Personas con cáncer enfrentan discriminación y presión para renunciar a su trabajo
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Foto: Alejandro Ponce

Personas con cáncer enfrentan discriminación y presión para renunciar a su trabajo

Mujeres con diagnóstico de cáncer narran el desgaste emocional y discriminación que han enfrentado a sus trabajos, y el temor a perder su seguro médico.
Foto: Alejandro Ponce
7 de octubre, 2019
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“¿Tengo que morirme para que me hagan caso?”.

Paloma Ruíz mira a la cámara que graba su testimonio y se queda en silencio, amplificando la gravedad de sus palabras.

De sus ojos no salen lágrimas. Solo impotencia y rabia acumulada hacia quienes acusa de haberle hecho la vida imposible en los últimos cinco años en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH); su lugar de trabajo al que demandó, paradójicamente, por violaciones a sus derechos humanos y discriminación laboral.

Durante la entrevista, Paloma narra que es sobreviviente de cáncer. O para ser más precisos, sobreviviente de tres cánceres: de endometrio (matriz), mama y páncreas.

“En dos semanas me diagnosticaron tres tumores. El impacto en mi vida fue brutal”, dice la mujer sentada en un sofá gris que contrasta con el color rosa mexicano de su blusa.

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Al momento de los diagnósticos corría el año 2014. Paloma llevaba ya un año laborando para la CNDH con un contrato por honorarios como investigadora de la Primera Visitaduría, en temas de delitos y violaciones graves a Derechos Humanos.

Todo iba bien, cuenta la también periodista de profesión. Tanto, que antes de que el cáncer golpeara su vida le ofrecieron renovar un año su contrato e incluirla en la póliza de seguros de gastos médicos mayores que, si bien tenía que pagar ella de su bolsillo, le ofrecía una tarifa preferencial por ser parte de la CNDH.

Por eso, cuando aparecieron los tumores, Paloma tenía al menos la tranquilidad de que el seguro de la CNDH la respaldaba ante el aluvión de gastos que se le avecinaba: cirugías, oncólogos, quimioterapias, medicamentos, y un larguísimo etcétera.

Y al inicio, al menos, fue así: “Me dijeron que contara con todo el apoyo de la CNDH, tanto emocional, laboral, como humano”.

Pero todo cambió en noviembre de 2014 con el nuevo ombudsman, Luis Raúl González Pérez. En ese entonces, la periodista señala que, a pesar de que contaba con la documentación de su incapacidad por las cirugías a la que fue sometida para extirpar los tumores de su cuerpo, la CNDH no renovó su contrato, cortó toda comunicación con ella, y la excluyó sin previo aviso de la póliza del seguro médico.

Paloma asegura que esa decisión la dejó, casi literal, con la cabeza puesta sobre la guillotina.

“Entregué una carta a las nuevas autoridades de la CNDH explicándoles mi situación, pidiéndoles que, por favor, me renovaran el contrato para que yo pudiera salvar mi vida. Pero jamás me escucharon”, narra la periodista.

“Al contrario, me excluyeron. Me borraron de la carta de cobertura médica y para la aseguradora yo ya no existía. Por eso, sin la póliza del seguro, tuve que suspender mis quimioterapias durante un mes y medio, y también las radioterapias”.

A continuación, la comunicadora deja una larga pausa en la narración, toma aire y suelta otra frase lapidaria: “Nunca sabré si eso algún día acabará con mi vida”.

Paloma decidió entonces hacer público su caso y acudió a los medios de comunicación. Como respuesta, la CNDH, bajo la dirección de Luis Raúl González Pérez, emitió un comunicado lamentando la situación de su empleada y explicó que su baja en el seguro médico se debió a que detectaron “irregularidades en la contratación de la póliza que imposibilitaron su extensión”, por lo que anunció una investigación interna para deslindar posibles sanciones contra sus funcionarios.

Además, la Comisión la recontrató en el área de Comunicación Social, con la mitad de salario que tenía previo al cáncer, y la incluyó de nuevo en la póliza de gastos médicos, aunque ella debe pagarlo de su bolsillo.

¿Final feliz para todos?

“Si tres cánceres no me vencieron, la CNDH tampoco lo hará”

Paloma niega con la cabeza y con una permanente sonrisa cansada en los labios cuenta que tras la recontratación inició entonces la segunda parte de su calvario: la revictimización.

“Me pusieron en un rincón, junto a una fotocopiadora, a revisar el archivo basura. Nadie me habla y me evitan como si en lugar de cáncer tuviera una enfermedad contagiosa”.

