Los años heridos, la investigación que relata 17 años de guerrilla en México
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Los años heridos, la investigación que relata 17 años de guerrilla en México

La guerrilla no es más que la respuesta de ciertos sectores de la sociedad ante los actos de represión del Estado, manifiesta el historiador Fritz Glockner, cuya nueva obra, "Los años heridos", cuenta la historia de la guerrilla en México de 1968 a 1985.
Especial
Por Joel Aguirre A.
12 de octubre, 2019
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Hacia finales de la década de 1970, cuando era un joven universitario, Fritz Glockner reparó en el hecho de que en México no existía literatura que reflejara la situación de las guerrillas y el drama de los presos políticos y de la ultraizquierda mexicana.

En ese entonces estudiante de historia en la Universidad de Puebla, para él las investigaciones sobre la guerrilla y los luchadores sociales revestían especial importancia, pues su familia no era nada ajena al tema: su padre, el doctor Napoleón Glockner, fue militante de las Fuerzas de Liberación Nacional, y su abuelo, Julio Glockner, fue el primer rector de izquierda e impulsó la reforma política en la Universidad Autónoma de Puebla.

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Por tal razón, desde que entró en la universidad, Fritz se dedicó a investigar y escribir algunos textos académicos sobre la guerrilla, y conforme pasó el tiempo fue percatándose de que los resultados había que difundirlos de manera masiva, pues el país tenía que enterarse de ese pasaje negro de la historia mexicana.

El primer resultado de esa labor, que abarcó más de cinco lustros, se dio en 2007 con la publicación de su libro Memoria roja, que cuenta la historia de la guerrilla en México de 1943 a 1968, y cuya culminación vio la luz hace unas semanas con la obra Los años heridos, que abarca de los años 1968 a 1985.

Publicado por la editorial Planeta, Los años heridos es una obra que recorre la vida familiar del autor y, a la vez, presenta una exhaustiva investigación sobre los mecanismos de represión que el Estado mexicano ha usado contra los grupos opositores: asesinato, tortura, desaparición forzada, control de información, todo lo cual en conjunto denomina como “guerra de baja intensidad”.

Glockner, además, indaga sobre el torbellino de las acciones realizadas durante aquellos años, los eventos que convocaron a la sublevación, los nombres de tantos y tantos actores, los grupos clandestinos con su determinación y hasta su inocencia, los idealismos perseguidos, las fechas que se ocultan detrás de la maleza, la información que se ha negado constantemente, la clandestinidad propia de los guerrilleros y la cerrazón absoluta del Estado mexicano, que ha negado constantemente su responsabilidad y acciones represivas.

“En Los años heridos el lector se va a encontrar con una historia narrativa”, responde el autor en entrevista con Newsweek México. Soy de los que apuestan a que la historia tiene que ser contada. La historia no puede ser la enumeración de acontecimientos, nombres, fechas, sucesos. Tiene que haber un ambiente. Así como cuentas en una novela qué le pasó al Quijote, qué le pasó a Aureliano Buendía, qué le pasó al general que esperaba sus cartas cada semana, de igual forma tienes que contar, en este caso, la historia. Tienes que recrear personajes de carne y hueso, es decir, que ya perecieron, fueron sujetos de la historia, pero hay que convertirlos en fantasmas, no en cadáveres”.

Fritz Glockner, nacido en Puebla en 1961, es escritor, historiador y periodista. En 1997, con la obra histórica Veinte de cobre, fue finalista del X Premio Rodolfo Walsh, y durante 2010 fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

Entre otros, se ha desempeñado como profesor en la Universidad Iberoamericana, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la Dartmouth College y en la maestría de Escritura Creativa, en Iowa, Estados Unidos. Entre varios, es autor de los libros Cementerio de papel y Se nos hizo tarde. 

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—¿Tras Memoria roja y Los años heridos esperaremos una tercera parte de la historia de la guerrilla en México? —preguntamos a Fritz Glockner.

—No, no, no.

