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Cuartoscuro

CNDH emite recomendaciones para el IMSS por la muerte de dos pacientes relacionadas con atención inadecuada

Los casos se registraron en Tamaulipas y Guanajuato; en ambos casos se evidenció un mal trabajo del personal médico y administrativo.
Cuartoscuro
4 de octubre, 2019
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La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió dos recomendaciones para el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) por la muerte de dos pacientes relacionadas con una atención inadecuada en hospitales de Tamaulipas y Guanajuato. 

El primer caso ocurrió en la ciudad de Nuevo Laredo el 3 de octubre de 2017. Aquel día una mujer llevó a su hijo de 26 años a la Unidad Médica Familiar 76, debido a que éste cayó en su trabajo y presentaba dolores en la columna vertebral, espalda y pies.

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De acuerdo con la madre, al llegar al hospital un médico aplicó dos inyecciones al joven sin informar qué medicamento era para después mandarlo a casa. 

A las 3 de la mañana del día siguiente, la mujer encontró a su hijo tirado en el piso de su recámara gritando por los dolores y sin poder caminar por lo que lo llevó al Hospital General de Zona número 11, donde ingresó una hora después al área de urgencias, sin que personal médico o de enfermería lo revisara o tomara sus datos.

Después de un rato, según la mujer, le pusieron suero y oxígeno, y lo llevaron a un cuarto. Momentos después su hijo le dijo “que no sentía las manos”, por lo que ella pidió ayuda a dos doctores que no atendieron su llamado al momento. 

Más tarde los médicos solo revisaron “el nivel de azúcar” del paciente e informaron a la madre que le harían unas radiografías, pero necesitarían a un médico que las leyera, ya que “la máquina” estaba descompuesta.

Después de esto, el joven habló con su padre alrededor de 25 minutos, mientras su madre esperaba afuera. Cuando su padre salió del cuarto ambos “se dieron cuenta que un médico presionaba el pecho de su hijo y le daban primeros auxilios”. 

A las 7 de la mañana de ese mismo día el personal médico les informó que su hijo había muerto por un infarto.

Leer: ¿Qué opina la gente de los servicios del IMSS? Más del 60% dice que el abasto de medicamentos es “muy malo”

Más tarde cuando el personal de la funeraria contratada entregó el cuerpo a sus padres, éstos notaron que arrojaba líquido y sangre por oídos y nariz, por lo que un familiar presentó denuncia ante el Ministerio Público y personal de la Procuraduría Estatal acudió a la funeraria para revisar el caso.

Ante estas irregularidades, la madre presentó una queja ante la CNDH el 21 de septiembre de 2018. Luego de una investigación, la Comisión determinó que la muerte del joven ocurrió a consecuencia de una inadecuada atención médica, así como omisiones en el interrogatorio, valoración, diagnóstico y monitoreo de sus signos vitales.

Además la CNDH encontró que el personal médico suministró un medicamento que disminuye la presión arterial de manera súbita, en lugar de uno que lo hiciera de manera paulatina. 

“El joven falleció debido a que presentaba potasio bajo en la sangre y no se suministró su reposición, lo que provocó el infarto”, refiere la CNDH.

El segundo caso ocurrió el 9 de diciembre de 2017, en la Unidad de Medicina Familiar número 49 (UMF-49) de Celaya, Guanajuato. Una mujer acudió a dicho hospital con su hija (diagnosticada con diabetes mellitus 9 años atrás) presentaba un fuerte dolor abdominal.

En esta primera visita los médicos de la unidad solo recetaron a la paciente un antiinflamatorio de nombre “Sulindaco”. El 17 de enero  la mujer acudió nuevamente a la UMF 49 con el mismo dolor abdominal y esta vez solo le dieron “Diclofenaco”. 

Al no disminuir el dolor, una semana después la paciente acudió al área de urgencias del Hospital General de Zona 4 (HGZ-4), donde pidió que le realizaran un ultrasonido, mismo que le fue negado, al tiempo que un médico le diagnosticó un “quiste ovárico” y le recetó “brupracil”.

El mismo doctor la envió a casa y le dijo que su situación “no era de gravedad y debía acudir con su médico familiar”. Sin embargo la mujer empeoró al otro día por lo que regresó a urgencias del HGZ-4 y finalmente fue hospitalizada.

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Un día después, cuando fue al baño “perdió la fuerza” y cayó. Hasta ese momento, un médico solicitó una radiografía de abdomen, cuyos resultados fueron revisados por una doctora quien dijo que la paciente no tenía nada. Pero a las 4 de la tarde de ese mismo día la mujer tuvo que ingresar al quirófano para ser intervenida por apendicitis.

La madrugada del 2 de febrero, día en que sería dada de alta, la paciente respiraba con dificultad, por lo que su madre encontró pidió ayuda a una enfermera la cual le aplicó una inyección que provocó que la paciente dejara de hablar y le dificultó aún más la respiración.

Después de esto, el jefe de cirugía del hospital, dijo a la madre de la paciente que su hija estaba muy grave y presentaba índices altos de “azúcar en sangre” por lo que le aplicarían “10” de insulina rápida y le darían “reanimación”.

