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Cortesía de PHR

Con estrés postraumático y depresión, así viven en México los migrantes que buscan asilo en EU

La organización Médicos por los Derechos Humanos detectó en los solicitantes problemas de salud mental derivados de los peligros abordados en sus países de origen, el tránsito y la espera, en condiciones precarias.
Cortesía de PHR
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Un informe elaborado por la organización Médicos por los Derechos Humanos (PHR, en sus siglas en inglés), pone de manifiesto el estrés posttraumático y la depresión que sufren los solicitantes de asilo en Estados Unidos que esperan en el norte de México. Para elaborar el estudio, los expertos de la organización entrevistaron a 18 demandantes de protección de Honduras, El Salvador, Nicaragua y México. En casi todos los casos detectaron problemas de salud mental derivados de los peligros abordados en sus países de origen, el tránsito y la espera, en condiciones precarias, en nuestro país.

Los casos muestran la diversidad de razones que mueven a miles de personas a dejar su casa y tratar de alcanzar Estados Unidos: extorsión; presiones de las pandillas como el Barrio 18 o Mara Salvatrucha (MS-13) para sumarse a sus filas; abuso sexual; discriminación por género o ataques de grupos delincuenciales. 

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Tres de los solicitantes evaluados habían sufrido violencia perpetrada por actores estatales, mientras que el resto fue blanco de actores no estatales. Esto suele dificultar el acceso al asilo, ya que los casos de ataque de pandillas o la violencia de género es tomada en cuenta por jueces norteamericanos. 

El informe de PHR indica que hay violencias que atacan a sectores específicos de la población. Por ejemplo, señala que todos los hombres jóvenes entrevistados indicaron que las pandillas les habían instado a entrar en su estructura. Quien se niega puede ser incluso asesinado. En el caso de las mujeres, la práctica es convertirles en víctima de violencia sexual tanto para obligarles a entrar en la pandilla como “novia” de uno de sus miembros, o como castigo si su pareja no quiere participar en la estructura. 

La población LGTBI sufre sus propias problemáticas, con “amenazas, arrestos arbitrarios, asesinatos y otros actos de violencia por parte de actores estatales y no estatales”.

Este informe busca desmontar afirmaciones como las formuladas por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien puso en cuestión las verdaderas motivaciones de los solicitantes de asilo e insinuó que se trataban de estrategias para poder migrar. 

Esta mujer huyó de su casa con su familia después de que tres familiares fueron asesinados por pandillas

En el puerto de entrada de Estados Unidos, en Tijuana, la cantidad de solicitantes de asilo autorizada para cruzar por día está fuertemente limitada por la “medición”.

En este sentido, “PHR descubrió además que las políticas estadounidenses han dejado a los solicitantes de asilo varados en Tijuana, donde son vulnerables a la violencia, el robo y la extorsión por parte de cárteles, pandillas y autoridades policiales”, detalla el informe. 

“Las actuales políticas de asilo estadounidenses que restringen el derecho de los solicitantes de asilo a ingresar a los Estados Unidos infligen un trauma más profundo en ellos con cada día que se ven obligados a esperar. Muchos de los entrevistados por PHR informaron sentirse bajo amenaza inminente durante su viaje a la frontera”, señala. 

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12 de los 15 adultos entrevistados dieron positivo por trastorno de estrés postraumático (TEPT). Muchos de ellos también dieron positivo en depresión e hipervigilancia y ansiedad. 

“Los hallazgos de PHR proporcionan un argumento convincente para que el gobierno de los Estados Unidos permita que las personas soliciten asilo de manera rápida y justa y demuestren cómo las políticas restrictivas pueden agravar el estrés y los daños que sufre este grupo de personas ya traumatizado”, dice el informe, que exige al gobierno de Donald Trump que “deje de obstaculizar de inmediato el derecho internacionalmente reconocido de solicitar asilo”.

“Siempre me dijo que me mataría y me enterraría si no iba con él”

Adriana, de 18 años, escapó de la violencia machista de El Salvador. Se emparejó con un pandillero que le amenazaba con matarle si le abandonaba. Se encargaba de las labores del hogar de su conviviente. Quedó embarazada y apenas tenía para comer. La menor de edad relata que ni siquiera le permitía dejar la casa después de que un día salió a comer con su abuela. 

Tras una discusión en la que ella le reclamó por no tener qué comer, el pandillero le golpeó en el estómago hasta que le hizo perder a los gemelos que esperaba después de permanecer 20 días en el hospital. Por eso huyó junto a su madre. 

