Del acoso a intentar suicidarse: la vida de médicos residentes que denunciaron abusos de sus jefes
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Del acoso a intentar suicidarse: la vida de médicos residentes que denunciaron abusos de sus jefes

La Asamblea Nacional de Médicos Residentes tiene documentados al menos 10 casos de acoso que han llevado a quejas ante el IMSS, la UNAM, y CNDH, sin que alguna haya tenido consecuencias.
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23 de octubre, 2019
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El Doctor N recuerda el infierno que fue su primer año como residente en Urología del Centro Médico Siglo XXI, Ciudad de México. Gritos, insultos, castigos, pastillas para no dormir y para no ir al baño porque le decían que no tenía derecho a hacerlo. Un trato que lo sumió en una depresión profunda, que él denunció pero fue ignorado por autoridades educativas, médicas e incluso la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM). Hasta que intentó suicidarse.

Su historia no es un caso extremo y único. Estudiantes de Medicina con cuadros de depresión y ataques de ansiedad son algo generalizado por el maltrato y hostigamiento del que son víctimas en los primeros años de la residencia, una situación tolerada y fomentada por residentes de mayor rango y por los médicos adscritos, denuncia la Asamblea Nacional de Médicos Residentes (ANMR).

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Además, cuando alguien llega a presentar una queja formal, es desestimada o ignorada, y en algunos casos la solución que se ofrece a la víctima es cambiarla de sede, mientras que sus acosadores permanecen impunes en sus puestos.

La Asamblea tiene documentados al menos 10 casos de acoso, actuales, en distintos estados del país, dependientes de diferentes instituciones de salud, que han llevado a quejas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), instituciones educativas como la UNAM, y Comisiones de Derechos Humanos Nacional o locales, sin que alguna haya tenido consecuencias.

De acuerdo a la CDHCM no existe ninguna queja presentada por algún médico del Centro Médico Siglo XXI, ni concluida ni en trámite, informó la Comisión en una carta. La comisión capitalina explicó que el hospital mencionado es de jurisdicción federal por lo que no está en el marco de las atribuciones de la CDHCM atender casos que corresponden a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Animal Político habló con tres víctimas que contaron lo que han vivido como médicos residentes.

 Castigos, derechos anulados y obligaciones extracurriculares

Ahora ya puede hablar de lo que le pasó. Hasta hace unos meses, el Doctor N lloraba reviviendo las situaciones que lo llevaron casi a la muerte.

Desde que entró como residente de segundo año (R2) a Centro Médico, no pudo salir en una semana, entre castigos y guardias que le impusieron, sin bañarse, comer o descansar. Les decían que por ser los nuevos no tenían derecho a usar el elevador, ni a sentarse.

Como no les daban tiempo para comer, las enfermeras se volvían su cómplice y le vendían sándwiches que dejaban escondido en un punto para que pudiera recogerlo. Se metía al baño a comérselo rápidamente sentado en la taza, porque si se tardaba vendría un regaño. Una vez que detectaron en su aliento y en sus manos que había comido, lo regañaron.

Para no dormirse después de guardias de toda la noche impuestas por castigo, tomaba metilfenidato, un medicamento con el que se tratan trastornos del sueño. También tomaba pastillas para no ir al baño.

Cuando se acercaba el fin de semana, evitaba decir que tenía algún plan de ver a su familia o a su novia, porque si lo hacía de inmediato le imponían alguna guardia o lo “guardaban”, como le dicen a dejarlos en el hospital castigados.

Los estudiantes de medicina viven como en jerarquías militares. Los R2 le reportan a los R3, y estos a los R4. Cada superior puede exigirle al inferior, y en esa lógica se cometen los abusos contra los de menor rango.

Al Doctor N le imponían obligaciones como llegar en la mañana a preguntarle a cada residente mayor qué quería desayunar e ir a comprárselo, con su dinero, pese a que un residente solo recibe 6 mil 500 pesos quincenales. Un compañero suyo incluso tuvo una vez que ir a un bar de madrugada porque un superior le exigió ir a pagarle la cuenta de lo que había bebido, si no sería castigado.

