Discriminación, abandono y violencia, lo que viven niños con madres y padres en prisiones mexicanas
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Discriminación, abandono y violencia, lo que viven niños con madres y padres en prisiones mexicanas

Afuera, los niños con madres en prisión también se encuentran expuestos a pobreza, inestabilidad social, económica y emocional, además de vivir bajo el estigma de ser hijos de un/a delincuente, de acuerdo con Reinserta.
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1 de octubre, 2019
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Actualmente 436 niños de entre 0 y 6 años viven dentro de centros penitenciarios del país, junto con sus madres, aunque, de acuerdo con la asociación civil Reinserta, solo 37 de las 360 prisiones mexicanas cuentan con áreas de maternidad y de educación temprana.

El resto de los centros penitenciarios del país no cuenta con condiciones aptas para menores de tres años que vivan con sus madres, por lo que deben ser separados al momento de nacimiento, vulnerando los derechos de las mujeres, como los de sus hijos, de acuerdo con el Estudio de Maternidad y Paternidad en Prisión.

Estos niños, que han nacido y crecido “en un ambiente adverso, donde se encuentran bajo las restricciones y normas que viven sus madres”, sufren a largo plazo de “estrés tóxico” que les provoca desórdenes emocionales, dificultades en el aprendizaje, baja confianza y, en etapas como la adolescencia, consumo de sustancia y adopción de estilos de vida riesgosos.

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Los niños que viven con sus madres en prisión también pueden presentar consecuencias de estrés como manejo ineficiente del medio, ansiedad y depresión.

David, un niño de 5 años que nació y vive en prisión con su madre, es uno de los menores de edad que experimenta dichas consecuencias.

Su madre se encuentra privada de libertad por el delito de homicidio y, como no tuvo con quién dejar a David, lo tiene con ella dentro del centro penitenciario.

Los padres de David se conocieron en prisión y se casaron antes de que naciera; sin embargo, cuando él tenía dos años, su padre salió del centro y poco después dejó de buscarlo a él y a su madre, también dejó de brindarles apoyo económico.

Un año después su madre inició una nueva relación con un hombre que estaba privado de libertad, a quien conoció a través de cartas y quiso involucrarse en la crianza del niño.

En la prisión donde vive con su madre, David acude al Centro de Desarrollo Integral (CENDI), al que comenzó a asistir desde los 6 meses. Allí acuden otras niñas y niños que nacieron en prisión, con quienes se desenvuelve de manera cariñosa.

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Ahora que David está por cumplir seis años, edad en la que debe abandonar el centro, ha empezado a tener miedo de dejar de ver a su mamá y no poder verla todos los días. Ante esta situación, su madre le ha explicado que en poco tiempo tendrá que salir, porque el centro no es un espacio adecuado para que viva.

Las niñas y niños que se encuentran con sus madres en prisión viven con carencias en la cobertura de servicios básicos: solo 61% reportó tener el esquema de vacunación completo, 54.7% ser beneficiario de campañas de salud, 51.4% recibir atención pediátrica y 32.4% contar con atención psicológica.

Asimismo, se reportó que solo el 32.1% tuvo acceso a medicinas específicas para su edad, el 23% tuvo atención psicológica y el 22.9% se benefició de servicios de nutrición.

Además, solo el 76% de estos menores de edad están legalmente registrados (331) mientras el 24% no (105).

En cuanto a los espacios para niñas y niños en prisión, solo en el 65.4% de centros penitenciarios cuentan con áreas lúdicas, 64.2% para que jueguen al aire libre y en 48.6% hay dormitorios específicos para mujeres madres.

Solo el 42.1% cuentan con un CENDI, y solo en el 9.3% de prisiones existen comedores para niños.

Dentro de las prisiones, los niños viven situaciones de violencia como escuchar lenguaje no adecuado (71.1%), revisiones en cateos (45.1)%, están en contacto con drogas (19.5%) o han presenciado motines (16%).