En su análisis clínico muestra dificultad para dormir y una alta facilidad para sobresaltarse. Ella dice sentirse “irritable, estresada y fácil de enojar”. Tiene pesadillas con lo que vivió. “Al igual que muchos sobrevivientes de abuso doméstico, se siente culpable y avergonzada. Además, se pregunta si hizo lo suficiente para detener lo que ocurrió o es su culpa”, explica el informe. 

 “En las calles cada rincón era igual, muerte y pandillas”

David tiene 35 años y es hondureño. Actualmente espera su trámite en Tijuana, Baja California. Sin embargo, lleva tiempo en México. Años atrás, alguien quiso reclutarlo para una pandilla. Su padre, que participó en una de estas estructuras, le ayudó a salir del país y le envió al sur de México con su madre. La oferta de la mara (el informe no especifica cuál de ellas) era claro: o se integraba en sus filas o debía abandonar la ciudad. 

En el sur de México encontró que también había problemas con la violencia. En concreto, fuerzas paramilitares que participan en acaparamientos de tierra y desplazamientos, según cita el informe. Uno de estos grupos mató a vecinos de David y a él le amenazaron para que se marchara, porque fue testigo de los hechos. 

Jorge, 60, fue atacado por pandilleros en Honduras que le rompieron la clavícula con un bate de béisbol después de que él intentara rescatar a sus sobrinos de ser reclutados por la pandilla.

Un médico experto de PHR encontró que Jorge resulta positivo en la prueba de síndrome de estrés postraumático y que padece depresión moderada

Un mes después, estos mismos hombres regresaron: tenía cinco días para marcharse. Como un primo había sido recientemente asesinado en Honduras, regresar no era una opción. Así que David y su madre viajaron a Tijuana para pedir asilo en Estados Unidos.

“No tiene signos físicos de malos tratos. Dio positivo tanto para el trastorno de estrés postraumático como para la depresión mayor. David informa de estrés, ansiedad y problemas para dormir casi todos los días”, dice el análisis clínico, que señala que su preocupación es que sus perseguidores lo encuentren. Preguntado sobre si se siente seguro en Tijuana respondió que “las cosas son iguales aquí, peligrosas”.

Lee más: 3 factores que explican por qué se ha disparado el número de personas que llegan a la frontera sur de EU

“Queremos vivir en paz, sin miedo, y trabajar”

Hortensia, de 35 años, trabajaba en un mercado de México en el que se veía obligada a pagar extorsión. Relata haber presenciado varios asesinatos por no pagar. Un día, hombres armados entraron en su comercio y se llevaron a su padre. Dos días después, recibió un video en el que se le ve con ocho disparos en el cuerpo. Tres días después de enterrar al padre, toda la familia salió hacia Tijuana.

Según el estudio, Hortensia sufre depresión y estrés postraumático. El análisis refiere también un episodio, relatado por ella misma, que duró ocho días y en los que lloró “incontrolablemente y no pudo comer”. 

Asegura tener recuerdos retrospectivos de su padre y “síntomas de shock agudos como desmayos”. Tras dos semanas en Tijuana, la mujer dice sentirse segura en el refugio, pero no en la calle. 

“Los pandilleros me habrían descubierto y matado”

Jimena huyó de Honduras después de que integrantes de una pandilla la violaron como castigo porque su pareja no quiso integrarse en la estructura. Durante cinco meses, ambos, junto a su hijo de 2 años, realizaron el trayecto hasta Tijuana. En su entrevista, Jimena explicó que su padre la violaba cuando era niña.

“Muestra signos de depresión severa”, consideran los expertos de PHR. En su informe, señalan que ella dice que “a menudo tiene que obligarse a comer y tiene problemas para concentrarse”. Además, refiere no dormir mucho, muestra signos de hipervigilancia y evita situaciones que puedan recordarle a la violación. Incluso señala que intentó suicidarse. 

Ahora que está en Tijuana, asegura que su prioridad son sus hijos. 

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¿Son las avellanas que utiliza Nutella producto del trabajo infantil?

Ferrero, el fabricante de Nutella, adquiere un tercio de las avellanas producidas por Turquía. Pero parte de las mismas son recolectadas por niños que cargan sacos pesados a sus espaldas y cobran menos del salario mínimo de ese país.
19 de septiembre, 2019
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Alrededor del 75% de la avellanas del mundo se recogen en Turquía y el principal comprador es Ferrero, el fabricante de la popular marca de chocolate para untar Nutella.