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Si cometía un error en una nota médica, lo castigaban con escribir esa misma nota 10 veces en máquina de escribir, o apuntes que se hacen a mano sobre signos vitales de los pacientes,  pasarlos a máquina y de todos los pacientes del piso, aunque no le correspondieran. Incluso por una falta ortográfica se la rompían en la cara y tenía que volverla a hacer.

También le aventaban a la cara las carpetas metálicas donde se guardan los expedientes, le gritaban e insultaban.

Pensaba que tenía que aguantar, que era una residencia y era su futuro, y renunciar sería defraudar a su familia. Pero lloraba y se sentía mal todo el tiempo.

Hasta que después de unos meses y presionado porque su papá se enfermó, el Doctor N cayó en una depresión tan profunda que trató de suicidarse con pastillas.

Su casera lo encontró tirado en su departamento. Estuvo tres días inconsciente. Cuando despertó, lo dejaron tres semanas hospitalizado en un psiquiátrico y dos semanas de incapacidad en su casa. Empezó a tomar tratamiento médico y terapia psicológica.

Con el escándalo por el intento de suicidio, la UNAM intervino y castigó al servicio de Urología con no enviar a nuevos residentes hasta que mejoraran sus prácticas. Así, en todo 2018 no hubo R2s.

En ese tiempo, asegura que sí vio mejorar la situación y que han cambiado los abusos contra los nuevos residentes.

Pero él regresó a sus estudios lleno de vergüenza, señalado por haber difamado a un hospital tan reconocido. Acusa que los doctores jefes en Urología, han seguido con el acoso, ya que a veces le impiden presentar a los pacientes que atiende, entrar a quirófano, o le ponen malas calificaciones injustificadamente.

 Cómo acaba en el psiquiátrico una estudiante de psiquiatría

La doctora Xóchitl (nombre cambiado para preservar su identidad) obtuvo uno de los mejores resultados de su generación en el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) y logró entrar a la Unidad de Psiquiatría del Centro Médico Siglo XXI. No se imaginaba que ese paso en su carrera la iba a llevar a ser hospitalizada en un psiquiátrico meses después.

En mayo de este año, una carta anónima denunciando irregularidades y trato diferenciado a los estudiantes despertó el enojo de la jefa de unidad. Xóchitl se vio afectada por un cambio en su programa académico, así que cuando cuestionó abiertamente a la jefa, empezó un acoso selectivo contra ella.

Al llegar el periodo de vacaciones, cuando ya había salido de la ciudad, se enteró por un compañero que la encargada había decidido cancelárselo, y días después recibió una llamada del servicio central de Centro Médico amenazando con darla de baja si no se presentaba. Pero ella insistió en que tenía derecho a tomar sus vacaciones.

Cuenta que entonces la doctora empezó a hablar con el resto de sus compañeros, a decir que ella tenía trastornos psiquiátricos e incluso buscó a su pareja para pedirle que la hiciera “entrar en razón”.

Xóchitl se quejó ante las autoridades y le dijeron que no se preocupara porque iban a investigar, pero al regresar de las vacaciones, la situación se volvió mucho peor. La doctora le gritaba, la corría de su consultorio, le ponía tareas específicas durante sus horas de clase y después la regañaba por no haberse presentado.

La residente empezó a tener ataques de pánico. Le angustiaba despertar y pensar en que tenía que ir al hospital, ver a su acosadora y a otros residentes mayores que también la maltrataban o miraban mal, y empezó a ausentarse. Lloraba a escondidas. Se sentía culpable por todo.

Sus compañeros le decían que aguantara, que no se quejara, porque la doctora siempre es así, y porque sabían que dos años antes hubo un residente que llevó su queja a las autoridades y a la Comisión de Derechos humanos, pero después le fue peor.

