e insultaban.

Pensaba que tenía que aguantar, que era una residencia y era su futuro, y renunciar sería defraudar a su familia. Pero lloraba y se sentía mal todo el tiempo.

Hasta que después de unos meses y presionado porque su papá se enfermó, el Doctor N cayó en una depresión tan profunda que trató de suicidarse con pastillas.

Su casera lo encontró tirado en su departamento. Estuvo tres días inconsciente. Cuando despertó, lo dejaron tres semanas hospitalizado en un psiquiátrico y dos semanas de incapacidad en su casa. Empezó a tomar tratamiento médico y terapia psicológica.

Con el escándalo por el intento de suicidio, la UNAM intervino y castigó al servicio de Urología con no enviar a nuevos residentes hasta que mejoraran sus prácticas. Así, en todo 2018 no hubo R2s.

En ese tiempo, asegura que sí vio mejorar la situación y que han cambiado los abusos contra los nuevos residentes.

Pero él regresó a sus estudios lleno de vergüenza, señalado por haber difamado a un hospital tan reconocido. Acusa que los doctores jefes en Urología, han seguido con el acoso, ya que a veces le impiden presentar a los pacientes que atiende, entrar a quirófano, o le ponen malas calificaciones injustificadamente.

 Cómo acaba en el psiquiátrico una estudiante de psiquiatría

La doctora Xóchitl (nombre cambiado para preservar su identidad) obtuvo uno de los mejores resultados de su generación en el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) y logró entrar a la Unidad de Psiquiatría del Centro Médico Siglo XXI. No se imaginaba que ese paso en su carrera la iba a llevar a ser hospitalizada en un psiquiátrico meses después.

En mayo de este año, una carta anónima denunciando irregularidades y trato diferenciado a los estudiantes despertó el enojo de la jefa de unidad. Xóchitl se vio afectada por un cambio en su programa académico, así que cuando cuestionó abiertamente a la jefa, empezó un acoso selectivo contra ella.

Al llegar el periodo de vacaciones, cuando ya había salido de la ciudad, se enteró por un compañero que la encargada había decidido cancelárselo, y días después recibió una llamada del servicio central de Centro Médico amenazando con darla de baja si no se presentaba. Pero ella insistió en que tenía derecho a tomar sus vacaciones.

Cuenta que entonces la doctora empezó a hablar con el resto de sus compañeros, a decir que ella tenía trastornos psiquiátricos e incluso buscó a su pareja para pedirle que la hiciera “entrar en razón”.

Xóchitl se quejó ante las autoridades y le dijeron que no se preocupara porque iban a investigar, pero al regresar de las vacaciones, la situación se volvió mucho peor. La doctora le gritaba, la corría de su consultorio, le ponía tareas específicas durante sus horas de clase y después la regañaba por no haberse presentado.

La residente empezó a tener ataques de pánico. Le angustiaba despertar y pensar en que tenía que ir al hospital, ver a su acosadora y a otros residentes mayores que también la maltrataban o miraban mal, y empezó a ausentarse. Lloraba a escondidas. Se sentía culpable por todo.

Sus compañeros le decían que aguantara, que no se quejara, porque la doctora siempre es así, y porque sabían que dos años antes hubo un residente que llevó su queja a las autoridades y a la Comisión de Derechos humanos, pero después le fue peor.

Empezó a pensar en renunciar a la residencia y, por lo tanto, a su carrera como psiquiatra. Eso, además de depresión, le despertó pensamientos suicidas.

Su familia y amigos la convencieron de seguir adelante, pero un día, la doctora de plano la empujó fuera de su consultorio. Xóchitl se encerró en un baño y no pudo dejar de llorar en hora y media.

Buscó apoyo en el sindicato para ir a denunciarla a la dirección de Enseñanza. La respuesta fue que ella tenía la culpa porque sus quejas ya estaban metiendo en problemas a la doctora.

El caso escaló hasta que la reunieron con el subdirector médico de Centro Médico. Llorando, en medio de un nuevo ataque de pánico, el directivo le dijo que no podía ponerse así si estudiaba psiquiatría.

“¿Entonces ningún médico puede enfermarse porque es médico?”, recuerda Xóchitl que le preguntó indignada.

El acoso de la doctora siguió e incluso un día, tratando el tema del suicidio, dijo frente a ella que algunas personas mejor sí deberían tomar ese camino.