—Pero falta contar el movimiento zapatista y otros recientes…

—Pero eso sería escribir el anti-Tello Díaz. Eso sería escribir panfletos, no historia. La historia es muy reciente de 1994 a la fecha, estamos hablando de grupos armados activos, el EZLN, el EPR, el ERPI, y eso sería intentar contradecir las versiones que se divulgaron a partir del año 1995 con Tello Díaz o con De la Grange y Maite Rico y su Marcos, la genial impostura. No estoy dispuesto a andar jugando a la contrainformación de versiones que son más bien panfletos. Me gusta ser serio en mi trabajo, me gusta ser historiador, me gusta ser escritor y no jugar.

¿Los años heridos se presenta como historia narrativa para que el lector no le haga el feo a la historia?

—Exactamente. Estamos acostumbrados a plantear que la peor materia de los chicos de secundaria es la historia por la mnemotecnia. Aquí hay que platearse que la historia no deja de ser un maravilloso cuento. Pero cuento desde la óptica narrativa, no desde la ficción, porque en Los años heridos no coloco ni una coma que no sea verdadera.

—¿Cuál ha sido el papel de la guerrilla mexicana y en qué radica su relevancia?

—Los movimientos armados de los años 60 y 70 provocaron una modificación en el juego político en este país. La reforma política de 1977-1978 no se hubiera dado si no hubiera sido a partir de la presión que ejercieron los aproximadamente 39 grupos armados que actuaron en este país. Evidentemente no se tomó el poder, no se triunfó como en Nicaragua o como en Cuba en 1959, pero la presión de diferentes actores políticos en la década de 1970 provocó que el sistema político mexicano tuviera que abrirse y reconocer a la corriente político-ideológica de la izquierda como tal, provocó que tuviera que generarse una apertura democrática que no existía.

“Existía la democracia del Partido Revolucionario Institucional con el Partido Acción Nacional como una expresión de la derecha, que la mayoría de las veces le hacía el juego al PRI, y estaban el Partido Popular Socialista, de Vicente Lombardo Toledano, que se había convertido en el aguador del sistema, o el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, que no cobró vida hasta el año de 1987, cuando destapa como candidato a la presidencia de la república a Cuauhtémoc Cárdenas. Pero hasta antes habían sido partidos satélite, y a partir de 1978, con la reforma política, se reconoce la existencia de la participación político-ideológica de la izquierda y deja de ser clandestino el Partido Comunista Mexicano, por ejemplo, y viene la irrupción de los partidos de izquierda con el reconocimiento del Partido Comunista, la creación del Partido Socialista de los Trabajadores desde 1974, de dudosa existencia, pero al final de cuentas es una expresión de la izquierda. Y están las derivaciones posteriores, como el Partido Mexicano de los Trabajadores, de Heberto Castillo, y la suma y convocatoria para la creación del Partido Socialista Unificado de México”.

Su padre fue militante de las Fuerzas de Liberación Nacional, y su abuelo fue el primer rector de izquierda de la Universidad Autónoma de Puebla.

Fritz Glockner ha dedicado casi cuatro décadas al estudio y la investigación de las guerrillas en México

 

—Vayamos a la génesis. ¿Qué entendemos por guerrilla en un país como México?

—La guerrilla en México, a final de cuentas, no fue más que la respuesta de ciertos sectores de la sociedad ante los actos de represión del Estado mexicano. Por eso me niego a divulgar que se trata de una guerra sucia, yo califico este momento histórico como “guerra de baja intensidad” en función de que los campesinos, en la década de los años 60, o en los 40 con Rubén Jaramillo, o en los 60 en Chihuahua y en Guerrero, no actuaron por sí solos, sino arrinconados ante la violencia del Estado mexicano.

“Lucio Cabañas —continúa Glockner—, en mayo de 1967, opta por la clandestinidad y por las armas porque estaba sentenciado a muerte, así como en su momento Rubén Jaramillo. Y los estudiantes de este país habían recibido la enorme, estúpida e inhumana paliza y el asesinato el 2 de octubre de 1968, que se replica el 10 de junio de 1971 de un Estado cerrado y que no reconocía ningún tipo de disidencia ni protesta. Hoy en día puede parecer ilógico con la cierta libertad de expresión. Y, más allá, con los medios que tiene un joven a través de las redes, del internet, no se entiende el ahogamiento del control de la información que existía en nuestro país en las décadas de los años 60 y 70, donde todo tipo de información pasaba por el tamiz de la Secretaría de Gobernación.