Incluso llegan a presenciar homicidios (2.5%) o conductas delictivas (2.4%); el 4.7% dijo haber sufrido maltrato por personal de seguridad y custodia, el 0.9% por parte del personal técnico/administrativo y otro 0.9% fue víctima de abuso o maltrato sexual.

Para Reinserta, las consecuencias del estrés tóxico de los niños con madres en prisión no termina una vez que sus hijos salen de prisión, pues afuera también se encuentran expuestos a situaciones de vulnerabilidad como la pobreza, inestabilidad social, económica y emocional, además de vivir bajo el estigma de ser hijos de un/a delincuente.

Maternidad en prisión

De las mil 028 mujeres entrevistadas por Reinserta, un 80% reportó ser madre y tener a sus hijos, y, según la Ley Nacional de Ejecución Penal, tienen derecho a estar en centros penitenciarios con instalaciones y artículos necesarios para tener una estancia digna y segura con ellos, pues deben gozar del derecho a la maternidad, aunque solo existen centros de maternidad y de educación temprana en el 10% de las prisiones.

Entre las mujeres encuestadas, el 90% dijo no haber recibido opciones por parte de las autoridades de medidas alternativas a la prisión, por ser madres.

Según el diagnóstico realizado por Reinserta, el 29% de las mujeres señalaron que tuvieron al menos un embarazo después de ingresar a prisión, y de ellas solo un 53% recibió atención prenatal.

El 96.4% dijo no haber tenido el deseo de abortar mientras estaba en prisión, el 2.3% que sí y que el centro las apoyó para realizar el procedimiento, el 0.8% quiso hacerlo pero no tuvo los medios necesarios y el 0.5% lo hizo con sus propios medios.

De estas mujeres, el 24.1% dijo haber sido encarcelada por acusaciones falsas en su contra, siendo la primera causa de su privación de libertad.

La segunda causa fue haber sostenido una relación familiar o sentimental con el autor del delito (16.1%), sospecha por las circunstancias o relación con la víctima (10.8%), acompañar a los autores del delito (7.7%) y el haber sido partícipe de un hecho delictivo sin saber que era una actividad ilícita (4%).

Los delitos por los que la mayoría se encuentran privadas de libertad son: secuestro (25.2%), robo (23%) y delitos contra la salud (6.7%).

Paternidad en prisión

Con relación al ejercicio de la paternidad de personas privadas de la libertad, de acuerdo con Reinserta, la Ley Nacional de Ejecución Penal “carece de perspectiva de género y es discriminatoria”, pues no establece el derecho ni las condiciones para que se ejerza, pues no contempla a hombres como posibles cuidadores de sus hijos.

El diagnóstico encontró que los delitos más cometidos por hombres fueron el robo (31.1%), el homicidio (20.5%) y violación (12%).

En el 14.3% de los casos, dijeron haber sido detenidos en presencia de sus hijas o hijos, el 62.8% que estos se encontraban con su madre al momento del aseguramiento y el 13.2% dijo que estaban en “otra” situación.

Al indagar sobre la situación de sus hijos después de la detención del padre, se conoció que en el 84.5% de los casos se quedaron con un familiar, el 5.5% especificó que en ese momento aún no tenían hijos y el 3% que en el momento no tenía contacto con ellos o se encontraba separado de la familia.

Solo el 2% de los padres dijo que tienen a sus hijas e hijos en prisión, mientras el 98% dijo que no.

Entre los hombres que tienen a sus hijos dentro de centros penitenciarios, el 8% de los niños no está registrado. Solo el 41% de los menores de edad puede salir del centro de reclusión a visitas.

De acuerdo con Reinserta, las disposiciones legales que se han formulado en aras de proteger a los niños que viven en centros de reinserción, sigue existiendo una constante violación a derechos humanos de ellos, así como sus padres y madres.

Los niños que viven en estas condiciones, así como aquellos que están fuera de prisiones “padecen abandono social, estigmatización, falta de oportunidades, discriminación y la complejidad de tener a un padre o madre privados de libertad”.