Xóchitl se quebró. Fue a valoración psiquiátrica y el doctor le dijo que no podía dejarla ir porque estaba ya muy mal y había riesgo de que intentara suicidarse.

Así se quedó dos semanas internada en un hospital psiquiátrico en agosto pasado.

Su familia fue a hablar con los responsables médicos y académicos, con la UNAM (quien expide los títulos al final de las residencias en Centro Médico), y en todos lados les cerraron la puerta. Los pocos compañeros que se atrevieron a apoyar la denuncia de Xóchitl fueron amenazados con ser cambiados de sede por “problemáticos”.

Ni así paró el acoso. La doctora obtuvo ilegalmente expediente médico de Xóchitl y otros residentes de mayor grado lo divulgaron en redes sociales.

Hasta que intervino la Asamblea Nacional de Médicos Residentes, organización creada este año, y dio publicidad al caso, el Centro Médico respondió argumentando que sus autoridades no estaban enteradas.

Le ofrecieron una disculpa a Xóchitl e hicieron modificaciones en los programas, ajustándose a lo que indica la normativa. A ella le ofrecieron cambiarse de sede, pero no aceptó porque se ganó su lugar en este hospital y cree que no tendría por qué irse a otro.

Sigue en tratamiento y ya ha mejorado de la depresión, pero todavía tiene ataques de pánico. Ve cómo sus otros compañeros amenazados tienen síntomas de ansiedad y sabe que es vista como “apestada”.

Lo que más coraje le da es que con la jefa de unidad de Psiquiatría no pasó nada.

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Problemas de salud mental que llevan al suicidio

Carmen García está actualmente de incapacidad en casa de sus papás, en el Estado de México, después de ser ingresada tres veces en psiquiatría en solo dos meses, la última por un intento de suicidio que ni siquiera recuerda bien.

No sabe si cuando sea dada de alta podrá continuar con su carrera como médica de urgencias, porque justo lo que la llevó a una crisis de depresión fue el acoso que sufre en el Hospital General de Querétaro, por el que incluso le quitaron un examen acusándola de copiar y le dijeron que reprobó el extraordinario, sin mostrarle el examen o la justificación para esa calificación, que provocaría su expulsión de la residencia.

A sus 33 años, Carmen nunca antes había tenido problemas de salud mental. La depresión empezó con el maltrato cuando era R1. Aunque cuando pasó a segundo año y la propia jefa del servicio de Urgencias dijo que ahora le tocaba sufrir a los de primero, el acoso contra ella siguió.

Al reconocer que estaba mal, empezó a ir al psiquiatra. También empezó a quejarse ante autoridades del hospital, en redes sociales, en Derechos Humanos. Entonces obligaron a sus compañeros a firmar un oficio respaldando a las doctoras del Servicio y desmintiendo a Carmen.

La mandaron a Medicina del Trabajo para hacer una investigación. Tenía una rotación programada a la Ciudad de México y una doctora le dijo que iba a haber un resultado favorable para ella. Pero a los días tuvo que regresarse porque el Hospital de Querétaro informó que había reprobado un examen y sería expulsada. Entonces Carmen volvió a ver a los de Medicina de Trabajo y le dijeron que la investigación había salido limpia y no había nada que castigar.

La acusaron de filtrar los datos del resultado de laboratorio de un compañero, aunque no se lo pudieron comprobar.

No pudo más. En agosto tuvo su primer ingreso al psiquiátrico. Apenas salió, tuvo una recaída, y después, a finales de septiembre, intentó suicidarse.

“Perdí el juicio, la razón. No era yo”, cuenta.

Le dieron terapia electroconvulsiva porque seguía con ideas suicidas, una técnica de choques eléctricos para tratar la depresión severa, y que provoca pérdida de memoria.

Apenas salió del psiquiátrico el 14 de octubre y está tratando de entender qué fue lo que le pasó. Revisó los chats en los que estaba con otros residentes y de los que ya la sacaron, en los que corrieron las acusaciones en su contra y los temores por amenazas si la apoyaban.

Lo único que Carmen quiere es ser cambiada de sede para no tener que volver a ver a las jefas que la han acosado, y seguir adelante con su terapia para recuperarse.

 Una exigencia generalizada

La Asamblea Nacional de Médicos Residentes quiere que el tema del acoso y la salud mental de los doctores en formación deje de ser un tabú para las autoridades y que realmente se le ponga atención, ya que por décadas se ha perpetuado el abuso.