Tras las quimios y las cirugías, los cánceres están ahora en fase de remisión. Pero Paloma aún sigue en tratamiento oncológico de hormonoterapia para el cáncer de mama que le provoca severos efectos secundarios, como fatiga, vómitos, problemas con la visión y el habla, fuertes dolores de articulaciones y movilidad reducida en el brazo derecho, como secuela de la extracción de ganglios de su axila derecha por la cirugía del cáncer de mama.

Por eso pidió a la CNDH que fuera flexible y le concediera algunas adecuaciones, como disponer de un cuarto durante 15 minutos al día, para quitarse la ropa y aplicarse bolsas de hielo en los músculos atrofiados del brazo donde le extirparon parte de la axila.

“¡Pero hasta eso me están dificultando! -exclama Paloma con el ceño fruncido-. Es como el mundo al revés: el organismo encargado de velar por los derechos humanos se está portando de manera inhumana conmigo”.

Además, dice Paloma sosteniendo un documento de la CNDH en la mano que exhibe en la entrevista, recientemente acaba de recibir otro golpe: la Comisión le informó que su última quincena es de cero pesos debido a que ya sobrepasó los días que gozaba de permiso por ausencia médica. Por lo que, a partir de ya, cada día que falte por visita a sus oncólogos, o para aplicarse algún tratamiento, se lo descontarán de su salario.

Una situación por la que este 2019, ya más recuperada de sus tratamientos, la periodista interpuso una denuncia por discriminación y acoso laboral ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) y ante la justicia administrativa, donde recurrió al juicio de amparo; mismo que fue aceptado el 17 de septiembre pasado por el Juzgado Segundo en Materia Administrativa de la Ciudad de México.

“Yo no pido lástimas, ni misericordia. Solo exijo respeto como persona y como trabajadora. Me han tratado de intimidar de todas las formas posibles, usando todo el poder de una institución como la CNDH en contra de una mujer. Pero si tres cánceres no me han vencido, ellos tampoco lo van a lograr”, sentencia Paloma.

“Ya no nos sirves”

Las cifras de despidos injustificados en México por casos de discriminación por algún tipo de cáncer no son precisas.

La Procuraduría Federal del Trabajo, en una respuesta por transparencia a este medio, señaló que no tienen esos datos concretos.

Mientras que el Conapred, también por transparencia, dijo que entre 2015 y lo que va de 2019 llevan registrados 443 expedientes de quejas y reclamaciones por presuntos actos de discriminación, de los cuales 364, hasta un 82%, fue por discriminación por motivos de salud. Pero tampoco especifica en qué casos la queja fue por cáncer y discriminación laboral.

La abogada laboralista Irene Lira explica en entrevista que, en su experiencia, no hay muchas personas con cáncer que lleguen hasta la demanda por discriminación debido a varios factores: desconocimiento de las leyes mexicanas, desconfianza en las autoridades de investigación y de justicia, o el evidente desgaste físico y emocional que ya está padeciendo la persona enferma, que prefiere gastar su energía en combatir al cáncer y salvar la vida.

Pero en los casos que Lira ha llevado de despidos injustificados, especialmente de pacientes con cáncer de mama y de colón, el padrón de conducta contra los empleados es muy similar.

“Cuando un trabajador o trabajadora avisa a su patrón del diagnóstico de cáncer, el escenario inmediato que enfrenta es el de un rechazo total”, subraya la abogada, que añade que entonces pasan dos cosas: que aíslen al empleado quitándole buena parte de sus funciones y de su salario; o, por el contrario, que carguen al empleado con exceso de trabajo para que éste se desgaste poco a poco y acabe renunciando, o aceptando un despido bajo las condiciones del patrón.

“En estos casos, aunque esté justificada la inasistencia del empleado, las empresas toman como pretexto la condición de salud para decirles ‘es que ya no nos sirves, tu situación nos está causando incertidumbre, tienes mala actitud, faltas mucho, o estás generando mal ambiente con los compañeros’”, plantea Lira.

Otra situación habitual en los casos que lleva la abogada es que el empleado con diagnóstico de cáncer es objeto de un desgaste emocional por parte del patrón que, incluso, cuenta con la complicidad de otros empleados: “Es común que el jefe, o los propios compañeros, hagan comentarios del tipo ‘ya llegó la enferma, o cuidado con la problemática’ para que el empleado sienta un rechazo general y acabe renunciando”.