—¿Así es el modo como se forma un guerrillero?

—Hoy en día un joven podría preguntarse: ¿qué, de qué hablan, por qué se quejan, por qué se fueron a las armas? Y la pregunta que a veces me hacen en el caso de mi padre: ¿por qué se fue de guerrillero? No, no se fue de guerrillero porque un día haya abierto los ojos y dijera: me falta adrenalina, qué hueva ser médico, qué hueva tener un hospital, quiero emoción… No se trata de eso, es un proceso al que te van arrojando tus creencias, tu ideología, tu convencimiento de que hay que modificar las situaciones que se están viviendo en este país. Se le orilló al estudiantado mexicano, a los obreros, a los campesinos, a generar esta violencia revolucionaria, que no dejó de ser violencia, pero las armas tenían otra tonalidad, otro fin, a diferencia de las armas de la represión y de la tortura en México.

—¿Esos movimientos, entonces, de alguna manera son el cimiento de las libertades que hoy tenemos?

—Digamos que, al final de cuentas, la historia es un cúmulo de eventos. La historia no puede ser de un solo momento histórico, es la acumulación de una serie de expresiones y de eventos coyunturales que permiten el desahogo de nuevas formas de expresión en el presente y que se van acumulando hacia el próximo futuro. No podemos decir que la guerrilla o el movimiento estudiantil del 68 o la represión del 71 es el cúmulo. Uno no se construye como individuo únicamente por la escuela en donde estudió la primaria, uno se construye con todas las experiencias que desde niño va acumulando en su educación sentimental y que terminan convirtiéndolo en el personaje que es hoy en día.

—¿Cuál es la diferencia fundamental entre Los años heridos y las obras ya publicadas sobre la guerrilla?

—Primero, que es una historia muy narrativa. Para empezar, pareciera que hay muchas historias de la guerrilla y no es cierto, es un tema histórico que se ha tocado y que tuvo un boom a partir de 2002, cuando se abrieron los archivos de la extinta Dirección Federal de Seguridad y hubo un auge en los trabajos testimoniales, periodísticos y algunos semihistóricos, pero no es un hecho histórico que se haya contado tanto o del que exista tanta bibliografía.

“Segundo, puedo decir que es una historia narrativa, creé personajes, ambientes, conté la historia como debe de ser. Es una historia y un texto que no juega con los tiempos de atrás hacia delante o de adelante hacia atrás. Todos los textos que se han publicado hasta entonces, por ejemplo, dicen: el Frente Urbano Zapatista, el FUZ, empezó a actuar en 1969 y concluyó en 1972 con la aprehensión de sus elementos, pero después te cuentan sobre el MAR, Movimiento de Acción Revolucionaria, que empieza en 1967 y termina en 1973. Entonces, el juego de andar yendo de adelante hacia atrás y de atrás hacia delante te genera una gran confusión histórica. Aquí la idea es contar como si fuera una novela, pero sin que haya ficción, que empieza con los últimos días de 1968 y termina con 1985. Mi intención es que sea una narrativa que te permita adentrarte en el pensamiento del sujeto histórico y que te permita visualizar la historicidad del momento y de los calendarios pasados”.

—¿En qué situación se halla hoy en día la guerrilla, los movimientos guerrilleros, y su contraparte, la guerra de baja intensidad?

—Actualmente existen. Hasta el censo último que obtuve tanto por fuentes de seguridad nacional como por la hemerografía, existen en la actualidad, en activo, 19 grupos armados. Si no en activo, por lo menos se han expresado de manera no violenta. Hace unas semanas tuvimos un comunicado del subcomandante Galeano anunciando la creación de 11 nuevos caracoles, 11 nuevas participaciones sociales dentro del zapatismo en Chiapas.

“Entonces, ahí están, hay guerrilla en México todavía —concluye Glockner—. Y aquí sí hablo de la llamada violencia ideológica revolucionaria, que no tiene nada que ver con el boom de la violencia lumpen, o de la violencia del crimen organizado que se activa sobre todo a partir del año 2007 con el entonces presidente Felipe Calderón”.