“En el aspecto psiquiátrico los rangos de prevalencia para depresión y ansiedad son mayores a los de la población general. Los reportes en unidades médicas del IMSS en UMAE (Unidades Médicas de Alta Especialidad) van del 25 al 79.6% para depresión, y de 39 a 69.9% para ansiedad, con una mayor prevalencia en residentes de segundo año”, reporta la organización en una carta.

Citan un estudio que publicó el propio IMSS en su revista médica en 2017, hecho en un hospital de pediatría, donde de 137 residentes, 32% reportó abiertamente haber sufrido acoso, pero 82.4% lo reconoció en el cuestionario dirigido, lo que demuestra que muchos perciben ciertas conductas como normales dentro de su formación.

La Asamblea ha elaborado cuatro propuestas para el sistema de residencias: primero que se establezcan valoraciones periódicas y obligatorias del estado clínico de los médicos residentes, tanto físicas, ya que sufren sedentarismo y malos hábitos alimenticios, como psiquiátricas, ya la ansiedad y depresión son habituales en los estudiantes.

En segundo lugar, que se promuevan ambientes laborales sanos entre médicos residentes y adscritos (los que ya tienen plaza), se establezcan políticas de selección más rigurosas elegir a quienes van a desempeñar cargos de administración educativa y gestión de los médicos residentes, apegados estrictamente a la normativa expuesta por las universidades que avalan los cursos de especialidad.

Establecer canales confiables y comprometidos a atender las denuncias de los médicos residentes, mediante instancias descentralizadas del hospital sede, para que no haya conflictos de intereses. Además, que las resoluciones  sean rápidas, ya que en todos los casos que han documentado hasta ahora, no solo no ha habido soluciones, sino respuestas amenazantes para quien se atreve a denunciar.

Por último, esclarecer la condición jurídico-laboral del médico residente, ya que en el caso del IMSS, su contrato es un apéndice del contrato colectivo de trabajo que los pone como becarios y no les da garantías de trabajadores, por lo que incluso el sindicato se ha desentendido de casos de acoso laboral, igual que las universidades, que no los tienen de estudiantes dentro de sus instalaciones.

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BBC Mundo

El misterio del esqueleto secuestrado por los nazis y los soviéticos

La identidad de un esqueleto del siglo X fascina a los expertos, después de ser explotada por nazis y soviéticos por razones ideológicas.
BBC Mundo
29 de diciembre, 2019
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Durante décadas, los arqueólogos han lidiado con la identidad de un esqueleto del siglo X descubierto en el castillo de Praga, y unos restos que fueron explotados tanto por los nazis como por los soviéticos con fines ideológicos.

Pero los intentos de fijar una etiqueta étnica clara en un cadáver de 1.000 años de antigüedad quizás revelen más sobre nosotros que sobre él.

Él yace con su cabeza en ángulo hacia la izquierda y su mano derecha descansando sobre una espada de hierro. Al lado de su mano izquierda hay un par de cuchillos, y sus esqueléticos dedos se extienden casi como para tocarlos.

A su lado hay lo que podría haber sido una navaja de afeitar y un acero de fuego: un encendedor medieval que era tanto un símbolo de estatus como cualquier otra cosa.

A sus pies se encuentran los restos de un pequeño cubo de madera, similar a los utilizados como vasos para beber en las ceremonias de los vikingos, y una cabeza de hacha de hierro.

Pero es la espada del guerrero la que llama la atención. Con poco menos de un metro de larga, sigue siendo un artículo poderoso y bello, a pesar de 10 siglos de corrosión.

¿Era un vikingo?

“La espada es de buena calidad, probablemente hecha en Europa occidental”, dice Jan Frolik, profesor de arqueología en la Academia Checa de Ciencias.

Ese tipo de espada fue utilizada por los vikingos en el norte de Europa, la Alemania moderna, Inglaterra y Europa central, y también por otros.

“Así que la mayoría de su equipo es vikingo o al menos similar a lo vikingo. Pero su nacionalidad es un interrogante“, agrega.

Es una pregunta que ha intrigado y confundido a los historiadores desde que el arqueólogo ucraniano Ivan Borkovsky desenterró el esqueleto guerrero en el castillo de Praga en 1928.


Aunque Borkovsky, un exiliado de la Guerra Civil Rusa, estuvo a cargo de las excavaciones, como un simple asistente del jefe de arqueología en el Museo Nacional de Praga se le impidió publicar sus propias conclusiones.