Pero detrás de este monopolio de producción y compra-venta se esconde otra realidad: la mayoría de estos frutos se recogen por inmigrantes, incluyendo niños, que trabajan durante largas horas al día y reciben una paga muy baja.

“Cuando hablamos de avellanas, para mí significa miseria y trabajo duro”, dice Mehmet Kelekci mientras carga a su espalda 35 kilogramos de avellanas recién recogidas.

Alrededor de él, en una zona montañosa de Turquía, una familia de inmigrantes kurdos que trabaja en la recogida se acerca a los árboles de avellanas.

El padre usa un bastón de madera para sacudir las ramas sobre su cabeza y su esposa e hijos se sitúan en cuclillas para recoger los racimos y frutos desde el suelo.

Mehmet Kelekci

BBC
Mehmet Kelekci carga un saco de 35 kilogramos a su espalda.

Es un trabajo agobiante, durante 10 horas al día, en pendientes tan inclinadas que se pierde el equilibrio con facilidad.

Dos recolectores, Mustafa y Mohammed, trabajan de forma ilegal. Tienen 12 y 10 años cada uno, cuando la edad mínima para trabajar en Turquía son 13 años para tiempo parcial y 15 para tiempo completo.

Esta es una escena típica del mes de agosto, el momento en que se trae la cosecha en la costa turca del Mar Negro, donde se originan tres cuartas partes del suministro mundial de avellanas.

Niños.

BBC
Algunos niños recogen cargas pesadas de avellanas.

La mayoría de recolectores son inmigrantes estacionales que vienen de las zonas pobres del sur y el este de Turquía. La mayor parte de ellos son kurdos.

El salario oficial ajustado por las autoridades locales para realizar este trabajo es de 95 liras (US$16) al día. Calculando este salario por número de horas trabajadas, es menos que la remuneración mínima en Turquía de 2.020 liras (US$353) al mes trabajando entre 40 y 45 horas por semana.

Pero esta familia recibe incluso menos.

Cómo máximo, 65 liras (US$11) al día, de los cuales seguramente se queden con solo 50 (US$8) después de pagar un 10% de comisión al contratista que les trae y aún después deben pagar la tarifa de desplazamiento y los gastos de manutención mientras están fuera de casa.

“Hacen que los niños trabajen como máquinas. Piensan: ¿cuántos niños, cuántos beneficios?“, explica Kazim Yaman, dueño de una de las huertas de la zona, en contra de la explotación infantil.

Pero la mayoría de granjeros lo aceptan, y a Yaman no le queda más opción que pagar a los niños por trabajar debido a que los propios padres insisten que así sea.

“Intento no hacerles trabajar, pero entonces dicen que se van. Los padres quieren que sus hijos trabajen y se les pague. Es una cadena que debe romperse“, afirma Yaman.

Kazim Yaman, hazelnut farmer

BBC
Kazim Yaman opina que “la cadena debe romperse”.

¿Pero cómo romper la cadena?

Los eslabones

Turquía posee alrededor de 400.00 huertas de avellanas cuyos dueños son familias. La mayoría, como la de Yaman, comprenden unas pocas hectáreas. Muchos granjeros, como él, desconocen el destino final de la cosecha.

Al final de la compleja cadena de suministros se encuentra la firma italiana Ferrero, quien fabrica otras marcas mundialmente conocidas como los bombones Ferrero Rocher, la pasta de cacao para untar Nutella y los chocolates Kinder.

Solo Ferrero adquiere un tercio de toda la cosecha turca. Y lo necesita: la producción anual de Nutella pesa tanto como el Empire State de Nueva York, cerca de 365.000 toneladas.

En su sitio web, Ferrero publicita que conocer de dónde vienen sus productos es “esencial para asegurar estándares de calidad tanto en la producción como en sus productos”.

La compañía se ha puesto como objetivo conocer al 100% la procedencia de sus avellanas para el año 2020. Sin embargo, de acuerdo a su último informe, el objetivo apenas llega al 39%.

Enginay Akcay es uno de los miles de comerciantes independientes de avellanas que en Turquía se conocen como manavs.

Los granjeros le traen lo producido en sacos, y él les paga de acuerdo a la calidad antes de venderlo a intermediarios o directamente a exportadores como Ferrero.

Enginay Akcay

BBC
Enginay Akcay valora la calidad y de acuerdo a la misma paga a los granjeros.

Pero Akcay asegura que Ferrero no le pregunta de qué granjeros viene la cosecha o en qué condiciones trabajan los recolectores.