Empezó a pensar en renunciar a la residencia y, por lo tanto, a su carrera como psiquiatra. Eso, además de depresión, le despertó pensamientos suicidas.

Su familia y amigos la convencieron de seguir adelante, pero un día, la doctora de plano la empujó fuera de su consultorio. Xóchitl se encerró en un baño y no pudo dejar de llorar en hora y media.

Buscó apoyo en el sindicato para ir a denunciarla a la dirección de Enseñanza. La respuesta fue que ella tenía la culpa porque sus quejas ya estaban metiendo en problemas a la doctora.

El caso escaló hasta que la reunieron con el subdirector médico de Centro Médico. Llorando, en medio de un nuevo ataque de pánico, el directivo le dijo que no podía ponerse así si estudiaba psiquiatría.

“¿Entonces ningún médico puede enfermarse porque es médico?”, recuerda Xóchitl que le preguntó indignada.

El acoso de la doctora siguió e incluso un día, tratando el tema del suicidio, dijo frente a ella que algunas personas mejor sí deberían tomar ese camino.

Xóchitl se quebró. Fue a valoración psiquiátrica y el doctor le dijo que no podía dejarla ir porque estaba ya muy mal y había riesgo de que intentara suicidarse.

Así se quedó dos semanas internada en un hospital psiquiátrico en agosto pasado.

Su familia fue a hablar con los responsables médicos y académicos, con la UNAM (quien expide los títulos al final de las residencias en Centro Médico), y en todos lados les cerraron la puerta. Los pocos compañeros que se atrevieron a apoyar la denuncia de Xóchitl fueron amenazados con ser cambiados de sede por “problemáticos”.

Ni así paró el acoso. La doctora obtuvo ilegalmente expediente médico de Xóchitl y otros residentes de mayor grado lo divulgaron en redes sociales.

Hasta que intervino la Asamblea Nacional de Médicos Residentes, organización creada este año, y dio publicidad al caso, el Centro Médico respondió argumentando que sus autoridades no estaban enteradas.

Le ofrecieron una disculpa a Xóchitl e hicieron modificaciones en los programas, ajustándose a lo que indica la normativa. A ella le ofrecieron cambiarse de sede, pero no aceptó porque se ganó su lugar en este hospital y cree que no tendría por qué irse a otro.

Sigue en tratamiento y ya ha mejorado de la depresión, pero todavía tiene ataques de pánico. Ve cómo sus otros compañeros amenazados tienen síntomas de ansiedad y sabe que es vista como “apestada”.

Lo que más coraje le da es que con la jefa de unidad de Psiquiatría no pasó nada.

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Problemas de salud mental que llevan al suicidio

Carmen García está actualmente de incapacidad en casa de sus papás, en el Estado de México, después de ser ingresada tres veces en psiquiatría en solo dos meses, la última por un intento de suicidio que ni siquiera recuerda bien.

No sabe si cuando sea dada de alta podrá continuar con su carrera como médica de urgencias, porque justo lo que la llevó a una crisis de depresión fue el acoso que sufre en el Hospital General de Querétaro, por el que incluso le quitaron un examen acusándola de copiar y le dijeron que reprobó el extraordinario, sin mostrarle el examen o la justificación para esa calificación, que provocaría su expulsión de la residencia.

A sus 33 años, Carmen nunca antes había tenido problemas de salud mental. La depresión empezó con el maltrato cuando era R1. Aunque cuando pasó a segundo año y la propia jefa del servicio de Urgencias dijo que ahora le tocaba sufrir a los de primero, el acoso contra ella siguió.

Al reconocer que estaba mal, empezó a ir al psiquiatra. También empezó a quejarse ante autoridades del hospital, en redes sociales, en Derechos Humanos. Entonces obligaron a sus compañeros a firmar un oficio respaldando a las doctoras del Servicio y desmintiendo a Carmen.