Ante este panorama, el también abogado Luis Armando Castañeda explica que tanto la Constitución mexicana, como la Ley Federal del Trabajo, protegen, o deberían hacerlo, al empleado o empleada con cáncer. Y que hay dependencias como la Procuraduría del Trabajo que están obligadas a dar apoyo y asesoría legal gratuita a los trabajadores, para que puedan interponer demandas en materia laboral. Mientras que el tema de la discriminación puede denunciarse penalmente ante el Ministerio Público, y ante organismos públicos como el Conapred, o el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred).

Como una “apestada”

El caso de Artemisa Del Valle López, sobreviviente de cáncer de tiroides, es el resumen perfecto que corrobora todo lo expuesto por la abogada en la entrevista.

Sentada a la mesa de un café en la Ciudad de México, la mujer de 34 años narra que trabajaba como administradora y contable de una cadena de restaurantes, cuando en noviembre de 2014 le diagnosticaron la enfermedad.

Como en el caso de Paloma, el diagnóstico fue vertiginoso y sorprendente: Artemisa había ido al hospital por una simple torcedura en el tobillo derecho. Una vez en el centro médico, le hicieron unos estudios previos a la cirugía de los ligamentos dañados y los doctores detectaron algunas anomalías en los resultados. De ahí, Artemisa fue enviada con un endocrino que le hizo nuevas pruebas. Y en poco tiempo, la bomba: tenía cáncer.

“Entré al hospital con un esguince de tobillo y salí con un cáncer de tiroides”, resume Artemisa encogiendo los hombros y con una sonrisa de ‘así son las paradojas de la vida’, que da cuenta de su peculiar sentido negro del humor.

Tras el diagnóstico, Artemisa fue sometida a una cirugía que le dejó como recordatorio una cicatriz en la garganta que adorna con un collar de muchos colores y una calaca, y otra terrible consecuencia: la dejaron hipoparatoidea. O, en otras palabras, tiene que tomar de por vida hasta 150 pastillas de calcio al día. De lo contrario, puede sufrir paros cardiacos, como el que ya tuvo hace un par de años.

Al principio no hubo problema en el trabajo. Estuvo nueve meses de baja laboral tras la cirugía para remover el tumor y se reincorporó a su puesto. Pero, al poco tiempo, Artemisa inició una terapia de yodo; un tratamiento de medicina nuclear que utiliza pequeñas cantidades de material radioactivo para atacar las células cancerígenas.

“Soy una mujer radioactiva. ¡Ya soy mutante!”, ríe Artemisa a carcajadas cuando recuerda los días de terapia, aunque el relato de sus cinco días internada en el Hospital Siglo XXI no es desde luego una broma. Y menos aún lo que sucedió después, cuando se reincorporó a su puesto y tanto jefes como compañeros se negaron a trabajar en la misma oficina que ella por temor, literal, a que los enfermara de cáncer debido a la radioactividad de su tratamiento.

“Me encontré con toda la ignorancia del mundo y con una discriminación muy fuerte. No querían trabajar conmigo. Si yo entraba a la cocina a por un café, todos salían corriendo como si tuviera la lepra, o como si fuera una apestada”.

La “consentida”

De poco o nada sirvió una carta al departamento de recursos humanos de su empresa, quejándose de la discriminación. Al contrario, Artemisa denuncia que una de las dueñas de la cadena de restaurantes inició un desgaste continuo hacia ella, diciéndole que “ya no era funcional” para la empresa, que “ya nadie quería trabajar con ella”, o poniendo en duda, incluso, que realmente tuviera cáncer.

Sobre este punto, Artemisa explica que, a diferencia de otros tipos de cáncer, como el de mama, en el de tiroides el tratamiento no deja tantas secuelas físicas “visibles”. No se te cae el cabello, por ejemplo. Y no bajas de peso, o al menos no fue así en su caso.

“No creían que tuviera malestares físicos, ni dolores, ni agotamiento. Por eso llegaron a decirme que estaba tirándole al cuento para no trabajar”.

Incluso, hubo quejas de los compañeros porque Artemisa pidió a sus jefes no tener que ir a hacer los pagos de las nóminas a los bancos, debido al agotamiento crónico que padece como efecto secundario de los tratamientos del cáncer.

“Muchos empezaron a decir: ajá, y por qué ella no hace esto. Claro, ella es la enfermita, la consentida”. Mientras que la dueña se le acercaba para dejarle comentarios del tipo: “¡Qué milagro! Hoy sí viniste a trabajar”.