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Jill Biden es la nueva primera dama de EU ¿qué se espera de ella en el cargo?

La nueva primera dama de EU, Jill Biden, no es tan ajena al puesto, pues fue la “segunda dama” [esposa del entonces vicepresidente Joe Biden] entre 2009 y 2017.
7 de noviembre, 2020
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De pie en un aula vacía en la que enseñó inglés en la década de 1990, Jill Biden dio un emotivo discurso en la convención del Partido Demócrata en agosto, después de que su esposo, Joe Biden, fuera nombrado oficialmente como candidato presidencial para las elecciones de EE.UU.

Al terminar su mensaje, el ahora presidente electo Biden apareció en la escena, la abrazó y elogió sus cualidades como futura primera dama de EE.UU.

“Para todos ustedes en todo el país, piensen en su profesor favorito, en el que les dio la confianza para creer en ustedes mismos. Ese es el tipo de primera dama que será Jill Biden”, dijo el entonces candidato.

Meses después, con la victoria de su marido en las elecciones, Jill Biden se proyecta como la nueva primera dama, pero no será tan ajena al cargo.

Joe Biden fue vicepresidente durante el gobierno de Barack Obama, entre 2009 y 2017, por lo que ella fue la “segunda dama” de EE.UU.

Desde esta posición, promovió causas educativas y tuvo un acceso privilegiado a Michelle Obama, la entonces primera dama. Trabajó con ella en iniciativas como “Joining Forces”, para ayudar a los veteranos de EE.UU.

¿Qué más sabemos de Jill Biden y qué podemos esperar de su trabajo mientras acompaña a su esposo en la Casa Blanca?

Vida personal

Jill Jacobs nació en junio de 1951 en el estado de Nueva Jersey. La mayor de cinco hermanas, creció en Willow Grove, un suburbio de Filadelfia.

Joe Biden y Jill Biden

Getty Images
Jill Biden ha acompañado a Joe Biden a lo largo de casi toda su carrera política.

Casada en segundas nupcias con su actual marido, antes estuvo cinco años casada con el exjugador de fútbol americano universitario Bill Stevenson.

Conoció a Joe Biden después de que éste perdiera a su primera esposa y a su hija de 1 año en un accidente automovilístico en 1972. Sus hijos Beau y Hunter sobrevivieron al accidente.

Jill cuenta que un hermano de Joe los presentó en 1975. En ese momento, él ya era senador por el estado de Delaware y ella todavía estaba en la universidad.

“Yo era estudiante de último año, y había estado saliendo con chicos que usaban jeans, zuecos y camiseta. Pero él vino a tocar la puerta vestido con un abrigo deportivo y mocasines, y pensé: ‘Dios, esto nunca va a funcionar, ni en un millón de años’. ¡Era nueve años mayor que yo!”, contó Jill en una entrevista con la revista Vogue en 2016.

“Pero fuimos a ver a ‘Un hombre y una mujer’ al cine en Filadelfia, y realmente nos llevamos bien”, agregó sobre la primera cita de la pareja.

Jill dijo también que Joe le propuso matrimonio cinco veces antes de que ella aceptara.

“No podía permitir que ellos perdieran a otra madre. Así que tenía que estar 100% segura”, explicó.

La pareja se casó en Nueva York en 1977. Su hija, Ashley, nació en 1981.

“Creo que me conoce mejor de lo que yo me conozco a mí mismo”, dijo Joe Biden sobre su esposa en una entrevista en agosto con la periodista Rita Braver, de la cadena CBS, socia de la BBC en EE.UU.


“‘¿Cómo conseguiste este numero? Esas fueron las primeras palabras que le dije a Joe cuando me llamó de la nada un sábado de 1975. Esta noche estaré hablando en la Convención Demócrata. ¡Espero que sintonicen!“, escribió Jill Biden antes de su participación en la Convención.


Cuando dio su mensaje para respaldar la candidatura de su esposo, Jill Biden habló sobre su familia y las luchas que han enfrentado.