La mandaron a Medicina del Trabajo para hacer una investigación. Tenía una rotación programada a la Ciudad de México y una doctora le dijo que iba a haber un resultado favorable para ella. Pero a los días tuvo que regresarse porque el Hospital de Querétaro informó que había reprobado un examen y sería expulsada. Entonces Carmen volvió a ver a los de Medicina de Trabajo y le dijeron que la investigación había salido limpia y no había nada que castigar.

La acusaron de filtrar los datos del resultado de laboratorio de un compañero, aunque no se lo pudieron comprobar.

No pudo más. En agosto tuvo su primer ingreso al psiquiátrico. Apenas salió, tuvo una recaída, y después, a finales de septiembre, intentó suicidarse.

“Perdí el juicio, la razón. No era yo”, cuenta.

Le dieron terapia electroconvulsiva porque seguía con ideas suicidas, una técnica de choques eléctricos para tratar la depresión severa, y que provoca pérdida de memoria.

Apenas salió del psiquiátrico el 14 de octubre y está tratando de entender qué fue lo que le pasó. Revisó los chats en los que estaba con otros residentes y de los que ya la sacaron, en los que corrieron las acusaciones en su contra y los temores por amenazas si la apoyaban.

Lo único que Carmen quiere es ser cambiada de sede para no tener que volver a ver a las jefas que la han acosado, y seguir adelante con su terapia para recuperarse.

 Una exigencia generalizada

La Asamblea Nacional de Médicos Residentes quiere que el tema del acoso y la salud mental de los doctores en formación deje de ser un tabú para las autoridades y que realmente se le ponga atención, ya que por décadas se ha perpetuado el abuso.

“En el aspecto psiquiátrico los rangos de prevalencia para depresión y ansiedad son mayores a los de la población general. Los reportes en unidades médicas del IMSS en UMAE (Unidades Médicas de Alta Especialidad) van del 25 al 79.6% para depresión, y de 39 a 69.9% para ansiedad, con una mayor prevalencia en residentes de segundo año”, reporta la organización en una carta.

Citan un estudio que publicó el propio IMSS en su revista médica en 2017, hecho en un hospital de pediatría, donde de 137 residentes, 32% reportó abiertamente haber sufrido acoso, pero 82.4% lo reconoció en el cuestionario dirigido, lo que demuestra que muchos perciben ciertas conductas como normales dentro de su formación.

La Asamblea ha elaborado cuatro propuestas para el sistema de residencias: primero que se establezcan valoraciones periódicas y obligatorias del estado clínico de los médicos residentes, tanto físicas, ya que sufren sedentarismo y malos hábitos alimenticios, como psiquiátricas, ya la ansiedad y depresión son habituales en los estudiantes.

En segundo lugar, que se promuevan ambientes laborales sanos entre médicos residentes y adscritos (los que ya tienen plaza), se establezcan políticas de selección más rigurosas elegir a quienes van a desempeñar cargos de administración educativa y gestión de los médicos residentes, apegados estrictamente a la normativa expuesta por las universidades que avalan los cursos de especialidad.

Establecer canales confiables y comprometidos a atender las denuncias de los médicos residentes, mediante instancias descentralizadas del hospital sede, para que no haya conflictos de intereses. Además, que las resoluciones  sean rápidas, ya que en todos los casos que han documentado hasta ahora, no solo no ha habido soluciones, sino respuestas amenazantes para quien se atreve a denunciar.

Por último, esclarecer la condición jurídico-laboral del médico residente, ya que en el caso del IMSS, su contrato es un apéndice del contrato colectivo de trabajo que los pone como becarios y no les da garantías de trabajadores, por lo que incluso el sindicato se ha desentendido de casos de acoso laboral, igual que las universidades, que no los tienen de estudiantes dentro de sus instalaciones.