Y este es, precisamente, otro punto con el que empezaron a atacar a Artemisa: tras reincorporarse de la cirugía, la empresa le daba posibilidad de ir a sus consultas médicas y regresar a su puesto de trabajo. Pero, poco después, eso también cambió: podía ir a sus consultas, sí, pero si no entraba a su puesto de trabajo a las nueve de la mañana ya se contaría como día perdido, descontándoselo, obvio, de su salario.

A pesar de todo, Artemisa dice que no tuvo más remedio que apretar los dientes y aferrarse a su empleo.

“Es una situación en la que estás permanentemente con una guillotina en el cuello por la amenaza de que, si pierdes el empleo, además de perder tu salario pues también pierdes el seguro médico del IMSS. Y entonces, ¿cómo pago por el médico privado todas las medicinas y tratamientos que necesito?”, pregunta la mujer, que expone que solo en pastillas de calcio llega a gastar hasta 12 mil pesos al mes, mientras que los tratamientos de yodo cuestan entre 80 y 100 mil pesos.

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“Por eso, aunque los patrones intentan cansarte para que tú renuncies y te vayas, aguantas como sea”.

Pero finalmente no la despidieron. Artemisa cuenta que la empresa se fue a pique porque el negocio no marchaba bien. Por fortuna, ella ya había iniciado antes los trámites para que le dieran una pensión vitalicia por discapacidad -el hipoparatiroidismo, la secuela que le dejó el cáncer de tener que tomar de por vida altas dosis de calcio, está catalogada como incapacidad permanente-, y el IMSS ya aceptó dársela, aunque aún falta que se complete el trámite administrativo.

Dentro de la gravedad de su situación, Artemisa tuvo relativa buena suerte, admite.

Pero se pregunta constantemente qué hubiera pasado si hubiera perdido la protección del seguro médico, su único salvavidas.

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Emma Coronel y el creciente papel de las mujeres en el narcotráfico de México

Emma Coronel, esposa de "El Chapo", es la última pareja de un líder del narco mexicano en ser acusada de participar activamente en los negocios de su marido. Los roles de las mujeres en estos grupos son diversos y, en muchas ocasiones, acaban siendo víctimas de la propia violencia del crimen organizado.
25 de febrero, 2021
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La acusación de Estados Unidos que llevó a la reciente detención de la esposa de Joaquín “El Chapo” Guzmán es tajante al describir su supuesto grado de implicación en las actividades delictivas del capo.

El señalamiento judicial sobre Emma Coronel, quien enfrenta cargos de narcotráfico internacional, afirma que la joven tenía absoluto conocimiento de las operaciones del cartel de Sinaloa dirigido por su marido y que, presuntamente, participó en algunas de sus operaciones.

“Coronel entendía que los ingresos de la droga que controló durante su matrimonio con Guzmán derivaban de estos envíos (de droga a EU). De 2012 a 2014, transmitió mensajes en nombre de Guzmán para promover actividades de narcotráfico mientras él intentaba evitar su captura por parte de las autoridades mexicanas”, se lee en el documento.

La joven es incluso acusada de conspirar para que “El Chapo” pudiera escapar de una cárcel en México mediante el pago de un millonario soborno a funcionarios antes de que finalmente fuera extraditado a Nueva York y condenado a cadena perpetua.

Será la justicia la que determine la veracidad de esta investigación en la que se citan testigos cooperantes anónimos y cartas, pero a juzgar por los cargos, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) parece tener claro que Coronel no era en absoluto ajena a los negocios de “El Chapo”.

Como supuestamente en su caso, la presencia de las mujeres en el narcotráfico y otras actividades del crimen organizado creció en los últimos años en México y, con ello, sus roles también han ido variando.

“El papel de las mujeres en general ha ido en aumento en estas organizaciones. Coronel viene además de una familia de narcotraficantes y, por la edad que tiene, no es una persona que haya podido estar de manera pasiva” ante lo que ocurría a su alrededor, le dice a BBC Mundo Alberto Islas, experto en seguridad.

Precisamente por ese entorno condicionante y por las características de un mundo absolutamente dominado por hombres, entender los motivos por el que las mujeres se implican en él resulta bastante más complejo que asociarlo a un simple y único deseo de poder y dinero.