Cómo fue adoptado por los nazis y los soviéticos

Cuando los nazis ocuparon Praga en 1939, rápidamente se aferraron a la teoría vikinga, ya que encajaba perfectamente en la narrativa alemana de la pureza racial.

Los vikingos, después de todo, eran nórdicos y, por lo tanto, germánicos. Para los ocupantes, esa perezosa teoría era útil como propaganda, ya que reforzaba la idea de Adolfo Hitler de que la raza alemana simplemente estaba volviendo a ocupar la tierra antigua que era legítimamente suya.

Más tarde, Borkovsky fue presionado para trabajar al servicio de la academia nazi, bajo la amenaza de ser enviado a un campo de concentración, y su texto completamente editado se publicó para justificar las afirmaciones históricas alemanas.

Inmediatamente después de la guerra, cuando la influencia soviética sobre Praga se hizo cada vez más opresiva, Borkovsky se vio obligado a cambiar su versión y a decir que había sido presionado para que inventara la idea vikinga.

Jan Frolik

BBC
Jan Frolik dice que el equipo del esqueleto es principalmente vikingo, pero su nacionalidad sigue estando en duda.

Desempolvó apresuradamente la interpretación más antigua de su antiguo jefe: que el esqueleto en realidad pertenecía a un miembro importante de la dinastía eslava de los Premislidas, que gobernó Bohemia durante más de 400 años hasta 1306.

Así evitó la nueva amenaza: los campos de prisioneros del Gulag.

¿De dónde era?

Setenta años después, los arqueólogos como Jan Frolik son libres de emitir juicios basados ​​en la ciencia, más que en la ideología.

“Sabemos con certeza que no nació en Bohemia”, dice, y explica que el análisis de isótopos radiactivos de estroncio en los dientes del guerrero demostró que había crecido en el norte de Europa, muy probablemente en algún lugar de la costa sur del mar Báltico o quizás Dinamarca.

Pero ese es el territorio vikingo puro, ¿no?

“Sí, pero solo porque nació en el Báltico no significa automáticamente que fuera un vikingo. En aquel entonces, la costa sur del Báltico también albergaba eslavos, tribus bálticas y otros”.

Frolik cree que el guerrero del norte, quien murió por causas desconocidas a la edad de 50 años, llegó a Praga a principios de la edad adulta, para servir en el séquito ducal de Borivoj I, el primer duque de Bohemia y progenitor de la dinastía de los Premislidas, o su hijo mayor y sucesor, Spytihnev I.

Un grabado del siglo XIX de Borivoj I, duque de Bohemia y fundador de la dinastía de los Premislidas, que gobernó desde 895 hasta 1306.

BBC
Un grabado del siglo XIX de Borivoj I, duque de Bohemia y fundador de la dinastía de los Premislidas, que gobernó desde 895 hasta 1306.

Los Premislidas establecieron el castillo de Praga como el centro del incipiente estado bohemio, y el lugar de entierro del guerrero en el centro de su castillo sugiere que era un hombre de cierta prominencia.

Mirando el esqueleto del soldado desconocido, encerrado en vidrio en los fríos pasillos subterráneos del Antiguo Palacio Real, es difícil no plantear la misma pregunta, esencialmente sin respuesta: ¿Quién era exactamente este hombre, nacido en el Báltico, con su espada vikinga y sus amos bohemios?

“En el pasado, así como hoy en día, las personas pueden tener múltiples identificaciones según su situación”, dice el profesor Nicholas Saunders, especialista en conflictos, arqueología y antropología del siglo XX en la Universidad de Bristol.

Saunders publicó recientemente un artículo sobre el esqueleto en la revista Antiquity, junto con Frolik y Volker Heyd, arqueólogo de la Universidad de Helsinki, que actualmente está trabajando en un análisis de ADN que podría revelar más sobre los orígenes étnicos del guerrero. Más, pero no todo.

“La heterogénea colección de objetos reflejaba sus múltiples personalidades, tal vez, en lugar de decir ‘oh, él era un vikingo’ u ‘oh, era un eslavo'”, opina Saunders.

La gente inventa sus propias identidades de acuerdo con su ubicación en el tiempo y el espacio, y este personaje fue obviamente importante, si no el más importante, durante varios años”.

En otras palabras, los objetos reflejaban su vida.


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