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El árbol mapuche que alberga un ingrediente clave para combatir la COVID

El quillay, árbol sagrado para el pueblo mapuche, es el suplemento vital de la farmacéutica con más financiación del gobierno estadoundiense para desarrollar una vacuna contra la enfermedad.
11 de noviembre, 2020
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Este lunes el mundo amaneció con la noticia de una vacuna contra la covid “eficaz en un 90%”, de la compañía Pfizer. Pero hay más vacunas en desarrollo. Y una de ellas le debe su eficacia a un árbol mapuche.

En la corteza gris, oscura y agrietada de un hermoso árbol milenario endémico de Chile se esconde el ingrediente fundamental para la vacuna contra la covid que la farmacéutica sueco-estadounidense Novavax ya ha comenzado a probar en seres humanos.

Se trata de una vacuna que acaba de obtener la vía rápida para su aprobación y está en su fase final de ensayo clínico en Reino Unido. Este mes iniciará sus últimas pruebas en EE.UU., México y Puerto Rico.

El elemento clave para esa vacuna está en un árbol que los indígenas mapuches usan desde tiempos ancestrales como planta medicinal para curar todo tipo de males, desde enfermedades estomacales y respiratorias hasta problemas en la piel y reumatismos, y cuyas propiedades curativas son conocidas (y aprovechadas) por la industria cosmética, alimentaria y farmacéutica desde hace décadas.

El quillay -quilleja saponaria si le preguntas a un científico, küllay para un mapuche- es conocido como el “árbol de la corteza de jabón” por sus saponinas vegetales, unas moléculas que hacen espuma al entrar en contacto con el agua y que se han convertido en un codiciado potenciador de la respuesta inmunológica de varias vacunas.

Una de ellas es la de Novavax, que recibió la mayor financiación del gobierno de Donald Trump para desarrollar la vacuna de la covid-19.

¿Pero qué tiene de especial la corteza del quillay para el desarrollo de esta vacuna?

Potenciar la inmunidad

La clave está en que las saponinas del quillay pueden transformarse en adyuvantes, unas sustancias que amplifican el efecto de la vacuna. Pero el proceso es complejo.

“Los adyuvantes se llevan desarrollando muchos años y apoyan la respuesta inmunológica de la vacuna, haciendo que sea mayor y de mejor calidad”, le dice a BBC Mundo el doctor Gregory Glenn, jefe de investigación y desarrollo de Novavax.

"El quillay es clave para nuestra vacuna contra la covid".", Source: Gregory Glenn, Source description: Director de investigación y desarrollo en Novavax, Image:

Glenn dice que esos compuestos “proporcionan a nuestro sistema inmunológico una importante señal de alarma para que reaccione a la vacuna“. En el caso del nuevo coronavirus, eso sería vital.

“La respuesta del sistema inmunológico a infecciones respiratorias virales, como la gripe o la covid, tiene que ser muy alta y robusta porque, a pesar de tener anticuerpos, nos enfermamos. Eso ocurre porque nuestra inmunidad es muy baja -o mayoritariamente nula, en el caso de la covid- para poder bloquear la infección”, explica Glenn.

“Es importante agregar un adyuvante a la vacuna de la covid para obtener una respuesta más alta que nos proteja mejor”, resume el científico.

“Lo que hacemos nosotros es fabricar una proteína específica a partir del genoma del virus y la introducimos en una partícula. También hacemos el adyuvante (a partir de las saponinas del quillay), que introducimos en otra partícula. Esos adyuvantes son clave para que nuestro cuerpo reconozca la proteína y así genere una respuesta potente”.

Las saponinas se encuentran en muchas plantas, pero hasta ahora solo las del quillay han resultado ser efectivas para la industria farmacéutica, que tras años de investigación encontró una fórmula para transformarlas en adyuvantes no tóxicos para el ser humano.

El quillay concentra las saponinas en su corteza y estas suelen extraerse del tronco.

La empresa que proporciona las saponinas a Novavax, la biotecnológica Desert King, desarrolló un procedimiento para extraer los agentes activos de la corteza y de la madera del quillay que, transformados en polvo, vende a Novavax para que pueda fabricar sus vacunas.