Por ello recomendó al gobierno mexicano accionar los mecanismos necesarios para garantizar que las mujeres y hombres privados de libertad puedan ejercer su derecho a la maternidad o paternidad dentro de prisión.

Asimismo, pidió que se habiliten espacios libres de violencia para niñas y niños dentro de los centros, así como centros de convivencia familiar.

También recomendó el desarrollo de las estrategias necesarias para garantizar la gobernabilidad de los centros de reclusión y garantizar la satisfacción de las necesidades fundamentales de las niñas y niños que viven con sus padres y madres dentro de prisión para su bienestar integral.

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El caso de la niña cuyo secuestro y asesinato inspiró la creación de la Alerta Amber

La desaparición de la niña Amber Hagerman en 1996 no terminó bien: la menor fue encontrada muerta cuatro días después de haber sido raptada. Pero su caso generó un legado, un sistema estandarizado para el lanzamiento de alertas de menores perdidos que ha sido replicado en varias partes del mundo.
22 de febrero, 2020
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Cuando un niño desaparece, ya sea porque está extraviado o fue raptado, cada minuto que pasa y cada persona que pueda colaborar es de vital importancia.

Ese fue el reclamo de los familiares de Fátima Aldrighett, la niña de 7 años que murió luego de ser raptada y torturada y cuya búsqueda inmediata por la policía se demoró por la burocracia de las autoridades de Ciudad de México.

“No es posible que hayan pasado tantos días y que la familia haya sido la que haya dado las pistas, que haya tenido que dar todo el trabajo para que se encontrara hoy a Fátima”, dijo con impotencia Sonia López, la tía de Fátima.

“No es posible que se hayan perdido horas fundamentales para dar con ella. Fátima pudo haber sido encontrada con vida, pero nadie nos hizo caso”, acusó López, al tiempo que las autoridades reconocieron que hubo omisiones en el caso.

Una de las fallas que denunció la familia fue la demora en el lanzamiento de la Alerta AMBER, un sistema de publicación de boletines de emergencia cuyo concepto nació hace más de 20 años en Estados Unidos.

¿Cuál fue su origen?

Protesta por el asesinato de Fátima

Reuters
Los vecinos de Fátima Aldrighett exigieron justicia a las autoridades, que no han terminado de determinar qué falló en este caso.

Menores rescatados

Amber Hagerman, una niña de 9 años, fue secuestrada cuando jugaba en su bicicleta en los suburbios de la ciudad de Dallas, Texas., en 1996 Fue encontrada muerta cuatro días después.

La falta de un sistema efectivo y estandarizado para pedir el apoyo de la ciudadanía en ese entonces llevó a la creación de la Alerta AMBER, un acrónimo de America’s Missing: Broadcasting Emergency Response (“Desaparecidos en EE.UU.: emisión de respuesta de emergencia”).

El legado del caso Amber Hagerman ha permitido la recuperación de 985 menores hasta ahora en EE.UU., indicó el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados (NCMEC, por sus siglas en inglés) a BBC Mundo.

“Para los casos apropiados, las Alertas AMBER son una herramienta que activa al público y les permite ser los ojos y oídos de la policía”, explica John Bischoff, de la división de Niños Desaparecidos de NCMEC.

“Cuando alguien está huyendo con un niño y tiene la intención de hacerle daño, transmitir esa amplia red de información de búsqueda es invaluable para llevar a ese niño a casa de manera segura y rápida”, agrega.

Una Alerta AMBER en una carretera de EE.UU.

Getty Images
En Estados Unidos, las pantallas de información vial son parte del despliegue de Alertas AMBER.

El modelo de avisos se ha retomado en otros países. En América Latina, se ha implementado en México, Guatemala y El Salvador.