Roles diversos

Según el informe de 2020 “Mujeres y crimen organizado en Latinoamérica: más que víctimas o victimarias”, las mujeres “no solo ejercen una multiplicidad de roles, sino que oscilan fluidamente entre la condición de víctimas y objetos y la de protagonistas y sujetos activos de las acciones criminales”.

No obstante, el informe de la Universidad del Rosario en Colombia e InSight Crime identifica que la mayoría de mujeres en estos grupos asumen roles criminales de baja responsabilidad que los líderes hombres les delegan.

Cartel de El Chapo

AFP
La mayoría de mujeres en el crimen organizado asumen roles de baja responsabilidad que los líderes hombres les otorgan.

Estos papeles abarcan desde trabajo en cultivos de droga, como “mulas” para transportar sustancias, en la organización logística y financiera o en labores de microtráfico o “narcomenudeo”, entre otras.

Sin embargo, y aunque son una clara minoría, el estudio destaca que también hay mujeres “que ejercen distintos papeles por voluntad propia, que pueden ser protagónicos y a veces de liderazgo”.

En el caso de México, uno de los nombres más reconocidos es el de Enedina Arellano Félix, a quien en su momento las autoridades mexicanas consideraron la única mujer al frente de una organización de narcotráfico por ser jefa del cartel de Tijuana.

Conocida como “La jefa” o “La narcomami”, llegó a esa posición después de que casi todos sus hermanos varones —fundadores del cartel— perdieran la vida o fueran capturados por las autoridades.

Otro caso muy popular es el de Sandra Ávila Beltrán o “La reina del Pacífico”, a quien se le acusó cuando fue detenida en 2007 de ser una pieza clave en las operaciones del cartel de Sinaloa.

Sin embargo, ella siempre negó tener influencia en el negocio del narcotráfico y algunos creen que, más por sus actividades, cobró más fama realmente por creerse que inspiró la novela “La reina del sur”, algo que su autor Arturo Pérez-Reverte negó.

libro de Sandra Avila

BBC
Ávila relató su historia en el libro “La reina del Pacífico: es la hora de contar”.

También está Leticia Rodríguez Lara, conocida como “La reina de la Riviera Maya”, quien controló esta zona turística y se enfrentó para defender su mercado contra el Cartel Jalisco Nueva Generación de “El Mencho”.

O Ignacia Jasso, “La Nacha”, una de las mujeres pioneras en el narcotráfico en México al dedicarse al tráfico de drogas en el estado de Chihuahua desde 1930.

Víctimas y relaciones sentimentales

“Es cierto que, y probablemente venga de la evolución de la igualdad de género en los últimos años, hay un empoderamiento ‘para mal’ de mujeres que van tomando liderazgo en estructuras criminales” en pequeñas o medianas bandas, le dice a BBC Mundo Sandra Romandía, periodista mexicana especializada en temas de narcotráfico.

Sin embargo, la experta destaca que en un gran número de casos hay un factor fundamental a la hora de entender el estatus de estas mujeres en el crimen organizado: sus relaciones familiares o sentimentales.

Así, son muchas las esposas, madres o hijas a las que se ha señalado por haberse implicado en el negocio de líderes de carteles o incluso haberlo asumido después de que estos murieran o fueran detenidos, como Enedina Arellano.

Lo vimos por ejemplo poco antes de la detención del líder del cartel de Santa Rosa de Lima, José Antonio Yépez “El Marro”, cuando su madre, hermana y prima fueron también arrestadas como presuntas operadoras financieras del grupo criminal pero fueron liberadas tras denunciar tortura.

En muchas ocasiones, novias o esposas de líderes acaban convirtiéndose en víctimas subordinadas a los hombres al ser utilizadas, por ejemplo, para ayudarlos a cometer delitos.

Según el informe de Insight Crime, el encarcelamiento de mujeres en América Latina por delitos asociados al crimen organizado, en especial el narcotráfico, aumentó en la última década.

En México, la población carcelaria femenina general creció un 56% entre 2010 y 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía recopilados por el informe.

Carcel en Mexico

Getty Images
El número de mujeres en prisión en México creció un 56% entre 2010 y 2015.

“Está documentado que no todas, pero muchas de las mujeres que cumplen condena por delitos de drogas, lo hacen por lealtad a sus parejas o por amenazas de ellos“, destaca Romandía.

Según la experta, muchas de estas situaciones surgen un esquema machista en el que las mujeres tienen miedo a decir que no, lo que tiene más que ver con la estructura de valores del propio género “y no tanto como un deseo de poder de ellas” para adentrarse en ese negocio.