Flor y hojas del quillay chileno
Dr John A Horsfall/Getty Images

Las flores y las hojas del quillay también tienen usos domésticos y medicinales.

“Se sacan como 30 o 50 kilos (de saponinas) de un árbol grande. Se le limpia el corcho, la parte de arriba de la corteza, se la sacan con unos cuchillones, y lo demás lo botan. Es muy poca cantidad la que se puede extraer. Yo planteé extraerlas de la madera para no matar el árbol, y así nació nuestra empresa”, le cuenta a BBC Mundo el investigador chileno Ricardo San Martín, quien lidera el Departamento de Innovación de Desert King International desde San Diego, California.

Una búsqueda frenética

San Martín lleva toda su vida estudiando las saponinas del quillay y su aplicación en vacunas.

“Cuando aparecieron nuevas enfermedades hacia los años 90 se vio que los adyuvantes antiguos no estaban funcionando bien. El cuerpo no recordaba lo que había pasado y la respuesta inmune era pobre. Ahí empezó una búsqueda frenética por nuevos adyuvantes“, dice el investigador.

“Hacia los años 50 ya se había descubierto que ciertos compuestos del quillay cumplen el rol de adyuvante. Más adelante, un investigador danés con quien yo trabajé, Kristian Dalsgaard, observó que al inyectarlo en animales les producía mucha irritación y lo purificó. Ahí fue cuando empecé a investigar estos compuestos, en el 95”, le cuenta a BBC Mundo San Martín, quien entonces trabajaba en la Universidad Católica de Chile.

“Poco después, en Estados Unidos descubrieron que una parte de ese compuesto podía usarse en vacunas humanas. Así nació el QS21, el nombre científico del adyuvante de la saponina purificada de quillay.

“Hace unos 10 años la farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) obtuvo la aprobación para usarlo en vacunas humanas. La del herpes zóster y la de la malaria, por ejemplo, usan esos compuestos”.

Novavax usa una fórmula un poco distinta que le permite no tener que extraer el compuesto puro. “Eso hace que les resulte más fácil obtener más cantidad de este adyuvante”, dice San Martín.

Ricardo San Martín

Ricardo San Martín
Ricardo San Martín lleva años investigando los usos del quillay en medicina.

Él tiene muchas esperanzas puestas en la vacuna de Novavax, para cuya fabricación el quillay, asegura, es “clave” ; “sin él no habría vacuna”.

Otras vacunas que no tienen adyuvante se hacen a partir de ácido ribonucleico (ARN o RNA), como la vacuna de la covid que está desarrollando el laboratorio británico AstraZeneca. Pero requieren refrigeración, lo cual puede ser un problema para su distribución global, dice San Martín.

Hay hasta cinco tipos distintos de adyuvantes que pueden usarse en vacunas humanas. El QS21 (y sus derivados) se considera un adyuvante “moderno”.

“Hay muchos adyuvantes. El motivo por el que nos gusta el que hacemos a partir del quillay es porque es muy efectivo“, cuenta Glenn. “Eso hace que seamos optimistas hacia nuestra vacuna contra la covid“.

Jaime Pérez Martín, de la Asociación Española de Vacunología (AEV) cree que el hecho de que la vacuna de Novavax tenga un adyuvante es positivo, sobre todo al tratarse de una época pandémica, “pues tiene la ventaja de que la producción (del adyuvante) se puede acumular, facilitando la fabricación de muchas más vacunas”.

“El adyuvante de la vacuna de Novavax es muy reciente y pertenece a la familia de nuevos adyuvantes que han tenido una gran potencia en la reacción del sistema inmune”, añade el médico.

“Los adyuvantes tradicionales se basaban sobre todo en aluminio, pero los modernos han conseguido que la respuesta inmune incluso en personas muy mayores sea tremendamente alta, lo cual es muy importante”.

Bosque esclerófilo con quillays en la region metropolitana de Chile.