El caso de Amber Hagerman

La noche del sábado 13 de enero de 1996, Amber Hagerman y su hermano menor jugaban en sus bicicletas en el estacionamiento de una tienda del centro de Arlington, en los suburbios de Dallas, Texas.

Los menores llevaban menos de 10 minutos solos, dando vueltas en el lugar, cuando Amber fue secuestrada.

El único testigo que pudo declarar lo que vio le dijo a la policía que fue un hombre el que tomó a la niña, la metió en una camioneta negra y se la llevó.

La policía local contaba con un plan para este tipo de emergencias que fue activado, y la noticia del caso fue difundida en los medios de comunicación locales. Pero no hubo éxito.

Cuatro días después, un hombre que paseaba a su perro descubrió el cuerpo sin vida de Amber en un canal de aguas residuales del norte de Arlington.

La policía informó que tenía cortada la garganta, pero no reveló si sufrió algún tipo de abuso.

Todavía no se sabe quién fue la persona responsable del crimen. Hasta la actualidad, la policía en Arlington ha recibido miles de reportes con posibles pistas, pero aún no ha podido ofrecer justicia.

La creación de la alerta

La alerta AMBER fue creada un año después del caso que sacudió a Texas.

Las autoridades del estado determinaron que la policía en Arlington tenía información que pudo haber ayudado a localizar a la niña desaparecida; sin embargo, no tenían medios para distribuirla de manera eficiente a la ciudadanía.

Una mujer con volantes de niños perdidos

Getty Images
El sistema de la Alerta AMBER estableció un estándar para la integración de boletines de emergencia.

Un primer paso fue la emisión de boletines a través de una estación de radio local en octubre de 1996.

Luego, la legislación de Texas adoptó la idea y afinó las características de los boletines de Alerta AMBER para incluir información estandarizada.

Contienen la foto del menor extraviado, sus datos y señas particulares, cómo vestía la última vez que se le vio, dónde estaba, e información de contacto con las autoridades y familiares, así como información relevante sobre su desaparición.

Además de boletines, también se emite la información a través de una distribución de mensajes de texto a celulares y transmisiones de televisión y radio en un área determinada, además de que se despliegan los datos en pantallas de tráfico e instituciones gubernamentales.

George W. Bush promulga la ley de la Alerta AMBER

Getty Images
El presidente George W. Bush llevó el sistema AMBER a nivel nacional en EE.UU. en 2002.

“Además de crear notificaciones rápidas, las Alertas AMBER son un ejemplo de cómo la tecnología puede usarse continuamente para mejorar las investigaciones de niños desaparecidos”, explica Bischoff.

“Es una herramienta avanzada a la que la policía tiene acceso en ciertas situaciones en las que puede solicitar directamente la ayuda del sector público en la búsqueda. El objetivo es enviar información procesable a los ciudadanos durante la búsqueda de un niño desaparecido”, añade.

El programa fue adoptado a nivel nacional en Estados Unidos a través de una ley que promulgó el presidente George W. Bush (quien era gobernador de Texas cuando ocurrió el caso de Amber Hagerman) en 2002.

En aquella ceremonia estaba presente Donna Norris, la madre de la niña, así como Elizabeth Smart, una niña de 15 años que fue recuperada gracias a una Alerta AMBER.

Un timbre postal de la Alerta AMBER

Getty Images
Estados Unidos creó un timbre postal dedicado a la Alerta AMBER surgida en 1997.

“Cuando Amber estaba aquí, era como una pequeña mamá”, le dijo Norris al diario The Washington Post.

“Ella siempre cuidó a los niños del vecindario y los vigilaba. Sé que está muy orgullosa de la Alerta AMBER y que mamá hizo lo correcto al impulsar esto”, continuó.

Algunos críticos sostienen que la Alerta AMBER ha tenido un bajo nivel de recuperación para niños, 985 de miles de casos en casi dos décadas, por lo que cuestionan su efectividad.

Para Norris, vale la pena el intento: “Si salva la vida de un niño, eso me dice que sí funciona”.


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