“Sé que si le confiamos esta nación a Joe, él hará por tu familia lo que hizo por la nuestra: unirnos y sacarnos adelante en momentos de necesidad, cumplir la promesa de Estados Unidos para todos nosotros”, dijo durante su discurso.

Pero su mensaje no solo buscaba promover a su esposo. El pronunciarlo desde un aula de clases fue un guiño a su larga carrera en la educación y un gesto simbólico de las preocupaciones que tendría como primera dama de EE.UU.

La maestra

Jill Biden, de 69 años, tiene una licenciatura y dos maestrías, y obtuvo un doctorado en educación en la Universidad de Delaware en 2007.

Jill Biden en la Convención Demócrata

EPA
Jill Biden dio su mensaje en la Convención Demócrata desde una de las aulas en las que había enseñado.

La próxima primera dama ha pasado décadas trabajando como profesora. En los años 80, enseñó inglés en un hospital psiquiátrico para adolescentes.

Entre 1991 y 1993, enseñó inglés en la escuela secundaria pública Brandywine, de Delaware. El discurso en la Convención Demócrata lo dio precisamente en el que había sido su antiguo salón de clases en esta escuela.

Los siguientes 15 años, Jill Biden fue profesora en el colegio comunitario Delaware Technical & Community College.

Tras el triunfo de Obama y Biden en 2009, se mudó a Washington D.C., pero siguió enseñando inglés en el Northern Virginia Community College

“Enseñar no es lo que hago. Es lo que soy“, tuiteó antes del discurso de la Convención.

Pero sus actividades durante el gobierno de Obama se extendieron mucho más allá de las aulas, pues al mismo tiempo que enseñaba, cumplió sus tareas como segunda dama.

Política

En este cargo, se dedicó a promover los colegios comunitarios (centros de educación superior de EE.UU.), a los que siempre se refirió como “uno de los secretos mejor guardados de EE.UU.”, según la página de la Casa Blanca de Obama.

Jill Biden, Joe Biden y sus hijos Hunter y Beau Biden.

Getty Images
Jill Biden se mudó a Washington D.C. cuando su esposo juró como vicepresidente, pero siguió enseñando.

En 2010, fue anfitriona de la Cumbre de la Casa Blanca sobre Colegios Comunitarios, que buscaba “resaltar el papel de los colegios comunitarios en el desarrollo de la fuerza laboral de EE.UU.”.

También se dedicó a la defensa de las familias militares y, junto con Michelle Obama, lanzó la iniciativa “Joining Forces”, para ayudar a los veteranos y sus familias a acceder a programas educativos y recursos laborales.

Además, en 2012, publicó un libro para niños llamado “Don’t Forget, God Bless Our Troops” basado en la experiencia de su nieta Natalie, hija de Beau Biden, de estar en una familia militar.

Beau, quien murió de cáncer en 2015, había estado desplegado con la Guardia Nacional en Irak en 2008, durante un año.

Otra de las líneas de acción de Jill Biden ha sido la lucha contra el cáncer de mama, incluso desde antes de ser segunda dama.

En 1993, fundó la Iniciativa Biden para la Salud de Mamas, para crear conciencia sobre la detección temprana, después de que cuatro amigas fueran diagnosticadas con este cáncer, según cuenta la Casa Blanca.

¿Qué hará ahora que estará en el centro de los reflectores como Primera Dama?

Qué se espera

Jill Biden será una primera dama “activa”, cree Mark Johnson, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Rice, de EE.UU.

Aunque no será “política” en el sentido partisano como lo fue Hillary Clinton, pues eso la convertiría en blanco de ataques, aclara el experto.

Jill Biden

Getty Images
Como segunda dama, Jill Biden promovió causas como la educación, la prevención del cáncer de mama y los servicios de salud y laborales para los veteranos y sus familias.

“Esperaría que siguiera más el patrón de Michelle Obama, que se involucró en actividades políticas, pero en aquellas que eran más unificadoras que divisivas, como enfocarse en los veteranos, el bienestar infantil, pero no en tratar de que se aprobara un seguro de salud para todos o algo que fuera más político”, comenta Johnson.