A las 10:30 de la mañana le informaron que había muerto. Su hermano observó que las sábanas que quitaron de la cama donde falleció estaban llenas de sangre, pese a que las heridas de la cirugía se encontraban cerradas.

Ante esto la familia presentó una queja ante la CNDH el 21 de diciembre de 2018. Luego de revisar el caso, la Comisión solicitó el expediente clínico de la víctima, pero el encargado de la Dirección del HGZ-4 aseguró que dicho documento había robado del hospital, junto con el certificado de defunción.

Así la CNDH determinó que se cometieron violaciones al Derecho de acceso a la información en materia de salud y a la verdad, en virtud de que no se podrán establecer responsabilidades individuales y conocer las razones del fallecimiento de la víctima.

Además señalaron que los servidores públicos del HGZ-4 del IMSS “no garantizaron la conservación de su expediente clínico, que permitiera acreditar la calidad de la atención médica que se le otorgó ante la urgencia que presentaba”. 

Por estos dos casos, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos recomienda al director general del IMSS, Zoé Robledo Aburto, la reparación integral a los familiares de ambos pacientes fallecidos, incluida la compensación y atención médica, psicológica y tanatológica, así como su inscripción en el Registro Nacional de Víctimas.

También solicitan al IMSS colaborar en las quejas e integración de las Carpetas de Investigación de las denuncias que presenten en el Órgano Interno de Control en el IMSS y en la Fiscalía General de la República, contra el personal que intervino en los casos. 

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#YoSoyAnimal
Foto: Cortesía José Reyes

Las razones por las que muchos latinos no hablan español en EU

Muchos estadounidenses de origen mexicano que crecieron en EU durante la década de 1960 fueron discriminados e incluso castigados por hablar español en las aulas de clase, lo que hizo que muchos abandonaran el idioma para siempre. José Reyes vivió uno de estos traumas pero decidió luchar por ser bilingüe.
Foto: Cortesía José Reyes
4 de noviembre, 2019
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El español ha tenido una fuerte presencia en Estados Unidos desde hace siglos, pero no siempre ha sido bienvenido.

Pese a que el país norteamericano no tiene designado el inglés como idioma oficial, este ha dominado en las escuelas públicas, instituciones y demás ámbitos de la sociedad.

Y aunque el español es el segundo idioma más hablado en el país, en diferentes épocas su uso ha sido marginado y sus hablantes discriminados por su acento y apariencia.

En el caso de José Reyes, incluso llegó a ser castigado en el aula de clases.

Reyes vivió una serie de traumas en torno a su idioma nativo en la década de 1960 y decidió transformarlas en experiencias constructivas que lo llevaron a convertirse en profesor bilingüe.

Esta es su historia.


La foto escolar

Cortesia Jose Reyes
Reyes, el primer niño en la segunda fila de izquierda a derecha, no sabía inglés cuando entró a la escuela primaria.

Nací en Estados Unidos en julio de 1959, en un pequeño pueblo llamado Ysleta, en la frontera con México.

Mi madre es de Jalisco y mi padre de Parral, Chihuahua. Por alguna fortuna se conocieron en Ciudad Juárez en 1956 y mi padre, siendo persistente, la conquistó.

Inmediatamente después de nacer nos mudamos a Juárez de nuevo y viví allí hasta los 3 años. Cuando mi padre perdió a su madre, decidieron volver a Estados Unidos y como en 1962 llegamos de nuevo aquí.

Alquilamos y nos movimos entre casas de parientes hasta finalmente tener nuestra propia casa en El Paso.

El Paso era un lugar amigable, donde la frontera no nos separaba ni nos marcaba.

Creo que el ambiente era más tolerante porque el que hablaba español o venía de México venía a trabajar, a servir. Mi abuela cuidaba una casa y mi padre hacía trabajos en una cocina.

Mi madre se quedaba en casa cuidando de mí y mis otros cinco hermanos.

Mapa de Ysleta, El Paso, Texas

BBC
Reyes se crió en Ysleta, en la ciudad tejana de El Paso.

A los 5 años, alguien le puso a mi mamá en la cabeza que yo ya necesitaba ir a la escuela así que me inscribieron en un programa especial de verano.

Fue una experiencia muy positiva. Mi abuela materna iba por mí, me compraba mi soda y mi helado, íbamos a su casa y luego ya me regresaban a mi casa.

En el otoño del 65, entré en primer grado en la escuela Houston. Me tocó una maestra muy bonita llamada Ms. Love.

Mis padres me decían que tenía que ser obediente y respetarla mucho.

Pero pronto aprendí que el lenguaje no era el mío y no me sentía muy a gusto. Batallaba mucho porque el inglés era un idioma que no conocía.

En esa época, no había tolerancia con el español.

En el aula teníamos grupos de lectura y a los que sabían leer les llamaban los yellowbirds y bluebirds (azulejos).

Los que no sabíamos leer íbamos al grupo de los blackbirds, es decir, los buitres.