“El trabajo infantil no tiene nada que ver con nosotros. El control y la supervisión pertenecen al Estado y las fuerzas de seguridad“, dice.

El siguiente eslabón de la cadena son intermediarios como Osman Cakmak. quien compra el producto a comerciantes para luego revenderlo a Ferrero, otros exportadores y fabricantes.

Cakmak también afirma que Ferrero no le pregunta por la procedencia y las condiciones de la recolección.

“Yo compro y vendo. En ese momento, es imposible monitorizar tantas toneladas de avellanas”, dice Cakmak, y añade: “si Ferrero no tiene sus propios proyectos en la granja, no se puede sabe de qué productor vienen“.

Avellanas.

BBC
Tres cuartas partes del suministro mundial de avellanas se producen en Turquía.

El Programa de Valores Agrícolas lanzado por Ferrero en Turquía en 2012 ofrece entrenamiento gratuito para que cultivadores de avellanas realicen su trabajo en la forma más eficiente posible y así aumenten sus ingresos. Luego, tienen libertad absoluta para vender sus frutos a quien quieran.

En una de las granjas modelo desarrolladas por Ferrero, el agrónomo Gokhan Arikoglu muestra cómo, con la correcta irrigación y control de plagas, un árbol de avellanas puede producir racimos de hasta 21 frutos.

En las granjas tradicionales, lo típico son racimos de unas cuatro avellanas.

Gokhan Arikoglu

BBC
Gokhan Arikoglu con un racimo de 10 avellanas, tras aplicar las técnicas modelo de Ferrero.

En colaboración con organizaciones sin ánimo de lucro y otras agencias, Ferrero también capacita a productores, trabajadores agrícolas, contratistas laborales, comerciantes, intermediarios y otros miembros de la comunidad, como los jefes de las aldeas, para que sean conscientes de cómo el sector puede ser más sostenible.

Esto incluye la capacitación sobre los derechos de los trabajadores, en particular sobre cómo evitar el trabajo infantil. La compañía se esfuerza por involucrar a las mujeres, incluidas las agricultoras, en sus programas de enseñanza.

Ferrero dice que el programa hasta ahora ha llegado a más de 42.000 agricultores, aproximadamente la décima parte de los cerca de 400.000 que hay en Turquía.

Entonces, ¿cómo se asegura Ferrero de que sus avellanas no son recogidas por niños?

Nutella contents list

Getty Images
Nutella is 13% hazelnuts – it also includes sugar, palm oil and cocoa

Bamsi Akin, gerente general de Ferrero en Turquía, afirmó en una entrevista que si “determinaban que uno de sus productos es obtenido con prácticas poco éticas, no lo tocarían”.

Sin embargo, sobre si estaba seguro que el sistema era completamente limpio, dijo que “nadie puede asegurarlo”.

También se le preguntó acerca de que su compañía no preguntaba a los negociantes por la procedencia de las avellanas.

No preguntamos, pero tenemos las herramientas para supervisar desde una perspectiva distinta. Antes de que la temporada comience, hemos hablado con los comerciantes y demostrado nuestros requerimientos de prácticas sociales”.

A la pregunta sobre si los estándares de procedencia de los que Ferrero presumen en su sitio web son sinceros, Akin respondió: “Ferrero siempre es honesto en el lado del consumidor”.

Mehmet Kelekci

BBC
“Esta cadena no se rompe con el esfuerzo de una o dos personas”.

En la vereda de su huerta del Mar Negro, el granjero Kazim Yamam observa como Mustafa, de 12 años, vacía otro pesado saco de avellanas.

“El otro día, vi cómo su padre ponía un saco pesado sobre los hombros del chico. Le pregunté: ¿qué haces?, y me respondió: deja que lo haga”, lamenta Yamam.

Choza

BBC
Una familia de kurdos pasará el próximo mes en una choza de madera sin electricidad.

Ferrero invitó a Yaman para que participase en su Proyecto de Valores Agrícolas, pero declinó la invitación. Como muchos otros granjeros, pertenece a otra generación-tiene 60 años-y desconfía del cambio.

“Esta cadena no se rompe con el esfuerzo de una o dos personas, pero quizás dentro de un tiempo sí que se pueda”.

Mientras tanto, otra familia de kurdos se desplaza a una minúscula choza de madera sin electricidad que será la casa de seis personas durante el próximo mes.

A la pregunta sobre si come chocolate con avellanas, la madre de la familia responde: “personalmente no me gusta”, sonríe, “el sufrimiento y la miseria que tengo con este producto... no quiero ni verlo”.


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