Cortesía: Ricardo San Martín
El quillay puede tener hasta 15 o 20 metros de altura y es resistente al frío.

Carrera contrarreloj

Novavax espera empezar en noviembre la fase 3 en Estados Unidos. “Si establecemos evidencia de que la vacuna está funcionando en Reino Unido, significaría un gran avance. Por ahora está yendo muy bien. Veremos el resultado del ensayo clínico a principios del primer trimestre de 2021”, dice Glenn.

Mientras tanto, los proveedores de las valiosas saponinas están en una carrera contrarreloj.

“Para una primera fase de vacunas -para poder satisfacer la primera demanda- yo estimo que se necesitan de 5.000 a 7.000 árboles“, dice San Martín.

“El problema es que para la vacuna se necesitan las saponinas de la corteza, que tienen más concentración. La solución actual es sacarlas de la corteza de árboles viejos, pero no hay tantos”.

Ricardo San Martín con mascarilla recogiendo muestras

Cortesía: Ricardo San Martín
Ricardo San Martín (en la izda de la imagen) cree que es necesario aumentar las plantaciones de quillay.

“Hay dos posibles opciones: o se sintetizan los compuestos -ya hay gente trabajando en eso, pero lleva tiempo- o se usan arbustos más jóvenes, en los que ya estamos viendo buena cantidad de compuestos”, explica el científico.

“Es una carrera contrarreloj. En los primeros años, Novavax va a tener el suministro desde Chile, no me cabe duda, pero hay que empezar a pensar en otras opciones. Es necesario tener suministros alternativos y seleccionar aquellos árboles o arbustos con una alta cantidad de saponinas”.

“Una vez que los clonas, puedes replicarlos y plantarlos en extensiones bastante pequeñas, agrícolamente hablando. Eso es en lo que estoy trabajando ahora”.

San Martín dice que su empresa ya está haciendo experimentos para plantarlos en California, donde parecen crecer bien.

“Uso y abuso”

Sin embargo, no todos ven con buenos ojos el interés -y procedimientos- de las farmacéuticas en el quillay.

La dirigente mapuche Minerva Tegualda Castañeda Meliñán cree que “no han respetado la propiedad intelectual de la sabiduría medicinal mapuche” y se opone al “uso y abuso de los conocimientos medicinales ancestrales del pueblo mapuche”.

“Las farmacéuticas han patentado y explotado nuestras hierbas medicinales y nuestro conocimiento ancestral”, le cuenta a BBC Mundo en conversación telefónica.

El quillay, dice Tegualda, “es usado por los mapuches por sus propiedades medicinales desde tiempos ancestrales, tanto a nivel doméstico -para lavarse el pelo o hacer jabones- como medicinal, por los machis (chamanes) y lawentuchefes (sanadores)”.

Entierro mapuche

Christopher Pillitz/Getty Images
Los mapuches tienen una relación especial con los árboles y con la naturaleza.

“Pienso que ha habido una violación muy grande por parte de las farmacéuticas y de algunos científicos al utilizar nuestros conocimientos sin un debido resguardo”.

“Los mapuches tenemos ciertos protocolos hacia la naturaleza”, agrega Tegualda. “Antes de usar plantas medicinales pedimos permiso a la tierra. De igual manera, el quillay es un árbol sagrado y no solo hay falta de respeto, sino que hay un lucro por parte de los laboratorios“.

“Yo no me opongo a una vacuna con los principios activos del quillay, pues es un bien mayor y el coronavirus nos afecta a todos, pero deben existir ciertos protocolos respecto a la propiedad intelectual de la medicina mapuche que las farmacéuticas no han cumplido”, dice la dirigente.

San Martín cree que los mapuches “nunca utilizaron el quillay con motivos de inmunología” y defiende que las farmacéuticas aprovechen sus usos, una dinámica que no parece que vaya a expirar pronto.

“Lo que es seguro es que la demanda del quillay no va a bajar, sea para la vacuna de la covid o para otras”.


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