Nos dijeron en la escuela que no podíamos hablar español. No Spanish, repetían.

La boleta escolar de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes obtuvo la calificación de “insatisfactorio” en su boleta de notas del primer grado.

Y nos advirtieron que si nos pillaban hablando español, habría consecuencias.

A muchos de los estudiantes incluso les ponían a escribir planas con la frase I will not speak Spanish (“No hablaré español”).

A otros compañeros los castigaban poniéndolos aparte.

Una vez el castigo me tocó a mí después de que hablé español.

Ms. Love me llevó al lavabo, abrió la llave, tomó una toalla de papel y la embarró con un jabón muy áspero que se llamaba Borax.

Empezó a lavarme la boca.

Creo que pensó que, simbólicamente, así borraría el español de mí.

De ahí en adelante me convertí en un estudiante muy silencioso y avergonzado. Tenía unos 6 o 7 años.

La familia Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes (abajo a la izq) junto a sus hermanos.

Les platicaron a mis padres del incidente y ellos me dijeron que debía acatar.

Me sentí defraudado, fuera de lugar. Lo bueno es que mi abuela y mi tía me invitaban a leer con ellas en español y vivía momentos muy tiernos a su lado.

Durante el segundo año de la escuela, nos tocó una maestra nueva llamada Ms. Justice que nos tenía bien disciplinados.

Nos tenía sentenciados en cuanto al uso del español y exigía que fuésemos eficaces con el inglés.

Mi relación positiva con el inglés vino a través de lo que veía en la televisión. Caricaturas, el programa de Johnny Carson… lo que pudiese consumir.

También aterrizamos en la biblioteca de la escuela con un compañero y entre él y yo empezamos a descubrir la literatura infantil en inglés.

Ya en el cuarto grado, cuando tenía unos 11 años, me tocó una maestra hispana por primera vez, la señora De la Torre.

Ella era inclusiva y nos ayudaba, nos enseñaba en inglés y en español.

El profesor José Reyes

Cortesia Jose Reyes
José Reyes ha sido maestro bilingüe en Texas y Nuevo México durante décadas.

Teníamos un libro de texto llamado “Paco en el Perú” y leyéndolo me fui dando cuenta de cómo mis amigos americanos empezaban a jugar con el idioma.

“Hola, Paco, qué tal are you?”, decían.

Me fascinaba que si ellos podían manipular el español, entonces yo podía hacer lo mismo con el inglés.

El gran dilema de nuestro tiempo es que había un gran anhelo por parte de los padres de que los niños dominaran el inglés.

Mi padre me tenía como su intérprete; muchas veces me ponía a traducirle el correo y eso me daba gran frustración.

Ni de aquí ni de allá

Luego vino el trauma de recibir el apodo de “pocho” que usan para llamar a los que no somos ni de aquí ni de allá, los semilingües, los que mezclan idiomas.

Nuestros familiares en Juárez se burlaban de mi forma de hablar y eso hizo que quisiera dejar de ir.

La experiencia me hizo pensar en mi identidad como algo que siempre estaba en proceso.

Pasaron los años y llegué al high school, donde me tocó un gran maestro de español, un cura que nos pidió que rezáramos el Padre Nuestro.

Ponía a la derecha a los que no sabían español y pensé que me pondría en el lado opuesto.

Graduación de la universidad de José Reyes

Cortesia Jose Reyes
Reyes se graduó como profesor bilingüe en 1981.

Pues no. Al ver que recitaba un Padre Nuestro obsoleto que me enseñó mi abuela, se dio cuenta de que era pocho.

Nos dijo que hablábamos español pero no leíamos ni escribíamos, entonces quería desarrollar nuestro conocimiento de gramática y sintaxis.

De ahí empecé a forjar la idea de convertirme en maestro.

Me enteré que se habían firmado las leyes de derechos civiles y aprendí que como estudiante tenía algunos derechos. Y que en la universidad existía una certificación de maestro bilingüe.

Me gradué de la universidad en 1981 y de ahí empecé a trabajar como maestro de inglés como segundo idioma y luego como maestro bilingüe en Nuevo México.

Después di clases de noche durante 29 años en El Paso. Decidí enseñar de noche por justicia a mi padre, que asistió a escuelas de inglés para adultos y luchó por aprender.

Mi historia no es para causar pena. De hecho, todavía aprecio mucho a Ms. Love y Ms. Justice.

El que se sintió oprimido por un sistema puede reconciliarse con la idea de que mucho de eso se hizo por ignorancia.

En la actualidad, seguimos peleando un idioma sobre otro y no nos preguntamos por qué no podemos tener dos o más o por qué nos limitamos solo a uno.

Como maestro, lucho con algunos padres que vienen a inscribir a sus hijos y ya vienen con una idea preconcebida de que el inglés es mejor que el español.

Pero el español tiene su lugar en Estados Unidos, ¿por qué no celebrarlo?


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10158129017419665


*Esta nota es parte de la serie “¿Hablas español?”, un viaje de BBC Mundo por Estados Unidos para mostrar el poder de nuestro idioma en la era de Trump.


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