“Y si queremos sacar algo de su discurso de la Convención, es que la educación es un tema importante para ella, así que esperaríamos que se enfoque en esto durante su gestión”, dice también.

Karen Kedrowski, directora del Centro Carrie Chapman Catt de Mujeres y Política de la Universidad del Estado de Iowa, también cree que Jill Biden se dedicará a temas educativos.

“Tiene un doctorado en Educación y ha enseñado mucho tiempo en colegios comunitarios así que es especialmente defensora de estos colegios y de cómo les sirven a los estudiantes que de otra forma no accederían a educación superior”, dijo la experta a BBC Mundo.

En la entrevista de agosto con CBS, la periodista Rita Braver le preguntó a Jill Biden si creía que seguiría enseñando en el caso de convertirse en primera dama.

“Eso espero”, respondió.

“¿En serio?”, replicó Braver.

“Me encantaría. Si llegamos a la Casa Blanca, voy a seguir enseñando. Es importante, y quiero que la gente valore a los profesores y conozcan sus contribuciones y elevar la profesión”, dijo Jill Biden.

Pero el profesor Johnson cree que si de verdad siguiera enseñando, sería solo de manera simbólica.

“Si de verdad lo hace, será puramente simbólico porque puede tener un efecto más positivo desde su plataforma como primera dama”, dijo el analista.

Pero Kedrowski ve difícil la logística de que Jill Biden continúe enseñando, por las demandas de tiempo de su cargo en la Casa Blanca y porque si enseñara en persona, “los agentes del servicio secreto” tendrían que estar en la escuela en la que trabaje.

Además, ninguna primera dama de EE.UU. ha mantenido otro trabajo mientras ha estado en la Casa Blanca.

Joe Biden y Jill Biden

Getty Images
Jill Biden hizo una activa campaña por su esposo, Joe Biden.

Pero como demostró durante sus años como “segunda dama”, Jill Biden también tiene otras áreas de interés además de la educación.

“También es muy activa en la prevención del cáncer de mama. Creo que también es probable que continúe con la iniciativa de Michelle Obama para promover la actividad física. Ella es una corredora, así que le interesan esos temas. Imagino que además seguirá trabajando para proveer servicios a los familiares de los veteranos”, opinó Kedrowski.

En una entrevista con la cadena CNN en septiembre, Jill Biden dijo que “relanzaría ‘Joining Forces'”.

“ le pregunté a Beau en qué deberíamos estar trabajando Michelle y yo y me dijo ‘en salud mental’, así que necesitamos expandir los servicios de salud mental para los miembros de los servicios ”, dijo a CNN y agregó que las escuelas también necesitan lo mismo.

En opinión del profesor Johnson, Jill Biden haría bien en seguir promoviendo estas causas pues “son temas que unen a la gente”.

Experiencia previa

Además de las áreas de preocupación de Jill Biden, Johnson destaca la ventaja que le confiere el haber sido segunda dama durante ocho años.

Jill Biden y Michelle Obama

Getty Images
Jill Biden tuvo una relación cercana con Michelle Obama mientras fueron segunda y primera dama, respectivamente.

“Luego de ver durante ocho años a Michelle Obama, tiene una idea clara de las responsabilidades y retos de una primera dama”, dijo el experto.

“Obama fue una primera dama muy exitosa y Jill Biden tiene el lujo de haberla visto de cerca, así que uno esperaría que emule muchas de las prácticas exitosas de su antecesora”, añadió.

A diferencia de Melania Trump, que eligió un estilo más reservado que otras primeras damas, Jill Biden está más acostumbrada a estar en el ojo público, señala Kedrowski.

“Entiende el poder de una primera dama para promover causas”, dice la experta.

Johnson cree que Biden “está mejor preparada que quizá cualquier otra primera dama aparte de Barbara Bush ”.

“Y creo que Jill Biden tuvo una mejor relación, más cercana con Obama, que Barbara Bush con Nancy Reagan”, señala.

Entonces Johnson piensa que Jill Biden “junto a Barbara Bush será la primera dama más experimentada que hemos tenido”.

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BBC

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