“Y, en muchos casos, no es más que una inercia de seguir el negocio familiar porque es lo que les dejó el esposo, y es lo que saben hacer”, agrega la coautora del libro “Narco CDMX”.

Feminicidios y crimen organizado

Según datos del servicio de emergencias 911 en México del pasado mes de agosto, en torno al 60% de los asesinatos de mujeres hasta entonces en 2020 estarían relacionado con el crimen organizado.

Pero eso no quiere decir que todas las mujeres estén involucradas en ello. En ocasiones, de nuevo, se convierten en una especie de víctimas colaterales de las actividades ilícitas de sus parejas.

Cartel en manifestacion contra violencia de genero en CDMX

AFP
Hasta el 60% de los asesinatos de mujeres durante los primeros meses de 2020 en México estaban relacionados con el crimen organizado.

“Algunas son asesinadas simplemente porque tienen un parentesco o son pareja sentimental de alguien del grupo contrario. También algunos usan los cuerpos de las mujeres para mandar mensajes amenazantes a sus rivales”, le dice a BBC Mundo la investigadora María Salguero.

Salguero, creadora del Mapa de Feminicidios en México en el que recopila desde hace años todos los que se registran en el país, dice que estas muertes vinculadas al crimen organizado se mantuvieron también en pandemia, lo que demostró que “no todas las mujeres estaban siendo asesinadas por sus parejas en el confinamiento”.

La experta no niega que haya mujeres involucradas directamente en narcotráfico, pero incluso en estos casos, alerta que muchas veces hay causas relacionadas directamente con su género que explican su decisión.

“Casi siempre hay historias de desigualdad detrás de ellas. Siendo narcomenudistas, pueden ganar como un dólar por paquete que venden. Son mujeres vulnerables que a veces tienen que sacar adelante a la familia, no encuentran trabajo… y se involucran en estos grupos, muchas veces motivadas también por el entorno”, explica.

“Buchonas”

La realidad de muchas de estas mujeres descrita por los expertos, por tanto, dista mucho de la imagen de lujo o glamour que muestran algunas películas o series de televisión sobre “reinas del narco”.

El concepto de la narcocultura es el que exalta la violencia del narcotraficante y todo el dinero ganado con su negocio criminal, mientras que sus mujeres pueden ser vinculadas al mundo del crimen organizado casi como objetos que los hombres utilizan para exhibir su poder y éxito.

Tequila de El Chapo

AFP
El nombre de “El Chapo” fue incluso registrado como marca por una de sus hijas para producir tequilas, joyas y otros artículos y como modo de atraer la atención de cierto público.

Estas mujeres, conocidas popularmente como “buchonas”, presumen con orgullo de ser la pareja de un líder criminal y de la vida de lujo que eso les permite llevar en forma de joyas, autos de lujo u operaciones quirúrgicas para lucir cuerpos esculturales.

Esa cultura del derroche y de ostentación del dinero suele ser más habitual entre parejas sentimentales de mandos medios o medios-bajos de grupos criminales.

Pero llama mucho la atención que Coronel, siendo esposa de uno de los capos más buscados del mundo como lo fue “El Chapo”, tuviera una presencia tan mediática y pública.

En los últimos meses, promocionaba empresas entre su casi medio millón de seguidores en Instagram. Intentó crear una marca de ropa y accesorios de lujo con el nombre de su marido e incluso apareció en un programa de televisión enfocado en la vida de personas o familiares vinculados en algún momento con carteles.

“Su actitud y falta de discreción fue desafiante e, indudablemente, con ese protagonismo en medios estaba cruzando líneas rojas en términos de tolerancia de las autoridades”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, analista y experto en seguridad de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UNAM.

Coronel

Getty Images
Coronel tenía una presencia mediática muy poco habitual entre parejas de grandes capos del narcotráfico.

El hecho de que las mujeres en el crimen organizado no sean aún tan conocidas responde, indudablemente, a que su presencia es todavía anecdótica en comparación con los hombres. Pero Romandía pronostica cambios.

“Aún no hay un liderazgo de mujer que esté poniendo en jaque a las autoridades. Pero sí probablemente lo empezaremos a ver en los próximos años, por el papel importante que algunas están tomando en bandas de menor tamaño”, dice.

“Aún no han tenido una exposición mediática muy evidente como para que se cree un personaje o una leyenda alrededor de ellas… pero acabará ocurriendo”, concluye la periodista.


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